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martes, 3 de mayo de 2016

UN GRUPO DE LECTURA SOBRE LA “FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU”






Gonzalo Gamio Gehri

Desde marzo se ha formado un Grupo de Lectura sobre la Fenomenología del Espíritu de Hegel. El Grupo está conformado por cinco alumnos de ciencia política de la PUCP, dos alumnos de filosofía de la UARM, además de un abogado de la USMP participante del Cireps, y se lleva a cabo semanalmente en la UARM. La idea es leer el texto en voz alta y discutirlo línea por línea. En un año y unos meses podríamos leer todo el libro y contar con una interpretación crítica de esta obra. Este es sin duda mi libro filosófico favorito y el que más ha influido en mi concepción filosófica del mundo.

Ya vamos en “Fuerza y Entendimiento”, la parte final de la Sección Conciencia. El debate es estimulante y permite destacar la relevancia del autor en la filosofía y en las ciencias sociales contemporáneas. La rigurosidad, el entusiasmo y lel interés de los miembros del Grupo son notables. Comentaré los aportes de este Grupo a la discusión del libro.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LA FILOSOFÍA COMO VOCACIÓN




Gonzalo Gamio Gehri

La pregunta acerca de qué es la filosofía y qué podemos hacer con ella constituye una cuestión de difícil solución. Yo me inclino por una interpretación “socrática” de la filosofía, como una actividad que consiste en examinar críticamente las suposiciones y los juicios con los que se pretende organizar el mundo u orientar la vida. Es obvio que ésta no es la única concepción de la filosofía a la que uno puede recurrir, pero tiene la ventaja de situar la filosofía en el espacio más amplio de la discusión pública, no sólo se la plantea como una dimensión importante de la vida universitaria. Su lugar está en las calles – como Sócrates quería – y no sólo en las aulas de una especialidad académica. Su misión es contribuir a construir (o preservar) el ágora, el espacio de conversación.

El desarrollo estrictamente académico de la filosofía me parece fundamental – y es una parte esencial de mi vida como investigador y profesor universitario -, pero sería insensato renunciar sin más a la dimensión pública de la filosofía, concebida como una forma de interrogación y como vindicación de una ‘vida examinada’ (a la que contribuyen asimismo las demás ciencias). No creo sensato ni sano pensar en la filosofía solamente como una actividad autárquica e hiperesécializada. Veo que algunos espacios filosóficos virtuales (en su mayoría blogs) se complacen en esa autosuficiencia; en otros veo simple y llana confusión: hace poco leí en un enrarecido blog, supuestamente "postmoderno", que su dueño afirmaba absurdamente que lo que buscaba era fundamentalmente “hacerse famoso con la filosofía”. La verdad es que  la magnitud del patetismo y la banalidad de aquel despropósito me desconcertó - pues ya rozaba lo caricaturesco -; si algo brillaba por su ausencia en esa desorbitada declaración, era precisamente la disposición para la filosofía ¿Quién elige estudiar filosofía para hacerse " famoso"? No pude evitar pensar que – si lo que buscaba era un poco de fama – quizás esa persona debió esforzarse por convertirse en presentador de TV, postular al Congreso, o participar en un Reality Show. La filosofía no va por allí; sirve a otra clase de propósitos. 

La filosofía se ocupa del examen crítico de diversas formas de interpretación del mundo y la vida, tanto en el ámbito público como en el de los diferentes escenarios de la vida de uno mismo. El esclarecimiento de la experiencia (la “cosa misma” de Hegel y de Husserl) siempre fue un propósito filosófico fundamental. Constituye un error considerar que la filosofía consiste en un estudio doxográfico, saber y discutir qué pensaban realmente Herder,  Murdoch y Wittgenstein, y otros. Evidentemente, quien se forma en este campo requiere conocer con precisión el pensamiento de éstos autores y otros, pero se trata sólo de una herramienta para adentrarse en los problemas. Dialogar con la tradición filosófica nos prepara para desarrollar la capacidad de plantear y responder nuestras propias preguntas filosóficas. Eso lo aprendí de la lectura directa de los filósofos, y también del buen ejemplo de mis maestros, que promovían a la vez el conocimiento de las fuentes y el cultivo del pensamiento propio. Cuando algunas personas me preguntan las razones por las que yo y muchos colegas no solemos “hablar de filosofía” fuera de clase – en reuniones informales, por ejemplo -, lo que yo suelo decir es que lo que no hacemos es recordar explícitamente las citas bibliográficas de los filósofos – eso no equivale estrictamente a hablar de filosofía -, pero que quien tiene genuina vocación hace filosofía siempre, cuando conversa sobre política o comenta novelas o películas, no exclusivamente cuando uno hace referencias explícitas a la filosofía bosquejada por especialistas. La atención a los problemas mismos, la devoción por el argumento riguroso, constituyen el rasgo de identidad propio de la filosofía.

