domingo, 19 de octubre de 2014

CUESTIONES DE JUICIO POLÍTICO. EXPLICAR Y CUESTIONAR








Gonzalo Gamio Gehri

Steven  Levitsky tiene razón cuando sostiene que, en lugar de descalificar a los votantes que no comparten nuestras opiniones, deberíamos tratar de entender sus decisiones, así como proponernos elaborar una lectura rigurosa y lúcida de lo que sucede en la escena política. No tiene sentido atribuir mera irracionalidad a quien, por ejemplo, vota por candidatos sobre quienes pesa una fundada sospecha de corrupción, o representan opciones que debilitan el sistema democrático. Es evidente que el primer paso para enfrentar un problema es comprender su naturaleza y raíces. Constituye un disparate menospreciar la actitud de los electores, considerándolos ineptos e ignorantes – como hace un sector de la extrema derecha -, o asumir una postura de censura moral, como hace una facción de la izquierda. No resulta para nada democrático despreciar a quien no piensa como nosotros.

Esto no significa, sin embargo, renunciar al ejercicio de la crítica, o abandonar el reto de reflexionar prestando oídos a consideraciones normativas. Es preciso estudiar a fondo la actitud de desconfianza de los votantes frente a la conducta de los políticos, sus programas, sus agendas. Poco o nada esperan los ciudadanos de la “clase política” nacional. La condescendencia frente a la corrupción de los políticos peruanos se debe en parte a que las estrategias aplicadas en el pasado para combatirla no han tenido el éxito esperado. Veintidós presidentes regionales afrontan hoy investigaciones o procesos por corrupción. Sobre la mayoría de los potenciales candidatos a la Presidencia de la República pesa sospechas de corrupción.

No debemos olvidar que el voto por opciones que entrañan una gestión corrupta alimenta de un modo u otro el circuito mismo de la corrupción[1]. La idea de apoyar expresamente a quien “roba pero hace obra” envalentona a quien así procede, y robustece el halo de impunidad que suele acompañar sus acciones ¿Cómo podremos luego cuestionar el comportamiento público de esta clase de personajes o pedirles cuentas por sus actos? Podemos intentar entender esta situación, pero ello no implica acallar las voces de quienes – con sólidos argumentos - advierten acerca de los peligros que se  generan desde estos escenarios.  Son dos niveles fundamentales para el estudio de la relación entre política y corrupción. Judith Shklar ha señalado que ser testigo de un acto lesivo de la ley dejándolo pasar – por cobardía, frustración, comodidad o expectativas de “eficacia”- constituye un acto de injusticia. Esa pasividad socava toda forma de ciudadanía.

Describir esta clase de fenómenos no implica asumir las actitudes de menosprecio o las ínfulas de superioridad moral que Levitsky denuncia. Es preciso señalar las posibles consecuencias de la condescendencia frente a la corrupción. La desesperanza (o la desconfianza) que impera en un sector importante del electorado puede también paralizar las formas de juicio y de acción que podrían combatir eficazmente la corrupción. En la medida en que los ciudadanos perdemos la fe en las transformaciones que pueden realizarse desde nuestras acciones en común, el circuito de la corrupción preserva su poder. Por fortuna, la solución no es sólo un asunto que concierne a los políticos en actividad: ella está también, en nuestras manos, si estamos dispuestos a organizarnos y a involucrarnos en procesos de vigilancia política. Es razonable desconfiar de los políticos, tenemos sobradas razones para ello, pero podemos confiar un poco más en lo que nosotros podemos hacer para cambiar las cosas. El futuro no está escrito, tampoco en lo político.




[1]Véase las ideas de S. Lerner Febres en esta materia, en su artículo periodístico Elecciones y participación, del 3 de octubre de 2014, La República.

martes, 7 de octubre de 2014

EN TORNO A LAS DECLARACIONES DE VARGAS LLOSA SOBRE EL FUJIMORISMO






Gonzalo Gamio Gehri

Las recientes declaraciones de Mario Vargas Llosa sobre su disposición a oponerse a la candidatura de Keiko Fujimori han generado críticas en la prensa conservadora. Se ha dicho 1) que Vargas Llosa se arroga un rol de profeta político, garante democrático y juez moral que no posee realmente; 2) que asume la creencia antiliberal de que las culpas y los pecados se heredan de padres a hijos; 3) que excluye – de manera inconsistente con sus convicciones democráticas – una opción política con arraigo social. Lo que ha dicho Vargas Llosa es lo siguiente:

