Meet Joe Black (1998) nos plantea cuestiones importantes. El próspero empresario Bill Parrish está próximo a morir, y la Muerte le propone postergar su partida a condición de que lo acompañe en un período de aprendizaje acerca de lo que significa la vida mortal, sus complejidades y su sentido. Ella – en realidad él, pues ha tomado prestado el cuerpo de un joven – ha quedado desconcertada por la reflexión sobre la plenitud que Bill ha comunicado a su hija. La muerte quiere conocer los misterios de lo finito.
sábado, 7 de enero de 2017
ENTENDER LA FINITUD DE LA VIDA. UNA NOTA
Meet Joe Black (1998) nos plantea cuestiones importantes. El próspero empresario Bill Parrish está próximo a morir, y la Muerte le propone postergar su partida a condición de que lo acompañe en un período de aprendizaje acerca de lo que significa la vida mortal, sus complejidades y su sentido. Ella – en realidad él, pues ha tomado prestado el cuerpo de un joven – ha quedado desconcertada por la reflexión sobre la plenitud que Bill ha comunicado a su hija. La muerte quiere conocer los misterios de lo finito.
domingo, 26 de octubre de 2014
EXAMINED LIFE (2008)... LA FILOSOFÍA Y EL DÍA A DÍA
martes, 22 de abril de 2014
“EL SECRETO DE SUS OJOS”
domingo, 30 de marzo de 2014
CONJURAR EL ODIO: NUEVAS NOTAS SOBRE “MY NAME IS KHAN”
miércoles, 31 de octubre de 2012
MÀS QUE LA SUMA DE LAS PARTES

"Fue en uno de esos atardeceres que la idea de mi padre, de que el todo es más que la suma de sus partes se movió de mi cabeza a mi corazón".
Flipped constituye un cálido y profundo retrato del complicado camino de autoconocimiento que emprenden las personas en la transición de la niñez a la adolescencia. La confusión, el amor y la desesperanza forman parte de la experiencia de aquella difícil etapa de la vida. Descubrirse uno mismo, empero, siempre implica encontrarse en el otro, entrar en genuino contacto otro ser humano.
lunes, 7 de marzo de 2011
EL VALOR DE LA FINITUD: UNA NOTA SOBRE “MEET JOE BLACK”

Gonzalo Gamio Gehri
La crítica no trató bien a Meet Joe Black (1998), de Martin Brest, pero se trata de una de mis películas norteamericanas favoritas en virtud de su hilo narrativo y trasfondo mítico. Intrigada por una conversación entre una joven y su padre,
Peculiaridades de la vida mortal, que a los inmortales captura. Un viejo motivo griego que de alguna manera encontramos en Meet Joe Black.
Imagen: Claire Forlani y Brad Pitt. Tomada de aquí.
martes, 30 de noviembre de 2010
ÉTICA NARRATIVA Y EMPATÍA

Gonzalo Gamio Gehri
La inclusión del otro pasa por la crítica de las identidades meramente singulares, y por el reconocimiento del discernimiento como un factor crucial en la construcción de nuestro sentido del yo y en la configuración de nuestra red de lealtades y valoraciones*. Resulta bastante claro que nosotros no elegimos todos los componentes de nuestra identidad, ni tampoco determinamos conscientemente todas las formas de inscripción en instituciones que experimentamos en la vida – la familia es el caso que se nos viene más rápido a la mente -; el mundo social está ya constituido cuando irrumpimos en la vida, y muchos de los estándares de valor a los que apelamos en nuestra vida adulta para juzgar comportamientos o emprender cursos de acción los encontramos disponibles en alguna forma de ethos. No obstante, estas condiciones concretas de nuestro ser en el mundo social no bloquean el espacio de actividad de la razón práctica; antes bien, estas condiciones constituyen el trasfondo de su funcionamiento. Seyla Benhabib lo explica en los siguientes términos:
“Nacemos en redes de interlocución o en redes narrativas, desde relatos familiares y de género hasta relatos lingüísticos y los grandes relatos de la identidad colectiva. Somos conscientes de quiénes somos aprendiendo a ser socios conversacionales en estos relatos. Aunque no escogemos estas redes en cuyas tramas nos vemos inicialmente atrapados, ni seleccionamos a aquellos con quienes deseamos conversar, nuestra agencia consiste en la capacidad para tejer, a partir de aquellos relatos, nuestras historias individuales de vida.(…) Así como una vez que se han aprendido las reglas gramaticales de un idioma éstas no agotan nuestra capacidad para construir un número infinito de oraciones bien armadas en ese idioma, la socialización y la aculturación tampoco determinan la vida de una persona, o su capacidad para iniciar nuevas acciones y nuevos enunciados en la conversación[1].”
