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viernes, 24 de junio de 2011

¿TRIUNFO DE LA MEMORIA?





Gonzalo Gamio Gehri


Hace unos días una nota del diario El País de España describía la victoria de Ollanta Humala como un “triunfo de la memoria”. Algunos analistas han cuestionado esta interpretación, aduciendo que la lucha de la memoria constituye una causa minoritaria, en contraste con las exigencias de inclusión económica o el anhelo de seguridad. Para intentar responder a esta pregunta – en torno a la valoración del asunto de la memoria, dado que constituye en todo caso uno de los motivos de la derrota del fujimorismo, no el motivo único – tenemos que pensar qué podría significaría un triunfo semejante antes que descender a un infecundo y estúpido ping-pong de meras opiniones. Recordemos que para los más importantes filósofos de la rememoración en el siglo XX – Benjamín y Adorno – la idea de la “victoria de la memoria” es en sí misma problemática: la memoria se refiere a la reconstrucción del pasado doloroso de las víctimas. La “conversión” de la memoria – asociada al testimonio de las víctimas – en “historia” – que supone escritura y una relativa impersonalidad en el manejo de fuentes - constituye en cierta forma su consumación y su aniquilación.

Cuando se invoca al “triunfo de la memoria” se quiere decir algo distinto, evidentemente. Alude al hecho que el recuerdo de los crímenes contra la vida que se perpetraron desde el régimen autocrático de Fujimori llevó a la mayoría de la población a rechazar – por un estrecho margen, es cierto – la candidatura de la hija. Es eso lo que está en discusión, si la memoria de las fechorías de Fujimori y Montesinos constituyó el motivo central de la derrota de Fuerza 2011. Resulta difícil saber si esto es así – al menos ahora -, por más que el tema de las esterilizaciones forzadas haya tenido un lugar especial en la última semana de la campaña. Sin embargo, la lucha entre la memoria de tales crímenes y la invitación a una suerte de “amnesia provocada” respecto de los mismos crímenes sí tuvo un lugar en la recta final de esta apretada y conflictiva justa electoral.

Los fujimoristas alegan que ellos tienen “su propia memoria”. Eso sí que es curioso. Pretenden que se trata simplemente de una “lucha de memorias contrapuestas”; de un lado, la de la defensa de derechos humanos, del otro, la de la “eficacia pragmática” que desde el autogolpe de 1992 rompió con la “pesadilla colectivista”. Lo cierto es que quienes postulan la necesidad de la recuperación pública de la memoria cuentan con un documento riguroso y detallado – el Informe Final de la CVR – que reúne 17,000 testimonios de víctimas, perpetradores y testigos, y ofrece un diagnóstico de la violencia en aquellos años. En la otra orilla, los apologistas del silencio (que intentaron difamar con sus malas artes a la CVR tantas veces) no tienen otra cosa que la mera convicción subjetiva; la de la ultraderecha y los predicadores del olvido no es siquiera una "memoria espuria o de baja intensidad", es burda propaganda y verborrea ideológica sin asidero histórico o testimonial ni trabajo académicamente consistente. Si pretenden refutar el Informe Final de la CVR, tendrían que elaborar una investigación seria, documentada y argumentada que pudiera medirse con él, y no apelar simplemente a las bravuconadas y a los infundíos de la prensa de alcantarilla.

La memoria de lo vivido en los años noventa ha jugado un rol en el debate político. El recuerdo de los crímenes del gobierno de Fujimori ha contribuido en parte a frenar el ascenso de la candidatura de su sucesora y a derrotarla en las urnas. Los comunicados firmados por los politólogos, historiadores, abogados labroralistas, médicos, escritores, etc., invocan sin excepción a la memoria para alertar a la población acerca de lo que significó el fujimorismo para el país en materia de corrupción y violación de derechos humanos. El recuerdo de las esterilizaciones forzadas de cerca de 300,000 mujeres pobres del Perú, planteadas y ejecutadas como políticas de Estado, fue decisivo para la debacle de la opción fujimorista. Ni los intentos del Arzobispado limeño por hacer a un lado el tema de las esterilizaciones en el debate público tuvieron efecto. Los intentos de Keiko Fujimori por tomar distancia de los delitos del régimen de su padre fueron tan pobres, tímidos e insinceros que no rindieron fruto alguno.

Si bien no puede decirse que el resultado de las últimas elecciones haya sido la expresión de un “triunfo de la memoria”. Sin duda, hubo otros puntos decisivos en la agenda política. No obstante, no tiene mayor sentido soslayar el lugar de la memoria en este debate (me remito nuevamente al comunicado de los politólogos y al de los historiadores). A veces se alega de que la causa de la recuperación de la memoria es “elitista” o “minoritaria” (cosa de “intelectuales”, "cívicos" o de “izquierdistas”). Habría que discutir si es así (sorprende que un 70 % de los peruanos esté en contra de un indulto a Fujimori en la última encuesta de Ipssos Apoyo), pero si ese fuere el caso, esta percepción no debería llevarnos a concluir falazmente que se trata de una causa falsa o que ella no merece la pena. Debería llevarnos a pensar la manera de difundirla y convertirla en un sólido foco de consenso racional. Esclarecer el pasado violento, establecer garantías de no repetición y reparar a las víctimas de la violencia constituye una causa justa, imprescindible – junto a otras causas justas – para afirmar una sociedad democrática. Vivimos en un país en el que existen cerca de cuatro mil lugares de entierro sin abrir, como resultado del conflicto armado interno. Quien considera que es preciso dejar el asunto de lado para “dejar las cosas como están” y “evitar reabrir viejas heridas”, suele hablar a título personal. No conoce la magnitud de aquellas heridas, y desconoce las razones reales por las cuales las víctimas prefieren recordar u olvidar.

viernes, 10 de junio de 2011

ALIVIO







Gonzalo Gamio Gehri







El proceso electoral ha concluido ya, gracias a Dios. Tengo que decir que siento alivio por el resultado. Alivio más que algarabía. No voté por Humala en primera vuelta, pero lo he apoyado desde aquí en la segunda vuelta. Me parece que ha llevado bien su campaña, que ha afinado su discurso y que ha convocado a gente inteligente y valiosa, que inspira confianza. Lo que más me satisface es que se ha vencido – aunque por poco – al fujimorismo, a pesar de que la candidatura de Gana Perú tuvo a prácticamente toda la prensa escrita en contra (y a toda la TV) y de haber contado con la intromisión reiterada del Presidente García y del Cardenal Cipriani, personajes que debieron observar rigurosamente el principio de neutralidad en un período de elecciones.


Como he señalado, un eventual retorno del fujimorismo al poder habría significado un funesto mensaje de impunidad y tolerancia ante la corrupción y las violaciones de derechos humanos, luego de que un ex presidente ha sido condenado por un tribunal independiente a causa de su participación en la comisión de tales delitos. Tanto Keiko Fujimori como sus principales compañeros de partido y socios calificaron como “errores” estos crímenes, y sólo reconocieron el carácter delictivo de tales actos – e improvisaron una tímida “petición de disculpas” – en la etapa final de la campaña, cuando quedaba claro que un deslinde con el régimen de su padre constituía una condición imprescindible para tentar lograr la Presidencia del Perú. La inclusión en el debate público del oscuro tema de las esterilizaciones forzadas – que un extraño comunicado arzobispal intentó soslayar en las últimas semanas – cuestionó severamente la posición del fujimorismo en temas de derechos humanos, y las terribles declaraciones de Jorge Trelles y Rafael Rey sellaron el fracaso de esa aventura política. Esta situación ha puesto de relieve que las cuestiones de ética pública (corrupción, observancia de la democracia, derechos humanos) han cumplido un rol importante en los debates de la campaña – a nivel de las fuerzas políticas y de la opinión pública – al lado de temas no menos importantes como la conducción de las políticas sociales y económicas o las condiciones de gobernabilidad.


