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sábado, 6 de mayo de 2017

LA MUERTE DE SIGFRIDO







Gonzalo Gamio Gehri


Es preciso continuar la narración de la historia de Sigfrido allí donde la había dejado hace un tiempo. Pasaron años desde que un invisible Sigfrido había ayudado al rey Gunther a lograr la mano de la valkiria Brunilda. Esta gesta había generado a su vez que Sigfrido conociese a la bella Crimilda – hermana de Gunther -, a la que dedicó un amor tan invulnerable y poderoso como la piel revestida con la sangre mágica del dragón. Luego de un tiempo apacible en su patria, Sigfrido y Crimilda volvieron a Worms. Un destino sombrío fue abriéndose paso en su vida.

Brunilda se había convertido en una reina intransigente y furibunda, y no tardó en tener desavenencias con la propia Crimilda. En una de estas terribles discusiones, Crimilda le revela que fue Sigfrido – y no Gunther – quien realmente venció a Brunilda en las pruebas de Islandia. El frío corazón de la valkiria se tiñó de sangre y pidió a los suyos la cabeza de Sigfrido. Con la anuencia de Gunther, fue su tío Hagen de Tronje quien se ofreció a asesinar a Sigfrido. Organizaron una cacería en el bosque para cometer este crimen. El obvio problema era que el héroe, al vencer al dragón, se había bañado en su sangre y se había vuelto invulnerable. Sin embargo, recordaban que Sigfrido había dejado un punto sin que la sangre de Fafnir lo tocase. Con engaños, Hagen consiguió que su sobrina Crimilda le revelase el lugar de aquel punto, y que incluso bordase en la casaca de Sigfrido una pequeña cruz en ese lugar.

Aquella mañana Crimilda se despidió de Sigfrido con un mal sentimiento, con mucho temor. Encomendó a Sigfrido a los cuidados de su hermano y de su tío. La última sonrisa de la pequeña  Crimilda jamás se borró de la mente de Sigfrido en aquel día fatídico. El resto del día el héroe y los burgundios se dedicaron a cazar jabalíes. Al atardecer, Hagen se propuso cumplir con la orden de los reyes. Una vez que Sigfrido bajó del caballo para divisar a su presa, Hagen supo que era el momento. A esa corta distancia, la cruz que se elevaba en la espalda del héroe, entre los omóplatos, era un blanco fácil. Allí arrojó su lanza.

Sigfrido sintió que la vida se le escapaba por la herida causada por el golpe traicionero de Hagen. Se dio cuenta que esta era su hora final. Muchos pensamientos cruzaron su mente. Pensó en su batalla con Fafnir, en la tibia sangre del dragón, y en toda la gloria de ese día. Pensó en los brillantes ojos negros de Crimilda y en el profundo amor que le profesaba; hubiera querido conocer todas las etapas de su vida. Pensó en todas las hazañas que le quedaban por realizar. En su reino y su legado. Hizo el intento de volver a empuñar la reluciente espada, presentar batalla. Quiso ponerse en pie, pero era tarde ya. 

El manto de la más espesa noche cubrió Worms, y el canto de los negros cuervos lamentó por doquier la muerte de Sigfrido. Los habitantes de la región dicen que todavía pueden escucharse esos terribles graznidos en aquel lugar.





domingo, 11 de septiembre de 2016

HENRIK NORDBRANDT SOBRE LA AUSENCIA: EL POEMA "HABLO DE TÍ".






Gonzalo Gamio Gehri

La poesía revela ante nosotros el sentido extraordinario de la existencia en las situaciones y sentimientos más cotidianos. El amor, el miedo, el trabajo, la visión de un puerto, el retorno a un viejo restaurante pueden manifestar una nueva luz desde la cual mirar con más cuidado cómo se vertebra la vida. Henrik Nordbrandt es un sutil poeta danés que crea en este registro. En Hablo de ti evoca el sentimiento amoroso por la amada ausente – recordada en el tiempo, o alejada del autor, o quizá protagonista de una dolorosa decepción -, con versos sencillos y sentidos muestra la pena que le produce evocarla.


 "Hablo de ti
y me es difícil hacerlo. 
Así es que hablo de que hablo de ti.”

Nordbrandt dice con singular fuerza que habla de la amada en todo momento, incluso cuando describe el  estado del clima, el reflejo de las estrellas en las ventanas, la caída del rocío  o la violencia de una tormenta.

“cuando hablo del otoño, de telarañas tan delicadas 
como perdidas en los surcos por novias olvidadizas 
de las pesadas gotas del rocío bajo el tardío sol vespertino 

y más tarde de las largas sombras sobre la explanada 
de la tormenta que sacude las copas de los tilos 
ya antes de que yo empiece a hablar de las estrellas 

y del resplandor de las estrellas en los cristales rajados de la casa 
que tintinean cuando ataca la helada de la noche 
y todos los sonidos devienen penetrantes,”

La omnipresencia del amor y el dolor de la pérdida agobian al que así escribe. Cada uno de los detalles de la vida está impregnado por esta emoción o la expresa de un modo que el poeta no siempre puede advertir como debiera. Da la impresión de que no puede evitar escribir, sacar a través de sus versos lo que se asoma en su alma.

