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jueves, 23 de abril de 2009

APUNTES SOBRE EL CONCEPTO DE CIUDADANÍA








Gonzalo Gamio Gehri
I

En una nota del diario conservador Correo, Carlos Meléndez me acusa de distinguir de manera antojadiza entre “ciudadanos” y “fujimoristas”:
“Pensemos en el ciudadano fujimorista "de a pie" (no como Gonzalo Gamio, que opone "ciudadanos" versus "fujimoristas")”.
Me extraña la mención (por demás gratuita), y lo que en ella se insinúa. Quisiera saber en qué texto yo planteo esa distinción, o excluyo explícitamente a los fujimoristas de la condición ciudadana. Nunca he sugerido nada parecido: creo que la lectura que hace Meléndez de mis textos no es la correcta y presenta serias imprecisiones conceptuales. Cuando ha pretendido justificar su lectura, algunas falacias han aparecido. He sostenido que los individuos son titulares de derechos y agentes políticos, y la constitución y las leyes reconocen esta condición en ellos sin distingos de cultura, raza, género, etc., y por supuesto, sin hacer distingos en razón de sus creencias políticas. Uno puede ser incluso contrario a la democracia y a los Derechos Humanos, y eso no modifica un ápice su condición de ciudadano.
Tampoco he sugerido que los fujimoristas tengan una conducta no racional. Ser racional es actuar conforme a principios, de modo que se pueda reconstruir mi acción – y la de los otros – reconociendo móviles, medios, fines, etc. En suma, ser capaz de actuar de modo inteligible. Nunca he dicho que los fujimoristas sean irracionales: actuar o movilizarse buscando la eficacia o la "mano dura" también es parte de una conducta racional. Que se trata de propósitos discutibles, incluso cuestionables, es evidente. Puedo discrepar respecto de sus principios (incluso considerarlos inmorales), así como cuestionar la legitimidad de sus medios, pero eso no equivale a consoiderarlos irracionales.
Quisiera recordar algunas ideas que he esbozado antes sobre la doble raíz del concepto de ciudadanía (antigua y moderna). Voy a sostener que nos definimos como ciudadanos apelando a la concepción clásica (“agentes políticos”) y a la concepción ilustrada / liberal (“sujetos de derechos”). Voy a poner énfasis en el tema de la participación.
II

Si examinamos la tradición filosófico-política occidental, constatamos que desde ésta se han construido dos grandes concepciones de ciudadanía. La primera – la ciudadanía como condición -, nos remite a la génesis misma del pensamiento liberal. La segunda – la ciudadanía como actividad – tiene un origen clásico. Mostraré en que medida una comprensión compleja del agente político de las democracias tardomodernas incorpora los elementos de ambas perspectivas[1]. Ambas imágenes de la ciudadanía aportan articulaciones de valor a la democracia y a la cultura de los Derechos Humanos.

La primera concepción de ciudadanía es un desarrollo del esquema liberal, centrado en la condición política y legal de los individuos como titulares de derechos inalienables (y deberes para con la preservación de la sociedad y el cuerpo político que garantiza tales derechos). El nacimiento y los procesos de naturalización confieren al sujeto el estatuto de ciudadano. Esta perspectiva se nutre teóricamente de las filosofías del contrato social, que conciben la estructura básica de la sociedad como producto de un hipotético acuerdo voluntario entre individuos libres e iguales, que deciden configurar los principios que regulan la vida común y dan forma a las instituciones. Las ‘partes’ del contrato eligen estos principios desde una supuesta situación de imparcialidad – el Estado Natural en el contractualismo clásico, la “posición original” en el planteamiento de John Rawls – a la que acceden al ‘poner entre paréntesis’ sus concepciones de la vida buena, así como la información con la que cuentan acerca de su lugar en el sistema socioeconómico e incluso el conocimiento de sus talentos naturales. El Estado natural y la “posición original” constituyen imágenes antijerárquicas de la vida social; nos recuerdan que la fuente de legitimidad del poder constituido reside estrictamente en el consentimiento racional de los individuos.

El cuerpo político concede a todos los individuos iguales privilegios y prerrogativas a todos los individuos, protege sus vidas, su libertad y sus propiedades (he aquí el germen de los llamados “Derechos Humanos de primera generación”). El Estado – por encargo de quienes componen la sociedad – vela por el estricto cumplimiento de la ley, pero deja un amplio margen de libertad (entendida en este punto como un espacio de no intervención) en el ámbito privado. De este modo, las personas pueden discutir o elegir sus visiones personales de aquello que le confiere sentido a su existencia, o pueden decidir sin obstáculos (siempre y cuando no vulneren la ley) qué asociaciones crear o qué clase de creencias suscribir o abandonar. El Estado debe garantizar que estas decisiones puedan concretarse, pero él mismo no puede inmiscuirse en el proceso de decisión, que es responsabilidad exclusiva de los individuos. Más adelante, se crearon instituciones internacionales cuya función residía precisamente en garantizar esas libertades ante los Estados.

La segunda concepción describe la ciudadanía como una forma de vida. Nos remite a la definición ofrecida por Aristóteles en la Política, según la cual ciudadano es aquel que a la vez gobierna y es gobernado[2]. Es gobernado porque se atiene a las decisiones que se toman en las asambleas; es gobernado porque acata las directivas de las autoridades legítimamente constituidas. Pero también gobierna, en tanto participa activamente en los debates públicos realizados en las reuniones de las asambleas, y ha intervenido en los procesos de elección de los representantes de su comunidad. En esta línea de reflexión, el ciudadano es un agente político, que construye con sus iguales – a partir de la palabra y de la acción – un destino común de vida. Si para la interpretación liberal ejercicio de la política constituye para las personas una opción vital entre otras, de modo que puede elegir replegarse y comprometerse con otras actividades, en la versión clásica se convierte en el corazón mismo de la ciudadanía.

