lunes, 9 de diciembre de 2013

NELSON MANDELA, EL ESFUERZO POR LA PAZ Y LA CULTURA DE LOS DERECHOS HUMANOS







Gonzalo Gamio Gehri


Nelson Mandela ha muerto.  Será recordado como una figura de gran relevancia en la vida pública del mundo contemporáneo. Se convirtió en el líder indiscutido de una lucha moral y política contra un régimen fundado en la discriminación por motivos raciales. Es, en este sentido, un exponente del movimiento por una ciudadanía universal, fundada en la libertad y la igualdad de todos los seres humanos. Ese compromiso lo llevó a ser recluido en una cárcel por cerca de veintisiete años.  Fue presidente de su país y su vida y obra cuenta con el reconocimiento de las personas que valoran la cultura de los derechos humanos.

¡Tantos años en prisión a causa del compromiso con la igualdad de derechos! Tanto sus enemigos políticos de entonces como sus propios carceleros tienen una opinión respetuosa sobre Mandela, que trasunta admiración ante una fe inquebrantable en la humanidad y una genuina vocación por la paz (Ver el artículo - en La República - de John Carlin). Mandela tuvo que conversar y negociar con sus rivales afrikáner, tanto desde la prisión como desde el ejercicio de la política, para lograr alejar de Sudáfrica el fantasma de la guerra civil. En el contexto de estas comunicaciones, nunca sacrificó los principios básicos acerca de la construcción de una sociedad no dividida por consideraciones sobre el color de la piel o por la condición social. No se claudicó en materia de la defensa de los derechos humanos.

Desde sus primeros años en la actividad política, Mandela se sumó a los partidarios de la doctrina de la no violencia y encontró en la obra de Gandhi una poderosa fuente de inspiración política. Entiendo que, por principio, se inclinó por la invocación a la desobediencia civil antes que al ejercicio de la insurrección violenta. Es cierto que la lucha contra el apartheid asumió con frecuencia la forma de la insurrección armada. No siempre la exigencia de no violencia fue honrada plenamente. El régimen segregacionista rechazaba los principios básicos de la democracia y los derechos humanos y a menudo llevó a sus víctimas a situaciones de desesperación. Sólo en situaciones realmente extremas - vinculadas a la autodefensa - podemos recurrir a la fuerza. Tenemos que pensar que las condiciones de la paz y la justicia deben construirse con medios no violentos, sin duda, a la vez que discernir qué situaciones sociales y políticas son incompatibles con la idea misma de dignidad humana. Está claro que el régimen del apartheid había cruzado un límite moral muy nítido. No obstante, Nelson Mandela intentó conducir el curso de la política contra la discriminación en la dirección de la forja de consensos públicos, aún los más complicados.

Construir una nación grande e inclusiva, abierta a todas las patrias, clases y credos, ese era el sueño de Mandela. Ese era también el sueño de Gandhi y King. Eso entrañaba su opción por la “reconciliación”. Hacer nuestro ese sueño constituye un elemento básico para la afirmación concreta de la cultura de los derechos humanos.  

martes, 3 de diciembre de 2013

NOVALIS Y LA RETIRADA DEL PRESENTE






Gonzalo Gamio Gehri


“¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?
Los amados descansan hace tiempo.
En su tumba termina nuestra vida;
miedo y dolor invaden nuestra alma.
Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo”.

La cita indica un nuevo interludio de meditación literaria. Nuevamente son los Himnos a la noche de Novalis.  Siempre me ha impresionado el enorme impacto de la nostalgia en el romanticismo alemán; definitivamente su temple de ánimo constitutivo. Siempre vuelvo sobre esta idea, que he rastreado desde mis primeros años en el estudio de los autores de ese complejo proyecto espiritual. La retirada del presente, la progresiva desaparición del re-cuerdo de las vivencias del pasado. Sophie se ha ido – ha muerto – y Novalis contempla su tumba con profundo dolor. “En su tumba termina nuestra vida; miedo y dolor invaden nuestra alma”.

