
Gonzalo Gamio Gehri
Hace una semana que, trágicamente, falleció Edinson Tsajuput, Etsa, joven estudiante de filosofía y de ciencias políticas de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, y miembro estimado de la comunidad awajún. Una muerte tan prematura duele, sin duda: tenía apenas veinticuatro años; se trataba de un muchacho valioso, de gran inteligencia y de una fe indesmayable en los poderes benéficos del espíritu humano. Etsa creía profundamente – a pesar de lo acontecido en Bagua – en la posibilidad real del ejercicio del diálogo entre el Estado peruano y las comunidades amazónicas, e incluso creía firmemente en la viabilidad de una genuina comunicación entre la cultura indígena de la Amazonía y la cultura occidental. Etsa se dedicó con gran interés al estudio de los clásicos, al mismo tiempo que al conocimiento del bosque, que constituia el corazón de la sabiduría awajún. Soñaba con la posibilidad de tender puentes entre ambas formas de vivir y pensar. El nexo entre lo humano y la naturaleza viva constituía la matriz misma de este decisivo puente espiritual. Efectivamente, en una conferencia inédita, presentada en el IV Simposio de estudiantes de filosofía, él señalaba que "a partir de la experiencia de una sociedad ajena a la tradición occidental, que aún conserva la sabiduría del pensamiento mítico, quisiéramos proponer, o más bien recordar, que el ser humano depende de la naturaleza como el árbol depende de su raíz, para generar cultura como el árbol genera frondosidad. Sin la raíz, el árbol no puede generar frondosidad. Perdida la relación con la raíz, tanto el árbol como la frondosidad están en peligro".
Fui su profesor en dos cursos en la especialidad de filosofía. Recuerdo su gran entusiasmo por Hegel en la asignatura de Filosofía política. Encontraba en la tesis hegeliana de la naturaleza como un momento del devenir del espíritu absoluto una manera de exponer la realidad significativamente próxima a la naturaleza espiritualizada desarrollada en la concepción awajún. Fue él quien me animó a formar una vez más – con otros estudiantes de filosofía de la UARM y de San Marcos – un seminario semanal de lectura de la Fenomenología del espíritu. Leíamos el texto en voz alta y lo examinábamos en grupo. Algunos de los miembros de ese seminario habíamos planeado – gracias a la iniciativa de Etsa – formar un círculo de reflexión sobre temas de interculturalidad. Un proyecto que habrá que concretar pronto.
En una sociedad en la que las autodenominadas “élites” pretenden bloquear el cuidado del pluralismo cultural y lingüístico en nombre del discurso homogenizante del “mestizaje” y de la “síntesis viviente”, son bienvenidas las voces críticas como la de Etsa, que luchaban desde la academia y el espacio público por el diseño de políticas de reconocimiento de la diversidad cultural. Edinson Tsajuput se comprometió profundamente, en el terreno del pensamiento y en el de la práctica, con la defensa de los derechos de los pueblos amazónicos al cultivo de su propia identidad, basada significativamente en la relación que las personas establecen con la tierra y el ecosistema. Mientras tantos “líderes de opinión”, autoridades y no pocos políticos peruanos ven en la heterogeneidad cultural un signo de “raquitismo moral”, o perciben cualquier forma de sincretismo espiritual como una nueva manifestación de “paganismo” o de “idolatría”, jóvenes pensadores como Etsa vislumbraban en lo múltiples modos de encuentro intercultural una nueva manera de celebrar lo humano y una ocasión para intercambiar ideas y descubrir posibles rutas de crecimiento.
Los amigos de Etsa nos entristecemos por su partida, pero celebramos los frutos de su corta vida. Agradecemos haberlo tenido entre nosotros. En la Misa que Vicente Santuc celebró en su memoria el último jueves, sus compañeros y profesores tuvieron la oportunidad de evocar su personalidad, su amistad y sus aspiraciones. Al final de la ceremonia, su hermano José Ricardo intervino para compartir sus propios recuerdos. Nos comunicó también que Etsa falleció de muerte natural - provocada por un aneurisma -, disolviendo así la espesa bruma generada por una serie de especulaciones iniciales que sólo provocaban dolor entre sus seres queridos. Sin lugar a dudas, el sueño de Edinson consistente en la construcción de un Perú que valore la pluralidad y promueva la comunicación entre los diversos pueblos que lo habitan tendrá que preservarse en la mente y los corazones de quienes lo conocimos y apreciamos.