Considero que la derrota del fujimorismo ha supuesto hoy la derrota de un cuestionado proyecto de (re) confesionalización del Estado y de diferentes espacios de la sociedad; Raúl Tola ha descrito este proyecto en un artículo titulado El peligro de una teocracia, la disposición del fujimorismo a jugar en pared con el ultraconservadurismo religioso – nuevamente revísese el comunicado cardenalicio a favor de sacar el tema de las esterilizaciones de la conversación cívica – y darle un gran espacio (completamente extraño en un Estado democrático y laico) en materia de salud y de educación, y quizá en líneas generales de conducción del Estado (véase la nota de El País sobre la discutible intervención de las Iglesias en la campaña política peruana). El intento de formar, dice Tola, “ un gobierno donde la necesaria separación entre Estado e Iglesia pasará al olvido, y muchas de las políticas nacionales serán dictadas a partir de un dogma único e incontestable. Una teocracia”. La publicidad de Keiko Fujimori en Puno – donde aparecía acompañada por una imagen de la Virgen de la Candelaria – parecía sugerir que se trataba de poco menos que de “la candidata de Dios”. Y los desvaríos de ciertos blogs y otros medios fujimoristas parecían respaldar aquella estrafalaria sugerencia. Quienes vestían con esos ropajes espirituales a ese grupo político pretendían soslayar el caso de las esterilizaciones y otros atropellos contra la vida humana perpetrados bajo el fujimorato. Ahora que las aguas han vuelto a su nivel, esos proyectos de tutelaje se van replegando (por ahora) y los alegatos religiosos retornan a los espacios de la fe y las asociaciones voluntarias organizadas en ese ámbito, en el marco de las exigencias de una sociedad plural y de un Estado laico.


El resultado de las elecciones produce tranquilidad luego de una campaña virulenta. Pero, cuidado, el alivio no supone la suspensión de la crítica. La victoria de Ollanta Humala, aunque esperanzadora, no extingue las dudas que existían en torno a un eventual gobierno suyo. Tampoco se han disipado las dudas que giran en torno a su trayectoria. El ganador debe saber que el apoyo que le han dispensado muchos ciudadanos se debe a los compromisos que ha contraído con el país en lo referente al respeto del Estado de derecho, la negativa a la reelección y la propuesta de un gobierno de concertación. El presidente electo debe saber que los ciudadanos estaremos pendientes de que cumpla con la palabra empeñada.

domingo, 5 de junio de 2011

UN VOTO DE CONCIENCIA (G. GUTIÉRREZ)










Gustavo Gutiérrez M.




En estos días, se ha dicho y repetido –con toda razón- que el voto del domingo debe ser un voto de conciencia. Hay que reconocer que el clima electoral, tal como lo estamos viviendo, no lo hace fácil. Favorece, más bien, lo emocional e intempestivo, la disputa personal con su corte de acusaciones, las imprecisiones, o indiferencia, acerca de hacia donde se quiere enrumbar el país, la miopía que se enreda en la coyuntura y no alcanza a ver lo estructural, una de cuyas expresiones es la institucionalidad democrática que todavía no se repone de los golpes que recibió en años anteriores. Clima que, además, obnubila en muchos la memoria, sin la cual personas y naciones discurren por un presente asumido en forma superficial, y está sujeto a retrocesos.

No debemos olvidar, sin embargo, que la palabra conciencia tiene dentro de ella el término ‘ciencia’, conocimiento, saber. Por ello, es tradicional, en el campo de la ética, decir que la conciencia debe disponer de un básico análisis de la realidad, y de los criterios necesarios para hacer un correcto discernimiento en una situación determinada, sobre todo, en decisiones que implican metas de mediano y largo plazo, valores, sentido y reconocimiento del otro. Supone también ir más allá de los intereses propios, particularmente cuando afectan los derechos de los otros. Lo acaba de recordar el comunicado de la conferencia episcopal peruana: “es el momento de pensar no solo en los beneficios individuales o grupales, sino en el desarrollo integral de toda nuestra sociedad” (“Confianza y esperanza en el Perú”, n.5). Un crecimiento económico que no beneficie al conjunto de la población no contribuye a un auténtico desarrollo humano.

Un voto de conciencia, así entendido, choca con viejos hábitos nacionales que es necesario confrontar y superar. Estilos que vienen precisamente de la in-conciencia de muchos ante la situación de los pobres y socialmente insignificantes de nuestra sociedad. Son aquellos que desde hace décadas, frente a la pobreza y exclusión de tantos, acostumbran a decir que es una situación que ‘no se arregla en una semana’, cosa que se comprendería si no fuera porque esas décadas estuvieron conformadas, como es natural, por numerosas semanas… ¿Cuánto tiempo más hay que esperar para erradicar la pobreza? Precisemos que cuando hablamos de esa situación inhumana e injusta que es la pobreza, no aludimos solo a lo económico –sin negar su importancia-. tenemos en mente que se trata de una condición compleja con dimensiones sociales, culturales, raciales y otras. Esos diferentes factores dan lugar a desigualdades intolerables. Los que las padecen pueden ser susceptibles, dadas sus necesidades, de convertirse en víctimas del clientelismo, con el riesgo de poner entre paréntesis sus derechos a una vida digna. Se configura, de este modo, una situación inaceptable para una conciencia humana y cristiana (“la Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres”, dicen Benedicto XVI y la conferencia episcopal de Aparecida).

Un voto de conciencia significa, entonces, votar por la construcción de una sociedad en la que la dignidad humana y la libertad de todos sean respetadas; y que incluya, prioritariamente, a aquellos a los que no se reconoce “el derecho a tener derechos”, según la conocida y aguda expresión de H. Arendt. Sin justicia no hay paz permanente, una paz que no hay que confundir con la que resulta de una pacificación impuesta. Ningún camino político o económico se justifica si elimina la ética de su horizonte. La política está al servicio del ser humano y, ante todo, de los pobres y necesitados, así como de la vida y la justicia, de otro modo vamos hacia una sociedad inhumana. Los evangelios refieren que durante el juicio a Jesús, Pilatos le formula la pregunta: “¿qué es la verdad?”, pero, enseguida, se marcha sin esperar la respuesta; el escritor Van der Meersch sugiere lo que habría dicho Jesús: “la verdad, Pilatos es estar del lado de los pobres”. Hay, sin duda, un soplo profundamente humano y evangélico en esta afirmación.

Líneas arriba decíamos que se debe tener criterios para discernir en la presente situación electoral, un criterio ético importante es votar a favor de los últimos de la sociedad, reconocerlos como personas llamadas a asumir las riendas de su destino. Y desde esa toma de posición forjar una convivencia social justa para todos.

Eso sería un voto de y con conciencia.




(Extraído de la página del IBC).

viernes, 3 de junio de 2011

“ENTRE LA ÉTICA Y LA ECONOMÍA”









Gonzalo Gamio Gehri






Entramos ya en la recta final de esta campaña electoral. Aparentemente, los peruanos tenemos una vocación por los dilemas, y el que configura esta (para muchos indeseable) segunda vuelta, se plantea – a juicio de algunos especialistas – entre las exigencias de la ética y la exhortación a la continuidad del actual modelo económico. Puede ser percibido como un conflicto excesivamente esquemático, pero puede ser útil explorar sus determinaciones.


La trayectoria histórica del fujimorismo es lamentable y oscura. La probada participación de Alberto Fujimori y de su entorno político más próximo (Montesinos, Hermoza Ríos, etc.) en actos de corrupción y violaciones de derechos humanos, los vínculos de su gobierno con el narcotráfico y con la venta de armas a las FARC, el compromiso del régimen con las esterilizaciones forzadas convierten esta alternativa política en una opción moralmente recusable ante los ojos de muchos ciudadanos. Las disculpas de último minuto de Keiko se revelan como malas estrategias electorales, dada su manifiesta inautenticidad, así como las actitudes de sus aliados (el trabajo de demolición que llevan a cabo los canales de TV y la mayoría de los medios de prensa escrita contra el candidato rival, el reciente comunicado del Cardenal Cipriani sobre las esterilizaciones – otra inadmisible intromisión suya en el proceso electoral, al tiempo que Keiko Fujimori sale en una foto con la Virgen de la Candelaria, para indignación del episcopado puneño -, el traspase del PPCuy a las filas del fujimorismo, las extravagantes especulaciones conspirativas de Tudela, etc.) se manifiestan como burdos intentos de manipulación del voto. Los esfuerzos por borrar la memoria de los delitos, o procurar atenuarlos con la funesta etiqueta de “excesos” constituyen la expresión de una actitud condenable.