Novalis está explorando una experiencia básica de la condición humana, la vivencia de la temporalidad como la anulación del instante, la conversión inexorable del presente en pasado. El instante se convierte en sombra. Los propios recuerdos se van desdibujando. Los intentos por retener de manera fidedigna esa memoria del pasado están condenados al fracaso. La finitud es el elemento fundamental de la vida humana. En Novalis este sentimiento lo lleva a afrontar una situación de radicalmente extrañamiento frente al mundo circundante. Lo dice con  reveladora claridad: “–harto está el corazón–, vacío el mundo”. Siente que no tiene nada que buscar.

Novalis descubre su propio lenguaje a partir de esta dura experiencia. Los Himnos y el Enrique de Ofterdingen  dan testimonio del surgimiento de este lenguaje. Ese lenguaje constituye el mapa que orienta el alma que anhela el nóstos. Sin embargo, la patria no es un lugar – como en Homero -, es el sentimiento de plenitud perdida. 

martes, 26 de noviembre de 2013

LA DEBILIDAD DE LA POLÍTICA







Gonzalo Gamio Gehri

Ayer tuvo lugar en la capital un proceso electoral extraño y percibido como innecesario. Un proceso generado y precipitado por los operadores de una amplia campaña de revocación y por la obsesión de Castañeda Lossio por volver al sillón municipal antes de tiempo. Preocupa la deserción de tantos votantes, así como la renuencia – con elementos de irritación y de abierta hostilidad – de muchos ciudadanos a convertirse en miembros de mesa ante el manifiesto abandono del puesto por parte de las personas seleccionadas. En algunos casos, sólo la presencia de un fiscal o de un policía lograba persuadir a los votantes a convertirse en Presidente o miembro de mesa.

Este es un grave síntoma de rechazo ante el compromiso ciudadano – no es simple caso coyuntural escepticismo político -, pero hay más. Revela una profunda incredulidad frente a la corrección y la utilidad de los procedimientos democráticos. Si a esto sumamos una particular tibieza y proclividad ante la posibilidad de suscribir posiciones autoritarias – una actitud presente en una buena parte de nuestra población –, el panorama se torna sumamente complicado. Tenemos a un ex presidente condenado por crímenes de corrupción y violaciones de derechos humanos, y a dos ex mandatarios investigados por supuesto enriquecimiento ilícito y malos manejos en torno a la política de indultos. A muchos de sus seguidores la situación de sus líderes no los conmueve ni perturba; muchos compatriotas consideran que las prácticas corruptas son parte del quehacer político, o pueden ser disculpadas discretamente a cambio de cierta eficacia gubernamental en materia económica o de seguridad. Que exista alguna suerte de “racionalidad” – un concepto unilateral, concebido en términos del escueto cálculo costo / beneficio – detrás de estos fenómenos no resuelve el problema.  Nunca han faltado quienes sugieran que la servidumbre voluntaria constituye un  extraño “bien”.

Actualmente las fuerzas políticas se acusan recíprocamente de acoger operarios de Vladimiro Montesinos en sus filas. Parece claro que tanto el APRA, Fuerza Popular como Gana Perú manifiestan alguna forma de influencia del entorno de Montesinos, si tomamos en cuenta las evidencias y los indicios disponibles. Constituye una absoluta expresión de descaro que el fujimorismo – en la persona del propio Alberto Fujimori y en la de su hija y sucesora en el timón de su agrupación - denuncie la presencia del montesinismo en el oficialismo, si fue precisamente el régimen de Fujimori el que ungió de un poder casi ilimitado a su asesor y gobernó con él a lo largo de una década completa. Es impresionante la condescendencia - o, acaso,  la complicidad - de la prensa conservadora frente al estridente cinismo de los fujimoristas en esta materia. La percepción de la existencia de una compleja red de corrupción en prácticamente todos los espacios de la política nacional desmoraliza severamente a los ciudadanos, quienes a menudo sienten que los circuitos de corrupción e impunidad son inevitables en el sistema político y asumen una actitud de funesta tolerancia frente a sus prácticas y manifestaciones. Esta actitud robustece a su vez la disposición de muchos políticos a servirse del poder para obtener ilegalmente beneficios. El descrédito de la acción política afianza un sentimiento de impotencia cívica que sólo favorece a quienes están interesados en que las cosas continúen como están. La política como tal se debilita, y esta situación sólo alimenta la concentración del poder por parte de quienes - desde el Estado o desde los partidos - hacen uso de él sin vigilancia ni controles institucionales realmente eficaces.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL INFORME ACLARA LAS COSAS. LAS MENTIRAS DEL CHAVISMO (IDEELE)








