lunes, 22 de febrero de 2016
EDUCACIÓN CIUDADANA Y DERECHOS HUMANOS
lunes, 15 de febrero de 2016
EL PLURALISMO LIBERAL Y LA CULTURA POLÍTICA DEMOCRÁTICA *

*Se trata de la parte inicial de un texto presentado en la revista electrónica de Foro Académico.
domingo, 7 de junio de 2015
INCLUSIÓN SIN RECONOCIMIENTO
jueves, 27 de noviembre de 2014
ACERCA DE LA CULTURA DE DERECHOS
jueves, 7 de marzo de 2013
RESPETAR LA DIVERSIDAD: PLURALISMO LIBERAL Y “CORRECCIÓN POLÍTICA”
“Pues de eso se trata todo el asunto para mí. “Construir ciudadanía” es el gato por liebre con el que la izquierda apunta a asfixiar la voluntad de cada ser humano a pensar libremente para embutirlo en una camisa de fuerza donde la “interculturalidad”, la “identidad de género”, la “tolerancia”, la “educación inclusiva” y el “medioambientalismo”, entre otros ucases ideológicos, determinen la ortodoxia ciudadana y distingan, por tanto, a los buenos de los malos muchachos. Se perfila así un despotismo ético y moral que pretende instalar una única postura válida para vivir la totalidad de los aspectos de la vida en sociedad, so pena de ser excluido y señalado como lacra”.
viernes, 19 de octubre de 2012
URBAN ELDER: RECREAR LA TRADICIÓN EN LA CIUDAD
miércoles, 15 de junio de 2011
EL FALSO RECONOCIMIENTO

Gonzalo Gamio Gehri
Las pasadas elecciones han mostrado a cabalidad las heridas abiertas que tiene el país, o al menos, parte de él. Una investigación del diario español El mundo, así como un artículo de Nelson Manrique y otro de Marco Sifuentes, han dado a conocer las diversas manifestaciones de discriminación y encono por razones de raza y “clase” contra aquellos peruanos que votaron a favor de Humala (o en contra de Keiko Fujimori). El mundo cita una página denominada Vergüenza democrática, desde la cual se denuncia a los usuarios de espacios electrónicos en los que se dirigen frases agraviantes contra el sector de la población que presuntamente le cerró las puertas del gobierno a su candidata.
"Espero que Chile bombardee al Perú. Que se jodan y se queden sin nada. Misios (pobres) de mierda", escribe en las redes sociales de Internet una joven que no es ninguna chilena fanática, sino una peruana indignada porque Ollanta Humala ganó las elecciones y será el próximo presidente de su país.
Ojalá se destruya Machu Picchu, para que no tengan con qué comer", añade otro usuario, en una "antología" de frases racistas hecha por la página Vergüenza Democrática, que cuestiona ese tipo de comportamientos”.
No se trata de gestos de intolerancia aislados o escondidos. En otra cuenta de Facebook se invita a quemar los libros de Mario Vargas Llosa, el premio Nobel de literatura que “osó” apoyar a Humala: a la usanza de Torquemada y otros fundamentalistas, estos muchachos extremistas prefieren incinerar libros antes que leerlos. Recordemos que algunos medios de prensa conservadores se expresaron de manera ofensiva contra el novelista en repetidas ocasiones. En diversos espacios virtuales se atribuye la derrota de los Fujimori a la alianza entre el “rencor” de ciertos grupos de izquierda, la animadversión de Vargas Llosa, y lo que consideran la “ignorancia” (¿?) de sectores populares provenientes del interior del Perú. En algunos blogs se sugiere que Keiko Fujimori debió ganar, porque – entre otras cosas - contaba con la mayoría del voto limeño, que presuntamente concentraría el voto de las “clases” ‘cultivadas’ y ‘prósperas’ del país. A mucha gente le pesa un triunfo que proviene de la voluntad de una mayoría provinciana; le pesa el principio democrático “un ciudadano, un voto”. Se percibe un clima de agudo resentimiento fundado en un rancio y absurdo imaginario jerárquico pseudo-colonial. El resultado, como podemos constatar en la nota de El mundo, como en los textos de Manrique y Sifuentes, es una expresión de irracionalidad, de violencia verbal, en la que prácticamente se le niega al otro la condición humana en razón de su apariencia, su color de piel, su condición social o su grado de instrucción.
“Muchos de nosotros mismos, si bien reconocemos la diversidad cultural, étnica y racial porque nos la cruzamos en las calles, o en nuestra propia casa, o en nuestro propio cuerpo, tenemos dificultades para aceptarla como positiva.”[1]
miércoles, 16 de febrero de 2011
ETSA
Gonzalo Gamio Gehri
Hace una semana que, trágicamente, falleció Edinson Tsajuput, Etsa, joven estudiante de filosofía y de ciencias políticas de
jueves, 4 de noviembre de 2010
REIVINDICAR LAS DIFERENCIAS: CONSIDERACIONES ACERCA DE “MY NAME IS KHAN”