 Yo voy a participar para evitar que sea presidenta. Es una obligación que los ciudadanos tenemos. La democracia es participación, si uno no participa, no tiene derecho a protestar cuando un país se va al diablo”.
“…es la hija de un asesino y un ladrón, que está preso, juzgado por tribunales civiles con observadores internacionales, condenado a 25 años de cárcel. Yo no quiero que la hija –que lo primero que va a hacer si sube al poder es sacar a Fujimori (de la cárcel)- gane las elecciones”.

Pueden encontrar el video en este link.

Creo que las declaraciones de Vargas Llosa, en la medida en que son leídas con atención,  revelan que tales críticas yerran el blanco. Uno puede estar de acuerdo o no con sus ideas, pero no resulta adecuado atribuirle al escritor peruano suposiciones que no ha asumido, al menos en el contexto de sus declaraciones. El autor está señalando que participará en el debate público durante la campaña, en calidad de ciudadano, y también como intelectual comprometido con el curso de la política local. Es su derecho, y encuentro positivo este interés (me parece encomiable que un liberal recuerde que “la democracia es participación”, pues esta es una idea cívico – humanista que muchos liberales han perdido de vista). Creo que las palabras del literato son muy claras, y que de ellas no se sigue necesariamente la idea de que la persona en cuestión pretenda ser un juez del tribunal supremo de la moralidad pública. Al afirmar eso, el crítico supone mucho más que lo que está en el texto.

Si leemos o escuchamos las opiniones de Vargas Llosa en la entrevista citada, no dice que la causa de su oposición a Keiko Fujimori sea su condición de hija, sino su propuesta de excarcelar a Alberto Fujimori. Y es verdad que el indulto o la libertad de Fujimori – que ha sido sentenciado por delitos muy graves – constituye el corazón, por no decir la agenda única, del “fujimorismo”. No es un secreto que Fuerza Popular todavía guarda una entraña autoritaria, que sus cuadros siguen siendo los antiguos funcionarios del gobierno de Alberto Fujimori, muchos de ellos cuestionados por temas de corrupción y otras prácticas funestas, y que las pautas para seleccionar los nuevos cuadros también vienen siendo criticadas. Es evidente que el criterio para elegir al candidato presidencial de Fuerza Popular sigue siendo dinástico, sanguíneo, y no democrático. Las dudas de Vargas Llosa sobre las credenciales del fujimorismo son legítimas, y están bastante justificadas.

Tampoco es cierto que Vargas Llosa pretenda excluir de una lid electoral a la organización de Keiko Fujimori. Nada de eso se dice o se sugiere en la entrevista o en otros textos suyos sobre el tema. Lo que se señala es que el autor de Conversación en la catedral se plantea combatir políticamente la candidatura de Fuerza Popular. Es parte de la actividad política de los ciudadanos el respaldar algunas opciones y criticar otras en medio del intercambio de ideas y la confrontación política. Los numerosos periodistas de opinión que se han ocupado del asunto simplemente han preferido destacar el lado dramático de unas declaraciones, dejando de lado los argumentos desarrollados por el entrevistado. Han preferido fomentar el sensacionalismo antes que detenerse en el análisis de los comentarios vertidos en los espacios de opinión pública..




lunes, 29 de septiembre de 2014

DEMOCRACIA LIBERAL Y ÉTICA DE LAS COMUNICACIONES






Gonzalo Gamio Gehri

Esta semana se realizaron en la UARM las IX Jornadas Éticas. Se trata de un evento anual en el que la Escuela de Filosofía organiza un conjunto de conferencias de carácter filosófico – práctico e interdisciplinario que tiene una significativa proyección hacia la vida pública y en general hacia la vida social en el Perú. Esta vez, el tema abordado fue la Ética,   democracia y comunicación. Participaron en estas sesiones de reflexión Rómulo Franco, César Zamalloa, Santiago Pedraglio y quien escribe estas líneas.

