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viernes, 11 de noviembre de 2016

NOTAS BREVES SOBRE CHARLES BUKOWSKI, LAS SOLEDADES Y LA MUCHEDUMBRE









Gonzalo Gamio Gehri

Esta es una composición impresionante. A solas con todo el mundo, escrito por Charles Bukowski (1920-94), pone de manifiesto con singular dureza – casi con violencia – una suerte de ineludible  carácter solitario de la vida humana. Buscamos en otros el amor y la amistad, sentencia, y tan solo encontramos el mero yo ¿Qué hacer con la desesperanza y la poderosa melancolía?

No hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
Nadie encuentra jamás
a
l otro”.

La falta de fe del poeta en las posibilidades de encuentro humano es implacable. Estamos solos en medio de una muchedumbre humana en la que no nos comunicamos, ya sea porque dejamos que impere el silencio entre nosotros o porque no ponemos nuestra mente y nuestro corazón en la comunicación. La nada lo invade todo. Las palabras de Bukowski son inapelables..

“Los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan

nada más
se llena”.


domingo, 11 de septiembre de 2016

HENRIK NORDBRANDT SOBRE LA AUSENCIA: EL POEMA "HABLO DE TÍ".






Gonzalo Gamio Gehri

La poesía revela ante nosotros el sentido extraordinario de la existencia en las situaciones y sentimientos más cotidianos. El amor, el miedo, el trabajo, la visión de un puerto, el retorno a un viejo restaurante pueden manifestar una nueva luz desde la cual mirar con más cuidado cómo se vertebra la vida. Henrik Nordbrandt es un sutil poeta danés que crea en este registro. En Hablo de ti evoca el sentimiento amoroso por la amada ausente – recordada en el tiempo, o alejada del autor, o quizá protagonista de una dolorosa decepción -, con versos sencillos y sentidos muestra la pena que le produce evocarla.


 "Hablo de ti
y me es difícil hacerlo. 
Así es que hablo de que hablo de ti.”

Nordbrandt dice con singular fuerza que habla de la amada en todo momento, incluso cuando describe el  estado del clima, el reflejo de las estrellas en las ventanas, la caída del rocío  o la violencia de una tormenta.

“cuando hablo del otoño, de telarañas tan delicadas 
como perdidas en los surcos por novias olvidadizas 
de las pesadas gotas del rocío bajo el tardío sol vespertino 

y más tarde de las largas sombras sobre la explanada 
de la tormenta que sacude las copas de los tilos 
ya antes de que yo empiece a hablar de las estrellas 

y del resplandor de las estrellas en los cristales rajados de la casa 
que tintinean cuando ataca la helada de la noche 
y todos los sonidos devienen penetrantes,”

La omnipresencia del amor y el dolor de la pérdida agobian al que así escribe. Cada uno de los detalles de la vida está impregnado por esta emoción o la expresa de un modo que el poeta no siempre puede advertir como debiera. Da la impresión de que no puede evitar escribir, sacar a través de sus versos lo que se asoma en su alma.

“cuando hablo de todo esto, de todo esto que habla de ti 
y de lo que es tan difícil hablar. 

Así hablo de ti".











jueves, 30 de junio de 2016

EL VERSO Y EL ALMA







Gonzalo Gamio Gehri

A veces, escribir poesía es una necesidad humana vital; de cuando en cuando los poetas claman al cielo y proclaman que la expresión es como la satisfacción de la sed. Las palabras se agolpan en el pecho, pugnando por salir, atropelladas. Enrique de Ofterdingen es el desarrollo de la búsqueda del poeta de su propia poesía, el acceso al vocabulario que hará resonar las cosas – el universo, el amor, la pérdida – de manera radicalmente nueva. En circunstancias de agudo trance, necesitamos imágenes que retraten reveladoramente lo que afrontamos. Neruda expresa sus heridas – la ausencia de la amada – al lado de la necesidad de un verso que ponga bajo la luz las palpitaciones de su sufrimiento:


“Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío”.


