sábado, 24 de enero de 2015

"EL HECHIZO DEL TIEMPO": LA FÁBULA DEL ETERNO RETORNO







Gonzalo Gamio Gehri


El hechizo del tiempo (Groundhog day) de Harold Ramis (1993) es una cinta extraña en el cine comercial norteamericano. Se trata de una comedia muy seria que lleva implícita una tesis interesante, común al trabajo de pensadores y místicos. Hill Murray es Phil Connors, el meteorólogo de un canal de televisión que cada año cubre en el pueblo de Punxsutawney el célebre día de la marmota. Según una tradición local, cada 2 de febrero los pobladores examinan si la legendaria marmota Punxsutawney Phil contempla o no su sombra al salir de su madriguera, pronosticando así un breve o un duradero invierno. Connors vive amargado por el estancamiento de su carrera profesional. Se comporta soberbio con Rita, su joven y bella productora (Andie McDowell) y su camarógrafo Larry. Trata a los seres humanos como instrumentos o personajes insustanciales.

Phil se ve confrontado por una situación mágica e inexplicable. Experimenta el día de la marmota una y otra vez. Se despierta a las 6:00 a.m. del mismo 2 de febrero, con la misma canción – I got you babe de Cher y Sonny -, debe enfrentar las mismas situaciones, las personas le dicen las mismas cosas. El mismo día, cada vez. Idéntico. Phil revive el 2 de febrero probablemente siglos. Una tenebrosa y literal interpretación de la noción de Eterno retorno de Nietzsche.

Este misterioso desorden del tiempo – que aparentemente sólo tiene impacto en él, pero que a la vez le permite aprender y actuar de diversas maneras – lo lleva a la desesperación. La comedia se convierte en un drama sombrío. Se da cuenta que vivir una y otra vez el mismo día puede reportarle beneficios, pero la desesperanza invade su alma. Está enamorado de Rita, pero ella no parece quererle. Su cautiverio temporal lo lleva a suicidarse de múltiples maneras, sin éxito: cada mañana se despierta en perfecto estado de salud. Se aleja de Rita por muchísimo tiempo, intentando olvidarla. Se recluye en su cuarto, o pone atención en la vida de otras personas. Aprende a poner su ego fuera de la ecuación. “Me he quitado la vida tantas veces”, declara, “que ya ni siquiera existo”.

Esta incapacidad de eliminarse lleva a Phil Connors a comenzar a pensar que su terrible condición puede ser una oportunidad de asumir una existencia diferente. Llega a apreciar profundamente a los pobladores de Punxsutawney, a quienes ignoraba o detestaba explícitamente. Aprende a ser feliz en medio de gente sencilla. Constata que sus sentimientos hacia Rita no se han desvanecido a pesar de esos años transcurridos en esa extraña y retorcida eternidad. Se ha trazado el proyecto de convertirse en el hombre que ella podría verdaderamente amar. Se convierte en un eximio pianista, escultor en hielo, médico en la práctica, experto en literatura francesa del siglo XIX. Esas habilidades lo transforman en un ser mejor humano independientemente del futuro de su relación amorosa con Rita. Como en los antiguos cuentos de hadas, la clave para romper el hechizo es el servicio a los demás, el amor, el cuidado del otro. El hoy se convierte en mañana en cuanto la vida se constituye en algo más que un espacio para la autorrealización.









viernes, 16 de enero de 2015

NO EN NOMBRE DE LA RELIGIÓN: SÁTIRA, LIBERTADES, VIOLENCIA Y FE




Gonzalo Gamio Gehri

Mucho se ha discutido ya sobre lo sucedido tras el atentado contra la revista Charlie Hebdo y sus trabajadores. Las marchas en París en protesta por las 17 personas asesinadas - y en homenaje a su valor -, pone de manifiesto la vocación del pueblo francés (y de una buena parte de la opinión pública mundial que se ha adherido a esta causa) por la defensa de la libertad de expresión. Cuatro grandes caricaturistas han muerto a manos de estos criminales.  Al Qaeda ha alabado y reivindicado este crimen. El miércoles ha salido un nuevo ejemplar del semanario, cuya idea central es la de persistir en ese humor crítico y desafiante.