Se discutieron una serie de cuestiones, como el debilitamiento del periodismo de investigación, así como la precariedad argumentativa de las columnas de opinión en la mayoría de los medios de prensa en el país. Del mismo modo, se examinó la compleja situación que entraña que una poderosa empresa mediática controle cerca del 78 % de la prensa escrita en el Perú, circunstancia que podría poner en riesgo el pluralismo tanto como  los derechos al acceso de la información y a la expresión del pensamiento, principios fundamentales para una sociedad democrática. Los ponentes advirtieron los peligros que se generan a partir de la “propiedad cruzada” de diversos medios de comunicación, así como la necesidad de propiciar la discusión ética y legal sobre esta materia.

“Los medios de comunicación no tienen que ver nada con la educación”, sostuvo – recuerda Zamalloa – un famoso empresario de las comunicaciones. Es francamente patético que los medios de prensa hayan desarrollado una cuestionable vocación por ejercer nfluencia en los espacios del poder – público y privado – y muestren un absoluto desinterés por el cuidado de la conciencia cívica. Los medios han abjurado de su misión originaria – explicitada en la época de la ilustración -, la formación del juicio crítico y la defensa de las libertades sustanciales de las personas. Es preciso reasumir esa preocupación por la calidad de nuestras instituciones sociales y políticas. Recuperar foros de deliberación que orienten la sociedad hacia el fortalecimiento de la democracia en el Perú.



DEMOCRACIA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN (ESQUEMA)





Gonzalo Gamio Gehri

Esquema de mi participación en las IX Jornadas Éticas en la UARM. El tema general fue Ética, democracia y comunicación, el 25 de septiembre último.

ESPACIO PÚBLICO Y CONSTRUCCIÓN DE OPINIÓN COMÚN

}        No sólo el Estado es administrador del “Bien común”.
}        Se trata de escenarios en los que los ciudadanos puedan construir consensos o expresar disensos sobre temas de interés común, y generar formas de vigilancia respecto de la conducta dde las autoridades.
}        “Espacio de aparición” de lo propiamente humano” (H. Arendt).

     LA ESFERA DE OPINIÓN PÚBLICA

}        Una expresión puntual del espacio público.
}        Escenario distinto del Estado, espacio meta-local (Taylor) para la formación del juicio crítico del ciudadano en torno a asuntos de interés común.
}         Desde el siglo XVIII se constituyen en espacios para la deliberación cívica y la construcción de “opinión pública”.
}        Vigilancia del poder.
}        La existencia de una esfera de opinión pública constituye un rasgo distintivo de las democracias liberales.

     ¿QUÉ ES OPINIÓN PÚBLICA?

}        Se trata de opiniones que versan sobre asuntos de interés público.
}        Son susceptibles de argumentación y crítica.
}        Son posible foco de consenso público.
}        No son la mera sumatoria de opiniones privadas.
}        Los medios de comunicación de masas son espacios que en un principio fueron concebidos desde la idea de la formación de opinión pública desde el debate y la información.

      ¿LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SON EMPRESAS O ESPACIOS DE OPINIÓN PÚBLICA?

}        Las empresas persiguen fundamentalmente fines privados.
}        Los medios se comportan hoy en primera instancia como empresas.
}        Sin embargo, es posible que una empresa dedicada a la comunicación cumpla con su misión de informar al ciudadano y difundir opiniones plurales sobre asuntos importantes.
}        Figura del “Defensor del Lector”.

        MEDIOS DE PRENSA Y DEMOCRACIA      

}        El medio tiene derecho a ejercer sus libertades en tanto empresa, el ciudadano tiene derecho a la información y a la expresión del pensamiento.
}        En ese sentido, el fenómeno del copamiento de medios por parte de una empresa plantea un conflicto entre el mercado y las exigencias de la democracia en términos de una esfera de opinión pública plural.
}        El copamiento de medios de prensa podría obstaculizar el acceso a información o la discusión de perspectivas que no convergen con la “línea política” o con los intereses de la empresa.
}        Limitar este pluralismo constituye un severo riesgo para la democracia.



miércoles, 17 de septiembre de 2014

PRIMO LEVI: EL CUIDADO DE LO HUMANO Y LA ÉTICA DE LA REMEMORACIÓN





Gonzalo Gamio Gehri


Hace tiempo que no leía un libro tan inspirador. Si esto es un hombre de Primo Levi describe los denodados esfuerzos de un grupo de seres humanos recluidos en Auschwitz por evitar la muerte y combatir la deshumanización que se promueve desde el Lager. Con una pluma sutil e iluminadora, el autor nos sumerge en el corazón mismo de la tragedia humana. Hacer memoria constituye a su juicio una condición para hacer justicia a quienes no sobrevivieron y permite abrigar la esperanza de que la humanidad aprenda de esta terrible experiencia. Rememorar la Shoah implica decir “nunca más”, procurar trazar un límite entre nosotros y aquellos funestos acontecimientos.