“cuando hablo de todo esto, de todo esto que habla de ti 
y de lo que es tan difícil hablar. 

Así hablo de ti".











domingo, 1 de mayo de 2016

BENEDETTI SOBRE HUELLA Y NOSTALGIA






Gonzalo Gamio Gehri



Difícilmente podríamos referirnos a la impronta de la novaliana poética de la nostalgia en esta zona del continente sin evocar a Benedetti, la calidez de su pluma, el modo vivencial de retratar la ausencia de la persona amada o de la plenitud de la existencia. Como en el poema de Borges que comentábamos en la reflexión anterior, Benedetti prefiere hablar en primera persona, usar un lenguaje directo que evoca la pérdida. El siguiente fragmento es de Espero:


“Te espero cuando la noche se haga día, 
suspiros de esperanzas ya perdidas. 
No creo que vengas, lo sé, 
sé que no vendrás”.
 

En otros poemas el tratamiento de la ausencia se hace considerablemente más reflexivo. En Ausencia de Dios el autor examina la hipótesis de la pérdida del amor. Con sencillez, una vez más, Benedetti explora el enorme vacío dejado, la huella de la ausencia, la tarea ilimitada – imposible - de rehacer la propia alma.

“Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote
”.

Los últimos versos recuerdan el tema central de Anhelo de la muerte de Novalis. Sobrevivir a la plenitud perdida no es sobrevivir. Los versos suenan como frases póstumas, sostenidas por la retención de un tiempo que al poeta se le escurre entre los dedos. La huella del amor ausente – afirma -  es lo que sostiene el alma. Las sutiles palabras que siguen han sido extraídas de Espero:

“Mi aire se acaba como agua en el desierto. 
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro. 
Mi esperanza de vivir eres tu, 
y no estoy allí”. 

Poderosos versos. Qué duda cabe..sencillos pero tristes. 








miércoles, 11 de marzo de 2015

BUENA MUERTE



Gonzalo Gamio Gehri

Conocido es el pasaje homérico en el que Aquiles  - temeroso de morir arrastrado un río – clama a los cielos lamentándose porque esa muerte miserable no le correspondía como su destino. Efectivamente, en Iliada XXI, Homero cuenta cómo Aquiles, que ha vuelto a la batalla y siembra el terror entre los teucros, está en peligro de perecer en medio del feroz oleaje del río, removido por la sangre de los cadáveres.

Entonces el guerrero se dirigió al Padre de todos:

“¡Zeus Padre! ¡Pensar que ningún dios se ha comprometido a salvar del río a este infeliz! ¡Aunque luego sufra lo que sea! Mas ningún descendiente de Urano es a mi juicio tan culpable como mi madre, que me ha hechizado con sus mentiras, al asegurarme que bajo la muralla de los aguerridos  troyanos perecería por los agudos dardos de Apolo”[1].

Terrible y vacía muerte la de verse doblegado por el río. Frente a ella, buena muerte sería caer abatido por Héctor, el mejor de los troyanos. Pero acabar con sus días en estas aguas sería la muerte propia “del hijo de un porquerizo” imprudente, a juicio del fiero Aquiles…sabe, empero, que sólo el dios solar puede arrebatarle la vida. Esa es su móira, la parte que le toca de acuerdo con sus acciones. Pronto, Atenea y Poseidón – invocados por Zeus, le prestarán ayuda. Aquiles deberá aguardar aún más la flecha de Loxias.

Es que el pélida tiene derecho a afrontar su propio destino, y lo sabe. Lo encontrará en el campo de batalla, no en las aguas del Escamandro.  Zeus ha acogido sus palabras.






[1] Iliada 273-9.

miércoles, 7 de enero de 2015

BREVES REFLEXIONES SOBRE UN PASAJE DE “MACBETH”

glamis-castle


Gonzalo Gamio Gehri

“¡Pobre patria!
Casi siente temor cuando se reconoce. No se puede llamarle
madre sino nuestra tumba, donde nadie sonríe excepto quienes nada saben; donde
suspiros y lamentos y gemidos que desgarran el aire surgen sin que lo advierta
nadie, donde el dolor violento parece un éxtasis común. Suenan tañidos por un
hombre muerto y no pregunta nadie por quién es, y la vida de los hombres
honorables se extingue antes que las flores en sus caperuzas y mueren antes de
enfermar”[1].

Probablemente este sea uno de los pasajes más duros de la historia de la literatura en cuanto al diagnóstico de una crisis moral y política. Revela efectivamente un enorme escepticismo político. Se trata de una reflexión inscrita en el renacimiento inglés, pero que históricamente alude a una situación generada en el siglo XI en la Escocia medieval -, pero que sin duda va más allá de estos contextos puntuales. Implica un juicio sobre la quiebra de la legalidad en las sociedades, e incluso sobre la labilidad como un elemento crucial de la condición humana. Nos habla del tipo de injusticias que los seres humanos pueden perpetrar sino existen normas, procedimientos e instituciones que puedan prevenir o impedir tales acciones.