La sátira ha cumplido una función política fundamental en la historia incluso antes de las comedias de Aristófanes. La crítica de la monarquía antes de la Revolución de 1789 recurrió exitosamente a la sátira escrita y gráfica. El humor ha permitido examinar imaginarios e ideologías diversas. Charlie Hebdo con frecuencia cultivaba una sátira ofensiva contra las ideas políticas y contra las religiones. Pero la libertad de expresión consiste no sólo en admitir la puesta en público de las ideas e imágenes que cuentan con nuestro apoyo, sino también aquellas con las que abiertamente discrepamos. La libertad de expresión es importante porque fortalece la diversidad de puntos de vista y maneras de creer y vivir. El límite de esta libertad son las libertades y derechos de los demás, pero los conflictos que ella puede generar se discuten en el espacio público y finalmente en los tribunales. Usar la violencia para “castigar la blasfemia” no constituye una opción éticamente válida.

Los delincuentes que mataron a los cuatro artistas, a los policías y en general a las víctimas del atentado contra la revista no son mártires – los mártires no asesinan a sangre fría – ni son enviados de Dios. Tampoco son artífices de un “evento” cósmico propiciado por el plan divino o  por la irrupción del Ser en el mundo. Son vulgares asesinos que han violado los derechos de otras personas a crear, a pensar y a vivir. En una perspectiva humanista – a la vez convergente con las religiones que se remiten a la tradición judeo - cristiana, centra su mirada en la condición de los seres humanos vulnerables, y  no asume la óptica de supuestos acontecimientos impersonales.

Se ha dicho con razón que los crímenes de Al Qaeda y el Estado islámico nada tienen que ver con la religión. La conversión forzada y la eliminación de los no creyentes no forma parte de un genuino espíritu religioso. En las marchas de París, muchos musulmanes señalaban “No en mi nombre”, rechazando las acciones de estos grupos terroristas. Constituye un grave error identificar estas acciones delictivas con una fuente verdaderamente religiosa. No obstante, la extrema derecha observa estos hechos desde el célebre “choque de civilizaciones” de Huntington, esbozada sin matiz alguno, formulada en su versión más caricaturesca. Por supuesto, la versión más académica de esta perspectiva fue cuestionada severamente por pensadores de la talla de Amartya Sen o Benjamín Barber. En nuestro país, esa veta ultraconservadora se reproduce sin mayores matices. No han faltado “especialistas” que se refieren a una “amenaza islámica”, como un peligro para la supervivencia de cultura occidental.A su juicio, toda esa  postmoderna “sensibilidad occidental frente a las diferencias” no le permite luchar con firmeza frente al mundo musulmán y su influencia en Europa. Esto tiene una nítida resonancia antidemocrática. El sentido común de la derecha peruana coincide con lo que sostienen los antiliberales europeos más radicales. No obstante, nadie aquí se preocupa ante tales consonancias ideológicas. Incluso un columnista local ha sostenido que “la matanza de París y la persecución de los cristianos en Oriente comparten la misma raíz, el odio al cristianismo”. Su tesis sobre el hecho comentado es completamente falsa y delata una evidente falta de conocimiento respecto del tema discutido. No sospecha de que Charlie Hebdo fustigaba por igual a cristianos, musulmanes y a judíos. Así como a políticos de todas las ideologías presentes en el ruedo público europeo. Aquí no hay una lucha de civilizaciones, sino una lesión grave a la vida y a la libertad de pensamiento. Las protestas que comentamos invocan la necesidad de respetar los principios de un Estado constitucional de derecho, que cimenten una ética pluralista. Una cultura política democrática ofrece un horizonte que pueda promover la comunicación intercultural e interreligiosa desde la impronta legal del cuidado de las libertades básicas.

Este terrible acontecimiento vuelve a plantear el complejo problema de nuestra relación con lo sagrado. Los integristas islámicos aducen que los dibujantes asesinados han hecho mal uso de un asunto que debería permanecer intocable. Creen que tienen tal  autoridad sobre la materia que repudian determinadas formas de tratar lo sagrado al punto que establecen perversamente quién debe vivir o quién debe morir por tal motivo. Esa presuposición es simplemente monstruosa. Quizás las cuestiones más importantes o más polémicas – cosas que aluden a las “cuestiones últimas” -, no puedan permanecer en esa situación de lejanía y majestad. Las cuestiones que inquietan el corazón de la gente – para bien o para mal – son objeto de trato humano. Se asumen con devoción, se interpretan con sonoras metáforas, se discuten implacablemente, o se rechazan con irreverencia. Tal vez sea el precio de las cosas que los seres humanos valoramos realmente. La violencia queda excluida de toda forma legítima de experiencia espiritual, sin embargo existen múltiples formas de lidiar con lo sagrado. No podemos imponer un único criterio para afrontarlas. Tenemos que considerar y examinar múltiples formas de enfrentar lo sagrado.