Se trata de dos interpretaciones de la ciudadanía que son complementarias en una democracia constitucional inserta en la cultura de los Derechos Humanos (con primacía de la primera sobre la segunda). La ciudadanía como condición pone énfasis en las formas de protección del individuo que los Estados deben observar rigurosamente, con el fin de que éste pueda encontrar – al interior de espacios sociales libres de violencia y coacción ilegítimas – sus propias formas de realización. Esta perspectiva supone una cierta cultura legal (y una cierta ‘sensibilidad constitucional’) que lleva al individuo a reconocer el Estado de Derecho como el trasfondo público que garantiza la posibilidad de una vida libre y civilizada. La ciudadanía como actividad nos recuerda a los usuarios de un régimen democrático que podemos ser coautores de la ley y en general sujetos responsables de aquello que sucede con nuestras instituciones. Desde los escenarios abiertos en los fueros del Estado, en los partidos políticos y en la sociedad civil, los agentes pueden realizar funciones de vigilancia y control democrático del poder. Sin ciudadanos alertas, los gobiernos pueden ceder a la tentación de generar políticas autoritarias, o de asumir una actitud concesiva respecto de los casos de corrupción y violación de la ley. La política cívica se pone al servicio de la defensa de los derechos de las personas.

La democracia y la cultura de los Derechos Humanos no puede fortalecerse sin ciudadanos dispuestos a actuar y a denunciar el abuso en donde aparezca. El asesinato, la tortura y las desapariciones forzadas constituyen violaciones de estos derechos, pero también la pobreza y la autocracia, racismo, la discriminación sexual, constituyen lesiones gravísimas contra la humanidad del otro. Es preciso combatir la violencia directa, pero también la violencia estructural que la promueve y la violencia cultural que la legitima (la clasificación es de Johan Galtung). Sin agentes políticos que cultiven el respeto por el otro y estén dispuestos a movilizarse por ello y presionar democráticamente por ello, la Declaración universal de los Derechos Humanos puede convertirse en un saludo más a la bandera. En un país como el nuestro, en donde la extrema pobreza y la ausencia del Estado constituyen un hecho verificable, en el que todavía existen cuatro mil fosas comunes identificadas y sin abrir, está claro que los Derechos Humanos no han sido una prioridad para nuestra (autodenominada) clase dirigente. Incluso en la actualidad, muchos columnistas de la prensa conservadora siguen predicando la impunidad de los perpetradores mientras que no pocos congresistas aderezan cuando pueden inconstitucionales leyes de amnistía. Corresponde a todos los ciudadanos – más allá de las afinidades ideológicas que uno cultive, o de la tienda política a la que se pertenezca, finalmente - comprometerse para que esta historia siga un curso diferente.





[1] He discutido el concepto de ciudadanía en Gamio, Gonzalo “El cultivo de las Humanidades y la construcción de ciudadanía” en Miscelánea Comillas. Revista de Ciencias Humanas y Sociales Vol. 66 (2008) Nº 29 pp. 237 – 54.
[2] Política 1277b 10.

viernes, 10 de abril de 2009

LA PRENSA CONSERVADORA Y LA OPCIÓN POR LA IMPUNIDAD





COMENZÓ EL BAILE DE MÁSCARAS




Gonzalo Gamio Gehri



En momentos en que la opinión pública internacional celebra la sentencia condenatoria contra Fujimori por homicidio calificado, lesiones graves y secuestro – y los juristas comienzan a analizar con interés académico un documento que consideran ejemplar -, el tablero de ajedrez mediático – político se va organizando para intentar torcer el brazo de la justicia. Los fujimoristas – con Keiko Fujimori a la cabeza – desestiman lo que el Poder Judicial pueda hacer al respecto. Está claro que cuando el Sistema judicial no está bajo control tiránico (y cuando éste muestra signos de independencia) los partidarios de la dinastía fujimorista lo rechazan sin reparos. No olvidemos el burdo aparato de impunidad que montaron para evitar que el tema Cantuta / Barrios Altos pudiera ser resuelto con justicia: primero lo derivaron arbitrariamente al fuero militar – para convertirlo en un “delito de función” y no en un crimen de lesa humanidad -; luego decretaron una Ley de amnistía para poner a los asesinos en la calle y borrar la memoria de sus fechorías. No olvidemos las declaraciones de Martha Chávez acerca de que las víctimas de la Cantuta se habrían “autosecuestrado”. Así de kafkiano, impúdico y cruel era el Perú bajo Fujimori.

La Razón ha asumido la oscura “cruzada” por conseguir que algún “jurista” o político avale un proyecto de “indulto” para el condenado fujimori. La perspectiva de este pasquín impresentable no merece mayores comentarios. Ha funcionado como una auténtica cloaca mediática en donde ha recalado lo peor de la prensa “de opinión”. Esa prensa que nunca se retracta, y para la cual la verdad es lo de menos. Recordemos cómo seguía las directivas de Montesinos desde la base naval (todavía en 2004, Wolfenson seguía las anotaciones del asesor en pleno tribunal), recordemos la campaña contra la CVR, etc. Recordemos que ya la CIDH ha señalado que no existe la figura del indulto y la de la amnistía para violaciones de Derechos Humanos. El Presidente y la “gracia” que tiene potestad de otorgar no están por encima del sistema legal internacional y los tratados en esta materia.

Correo pretende sorprender a la ciudadanía señalando que (según una encuesta de CPI) el 59 % de los encuestados limeños está contra la condena de Fujimori. Agrupa a quienes rechazan la condena y a quienes apoyan la condena, pero encuentran que los 25 años de prisión excesivos. Manipula así las cifras. Marco Sifuentes, en el Blog El ütero de Marita, comenta lo siguiente:

“Lo de la encuesta de CPI ya es alucinante. en realidad, SOLO EL 26.2% de encuestados piensa que se le debió absolver. o sea, el núcleo acostumbrado de fujimoristas.
Pero la encuestadora eligió agrupar también a los que sí están de acuerdo con la condena pero con menos años bajo el rubro de “en desacuerdo”, inflando artificialmente a los fujimoristas.
releyendo las cifras, el resultado debió presentarse así:


SE LE DEBIÓ CONDENAR 69%


SE LE DEBIÓ ABSOLVER 26.2%


NO SABE / NO OPINA 4.8%


el desagregado de la encuesta no aparece en la versión online de Correo.”

El diario de los Agois se suma al de los Wolfenson y otros para sorprender a la opinión pública.


Hay que agregar que las últimas notas de Jaime de Althaus y Víctor Andrés Ponce sobre el tema Fujimori son lamentables por su carencia de solidez y evidente parcialidad. Realmente patético. Althaus no se había pronunciado contra la extradición del reo Fujimori; recién revela que lleva puesto el kimono. Althaus y Ponce se están sumando al coro de furias que busca librar al condenado de toda imputación criminal ¡Y eso que ya vienen los juicios por corrupción!

