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miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL INTEGRISMO Y LOS CRÍMENES DE ODIO





Gonzalo Gamio Gehri

Los sucesos del último 13 de Noviembre en París han conmovido al mundo entero. Un grupo de militantes del Estado Islámico abrieron fuego contra ciudadanos inocentes que sólo buscaban pasarla bien y en paz en la ciudad. Los terroristas actuaron con suma crueldad, enarbolando, una vez más, los estandartes de una ideología feroz que pretende hacerse pasar por una confesión religiosa. Aniquilar al otro por su origen cultural o geográfico, porque no comparte una herencia religiosa o un ideario político, constituye en sí mismo un acto criminal repudiable, contrario a la razón y a la sensibilidad humana más básica. Millones de ciudadanos han expresado su solidaridad con el pueblo francés y con las personas afectadas, y han condenado estas acciones con firmeza.

Es preciso no confundir la religión con el integrismo, aquella actitud que convierte ilegítimamente el propio credo – sea éste espiritual o secular - en la única visión de las cosas, en la suprema verdad que convierte a los demás sistemas de ideas en falsos y perversos, o en relatos parciales y paródicos de la realidad. Para quien cultiva el integrismo, quien piensa de otro modo no es un interlocutor válido con quien hay que dialogar; se trata de un hereje sumido en un error que hay que corregir, o se trata de un enemigo al que hay que combatir sin piedad. A los ojos de los integristas, la tolerancia y el cuidado del pluralismo son expresiones de debilidad moral o constituyen síntomas de un “relativismo” que les resulta inaceptable. El Islam es – si atendemos a sus textos, así como al legado de sus teólogos y de sus místicos – una religión basada en el amor y  en el cuidado compasivo del otro. El integrismo pervierte  sus raíces y trastoca irremediablemente sus valores. Haríamos mal en identificar las creencias de los musulmanes con la funesta prédica de odio y muerte que difunde el Estado islámico.

Es importante recordar esta distinción - crucial en términos éticos y culturales -, en la medida en que las reacciones frente a estos crímenes de odio podrían propiciar el fortalecimiento de las posiciones más duras y beligerantes en Europa. Los sectores ultraconservadores van a invocar un “espíritu de cruzada” que intentará hacer del Islam la mera encarnación del mal y que exhortará a los Estados occidentales a deshacerse de los refugiados de Siria que con tantas dificultades han acogido; ellos son en su mayoría personas que han arriesgado sus vidas para huir del terror. La tentación consistirá en  combatir el integrismo musulmán fortaleciendo la agenda del integrismo local, aquella ideología que sindica a los extranjeros como potenciales “delincuentes” y “terroristas”. Europa debe tener en cuenta que combatir al Estado islámico y al terrorismo internacional no debe implicar estigmatizar al Islam.

Es hora de actuar con firmeza y coraje contra el agresor, pero también con lucidez y sentido de justicia frente a quienes siendo ciudadanos inocentes, podrían ser víctimas de la discriminación y la violencia de quienes pueden obrar conforme a la lógica de una generalización malsana que convierte a todo musulmán o árabe en sospechoso de terrorismo. No debemos olvidar el legado pluralista de la cultura de los derechos humanos, que ha influido decisivamente en las democracias contemporáneas. Los terroristas pretenden “agudizar las contradicciones”, propiciar el imperio de la violencia; el Estado islámico se propone lograr que la comunidad internacional asuma esa misma vocación destructiva. Sin embargo, la represión indiscriminada es una tentación a la que no debemos ceder, pues tenemos un legado espiritual que defender, el de la Ilustración y su compromiso con la libertad, la igualdad y la fraternidad. Se trata de la herencia espiritual de Locke y Voltaire, un modo de pensar y de sentir que vale la pena asumir a toda prueba. No vaya a pasar que – como relata agudamente Borges en Deutsches Réquiem – acabemos reproduciendo la actitud que rechazamos en el otro, y que hemos jurado enfrentar en los múltiples escenarios de la vida.






miércoles, 20 de mayo de 2015

DOS ENTREVISTAS SOBRE JUSTICIA, ETICA Y RELIGIONES


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Gonzalo Gamio Gehri

A.- En la página Religión Digital aparece una entrevista al Padre Gastón Garatea, que examina la situación de la Iglesia peruana, la influencia del Concilio Vaticano II, entre otros temas. Muy interesante, en realidad, aquí pueden encontrar el texto y el video. Garatea, fiel a su estilo, habla claro sobre el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y la Mesa de Concertación de Lucha contra la pobreza. Señala que colaboró en esas instituciones fundamentalmente como ciudadano y persona, a partir de las exigencias éticas que ellas planteaban, y no en virtud de alguna consideración eclesiástica. Se refiere también a su situación personal frente a una medida tomada por la autoridad local respecto del ejercicio de sus tareas pastorales, y sobre la lucha que lleva a cabo la PUCP por defender su autonomía como institución académica plural. Reflexiona asimismo sobre el trabajo de renovación que lleva a cabo el papa Francisco dentro de la Iglesia.