UNA BREVE NOTA INTRODUCTORIA

Gonzalo Gamio Gehri


La Revista Ideele en su último número se ha encargado de citar algunos pasajes del Informe Final de la CVR que desmientes las ofensivas expresiones de Martha Chávez, dirigidas contra la investigación y contra la propia Comisión de la Verdad y Reconciliación,  que sólo revelan que desconoce el documento. Aquí dejo el enlace para quienes quieran revisar el texto. Que el lector saque sus conclusiones. Necesitamos un debate más riguroso sobre la memoria en el Congreso de la República y otros foros políticos.

Ideele y Argumentos - en una perspectiva más académica y cívica - están promoviendo una discusión más detenida del Informe, iniciativa que constituye un significativo avance en la materia. Comentaré esta discusión,  más estricta, en torno al carácter de los trabajos sobre justicia transicional peruana  en una futura entrada de este blog.

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL CONGRESO, MARTHA CHÁVEZ Y LOS DERECHOS HUMANOS





Gonzalo Gamio Gehri

El problema se inició el último Halloween y terminó abruptamente hace unos pocos días. Martha Chávez fue, por un tiempo fugaz, la coordinadora del grupo de trabajo parlamentario de derechos humanos, entidad encargada de evaluar y dar seguimiento a las conclusiones y recomendaciones planteadas por la CVR. Nadie objetaba que la congresista mencionada esté habilitada formalmente para acceder a ese puesto, lo que se cuestionaba es la pertinencia de la designación. Difícil concebir a una persona menos idónea que Martha Chávez para desempeñar con esmero tales funciones.

No se trata esta vez de defender el Informe Final – el documento se defiende bien, ya resulta un problema crónico que los políticos sigan criticándolo sin haberlo mirado -  sino de una simple revisión de las declaraciones y el comportamiento de la parlamentaria en torno al tema de los derechos humanos. La técnica reiterada de descalificar a las víctimas – o estigmatizarlas -, amenazar con denunciar a los denunciantes, tratar como terroristas a los activistas de derechos humanos, sugerir auto-torturas, apoyar medidas de impunidad y de amnesia legal y política, etc., tan característica del discurso de los exponentes más fundamentalistas del fujimorato, encontró en ella una ejecutora implacable.

Creo que es justo pensar que esa clase de trayectoria y conducta política no alientan ni la investigación ni la acción en materia de derechos humanos. No me preocupa si este cargo lo ostenta un conservador o un liberal o un socialista – los derechos humanos son (o deben ser) parte del ideario de cualquier organización política sensata -, pero creo que la designación debió recaer en alguien que no hubiera participado del funesto cinismo político que definió la conducta del gobierno de Fujimori en este aspecto central de la vida en común.

 Lo que sorprende es la hipocresía de los parlamentarios que inicialmente apoyaron su candidatura, votaron por Martha Chávez y luego – ante la preocupación de parte de la opinión pública -, se esforzaron por desactivar el grupo de trabajo. Estaba claro que elegir a Chávez implicaba una afrenta – y un desafío – a quienes valoran las políticas de derechos humanos. El grupo de trabajo ya fue disuelto, pero el incidente revela un hecho político, la poca o ninguna importancia que nuestra autodenominada “clase política” le asigna a los derechos humanos. Ella bloquea las políticas de justicia transicional, pero ni siquiera se esfuerza por construir una “memoria alternativa” que debata conceptual y políticamente con la memoria que pretende recusar.