Tener la capacidad para tejer nuevos relatos sobre la base de los antiguos implica la posibilidad de incorporar nuevos interlocutores – nuevos “socios conversacionales”, para usar las palabras de Benhabib – que los antiguos estándares no admitían, e incluso puede llevarnos a plantearnos seriamente la tarea de resignificar (vale decir, la posibilidad de asignar nuevos significados) las antiguas prácticas sociales e instituciones que puedan contrastar con antiguas formas de valoración en los espacios sociales que habitamos. La capacidad de componer y recomponer narrativas vitales constituye una forma de apertura a nuevos sentidos y nuevas posibilidades de pensar, sentir y vivir.
“Hijo, en primer lugar te apremio a que no yerres deshonrando las leyes divinas. ¡Cuidado, no vayas a errar en esto cuando eres sensato en lo demás!
En segundo lugar, si hubiera que ser audaz con quienes no han recibido agravio, yo me callaría de buen grado. Ahora bien, considera cuánto honor te puede reportar (a mí, desde luego, no me produce miedo el aconsejarte) el constreñir con tu brazo a hombres violentos que impiden a los muertos tener su tumba debida y exequias; y poner coto a quienes tratan de violar las tradiciones de toda la Hélade”[3].
Como constatamos en este caso, la invocación a la empatía no está reñida con la apelación a una justicia mayor a la que está implícita en las costumbres locales. Hemos señalado que la exclusión y la violencia constituyen expresiones que ha menudo proceden de los intentos de los agentes de imponer(se) una identidad singular que a menudo se define de manera contradistintiva. Reconocer la pluralidad de nuestras identidades, así como la diversidad de los compromisos que emanan de ella, constituye un buen punto de partida para descubrir el valor de otros modos de estar en el mundo. A través del contacto con los otros percibimos la riqueza de las diferencias humanas pero también identificamos lo que tenemos en común: por ejemplo, nuestras maneras similares de reaccionar frente a la muerte de quienes amamos, nuestros modos de expresar amor y consuelo. No sólo Etra y Teseo – tan cercanos a las viudas y madres argivas en tanto comparten los marcos referenciales de tipo religioso y moral que sostienen las leyes del mundo subterráneo – pueden contemplar conmovidos el dolor de quienes necesitan celebrar las exequias de los suyos para lograr algo de paz. También nosotros, seres humanos del siglo XXI, podemos sentirnos concernidos por la sensación inicial de desamparo de las mujeres de Argos. Podemos proyectar sobre ellas nuestras propias experiencias de dolor, o las vivencias de nuestros compatriotas en el Ayacucho de los años del conflicto armado interno.
* Esta nota es un brevísimo fragmento de un ensayo que aparececido en un libro compartido sobre Cultura de Paz y DDHH (PUCP), Hacia una cultura de Paz Lima, PUCP 2010.
[1] Benhabib, Seyla Las reivindicaciones de la cultura Buenos Aires, Katz 2006 pp. 44 -5 (las cursivas son mías).
[2] Cfr. Rorty, Richard “Derechos humanos, racionalidad y sentimentalismo” en: Verdad y progreso op.cit. pp. 219 – 42.