Evidentemente, la verdad y la justicia les importan poco a las fuerzas que se están amontonando en torno al propósito de lograr la impunidad del reo Fujimori, la agenda única del grupo fujimorista. No sería extraño que pretendiesen indultar también a Montesinos.

La facción más reaccionaria de la blogósfera está sufriendo amargamente con la sentencia de Fujimori. Casi todos los "reaccionarios" - con la solitaria y honrosa excepción de Eduardo Hernando - se entregaron velozmente en brazos del régimen autoritario de Fujimori, concibiéndolo como un antídoto contra la democracia y la modernidad humanista en el país. Por ahora, han elegido cuestionar la teoría del autor mediato. Cuestionan la "novedad" de esta teoría. Hasta donde tengo entendido, algunas primeras versiones de la autoría mediata fueron asociadas a los juicios de Nuremberg. Sirvieron aquí para condenar al delincuente Guzmán. Me imagino que algunos "metapolíticos criollos" lamentarán que algunos mandos nazis hayan sido condenados por los campos de concentración y otros - ¿Cómo les llaman graciosamente ellos? - "excesos".

Los ciudadanos debemos permanecer alertas frente a los movimientos de los sectores autoritarios, que ya se reagrupan luego de la dura derrota que acaban de sufrir.

jueves, 26 de marzo de 2009

NÚÑEZ Y LA HISTORIA LOCAL DE LA INFAMIA




Gonzalo Gamio Gehri



Lo que ha sucedido en los últimos días con el comunero Edmundo Camana – único sobreviviente de la matanza de Lucanamarca, perpetrada por Sendero Luminoso - no tiene nombre. Después de los sucesos de Lucanamarca, ue fotografiado por Oscar Medrano – reportero gráfico de Caretas – con parte del rostro cubierto por un vendaje que cubría la herida dejada por un machetazo en la cabeza. Esta lesión le produjo una discapacidad severa. Dos décadas más tarde, esta foto se convirtió en una de las imágenes emblemáticas de la exposición Yuyanapaq. Esta circunstancia convirtió a una víctima del conflicto armado en un instrumento para el juego de manipulaciones del Congresista Edgar Núñez – sí el de la fallido Proyecto de Ley de Amnistía, el actor de la bufonesca y falaz Vidas Paralelas -, un político comprometido con una campaña difamatoria contra el Informe de la CVR y contra la propia Comisión. En esta oportunidad, el parlamentario ha jugado en pared con el diario Expreso (un medio que se ha destacado en el innoble arte de falsear la verdad – véase el caso del Museo de la Memoria, los ataques contra la PUCP – sin dignarse rectificar sus versiones cuando éstas han sido desmentidas.

La congresista Juana Huancahuari trajo a Camana a Lima para que fuera incluido en el Registro Único de Víctimas y pueda convertirse en destinatario de reparación por su condición de víctima del conflicto. Recientemente – en medio del debate mediático y político sobre el Museo de la Memoria -, Núñez ensayó una serie de mentiras dirigidas a desprestigiar a la CVR: a.- Camana no fue una víctima de la violencia, tenía orzuelo (declaración recogida por Huancahuari); b.- Las fotos han sido trucadas ‘para denigrar a las Fuerzas Armadas’, Camana tiene los ojos sanos (tanto Medrano como Yuyanapaq indican que la lesión de Camana era en la cabeza, y fue víctima de Sendero Luminoso). Estos infundios fueron desenmascarados oportunamente. Núñez aprovechó la llegada de Camana a Lima para ofrecer una serie de declaraciones de similar calibre a Expreso. Incluso sugirió – como reseña La República en el Editorial de hoy – que la CVR había “traficado con la imagen del comunero y obtenido cerca de 38 millones de dólares (¿?). Sabido es que Yuyanapaq es una exposición fotográfica dirigida a que los ciudadanos peruanos tomen contacto – gratuitamente – con testimonios de un pasado que no debe repetirse. Por supuesto, el político oficialista no está interesado en probar sus acusaciones. Esta clase de mentiras e insinuaciones ofensivas engrosan aún más la caudalosa contribución del Congresista Núñez a la historia local de la infamia. Se sabe que en los próximos días será denunciado ante la Comisión de Ética del Congreso de la República.

Pero esta historia tiene un amargo y sórdido epílogo. La congresista Huancahuari hizo que Camana fuera internado el último viernes en el Hospital de Ciencias Neurológicas. Sorpresivamente, Núñez sacó a Camaná de ese centro – sostiene que con autorización de un familiar, que el programa Prensa Libre ha identificado como un militante aprista – para llevarlo al Hospital Militar dónde sorpresivamente falleció en circunstancias todavía no esclarecidas. Expreso se ufana de contar con sus (literalmente) “últimas declaraciones”. Estos hechos deben investigarse de inmediato.

Ante la pregunta de un reportero de Prensa Libre sobre las causas de la muerte, el propio Núñez señaló que la víctima murió de un infarto provocado por la aungustia y por los ‘efectos del alcoholismo’. Ningún médico se ha pronunciado sobre el caso. Indigna que Camana no sólo haya sido manipulado y maltratado en nombre de una campaña política pro-impunidad que no tuvo en consideración su dolor y necesidades, sino que el propio manipulador terminara denigrando su imagen para intentar explicar su misterioso deceso.

Edmundo Camana tenía 57 años. Su vida fue destruida por la insania terrorista, y su muerte tuvo lugar en momentos en que sectores oscuros intentaron usar su imagen contra la causa de los Derechos Humanos en el país. Era una víctima inocente que en los años de la violencia tuvo que ocultar su nombre para sobrevivir (usó el nombre "Celestino Ccente" para ser fotografiado). Lo que el congresista Núñez y Expreso han hecho con él revela la entraña moral de quienes representan lo peor de la clase política y de la prensa nacional. Les ha importado más su perversa guerra personal contra la ex CVR que la dignidad del propio Camana. Tanto el parlamentario como el medio de comunicación han hecho de la urdimbre de mentiras y medias verdades un modus vivendi para afirmar sus intereses en medio de la discusión pública. Nunca se retractan, ni siquiera cuando tienen evidencias ante los ojos. . No les interesa la veracidad, sólo la utilidad. Y no son los únicos que proceden de esa manera. El próximo año y el siguiente son años electorales; No nos olvidemos de esta clase de acciones y trayectorias. Examinemos si los medios de prensa que consumimos guardan algún tipo de compromiso con la verdad. Juzguemos por nosotros mismos, pero no olvidemos esta clase de actitudes.

