miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA ‘IDEOLOGÍA DE GÉNERO’ Y LOS PISHTACOS







Gonzalo Gamio Gehri

En estos días, el Perú está viviendo una verdadera asonada oscurantista. Un probable operativo  psicosocial en las redes genera pánico y virulencia en Huaycán. Se difunde el rumor de que operan en la zona traficantes de órganos, los llamados pishtacos, cuyas acciones habrían cobrado vidas humanas. Este rumor no se cimenta en ninguna denuncia ni investigación policial; sin embargo, un número importante de vecinos se movilizan y generan actos de violencia frente a la comisaría. Una mujer muere en este confuso incidente. En otros lugares de la ciudad, un grupo de personas de clara convicción conservadora, declaran que el Minedu ha elaborado un documento que pretende imponer la llamada “ideología de género” en la educación de los jóvenes. El hecho es que la currícula defiende la igualdad de género, el derecho de varones y mujeres a un trato no discriminatorio, equitativo en materia de oportunidades y libertades. El proyecto del ministerio está orientado a criticar los estereotipos que contribuyen a marginar a las mujeres y a generar incomprensión y violencia contra las minorías, como corresponde a una sociedad democrática y liberal. Sólo podremos vivir en democracia si se valora el diálogo y el respeto por la diversidad.

Ambas incidentes recuerdan los psicosociales perpetrados bajo el funesto régimen de Fujimori, y comparten entre sí ciertos patrones. 1) Se trata de “situaciones catastróficas” inexistentes; en ambos casos, habla el prejuicio y la falta de información. No hay pistachos, nadie está asesinando y robando los órganos de la población de Huaycán. El Ministerio no está promoviendo el ejercicio de una temprana sexualidad entre la niñez, ni está propiciando el uso de baños mixtos; eso sólo está en la mente de los críticos conservadores. Es simplemente absurdo. Leyendo el texto se despeja cualquier duda al respecto. 2) Esta clase de rumores infundados – que recurren a la manipulación de información en la red – está al servicio del ejercicio de la violencia, así como provoca una sensación de pánico y desconcierto a partir de la cual se propone  transmitir la imagen de que el gobierno padece síntomas de debilidad y no puede lidiar con el desorden, o que incluso lo propicia. 3) Intentan beneficiar a los grupos que prometen “mano dura” y una cosmovisión autoritaria y monolítica. Habrá que identificar a sus artífices, aunque ese discurso nos es familiar. Ya sabemos de qué organizaciones se trata.

Hoy el APRA y el fujimorismo intentarán censurar al Ministro de Educación. Aunque los temas son otros – los Panamericanos y las computadoras -, se sabe que los puntos fundamentales son los planes de estudio y el futuro de la Reforma universitaria. Para nadie es un secreto que dieciséis congresistas están comprometidos con los intereses de universidades que tendrían problemas para estar a la altura de los criterios que la Ley establece. Se sabe también que muchos de los columnistas que se desgarran las vestiduras por la “ideología de género” y que piden en los medios la censura del ministro son autoridades o docentes de aquellas universidades-negocio que son contrarias a esta reforma. Políticos y columnistas de opinión han intentado convertir al funcionario en una suerte de enemigo político, en sentido estricto. Es preciso prestar atención al modo en que estos personajes proceden cuando se trata de defender su agenda,  personal o corporativa, a expensas del país. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

INTERESES, LEGISLACIÓN UNIVERSITARIA Y BAJA POLÍTICA








Gonzalo Gamio Gehri

La bancada fujimorista ha decidido interpelar al ministro Saavedra con la intención de censurarlo. Está claro que detrás de este tipo de estrategia está el intento de acabar con la Reforma Universitaria, a través del ataque de sus principales gestores. El APRA ya ha propuesto modificar la Ley para debilitar la SUNEDU y promover una suerte de  “indulto” para las universidades que no podrían – en la perspectiva de la reforma – obtener el licenciamiento. Si esta organización es conformada por autoridades universitarias (en la clave de la criticada ANR), la supervisión de la calidad académica simplemente quedará diluida en el círculo de los intereses y el cuidado de la baja política criolla, tan conocida.