Es el recordado Poema 20 . La caída del rocío es ineludible, inevitable, tanto como el alma reclama para sí el verso que desvele su sentir. La poesía cae sobre el alma y al revelarse transparenta cada una de sus fibras, no deja nada oculto en sus profundidades oscuras. Las palabras genuinas nos acercan a lo que de veras amamos. Muestran quiénes somos en realidad, hacen explícita la dirección de nuestras vidas. En Enrique de Ofterdingen Novalis sugiere que el poeta ingresa en su interior en pos de creación como los mineros se adentran en las entrañas de la tierra en busca de oro y piedras preciosas. La imagen novaliana es genial. Los versos son extraños productos humanos que des-cubren el alma, sus pensamientos, y también sus emociones más recónditas y poderosas. Sus expresiones nos permiten contemplar las cosas como si las miráramos por primera vez.








lunes, 27 de junio de 2016

NERUDA: SONETO LXV Y SENTIDO DE NOSTALGIA







Gonzalo Gamio Gehri

Neruda es un escritor extraordinario. El sentido de la ausencia lo percibe y lo transmite en palabras como nadie antes que él. Sus imágenes cotidianas retratan con simplicidad y lucidez la nostalgia y el dolor de la pérdida, episódica o permanente. Dos formas de dolor que el poeta distingue pero - que  a su vez - padece.

No estés lejos de mí un solo día, porque cómo, 
porque, no sé decirlo, es largo el día, 
y te estaré esperando como en las estaciones 
cuando en alguna parte se durmieron los trenes”. 

”Es largo el día” podría ser una metáfora de la vida entera.

Podría ser una espera infinita, desgarradora, como la de las suplicantes que aguardan a Atenea. O es quizá el plazo que parece no cumplirse el que se percibe como eterno. Como la del muchacho que vela las armas a la espera del Alba.

“Ay que no se quebrante tu silueta en la arena, 

ay que no vuelen tus párpados en la ausencia: 

no te vayas por un minuto, bienamada, 



porque en ese minuto te habrás ido tan lejos 

que yo cruzaré toda la tierra preguntando 

si volverás o si me dejarás muriendo”.

El poeta hace que el amor sea como una experiencia de lo divino, en la que los periodos de ausencia producen verdadera agonía. “Que yo cruzaré toda la tierra preguntando si volverás o si me dejarás muriendo”, es un verso de veras intenso. Inclusive recuerda a esos caballeros de los mitos corteses que alguna vez atravesaron bosques y enfrentaron al enemigo en nombre de la amada. 





domingo, 1 de mayo de 2016

BENEDETTI SOBRE HUELLA Y NOSTALGIA






Gonzalo Gamio Gehri



Difícilmente podríamos referirnos a la impronta de la novaliana poética de la nostalgia en esta zona del continente sin evocar a Benedetti, la calidez de su pluma, el modo vivencial de retratar la ausencia de la persona amada o de la plenitud de la existencia. Como en el poema de Borges que comentábamos en la reflexión anterior, Benedetti prefiere hablar en primera persona, usar un lenguaje directo que evoca la pérdida. El siguiente fragmento es de Espero:


“Te espero cuando la noche se haga día, 
suspiros de esperanzas ya perdidas. 
No creo que vengas, lo sé, 
sé que no vendrás”.
 

En otros poemas el tratamiento de la ausencia se hace considerablemente más reflexivo. En Ausencia de Dios el autor examina la hipótesis de la pérdida del amor. Con sencillez, una vez más, Benedetti explora el enorme vacío dejado, la huella de la ausencia, la tarea ilimitada – imposible - de rehacer la propia alma.

“Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote
”.

Los últimos versos recuerdan el tema central de Anhelo de la muerte de Novalis. Sobrevivir a la plenitud perdida no es sobrevivir. Los versos suenan como frases póstumas, sostenidas por la retención de un tiempo que al poeta se le escurre entre los dedos. La huella del amor ausente – afirma -  es lo que sostiene el alma. Las sutiles palabras que siguen han sido extraídas de Espero:

“Mi aire se acaba como agua en el desierto. 
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro. 
Mi esperanza de vivir eres tu, 
y no estoy allí”. 

Poderosos versos. Qué duda cabe..sencillos pero tristes. 








viernes, 22 de abril de 2016

BORGES Y LA AUSENCIA





Gonzalo Gamio Gehri


Hemos discutido aquí el legado de grandes poetas en torno a la nostalgia: Goethe, Novalis, Wordsworth. Hace poco, me encontré con un extraordinario poema de Borges, que no conocía, Ausencia, y que, con sencillez recoge el carácter de la nostalgia. Es un poema de amor perdido, que evoca con dolor la ausencia del amor.

Habré de levantar la vasta vida
aún ahora es tu espejo:
que cada mañana habré de reconstruirla”. 