Estas reflexiones tienen lugar en el marco de un proceso de franca apertura a la teología de la liberación y al pensamiento más plural dentro de la Iglesia, una actitud que lleva el sello del Pontificado de Francisco. Gustavo Gutiérrez ha tenido una presencia interesante en eventos institucionales en Roma. No todos reciben esta disposición con alegría y esperanza. Un portal electrónico conservador ha intentado difundir la idea – carente del sustento probatorio más elemental – de que la teología de la liberación habría sido creada por la KGB. La falta de seriedad de la nota es clamorosa. Alessandro Caviglia cuestiona y ridiculiza dicha nota con toda razón. Caviglia plantea que estos objetores de Medellìn se pronuncien sobre Vaticano II - la principal fuente de inspiración de dicha Conferencia latinoamericana - y sobre el papado actual. Es un excelente argumento critico.  La discusión debería tener un mayor nivel, no caer en una absurda campaña destructiva, como es el caso de la nota de este portal católico tradicionalista. No se debe descender al nivel de sensacionalismo irresponsable que se cuestiona en los medios de prensa masivos.

B.- Hace un tiempo que se ha suscitado una polémica interesante sobre si el Islam es una religión que promueve doctrinalmente la violencia. Reza Aslan, académico iraní – estadounidense ofrece argumentos para responder negativamente esta cuestión. Se trata de un científico social que estudia las religiones, es un musulmán liberal que ha escrito varios libros sobre estos temas. . Señala que es preciso distinguir entre el Islam y el integrismo islámico, que existen países musulmanes en los que se respetan los derechos humanos y se combaten las desigualdades basadas en el género. Recomiendo esta entrevista a la cadena norteamericana CNN en la que esclarece una serie desupuestos debatibles sobre cómo entender el Islam, la paz y la violencia.

Se trata de documentos que inspiran una conversación rigurosa sobre temas de una peculiar significación social y humana. Recomiendo su lectura y discusión.


domingo, 30 de marzo de 2014

CONJURAR EL ODIO: NUEVAS NOTAS SOBRE “MY NAME IS KHAN”







Gonzalo Gamio Gehri


Acabo de volver a ver My name is Khan, un filme que significa mucho para mí por muchas razones diferentes. La película tiene la virtud de presentar de una manera lúcida y conmovedora la situación de violencia y discriminación en los Estados Unidos y otros lugares después de los atentados terroristas del 11 de septiembre. Rizvan Khan ha perdido a su hijastro – asesinado por ser identificado como un musulmán – y ha hecho la promesa de presentarse ante el Presidente para decirle que no es un terrorista. Su promesa simboliza la lucha de muchos musulmanes honestos, residentes en los Estados Unidos y en otras naciones occidentales, que se niegan a ser estigmatizados como violentos o integristas y que reivindican al Islam como un credo basado en la compasión y la solidaridad.

Khan es un hombre que padece una forma de autismo, pero eso no le impide conducirse sabiamente – con la palabra y con la acción – denunciando el poder destructor del odio y la intolerancia. Muestra claramente que el silencio y la incomprensión dañan severamente las relaciones humanas. El amor que puede entregar – en Georgia con las víctimas de los vientos huracanados, y en diversos lugares – hace la diferencia. La película destaca el hecho según el cual lo humano – la capacidad de amar y de dañar, de pensar, de expresarse y establecer conexiones significativas con los seres vivos – trasciende los orígenes culturales, las filiaciones y los papeles que las personas cumplen en diferentes espacios. Y que es lo humano mismo lo que es preciso buscar cuando se trata de comunicarse con las personas. 