El Presidente García ha sorprendido a la opinión pública sosteniendo en una reunión televisada que el peruano es “por naturaleza triste”, y por eso, un inconforme. La herencia genética y el clima lo han condenado a la nostalgia, a diferencia de nuestros vecinos del norte y del este “hiperactivos” y “alegres”, dada su “herencia negra”. García ha proferido una necedad tras otra. Ha hecho gala de sus prejuicios y de su ignorancia. Y ha suscrito de facto un sistema ideológico racista, vetusto y violento. No señor, la tristeza, el inconformismo y la amargura no son producto del clima y la raza; son el fruto del abandono, la indiferencia y la crueldad de nuestra “clase política” y de muchas otras autoridades sociales. Revise el tratamiento que ha dado su parlamentario al caso de Edmundo Camana.

lunes, 15 de diciembre de 2008

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA PRENSA EN EL PERÚ


Gonzalo Gamio Gehri


El último sábado se presentó en el Círculo de Estudios Políticos y Sociales Santiago Pedraglio – notable sociólogo y periodista – para hablar en torno al tema Prensa y Poder en el Perú. El tema fue propuesto con varias semanas de anticipación, pero aquel día cobró un significado realmente kairótico: Santiago es uno de los columnistas de Perú 21 que renunció como consecuencia del controvertido despido de Augusto Álvarez Rodrich. Estos sucesos abonan la tesis de que este es quizás el momento más oportuno para pensar esta compleja relación entre el poder y la prensa. Hoy, que los múltiples y agigantados deslices verbales del Presidente de la República no cuentan con los comentarios más contundentes de parte de nuestros periodistas, tiempos en los que otros temas muy sensibles, como el de las reparaciones a las víctimas de la violencia, han desaparecido por completo del mapa político-mediático.

La conferencia exploró diversos argumentos que, por su claridad y agudeza, suscitaron un fecundo intercambio de ideas con los asistentes. Me gustaría comentar brevemente tres tesis - presentes en la ponencia de Santiago -, que me parecen muy importantes, cuya discusión podría contribuir a repensar la situación de los medios en el Perú. Los comentarios son de mi entera y exclusiva responsabilidad, por supuesto.

1.- La prensa es un poder, que asume un lugar muy importante – y a menudo polémico – en los conflictos de poder en el Perú. La prensa introduce temas en la agenda pública, incluso influye – como argumentó Santiago - en los modos de expresarse de la población (por ejemplo, “tránsfuga” es una palabra que comenzó a usarse con regularidad en el Perú luego de la difusión de los casos de corrupción fujimontesinista - el fujimorato literalmente se compraba congresistas -, y “chapapote” comenzó a usarse en España luego del hundimiento del Prestige). El poder de la prensa es muy grande, aunque en el Perú está fragmentado localmente. Pero el poder de la prensa suele ser vulnerable al contacto con otras formas de poder. El caso del poder político es sin duda el más conocido y temido, pero no es el único que resulta letal para el ejercicio ciudadano del derecho a la información. La prensa suele tener un contacto estrecho – muchas veces peligroso – con el poder económico, ubicado dentro y fuera de los propios medios de comunicación. Con excesiva frecuencia, la “línea editorial” se decide por razones que poco tienen que ver con el periodismo. El poder económico – como los restantes “poderes fácticos” – no es un poder en el que sus usuarios han sido elegidos, pero se trata de un poder posee una enorme influencia en la vida social, y los medios no suelen sustraerse a ella. En tiempos de los conflictos con las mineras, o cuando el gobierno actual intentó imponer la vergonzante “Ley de la selva”, los campesinos o comuneros que se movilizaban eran sindicados como vulgares "vándalos" - no como ciudadanos -, al punto que los medios ni siquiera consignaban en sus notas las razones que los llevaban a asumir posiciones de protesta.

2.- Plantear la existencia de un ‘Defensor del Lector’ al interior de los diarios de circulación nacional constituiría una medida de autorregulación interesante, convergente con la irrestricta libertad de prensa y de expresión. El ‘Defensor del Lector’ constituye una figura extendida en los diarios responsables de todo el mundo, incluyendo a América Latina: el Perú es una de las contadas excepciones a esta situación internacional. Se trata de un individuo – elegido por el propio diario en razón de su probidad y trayectoria profesional – que preside un equipo que recibe las reclamaciones de los lectores en materia de la rigurosidad del periodista en la elaboración de su investigación. Cuando el ‘Defensor del Lector’ detecta faltas a la veracidad, al ejercicio de la tarea periodística, o a la ética profesional, tiene la potestad de escribir un artículo de obligatoria publicación en el diario, en el que denuncia en detalle los errores de la publicación. La presencia de un ‘Defensor del Lector’ es perfectamente convergente con las libertades de prensa, expresión y empresa, contribuye a la prevención de la corrupción mediática, y constituye una medida de autorregulación que brota de cada medio (la idea de la regulación estatal de los medios, es siniestra y sencillamente inaceptable en un sistema democrático).

3.- El principal valor de la prensa es la veracidad de la información. Este es un principio elemental, pero que tantos medios peruanos han olvidado – piénsese en la proliferación de “carnecitas”, “chiquititas” en los diarios conservadores, o en las campañas de demolición contra la CVR en la que participaron columnistas inescrupulosos y serviles -. En general, el formato "notitas sin confirmar" (presente en la mayoría de diarios) introduce elementos que enrarecen el compromiso con la veracidad, en tanto no suelen exhibir sustento probatorio, las notas no se firman y suelen abonar el terreno para el ataque personal (que sale del cauce de la información propiamente dicha). El principio de veracidad no está reñido con el razonable deseo de los medios de vender y ganar dinero. Sería aun mejor si al cumplimiento del principio de veracidad se le sumara la promoción del sentido crítico, pero resulta fundamental y vital esperar que los medios digan la verdad. Ellos tienen derecho de lucrar – cierto, funcionan como empresas – pero el ciudadano tiene derecho a informarse, y se trata de un derecho consignado en la Constitución. Ciertamente, los ciudadanos tendríamos que estar mejor dispuestos a reconocer cuándo los medios distorsionan los hechos, no contrastan los testimonios, o incurren flagrantemente en la búsqueda de manipulación del lector. Tendríamos que reconocer y denunciar los casos en los que la condescendencia con los poderes constituidos está por encima del compromiso ‘natural’ de los medios con la información.