El reciente lapsus de Keiko Fujimori en pleno debate - ella dijo que Milagros Maraví y Alejandro Aguinaga son personas intachables, como la mayoría de personas que trabajan a mi lado” – evidenciando que su inconsciente hace visible públicamente lo que ella misma sabe acerca de los fantasmas que la rondan. Quienes rechazan el fujimorismo en estos términos apelan a la idea de lo inaceptable. No se trata de cuestionar a la candidata invocando a un supuesto 'argumento genético', sino de recurrir a un argumento ético y político: su entorno está conformado por quienes participaron del régimen del padre y por quienes en muchos casos lucharon por encubrir sus fechorías. Un gobierno de la dinastía Fujimori entrañaría un pésimo mensaje de impunidad para el país.


Quienes apelan a la “necesidad” de continuar con la observancia de la ortodoxia del modelo económico temen que un eventual gobierno de Ollanta Humala detenga las inversiones extranjeras o intnte cambiar la Constitución, lesionando el proincipio de estabilidad jurídica que habría permitido o habría potenciado el reciente proceso de crecimiento económico del país. Les preocupa que el nuevo gobierno revise o renegocie los TLC con países prósperos del Norte. A pesar de que Humala ha convocado un equipo técnico interesante y que ha declarado que no va a quebrar el sistema económico y que sólo reformará la Constitución en temas puntuales, un sector de la ciudadanía no le cree: en su ánimo pesan más – parafraseando a Steven Levitsky – las dudas sobre Humala que las pruebas registradas en contra de su rival. De hecho, como ha sugerido agudamente Rocío Villanueva, muchas personas que piensan así razonan económicamente – instrumentalmente – cuando se trata de ponderar las objeciones de tipo moral contra el ideario y representantes de Fuerza 2011: en el cálculo entre costos y beneficios, el beneficio de la estabilidad económica y de la preservación del status quo se les revela mayor que los costos que reportaría en términos de degradación moral. Presupone que los bienes y males pueden concebirse como conmensurables con una estimación relativa a los costos y beneficios económicos.


No me conmueve la ponderación de alternativas en términos de una ‘elección racional’, no veo ningún beneficio en devolverle el poder a quienes envilecieron el país y podrían promover la impunidad desde el poder. A veces, se acusa a quienes construyen la crítica desde una perspectiva ética de ser “irrealistas”, de no saber de qué se trata la política”; se les sindica como meros "especuladores" que no dudan en “sustituir la realidad con los propios deseos”. Encontramos esta clase de crítica simplificadora incluso en los medios, a través de las declaraciones de periodistas y de no pocos especialistas. No es tan fácil la cosa. Creo que muchos analistas políticos que se precian de ser “realistas” en realidad no lo son. Creer que se puede hacer análisis empírico sin contar con una teoría constituye una ingenuidad pavorosa, lo mismo que considerar que se puede pensar la política sin asumir una concepción ética implícita (sin una imagen de lo correcto, lo útil, lo deseable, lo conveniente, etc.). Curiosamente, los analistas “realistas” no suelen acertar cuando se trata de hacer predicciones electorales. A veces incluso se equivocan estrepitosamente. Un poco de epistemología de la ciencia social pondría de manifiesto cuánto de reflexión moral entraña cualquier aseveración sobre lo político, aún cuando es enunciada desde el positivismo más crudo. Incluso podría decirse que los recientes comunicados de los psicólogos y los politólogos contra el fujimorismo (cuyos términos suscribo y respaldo plenamente) hacen patente - para los mismos hombres de ciencia - que la presunta brecha entre el deber y el deber ser no es abismal, que debe ser discutida conceptual, y que la "realidad" es mucho más amplia que lo que suponen los devotos de la medición.


Los móviles que llevan a elegir una opción política son diversos y no tiene sentido reducir la deliberación a un mero cálculo de utilidades (que es un móvil - y un tipo de razonamiento - entre otros posibles). No creo que haya que renunciar a ejercer la crítica desde el ángulo ético en lides ciudadanas como las que tenemos que enfrentar en estos días. Tampoco creo que esta clase de crítica sea “elitista”, como se suele señalar al paso y sin ningún fundamento; la crítica ética está presente en personas de diferentes sectores sociales y de diferentes posiciones ideológicas, es esgrimida por gente que conoció y vivió aquel periodo de corrupción y que puede decir algo sobre ello desde su propia experiencia. No creo que haya que renunciar tan rápido a considerar que aquí se pone en juego un asunto de dignidad nacional.




(Gracias, Carlín, por la caricatura).

jueves, 2 de junio de 2011

EL LAPSUS (ANTONIO ZAPATA)



Antonio Zapata V.

Durante el debate del domingo último, refiriéndose a Milagros Maraví y Alejandro Aguinaga, Keiko Fujimori sostuvo que “son personas intachables, como la mayoría de personas que trabajan a mi lado”. Esa declaración es muy reveladora. De acuerdo a lo explícitamente sostenido por la candidata, la mayoría de quienes la rodean son intachables, ello significa que la minoría no lo es. Es decir, indirectamente ha explicitado que algunos integrantes de su grupo son tachables.

El doctor Sigmund Freud entendió al lapsus como expresión involuntaria del inconsciente, que súbitamente revela una verdad que el yo consciente busca ocultar. En este caso, se trata de la candidata Fujimori que pretende defender a dos de sus colaboradores, acusados por Ollanta Humala de representar lo nefasto de los noventa. Debido a un exceso de vehemencia, queriendo protegerlos, Keiko acaba delatándose. Se le escapan las palabras autoacusatorias, justo cuando quería blindar a su gente. Esta pisada en falso constituye un clásico de las patinadas, mostrando a qué grado los nervios traicionan a quienes, estando frente al público, tienen algo grave que esconder.

¿Por qué Keiko siente que necesita esconder el pasado de sus íntimos colaboradores? En realidad, porque tienen un lado oscuro. En este caso se trata de una abogada que había trabajado codo a codo con Vladimiro Montesinos en una maniobra legal contra las organizaciones de DDHH; además, cobrando un dineral al Estado por su labor. Keiko sentía que debía esconder la colaboración con Montesinos, porque todo el Perú lo relaciona con corrupción.

Más adelante volvió a lo mismo, cuando contestando un dardo de Ollanta sobre su relación con la familia Martínez, acusada de narcotráfico, Keiko sostuvo que ella se había enfrentado a VMT, quien habría extorsionado a los Martínez. Quizá esto último sea cierto, pero la candidata en todo momento ha buscado negar a Montesinos, porque su recuerdo la avergüenza, trayéndole a la memoria episodios como las entregas de cash para pagar sus estudios y los de sus hermanos en carísimas universidades de EEUU.

Por ello, la corrupción es un punto fundamental del fujimorismo. Este domingo, cuando la ciudadanía vaya a votar, debe pensar en este tipo de cuestiones, que constituyen el fondo de la diferencia entre las dos candidaturas.

Por ejemplo, la supuesta ventaja que trajo la liberación de la economía peruana en los noventa se desvaneció a finales de esa misma década. En ese momento, el Perú se sumergió en una recesión que se prolongó por tres años. ¿Cuál fue su causa? En primer lugar, una crisis internacional que empezó por los llamados tigres del sudeste asiático y se extendió por medio mundo.

Pero esa crisis internacional fue moderada y el país ha afrontado problemas mayores sin recesiones tan hondas. En realidad, la corrupción fue el motor de la crisis al final de Fujimori. Su profundidad se explica por las montañas de billetes en la salita del SIN, por la venta de favores judiciales, la corrupción de las instituciones tutelares y las compras fraudulentas de armas y bienes para el Estado. Así, la corrupción afecta el movimiento económico capitalista, porque eleva desmesuradamente los costos de transacción.

El historiador Alfonso Quiroz ha calculado el monto de la corrupción en el Perú. Sostiene que es cuantioso y que equivale al plus que necesitaríamos para pasar de país bastante pobre a medianamente desarrollado. Es decir, seguimos atrasados porque las prácticas fraudulentas desvían a manos privadas recursos que podrían hacer la diferencia. Si la corrupción fue muy alta durante la era Fujimori-Montesinos, el lapsus de Keiko nos ha informado que en un eventual gobierno suyo seguiría igual. Tómalo en cuenta en la cámara secreta.

(Extraído de La República).

sábado, 28 de mayo de 2011

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?