Es el sentimiento de la pérdida en el día a día, la ausencia de la amada en las horas y en los días, la pérdida de sentido que eso ocasiona, la pérdida del mundo, quizás.  Cuando uno ha leído a Borges uno espera encontrarse con un autor que cuenta historias con extrema sutileza y erudición, no con alguien que permite ver su alma destrozada en un poema tan transparente como éste. Los lugares transitados en tardes tibias, las calles se convierten en caminos impersonales sin brillo. La música que escuchaban juntos se ha tornado en una mera huella que debe ser ignorada para que el autor pueda seguir adelante, o pueda pretender hacerlo.

“Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos”.


El último párrafo es de un particular quebranto. La ausencia se convierte para Borges en un horizonte que lo abarca todo, del cual no es posible – ni pensable – escapar. Aquí uno encuentra un cierto eco de Novalis. La alusión al mar y al sol sin ocaso son interesantes y notables. Un sol que brilla y quema sin pausa ni cuartel.

“¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde”.



domingo, 1 de febrero de 2015

SOBRE "EL PAÍS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS" (PAUL AUSTER): VOLVER SOBRE LOS PROPIOS PASOS








Gonzalo Gamio Gehri

Hemos discutido en más de una ocasión la aguda descripción que se ha hecho de la nostalgia desde la literatura. Dante, Goethe, Novalis, Wordsworth y Sábato han sido nuestros héroes. Todos ellos se han referido al esfuerzo infructuoso de detener el instante. La pérdida de quienes queremos, la distancia temporal de aquellas vivencias que percibimos fundantes genera una herida que no cicatriza sin más. Poetas, místicos y novelistas han seguido con atención esta clave en la conexión entre la vida y su temporalidad.

La experiencia de la retirada del instante y su plenitud, de eso se trata. Quien a mi juicio ha descrito esta vivencia crucial de manera aún más radical en décadas recientes es Paul Auster. Su novela corta El país de las últimas cosas es una descripción esclarecedora no sólo de la nostalgia, sino de la desestructuración de lo real, si cabe decirlo. Describe cómo las cosas como tales desaparecen, de modo que ni siquiera cabe volver sobre los propios pasos. Esa situación genera una feroz lucha por la supervivencia de quienes no pueden suponer un mundo dado ni estructurado bajo sus pies como base para su propio actuar. La nostalgia se convierte en una tarea heróica, pero cuestionable. Las cosas se van desvaneciendo poco a poco – el recuerdo se convierte en una herramienta sólo discutiblemente útil – la solidez de la acción y de los vínculos humanos se va desvaneciendo de a pocos.

Esta desestructuración es lenta pero inexorable y pone a prueba la capacidad de reflexión y percepción de las personas. Y las cosas que quedan desaparecerán, eso lo saben quienes moran ese sombrío escenario. La gente comienza a perseguir la muerte como una forma de escape de esa extraña realidad distópica. Auster describe un mundo en el que se multiplican los suicidas y los asesinos.Se trata de un mundo del que ha guido cualquier atisbo de sentido.

“Lo que realmente me asombra no es que todo se esté derrumbando, sino la gran cantidad de cosas que siguen en pie. Se necesita un tiempo muy largo para que un mundo desaparezca”. Lo que se mantiene como real anuncia su ulterior aniquilación, de modo que nada a la larga permanece. No hay lugar por tanto para la fe o la esperanza. La eliminación del pasado desestructura el presente y imposibilita el porvenir. La protagonista, Anna, deambula perdida en el país de las últimas cosas intentando hallar a su hermano, contemplando el proceso de destrucción que afronta todo a su alrededor. Escribe su relato anhelando de que éste pueda dejar algún registro de realidad en medio del advenimiento de esta negatividad universal. La escritura, en Auster como en sus insignes predecesores, se convierte en un intento por desafiar la muerte y el inexorable avance de la anulación de todo. La escritura persigue preservar la presencia de lo que tiende a disolverse en el aire. La palabra se enfrenta así a la reducción de todo al silencio y a la nada.





miércoles, 16 de abril de 2014

WILLIAM WORDSWORTH: EL AMOR Y LA NATURALEZA. UNA NOTA SOBRE LA ABADÍA DE TINTERN





Gonzalo Gamio Gehri

La abadía de Tintern es quizás el poema más conmovedor de William Wordsworth, en el se que combinan sus reflexiones sobre la Naturaleza como fuente de sabiduría y plenitud y sus emociones más inquietantes sobre el amor, la ausencia y la nostalgia. Un hombre ha regresado a casa después de cinco años y evoca la belleza de la zona agreste que tanto ama; la fuerza del paisaje, lla claridad de as aguas, la profundidad de los acantilados. Volver a contemplar ese escenario le permite recordar sus años iniciales, recuperar su antigua  interpretación de la vida. La emoción del momento lo lleva a reconocerse a sí mismo capturado por la visión de la Naturaleza en torno suyo.