Desde el surgimiento de los medios de comunicación social – no en vano proliferaron en la época de la Ilustración –, la prensa estuvo al servicio de la construcción de opinión pública acerca de asuntos relevantes para la sociedad. Los medios generaron desde el principio incomodidades en quienes detentaban el poder. Si de un tiempo a esta parte esto ya ha dejado de ser así, es porque – parafraseando a Hamlet – algo huele muy mal en nuestro país.

viernes, 19 de septiembre de 2008

DESMONTANDO UN MITO ABSURDO



Gonzalo Gamio Gehri


Sabemos que uno de los “caballitos de batalla” de los más ‘feroces’ críticos de la CVR (antiguos y nuevos colaboradores de La Razón y Expreso, políticos conservadores, autoridades cercanas al fujimorismo, además de algunos extremistas anti-DDHH que frecuentan la blogósfera, etc.) ha sido la denuncia de un “pronunciado sesgo izquierdista” en el Informe Final, que se pondría de manifiesto – la acusación es francamente delirante y delata una absoluta ignorancia frente al documento – en una actitud condescendiente respecto de los grupos terroristas, y bastante blanda con los grupos socialistas que tenían representación parlamentaria en los años del conflicto armado interno. Esta imputación no tiene el más mínimo asidero, y se refuta inmediatamente leyendo el Informe. La CVR sostiene que el principal perpetrador de violaciones a los Derechos Humanos fue Sendero Luminoso (54% de los muertos y desaparecidos). Se señala que este grupo desató el conflicto, y que frente a ello, “el Estado tuvo el deber y el derecho de defenderse" (Tomo I, p. 89). Debió asumir esta defensa en el marco del respeto de la legalidad y de los Derechos Humanos: en ciertos períodos y lugares esto no fue así.

En una entrada anterior hemos mostrado – en diálogo con especialistas en el tema – que la CVR ha sido sumamente dura con los grupos de izquierda democrática que no hicieron un claro deslinde con el terrorismo. Hemos defendido la tesis – que se hace especialmente patente en el tomo sobre la reconciliación – que el trasfondo ético-político del Informe de la CVR es el de los principios de la democracia liberal y de la cultura de los Derechos Humanos. Esto es evidente. El cuestionamiento final – igualmente falaz, basado en una absoluta no-lectura del texto – era que la CVR no había condenado la ideología senderista. Se trata de una crítica malintencionada, carente de todo fundamento, que en su día dirigieron Rey y Giampietri, y que ciertos extremistas conservadores repiten sin cesar, esperando que el “miente, miente, que algo queda” – herencia del marketing político nazi, no lo olvidemos – haga su triste trabajo. Manuel Barrantes nos ha recordado algunos textos del Informe de la CVR en los que se fustiga duramente el fundamentalismo ideológico del ideario terrorista:


Capítulo sobre Sendero del IF de la CVR
1.1.1.1. Orígenes ideológicos

"El PCP-SL tomó de Lenin la tesis de la construcción de «un partido de cuadros, selectos y secretos», una vanguardia organizada que impone por la vía de las armas la «dictadura del proletariado». De Stalin, figura menor entre los hitos históricos que reconoce el PCP-SL, heredó, sin embargo, la simplificación del marxismo como materialismo dialéctico y materialismo histórico y, además, la tesis del partido único y el culto a la personalidad. De Mao Zedong recogió la forma que la conquista del poder habría de adoptar en los países denominados semifeudales: una guerra popular prolongada del campo a la ciudad. Pero, tanto o más que la caracterización de la revolución en países agrarios atrasados, el PCP-SL tomó de Mao los siguientes conceptos".
[...]
"El denominado «pensamiento Gonzalo» hace «especificaciones» al maoísmo, todas ellas con el fin de simplificarlo o volverlo más violento: a) la unificación de las leyes de la dialéctica en una sola: la ley de la contradicción; b) la universalidad de la guerra popular; c) la necesidad de que la guerra se despliegue desde un inicio en el campo y la ciudad; d) la militarización del Partido Comunista y de la sociedad resultante del triunfo de su revolución; e) la necesidad de revoluciones culturales permanentes después de dicho triunfo. Éstos son, a grandes rasgos, los fundamentos ideológicos del proyecto que desarrolló el PCP-Sendero Luminoso.
1.1.1.3. La trayectoria del PCP-SL en la década de 1970 y su perfil hacia 1980"
[...]
"La transformación de Mariátegui en precursor del maoísmo fue presentada por el PCP-SL como un «desarrollo» de su pensamiento. Así comenzaba el largo camino de Guzmán a la cúspide de su propio Olimpo. Desde entonces, los documentos del PCP-SL hablan de «Mariátegui y su desarrollo», sin mencionar todavía por su nombre al responsable de ese desarrollo: Abimael Guzmán.
Armados con esa base ideológica, los principales cuadros senderistas concentraron su trabajo en la transmisión, en las aulas universitarias, de un marxismo de manual que consistía en la elaboración de una visión del mundo simplista y fácilmente transmisible a los estudiantes".

CONCLUSIONES
 "El PCP-SL representa la expresión de una ideología fundamentalista, sin respeto a la vida, y es una organización construida en torno del culto a la personalidad de Abimael Guzmán Reinoso, quien se hizo proclamar «el más grande marxista-leninista-maoísta viviente». La exaltación de Guzmán fue un factor muy importante para lograr la cohesión interna del PCP-SL, pero se convirtió en su talón de Aquiles cuando aquél cayó preso en abril de 1992".

 "De acuerdo con sus bases filosóficas, políticas e incluso psicológicas, el PCP-SL «ve clases, no individuos»; de ello se deriva su absoluta falta de respeto por la persona humana y por el derecho a la vida, incluyendo la de sus militantes. Éstos fueron educados en un fanatismo que se convirtió en su sello de identidad, lo cual condujo a la ejecución de acciones terroristas y genocidas".