Cultivar lo humano a la vez que celebrar la diversidad. Esa es la idea que plantea la obra. Una fórmula para intentar combatir el odio cultural y religioso. Un alegato en favor de la solidaridad interhumana. No cabe ninguna duda.




jueves, 24 de febrero de 2011

LA SORPRESA: LA DEMOCRACIA ÁRABE (POR HUGO NEIRA)





Hugo Neira

La rebelión de los pueblos árabes contra sus despotismos sigue extendiéndose. Un viento de libertad sacude a Irán, al alejado Yemen, y pasando por Egipto, hasta la intocable Libia de Gadafi donde se tira a muerte contra la multitud. No es solamente que el descontento viaje de la pequeña Túnez a los países del Golfo Pérsico. La TV mundial sigue en directo esos acontecimientos. Todos hemos visto un millón de personas en la plaza Tahrir, en El Cairo, presionando para la salida de Mubarak. Sin embargo, el célebre politólogo Sartori había dicho en “Homo Videns” “La televisión da noticias pero no da nociones”. Y nunca como en este caso, la pantalla muestra sus límites. Ver no es comprender.

Reflexionar es, pues, el papel de la prensa escrita. La pequeña pantalla aborrece la abstracción, pero hay excepciones. Con qué inmenso agrado he podido escuchar en Antena 5 de París, a Edgar Morin, resumiendo lo que centenares de periodistas de la TV, no atinan. ”En una región dominada por regímenes despóticos, unos civiles y otros religiosos, ha irrumpido lo inesperado”. Y esa es la historia, dice Morin, la antigua y la presente: lo inconcebible llega en un instante. Primera noción.

La segunda, la sorpresa del objetivo de esa rebelión: la democracia. Esas muchedumbres árabes quieren elecciones libres. Como si fuesen noruegos u holandeses, para decirlo rápidamente, quieren la extensión de la democracia a sus sociedades. ¡Vaya sorpresa! El viento de libertad no solo derrumba gobiernos sino que acaba con la perversa versión de unas ciencias llamadas “orientalistas”. Hasta un día antes que el joven tunecino Bouazizi se inmolara, la idea dominante fue la siguiente: el mundo árabe es insensible a la democracia. Qué tontería. Los que estudiaron ese mundo, casi sin excepción (salvo intelectuales disidentes en Londres) sostenían el dogma de la incompatibilidad absoluta entre sociedades islámicas y democracia. Y eso se ha revelado erróneo.

Otra novedad es que los árabes contradicen su propia historia. En el pasado, los movimientos populares reivindicaban su hostilidad ante un Occidente colonialista. La ocupación del Canal de Suez por Nasser en 1956, se hizo contra las potencias extranjeras. Durante la guerra fría, surgieron Estados fuertes, donde un jefe único, o un partido, controlaba todo. Ni a los EEUU ni a Europa les importó demasiado la situación interna. Como, dicho sea de paso, no les importa en China, esa gran nación sin democracia. En cuanto al Islam, hoy ni lidera esa rebelión ni la enfrenta. Terminada la plegaria, los fieles retoman sus batallas callejeras. Ese mundo vive una hora política y no teológica.

Un velo de ignorancia se descorre en el Medio Oriente. Hoy son masas extraoccidentales las que aspiran a derechos humanos occidentales. Pero hasta hace poco, juristas y ONG se planteaban que tal vez era pretencioso intervenir contra la ablación del clítoris en musulmanas, ¿con qué derecho, si era conforme a la tradición? Pero, una cosa es reconocer “la dignidad cultural de los mundos diferentes” (Lévi-Strauss) y otra servirse de las diferencias culturales para justificar Estados autoritarios. Para esos manejos, Estado aimara, etc, son malas noticias lo que acontece en Yemen o Qatar: para escapar a la humillación del inmovilismo, la gente busca transiciones democráticas. Tardarán, no seamos ingenuos, pero lo de Túnez y Egipto también es claro mentís de una ideología reaccionaria disfrazada de antropología. Mal llevada la identidad, se puede volver otro opio del pueblo.