“Entonces por primera vez nos dimos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse”[1].

El libro retrata una situación de absoluta degradación y desesperanza. Luchar a muerte por un trozo de pan adicional o por un par de botones, delatar al vecino por un poco más de sopa. Los nazis construyeron en los campos de concentración un sistema jerárquico que encargaba a los propios judíos el cuidado de la disciplina entre los internos: el Kapo se convirtió en una figura particularmente despiadada, que no dudaba en someter a sus propios compañeros a tratos crueles con tal de agradar a las autoridades del campo y  así hacer más soportables las condiciones de su propia reclusión. Generar la división entre los internos, fomentar el robo y el trato violento constituyó una estrategia sistemática para ejercer un control absoluto sobre las personas. Se trataba, asimismo, de despersonalizar a los internos, para minar cualquier posibilidad de resistencia contra su cautiverio. Era parte de una política de genocidio, conducente a la erradicación de quienes los nazis tenían por “seres desechables” [2]. La destrucción de lo humano en los campos obedecía a un programa cuidadosamente diseñado.

“En la práctica cotidiana de los campos de exterminación se realizan el odio y el desprecio difundido por la propaganda nazi. Aquí no estaba presente sólo la muerte sino una multitud de detalles maniacos y simbólicos, tendientes todos a demostrar y confirmar que los judíos, y los gitanos, y los eslavos, son ganado, desecho, inmundicia. Recordad el tatuaje de Auschwitz, que imponía a los hombres la marca que se usa para los bovinos, el viaje en vagones de ganado, jamás abiertos, para obligar así a los deportados (¡hombres, mujeres y niños!) a yacer días y días en su propia suciedad; el número de matrícula que sustituye al nombre, la falta de cucharas (y, sin embargo, los almacenas de Auschwitz contenían, en el momento de la liberación, toneladas de ellas), por lo que los prisioneros habrían de lamer la sopa como perros; el inicuo aprovechamiento de los cadáveres, tratados como cualquier materia prima anónima, de la que se extraía el oro de los dientes, los cabellos como materia textil, las cenizas como fertilizante agrícola; los hombres y las mujeres degradados al nivel de conejillos de indias para, antes de suprimirlos, experimentar medicamentos”[3].
En este libro encontramos poderosas reflexiones sobre lo humano y sus posibilidades, aún en estas terribles circunstancias de humillación y de encierro. A pesar del maltrato y el hambre, Primo Levi decide luchar en contra de las fuerzas que intentan destrozar su cuerpo y doblegar su espíritu. Se da cuenta – por ejemplo - de que puede recordar la fuerza interior de lo humano evocando las grandes palabras de los antiguos poetas: esto lo descubre cuando recita de memoria los versos de Dante del célebre Canto de Ulises en la Divina comedia. Tenía la intención inicial de enseñarle algo de italiano a un compañero francés; de pronto, los versos reabren las puertas de su mente y su corazón a pensamientos y emociones que creía ahogados en el profundo abismo de la desesperanza y del miedo. Esa experiencia lo impulsó a plantearse el proyecto de escribir sobre su propio Infierno y así advertir a otros de que los campos de concentración sí fueron reales.