Muchos de los columnistas que rechazan la ley son funcionarios de universidades-empresa que no están interesadas en la formación científica de los jóvenes, sino con una instrucción profesional, a menudo insuficiente, concebida desde el exclusivo formato mercantil. Con frecuencia denuncian la “infiltración” progresista o izquierdista en los espacios académicos, pero cabe la interrogante a la intelectualidad antiprogresista ¿Dónde están sus  propias contribuciones a la investigación? ¿Dónde están las publicaciones de sus universidades? La incorporación del anhelo de lucro ha distorsionado profundamente el trabajo científico y tecnológico en el Perú. La reducción de los periodos de estudio, la aniquilación de los estudios generales, la desaparición en la práctica del examen de admisión se ha convertido en características de estas instituciones educativas. Su pobre nivel académico es un secreto a voces.

Necesitamos una instancia como la SUNEDU, constituida por investigadores de alto nivel, que puedan supervisar la buena marcha de la educación universitaria. El Estado peruano debe someter a evaluación a aquellas instituciones que pretenden otorgar títulos y grados a nombre de la nación. Tenemos derecho a saber qué centros educativos no califican como reales universidades. 

Los intentos por quebrar la ley y por sacar al ministro pueden leerse desde la pretensión de preservar sus centros contra cualquier intento de supervisión de calidad académica. Los fujimoristas y los apristas procurarían - según la hipótesis de algunos expertos - pactar un  nuevo ministro con otra línea de acciones. Se proponen intimidar al Ejecutivo con su número de parlamentarios. Es preciso cuestionar severamente esta clase de estrategias basadas en los intereses de facción y la  simple prepotencia.

¿Cómo librará el gobierno esta compleja batalla?


martes, 15 de noviembre de 2016

¿UNA CONTRARREFORMA UNIVERSITARIA DESDE EL CONGRESO?








Gonzalo Gamio Gehri

En estos días se cocina en el Congreso de la República un proyecto de Reforma de la ley Universitaria, planteada por el parlamentario Velásquez Quesquén, promovida por el APRA, ante el desbordante entusiasmo de la mayoría fujimorista. Este proyecto propone que los rectores elijan a la dirección de SUNEDU, y que se decrete una suerte de “indulto” a las universidades que no podrían lograr el licenciamiento que exige la normativa hoy vigente.

Entre las quinientas mejores universidades en el mundo, sólo una es peruana. La educación universitaria afronta una delicada situación, en parte por una antigua campaña de mercantilización de la educación superior en el Perú, promovida desde el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori. Esa campaña ha producido universidades de ínfimo o nulo nivel académico, que, en numerosos casos, han pasado a convertirse en fructíferos negocios edificados sobre la base de la estafa a los alumnos. Tras veinte años del DL 882, algún resultado tendría que arrojar la apertura de universidades – empresa. Pues bien, este fenómeno no ha producido ningún resultado positivo. Ninguna de estas nuevas universidades se destaca por su calidad académica o por sus aportes a la investigación científica.

 La iniciativa parlamentaria del APRA está intentando salvar la vida de algunas universidades cercanas a su círculo de intereses, y que no podrían conseguir el anhelado licenciamiento. De paso pretendería asistir a los fujimoristas, para ayudar a al menos uno de estos centros regentados por personajes afines a Fuerza Popular. Estos movimientos al interior del Congreso son compatibles con los continuos ataques del Portal neoconservador El Montonero en contra del ministro de Educación, centrados en la Ley Universitaria. Para estos políticos de cuestionable interés por la calidad del trabajo intelectual, se trata de volver a las funestas costumbres de la Asamblea Nacional de Rectores, que neutralizaba cualquier intento de corregir los graves problemas que padece la Universidad peruana, para la que – salvo contadas excepciones – la calidad académica no parece ser una prioridad. 


viernes, 11 de noviembre de 2016

ANOTACIONES CONCEPTUALES SOBRE CORRUPCIÓN







Gonzalo Gamio Gehri

Uno de los problemas que afronta nuestra todavía frágil democracia es la corrupción[1], los modos como ésta se instala en nuestra sociedad, así como la condescendencia que ella suscita no sólo en nuestra autodenominada “clase dirigente”, sino entre la propia ciudadanía. La “tolerancia” frente a la corrupción constituye una clara señal de alerta para quienes se esfuerzan por preservar la salud de nuestras instituciones.