Existen otros pasajes del Informe igualmente contundentes en este tema. La condena es categórica e implacable. La CVR condena el fundamentalismo del terrorismo, su pretensión de capturar el poder por la fuerza, su creencia en la violencia y su rechazo por los DDHH (tomo I, pp. 88-89), así como su pretensión de conocer las 'leyes de la historia'. Es el primer documento en el que se califica expresamente a Sendero Luminoso como un grupo genocida, en base al conocimiento de las acciones execrables que realizó, por ejemplo, con el pueblo ashaninka. Si esto no es una condena ¿Qué podría serlo?

En los círculos políticos – tan venidos a menos – y en las alcantarillas de la prensa inescrupulosa se ha impuesto la costumbre de juzgar sin conocer, de objetar sin leer. En el caso de los “críticos” de la CVR, esa práctica es sistemática, y goza de impunidad conceptual. Para estos “censores espirituosos”, próximos al gobierno y al fujimorismo, la verdad es lo de menos (a pesar de que sus declaraciones públicas están llenas de invocaciones a la “verdad”). Esa terrible costumbre debe ser erradicada, si queremos vivir en una sociedad decente.

lunes, 12 de mayo de 2008

PRENSA Y TALANTE AUTORITARIO


EN TORNO A LA CONDESCENDENCIA DE LOS MEDIOS CON EL AUTORITARISMO Y EL ANHELO DE IMPUNIDAD

(Actualizado)

Gonzalo Gamio Gehri

El presente post es, en buena medida, una continuación del anterior. Un comentarista me pregunta porqué señalo que el periodismo que practican Rosa María Palacios y Hans Landolt me parece “decente”, en contraste con el que ‘cultiva’ buena parte de sus competidores en la TV. Si digo que la prensa cortesana es “poco decente”, no baso mi afirmación únicamente en la evaluación sobre el contenido de las opiniones de los conductores de los espacios televisivos, sino estrictamente en la identificación de sus métodos, que distan del ejercicio riguroso de la investigación periodística, la argumentación y la ética profesional más elemental. En los “reportajes” de La Ventana indiscreta - merced a las "sutilezas" de Hildebrandt Chávez - se manipula a la audiencia manejando las imágenes, los ritmos e introduciendo una música de fondo ad hoc, no mostrando todos los hechos, etc.; el caso de la cobertura del tema Melissa Patiño y tantos ‘especiales’ sobre Alejandro Toledo son prueba de estas malas artes. Es evidente que Jaime de Althaus no se documenta ni prepara sus entrevistas; en la prensa escrita, Aldo Mariátegui y otros suele refugiarse en sus Chiquititas y Carnecitas para agraviar a sus adversarios políticos y faltar la verdad.
Se me objeta que mis preferencias políticas podrían estar nublando mi juicio y convirtiéndolo en parcial y subjetivo; sin embargo, los ejemplos que he tomado no reflejan un común punto de vista en lo ideológico. Hasta donde sé, Landolt es un hombre de izquierda, Palacios es una liberal de derecha. No juzgo la calidad profesional según mis lealtades políticas. Eso sí, me parece que, en el caso de ambos, el trabajo converge con la defensa de las libertades y los derechos esenciales en una democracia (este juicio no me parece dependiente de una consideración de tipo ideológico - particular, sino una cuestión de elemental sensibilidad constitucional y ética ciudadana, una perspectiva amplia que diferentes visiones democráticas de la política comparten, aún desde múltiples canteras ideológicas).

Finalmente, yo no concibo que el periodista sea simplemente portavoz del punto de vista los directivos de la empresa donde trabaja (“es obvio, son sus jefes” dice la persona que me hace la observación en la página de comentarios del Gran Combo Club). Puede que esto suceda a menudo, pero resulta obvio que la prensa que claudica en su espíritu de investigación y abandona la tarea de la búsqueda de la verdad (y la formación de conciencia crítica) no es periodismo de verdad. No se trata de resignarse ante esa clase de 'realidades' que suscitan verguenza en los ciudadanos de buena voluntad. Esa es la “prensa indecente”. Esa clase de servilismo acaso podría funcionar en el mundo de la empresa - aunque lo dudo - pero, volcada sobre la prensa disuelve la idea misma de esfera pública. No creo que la mejor actitud frente a la cortesanía de la prensa – y en general frente a cualquier costumbre o circunstancia cuestionable – sea ‘rendirse sin más ante los hechos’, renunciando a cambar las cosas. Ya sabemos que las actitudes de condescendencia y complicidad frente a la corrupción y al crimen contra la vida suele apelar – como patético instrumento de “justificación” – al “realismo político”.

Contamos con una prensa televisiva que informa mal y no contribuye con la formación del ciudadano. El fin de semana tuve la oportunidad de ver una nueva emisión de Habla el Pueblo, en RBC, en la que se entrevistó a Mercedes Cabanillas. El entrevistador era el conductor del programa, Rafael Romero - ahora ya sé cómo se llama -, quien es también jefe de la página editorial de Expreso (sí, este personaje es el mismo - ahora caigo en la cuenta - que publicaba textos tendenciosos, malidicentes y de veracidad más que discutible contra la PUCP, contra la CVR, etc – véase el magnífico post que Arturo Caballero ha publicado en su blog acerca de la entrevista que Romero le hizo a José Alejandro Godoy. Allí el entrevistado -Godoy - dejó en evidencia que Romero no había leído el Informe de la CVR, y sin embargo, descalificaba alegremente el documento) -. Ya se había comentado acerca de esta “alianza estratégica” entre RBC y Expreso, medio cercano – debido a algunos de sus miembros más influyentes – a cierto sector del fujimorismo (y al ala más radical de UN) en lo político, y a sectores simpatizantes con cierto conservadurismo 'duro' en lo religioso. Cabanillas y su entrevistador se la pasaron preguntándose con qué autoridad las ONG de Derechos Humanos osaban fiscalizar a los funcionarios públicos o remitir informes al país o a instituciones extranjeras, sino habían “ganado elección alguna” (a diferencia de los congresistas y el propio Presidente de la República”). Romero y la congresista hacían gala de una supina ignorancia (¿o quizás mala intención?) respecto de lo que significan las instituciones de la Sociedad Civil para el funcionamiento de una democracia, cómo estas constituyen espacios de participación directa del ciudadano – a diferencia de los escenarios del sistema político (el Estado, los partidos), que constituyen espacios de representación -. Resulta complicado pedirle a un congresista que maneje los conceptos básicos de la teoría política elemental, pero se supone que un periodista que dirige la página editorial de un diario (sí, hasta en el caso de Expreso) tendría que ostentar siquiera esos estándares mínimos de conocimiento. Suponíamos mal. Esa es mi opinión personal sobre este penoso asunto; un periodismo sin nivel desinforma al público, y no contribuye con el fortalecimiento de la democracia. Triste espectáculo el ver a un periodista y a una parlamentaria asumir la falsa premisa que en el seno de una democracia moderna la sociedad se divide en gobernantes y gobernados ¡y estos personajes pretenden ser “líderes de opinión”!