miércoles, 7 de enero de 2015

BREVES REFLEXIONES SOBRE UN PASAJE DE “MACBETH”

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Gonzalo Gamio Gehri

“¡Pobre patria!
Casi siente temor cuando se reconoce. No se puede llamarle
madre sino nuestra tumba, donde nadie sonríe excepto quienes nada saben; donde
suspiros y lamentos y gemidos que desgarran el aire surgen sin que lo advierta
nadie, donde el dolor violento parece un éxtasis común. Suenan tañidos por un
hombre muerto y no pregunta nadie por quién es, y la vida de los hombres
honorables se extingue antes que las flores en sus caperuzas y mueren antes de
enfermar”[1].

Probablemente este sea uno de los pasajes más duros de la historia de la literatura en cuanto al diagnóstico de una crisis moral y política. Revela efectivamente un enorme escepticismo político. Se trata de una reflexión inscrita en el renacimiento inglés, pero que históricamente alude a una situación generada en el siglo XI en la Escocia medieval -, pero que sin duda va más allá de estos contextos puntuales. Implica un juicio sobre la quiebra de la legalidad en las sociedades, e incluso sobre la labilidad como un elemento crucial de la condición humana. Nos habla del tipo de injusticias que los seres humanos pueden perpetrar sino existen normas, procedimientos e instituciones que puedan prevenir o impedir tales acciones.

Esta idea es recurrente en Shakespeare. No olvidemos sus alusiones a la “podredumbre” presente en el reino de los daneses en Hamlet, o sus juicios sobre la concentración del poder en Ricardo II, sólo por citar un par de casos. El tema de la crisis política se hace aún más presente en sus dramas romanos, en los que la agonía del sentido republicano es un tópico fundamental. Piénsese en la preocupación que manifiesta Julio César al constatar que Casio le dedica tantas horas a la lectura, y está tan lejos de la complacencia palaciega. Casio piensa demasiado, y eso lo convierte en un personaje peligroso.

El pasaje de Macbeth alude a una sociedad en la que se ha perdido el marco legal  y el régimen libre, una sociedad en la que sus miembros no parecen interesados – en principio, o al principio – en revertir esa situación de tiranía. La patria (la morada original, en la que la vida habría de prosperar) se ha convertido en la “tumba” de los espíritus libres. No puede despertar un sentimiento de comunidad, ni siquiera una vocación de transformación entre la mayoría de los habitantes, como si la corrupción estuviese minándolos por dentro . Finalmente, los rebeldes escoceses – liderados por Malcom y Macduff y por Seward, el general de sus aliados ingleses de Northumberland – deponen al usurpador y se restablece el poder legítimo, pero Shakespeare parece advertir que poco es lo que podemos esperar de los seres humanos cuando el ejercicio del poder no cuenta con límites estrictos. Se requiere además de una paidéia que impulse a las personas a establecer esos límites y a prevenir su trasgresión. La libertad no se logra ni se preserva sin esfuerzo y convicción.

Evoco estas líneas de este extraordinario drama pensando en el sentido de desesperanza que impera en nuestro país. La presuposición de que la corrupción prospera por doquier y ha comprometido hasta el tuétano a nuestra “clase dirigente”, las “élites” que algunos alaban con tanto fervor. Los grandes grupos de poder  empresarial, mediático y otros sectores de poder jerárquico tienen una agenda bastante conocida. Creo, no obstante, que no hemos alcanzado el punto crítico descrito aquí, a pesar de la gravedad de la hora presente. La percepción de la omnipresencia del delito beneficia a aquellas organizaciones políticas asociadas con la corrupción y las violaciones de libertades y derechos. Parafraseando a Judith N. Shklar, estamos hablando de injusticias y no de infortunios o fatalidades. Como iremos discutiendo en los textos que publicaremos en breve, se trata de una crisis que puede revertirse, entre otras cosas, a través de la acción cívica.   

Imagen extraída de aquí. 