Gonzalo Gamio Gehri
Rizwan Khan es un joven musulmán de origen indio que padece una forma de autismo que compromete sus habilidades sociales y la expresión, digamos, “clara” o “convencional” de sus sentimientos. Vicisitudes de la vida familiar lo llevan a abandonar la India y a viajar a San Francisco, donde logra conquistar – en circunstancias particularmente conmovedoras – a una bella joven hindú que trabaja en una peluquería y que tiene un niño. Los sucesos del 11 de septiembre llevan a Khan y su familia a una aguda crisis, motivada por un sentimiento anti-islámico desatado por un sector de la opinión pública en el corazón mismo de los Estados Unidos. El niño al que Khan quiere como un hijo muere víctima de un crimen de odio en las instalaciones de su propia escuela. Esta pérdida suscita la separación de la pareja; en medio de la confusión y la tristeza, Khan cree entender que sólo podrá recuperar el amor de la joven si enfrenta al presidente estadounidense y le manifiesta que no es un terrorista. Esta misión lleva a Khan a diferentes puntos del país por ejemplo a Georgia, sumida en terribles inundaciones. Es capturado y torturado - siendo sindicado como terrorista -, confronta y desenmascara a extremistas islámicos en el seno mismo de una mezquita. Su búsqueda del presidente es indesmayable.
Esta película pone de manifiesto una inquebrantable fe en los seres humanos y en la victoria sobre el odio; pretende alejarnos del engañoso "realismo" de quienes aseguran que no es posible el encuentro genuino de personas que habitan sistemas de creencias diferentes y que han conocido la violencia por motivos religiosos o raciales. My Name is Khan plantea las cosas desde un ángulo diferente, saludablemente crítico y notablemente inspirador. Ninguna dificultad – ni siquiera una aparente barrera permanente, como el propio Síndrome de Asperger – puede bloquear de manera definitiva una auténtica comunicación interhumana, cuando la fuente de ésta reside en la solidaridad y el amor.
martes, 3 de noviembre de 2009
KWAME ANTHONY APPIAH: LAS RAÍCES DEL COSMOPOLITISMO