El viernes Jaime de Althaus entrevistó a Keiko Fujimori. Risitas van, risitas vienen, Althaus le regaló la entrevista, y posiblemente quedó contento ¿Nadie recuerda los juicios por corrupción que ella aun tiene pendientes (según tengo entendido)? ¿O el hecho que abandonase sus funciones parlamentarias para viajar? Incluso Keiko llegó a repetir la tesis – verdaderamente inmoral – que el propio Althaus bosquejó días atrás: “¿Cómo es posible que al vencedor del terrorismo se le procese por crímenes contra los Derechos Humanos?”. El oscuro argumento del cheque en blanco.
A pesar de la nulidad intelectual y programática de sus cuadros - y de la pobreza moral de sus propósitos - ningún periodista muestra a plena luz la entraña antidemocrática de los fujimoristas. El "fujimorismo" no es otra cosa que grupo de devotos – no se le puede llamar “partido” o “movimiento político” - que le rinde culto a la personalidad de un ex dictador proclive a la huida y, como viene siendo demostrado en el proceso, proclive al delito. Un grupo cuya única “agenda política” (tampoco se puede usar aquí la expresión "ideología" o "plan político") consiste en promover la impunidad de su líder (quién ya tentó la actividad política en otro país, para evadir a la justicia peruana). Un grupo que le asestó un terrible golpe a la democracia y sus instituciones, que practicó impunemente la antipolítica y el clientelismo (y se jacta de ello). Un grupo que apela a la “sucesión dinástica” como única fórmula para “renovar” su dirección. Un grupo que apostó por el envilencimiento de la política y de la población, al sustituir la exposición y discusión pública de propuestas por la organización de conciertos de música tropical y el reparto de regalos. Un grupo que no duda en recurrir a la intimidación, a sembrar la confusión y a invitar a la violencia como un instrumento estratégico (las amenazas de Kenyi, la presunta mutilación del Ojo que llora, las destempladas y sorpresivas declaraciones de Martha Chávez sobre el Grupo Colina, la intimidación de los familiares de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos por parte de los simpatizantes de Fujimori dentro y fuera de la sede del tribunal, etc.).
Los fujimoristas no parecen apreciar especialmente los principios del Estado de Derecho: en sentido estricto, se trata de una fuerza antidemocrática. Fíjense como desnaturalizan la potestad de los congresistas de poder ingresar a cualquier hora a las cárceles. El sentido de esa norma es la prevención de las detenciones arbitrarias, y la posibilidad de verificar que no se torture o se someta a tratos crueles e inhumanos a los detenidos. Sin embargo, los parlamentarios fujimoristas hacen uso de esa prerrogativa – distorsionándola - para hacer visitas sociales al procesado Fujimori, e incluso para planificar con él sus estrategias políticas. Eso es simplemente inadmisible. Se sabe que el fujimontesinismo ha contado y cuenta con el dinero, las influencias para asegurarse la cobertura mediática de sus movimientos. Es seguro que dispone de su antiguas herramientas para atemorizar y extorsionar a periodistas y a ciertos políticos - como hizo en el pasado -, pero ¿Qué pasa con la prensa independiente?

(La caricatura es de Carlín).

jueves, 3 de abril de 2008

“CAVIARES”: MÁS DE LO MISMO


Gonzalo Gamio Gehri


Ayer por casualidad enciendo el televisor y me encuentro con una edición de La Hora N providencialmente dirigida por Mariella Balbi. El entrevistado es Ernesto de la Jara – uno de los directivos de IDL – quien ha llegado al set del canal para responder a la feroz campaña que han desatado Correo, Expreso y La Razón – una vez más – contra él y contra la ONG a la que pertenece. Esta prensa acusa a de la Jara el haber conspirado para “liberar terroristas” acogiéndolos al indulto presidencial, bajo la modalidad que había sido aplicada desde los tiempos del fujimorato gracias al trabajo de Hubert Lanssiers. Se sabe que la Comisión de Lanssiers perseguía el objetivo de liberar presos de probada inocencia, condenados injustamente a causa de las irregularuidades de la legislación impuesta por el régimen de Fujimori y Montesinos: el eficiente trabajo de Lanssiers ha sido reconocido por tirios y troyanos. No obstante, es sabido que el papel aguanta todo, particularmente cuando se trata de un medio como Correo.

Me entero por la entrevista que la idea original del programa fue invitar a de la Jara y al propio Aldo Mariátegui, con el objetivo que debatan en torno a esta denuncia. Como era de esperarse, Mariátegui – haciendo gala de su habitual cobardía – no ha asistido a la cita. Lo suyo es arrojar la piedra desde lejos, aprovechando su posición de privilegio en un medio de comunicación. Prefiere acusar desde la comodidad de su oficina – envalentonado porque hasta el presidente de la República escribe en su diario – y rehuye la confrontación de argumentos. De la Jara ha defendido bien su posición, pero lo ha hecho desde un canal de cable – un canal de cable que cuenta con una importante audiencia y cierto prestigio – pero el daño ya está hecho.