[1] Macbeth Acto IV, escena tercera.

lunes, 29 de diciembre de 2014

ESTADO Y ACTIVIDADES RELIGIOSAS: ESTABLECER FRONTERAS EN UN ESTADO LAICO









Gonzalo Gamio Gehri

En los últimos días, el tema del pluralismo y la laicidad del Estado liberal ha vuelto a ponerse en discusión, esta vez en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Una alumna de Letras, Katherin Ángeles Sihuay, envió una carta al Decano de la Facultad – según me ha comentado, un profesor de esa casa de estudios, y he podido constatar luego leyendo el documento y dos entrevistas – señalando que, dado que la UNMSM es una universidad estatal y el Perú un Estado laico, la Facultad no debería exhibir en espacios comunes Nacimientos ni ninguna manifestación de una religiosidad particular. El Estado democrático se mantiene neutral en materia religiosa, porque su función es la de garantizar los derechos y las libertades individuales, incluidas las concernientes a creer o a no creer. La alumna ha sostenido que ha recibido un trato hostil de parte de miembros de la comunidad universitaria,  e incluso ha sido amenazada desde las redes sociales. Ha añadido que – curiosamente – se evita discutir rigurosamente este problema en el campus: “resulta curioso notar”, sostiene “que son, sobre todo, los profesores de temas relacionados a epistemología y lógica quienes invitan a través de su discurso y acción a plantearse estos temas, mas no los de ética y filosofía política”. Es una situación que sin duda preocupa.

Espero que en la UNMSM pueda desarrollarse un debate amplio sobre este tema. Tengo muchos amigos filósofos en esa importante casa de estudios, cuyo trabajo aprecio y admiro, quienes  seguramente aportarán argumentos sólidos que esclarezcan lo que está en juego aquí. Intuyo que este debaste recién está iniciándose. La carta en mención destaca un punto fundamental. Una institución pública no constituye un espacio para la expresión de una confesión religiosa puntual. Es el caso de los claustros de la Universidad más antigua del Perú. Tales escenarios constituyen foros compartidos para el cultivo del saber y de la vida cívica, para discutir asuntos que sean de interés común de quienes desarrollan el conocimiento o ejercen la ciudadanía. La celebración de costumbres religiosas o las actividades proselitistas en cuestiones de fe no pueden tener lugar en el seno de las universidades estatales. Esta forma de reflexionar procede de los principios de la razón pública inscritos en una concepción democrática de la política, y es independiente del credo personal. Por ejemplo, yo soy católico – como muchos ciudadanos – pero creo que nuestro Estado debe ser laico.

 Resulta legal y moralmente irrelevante hacer notar que el credo espiritual que se intenta difundir sea el que profesa la mayoría de la población. Se trata de proteger los derechos de todos en pie de igualdad, incluidos los derechos de las minorías. Consentir el compromiso doctrinario de un Estado con una religión específica implicaría discriminar a quienes practican otras creencias, o no tienen convicciones religiosas en absoluto. Tal opción política implica tratar a estas personas como ciudadanos de segunda clase. La entidad política debe defender las bases institucionales de un contexto de “pluralismo razonable”(en términos de John Rawls), aquel que propicia el florecimiento de diversas concepciones morales y religiosas, siempre y cuando ellas respeten el derecho de las demás visiones a tener un lugar en la sociedad y eventualmente, a entrar en diálogo con ellas.

El espacio adecuado para la celebración de la Navidad – en cuanto al ritual, la decoración y la prédica correspondientes – son las casas,, son las parroquias, o las comunidades e instituciones religiosas en las que uno participa en condiciones de libertad. No son los lugares estatales, en los que se promueve el bien público, asociado estrictamente al cuidado de los principios y procedimientos de la justicia, el cultivo de la tolerancia ante diversos caminos razonables de vida y el ejercicio de las virtudes políticas. Un Estado democrático no dedica los espacios bajo su jurisdicción a la práctica de ningún culto puntual ni permite su uso orientado por tales propósitos. Esta actitud no lo convierte en “a-teo”: es básicamente laico y aconfesional porque no admite establecer desigualdades entre los ciudadanos en razón de sus creencias y estilos de vida. Promueve el desarrollo de todas las religiones y visiones del mundo bajo la única condición de que éstas respeten los derechos y libertades de todas las personas, vale decir, que acepten coexistir en un marco de pluralismo razonable conforme a las reglas de juego propias de un régimen democrático constitucional.