Esta idea es recurrente en Shakespeare. No olvidemos sus alusiones a la “podredumbre” presente en el reino de los daneses en Hamlet, o sus juicios sobre la concentración del poder en Ricardo II, sólo por citar un par de casos. El tema de la crisis política se hace aún más presente en sus dramas romanos, en los que la agonía del sentido republicano es un tópico fundamental. Piénsese en la preocupación que manifiesta Julio César al constatar que Casio le dedica tantas horas a la lectura, y está tan lejos de la complacencia palaciega. Casio piensa demasiado, y eso lo convierte en un personaje peligroso.

El pasaje de Macbeth alude a una sociedad en la que se ha perdido el marco legal  y el régimen libre, una sociedad en la que sus miembros no parecen interesados – en principio, o al principio – en revertir esa situación de tiranía. La patria (la morada original, en la que la vida habría de prosperar) se ha convertido en la “tumba” de los espíritus libres. No puede despertar un sentimiento de comunidad, ni siquiera una vocación de transformación entre la mayoría de los habitantes, como si la corrupción estuviese minándolos por dentro . Finalmente, los rebeldes escoceses – liderados por Malcom y Macduff y por Seward, el general de sus aliados ingleses de Northumberland – deponen al usurpador y se restablece el poder legítimo, pero Shakespeare parece advertir que poco es lo que podemos esperar de los seres humanos cuando el ejercicio del poder no cuenta con límites estrictos. Se requiere además de una paidéia que impulse a las personas a establecer esos límites y a prevenir su trasgresión. La libertad no se logra ni se preserva sin esfuerzo y convicción.

Evoco estas líneas de este extraordinario drama pensando en el sentido de desesperanza que impera en nuestro país. La presuposición de que la corrupción prospera por doquier y ha comprometido hasta el tuétano a nuestra “clase dirigente”, las “élites” que algunos alaban con tanto fervor. Los grandes grupos de poder  empresarial, mediático y otros sectores de poder jerárquico tienen una agenda bastante conocida. Creo, no obstante, que no hemos alcanzado el punto crítico descrito aquí, a pesar de la gravedad de la hora presente. La percepción de la omnipresencia del delito beneficia a aquellas organizaciones políticas asociadas con la corrupción y las violaciones de libertades y derechos. Parafraseando a Judith N. Shklar, estamos hablando de injusticias y no de infortunios o fatalidades. Como iremos discutiendo en los textos que publicaremos en breve, se trata de una crisis que puede revertirse, entre otras cosas, a través de la acción cívica.   

Imagen extraída de aquí. 


[1] Macbeth Acto IV, escena tercera.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

DE BLOG A LIBRO





Gonzalo Gamio Gehri

Hace pocos días presenté el libro de mi gran amigo Alfredo Rusca Busco novia, por Rusca. Originalmente era un blog heredado, que no tenía el ángulo más existencial – “idílico” que la versión que Rusca ha planteado, una mayor profundidad en la reflexión sobre el curso de la vida interior y la complejidad de la búsqueda de su propia identidad individual.  Regresando de Alemania, de un desencuentro amoroso, el protagonista viaja por Europa y Canadá – con intervalos largos en el Perú – conociendo diferentes personas, enfrentando diversas situaciones asociadas con la tarea de buscar pareja, pero que lo llevan a encontrarse a sí mismo. Tres años después de terminado el blog (y cumplido su cometido) ha convertido ese espacio en un libro.

Se trata de su segundo libro; el primero, Polianna, es una reflexión sobre la ausencia, el amor y el esfuerzo por trascender esas pequeñas muertes que la vida genera en uno de manera casi forzosa. Es un libro más personal que el que presentamos hace unos días. No obstante, no debe pensarse que este blog / libro es una crónica frívola. En absoluto. Es posible que el formato lo sugiera así, pero lo que examina el libro es una genuina pesquisa personal por un sentido para la vida. Alfredo desarrolla una serie de reflexiones sesudas sobre sí mismo, sus recuerdos, sus ideas sobre la vida. Uno se topa, por ejemplo, con meditaciones sobre cómo los aeropuertos pueden tornarse en lugares para la introspección, en la medida en que se suspenden los vínculos cotidianos y nuestros canales de comunicación acostumbrados.

Se trata de un  libro particularmente autorreflexivo, pese a su temática, supuestamente ligera. Contiene también mucha ironía y cambios de ritmo literario, que incluso dejan un espacio a la visión mística del mundo, que el autor suscribe, así como algunas meditaciones sobre el arte de escribir. Es una lectura que merece la pena, sin el menor asomo de duda. Es, además, un ejemplo de conversión de un espacio virtual a un texto en sentido estricto, sin perder el estilo personal y directo del formato original.


viernes, 18 de abril de 2014

UN VIERNES SANTO SIN GARCÍA MÁRQUEZ



Gonzalo Gamio Gehri

Se ha muerto García Márquez, uno de los escritores que iluminaron mi adolescencia, pero cuya pluma  - a la vez lúcida y cálida - he admirado a lo largo de toda mi vida. Se señala con razón que es el narrador que mejor ha retratado el espíritu de América Latina, con el sabor agridulce que parece caracterizarla, inspirado en vallenatos y en antiguas tradiciones locales, se sostiene que Cien años de soledad es la gran novela en castellano después de El Quijote, y creo que es verdad: nuestro subcontinente se ha convertido, con su complicidad, en una tierra a la vez concreta y mítica, la inmortal Macondo. Yo siempre pensaré que es el novelista nuestro que mejor describe los claroscuros del amor y otras formas de vínculo humano significativo.