Gonzalo Gamio Gehri



Se trata sin duda de una pregunta retórica, puesto que todos tenemos una cierta idea de lo que viene sucediendo con esta segunda vuelta electoral, en particular respecto del rol que están desempeñando los medios de comunicación y diferentes sectores de la llamada “clase dirigente”. La mayoría de los medios de prensa – salvo La República y La Primera – han decidido apoyar el retorno del fujimorismo a Palacio de gobierno, lo mismo que los principales grupos de poder económico, etc. El propio gobierno no oculta sus simpatías hacia la candidatura de la dinastía Fujimori. Resulta insólito que Gustavo Mohme Seminario – accionista minoritario de América Televisión – haya propuesto al canal 4 la transmisión de un programa de TV conducido por el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, producido por Luis Llosa y contando con la participación de Gustavo Gorriti como el encargado de los reportajes, y que los accionistas mayoritarios de la empresa (pertenecientes al Grupo El Comercio) se hayan negado. Vargas Llosa, Gorriti y Llosa se habían comprometido a no cobrar un centavo por sus servicios; se unían para llevar a cabo este proyecto con el único propósito de garantizar la pluralidad en la cobertura de las actividades y programas de gobierno de los candidatos. La extraña negativa de los directivos del canal parece revelar (una vez más) la opción del grupo El Comercio por el éxito de uno de los candidatos. Lo mismo pasa con otras empresas de comunicación (piénsese, por ejemplo, en el escandaloso caso del presunto “profeta de América”, una farsa digna de los más memorables psicosociales del fujimontesinismo). Hasta ahora, parece que La Primera no estaba en absoluto desencaminada cuando llamaba la atención acerca de la existencia del denominado “Plan Sábana”, urdido para demoler la imagen de Ollanta Humala. Los especialistas recurren a la prensa extranjera para informarse acerca de nuestro proceso electoral. Muchos periodistas extranjeros señalan que les sorprende el pobre nivel de nuestra prensa en materia de competencia investigadora y ética profesional.

Desde los espacios de la sociedad civil, los escritores, artistas, historiadores y politólogos han firmado comunicados contra el record nefasto del fujimorismo. lo hacen en calidad de individuos e intelectuales a los que la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción constituyen una prioridad para una sociedad democrática sana. En medio de la preocupante polarización que experimenta nuestra sociedad en las últimas semanas de la campaña, llama la atención la manera como diversas autoridades políticas y sociales abandonan el principio de neutralidad que deberían observar rigurosamente en razón de las funciones de representación que cumplen en el país. El Presidente de la República no deja de intervenir en la campaña, haciendo declaraciones polémicas con las que pretende fustigar a uno de los candidatos. Ni él ni a los ministros a los que les correspondería ocuparse del caso les interesa particularmente investigar el uso de la DIROES como una suerte de “base de operaciones” de la campaña de Fuerza 2011. Ya hemos hablado en posts anteriores acerca de las expresas simpatías y antipatías electorales de la jerarquía eclesiástica limeña (que recurre sutilmente al apelativo "caviar" para describir a sus críticos). Finalmente, el extraño tratamiento que el gobierno dispensa a los inquietantes sucesos de Puno genera a su vez algunas dudas; su aparente disposición a dilatar el conflicto podría obedecer – de acuerdo con el juicio de algunos analistas políticos y del propio ex presidente Toledo – a impedir que se celebren las elecciones en diferentes regiones puneñas en las que Gana Perú podría obtener una alta votación.

No recuerdo una campaña electoral pasada – sin contar la década fujimontesinista – en la que la parcialidad de la prensa, de la mayoría de las instituciones sociales y del propio gobierno fuera tan manifiesta, al punto de llegar a la impudicia.




Actualización: Ollanta Humala ganó claramente el debate de ayer, a pesar de los denodados intentos de Lúcar, Delta y Mariátegui por transmitir el mensaje contrario (¿Alguien se sorprende de ello? Por lo menos dos de ellos formaron parte de la prensa sometida al fujimontesinismo).

Mario Vargas Llosa renuncia a El Comercio.

jueves, 26 de mayo de 2011

CORTAR EL NUDO







Gonzalo Gamio Gehri


Hace casi una semana, La República informó acerca del uso de la Misa católica – en algunas parroquias limeñas administradas por sacerdotes diocesanos – para leer en público el comunicado público que el clero de Lima habría firmado en respaldo del Cardenal Juan Luis Cipriani y en rechazo a los cuestionamientos señalados por Mario Vargas Llosa. El diario presentó los vídeos que registraban el hecho como prueba, e indicó que la lectura del documento en los templos obedecería a ‘órdenes superiores’. El caso me parece sumamente preocupante. Ya Monseñor Luis Bambarén ha expresado su malestar al respecto, en tanto se trata de un rito dirigido a propósitos espirituales que nada tienen que ver con la exposición de diferencias ideológicas o de proyectos políticos.

El hecho me preocupa profundamente como ciudadano y como creyente. Esta situación refuerza lamentablemente la imagen autoritaria de las personas en cuestión y, acaso, daña la imagen de la propia comunidad católica local, por las razones expuestas por Bambarén: si se insistía tanto en difundir tal comunicado, que se organice una conferencia de prensa. La Misa encuentra su sentido en la lectura y la prédica del Evangelio, en la actualización de los misterios de la última cena, no en la toma de posición frente a un intercambio de impresiones sobre temas que están fuera del terreno de lo estrictamente litúrgico y espiritual. Pero, más allá de lo dicho por el obispo emérito de Chimbote, creo que hay un asunto de fondo que es preciso señalar. No tiene sentido contestar un artículo de opinión con un comunicado de adhesión. Efectivamente, el texto de Vargas Llosa se expresaba duramente sobre el rol de Monseñor Cipriani en Ayacucho y acerca de sus simpatías fujimoristas, pero al mismo tiempo se esforzaba por sostener sus juicios con argumentos y citando fuentes. Creo que cualquier respuesta tendría que cumplir con exigencias similares. Responder con otro artículo en el mismo medio de prensa, no recurrir a documentos de otra naturaleza, o apelar a la autoridad y a "cerrar filas" en nombre del una suerte de 'espíritu de cuerpo' que parece desacreditar toda forma de crítica. O pudo usar su programa radial sabatino, en el que se refiere a aquellos con quienes discrepa llamándolos "caviares", invocando la terminología de los diarios fujimoristas. Lo de la Misa y la lectura del comunicado se sitúa fuera de los márgenes del debate público. La confrontación argumentativa en un medio de comunicación constituye una manifestación al interior de lo que se llama esfera de opinión pública, un espacio para la formación y emisión del juicio ciudadano. No tiene sentido desconocer los argumentos del interlocutor calificándolos simplemente de meros agravios.

Alguien podría objetar que, en tanto las opiniones del escritor peruano ponían en tela de juicio la actuación de una autoridad eclesiástica, este intercambio ha excedido el terreno de la esfera pública. No creo que tal observación pueda sostenerse con solidez (no puedo evitar llamar la atención acerca de que ekklesía significa “asamblea”, y que la propia Iglesia – particularmente en sus inicios – contaba con no pocos elementos del espacio público). No sólo esta discusión nació en la esfera pública, sino que el tema mismo del debate pertenece a la esfera pública. Las consideraciones sobre la conducta de la jerarquía eclesiástica de Ayacucho durante los años del conflicto armado interno son un asunto de interés ciudadano, no un asunto de carácter religioso (por eso no tiene sentido alegar que como el novelista no es creyente, entonces “no tendría vela en este entierro”). Tiene que ver con el ejercicio del legítimo derecho a la verdad que podemos invocar los ciudadanos (y particularmente las víctimas) frente a esa trágica etapa de nuestra historia. He comentado que, en el plano de los datos y el de los hechos (la actitud frente a la Coordinadora de Derechos Humanos, el incomprensible bloqueo al trabajo de CEAS, el cierre de la Oficina Arquidiocesana de Acción Social de Ayacucho que dirigía Carlos Schmidt, etc.), creo que Vargas Llosa tiene la razón. Y lo mismo sobre el tema de la intervención en la campaña electoral. No tiene sentido contradecir a los hechos (más precisamente, “los fenómenos”, ta phainómena), como diría Aristóteles.