Quienes suscribieron la carta señalan que su iniciativa ha recibido críticas de todo calibre, no precisamente cimentadas en argumentos legales o filosóficos rigurosos (y arraigados en los usos democráticos). Algunas de las críticas más extrañas y virulentas – advierten con sorpresa y perplejidad - provienen de respetados intelectuales,  profesores de la Facultad, que habrían de enarbolar las banderas del respeto a la diversidad. Resulta conceptualmente pobre aducir que impedir que se instalen nacimientos y árboles de Navidad en los ambientes de la UNMSM constituye una grave violación a la libertad de expresión de los creyentes. Quien así argumenta desconoce la frontera entre los fueros de la entidad política y los escenarios religiosos, uno de los pilares de la democracia liberal. La edificación religiosa o el cuidado de las tradiciones no competen al espacio público estatal. Cada práctica tiene un lugar específico en una sociedad plural.

Otros censores de esta propuesta han pretendido refutar la idea de laicidad estatal apelando a un cínico “realismo político”. Aseveran que el Perú es un “país católico”, que el destino del país se debe a las decisiones de sus “élites” – políticas, empresariales y eclesiásticas -, y que “sus élites son católicas”. Por tanto, tendría sentido dedicar los espacios del Estado a la práctica de las costumbres propias del catolicismo. Me sorprende el recurso a una tesis que  - en cuanto a su conceptos- expresamente hunde sus raíces en el fascismo, una ideología expresamente autoritaria, violenta y cosificadora, como tan lúcidamente denunciaran Husserl y Levinás en la primera mitad de los años treinta. Aquí la argumentación democrática simplemente desaparece a favor de un voluntarismo retorcido y mesiánico: el “espíritu del pueblo” – la resonancia hegeliana es evidentemente engañosa, pues Hegel no tiene que ver con este poco sutil irracionalismo - es meramente expresión de su “clase dirigente”.  Nuestra religión tendría que ser la de nuestros caudillos y líderes natos. El discurso de los derechos y las libertades individuales se torna irrelevante, el pluralismo deviene en un estorbo para  asumir el camino del progreso; los ciudadanos se convierten en meros “gobernados”. “Súbditos”, en una palabra. Sombrío el panorama de quien se someta a esta forma arcaica de integrismo político (y religioso). Aquí se plantea veladamente un retorno al Estado confesional.

Esta perspectiva posee una innegable entraña totalitaria. El totalitarismo no sólo decretaba el imperio de una única visión del mundo promovida y difundida por un Estado tutelar, sino que ejercia  un control sobre todos los aspectos de la vida, tanto pública como privada. Predicaba y difundía una única doctrina verdadera, un único estilo de vida con sentido. Quienes no compartían esa visión de las cosas eran considerados herejes victimas del error o de la corrupción del pensamiento.  Creo que  nuestra sociedad ha sufrido en repetidas veces los ataques de formas ideológicas intolerantes de diverso cuño – versiones del totalitarismo tanto religiosas como seculares, desde el integrismo  de las extirpaciones de idolatrías en la colonia hasta los delitos de Sendero Luminoso – como para tomar  intelectualmente en serio esta posición autoritaria. Basta con dejar constancia acerca de su persistencia en la universidad pública y recordar el registro funesto de sus acciones en nuestro país.

Es preciso añadir que esta lectura conservadora es, en el fondo, incompatible con el cristianismo, al menos si tomamos en cuenta a los Evangelios como fuente primaria de interpretación de esta concepción de la vida ética y espiritual. Recordemos que el anuncio del Reino por parte de Jesús ni se hace desde las “élites” ni se las considera el núcleo vivo de la comunidad creyente o de la comunidad por construir. La Buena Nueva se dirige a los más humildes, a los publicanos, a los pobres, a personas que los encumbrados miran con recelo y desconfianza. En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad” (Lucas 10, 21). La preocupación por las condiciones de injusticia en las que se ven sumidos la viuda, el pobre y el extranjero constituye un elemento fundamental de la perspectiva del Reino de Dios y el esfuerzo por su edificación en el terreno de la práctica. Nada más extraño al Magisterio de Jesús de Nazaret que esa obsesión por identificar a los sectores dirigenciales con el motor de la comunidad o con la fuente de su progreso moral. El énfasis reaccionario en el carácter de los poderosos es ajeno a la ética del cristianismo y a sus exigencias en materia de justicia y solidaridad.