En lo personal, debo decir que hace tiempo que no leía algo tan valioso y esclarecedor sobre la condición humana. Un texto que da que pensar y mueve poderosamente el alma hacia la empatía. Recomiendo su lectura con especial consideración. Se trata de una forma diferente de estudiar lo humano: configura un horizonte que nos permite acercarnos con ojo crítico a otras experiencias de violencia, como los sucesos recientes en la franja de Gaza o en Irak, llevados a cabo por otros perpetradores y en nombre de otras variantes del odio. Primo Levi ofrece una mirada hacia lo humano arraigada en lo narrativo y en lo práctico en su sentido más antiguo. Estamos acostumbrados, lamentablemente, a pensar al ser humano desde las categorías de la antropología metafísica esencialista, tan apreciada por el conservadurismo teológico y político. El riesgo de la abstracción y de la desvinculación con lo práctico es, por desgracia, considerable en esos enfoques, que a menudo pueden desembocar – involuntariamente o no - en visiones totalitarias de la moral y de la política. En contraste, esta hermenéutica de lo trágico nos acerca al trabajo de la investigación ética griega, aquella que contrasta experiencias y juicios prácticos contrapuestos, de modo cultiva “el poder dialéctico de comparar concepciones alternativas de un modo perspicuo al oponer sus rasgos más destacados”[4]. Ese tipo de reflexión enraizada apunta a la comprensión y a la defensa del ser humano concreto, libre de generalizaciones que pueden convertirlo en una mera idea, o en un objeto más del mundo.



[1] Levi, Primo Si esto es un hombre Barcelona, Nuchnik Editores 2002 p. 13.
[2] Revísese Lepenies, Wolf “La intolerancia, esa terrible virtud” en: Varios autores La intolerancia Buenos Aires, Gránica 2007 p. 93.
[3] Levi, Primo Si esto es un hombre op.cit. p. 109.
[4] Nussbaum, Martha “Leer para vivir” en: El conocimiento del amor Madrid, Machado Libros 2005 p. 432.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

INFORME CVR: UN AÑO MÁS DE SU PUBLICACIÓN





Gonzalo Gamio Gehri

Hace una semana se cumplieron once años de la publicación del Informe Final de la CVR. El 27 de agosto de 2003 Salomón Lerner Febres entregó el documento al Presidente y a los miembros del Congreso de la República, y, a través suyo, a todos los ciudadanos. Es sin duda una investigación interdisciplinaria promovida por el Estado – durante el proceso de transición - que examina con rigor y compromiso cívico el fenómeno de la violencia y la exclusión durante el conflicto armado interno. El Informe se instala firmemente en el horizonte moral y político de la cultura de los derechos humanos. Aunque todavía un grupo importante de ciudadanos persevera en la tarea de discutir el documento y explorar las posibilidades de realizar sus recomendaciones, particularmente desde algunas universidades, centros de investigación y comunidades religiosas,  el texto ya no suscita un gran interés de parte de la mayoría de los medios ni de la “clase política”, incluido el propio gobierno. No debería sorprender el hecho, dado que muchos políticos en actividad eran en los tiempos de la violencia funcionarios públicos en ejercicio. En muchos casos, su indiferencia – y quizás su cobardía – se explica por sus propios intereses o por las expectativas de los poderes que los avalan. Mientras tanto, las víctimas inocentes del conflicto esperan el día en que se haga justicia y se les trate como compatriotas y titulares de derechos universales no negociables.

Es cierto que el tipo de trabajo de las comisiones de la verdad es doloroso y desafiante – y está bien que así sea -, de modo que la validez de su relato y los alcances de sus propuestas va afirmándose con el tiempo. Así ha sucedido en Sudáfrica y en otras sociedades. Sin embargo, No puedo evitar pensar que las condiciones de la violencia, a nivel estructural, cultural e ideológico, siguen lamentablemente latentes en el país, como lo estaban antes de la época del terror subversivo y la represión. Ni el crecimiento económico ni la precaria estabilidad democrática han logrado conjurar el grado de conflictividad presente en la sociedad de tantas formas. Es un peligro que ya el Informe Final de la CVR y diversas investigaciones especializadas han advertido. El uso de la fuerza y el autoritarismo siguen siendo instrumentos atractivos para no pocos grupos políticos, y tanto el funesto Movadef como la extrema derecha libran una absurda y sinuosa lucha contra la memoria. El buen sentido escasea en materia de justicia, institucionalidad y derechos humanos.  La reflexión de Hubert Lanssiers – que tiene algo menos de dos décadas – tiene una preocupante vigencia:

“Contaban los griegos que Cadmo, fundador de Tebas, mató un dragón y enterró sus dientes en el campo. De inmediato la tierra se cuarteó y, en lugar de espigas, asomaron cascos de bronce, puntas de lanza y, finalmente, hombres armados: todo un ejército fantasmal programado para matar.
 Me pregunto si no estamos, nosotros, sembrando los dientes del dragón sin darnos cuenta de que terminaremos siendo triturados por ellos”.