“El día llega cuando descanso de nuevo, aquí bajo la sombra de este sicomoro, y veo esas tramas de casas y terrenos, penachos de huertos que en esta estación, con sus frutos inmaduros, quedan revestidos de una tonalidad verde, y se pierden en medio de bosquecillos y matas”.

A veces el tono es poderosamente emotivo, en otras ocasiones – como la que acabo de citar -, el poeta se deleita describiendo los pequeños detalles del paisaje. Sostiene que la contemplación de la Naturaleza tiene un efecto terapéutico sobre las emociones negativas que embargan el alma. La frustración frente al lugar vacío, el temor, el rencor podrían eventualmente ser enfrentados desde este contacto fraterno con la Naturaleza. Por un momento el diálogo toma un curso diferente, y el poeta se dirige sus palabras hacia otro interlocutor, un “tu”, que no parece ser la Naturaleza, sino más bien otro ser humano. Aquí vemos nuevamente en el autor el  poderoso tema de la nostalgia frente al amor perdido, arrebatado por la muerte.  Este tema constituye un puente espiritual entre Wordsworth y Novalis. La ausencia de la amada que hemos visto presentada, tantas veces, en otros poemas suyos. El poeta inglés evoca los recuerdos que guarda en su corazón, Sus palabras están cargadas de amor y de una profunda melancolía.

“Quizá no olvides, aunque yo esté donde ya no pueda oír tu voz ni capturar de tus ojos salvajes Esos destellos de existencia pasada, que sobre las orillas de esta deliciosa corriente anduvimos juntos; y que yo, durante tanto tiempo adorador de la Naturaleza, vine aquí sin desfallecimientos para ofrecer este servicio: aunque diría que con un amor más cálido, oh, con el más profundo ardor de un amor sagrado”.

sábado, 22 de marzo de 2014

“EL MISMO AMOR, LA MISMA LLUVIA”





Gonzalo Gamio Gehri

Mismo amor, misma lluvia es una obra dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Soledad Villamil,  Eduardo Blanco y Ricardo Darín. Esta película resume veinte años de la historia reciente de Argentina, a la vez que expresa un ángulo fundamental de las relaciones humanas. Esta es la historia de Jorge, un talentoso escritor que vive a duras penas publicando sus cuentos en una revista local. Conoce en una noche de lluvia a Laura, una bella estudiante de arte que trabaja como mesera. La afinidad, las conversaciones, los temas comunes los llevan a enamorarse. Argentina vive los últimos años de una feroz dictadura. Un amigo periodista – Mastronardi - cae en desgracia por haber suscrito una declaración contra la censura; busca trabajo en la publicación, pero ni el secretario de redacción de la revista ni Jorge lo apoyan por miedo a las represalias que puede tomar el gobierno. Mastronardi muere sin el cuidado de sus amigos.

La frustración profesional y personal de Jorge lo lleva a aceptar un puesto en la revista como crítico de arte y cine, pues ya no aceptan publicar sus cuentos cortazarianos, y a romper su relación con Laura. Con el tiempo, siente que su incapacidad para captar lúcidamente los instantes cruciales de la vida – lo que le hubiera permitido ayudar a Mastronardi, no perder a la joven amada y escribir una obra literaria realmente significativa – han condenado su existencia a la más profunda infelicidad y a la insustancialidad más clamorosa. Pasan los años, y se convierte en un escritor corrupto que cobra dinero a los cineastas nacionales por publicar críticas benévolas acerca de sus producciones en la revista. Toma conocimiento de que Laura ha rehecho su vida, y que incluso se ha convertido en una productora teatral. Los esporádicos reencuentros con ella sólo sirven para constatar los tumbos que da la vida de Jorge, así como el debilitamiento de su fe en la existencia y en la gente. Ha dejado de escribir sus cuentos. Ya casi ha perdido la esperanza de volver a verla. La ausencia de las cosas que de veras importan mina su espíritu.