[3]Suplicantes, 303-314 (las cursivas son mías).
jueves, 4 de noviembre de 2010
REIVINDICAR LAS DIFERENCIAS: CONSIDERACIONES ACERCA DE “MY NAME IS KHAN”

Gonzalo Gamio Gehri
Rizwan Khan es un joven musulmán de origen indio que padece una forma de autismo que compromete sus habilidades sociales y la expresión, digamos, “clara” o “convencional” de sus sentimientos. Vicisitudes de la vida familiar lo llevan a abandonar la India y a viajar a San Francisco, donde logra conquistar – en circunstancias particularmente conmovedoras – a una bella joven hindú que trabaja en una peluquería y que tiene un niño. Los sucesos del 11 de septiembre llevan a Khan y su familia a una aguda crisis, motivada por un sentimiento anti-islámico desatado por un sector de la opinión pública en el corazón mismo de los Estados Unidos. El niño al que Khan quiere como un hijo muere víctima de un crimen de odio en las instalaciones de su propia escuela. Esta pérdida suscita la separación de la pareja; en medio de la confusión y la tristeza, Khan cree entender que sólo podrá recuperar el amor de la joven si enfrenta al presidente estadounidense y le manifiesta que no es un terrorista. Esta misión lleva a Khan a diferentes puntos del país por ejemplo a Georgia, sumida en terribles inundaciones. Es capturado y torturado - siendo sindicado como terrorista -, confronta y desenmascara a extremistas islámicos en el seno mismo de una mezquita. Su búsqueda del presidente es indesmayable.
Esta película pone de manifiesto una inquebrantable fe en los seres humanos y en la victoria sobre el odio; pretende alejarnos del engañoso "realismo" de quienes aseguran que no es posible el encuentro genuino de personas que habitan sistemas de creencias diferentes y que han conocido la violencia por motivos religiosos o raciales. My Name is Khan plantea las cosas desde un ángulo diferente, saludablemente crítico y notablemente inspirador. Ninguna dificultad – ni siquiera una aparente barrera permanente, como el propio Síndrome de Asperger – puede bloquear de manera definitiva una auténtica comunicación interhumana, cuando la fuente de ésta reside en la solidaridad y el amor.
viernes, 26 de diciembre de 2008
“VIDAS PARALELAS”: CERO EN AUTOCRÍTICA

Hace tiempo que quería comentar esta película, y ahora que ha pasado un tiempo, creo que es posible hacerlo con mayor rigor. Vidas Paralelas de Rocío Lladó (2008) es, literalmente, una película-estandarte: es una película que expone la perspectiva de un sector conservador y autoritario de las Fuerzas Armadas frente al conflicto armado interno. Digo “sector conservador y autoritario” porque también existen otros puntos de vista dentro de éstas (muchos oficiales y ex oficiales colaboraron estrechamente con la CVR, unos están de acuerdo con el Informe, otros discrepan con él de manera alturada, muchos tienen una sólida formación en Derechos Humanos, muchos hacen una autocrítica sana respecto de su desempeño en ciertos períodos del conflicto, una autocrítica que debería practicarse en todos los sectores de la sociedad). La película contó con el apoyo de la Universidad Alas Peruanas (una de las universidades nuevas ("empresariales"), fruto del Decreto fujimorista 882) y con el respaldo del propio Ejército Peruano.
No se trata de un filme que busque ofrecer una mirada crítica o multidimensional al conflicto. Su perspectiva es maniquea: son los caballeros de la mesa redonda enfrentándose a los orcos de Lord of the Rings. La película tiene la complejidad de una telenovela mexicana de los años setenta: ángeles contra monstruos. Aunque tengo claro que las Fuerzas Armadas y Policiales desempeñaron un papel fundamental en la derrota de la insania terrorista, la estrechez de miras del enfoque y la trama son más que evidentes, y no sólo por lo caricaturesco de los personajes: el fornido / heroico / estoico / incomprendido militar peruano; el profesor de universidad nacional ayacuchana / hippie / comunista / asesino; la fiscal / seguro ex abogada de ONG / antimilitar (es una pena que magníficos actores de la talla de Hernán Romero y Jimena Lindo hayan sido desaprovechados). La película ni siquiera describe cómo la derrota del terrorismo supuso un cambio de estrategia (de la represión al trabajo de inteligencia policial), ni dice una palabra sobre la acción de los ronderos (un baluarte para la victoria del Estado) o de la población civil. No dice nada sobre la negligencia de los políticos de turno, que abdicaron de la función pública creando los comandos político-militares, evadiendo su responsabilidad en el proceso de pacificación. En otras palabras, la película objetivamente distorsiona las evidencias históricas en torno a una etapa compleja y amarga de nuestro pasado reciente.