Este incidente nos permite ver con claridad una situación que enfrenta nuestra sociedad en cuanto a la relación entre política y religión. No sólo muchos de nuestros ciudadanos – incluidos algunos académicos conocidos – no llegan a entender  a cabalidad los principios que subyacen a la necesaria separación entre las instituciones públicas y las iglesias, sino que no alcanzan a reconocer su relevancia para la afirmación de una genuina cultura democrática en el Perú. El hecho de que en pleno siglo XXI existan resistencias incluso para discutir el concepto de laicidad revela la precariedad de los recursos intelectuales y políticos que usualmente se invocan para consolidar un genuino Estado de derecho constitucional, respetuoso de la pluralidad de formas de vivir y pensar.










miércoles, 24 de diciembre de 2014

NAVIDAD







Gonzalo Gamio Gehri


La Navidad es una festividad importante para quien ha crecido en medio de una tradición judeo-cristiana. Se rememora el ingreso de lo divino en el tiempo finito. La expresión Emanuel destaca esa convicción: Dios está con nosotros, literalmente. Habita nuestro mundo, comparte nuestras penas, nos brinda esperanzas de que es posible erigir un nuevo mundo – el Reino – en el que los vínculos humanos se organizan no en virtud de la violencia o a partir de la imposición de antiguas jerarquías, sino desde el cultivo del amor. El propio Jesús establece la pauta: «Ya no os llamo siervos, sino amigos» (Jn 15,15). Este es el corazón del Magisterio de Jesús.

Hegel, Chesterton y Gutiérrez consolidaron en mi mente esta idea teológica: el cristianismo no nos anima a salir del mundo, sino a saber estar en él. Y sin embargo, observar el mundo con otros ojos. Poner énfasis en la condición de los más vulnerables, y atender a sus necesidades y a su sed de justicia. El advenimiento del Reino no obedece solamente a consideraciones mesiánicas o relativas al sentido de la historia. Es una invitación a participar en la construcción de esa nueva forma de vida. Ese mundo espiritual no es sólo una promesa que se cumple después de la muerte: está en medio de nosotros. Todo eso está en los Evangelios.

Por ello el cristianismo supera la oposición entre religión y secularización. La convierte en una aparente oposición. Porque el mundo se revela como una encarnación del Espíritu, que se lleva a la perfección por la acción del ágape en la vida de las personas. La encarnación no es un evento cósmico, es un acontecimiento que puede reproducirse (re-crearse) en el horizonte de la vida cotidiana. Actuar por y para los demás – sin que el móvil sea el razonamiento meramente instrumental propio del mundo exclusivamente económico – es una forma de participar de esta héxis fundada en la promesa de ese Reino. Destacar la cooperación y la empatía frente a la mera competencia. Reivindicar lo común frente a aquello que atomiza nuestros vínculos.


Les deseo unas muy felices fiestas navideñas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

SEGUIR EL CAMINO DEL SALMÓN: "ELIZABETHTOWN" (2005)



Gonzalo Gamio Gehri

Me causa una muy buena impresión Elizabethtown (2005), una película norteamericana de gran intensidad.y sentido existencial. Es una de mis cintas favoritas, por muchas razones.  Drew Baylor  (Orlando Bloom) es un joven que ha fracasado notoriamente en la campaña de promoción de un modelo de zapatillas deportivas. La depresión lo lleva a pensar en el suicidio. No logra cumplir su propósito; antes se entera de que su padre ha muerto en su pueblo natal, Eluiabethtown. Tiene que viajar para atender los asuntos funerarios. En el avión conoce a Claire (Krinsten Dunst), una joven azafata que reconoce su situación y se ofrece darle pautas en el intrincado camino hacia el pueblo paterno.

El contacto con sus familiares de Kentucky – personas sencillas que le profesaban un profundo amor a su padre -, así como la revisión de sus propios recuerdos, lo llevan a asumir la vida en una perspectiva distinta. Valorar las pequeñas cosas, acercarse a la lucidez curiosa que se revela en las conversaciones cotidianas. Las largas conversaciones telefónicas, las caminatas, van haciéndose un espacio en su existencia. Es interesante la mezcla de asombro y ternura con la que él empieza a mirarla. El penoso incidente de las zapatillas comienza a perder relevancia. Ella intenta enseñarle que hay fracasos que infunden sabiduría. Resuenan entonces las palabras de Beckett: inténtalo de nuevo, fracasa bien, fracasa mejor. Claire parece salvar a Drew de ese predicamento de confusión y pérdida de sentido.

