domingo, 20 de mayo de 2012

LA NADA EN LA REFLEXIÓN LITERARIA





Gonzalo Gamio Gehri

Me propongo hablar ahora de la experiencia de la nada, pero tal y como se formula en las vivencias ordinarias, que tan bien recoge la literatura. Me refiero en este caso a la experiencia de la caducidad, de la desarticulación del plan de vida,  de la retirada de aquello que anhelamos y pretendemos. No se trata de la angustia de los existencialistas contemporáneos, que pone en suspenso la existencia entera, si no de la nada de esto o de aquello, la que aniquila un contenido espiritual preciso. La nada de la pérdida, de la ausencia y de la melancolía. La que se pone de manifiesto en la tristeza más profunda y cotidiana. Ella no cunple un rol heroico en las cuestiones acaddémicas de la metafísica, pero sin duda evoca las mal llamadas “pequeñas muertes del alma” (¿serán realmente pequeñas? Es claro que no) en las que a veces comprometemos la vida. Esa nada determinada habita la poesía y la narración, así como la vida misma.

Es la nada que convierte las vivencias presentes en pasadas, la que convierte el instante en recuerdo, la plenitud en reflejo. Pensemos en la situación de Dante ante la muerte de Beatrice, su disposición a seguir escribiendo para preservar su imagen imborrable. Consideremos la meditación de Héctor – poniéndose la armadura y ciñéndose la espada, preparándose para la batalla – antes de luchar con Aquiles: se trata de la anticipación del advenimiento de la nada. Pensemos en Admeto desgarrado ante la desoladora desaparición de Alcestis; él sin duda encontraba cada instante doloroso e inhóspito antes del milagroso e inesperado retorno de su amada, Consideremos el desasosiego de K en El Castillo, al no lograr en modo alguno presentarse ante el administrador del lugar para resolver los problemas que lo agobian. Es la experiencia del goteo cada vez más lento de la esperanza, la retirada del amor y de la convicción. Se hace presente en la vida cuando creemos que las cosas comienzan a desdibujarse, como cuando abandonamos algunos proyectos en los que hemos depositado la fe, o cuando la añoranza y la nostalgia únicamente encuentran  el silencio en la otra orilla (recordemos los sentidos versos de Neruda ante la ausencia de la amada, Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío”). Es el tipo de fatal desintegración que tiene lugar cuando nuestras antiguas creencias pierden todo sus fundamentos,  cuando el desánimo y la desesperanza  por fin nos ganan. Se dice que Goethe escribió su Werther en medio de esa situación.

Hegel quiso hacer de esta nada determinada el motor del movimiento del espíritu. Recurrió a la idea trágica de la educación a través de la experiencia de lo negativo. Incorporó a su sistema la negación como una categoría racional. La experiencia literaria – existencial de la nada entraña un escepticismo más sutil: no está segura de que esta vivencia conduzca a una perspectiva que podamos fijar de antemano. Nos deja simplemente en la percepción de cómo las cosas pierden consistencia. Qué desenlace encontremos constituye un misterio (y quizás un reto).

6 comentarios:

La Pitonisa dijo...

¡Saludos Gonzalo!

Escribí otro texto en defensa de Garatea:

http://sofiatudela.blogspot.com/2012/05/una-defensa-al-padre-gaston-garatea.html

No sería mala idea que tú escribieses sobre el tema también.

claudia córdova dijo...

Me gusto mucho esta publicación.

La Pitonisa dijo...

En mi blog he publicado un debate sobre lo acontecido con Garatea. Por si te interesa:

http://sofiatudela.blogspot.com/2012/05/un-debate-sobre-el-caso-del-padre.html

Louis Patron-Minette dijo...

Qué bueno que haya tocado este tema, y que lo haya hecho con tal precisión.

Si quisiéramos mencionar a otros autores, creo que no podría faltar Juan Carlos Onetti.

Jorgesp dijo...

Me gusta esta publicación.

Anónimo dijo...

http://unairedevida.blogspot.com.es/