Pero hay más. Esta película desaprovecha una oportunidad de oro para la autocrítica que toda institución debería hacer en torno a su rol en un proceso tan amargo como el vivido entre 1980 y 2000. En efecto, los agentes del Estado realizaron acciones heroicas protegiendo alos ciudadanos, pero también, en ciertos períodos y lugares – como observa el Informe de la CVR – se violaron los Derechos Humanos de pobladores civiles inocentes. Casos como la matanza de Putis o Cayara son ejemplos de lo que estoy señalando. La palabra “exceso” no puede ser usada con propiedad en estos casos. Sin embargo, para la película, ni siquiera existieron “excesos”, menos aún violaciones sistemáticas: no hubo torturas, ni secuestros nocturnos. Para ellos, ni Putis ni Cayara existieron, tampoco el Grupo Colina. Tampoco aparece la figura del “mal elemento” de las Fuerzas del Orden ¡No siquiera como contraejemplo, como signo de verosimilitud! Una hueste de cruzados, solamente. Ello priva de credibilidad a la propuesta, y la convierte en una caricatura. Y es una pena, porque es necesario distinguir a los verdaderos héroes de uniforme de quienes sí cometieron crímenes contra la vida. El Ministerio de Defensa y los Institutos Armados deberían ser los primeros interesados en separar el trigo de la paja, pero entorpecen las investigaciones, negándose a colaborar sistemáticamente brindando información. Lo que queremos es saber la verdad, para honrar a los héroes, y condenar a aquellos a los que se le pruebe la comisión de un crimen. Pero no es esa la idea que subyace aquí en la película. No sorprende que uno de los actores de la cinta sea Edgar Núñez, el congresista aprista que planteaba una fallida amnistía que favorecía a los uniformados investigados o procesados por delitos de lesa humanidad.
En fin. Era de esperarse que – contando con esa coproducción – la película fuese estereotipada y poco creíble en el tratamiento de un tema tan importante y sensible para todos los peruanos. Las puyas a las ONG y a la propia CVR son recurrentes. Al final, “Felipe / Lince” – el heroico soldado (encarnado por Óscar López) procesado por un crimen que evidentemente no cometió -, ofrece un discurso final sobre la “inconveniencia” de “reabrir viejas heridas” (v.g. no se metan con una "institución tutelar", un pensamiento nada democrático). Es decir, dejar las cosas como están. Una cuestionable oda final a la impunidad. Digna de una columna de opinión de la prensa autoritaria. Así el país no podrá aprender de sus errores. Necesitamos otra actitud frente a lo vivido.
sábado, 21 de junio de 2008
"KINGDOM OF HEAVEN" (2005) Y LA LUCHA CONTRA LOS FUNDAMENTALISMOS

Gonzalo Gamio Gehri
“- ¿Qué puede pedirle un Rey a alguien como yo?
- Un mundo mejor que los que existen.
Un Reino de la Conciencia. Un Reino del
Cielo.”