Cuando confrontamos argumentos sobre cuestiones importantes en la esfera pública, generamos nudos argumentativos, que sólo son posibles de desatar recurriendo a las leyes de la lógica y a la remisión a los propios objetos de experiencia compartida que interpretamos y examinamos. La esfera pública es un espacio propicio para el trabajo de la razón (en el sentido de lógos), no para las apelaciones a la autoridad. Hacemos mal intentando acallar las voces que resuenan en el espacio cívico con escuetas expresiones de adhesión o de rechazo en lugares en los que la réplica y el diálogo no son prácticas comunes (desde hace un tiempo largo, no desde siempre). Los nudos argumentativos se desatan, no se cortan. No tiene sentido pretender emular fallidamente a Alejandro el Magno, recurriendo al filo de su espada para resolver el famoso nudo gordiano. «Es lo mismo cortarlo que desatarlo», dijo el rey en aquella ocasión. Intentaba con ello justificarse, dado que hasta sus propios soldados percibían su acción como un gesto de prepotencia.





Actualización: Un polémico post sobre el tema en Sagrada Anarquía.




La imagen viene de aquí.

miércoles, 25 de mayo de 2011

NUESTRO PAÍS, NUESTRA DEMOCRACIA (JORGE SECADA KOECHLIN)





Jorge Secada Koechlin*


Los países son, en varios sentidos, como las familias. La familia forma personas y les confiere una identidad. Es ahí donde primero adquirimos nuestra lengua, nuestra peculiar manera de ver las cosas, nuestros sentidos y valores. Similarmente, nuestro país nos da una identidad. Y esa identidad es formativa; ser peruano es una manera de ser humano.

Ahora bien, hay actos que pervierten esencial y definitivamente las relaciones entre las personas. Supongamos que un padre de familia viole a una de sus hijas. Esa familia habrá cambiado para siempre y para mal. Toda violación es criminal, pero en este caso tenemos que agregar la perversión de los deberes del padre y la traición inmunda de la inocencia de la hija. Excusar semejante acto como un exceso o un error no haría sino manifestar una falta de consciencia moral.

Lamentablemente algo análogo nos ha pasado a nosotros los peruanos. Porque abusar del poder que viene con la elección a la presidencia para corromper masivamente nuestras instituciones de gobierno, romper la ley sistemáticamente, asesinar y encubrir asesinatos, robar y prolongarse indefinidamente en el poder, es para un país lo que la violación de una hija por su padre es para una familia. Hay límites que determinan lo que se puede excusar como exceso o error y esos actos están mucho más allá de estos límites. Subrayemos que esas perversiones de la democracia y la vida nacional tuvieron móviles venales: aferrarse al poder, enriquecerse, satisfacer deseos bastos y alimentar sicologías enfermas; eso y no otra cosa es lo que explica la criminalidad fujimorista. Y debería indignar que encima los felones usen la lucha contra Sendero como coartada, que mancillen de esa manera tanto sufrimiento, tanta entrega generosa.

En política las responsabilidades no son solo individuales. Ningún miembro del partido nacionalsocialista alemán podría evadir la responsabilidad por el holocausto sosteniendo que fue un error, y aduciendo que no es Hitler. El nazismo, como entidad colectiva, es responsable por el holocausto. Igualmente en nuestro caso, el fujimorismo, como agente político, es responsable de la larga lista de vejámenes que sufrió nuestro país durante los años en que nos gobernaron. Y como si faltase más prueba, los fujimoristas reclaman continuidad con ese gobierno y apenas si conceden, tardíamente y con dificultad, excesos y errores. Votar por ellos es votar por la falta de respeto a nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestros espacios públicos y políticos.

La pregunta que quiero plantear aquí es porqué, como peruanos, nos es tan difícil ver con claridad estos hechos y su significado moral y político. Algunos admiten que los fujimoristas pervirtieron la vida pública, pero luego dicen no tener opción, como si el candidato alternativo fuese comparable en su criminalidad antidemocrática. Otros hablan de programas y modelos económicos, como si el buen gobierno se redujese a atraer inversiones. Y hay también quienes matizan las transgresiones con los éxitos y los logros. Si recordamos la analogía con la que iniciamos este artículo, es como si muchos de nosotros fuésemos la aberración más que la norma, la esposa que prefiere ocultar la violación de la hija con tal de preservar su nivel de vida o, tal vez más apropiadamente, la persona tan incapaz de amarse a sí misma que termina tolerando la mayor monstruosidad. La respuesta a mi pregunta tiene que ver con nuestra cultura política, con nuestras relaciones públicas y anónimas, con nuestro amor propio en cuanto peruanos.

Circulan vaticinios de que si Humala gana la segunda vuelta se eternizará en el poder indefinidamente, que intentará hacer lo que hizo Fujimori. También se predice que transformará al Perú en un infierno comunista; no solamente eliminará la libertad de prensa, cerrando diarios y canales, sino que incluso confiscará propiedades y les quitará a los padres la potestad sobre sus hijos. Con Humala, dicen, vamos directamente al desastre. Y para reforzar la idea se menciona el caso venezolano.

Pero la noción de que Humala es un Chávez no tiene fundamento. Para empezar, el Perú no es Venezuela ni Humala mago como para lograr semejante transformación. Las circunstancias políticas y económicas y las historias de ambos países son muy distintas. Y es igualmente evidente que Humala no se parece a Chávez, ni en las virtudes del caribeño ni en sus muchas taras. Así que la pregunta interesante es por qué tantos se la creen. Que esto se esgrima como argumento serio en diarios y conversaciones supuestamente informadas debería causar algo de sorpresa y exigir al menos una explicación.

La respuesta a nuestra pregunta, nuevamente, tiene que ver con lo que lleva a pensar que el mero crecimiento económico nos hará ingresar en el primer mundo, como si con unas décadas más de 7 u 8% de crecimiento anual del PBI ya no excusaremos a quienes compran congresistas y medios de comunicación, o esterilizan a la fuerza para reducir el crecimiento demográfico, o dan golpes de estado aferrándose al poder. La respuesta a nuestra pregunta tiene que ver con lo que lleva a excusar como "excesos" lo que en cualquier país desarrollado serían actos que deslegitiman a perpetuidad de la actividad política.

Aquí se ponen de manifiesto las deformaciones de nuestros espacios públicos, la desigualdad que impregna nuestras relaciones anónimas, la incapacidad de respetarnos como peruanos. Confiamos tan poco en nosotros mismos y creemos tan poco en nuestras instituciones, queremos tan poco a nuestro país, que imaginamos que alguien puede entrar a palacio y hacer lo que le dé la gana. ¿Qué país habitamos, quiénes somos, cuando nos creemos estos cuentos y dejamos que alimenten nuestros miedos y deformen nuestras deliberaciones colectivas?

El primer paso camino al desarrollo, ahora que sabemos cómo acumular capital y hacer crecer el PBI (cosa que nadie discute, ni siquiera izquierdistas como Humala o Alan García), es respetar nuestras instituciones y nuestra democracia. No contribuimos al desarrollo si por "realistas" terminamos pervirtiendo las instituciones mismas que definen nuestra civilidad. Y eso es lo que hacemos cuando, por un lado, consideramos que el próximo gobierno lo debe formar el mismo movimiento que nos maltrató tanto; y, por otro, suponemos que si Humala sale elegido, cambiará la constitución y se quedará en palacio eternamente.

Quien confunda desarrollo con acumulación de capital podrá pensar que no importa la historia negra del fujimorismo. Son nuestros miedos y nuestra falta de autoestima los que nos permiten creer que las instituciones y las leyes no cuentan para nada. No es que Humala sea un candidato ideal, ni mucho menos. Es razonable temer un gobierno suyo. Pero no es comparable a cualquier candidato fujimorista. Las acusaciones por violaciones de derechos humanos son solamente eso, acusaciones. También hay los pronunciamientos aberrantes de una persona que ha cambiado mucho en el curso de los últimos 10 años, y que ha ido cambiando fuera de las presiones y conveniencias electorales. Nada ni remotamente parecido al historial judicialmente comprobado del "fujimorismo" puede imputársele a Humala.

El temor razonable que genera es por su falta de preparación para el cargo. Pero la elección tiene un solo candidato política y democráticamente aceptable. Es, además, alentador que Humala esté buscando subsanar sus carencias con la colaboración de personas de capacidad reconocida. Vemos a la persona y lo que vemos es la indignación que naturalmente produce nuestra sociedad injusta y nuestra historia de corrupción en alguien que ha ido reconociendo las complejidades del buen ejercicio del poder.