sábado, 10 de octubre de 2009
ESBOZOS SOBRE IDENTIDAD ÉTICA Y LIBERTAD CULTURAL

Me propongo – en los próximos envíos, con excepción de alguna nota sobre temas de actualidad – desarrollar algunas reflexiones en torno a la identidad y la libertad cultural, que me planteé elaborar desde mi estancia española, pero que no he podido acometer hasta hoy por una serie de compromisos académicos adquiridos con anterioridad. Aprovecharé este espacio para hacerlo - dado que sigo teniendo compromisos académicos, incluso más urgentes -, respetando el formato de blog que, como se sabe, es menos formal en la expresión y más libre que el formato monográfico. Los blogs sirven fundamentalmente para ir afinando algunas intuiciones que podrán convertirse más adelante en modos de argumentación que puedan asumir la forma de ensayos o de artículos. Las recientes conversaciones con Pepi Patrón, Fidel Tubino y los miembros del Grupo de Desarrollo Humano de la PUCP me invitan a revisitar mis antiguas posiciones sobre el asunto, para someterlas a examen. Voy a ir examinando algunos casos histórico-filosóficos en la línea de Amartya Sen, Amin Maalouf , Kwame Appiah, entre otros, y ejemplos literarios – recurriendo a la obra de Walter Scott, Julio Ramón Ribeyro y José María Arguedas) que sirvan para ilustrar o matizar (o modificar) mis tesis; sin embargo, parto de la premisa de que la filosofía se ocupa de la cosa misma , y busca interlocutores sólo para esclarecerla tanto como le sea posible, desocultarla.
Planteo aquí solamente algunas ideas generales que acompañarán mi argumentación. Esbozos. Parto de algunas reflexiones sobre las identidades plurales que han sido expuestas en mi artículo Libertad cultural y Agencia humana, publicado hace unas semanas en un volumen colectivo sobre el enfoque de Desarrollo Humano (1). Siguiendo a Sen, nuestro self no puede ser definido unidimensionalmente – a partir, por ejemplo, de la pertenencia cultural, nacional y religiosa -, sin experimentar alguna clase de mutilación espiritual. Nuestra identidad, la imagen en torno a quiénes somos, cuál es nuestro lugar y dirección en los espacios sociales que habitamos, es una “obra abierta” que abarca una serie de elementos: ciertamente, pertenencia cultural, nacional y religiosa, pero también género, sexualidad, profesión, compromisos políticos, literarios, y un largo etcétera. Sen argumenta que estas facetas de la identidad suponen diferentes formas de afiliación y pertenencia. Aboga porque el individuo pueda encontrar, dentro de las limitaciones que los contextos le imponen, espacios de deliberación y libertad que le permitan elegir ordenar – en términos de una narrativa compleja – la jerarquía de lealtades que le permitan describir y orientar razonablemente el curso de su vida, sus compromisos y conflictos. Esta peculiar vindicación de la razón práctica implica el ejercicio de la libertad cultural, ale decir, la capacidad de suscribir los sistemas de creencias y valores vigentes, resignificarlos a través de la crítica, o incluso abandonarlos en nombre de otros ethe.
Por supuesto, esta posición está sujeta a una serie de límites y dificultades, que quisiera discutir en los posts que seguirán a éste. En primer lugar, La perspectiva liberal de Sen parece presuponer que la forma fundamental de vínculo social es la asociación voluntaria, tan exaltada por las teorías del contrato social. Parece no prestar la debida atención a las diversas formas de comunidades heredadas, o “no elegidas” (Walzer) que también constituyen los espacios de la forja dialógica de la identidad (Mead, Taylor, Honneth). Se trata de comunidades en cuyo seno crecemos y que podemos llegar a abandonar llegado el caso y con algún sacrificio, experimentando a menudo cierta pérdida en el proceso, a pesar de que estemos convencidos de la importancia o la ‘necesidad’ de afrontar dicho proceso. Sin embargo, dichas formas de habitación y membresía contribuyen a configurar nuestras distinciones valorativas y nuestras formas de discernimiento práctico.
Amin Maalouf ha ofrecido argumentos que contribuyen a relativizar – sin anularlas – las hipótesis de Sen. Sostiene que tendemos a privilegiar al interior de nuestra narrativa identitaria, aquellas facetas de la identidad que son hostilizadas o sometidas a situaciones conflictivas. En situaciones de supresión de libertades políticas, el pathos democrático de algunos ciudadanos puede asumir un lugar protagónico; en tiempos de discriminación religiosa, puede pasar lo mismo con el credo de quienes padecen hostilidades. Muchos homosexuales hacen lo propio cuando sus hábitos son cuestionados desde la autoridad política o religiosa o son reprimidos desde los esquemas morales dominantes. Creo que Maalouf tiene aquí un punto importante a su favor. Su idea me hace recordar aquellas reflexiones de Hannah Arendt transmitidas a Gershom Scholem, que señalaban que si “venía de alguna parte” era de “la tradición de la filosofía alemana” pero que si era atacada por ser judía, “respondía como judía”.
Quiero mostrar, en primer lugar, cómo es posible - si es posible, como creo que es - combinar a Sen con Maalouf desde el horizonte de una ética narrativa que haga justicia a las formas diversas de pertenencia como a las exigencias de la razón práctica. Quiero examinar luego dos situaciones interesantes, generalmente presentadas como “distorsiones de la identidad”, y discutir si en realidad lo son y en qué sentido lo son. Una es el repliegue, la actitud de refugio en la identidad cultural - y en las comunidades heredadas, concebidas prácticamente como “forzosas” – negando cualquier forma de cambio en el seno de las tradiciones, e incluso recurriendo a la violencia para preservar una presunta “pureza cultural”. Se trata de una forma de evasión de la realidad menos infrecuente de lo que suele pensarse. Voy a analizar el relato The Highland Widow, de Scott, en ese momento. Recuerdo que leí por primera vez ese relato en Zürich, en la navidad de 2001, y me prometí a mí mismo escribir sobre él alguna vez.
El otro fenómeno es la alienación, que examinaré primero desde Hegel, para abordar y criticar luego la versión coloquial de esta situación en el ámbito de las culturas. Se trata de un fenómeno conocido, después de todo. Si el repliegue nos resulta claramente una cierta forma de desgarramiento espiritual, el del desarraigo se manifiesta problemático, controversial. Todos conocemos personas que – por razones de parentesco o trabajo, o de estudios – han optado por la inmigración. Después de llevar años en el Perú, su país de origen, después de estudiar en venerables escuelas y universidades peruanas, la voluntad o el destino los ha llevado a radicar en ciudades de Europa o Norteamérica (u otras ciudades de América Latina). Algunas veces, con el tiempo, el cambio supone un proceso de conversión radical que implica el desarraigo casi absoluto. El nuevo hogar desplaza al primero. Algunos terminan sintiéndose completamente ajenos al Perú, al punto que cuando se refieren al país que los vio nacer, dicen “en tu precario país”,o algo parecido, renegando de parte importante de su propia herencia. El peruano es el otro. Incluso asumen políticas “duras”, y - paradójicamente - apoyan las medidas contra los inmigrantes, y abrazan posiciones que pasan por chauvinistas o extremistas. Los modelos culturales y personajes foráneos devienen verdaderos iconos, objetos de culto. El ejemplo más extremo y patético es el Bobby del cuento Alienación, de Ribeyro. Aunque muchas personas desaprueban esta clase de experiencias en abstracto - erróneamente o no -, ella nos plantea cuestiones importantes para la construcción y contrastación de interpretaciones éticas acerca de estos cambios y rupturas ¿Son estos sujetos “desertores” lamentables, o sólo podemos pensar de esa manera si asumimos como válidas ciertas categorías románticas del tipo del Volgeist, que pueden ser caracterizadas como ingenuas o engañosamente "esencialistas"? ¿O ellos están ejerciendo estrictamente su legítimo derecho a la libertad cultural?
'Libertad cultural' es una categoría compleja, que presenta diversas dimensiones que exigen una descripción rigurosa. Se trata de plantear estas cuestiones en el contexto de una fenomenología-hermenéutica de la identidad, el análisis crítico de textos literarios y desde una reflexión sobre las 'políticas del reconocimiento'.