Los últimos años del fugaz Reino Latino de Jerusalén – el mayor baluarte cruzado en Palestina, tomado por el sultán Saladino después de la batalla de Hattin (1187) – sirve de trasfondo histórico de Cruzada (Kingdom of Heaven, 2005), una película de Ridley Scott, Director de Blade Runner y 1492. Aunque el filme recurre a personajes y eventos históricos – Balian d´Ibelin, Balduino IV, el trágico preludio de la Tercera Cruzada - no pretende reconstruir sin más los conflictos político – bélicos entre cristianos y musulmanes a finales del siglo XII. De hecho, los historiadores se llevarán las manos a la cabeza frente a las imprecisiones y anacronismos del guión respecto del carácter y aun el rol de los actores históricos frente a los acontecimientos que se narran en la pantalla. Es altamente probable que Scott quiera presentarnos – desde una versión de las Cruzadas – una especie de parábola sobre el valor del pluralismo ético-religioso y los efectos perniciosos del fundamentalismo sobre la vida de los pueblos. Parece hablarnos más acerca de Irak, el conflicto árabe-israelí y la rigidez de las ortodoxias religiosas del presente que de las vicisitudes de la Palestina feudal. Llama la atención sobre un espíritu de intolerancia y violencia que aun habita en nosotros y se manifiesta de diferentes formas hoy.
El héroe de la historia es Balian d´Ibelin, un joven herrero que marcha a Jerusalén con el fin de convertirse en caballero, expiar sus crímenes y salvar su alma luchando por su Dios. Sigue a su padre, un noble que acaba de conocer y que al morir le deja sus tierras y una posición importante en la corte del Reino Latino, dividido políticamente entre quienes anhelan convertir Tierra Santa en un lugar en el que convivan pacíficamente cristianos, judíos y musulmanes – el punto de vista que defiende el rey Balduino y el padre de Balian – y quienes, como Guy de Lusignan, Reinaldo de Chatillon y otros barones del reino, promueven iniciar una guerra sin cuartel contra los sarracenos. Muerto el rey y vencidos los cruzados en Hattin, Balian debe afrontar el reto de defender Jerusalén en su hora final. Confiado en que la auténtica Jerusalén, ciudad sagrada para tres credos, reside en el corazón de los hombres de bien – “un Reino de la Conciencia” –, y cercado por un ejército más numeroso, entrega la ciudad a Saladino, quien se compromete a implantar la tolerancia religiosa y a abrir los Santos Lugares a toda clase de peregrinos, siguiendo los deseos del difunto rey cristiano.
Balian se da cuenta pronto que la guerra y la muerte no sirven para salvar almas, que éstas sólo son útiles para los grupos de poder - políticos y religiosos - que requieren de la violencia para ejercer su control sobre otros hombres. Reconoce en muchos musulmanes expresiones de honor y lealtad que considera dignas de un verdadero caballero cristiano: eliminarlos por el hecho de tener otra confesión atentaría contra la doctrina de Jesús, tan ajena a quienes predican la “Guerra Santa” o proscriben la diversidad so pretexto de ser los hipotéticos usuarios exclusivos de la Verdad. Llega a la convicción que el mundo moralmente significativo no se divide entre “fieles” e “infieles”, o entre “cristianos” y “paganos”, sino entre quienes – como Balduino, el rey leproso, y el mismo Saladino - respetan los principios de la libertad de conciencia y la dignidad del otro y los que utilizan o negocian con la vida de la gente –Chatillon y el Maestre del Temple - a veces escudándose tras la máscara de la religión. Por sus obras los conoceréis.
Con ese espíritu pacifista y pluralista – no característico del medioevo más difundido – Cruzada introduce, en el marco de las “guerras santas” del pasado y del presente, el tema tan actual del diálogo interreligioso, la defensa de lo humano y el delirio de los fundamentalismos de diverso cuño. Insiste en que Jerusalén le pertenece a todos los adoradores de Dios y, más allá de esto, a quienes amen esa tierra. Balian – una especie de modernista adelantado a su tiempo – defiende la tesis de que ninguna ciudad vale la sangre de inocentes, que nada hay más sagrado que la vida. No cabe duda de que Scott tuvo en mente algo más que otra superproducción “de época”. Escuchar al otro- reconocer su voz - constituye un imperativo moral hoy tanto como ayer.