Uno de los aspectos más reveladores de la campaña contra Humala es que cuente en su contra ser militar, cuando esto debería más bien ser un punto a su favor. Fueron soldados como él quienes salieron a dar la cara contra la subversión terrorista. Nuestro ejercito y nuestra policía pagó con vidas la defensa de nuestros derechos. Indudablemente merecen nuestro agradecimiento. Sin embargo, escuchamos decir Fujimori derrotó a Sendero, mientras al mismo tiempo se ataca a quien cumplió con su deber en las primeras líneas de esa lucha, arriesgando su vida para que podamos todos pensar libremente. Nuevamente, ¿no somos capaces de querernos lo suficiente, como peruanos, como para reconocer con orgullo y sin matices ni siquiera lo inobjetablemente positivo de nuestras instituciones?

Hay una alternativa para quien no quiere votar por Humala. Votar en blanco o viciar el voto es en efecto una opción democrática. Así expresan su insatisfacción aquellos que consideran inaceptables ambos candidatos. Deslegitimar esta opción es ver las elecciones como un mero mecanismo para seleccionar un presidente y no percibir que para cada votante el acto electoral es la expresión de su opción política, algo así como su participación en un gran diálogo nacional. Democracia no es solamente elecciones y libertad. Es también la apertura universal y equitativa de la vida política.

En nuestro país tan poco democrático, tan fraccionado, las elecciones son de los pocos momentos en los que todos nos reunimos a deliberar en conjunto. Nosotros que habitamos espacios anónimos informados por la desigualdad, nosotros que no somos iguales ni frente al mostrador de una tienda, que escuchamos decir sin desparpajo que la voluntad del pobre no cuenta, deberíamos valorar nuestras elecciones obligatorias, un acto en el cual todos los peruanos tenemos el mismo poder y del cual depende el futuro del país. Consideramos un deber participar de las elecciones; al menos en esa medida representamos en nuestras leyes la integración que nos falta en el resto de nuestra vida política. La legislación que obliga a votar a los sectores menos educados del país no es causa de nuestro subdesarrollo y de la pobreza de nuestra vida política. ¡Como si pudiésemos achacarle a los analfabetos y pobres la miseria de nuestros políticos y la ceguera y mediocridad de nuestras clases dirigentes!

Mucho del miedo que se expresa en el rechazo a Humala tiene su origen en la culpa que naturalmente produce vivir en un país donde hay más de diez millones de personas que apenas si pueden subsistir mientras unos pocos pueden darse una vida plena. El nuestro es un país difícil. Las Casas hablaba del oro de las Indias para referirse tanto a lo que alentaba la rapiña de los conquistadores, como a la oportunidad que brindaba el nuevo mundo para quien buscaba desplegar el amor incondicional del verdadero cristiano. Nosotros somos nuestro oro, el oro del Perú. El reto que nos imponen nuestro pasado y nuestro presente es enorme. Pero ahí mismo, en nuestro capital humano, en la riqueza de nuestra identidad, y en la fortaleza que tendremos si logramos resolver nuestros problemas, está nuestro futuro. Es alentador que las nuevas generaciones busquen comprometerse políticamente. Ojalá no tengan que andar una vez más el tortuoso camino de nuestra historia.

Cuando amanezca el 6 de junio, ¿habremos avanzado en la construcción de un mejor país? Lo que el Perú necesita ahora es integración y amor propio, genuino, aquel que se muestra en el aprecio a nuestra identidad común, a la hermandad de todos los peruanos. Nuestra historia política reciente es un rosario de basura por un lado y de oportunidades perdidas por el otro. Los países no son empresas, y no los podemos dejar atrás como dejamos un empleo. Nos identifican; determinan lo que somos. Quienes olvidan estos aspectos de la vida política en nombre de la modernidad y el modelo económico, de una sociedad de autómatas productivos, expresan así las taras que desgraciadamente llevamos encima. ¿Podremos los peruanos, esta vez y cuando pareciera más difícil que nunca, sacarle ventaja a las circunstancias en aras de un Perú mejor? ¿O tendremos más bien que aceptar una vez más que estamos dispuestos a tolerar lo intolerable siempre y cuando podamos retirarnos a nuestros espacios privados, nos dejen trabajar, y sigamos creciendo económicamente?

*Jorge Secada Koechlin es jefe del departamento de filosofía de la Universidad de Virginia y profesor vistante de filosofía moderna en la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya de Lima.


Aparecido en Diario 16 el domingo 15 de mayo de 2011.

martes, 17 de mayo de 2011

LA DINASTÍA FUJIMORI ACARICIA EL PODER (JAIME CORDERO, "EL PAÍS")









Jaime Cordero (El País, España)








Perú, país en el que la política no puede entenderse en función de partidos políticos o ideologías, definirá a su próximo presidente el 5 de junio entre dos apellidos: Humala contra Fujimori. Entendido esto, no sorprende que los símbolos de las dos agrupaciones que siguen en la contienda sean las iniciales de los nombres de pila de sus candidatos: la O de Ollanta y la K de Keiko. Un nombre quechua y otro japonés que también están en las antípodas del espectro político. Hermanados, eso sí, porque llegaron a la segunda vuelta gracias a lo que el analista Alberto Vergara describe como "un voto rabioso, cargado de rechazo al régimen político y económico vigente, aunque no tiene claro con qué reemplazarlo".




Primero fue Keiko Sofía, la mayor, la congresista más votada en las elecciones del 2006 y con grandes posibilidades de llegar a la presidencia. Las últimas encuestas la ubican ligeramente por delante de Humala, aunque dentro de los márgenes del error estadístico. Ahora acaba de aparecer en escena Kenji Gerardo, el menor, que ya igualó lo obtenido por su hermana en los comicios parlamentarios, con 378.000 votos. Ambos tienen en común haber sido, por distintas razones, los más notorios durante el mandato de su padre, entre 1990 y 2000.
En este contexto de creciente caudillismo y decepción por el fracaso de la democracia en distribuir los beneficios del crecimiento económico, la agrupación formada en torno al legado del expresidente Alberto Fujimori va camino de consolidarse como dinastía. Podría decirse que es el destino natural de un movimiento para el cual los partidos son carcasas intercambiables, que nació llamándose Cambio 90 y, tras sucesivas mutaciones, 21 años después se llama Fuerza 2011. La única constante del fujimorismo es el apellido, e impedido el patriarca de postular a la presidencia, pues se encuentra en prisión por delitos contra los derechos humanos y de corrupción, el testimonio lo han tomado dos de sus cuatro hijos, con el padre como gran referente y estratega, incluso desde la cárcel.




Keiko asumió el papel de primera dama tras la separación de sus padres. Su madre, Susana Higuchi, fue desterrada del poder tras ser una de las primeras personas que denunció corrupción en el Gobierno (la malversación de donaciones de ropa usada provenientes de Japón) y acabó años después como parlamentaria de la oposición. Pese al maltrato que recibió su madre (se dice que incluso fue torturada), eligió permanecer al lado del padre. En repetidas ocasiones se ha referido al Gobierno fujimorista como "el mejor de la historia del Perú", pese a las irrefutables evidencias de descomunal corrupción y atropellos a los derechos humanos, que ella califica como "errores". "No podemos achacarle al presidente Fujimori los errores cometidos por terceros", dijo Keiko en abril del 2009, en una entrevista con EL PAÍS, en la víspera de que su padre fuera condenado a 25 años de prisión como autor mediato de las matanzas de Barrios Altos y la Universidad La Cantuta.




Aunque no ejerció ningún cargo de gobierno, Keiko también ha sido implicada en acusaciones de corrupción. Se señala que tanto sus estudios como los de sus tres hermanos en EE UU (Keiko se graduó como administradora de empresas en Boston University) fueron pagados con dinero del Estado, y que ella estaba al tanto de la situación. Un informe de la Contraloría General de la República señala que pagar la formación de sus cuatros hijos le costó a Alberto Fujimori 1,25 millones de dólares, una cifra muy por encima de sus ingresos como presidente.




En 2001, según una declaración ante la fiscalía suprema adjunta dada a conocer por el diario La República, Keiko admitió que recibía 10.000 dólares mensuales en efectivo de su padre para esos fines. En los últimos años, Keiko ha ido variando su versión respecto al origen de esos fondos (primero dijo que el dinero provino de un préstamo familiar, luego de la venta de una casa), pero la denuncia ha permanecido entrampada en la maraña judicial. Según la saliente fiscal de la Nación, Gladys Echaíz (dejó el cargo el jueves), el tema sigue "en investigación".