Uno de los problemas básicos es la propia definición de corrupción, que estrecha su contenido y restringe con ello el campo de acción que se puede desplegar contra ella. A menudo se concibe la corrupción como “el uso privado del bien público”. Esta definición sitúa la corrupción solamente en el espacio de acción del Estado, e invisibiliza la corrupción que tiene lugar fuera de él. Incluso el importante libro de Alfonso Quiroz parte de aquella premisa discutible.

 “Para los fines del presente trabajo, la corrupción se entiende como el mal uso del poder político-burocrático por parte de camarillas de funcionarios, coludidos con mezquinos intereses privados, con el fin de obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas del desarrollo social, mediante  la malversación o el desvío de recursos públicos, junto con la distorsión de políticas e instituciones”[2].
Nuestra intervención introduce una definición alternativa de corrupción. Hablamos propiamente de “corrupción” cuando reconocemos la intervención irregular de la lógica del dinero y el anhelo de poder e influencia en transacciones y actividades humanas en las que se ponen legítimamente en juego otra clase de bienes sociales y recursos. Por lo general tal intromisión se ejecuta con la intención de lograr un beneficio particular indebido (con frecuencia asociado al poder y al dinero). Esta noción incorpora el el sentido originario del latín corruptio, asociado al verbo corrumpĕre, expresión que habría de traducirse como “trastocar la forma genuina de algo”, “degradar” o “echar a perder”.





[1] Este post es la primera versión de los pasajes iniciales del Resumen ejecutivo de mi presentación en Metas del Perú hacia el Bicentenario.
[2] Quiroz, Alfonso Historia de la corrupción en el Perú Lima, IEP / IDL 2013 p. 30.

NOTAS BREVES SOBRE CHARLES BUKOWSKI, LAS SOLEDADES Y LA MUCHEDUMBRE









Gonzalo Gamio Gehri

Esta es una composición impresionante. A solas con todo el mundo, escrito por Charles Bukowski (1920-94), pone de manifiesto con singular dureza – casi con violencia – una suerte de ineludible  carácter solitario de la vida humana. Buscamos en otros el amor y la amistad, sentencia, y tan solo encontramos el mero yo ¿Qué hacer con la desesperanza y la poderosa melancolía?

No hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
Nadie encuentra jamás
a
l otro”.

La falta de fe del poeta en las posibilidades de encuentro humano es implacable. Estamos solos en medio de una muchedumbre humana en la que no nos comunicamos, ya sea porque dejamos que impere el silencio entre nosotros o porque no ponemos nuestra mente y nuestro corazón en la comunicación. La nada lo invade todo. Las palabras de Bukowski son inapelables..

“Los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan

nada más
se llena”.


domingo, 6 de noviembre de 2016

UNA NOTA BREVE EN TORNO A LA ÉTICA PÚBLICA Y LA EDUCACIÓN CÍVICA






Gonzalo Gamio Gehri  [1]


El artículo que presentamos[2] defiende la idea según la cual la formación en ética pública – la educación de los ciudadanos y de los funcionarios públicos – requiere de una pedagogía deliberativa, centrada en la adquisición y ejercicio del discernimiento, concebido como una práctica que orienta de vida de las personas e instituciones a partir del diseño y examen de argumentos. Esta pedagogía contribuye a formar ciudadanos libres, capaces de participar en la vida pública y vigilar la conducta pública de funcionarios y representantes.

La incorporación de la pedagogía deliberativa como modelo educativo tendría que ser considerada como una meta del Bicentenario del Perú como una República independiente. Resulta crucial desarrollar esta clase de educación ética si pretendemos afirmar prácticas democráticas en el país y reformar nuestras instituciones en clave de libertad y agencia política. Debemos superar el paradigma vigente en esta materia, a saber, la llamada ‘educación en valores’, que posee básicamente una matriz autoritaria. Pasar de la mentalidad de “súbditos” a la convicción de ser agentes de transformación en la vida pública.  