García Márquez siempre dejaba la idea que tu patria es el lugar de los afectos. Tu identidad es el espacio donde está tu corazón. Describe el amor con humor y con tristeza, para ajustarse a la complejidad de sus conflictos y de sus circunstancias, El legendario aislamiento de Macondo, que contrasta con la estupefacción ante el descubrimiento del hielo. La gigantesca soledad del dictador en El otoño del patriarca. El reencuentro con la tierra de Miguel Littín, clandestino en una nación capturada por el pinochetismo. La locura del amor mezclada con el delirio que provoca la rabia en El amor y otros demonios. Finalmente, la conmovedora historia de plenitud y ausencia de Florentino Ariza, quien  tenazmente esperó más de cincuenta años para coronar el amor más grande del mundo, logrando conquistar el corazón de Fermina con la pasión y la ternura de sus cartas. Entre nosotros, no existe un narrador que haya retratado mejor la profundidad de estos misterios que el escritor colombiano.

 Hay muertes que consolidan una vida inmortal. Esta es una de ellas. La obra de García Márquez será un referente permanente a la hora de presentar las complejidades de Hispanoamérica, pero también constituye un referente importante a la hora de adentrarse - con una particular agudeza y ternura -  en los abismos insondables que somos. Un Viernes Santo especial en el que también evocamos la partida de un escritor cálido y clarividente, que supo expresar una dimensión fundamental  de nuestra condición humana.



sábado, 4 de enero de 2014

W. WORDSWORTH: ENTORNO, NOSTALGIA Y EXPRESIÓN








Gonzalo Gamio Gehri


He señalado en varias ocasiones que la Nostalgia constituye el temple de ánimo distintivo del Romanticismo como proyecto cultural y existencial. Al sentido de “pérdida de plenitud” - asociado a la desvinculación espiritual, la salida del Paraíso, el exilio del individuo de la physis o de la ciudad, o la ausencia de la amada – se le suma el “anhelo de unidad” expresado a través de la creación poética, el amor o el movimiento inmanente del espíritu. Una unidad que considera internamente la particularidad y la alteridad. Allí tienen a los filósofos  (Hegel y Schelling) y a los poetas. Me he ocupado  del Fausto de Goethe y de los Himnos a la Noche  de Novalis varias veces - respecto del 'instante'  y su desapareción -, y ahora es el turno de Wordsworth, un contemporáneo de los autores mencionados. Me orienta la idea filosófica / teórico-literaria que el proyecdeto romántico no es solamente una forma de articulación cultural propia de inicios del siglo XIX, sino que se trata de un modo de percibir la vida y el mundo  presente como una fuerza viva en nuestro mundo circundante – intuitivo.

Como Novalis, William Wordsworth evoca la consideración de pérdida de sentido a partir de la muerte de alguien - en ambos creadores, una mujer amada -, aunque los estudiosos no saben a ciencia cierta si Lucy existió o si es una suerte de idealización del amor. Como Sophie en los escritos de un Novalis y Beatrice en el caso de Dante - personajes no sólo literarios -, se trata de una musa ausente que inspira el pensamiento y la creación. La unidad perdida, una unidad basada en el vínculo intersubjetivo y simbólico. Mientras Novalis evoca la unidad a través de la idea poética y metafísica de la Noche, Wordsworth recurre a la visión de lugares naturales, evocando la mirada de aquellos paisajes con los ojos jóvenes, o evocando la mirada de la propia amada. La conexión entre lo humano y el cosmos es manifiesta a la luz de las sentidas palabras del poeta.

“Las nubes flotantes le prestarán su condición;
para ella será el llanto del sauce;
así no dejará de ver,
incluso en los movimientos de la tormenta”.

A través de la Naturaleza el alma ausente presentará sutiles signos de existencia. La cercanía  a la poesía novaliana es sorprendente. Emcontramos en ambos autores un impulso poderoso por superar la muerte a través de una experiencia de infinitud, una vivencia a la vez contemplativa y creadora, Los marca el anhelo desesperado – pero lúcido – de arrancarle una victoria a la muerte y el imperativo de darle una encarnación simbólica a esa disposición.

“Mucho amará a las estrellas de medianoche,
y acercará su oído
muchas veces a un lugar secreto
donde los arroyuelos danzan sus caprichosas rondas
y el hermoso nacimiento del murmullo sonoro
pasará por su rostro”.

El conflicto entre caducidad y anhelo de infinito, sin el engañoso recurso a la abstracción. (en el sentido estructamente romántico de esa expresión).







martes, 3 de diciembre de 2013

NOVALIS Y LA RETIRADA DEL PRESENTE






Gonzalo Gamio Gehri


“¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?
Los amados descansan hace tiempo.
En su tumba termina nuestra vida;
miedo y dolor invaden nuestra alma.
Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo”.

La cita indica un nuevo interludio de meditación literaria. Nuevamente son los Himnos a la noche de Novalis.  Siempre me ha impresionado el enorme impacto de la nostalgia en el romanticismo alemán; definitivamente su temple de ánimo constitutivo. Siempre vuelvo sobre esta idea, que he rastreado desde mis primeros años en el estudio de los autores de ese complejo proyecto espiritual. La retirada del presente, la progresiva desaparición del re-cuerdo de las vivencias del pasado. Sophie se ha ido – ha muerto – y Novalis contempla su tumba con profundo dolor. “En su tumba termina nuestra vida; miedo y dolor invaden nuestra alma”.