Pese a ser la congresista más votada, Keiko no ha destacado como legisladora. Ella misma dice que ha privilegiado la "función representativa", lo que significa que ha viajado constantemente por el país para difundir sus propuestas. A lo largo de casi cinco años ha acumulado unas 500 faltas a sesiones parlamentarias, por razones diversas como licencia por maternidad, enfermedades y meras inasistencias. Está casada con un ciudadano estadounidense, Mark Vito Villanella, y tiene dos niñas. Justamente esa faceta -la de mamá- es una de las cartas que más juega en la campaña para ganarse a las madres de familia de los barrios más pobres.




En contraste, Kenji, que el 19 de mayo cumple 31 años, llega al congreso con menos credenciales. Era un niño cuando su padre estaba en el poder y se hizo popular por ser el mimado del presidente, el que lo acompañaba a sus excursiones de pesca y a numerosos viajes por el país. Luego se convirtió en un adolescente que se daba el singular lujo de gastar bromas a su "tío Vladi", nada menos que Vladimiro Montesinos, el siniestro asesor de inteligencia del entonces presidente. En esa época, tanto Montesinos como la familia Fujimori vivían en el Servicio de Inteligencia Nacional, donde Kenji tenía a disposición un amplio gimnasio, hecho a medida.




En ese ambiente militarizado y plagado de artilugios de espionaje, Kenji creció y, armado de una cámara de vídeo, documentó varias travesuras. Dos vídeos que se conocieron tras la caída del Gobierno de su padre (uno en el que interrumpe una reunión de Montesinos y le filma la calva, y otro donde parece descargar la libido adolescente con su perro,Puñete) popularizaron aún más su imagen.




Kenji -que no pudo ser entrevistado para este artículo, pese a numerosas llamadas a sus asesores- estudió agronomía en la Universidad de Kansas, una carrera similar a la de su padre, que es ingeniero agrónomo. Su historial consigna experiencia en poco conocidas empresas de seguridad privada. También trabajó como instructor de spinning en un gimnasio limeño. Como secretario de juventudes de Fuerza 2011, justifica su alta votación en el hecho de haber realizado continuos viajes por el país en los que, al igual que su hermana, regalaba cocinas.




Los carteles que se dejan ver por las calles de Lima con su rostro consignan una frase sencilla: "Trabaja como el Chino". El Chino, como todos en el Perú saben, es su padre, figura omnipresente.








(Tomado de El País)

sábado, 14 de mayo de 2011

LA METAMORFOSIS
















Sinesio López Jiménez





Las encuestas presentan un virtual empate entre Ollanta y Fujimori. A medida que el tamaño de las muestras crece, sin embargo, la diferencia a favor de Ollanta es mayor. Esto significa que cuando las encuestas llegan a más regiones y más áreas rurales encuentran más votantes por el candidato nacionalista. En otras palabras, Fujimori es una candidata limeña y urbana mientras que Ollanta es un candidato de todas las regiones y del campo. Desde una perspectiva social, Fujimori es la candidata de los ricos (de los sectores A y B y de los están más arriba del alfabeto) con el apoyo de un sector importante de las clases medias y de los pobres.


Ollanta, en cambio, es el candidato de las clases medias y populares y de los pobres y muy pobres.¿A qué se debe este virtual empate? Mi hipótesis es que ese empate no se explica tanto por la campaña de los candidatos como por la campaña de la mayoría de los medios contra Ollanta. Las persistentes e infundadas acusaciones de chavismo, las escandalosas distorsiones del programa (AFP, Essalud, estatismo, impuestos, etc.), la presentación del programa mínimo como inconsecuencia o como oportunismo, el falseamiento sistemático del Andahuaylazo, la contratación de un sicario mediático (Bayly) con la misión expresa de asesinar moralmente a Ollanta, no han logrado su objetivo de demolerlo, pero le han impedido avanzar en Lima y en las grandes ciudades.

Los medios crean el miedo y responsabilizan a Ollanta del mismo. Fujimori es presentada, en cambio, como una política virginal que nada tiene que ver con los crímenes y la corrupción de su padre, olvidando que ella y su hermano Kenji (que constituyen una dinastía) no existirían políticamente sin el encarcelado en la Diroes.Los medios (o la mayoría de ellos) ya no son solo medios sino que se han transformado en un actor político más, aliado del fujimorismo. La gran prensa y sus publicaciones acólitas han devenido prensa y TV chicha (en el más puro estilo fujimontesinista) para demoler a Ollanta. Esta metamorfosis de los medios nace con la crisis de los partidos y se profundiza con su colapso y su práctica desaparición. ¿Qué explica la orientación derechista y fujimorista de esta metamorfosis? Mi hipótesis es que ella obedece a la fusión creciente del poder económico (por acciones o por publicidad) con el poder mediático. ¿Qué consecuencias trae esta metamorfosis para el actual proceso electoral? Varias y tremendas.


En primer lugar, los medios fujimorizados han roto el pluralismo y el equilibrio informativo que ellos debieran tener, especialmente la radio y la TV que, por utilizar un recurso que pertenece a todos los peruanos (el espectro radioeléctrico), constituyen un servicio público y están obligados a ser pluralistas. En segundo lugar, el proceso electoral de la segunda vuelta ha perdido su carácter competitivo por la orientación fujimorista de la mayoría de los medios. Eso significa que si Fujimori fuera “elegida” carecería de legitimidad de origen para gobernar. En tercer lugar, el costo efectivo de la campaña de Fujimori se eleva considerablemente si se valoriza el apoyo de los medios. ¿Quiénes asumen ese costo no contabilizado por la ONPE? ¿Los medios o los grupos de poder económico?


El escandaloso apoyo mediático a Fujimori parece haber alcanzado ya un nivel de saturación a partir del cual comienza a tener efectos contraproducentes. Ollanta ha hecho todo lo posible para ganar la confianza de las clases medias acomodadas. Más no puede hacer sin renunciar a su identidad de candidato del cambio y de la justicia social. Que no lo haya logrado no es un problema de él sino de ellas. Es hora de volver a la propuesta del crecimiento con distribución (pensión 65, salario mínimo de 750 soles, Cunamás, Samu, restitución de los derechos laborales, el abaratamiento del gas, etc.) para garantizar el triunfo electoral.








(Tomado de La República)

viernes, 13 de mayo de 2011

EN TORNO A LA SEGUNDA VUELTA












Gonzalo Gamio Gehri



Ayer participé en una mesa redonda en la PUCP – organizada por un grupo de estudiantes, Izquierda Universitaria – sobre la segunda vuelta electoral. Intervinieron también los profesores Nelson Manrique y Rocío Silva. Dejo aquí el brevísimo esquema de mis reflexiones, planteadas desde la perspectiva de la agencia política.







I.- EL DILEMA.


1.- Muchos consideramos que debemos elegir entre dos males, y que viciar el voto implica huir del dilema.


2.- La frase de Levitsky. Dudas v.s. pruebas ¿A qué le tememos más? El miedo y la compasión son emociones relevantes para la política.

3.- Nosotros vivimos los noventas, y combatimos al fujimorismo.


4.- El rol de los medios y de los llamados ‘poderes fácticos’.


II.- ¿QUÉ ESTÁ EN JUEGO?


1.- La agenda de la transición. Aletargada por Toledo, detenida por García, y posiblemente desmantelada por un eventual gobierno fujimorista.


- Sistema anticorrupción.


- Equilibrio de poderes.


- DDHH.


2.- Las recomendaciones de la CVR y las políticas de memoria.


3.- ¿Ética versus economía?


4.- Los dos escenarios posibles.



5.- ¿Cuál de los dos candidatos permitiría un mayor control democrático del poder?


III.- PREPARARNOS PARA UN ESCENARIO SOMBRÍO.


.- Ni pensamiento desiderativo ni pensamiento catastrófico.


2.- La situación de la PUCP.