La verdad monda y lironda es que los valores universales existen: los seres humanos quieren ser libres. Lo demás –qué se come, con quién se casa uno– es de los mundos de la vida, la “Lebenswelt” de los filósofos. Pero gobernarse, desde los griegos, es autorganización; “polis” de todos decía Aristóteles; o tiranía de unos cuantos. Y en eso, en optar, los árabes se incorporan a la historia contemporánea. Con una rebelión que no es réplica de nada que la preceda.

miércoles, 4 de junio de 2008

DEMOCRACIA, IGUALDAD DE GÉNERO Y FUNDAMENTALISMO

Nota sobre Dinner with the President: A Nation's Journey
(Sachithanandam Sathananthan y Sabiha Sumar)
Gonzalo Gamio Gehri


Ayer participé en un Cine-Forum – organizado por IDEHPUCP – en torno al excelente documental Dinner with the President (2007), dirigido por Sachithanandam Sathananthan y Sabiha Sumar, originarios de Pakistán. La cinta examina las tensiones presentes en un régimen como el pakistaní, sensible a golpes de Estado, crímenes políticos y conspiraciones internacionales. El objeto de investigación del documental es la era de Pervez Musharraf, quien tomó el poder a través de un golpe de Estado en 1999; desde entonces, ha intentado “modernizar” Pakistán tomando distancia de los sectores fundamentalistas – que defienden un Estado confesional – a partir de medidas particularmente controversiales desde el punto de vista de la ética pública y los derechos fundamentales. Los directores presentan muy bien las dificultades para comprender lo que sucede en un país que padece tantos conflictos (democracia / dictadura, modernidad / tradicionalismo, secularización / integrismo, etc.). El documental aborda diferentes perspectivas acerca del gobierno de Musharraf entre los pobres – que declaran que “sólo tenemos a Alá” -, los sectores pudientes, los intelectuales, los líderes tribales. Sabiha Sumar se pregunta agudamente si Musharraf es un “golpista con vocación democrática” o si predica la democracia sólo para obtener el apoyo de Estados Unidos en contra de los Mulah y el Partido Islámico. En el momento en el que se filmó la obra, Benazir Bhutto no había sido asesinada.

Resulta interesante el abordaje que la cinta hace del problema de la desigualdad entre los géneros en Pakistán. En diversos pasajes, del documental, Sabiha Sumar se enfrenta a personajes – camioneros, líderes tribales, miembros del Partido Islámico – que se remiten al Corán para legitimar la subordinación de la mujer respecto del varón (la prohibición de que salga a trabajar, que se cubra la cabeza, etc.). Los integristas arguyen que la mujer "manda en la casa", pero la directora les invita valientemente a ponerse en su lugar: ¿Cómo podrían ser libres encerrados entre cuatro paredes? El coraje y la lucidez que pone en juego Sumar en este debate son realmente notables.
En contra de la idea según la cual la doctrina de la igualdad de género proviene de la adopción artificial de creencias foráneas, ajenas a las creencias religiosas locales – el típico argumento de los integristas musulmanes (pero también de algunos conservadores católicos, dicho sea de paso) - , Sumar se remite al Corán para defender la igualdad sexual: sostiene que ella aprendió árabe para leerlo directamente, y señala que no encontró nada que justifique su confinamiento en la vida doméstica, o la obligatoriedad del uso del velo. Añade que el texto sagrado está abierto a las interpretaciones de los hombres. Dirigiéndose a un líder tribal tradicionalista, dice “tú eres un ser humano, yo también: ambos pertenecemos a Alá. Yo leo el Corán y encuentro razones para justificar la igualdad entre hombres y mujeres; tú lo lees y pretendes que el texto avala la subordinación ¿Quién decide qué interpretación es más razonable?" Sus palabras sitúan esta importante cuestión en el marco cívico de la discusión racional y del conflicto de interpretaciones rivales. Se trata de un notable punto de partida para el ejercicio de la hermenéutica política que pone a la razón práctica como la primera de las capacidades humanas en la configuración de una vida buena.

El documental pone de manifiesto la diversidad de opiniones existentes en Pakistán sobre cuestiones importantes como los Derechos Humanos, la condición de la mujer, la vigencia de la ortodoxia religiosa como medida de corrección política y legal. Se constata que no hay unanimidad alguna en estos asuntos, ni siquiera en sectores empobrecidos o poco cultivados. Siempre he pensado que la identificación entre el Islam y el “fundamentalismo islámico” constituye un craso error, que no sólo desconoce la pluralidad de posiciones existentes en el islamismo contemporáneo, sino que ignora la cultura de la tolerancia imperante en los reinos moros de España en el medioevo. Maalouf ha explicado muy bien - en Identidades asesinas - la emergencia del integrismo en tiempos de pobreza, precariedad económica y beligerancia en las relaciones con Occidente. La cinta de Sachithanandam Sathananthan y Sabiha Sumar permite acercarse a la complejidad del mundo musulmán bajo el prisma de la preocupación por el pluralismo y la igualdad.