Novalis está explorando una experiencia básica de la condición humana, la vivencia de la temporalidad como la anulación del instante, la conversión inexorable del presente en pasado. El instante se convierte en sombra. Los propios recuerdos se van desdibujando. Los intentos por retener de manera fidedigna esa memoria del pasado están condenados al fracaso. La finitud es el elemento fundamental de la vida humana. En Novalis este sentimiento lo lleva a afrontar una situación de radicalmente extrañamiento frente al mundo circundante. Lo dice con  reveladora claridad: “–harto está el corazón–, vacío el mundo”. Siente que no tiene nada que buscar.

Novalis descubre su propio lenguaje a partir de esta dura experiencia. Los Himnos y el Enrique de Ofterdingen  dan testimonio del surgimiento de este lenguaje. Ese lenguaje constituye el mapa que orienta el alma que anhela el nóstos. Sin embargo, la patria no es un lugar – como en Homero -, es el sentimiento de plenitud perdida. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

NOVALIS Y LA NOSTALGIA




Gonzalo Gamio Gehri


Novalis es, no cabe duda, el poeta de la ausencia y de la nostalgia. Sus Himnos a la Noche son el testimonio de la plenitud perdida y de los esfuerzos por recuperarla. La nostalgia aquí posee la forma de la reflexión. La vivencia pasada – la presencia de la Sophie von Kuhn, fallecida tiempo atrás,  en su vida – aparece vivamente, como reflejo, en su mente y en su corazón. El reflejo está presente, y el amor y la pluma del autor lo mantiene vivo, aún como pasado – presente. La añoranza novaliana de la felicidad perdida preserva su intensidad, aún bajo la percepción nítida del tiempo transcurrido que separa la vivencia misma de la conciencia  que la evoca. Los versos le otorgan a esta vivencia un renovado poder, Arrancan esta experiencia de la percepción del mero ayer. El poema Nostalgia de la muerte hacia el final de los Himnos parece incluso evocar la respuesta de lo añorado, que se abre paso desde la imperturbable Noche.  

“De un modo misterioso e infinito,
un dulce escalofrío nos anega,
como si de profundas lejanías
llegara el eco de nuestra tristeza:
¿Será que los amados nos recuerdan
y nos mandan su aliento de añoranza?”

La rememoración se abre al horizonte de la interlocución. Novalis bosqueja esta conjetura como quien abriga una esperanza religiosa. La posibilidad del diálogo con lo añorado es planteada no desde la fuerza de la convicción, es formulada como pregunta. Desde una suerte de fe que se busca como tal. No obstante, Esta sutil meditación de Novalis no atenúa su dolor. Ese “dulce escalofrío” es acaso el “eco de nuestra tristeza”. Tras el eco se anuncia – como un susurro – el recuerdo de la Amada. El poeta quiere el reencuentro con la plenitud, quiere iniciar la katábasis, el descenso al Hades, como Orfeo, o el ascenso al Paraíso, como en Dante Algheri. Iniciar el nóstos, el regreso.  

“Bajemos a encontrar la dulce Amada,
a Jesús, el Amado, descendamos.
No temáis ya: el crepúsculo florece
para todos los que aman, para los afligidos.
Un sueño rompe nuestras ataduras
y nos sumerge en el seno del Padre”.

Se trata de un mismo movimiento hacia la trascendencia. La derrota de la distancia, la conquista de la unidad perdida, la superación del pasado en el presente, vale decir, la actualización del pasado. Como se sugiere en la Divina Comedia, esta victoria final podría suponer la pérdida de la propia vida. Novalis no aspira a lograr una visión mística de la Noche y de su Amada, él quiere adentrarse en el misterio infinito sin posibilidad de regreso. La katábasis puede convertirse en la muerte en estricto sentido.

“Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo”.


En estos conmovedores versos se manifiesta la radicalidad del romanticismo. El anhelo de infinito lleva a Novalis más lejos incluso que el viaje fenomenológico del  Faustode Goethe. Novalis ajusta cuentas con el tiempo para acceder a su principio rector. En la Noche coinciden, según el creador de los Himnos, el fin de la vida y el principio originario de toda Realidad. 

domingo, 19 de mayo de 2013

ESCRIBIR





(UNA NOTA SOBRE LA EXPRESIÓN Y EL INSTANTE)



Gonzalo Gamio Gehri

Para algunas personas escribir es una necesidad vital. Hay académicos que escriben porque una idea ronda su cabeza sin descanso, y la única forma de darle alguna precisión es plasmarla en blanco y negro. Algunos escritores necesitan volver sobre ciertos episodios de su vida – personas, momentos felices o dolorosos, historias inconclusas, ausencias o pérdidas – e intentan revivirlas por escrito. El viejo tópico goethiano de detener el instante, de lidiar con la nostalgia y la extrañeza. Ellos intentan revisitar a esas personas y experiencias significativas ofreciendo una nueva interpretación o tal vez reiniciando el diálogo con ellas escribiendo, aunque se hayan ido, aunque por alguna razón se las haya perdido. Escriben como si fuese el último intento por retenerlas, antes de dejarlas ir. Y, como se sabe, dejar ir lo que se aprecia realmente o se echa poderosamente de menos constituye el acto más difícil de todos ¿Intentarán con esto los escritores tener la última palabra, o indicar con ella el lugar o el movimiento de la retirada de aquel instante que pretenden preservar?