3.- ¿Qué hacer? Espacios públicos y ciudadanía activa.

viernes, 6 de mayo de 2011

DE SOTO Y LA PRÉDICA DE UNA MODERNIDAD UNILATERAL













Gonzalo Gamio Gehri


A medida que la campaña avanza y se calienta, se ponen de manifiesto posiciones extrañamente “novedosas” – Keiko Fujimori pide perdón por los crímenes cometidos desde el fujimorismo, Rolando Sousa elogia pasajes del Informe de la CVR y sostiene que la candidata podría comprometerse por escrito a no indultar a su padre -. Más tarde, las aguas vuelven a su nivel: se dan a conocer las opiniones de Carlos Raffo sobre una eventual - para los fujimoristas, "necesaria" - liberación de Fujimori, Keiko evita pronunciarse sobre tal compromiso escrito sugerido por Sousa, señalando que ya había empeñado su palabra en el tema, y dejando entender que no firmaría ningún documento.

Hace unos días, Hernando de Soto – flamante colaborador del “equipo técnico” de la candidatura fujimorista – tuvo más de una polémica intervención en el programa La hora N de Jaime de Althaus. Interrogado sobre el operativo que terminó con la muerte de Osama Bin Laden, de Soto – haciendo gala de una ironía francamente retorcida – sostuvo que estos hechos hacían evidente que el Perú era un “país civilizado”. Mientras en los Estados Unidos las autoridades y la población celebraban la eliminación de un jefe terrorista, en el país – indicaba – a los terroristas se les capturaba, se les leía sus derechos, se les procesaba, y al cumplir su condena, se les dejaba en libertad. Incluso indicó que los "ponemos en nuestra memoria" (sic) en pie de "igualdad con los militares" (deslizando una crítica malintencionada y llena de falsedad y prejuicio contra la CVR). Finalizó dirigiendo una sonrisa sarcástica al periodista, que - atónito - le contestó con una sonrisa nerviosa. Caramba, yo sabía que Hernando de Soto no tenía reparos en trabajar con regímenes dictatoriales – Gadafi, Mubarak, Fujimori -, pero este excurso burlón sobre el trato debido a los criminales resultó sorprendente ¿Qué estaba sugiriendo de Soto con una sonrisa en los labios? Una cosa es abatir a un delincuente como parte de un enfrentamiento y otra una ejecución extrajudicial. Hay quienes declaran su devoción a los procesos de modernización de la economía, pero recaen en la idea cavernaria de que sólo las personas decentes y los inocentes son auténticos titulares de derechos humanos (véase en una línea similar - pero infinitamente más burda y grotesca - la posición del empresario Julio Favre en este ofensivo artículo aparecido en Correo. Un texto lamentable, fascistoide).

Estas polémicas declaraciones de Hernando de Soto evidencian que profesa una concepción unidimensional y monocromática de la modernidad. Parece desconocer el valor de las identidades culturales de los indígenas en torno a sus conexiones con la naturaleza: considera que los ciudadanos nativos de la Amazonía arden en deseos de obtener títulos de propiedad para tomar decisiones comerciales sobre sus tierras. Su teoría funciona como un letal lecho de Procustes que aserra todo aquello que no se ajuste a sus condiciones. Incluso aseveró - ante el desconcierto de Jaime de Althaus - que Bin Laden fue capturado gracias a la titulación. Sus opiniones sobre los temas de derechos humanos siempre resultan controversiales a causa de su nada disimulado conservadurismo en la materia. Su "liberalismo" es hemipléjico (y por lo tanto, falso). Mientras Vargas Llosa denunciaba el golpe del 5 de abril, Hernando de Soto colaboraba con la redacción del discurso del golpista Fujimori en Las Bahamas.

La extraña posición de Hernando de Soto en torno a los temas de derechos humanos es relativamente conocida. Ya antes había manifestado su irritación frente al Informe de la CVR, sin acusar una lectura mínima del texto, deslizando la idea – por demás ridícula - de que la Comisión estuvo conformada por una "enorme cantidad de ex guerrilleros o gente que participó en la violencia". Parece que de Soto se siente bastante cómodo con el grupo político con el que actualmente colabora.


(La imagen es creación del caricaturista Alonso Núñez).






martes, 3 de mayo de 2011

RECUERDOS DEL FUTURO (NELSON MANRIQUE)





Nelson Manrique



Está en marcha un operativo de la derecha para tratar de limpiar la imagen de Keiko Fujimori, distanciándola de su famoso padre. Se ha decidido suprimir su reivindicación del gobierno de papá como “el mejor de la historia del Perú”, su declaración de que no le temblaría la mano para amnistiarlo así como su participación en los actos de corrupción que, entre otras cosas, permitieron que financiara sus estudios y los de sus hermanos con dinero mal habido por Fujimori y Montesinos. Pero el pasado se niega tercamente a morir, y retorna una y otra vez a pesar de la operación de maquillaje.


Ayer se cumplieron 19 años del secuestro y asesinato de nueve campesinos del distrito de Santa, Chimbote. Miembros del Grupo Colina incursionaron ese día en varias viviendas de los asentamientos humanos La Huaca, Javier Heraud y San Carlos, golpearon y secuestraron a los campesinos y los subieron en camionetas. No se les volvió a ver jamás. No eran terroristas sino sindicalistas, como lo contó Jesús Sosa Saavedra, integrante del Grupo Colina –conocido como “Kerosene” por sus amigos, por su costumbre de quemar a sus víctimas con este combustible–: “Se trataba de un trabajo particular, porque el señor Fung era amigo del comandante general EP Hermoza Ríos, que tenía propiedades en Chimbote… y decía que estas personas eran trabajadores de una empresa algodonera y que estaban haciendo problemas en la empresa, por eso quería que se les involucre con la subversión” (Ricardo Uceda. Muerte en el Pentagonito. Los cementerios secretos del ejército peruano, 2004). En 1995 los miembros del Grupo Colina fueron amnistiados por Alberto Fujimori. Defendió la amnistía en el Parlamento Rafael Rey, hoy miembro de la plancha presidencial de Fujimori y enemigo jurado de la CVR y del Lugar de la Memoria, el mismo que ahora, cuando según las encuestas viene perdiendo, Keiko promete construir.


La semana pasada Interpol renovó la orden de captura internacional contra 14 miembros del entorno de Alberto Fujimori comprometidos en actos de corrupción varios, incluidos el robo de recursos del Estado, complicidad en actividades ilícitas usando el aparato de espionaje del SIE para cometer asesinatos, secuestros, espionaje, interceptación telefónica –entre otras operaciones ilegales– y tráfico de armas, incluyendo la compra corrupta de 36 aeronaves de guerra MiG-29 y Su-25 malogradas de Bielorrusia para la FAP, que costó la vida a varios pilotos peruanos. Tiene un lugar destacado entre los prófugos Víctor Aritomi, tío de Keiko, esposo de la hermana de su padre Rosa Fujimori y ex embajador peruano en Japón, cargo desde el cual cumplió un rol clave en el montaje de la red mafiosa de la familia imperial. Hildebrandt en sus trece trae un excelente informe acerca del robo –establecido por investigaciones de la Contraloría– de varios millones de dólares procedentes de las donaciones japonesas montado por Rosa Fujimori y Aritomi bajo el comando de Alberto Fujimori. Denunciar estos hechos le costó secuestro y torturas a Susana Higuchi, quien en esas circunstancias fue negada por sus hijos Keiko y Kenji.


No podían faltar por cierto en esta coyuntura los operativos de inteligencia, al estilo de Montesinos. El diario La Primera ha publicado un detallado informe sobre el “Plan Sabana”, montado para impedir que Ollanta Humala llegue al poder (http:www.diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=85082). El informe incluye nombres de los personajes comprometidos, hechos, direcciones y fotografías sobre el operativo montado por el comando fujimorista con la complicidad de los servicios de inteligencia de las FFAA, la participación de importantes empresarios que financian el operativo y la incorporación de personajes como Jaime Bayly y Hernando de Soto, que vuelve a trabajar con los Fujimori luego de prestar sus valorables servicios a varias dictaduras en el mundo, entre ellas la de Gadafi, para quien trabajó hasta hace dos meses. Nada como De Soto para reforzar el perfil democrático de Fujimori.




(Publicado en La República)



Actualización:



Carlos Raffo a Hernán Migoya: "confió que, aunque jamás lo admitiría durante una entrevista, lo primero que hará su partido Fuerza 2011 de llegar al poder en estas elecciones será, ¡por supuesto!, liberar de la cárcel al condenado Alberto Fujimori, sea como sea". (4-5-2011).


¿Dónde quedaron los "juramentos" de Keiko Fujimori?