Jorge está convencido de que esta falta de perspicacia y de sensibilidad ha bloqueado seriamente su vida. Luego de años de silencio, Laura le pregunta – visiblemente preocupada -sobre su valoración del amor.  El responde con evidente desaliento y con una profunda  tristeza. Su mirada revela un cierto temblor que viene de dentro.

“Jorge: Qué se yo.. Yo de eso no sé nada.

Laura: ¿Cómo? ¿Y los cuentos maravillosos que escribías?

Jorge: Eran una porquería, Laura, te gustaban solamente a vos.

El amor, el heroísmo, la pasión.. ¿Quién me manda a escribir sobre cosas que no tengo la menor idea…sobre el miedo tendría que escribir yo. Del miedo, cátedra. Por miedo te perdí. Por miedo hago un laburo que odio. Fallé a Mastronardi, a su hijo. (Suspira profundamente). Perdón estoy un poquito.. ¡Lo que digo! yo siempre pensé que lo que tocara se iba a convertir en oro, y no. Todo lo que toco se convierte en mierda.

Laura:  Bueno…no está mal para empezar”.

Con estas amargas palabras, Jorge ha presentado el nudo mismo de su vida. No tiene más que decir. Sin embargo, como en los cuentos de tiempos remotos, la lluvia tiene aun una respuesta para él.

domingo, 9 de marzo de 2014

W. WORDSWORTH: NOSTALGIA Y ANHELO DE UNIDAD. DOS PERSPECTIVAS







Gonzalo Gamio Gehri

Un par de palabras más sobre William Wordsworth, poeta de la nostalgia, del amor y de la naturaleza. Este post continúa algunas reflexiones sobre este autor desarrolladas con anterioridad, y pretende precisarlas un poco más. Quisiera plantear hoy algunos comentarios sobre un poema suyo de la etapa que los críticos describen como el “Ciclo de Lucy”, que evoca nuevamente motivos míticos de aquella época, pero que inquietan no pocos espíritus que procuran entender (y lidiar con) la retirada del presente. El autor asume momentos en algunos aquí la voz de la naturaleza, y evoca la presencia de la amada - que el poeta llama Lucy -, perdida prematuramente. El contraste entre la voz del mundo y la perspectiva del individuo que padece la pérdida es omnipresente en el texto.

“Ella creció tres años bajo el sol y los chubascos, entonces la naturaleza dijo: ‘Una flor más hermosa nunca ha sido sembrada sobre la tierra;                                                                  
a esa niña yo me llevaré;será para mí, y la convertiré en mi propia dama’.

Una manera muy tierna de hablar de la ausencia de la amada – y del amor mismo -. El poeta pierde a su amada – Wordsworth alude en este y otros poemas a la muerte de Lucy -, y se convierte en parte del infinito, ocupa un lugar de privilegio en el trono del kósmos. Existe más de un lugar común con Novalis. El tono es dulce, pero no trabsmite consuelo. La pérdida es irreparable y el dolor gotea desde lo profundo del alma.

‘Ella será juguetona con el cervato
que con júbilo salvaje atraviesa el pasto,o sube hasta los manantiales de la montaña;y suya será la respiración balsámica
y el silencio y la calma de las cosas insensibles y mudas’.

La ambivalencia de la descripción es notable, y es tan evidente como la desolación del creador. Por un lado la amada participa del paraíso junto a los animales y las fuerzas naturales. Por otro, disfrutará de la tranquilidad de la naturaleza inerte. La visión de la armonía natural permanece - en la perspectiva del autor - como una esperanza, como una secreta ilusión, acaso como una imagen de reencuentro. Luego el poeta recupera su propia voz, que es nuevamente la de la nostalgia y la del dolor frente a la ausencia. Se concentra esta vez en sus propios sentimientos y deja de lado la promesa de unidad con la naturaleza. Es cierto que en otros poemas de este período se relativiza este pesimismo, pero en estos pasajes finales el autor da rienda suelta a la desesperanza. La perspectiva cósmica se contrasta con la del individuo que afronta una circunstancia  de fractura interior.  Sólo el tiempo - el ser - ahí del espíritu - podríá poner de manifiesto si este implacable pesimismo está justificado.