Nuevamente la imagen de Novalis frente a la tumba de su amada Sophie, conmovedoramente retratada por el poeta en los Himnos a la Noche, viene a la mente. La palabra revela los sentidos de las cosas, incluso descubre aquello que se ocultaba en ellas, y permanecía inadvertido. El poeta puede ahora expresar su dolor, aunque el texto no lo agote o lo erradique, lo pone de manifiesto tal como es. Sin la palabra, lo vivido permanecería confuso e inexpresado. La palabra permite al poeta aludido permanecer en la patria – el vínculo con Sophie -, a pesar del desierto existencial que experimenta. La escritura permite preservar el vínculo con aquello que se ama, aunque esté amenazado por la finitud. Novalis era consciente de esa situación, y también Goethe en su Fausto.

Escribir implica pronunciarse acerca de lo vivido. Asumir una posición, ofrecer una lectura que permita clarificar parcialmente las dudas y aplacar en cierto grado el sentido de incertidumbre y confusión que acompañan nuestros conflictos en el nivel de la experiencia, no sólo en el del intelecto. No suele acabar con el desasosiego, pero puede ofrecernos un panorama más amplio acerca de nuestra perspectiva ante circunstancias críticas o situaciones cruciales de la vida. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

LA VÍSPERA






Gonzalo Gamio Gehri


En la víspera de la ceremonia, Ginès de Castelforte, caballero en ciernes, vela las armas que habrá de usar en el campo de batalla. La luz de la luna que llega desde el campanario baña su túnica blanca, mientras él contempla en silencio la empuñadura de la espada que armará su diestra mientras viva. Encomienda su alma al Dios del que le hablaron sus ancestros, y pide que las batallas que libre sólo sean las que la justicia demande. Ni el apetito ni la gloria vana habrán de guiar su ánimo, so pena de mancillar los ideales que le habían llevado a pretender la vida de las armas. Cuando el cielo se tiña de un suave color naranja, el joven debía estar listo para recibir el orden de caballería. La noche oscura le plantea múltiples pensamientos que sacuden su alma.

Los años de servicio como escudero – la etapa previa de quien recibe sus propias armas -, el confuso ruido del combate, los ojos brillantes y los negros cabellos de la dama, los latines de la ceremonia por venir. Los rituales de iniciación son celebraciones de transición. El joven lo sabe, va a afrontar en el alba lo que significa convertirse en caballero. El baño de agua de rosas, la túnica blanca, la noche como un solitario testigo de sus reflexiones. Como una serpiente cambiará de piel. Como un dragòn su cuerpo se revestirà con escamas de acero. Cubrirá su cabeza con un brillante yelmo, la espada se convertirá en una extensión de sí mismo, y en una ineludible compañera en la batalla. Las oraciones del muchacho se traducen en un mar de preguntas y considerable preocupación. Él espera el espaldarazo final, el único golpe que los caballeros no deben devolver jamás. Desde la Iglesia puede ver, asomándose entre la espesa niebla, las almenas de la fortaleza de su padre, y puede imaginar el camino que recorrerá al día siguiente como parte del rito. Aunque puede reconocer cada uno de los pasos del proceso, no puede evitar que un sentimiento de incertidumbre lo invada. Es parte del camino de iniciación, se repite.

Arturo y los suyos buscaron denodadamente el Grial de oro. Sigfrido arrancó el corazón del dragón. Amadís derrotó al feroz Endriago. Absorto por los vaivenes del intelecto y la fuerza de su propia fabulación, el joven guerrero se pregunta por las pruebas que tendrá que enfrentar una vez iniciado. Qué batallas requerirán la fuerza de su brazo y de su ánimo, qué causas convocarán su presencia y su bravo corazón. Sin perder de vista las armas que debe custodiar, no puede evitar ser capturado por esas especulaciones que interrumpen sus plegarias. Mientras tanto, comienza a despuntar el alba. El muchacho contempla el amanecer con emoción y esperanza.




domingo, 10 de febrero de 2013

GOETHE Y LA EXPERIENCIA DE LA NADA





Gonzalo Gamio Gehri


Estos breves apuntes pueden considerarse una continuación de El instante, una nota que resume mis apreciaciones generales sobre el Fausto de Goethe. Ahora quiero desarrollar una reflexión sobre la experiencia de la negatividad y de la nostalgia en esta obra extraordinaria. Generalmente, los comentaristas ponen énfasis en la desolación del científico y en el pacto que Fausto celebra con Mefistófeles – que, como se recordará, es un ‘espíritu que niega’, en el léxico del propio Goethe -, sin embargo, el pathos que empuja al viejo sabio a firmar el pacto demoníaco y la disposición que explica su actitud vital frente al complejo viaje de autodescubrimiento que emprenderá luego los encontramos en esta conmovedora declaración:

“FAUSTO

Choquemos esos cinco. Si alguna vez digo ante un instante: «¡Deténte, eres tan bello!», puedes atarme con cadenas y con gusto me hundiré. Entonces podrán sonar las campanas a difuntos, que seré libre para servirte. El reloj se habrá parado, las agujas habrán caído y el tiempo habrá terminado para mí.”