Estas reflexiones se enmarcan en el horizonte de la ética pública. Se trata de una disciplina que examina los principios, propósitos y modos de actuar que orientan la práctica política en un doble nivel, a saber, el de la administración del Estado en sus diversas facetas y funciones, así como el plano del ejercicio de la ciudadanía en los espacios públicos, disponibles tanto el sistema político y como las instituciones de la sociedad civil. La ética pública evalúa y discute prácticas de diverso cuño, todas relevantes para el curso de la vida en común: nuestros representantes son elegidos para diseñar y ejecutar políticas públicas en nuestro beneficio, o para ejercer funciones legislativas y de fiscalización en el Congreso. Los funcionarios del Estado desempeñan diversas tareas administrativas vinculadas al servicio público. Los ciudadanos son agentes políticos que debaten juntos, incorporan nuevos temas en agenda, defienden derechos ante el Estado, se organizan en diversos espacios de vida colectiva.

La deliberación es una actividad básica que evalúa y contrasta reglas, motivaciones y fines que orientan la acción de los agentes políticos y la vida de las instituciones.   La deliberación discute en qué medida la selección de determinados medios permite la consecución de ciertos fines, así como examina qué propósitos pueden pertenecer al fin o ser compatibles con un fin éticamente superior. Se trata de someter a prueba argumentos y convicciones sobre aquello que puede o no mejorar nuestras vidas y asociaciones.


Con frecuencia, se considera que los conflictos éticos realmente cruciales se plantean en términos del contraste entre el bien y el mal, lo que implica ciertamente poder distinguirlos. No obstante, es importante tener en cuenta que puede suceder que el bien colisione con el bien, y que el mal se oponga al mal. Situaciones en las que tenemos que escoger entre cursos de acción que se revelan como significativas y correctas, pero no podemos realizarlas simultáneamente. Tengo que elegir a sabiendas  de que estoy sacrificando – aún por buenas razones – opciones valiosas. De modo similar, en determinadas circunstancias debo discernir entre alternativas que percibo como negativas y lamentables. Identificar el mal menor constituye una tarea ética fundamental. Esta clase de conflictos se denominan “trágicos”.











[1] Gonzalo Eduardo Gamio Gehri es Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid, España). Actualmente es profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, donde coordina la Maestría en filosofía con mención en ética y política. Es autor de los libros Tiempo de Memoria. Reflexiones sobre Derechos Humanos y Justicia transicional (2009) y Racionalidad y conflicto ético. Ensayos sobre filosofía práctica (2007). Es autor de diversos ensayos sobre filosofía práctica y temas de justicia y ciudadanía publicados en volúmenes colectivos y revistas especializadas del Perú y de España.

[2] Este post es la primera versión de los pasajes iniciales del Resumen ejecutivo de mi presentación en Metas del Perú hacia el Bicentenario.

martes, 25 de octubre de 2016

"METAS DEL PERÚ AL BICENTENARIO"






Gonzalo Gamio Gehri

Hace algún tiempo el Consorcio de Universidades publicó el libro Metas del Perú hacia el Bicentenario, un conjunto de reflexiones y propuestas – elaboradas por diferentes investigadores y académicos de múltiples disciplinas – para nuestra República en 2021. Los temas son diversos: Agricultura, minería y ambiente, pesca, educación e innovación tecnológica, pobreza y desigualdad, capital humano y productividad, política económica, desarrollo sustentable, infraestructura, inseguridad, anticorrupción y transparencia.

Participé en la redacción de este volumen con un ensayo sobre el combate a la corrupción, Reflexiones filosóficas sobre la formación en ética pública y la lucha contra la corrupción. En ese artículo examino el concepto de corrupción, en una formulación que permite rastrear su presencia no solamente en el ámbito público – la típica definición que alude exclusivamente al “uso privado del bien público”  -, sino asimismo en los escenarios del mercado y las instituciones sociales. Luego se discute el modelo educativo propicio para la prevención cívica de los delitos de corrupción y el cultivo del debate público. Es la pedagogía deliberativa (y no la llamada “educación en valores”) el paradigma apropiado para forjar prácticas democráticas.