“Así habló la naturaleza, la obra se llevó a cabo. ¡Qué deprisa se acabó la carrera de mi Lucy!Murió, y me dejó a mí este brezal, esta calma, este escenario silencioso;La memoria de lo que fue y nunca volverá a ser”.  

domingo, 23 de febrero de 2014

“BEFORE MIDNIGHT”






Gonzalo Gamio Gehri

Considero que las tres películas promovidas por el  director Richard Linklater y los actores Julie Delpy y Ethan Hawke – Before Sunrise, Before Sunset y Before  Midnight -, se cuentan entre los esfuerzos cinematográficos más serios por examinar el amor y decir algo sensato acerca del misterioso velo que envuelve las relaciones humanas. Han pasado nueve años desde los eventos narrados en la película anterior. Jesse se ha convertido en un escritor importante, se ha divorciado y vive con Celine, la muchacha que conoció en el tren a Viena y que no pudo olvidar. Tienen dos niñas, y Jesse acaba de despedirse de su hijo de catorce años que vive en los Estados Unidos, situación que lo atormenta. Están pasando una temporada en Grecia, donde él escribe una nueva novela. Él quisiera volver a Estados Unidos. Ella debe considerar la posibilidad de aceptar una oferta de trabajo del Estado francés. Sus proyectos parecen confrontarse. Por una vez, la fortuna  – aparentemente – no les es propicia.

Esta película reafirma lo bosquejado en los anteriores episodios de la historia, a saber, que el lugar del verdadero amor – pero también del auténtico conflicto interhumano – es la conversación. Es allí donde llegamos a conocer y amar a las personas. En llos filmes anteriores, cuando los protagonistas hablaban, el espectador podía pensar que efectivamente dos seres humanos estaban realmente comunicándose entre sí.  Jesse y Celine no saben con certeza si se han perdido el uno al otro, o si al otro le interesa realmente recuperarlo, volver a verse en sentido real. El silencio a veces duele, y también la indiferencia. En uno de los pasajes de la cinta (uno de los más interesantes, en el que varias personas discuten sobre el amor como parte de un almuerzo en el Peloponeso), una mujer mayor, que ha perdido al hombre que amaba tiempo atrás, comenta que cada día intenta recodar sus facciones hasta los detalles. Sin embargo, al caer la tarde la imagen inexorablemente se difumina hasta desaparecer por completo. La mujer dice que llegó a comprender que eso somos, que siempre estamos “pasando”, entrando y saliendo de otras vidas, y finalmente saliendo de la propia vida, dejando de existir. Al final de la intervención de esta señora, todos brindan por el misterio de la finitud que ella acababa de invocar. No sabemos si los comensales entienden a cabalidad aquello que celebran con una copa de vino. Sea como fuere, Celine y Jesse tendrán que decidir si, después de años de tantas conversaciones y silencios prolongados, de echarse de menos y de padecer ausencias, y de tantas cosas compartidas, están dispuestos a salir de la vida del otro, y finalizar su historia.

El amor, la verdadera comunicación entre personas que se quieren, pero también el dolor frente a la ausencia del otro y sus silencios, la incertidumbre y la frustración ante latarea de narrar lúcidamente una historia compartida, son elementos de la vida que la película explora con genuina sutileza y profundidad. Uno siente que la obra tiene la capacidad de aplicar un zoom sobre ciertos detalles de la vida cotidiana realmente importantes para las personas. Linklater, Delpy y Hawke dan en el clavo cuando se trata del amor, la nostalgia y el temor a perder a quienes se ama. Y, como en la historia de la vida, el final queda abierto, misterioso. No imagino un juicio más favorable para una película que pretende aproximarse a los seres humanos, tocar el secreto de nuestras vidas. Merece la pena desde todo punto de vista.



sábado, 4 de enero de 2014

W. WORDSWORTH: ENTORNO, NOSTALGIA Y EXPRESIÓN








Gonzalo Gamio Gehri


He señalado en varias ocasiones que la Nostalgia constituye el temple de ánimo distintivo del Romanticismo como proyecto cultural y existencial. Al sentido de “pérdida de plenitud” - asociado a la desvinculación espiritual, la salida del Paraíso, el exilio del individuo de la physis o de la ciudad, o la ausencia de la amada – se le suma el “anhelo de unidad” expresado a través de la creación poética, el amor o el movimiento inmanente del espíritu. Una unidad que considera internamente la particularidad y la alteridad. Allí tienen a los filósofos  (Hegel y Schelling) y a los poetas. Me he ocupado  del Fausto de Goethe y de los Himnos a la Noche  de Novalis varias veces - respecto del 'instante'  y su desapareción -, y ahora es el turno de Wordsworth, un contemporáneo de los autores mencionados. Me orienta la idea filosófica / teórico-literaria que el proyecdeto romántico no es solamente una forma de articulación cultural propia de inicios del siglo XIX, sino que se trata de un modo de percibir la vida y el mundo  presente como una fuerza viva en nuestro mundo circundante – intuitivo.