Como se sabe, estas líneas constituyen un pasaje que enlaza la primera y la segunda parte del drama. Con estas palabras, Fausto manifiesta su voluntad de cerrar el acuerdo con el espíritu maligno, pero también expresa lo que realmente desea y hace explícito el criterio por el cual considerará satisfecho ese deseo y señalará el momento en que entregue su alma inmortal a Mefistófeles. El científico abandona la theoría en nombre de la experiencia sensorial – por eso requiere de un cuerpo vigoroso que Mefistófeles le brinda, al devolverle la juventud – y se dedica a la búsqueda de nuevas vivencias que lo nutran, pasando de una experiencia a la siguiente.

El instante es aniquilado y deja su lugar al instante que le sigue. Fausto es consciente de la fugacidad de las vivencias y está bastante a gusto con la  multiplicidad de situaciones que le ofrece la vida. No carga con el dolor de la pérdida ni con el sentimiento de vacío que deja la ausencia de lo amado. La nada que experimenta Fausto no es una “nada abstracta” que abarca toda la existencia, sino la “nada determinada” – la negación de esto o de aquello, en el lenguaje del joven Hegel –, la vivencia de la desaparición del instante ante el advenimiento del siguiente. A diferencia de la conciencia natural en la Fenomenología del espíritu (1807), que afronta dolorosamente la experiencia de la negación como un real  ‘camino de desesperación’, Fausto vive con aparente desdén la desaparición del instante.

No obstante, esta suposición es inexacta y requiere de precisiones importantes. La formulación de Fausto en el pasaje citado revela que guarda en su corazón el re-cuerdo de la originaria vulnerabilidad de su existencia, la pérdida de su juventud, la vacuidad de las ciencias que procuró desarrollar, el carácter esquivo del absoluto, todas expresiones de una negatividad profundamente dolorosa. La alusión a la fugacidad del instante revela cuán intensa es para el viejo Fausto la experiencia de la retirada del mismo. Luego del pacto, Fausto afronta un camino de acumulación de vivencias, sin que alguna de ellas domine su ánimo. No tiene una patria a la que regresar, como Ulises. Ni siquiera el amor por Margarita y la posterior fascinación por Helena de Troya – que le llevó al mundo clásico y a negociar con las “Madres del Ser”-  detuvieron su viaje espiritual.  Este viaje está dedicado a enriquecer el horizonte de la subjetividad; a disolver el no-yo en el yo.

Sin embargo, en Fausto encontramos el poderoso anhelo de la plenitud. El acceso a la vivencia de lo intrínsecamente valioso, una vivencia que trasciende la voracidad del yo. Anhela afrontar el instante que le brinde plenitud, un instante que desee – infructuosamente – detener. Es decir,  aspira a vivir aquella experiencia que acabe con el deseo de acumular  experiencias. Una experiencia fundante. Aquella vivencia que acabe con este proceso de negaciones.

Como recordará el lector, esa vivencia es la experiencia del servicio. El viejo científico descubre la alegría y la paz que producen el compromiso con el bienestar de los demás. Fausto consigue arrebatarle tierra al mar, y convertirla en tierra fértil. En la apertura al otro encuentra la posibilidad de vencer la falsa omnipotencia del yo. 

miércoles, 9 de enero de 2013

EN TORNO AL NACIMIENTO DE AFRODITA




  
Gonzalo Gamio Gehri


Desde todo punto de vista, Afrodita es una diosa fundamental en el panteón griego. Su nombre es invocado por los asaeteados por los dardos de Eros, y no olvidemos que ella tuvo una participación decisiva en los acontecimientos que narra Homero en La Iliada. Su origen es tan enigmático como el que se atribuye al propio Eros.

 Su nombre proviene de áphros, “espuma”, precisamente porque una de las historias más sorprendentes alude a que surgió de la espuma del mar. Desembarcó primero en Citera, una pequeña isla. Cuenta la leyenda que su encanto era tal que donde pisaba brotaban flores y plantas, y que por donde caminaba la acompañaban gorriones y palomas. Las hijas de Océano la adornaron para que Afrodita encontrara un lugar para que su culto sea establecido. Pasó por Esparta;  si bien el pueblo lacedemonio le rindió culto de inmediato, ella pensó que quizá esa tierra de feroces guerreros no entendería completamente los asuntos azarosos del eros (cuya poderosa complejidad y profundidad Platón discutirá en El Banquete). Finalmente fijó su hogar en Chipre. Por eso los devotos de Afrodita la llaman  Cipris.

