
David Villena Saldaña
Hace cuarenta años Amartya Sen afirmó haber demostrado que el liberalismo se encuentra en irremediable conflicto con criterios mínimos de eficiencia[1]. En este sentido, una sociedad liberal estaría condenada a ser ineficiente, y, por lo mismo, quienes aspiran a construir una sociedad de acuerdo con parámetros de eficiencia no podrían permitirse la promoción de valores liberales.
La tesis es en lo absoluto trivial. El argumento es, sin embargo, suscinto y concluyente. Según éste, una sociedad es liberal si satisface la condición (L*).
(L*)Hay al menos dos individuos tales que para cada uno de ellos, hay al menos un par de alternativas sobre las cuales él es decisivo, esto es, hay un par de x,y, tales que si él prefiere x sobre y, entonces la sociedad debe preferir x sobre y, y siél prefiere y sobre x, entonces la sociedad debe preferir y sobre x.
(L*) supone al menos una situación en donde el individuo tenga libertad de elegir. Así, por ejemplo, que yo duerma de lado o boca arriba es algo que cae exclusivamente dentro de mi ámbito de decisión. Yo soy decisivo sobre este punto y, por tanto, mi preferencia debe en último término ser suscrita por la sociedad – o, dicho en otras palabras, nadie puede obligarme a actuar en contra de mis preferencias en ámbitos en donde yo tengo libertad.Si prefiero dormir de lado que boca arriba, la sociedad debe preferir que duerma de lado a que lo haga boca arriba.
(L*) define una versión debilitada y poco comprehensiva del liberalismo.El dominio de individuos libres que componen la sociedad liberal hipotética no se asume irrestricto o cuantioso. Se trata únicamente de dos sujetos – obviamente, si queremos reducir el número de individuos libres a uno, no podría hablarse más de sociedad liberal, habría, en todo caso, una especie de tiranía.Tampoco se habla de varias libertades. Hay tan sólo una libertad. La virtud del argumento de Sen es precisamente ésta. Pues si el liberalismo presenta problemas en su versión más reducida, también deberá presentarlos en las concepciones más globales, donde haya más individuos y libertades en juego.
La eficiencia social se define en función de (P*).
(P*) Si todo individuo prefiere cualquier alternativa x sobre otra alternativa y, entonces la sociedad debe preferir x sobre y.
(P*) es una versión debilitada del Principio de Pareto. Sen muestra que (L*) está en conflicto con (P*).
Considérese que los individuos referidos en (L*) son (1) y (2), y que los dos pares de alternativas correspondientes son (x,y) y (z,w). Pensemos, además, que las alternativas son diferentes entre sí. (1) prefiere a x sobre y; mientras que (2), a z sobre w. Todos en la sociedad, incluyendo a (1) y (2), prefieren a w sobre x, así como a y sobre z. Entonces, tenemos:
(1): x>y
(2): z>w
Sociedad incluyendo (1) y (2): w> x
Sociedad incluyendo (1) y (2): y>z
Por tanto:
(1): w>x>y>z
(2): y>z>w>x
Por (L*) la sociedad debe preferir x>y, z>w
Por (P*) la sociedad debe preferir w>x, y>z. (Pues todos incluyendo a (1) y (2) consideran preferible a w sobre x y a y sobre z.)
En consecuencia, (L*) sugiere favorecer a x y z sobre yyw, mientras que (P*) sugiere hacer precisamente lo contrario, es decir preferir a w e y sobre x y z. Hay, en estos términos, una manifiesta contradicción entre el liberalismo y el principio de eficiencia. Una sociedad liberal no será óptima en sentido paretianoy una sociedad paretiana no será liberal. Esto no es inocuo. La demostración nos coloca frente a un dilema: o buscamos la eficiencia o procuramos la libertad individual.
Ahora bien, reparemos en (L*), aunque tal como se le ha interpretado es una condición mínima, resulta también ambiciosa en algún sentido.La lectura de Sen parece indicar que en una sociedad liberal tener derecho a x, significa que x debe darse y no y. Perosi yo prefiero ax sobre y, ello quiere decir únicamente que tengo derecho a que la sociedad no me obligue a hacer y, al tiempo de que no trabe de modo alguno mi realización de x. Tener derecho a x, no quiere decir que x se debe dar, sino que no exista obstáculos deliberados para que yo o alguien más lo ponga en acto. Esta concepción de libertad es negativa. Si Sen pretende pintar un cuadro mínimo del liberalismo, éste debe tener anexo un concepto negativo y no positivo de libertad.
Que yo prefiera dormir boca arriba antes que hacerlo de lado, implica que tengo derecho a dormir boca arriba. Este derecho me asegura que nadie impedirá que yo duerma como me place. De este modo, los medios que me procura el derecho son negativos, no efectivos. Al exigir el derecho de dormir boca arriba, no reclamo el estado de dormir boca arriba, sino que nadie me lo impida en caso de que esté a mi alcance – si, por ejemplo, está a mi disposición una superficie lo suficientemente amplia para alojar mi espalda.
La paradoja se disuelve. Como suele ocurrir en estos casos, la deducción ha sido limpia. El problema se encuentra, más bien, en las definiciones a partir de las cuales se ha realizado.Pues sucede que la relación de preferencia no es equivalente entre individuo y sociedad. Por tanto, la combinación de categorías es imposible. Cuando el individuo prefiere un estado sobre otro, no pasa que la sociedad lo secunde prefiriendo aquél sobre éste. Ella no prefiere nada. Su rol es negativo. Se limita a no impedir la consecución de los objetivos del individuo. Permite acciones, no concede estados[2]. Si éste es el liberalismo mínimo, sobre él no se puede aplicar las operaciones lógicas sugeridas por Sen, y, así, resulta inviable arrastrar desde este marco la acusaciónde ineficiente a toda otra forma liberal.