Como Novalis, William Wordsworth evoca la consideración de pérdida de sentido a partir de la muerte de alguien - en ambos creadores, una mujer amada -, aunque los estudiosos no saben a ciencia cierta si Lucy existió o si es una suerte de idealización del amor. Como Sophie en los escritos de un Novalis y Beatrice en el caso de Dante - personajes no sólo literarios -, se trata de una musa ausente que inspira el pensamiento y la creación. La unidad perdida, una unidad basada en el vínculo intersubjetivo y simbólico. Mientras Novalis evoca la unidad a través de la idea poética y metafísica de la Noche, Wordsworth recurre a la visión de lugares naturales, evocando la mirada de aquellos paisajes con los ojos jóvenes, o evocando la mirada de la propia amada. La conexión entre lo humano y el cosmos es manifiesta a la luz de las sentidas palabras del poeta.

“Las nubes flotantes le prestarán su condición;
para ella será el llanto del sauce;
así no dejará de ver,
incluso en los movimientos de la tormenta”.

A través de la Naturaleza el alma ausente presentará sutiles signos de existencia. La cercanía  a la poesía novaliana es sorprendente. Emcontramos en ambos autores un impulso poderoso por superar la muerte a través de una experiencia de infinitud, una vivencia a la vez contemplativa y creadora, Los marca el anhelo desesperado – pero lúcido – de arrancarle una victoria a la muerte y el imperativo de darle una encarnación simbólica a esa disposición.

“Mucho amará a las estrellas de medianoche,
y acercará su oído
muchas veces a un lugar secreto
donde los arroyuelos danzan sus caprichosas rondas
y el hermoso nacimiento del murmullo sonoro
pasará por su rostro”.

El conflicto entre caducidad y anhelo de infinito, sin el engañoso recurso a la abstracción. (en el sentido estructamente romántico de esa expresión).







lunes, 23 de diciembre de 2013

NOVALIS: NOCHE, TIEMPO Y POESÍA









Gonzalo Gamio Gehri


“Medrosos y nostálgicos los vemos,
velados por las sombras de la Noche;
jamás en este mundo temporal
se calmará la sed que nos abrasa. Debemos regresar a nuestra patria,
allí encontraremos este bendito tiempo”.

Nuevamente quien habla es Novalis – desde los Himnos a la Noche - y lo hace desde la conciencia de la pérdida de lo que más quería – su amada Sophie, muerta poco tiempo antes de la escritura de esta obra – y la certeza de que aquella pérdida no podría verse superada en el reino de lo finito y contingente. Volverse a la Noche, al principio de todo, parece ser la respuesta. La nostalgia es una vez más el temple de ánimo del poeta, el dolor de la ausencia y el anhelo del retorno a la patria.

Pero – a diferencia de los guerreros argivos, que pretendían poner fin a la guerra y volver a sus tierras – la “patria” del poeta romántico no es un lugar, es lo que se ama con mayor fervor y vehemencia.  Lo divino, la propia  infancia, la libertad, Sophie, en el caso de Novalis, la plenitud e infinitud que ella entraña. Una fuerza más poderosa que la que ejerce la propia Naturaleza o el Mundo conocido por la ciencia  (el mundo de la luz  del día y sus creaturas, en la perspectiva del aerista); un sentido de pertenencia más poderoso que el que exige la propia sociedad, sus militancias, sus consensoss. El poeta persigue lo que más ama, y aspira a ser auténtico con esa misión. La visión novaliana de la oscura cabellera de la amada es la visión de la misteriosa Noche. El verdadero misticismo de la poesía amorosa. Las categorías poéticas tienen en los Himnos un sustrato biográfico a la vez que cósmico. El tiempo del reencuentro es el acceso a la Eternidad. Trascender los fenómenos desde la vivencia genuina del amor.

“Medrosos y nostálgicos los vemos,
velados por las sombras de la Noche”.