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jueves, 12 de enero de 2017

NARRACIONES Y CONVERGENCIAS








Gonzalo Gamio Gehri

He visto nuevamente El secreto de sus ojos, una película formidable, muy conmovedora. La historia de un terrible crimen, la compleja red de violencia y abuso de poder en la Argentina dictatorial, una historia de amor que desafía las circunstancias biográficas de dos personas. La fuerza del guión – imagino inspirada en la novela original -, las actuaciones impecables de los protagonistas, la calidad de la dirección se han confabulado para construir un filme decisivo y multidimensional.

¿Cómo se vive una vida vacía?”, se pregunta Benjamín Espósito, “¿Una vida llena de nada?”. La pregunta alude al joven que ha perdido al amor de su vida en un horrendo asesinato, pero también alude a Irene y a sí mismo, incapaces de decirse lo que sienten a lo largo de años, y confrontar las barreras sociales que los separan. Sus miedos le impiden avanzar, tomar efectivamente las riendas de su vida. Ha decidido escribir una novela que gira alrededor de esa compleja relación, la represión de los derechos en el país, y, por supuesto, el sonado crimen que ha intentado esclarecer por dos décadas y media. El homicida se había convertido en guardaespaldas del mandatario y luego habría desaparecido sin dejar huella alguna..

Como atestigua una de las escenas cruciales de la obra, Benjamín cree que resolver esa terrible injusticia constituye la clave para que el “Temo” – su estado habitual, reseñado en una lacónica frase escrita sobre su gabinete de escritor -, se convierta en “te amo”, la expresión que le debe comunicar a Irene, después de tanto tiempo de silencio. La experiencia del crimen, la desolación del pobre deudo que busca justicia en el imperio de la tiranía le recuerda lo que significa para la existencia la inminencia de la nada. La nada que parece imperar en todo un país. La conexión entre las vidas de Espósito, Irene y Sandoval y la situación nacional es omnipresente en la película.

En la peculiar narrativa de El secreto de sus ojos, el esclarecimiento del delito y la solución del conflicto afectivo de los protagonistas constituyen signos potenciales de la nueva época que puede abrirse para la sociedad en general. Se deja un espacio – para decirlo de una manera – para la esperanza. Se trata de una conexión interpretativa compleja, pero que resulta plausible desde los supuestos que bosqueja el propio guión de la película.





martes, 22 de abril de 2014

“EL SECRETO DE SUS OJOS”



Gonzalo Gamio Gehri

Hace tiempo que no veía una película tan conmovedora, en la que se mezclan de manera articulada – casi perfecta – tantas cosas. La búsqueda de un criminal que ha cometido un asesinato terrible, el siniestro clima de impunidad durante la dictadura en Argentina, el delirio por el fútbol, la historia de dos amantes que desafía los años, porque se rehúsan – a pesar de la ausencia y la incomprensión – a renunciar al amor. Es una obra magnífica, entrañable. Por momentos deja sin aliento al espectador.

El secreto de sus ojos plantea una trama compleja pero bien contada y estructurada. Una joven es asesinada brutalmente en Buenos Aires, y un agente judicial, Benjamín (Ricardo Darín), y su colaborador Pablo (Guillermo Francella) asumen el caso, con el respaldo de la jefa del área legal, Irene (Soledad Villamil). Benjamín está enamorado en secreto de Irene, pero las circunstancias impiden que este sentimiento se concrete. La historia oscila entre el año 1974 (fecha del crimen)  y 1999, tiempo en el que ambos se vuelven a encontrar. Benjamín ha decidido escribir una novela sobre el caso, sin poder evitar que su historia con Irene también esté presente en el texto.

Un delito no resuelto y una historia de amor no resuelta. Benjamín está convencido de que en la mirada de las personas reside el secreto de sus emociones y actitudes (“los ojos…hablan…”, dice convencido y visiblemente conmovido ante Irene), lo que le permite identificar al asesino, así como percibir la infinita tristeza, vehemencia y deseo de venganza del pobre viudo. Siente también que todo el amor que profesa por Irene destila por sus ojos, razón por lo cual no puede sostenerle la mirada por mucho tiempo, del mismo modo que disimula y finge observar hacia otro lado cuando alguien la menciona en una conversación. Ese saber lo lleva a retomar el caso a través de la novela y a escribir como una forma de lidiar con sus propios demonios internos. Esa convicción explica, además, el título de la obra.

El final parece conectar todas las historias que componen la trama. Los diálogos, los personajes, la música, las actuaciones hacen que este filme se convierta en una obra extraordinaria, sólida y profundamente emotiva. Merece definitivamente todos los galardones internacionales que recibió.