Examinar y discutir las condiciones de las múltiples dimensiones de la violencia, para combatirlas en democracia, constituye un desafío crucial para el país. No lo olvidemos.



viernes, 22 de agosto de 2014

JUSTICIA, PROFECÍA E HISTORIA*





Gonzalo Gamio Gehri

Esta nueva mirada sobre la historia y los asuntos humanos entraña una nueva actitud vital, y también un nuevo lenguaje ético. Se trata de reconocer y denunciar la injusticia allí donde tiene lugar, y distinguirla claramente de la mera fatalidad[1]. Implica asumir el reto de enfrentar en el espacio público a quienes detentan el poder y se ven cuestionados al ser señalados como responsables de abusos. El señalamiento de la injusticia incluso puede ser incómodo para un amplio sector de la comunidad que se siente a gusto con el proceder autoritario de sus líderes, o está dispuesto a ceder libertades y derechos a cambio de “eficacia” en el tratamiento de ciertos problemas sociales. El mensaje del profeta va a contracorriente respecto de diversas formas de comportamiento y opinión. Esta nueva forma de vivir y de pensar la vida exige el ejercicio de la parrhesía.

La parrhesía consiste en la disposición a hablar con libertad y con verdad en una situación adversa. Está presente en el mensaje de los profetas, y en la prédica de Jesús. La invocación a construir el Reino supuso el concurso de la libre decisión de los convocados por ella. El Reino de Dios se edificará – sostenía - sobre la base de la participación de los más pequeños y humildes, los “insignificantes” de la historia.

“¿No han leído cierta Escritura? Dice así: la piedra que los constructores
desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio: esa fue la obra del
Señor y nos dejo maravillados” (Mateo 21, 42).

Esta clase de discurso contraviene expresamente el juicio de las “élites” en todos los ámbitos de la vida social. A menudo es enunciado en condiciones de riesgo. Consideremos el interrogatorio de Jesús ante Pilatos que conduce al célebre incidente sobre la verdad. En medio de este intercambio de palabras – de esta sucesión de preguntas y respuestas – está la discusión sobre la condición de Jesús, si es o no aquel a quienes los judíos esperaban, el Hijo del hombre, pero también en este diálogo se examina de alguna manera el sentido de la misión profética. Pilatos está preocupado por saber si la prédica de Jesús sobre el advenimiento del Reino cuestiona o no a la autoridad romana. Le preocupan menos las severas críticas que el Nazareno ha dirigido a la clase sacerdotal del pueblo de  Israel; no le interesa intervenir en las disputas religiosas de una pequeña localidad sometida al yugo imperial. Pero sí puede percibir que la transformación de la vida a la que apela Jesús alcanza diversas facetas de la existencia de la propia comunidad.

Efectivamente, el cambio de actitud (metánoia) que postula Jesús al anunciar el Reino implica una transformación (metá) del modo de pensar y sentir (noús) que abarca la totalidad de la vida. Cuando sostiene que su Reino “no es de este mundo”, no se refiere a que se trata de aspirar al logro de un mundo exclusivamente ultraterreno; indica que la lógica del Reino no responde al sistema de opresión y exclusión instalado en el mundo social imperante. El esfuerzo por el Reino supone el cuidado de la justicia y del ágape. La atención a los más débiles y vulnerables. Cuando el gobernante romano pregunta “¿Qué es la verdad?” no es de extrañar la respuesta de Jesús: el silencio. Ese silencio revela que la verdad no es una doctrina – metafísica, política, religiosa – que aspire a cristalizarse en una “ortodoxia” que genere complejos rituales y jerarquías sociales de diverso cuño. Se trata de una forma de vida, un modo de estar en el mundo y de cultivar de manera fecunda las relaciones interhumanas. Aún en un momento de particular indefensión y sujeción, Jesús pone de manifiesto la verdad como un acontecimiento, como encarnación de un modo de  vida en el mundo histórico - social.







Este post pertenece a un escrito más extenso sobre el espíritu profético y la ética de los derechos humanos.
[1]Cfr. Shklar, Judith N. The faces of  injustice New Haven  and London, Yale University Press 1988.