Fascinado por el poder que de Afrodita manaba, Zeus reclamó la paternidad de la diosa. Adujo que él y Dione – la dividinad del roble - eran sus padres, por eso los dos mitos coexisten en el mismo culto, aquel de la diosa que surge de la espuma marina, cuya belleza e inspiración afirma el Orden sobre el Caos - a la manera de Eros -, y el que la señala como hija de Zeus. Incluso no ha faltado quien sugiriera que se trataba de dos manifestaciones de la diosa. Ya en los fines del medioevo, Boticelli  pinta El nacimiento de Venus, que recrea brillantemente el momento en que Afrodita, surgida de las aguas, es vestida y adornada por la Primavera y las oceánidas. El espectáculo del surgimiento de Afrodita sigue conmoviendo el ánimo de los mortales que, perplejos, siguen pronunciando su nombre.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

DÓXA. UNA NOTA SOBRE "LA ILIADA"



Gonzalo Gamio Gehri

Dóxa es “opinión”, pero también “gloria”.  Ella nos remite a la constelación de fines y valoraciones que fue en su día el mundo homérico. Un mundo en el que la valía y la realización humana se ponían de manifiesto en el campo de batalla. La guerra de Troya se nutrió de la sangre de los reyes guerreros en tiempos en los que el mundo occidental era todavía joven. Nuestro mundo, a su vez, se ha nutrido de la memoria de esos héroes.  La concepción agónica de la vida que describe La Iliada  constituye la más antigua y primitiva expresión de ética.
Las diferentes formas de excelencia brotaban del esfuerzo en la lucha. En tiempos de espíritus violentos, en los que la guerra constituía el modo básico de lidiar con la inseguridad y con la escasez de recursos, la victoria (níke) era la forma de mantener viva a la comunidad. No obstante, no siempre la victoria podía ser alcanzada. La superioridad del enemigo, la debilidad de las propias huestes, o el veredicto de los dioses podía acarrear un destino adverso. Pero, con todo, el guerrero podía – incluso ante la certeza de una inminente derrota – aspirar al logro de un preciado bien: la perspectiva de una muerte honorable – muerte de espada - y la conquista del  imborrable recuerdo de los suyos.
Hannah Arendt ha señalado acertadamente que la única inmortalidad a la que pueden acceder los seres humanos es aquella que confiere el recuerdo.  Mientras los guerreros se reúnan alrededor del fuego rememorando mis hazañas, entonces no habré muerto del todo, pensaban los espíritus forjados en la fragua de Homero.  Todos los seres humanos van a morir – la fecha de la propia muerte permanece desconocida, pero cada día falta menos para que el plazo se cumpla inexorablemente -, lo que le otorga sentido a la vida del guerrero es cómo se vive y cómo se muere, más allá del resultado del combate. Morir con la espada en la mano y el corazón encendido, enfrentando al enemigo en el día postrero. La Iliada es un canto a esa forma de vida. Se dice que Aquiles pudo elegir entre vivir una vida larga y próspera – pero anónima -, y llevar una vida corta pero gloriosa. No dudó en abrazar la segunda. Y, qué duda cabe,  logró trascender la propia existencia física.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

NOVALIS: POESÍA E INFINITO






Gonzalo Gamio Gehri

Sabido es que Novalis escribió los Himnos a la Noche después de haber perdido a su novia Sophie von Kuhn. La muerte de la joven había acabado con su alma. La música que escuchaba, las obras que leía o contemplaba lo llevaban con ella, y sólo podía escribir compulsivamente para evocar su recuerdo y traerla al presente. Sumido en la agonía de la ausencia, concentraba su interés en pensar la matriz originaria de todo sentido – la Noche – que podría conectarla nuevamente con ella. En la infinita noche la muerte no era definitiva.

“Tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida
–tú me has hecho hombre–
que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,
que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente
y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas”.

Esta terrible experiencia permite a Novalis hacer de la poesía una reflexión metafísica sobre lo realmente originario. La Noche es más antigua que la luz y todo lo que ella ilumina. Ella es sagrada e inefable, está ella de misterio. La melancolía y el silencio que produce la contemplación de la Noche se convierten en disposiciones fundamentales para el acceso a lo eterno. La luz, en contraste, ilumina el reino de lo finito que conmueve el corazón de la conciencia común. Al poeta, sin embargo, el influjo de la luz ya no lo captura. Busca con pasión la manera de evocar a Sophie con nuevas palabras. La irrupción de la Noche en su atribulada alma configura su camino hacia ella.

“Los días de la Luz están contados;
pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la Noche.
–El Sueño dura eternamente. Sagrado Sueño.–“.
 
En Novalis la nostalgia de la amada adquiere tonalidades místicas. El tono sosegado de sus versos contrasta con la descripción del rol que ella cumple como guía espiritual que revela los misterios que se anuncian con el advenimiento de la Noche. Recuerda a la diosa que recibe a Parménides, precisamente en las mansiones de la Noche, y somete a juicio del iniciado el discurso sobre el Ser. 
 
“Ellos ni barruntan siquiera
que tú,
viniendo de antiguas historias,
sales a nuestro encuentro abriéndonos el Cielo
y trayendo la llave de las moradas de los bienaventurados,
de los silenciosos mensajeros de infinitos misterios”.

Volcarse hacia la Noche es orientar la mirada hacia el misterio originario, hacia el sagrado fundamento de las cosas, allí donde la muerte – tanto en Novalis como en Hegel - es tan solo un momento finito en el circuito de la verdadera infinitud. La poesía aparece como la llave de acceso a lo eterno. Seleccionar las palabras – las palabras correctas – se convierte en la tarea básica de quien intenta recuperar lo perdido de cara a lo infinito.