La vida se trata de seguir el camino del salmón. No seguir a la mayoría y sus criterios de éxito y progreso, sino nadar contra la corriente. Claire ofrece a Drew un mapa de regreso a casa, a Oregon, lleno de imágenes y canciones que lo acompañen en el camino. El mapa está lleno de indicaciones: bajar del carro y ver este árbol, detenerse en un café de Memphis para escuchar las historias del dueño, visitar el lugar en el que Martin Luther King se dirigió por última vez a los ciudadanos, escuchar las canciones que hablan de su propia historia. Claire cree que lo ha perdido, y que sólo le queda abrirle completamente y por última vez su corazón, con todo su amor y todos sus demonios.

No sabe que el mapa de regreso a casa es realmente el regreso hacia sí mismo. La imagen del hogar es, otra vez, una metáfora de la identidad. Como Odiseo, pudo descubrirse a sí mismo en la conversación con otros. Esta película de Cameron Crowe recuerda el valor de la verdadera comunicación humana en una vida con sentido.

sábado, 20 de diciembre de 2014

EL AMOR AL MUNDO EN UN TIEMPO DE ESPANTO (V. PALACIOS)



Víctor Palacios

En un tiempo de transiciones tumultuosas y cruentos conflictos religiosos en la Francia del siglo XVI, Michel de Montaigne (1533-1592) manifiesta una inesperada serenidad y una lucidez que merece, por su tacto diplomático y el humanismo de su sensibilidad, la confianza de los bandos enfrentados; así como vive una insólita pasión por el mundo -en un "tiempo de espanto"- desplegada en el deleite de las lecturas, las conversaciones y los viajes que emprende para incrementar su ser en la diversidad que deriva de la finitud humana. El curso propone una reflexión sobre la acogida de las diferencias, las virtudes cívicas que desprende el genuino amor a la verdad, la discrepancia como motivo de encuentro, y la construcción de la identidad personal por medio de la escritura y a partir de la pluralidad.
La conciencia de la finitud, que explica la variación y las diferencias de las culturas y los pueblos, se convierte en un pretexto para el encuentro y el intercambio de nuestros respectivos pedacitos de mundo. “Quien me contradice, no despierta mi cólera, sino mi atención”, dice en Los ensayos profesando, en lugar de la mera tolerancia, un interés, una acogida de lo distinto que sustenta la cortesía y la hospitalidad, virtudes cívicas derivadas de un genuino amor a la verdad. Un yo finito que se retrata en el ejercicio de la escritura y en el contacto con lo otro, lo recorrido y acopiado en los libros o a caballo. “El mejor de todos los hombres es el hombre mezclado”, agrega en Los ensayos. Sin duda, un contrapeso de sensatez que previene los desvaríos del racionalismo, y también una referencia pertinente para el pensamiento de la multiplicidad y la variabilidad del mundo en el que vivimos.

Citas de Montaigne:
1. “La persecución y la caza corren propiamente de nuestra cuenta; no tenemos excusa si la efectuamos mal y con impertinencia. Fallar en la captura es otra cosa. Porque hemos nacido para buscar la verdad; poseerla corresponde a una potencia mayor. No está, como decía Demócrito, escondida en el fondo de los abismos, sino más bien encumbrada a una altura infinita en el conocimiento divino. El mundo es solo una escuela de indagación. La cuestión no es quién llegará a la meta, sino quién efectuará las más bellas carreras”.
2. “Vviajar me parece un ejercicio provechoso. El alma se ejercita continuamente observando cosas desconocidas y nuevas. Y no conozco mejor escuela para formar la vida, como he dicho a menudo, que presentarle sin cesar la variedad de tantas vidas, fantasías y costumbres diferentes, y darle a probar la tan perpetua variedad de formas de nuestra naturaleza”.

Miércoles 11, jueves 12 y viernes 13 de marzo de 2015
6:30-8:30pm
En el campus de la Universidad Antobio Ruiz de Montoya.
Dirigido a estudiantes, profesores y público en general.