(Sigue...)



domingo, 16 de marzo de 2008

CONQUISTAS TERMINOLÓGICAS Y RESISTENCIAS CONCEPTUALES

UNAS PALABRAS MÁS SOBRE LA “IZQUIERDA CAVIAR”



Gonzalo Gamio Gehri



Aunque el tema francamente me tiene un tanto cansado, vuelvo a escribir sobre la absoluta inutilidad teórica del término "caviar", pues no describe ningún objeto preciso: es una palabra que sólo sirve para denigrar al oponente (ni siquiera para cuestionar rigurosamente sus ideas). La extrema derecha no cuenta con cuadros intelectuales – está claro –, pero su prensa difamatoria y mediocre se ha anotado un lanzamiento de tres puntos, dado que algunos buenos escritores progresistas están usando el término (cargando con el conjunto de prejuicios que le subyace): se trata de una auténtica y lamentable colonización conceptual. Estamos asumiendo su vocabulario, y por lo tanto (al menos en parte) sus sentidos implícitos para nuestra percepción y juicio en el plano político.



lunes, 17 de septiembre de 2007

"EXPRESO" Y LA CACERÍA DE BRUJAS



LAS ARGUCIAS DEL PERIODISMO MÁS SUBTERRÁNEO


Gonzalo Gamio Gehri


El lamentable nivel de Expreso es un secreto a voces. La pobreza intelectual y moral de sus editoriales y columnas es harto conocida. Su tan proclamada "cruzada" contra las ONG - más bien una vulgar cacería de brujas - es tan mediocre como intensiva, además de antiliberal. Sus directivos se consideran "liberales", cuando sus notas revelan lo intolerantes que en realidad son. 'Democracia' y 'derechos humanos' son conceptos que no se incluyen en su diccionario básico (que no es muy amplio). De servidores del fujimontesinismo han pasado a convertirse en cortesanos de Alfonso Ugarte. Lo que no ha variado es su genuflexión ante los poderes de facto. Tampoco se ha modificado su condescendencia frente al autoritarismo y el abuso.

En las últimas semanas este pobre diario ha urdido una campaña perversa contra la PUCP, que ha asumido múltiples formas. En una nota larga de la sección "Política" de la edición de hoy 17 de setiembre - titulada ONG manda en la PUCP - , firmada por un tal Rafael Romero, señala que a los estudiantes de la PUCP "les "“lavan el cerebro” con lecturas obligatorias impuestas por el consorcio Justicia Viva, que actúa como frente de fachada de la ONG política Instituto de Defensa Legal". Según las "fuentes estudiantiles" (¿Serán reales?) del diario fujimorista, se les obliga a leer textos 'izquierdistas' como el Informe Final de la CVR, o sobre cuestiones políticas de corte socialista, como la sociedad civil y los Derechos Humanos.

“Nos obligan a lecturas tediosas sobre la sociedad civil y las ONG”, dice uno de los estudiantes. “Nos obligan a estudiar los trabajos de la Comisión de la Verdad y las revistas Ideele”, refiere otro. "

Lo curioso es que esta nota no figura en la versión impresa del diario, sólo en su versión virtual accesible desde Google (http://www.expreso.com.pe/edicion/index.php%20option=com_content&task=view&id=8148&Itemid=32) ¿Se tratará de otro operativo psicosocial, semejante a los que desarrollaban bajo las órdenes del "Doc", cuando dirigía ese diario Calmell del Solar? Su pasado totalitario los condena.

La citada nota señala que la PUCP hace proselitismo ideológico. "Se trata de un influjo político de naturaleza predominantemente izquierdista que cuenta, hasta ahora, con el beneplácito de las autoridades universitarias y profesores". Para maquillar la evidente falsedad de este juicio - pues es manifiesto que en la PUCP existen profesores de diferentes perspectivas filosóficas, políticas y religiosas -, Expreso pretende poner el parche: "para disimular el sesgo y darle una cobertura “democrática”, con la amplia mayoría de maestros izquierdistas alternan algunos otros docentes destacados que profesan otros pensamientos políticos". Ni siquiera la redacción es aceptable. La vileza del texto incluye una serie de insinuaciones ofensivas contra autoridades y profesores de la PUCP. Se cuestiona incluso que se recurra a los trabajos de David Lovatón o de César Landa, reconocidos intelectuales ¿Pretenderán acaso que se confeccione una suerte de Index, a la retrógrada usanza de aquellos personajes intolerantes que ostentan los intereses a los que sirven?

Resulta necesario denunciar este tipo de ataques y campañas y responder con firmeza, alertando a la ciudadanía acerca de estas estrategias oscuras. Lo que se busca simplemente es acabar con una Universidad prestigiosa e independiente, que forma académicos y profesionales en la libertad y la excelencia. Para un diario con escuálidas pretensiones intelectuales y democráticas como éste, los 'derechos humanos' y la 'sociedad civil' son 'propaganda izquierdista' ¡Cuando son categorías de origen liberal! Cualquier lector de mediana información política lo sabría. Si el Informe de la CVR se lee en la PUCP, es porque se trata de un riguroso documento interdisciplinario sobre la desigualdad, la violencia y el autoritarismo en el Perú (males que Expreso no distingue, dada su insensibilidad y miopía conceptual). Nunca se ha impuesto en la PUCP una interpretación o línea valorativa frente al Informe ni a ninguna bibliografía propuesta; puedo dar fe de ello como ex alumno y como docente. Todas las posiciones son bienvenidas, siempre que se argumente en un clima de respeto y tolerancia. Las malas intenciones de este diario son más que evidentes; la ignorancia del redactor respecto de las materias que se imparten en la PUCP es asímismo notoria. Pero qué puede esperarse de los directivos de un pasquín como Expreso: John Locke les es un desconocido, lo mismo que Tocqueville. Quizá para ellos Ortega y Gasset sea el nombre de un dúo musical.
Un intelectual derechista, Vásquez Kunze - con quien usualmente discrepo, pero hay que reconocer que en su reciente texto (Derecha roñosa y ONG’S) estuvo sumamente lúcido -, podría contestarles muy bien a estos amigos de la difamación y de la mediocridad: "Si quieren competir en el mercado de las ideas: ¡Pónganse a trabajar!". Propiciar la intolerancia y aderezar las "guerras santas" del fundamentalismo ultramontano practicando la manipulación y el engaño simplemente es trabajo de reptiles y de invertebrados. Lo suyo sigue siendo el "montesinismo práctico".

Expreso practica el macartismo más servil y descerebrado. Que no se crea que la opinión pública no es consciente de ello. Este es un episodio más de la campaña con la que este diario antidemocrático busca abonar el terreno para la toma violenta de la PUCP por parte de sectores retrógrados que ambicionan su patrimonio y ansían convertirla en un centro de represión intelectual y de adoctrinamiento fundamentalista - en una escuelita conservadora, como otras instituciones "educativas" (supuestamente "de nivel universitario") regentadas por ellos -, con libros prohibidos y temas censurados. Pretenden destruir el recinto de saber y libre expresión de las ideas que es hoy la PUCP para neutralizar el servicio que brinda al país y a la democracia. Pero jamás vencerán los inquisidores ni los cazadores de brujas. No les asiste ni la razón ni la ley.