“Si uno considera el sentido de la injusticia tal como Rousseau, como algo innato y naturalmente proporcionado, entonces debe, al menos en principio, dar crédito a la voz de la víctima más que a la del funcionario, a la del acusado de haber causado daño o a la de los ciudadanos que se evaden de su deber”. Más allá de las sutilezas antropológicas y ontológico - morales, estas expresiones de Judith Shklar ponen de manifiesto la importancia de escuchar y contrastar la voz de las víctimas en la construcción de la respuesta democrática frente al problema de la injusticia. Lo mínimo que debemos esperar de quienes prometen dedicarse a la defensa de los derechos humanos es que le otorguen un lugar fundamental al testimonio de las víctimas y a sus legítimas exigencias éticas y legales en materia de memoria y reparación.



lunes, 11 de noviembre de 2013

CUESTIONES DE ÉTICA CÍVICA Y ÉTICA PÚBLICA (ESQUEMA)





Gonzalo Gamio Gehri

I.- ÉTICA PÚBLICA.

1.- Espacio público y espacio privado.
2.- Justicia y vida buena.
3.- La razón pública.
4.- Discutir lo público. Estado y sociedad civil.

II.- ÉTICA CÍVICA.

1.- Dos conceptos de ciudadanía.
2.- Concepto liberal.
3.- Concepto clásico.
4.- Los temores de Tocqueville.

III.- CIUDADANÍA E INJUSTICIA

1.- Injusticia y fatalidad.
2.- Dos formas de injusticia
3.- Ciudadanía e injusticia pasiva.
4.- Ciudadanía e identidades políticas. Participación y pluralidad de visiones éticas.



jueves, 31 de octubre de 2013

EVENTO UARM: VERDAD Y RECONCILIACIÓN. DIEZ AÑOS DEL INFORME DE LA CVR






JORNADAS ÉTICAS 2013

VERDAD Y RECONCILIACIÓN. DIEZ AÑOS DEL INFORME DE LA CVR


4 -5 noviembre 2013 7-9 p.m.


Auditorio Vicente Santuc UARM.


“Verdad” y “Reconciliación” constituyen categorías fundamentales para los procesos de justicia transicional, aquellos en los que, una vez recuperada la paz o la democracia, una sociedad decide esclarecer públicamente una etapa histórica de violencia interna o de interrupción del régimen constitucional. Se propone hacer memoria acerca de la tragedia vivida, asignar responsabilidades y establecer garantías de no repetición. “Verdad” y “Reconciliación” son conceptos que poseen una enorme riqueza filosófica y teológica, fuerza semántica que se pone al servicio de la reflexión ética tanto como pone de manifiesto los desafíos planteados desde las políticas democráticas y la cultura de los derechos humanos.  En el marco de los diez años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, la UARM dedica las Jornadas Éticas de este año a la discusión filosófica y ciudadana en torno a estos conceptos centrales para el pensamiento y la práctica de los derechos humanos en el Perú y en el mundo.

LUNES 4 DE NOVIEMBRE

TEMA: VERDAD Y RECONCILIACIÓN: REFLEXIONES DESDE LA FILOSOFÍA PRÁCTICA.

Dr. Salomón Lerner Febres (Ex Presidente de la CVR / Rector emérito de la PUCP).

Comentario:
Dr. Juan Carlos Morante  (Rector de la UARM).


MARTES 5 DE NOVIEMBRE

TEMA: VERDAD Y RECONCILIACIÓN: APROXIMACIONES DESDE LA TEOLOGÍA SOCIAL.

R.P. Gastón Garatea  SSCC (Ex Comisionado de la CVR).

Comentario:
Dra Birgit Weiler (Profesora de la UARM)..