¿La filosofía es un “trabajo”, es una “actividad profesional”? Bueno, existe una especialidad académica, y existen personas que – como yo mismo – se dedican a la docencia universitaria en esta materia. Considero que la enseñanza filosófica es un honor y un privilegio. Una vocación con todas sus letras. Pero también la filosofía es una forma de vida que te acompaña donde estés, dentro y fuera de las aulas. No es un "oficio"  , un "trabajo" más que uno ejerce la mitad del día, es un modo de pensar y de encarar el mundo. Quien afirma que la universidad es el único espacio de la filosofía no expresa una verdad; olvida precisamente el núcleo de la herencia socrática; recordemos asimismo el elemento actitudinal y práctico de la filosofía. Es preciso reconocer la filosofía como una actividad crítica y no confundirla con alguna forma de doctrina (religiosa, ideológica o de cualquier especie) que la distorsione sin remedido. Como indica la Apología de Sócrates, la filosofía constituye el tábano que aspira a promover el despertar de la razón en la vida de la gente.


miércoles, 25 de abril de 2012

VICENTE SANTUC SJ: UN AÑO DE SU PARTIDA

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Gonzalo Gamio Gehri


El pasado 3 de Abril se cumplió un año del sensible fallecimiento de Vicente Santuc, sacerdote jesuita, filósofo, fundador y Rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Dejó muchos buenos amigos y numerosos discípulos que apreciaron sus clases y su ejemplo de vida. Vicente mostró con su vida y obra que es posible ser a la vez un creyente comprometido y un espíritu libre, un filósofo y un hombre de Dios. La lectura paciente de los clásicos y la meditación en torno a los textos del Evangelio lo llevaron a comprometerse con esa difícil pero altamente significativa forma de existencia. Sus lecciones sobre Nietzsche y sus escritos fenomenológicos sobre la acción humana – particularmente la acción política – constituyen un claro testimonio de esa vocación por hacer de la fe y la libertad las disposiciones fundamentales para llevar una vida con sentido.

En el libro El topo en su laberinto es posible encontrar su compleja interpretación del lugar de la filosofía en la cultura, la sociedad y la vida de las personas. En este momento estamos revisando y ordenando los numerosos manuscritos que Vicente dejó, con el propósito de publicar sus Obras completas. En un primer volumen aparecerá su último ensayo, "Antropología existencial", acompañado de algunos artículos complementarios sobre filosofía de la educación, espiritualidad y filosofía práctica.

Más allá de la evidente calidad de sus ideas, la profundidad de sus argumentos sobre el carácter gratuito de la vida, la dimensión humana de la fe, la crítica del homo economicus y tantos otros motivos filosóficos en el pensamiento de Vicente, sus amigos y colegas lo recordaremos siempre como un verdadero maestro que sabía encarnar las ideas en un camino de vida y que era capaz de transmitirlas con precisión conceptual, espíritu crítico y una gran  honestidad personal. Su sólido sentido de la realidad no le impedía tener una enorme y afectuosa fe en los seres humanos y en su capacidad de crecer y plantearse propósitos que implican la transformación del entorno y la promoción de la justicia. Después de un año, su partida nos sigue dejando un enorme vacío. Tomar muy en serio los principios que guiaron su vida y su magisterio filosófico será el mejor modo de honrar su memoria.

sábado, 27 de marzo de 2010

HOMENAJE A UN GRAN MAESTRO


Gonzalo Gamio Gehri


Federico Camino es uno de los más queridos y reconocidos maestros de la PUCP. Ha sido mi profesor y también profesor de mis profesores. Conocido por su rigor argumentativo y su refinado e implacable sentido del humor, ha dictado las asignaturas de metafísica, ética, filosofía antigua y moderna por más de treinta y cinco años en las aulas de la especialidad de filosofía. El viernes último la Universidad le ha declarado profesor emérito. En el contexto de una cálida ceremonia, los doctores Miguel Giusti y Salomón Lerner - en sentidos discursos, marcados por el el afecto, el reconocimiento y la gratitud al filósofo, al colega y al amigo - destacaron la calidad humana y la honestidad académica de Fico Camino, sin duda uno de los forjadores de la identidad y el prestigio de nuestros estudios filosóficos. Al final, el Dr. Camino se dirigió al público y desarrolló una aguda reflexión sobre el sentido de la actitud filosófica frente al juego de la vida.

Antiguo alumno de Heidegger y especialista en su pensamiento, Fico Camino ha sabido transmitir a sus estudiantes las excelencias de la actividad filosófica: una permanente actitud crítica frente a las ideologías y concepciones del mundo, el manejo preciso de las fuentes bibliográficas, una apertura extraordinaria a las razones del otro, una peculiar atención en el valor de la pregunta. Las clases en las que enseñaba a los más jóvenes a citar con precisión a Platón y a Aristóteles, o aquellas en las que dirigía sus baterías contra las malas traducciones de los clásicos resultan particularmente inolvidables. Sus ácidas críticas a los compositores de historias de la filosofía de dudosa calidad dejaron una huella imborrable en quienes aprendimos de él que nada sustituye el encuentro directo con los textos clásicos. Sus iluminadores cursos sobre Heidegger y sobre Aristóteles son especialmente memorables para los estudiantes de pregrado y maestría.

Sus alumnos no sólo recordamos en él a un agudo cultor del concepto y de la sabia ironía, sino también a un maestro generoso, realmente comprometido con la docencia y con el filosofar. Siempre dispuesto a atender las inquietudes de los estudiantes. Su compromiso con el alumno podía reconocerse desde su manera - eminentemente dialógica - de evaluar exámenes y monografías. Comentaba extensamente los argumentos de los textos valiéndose de numerales que le daban orden a la argumentación. Revisaba celosamente la bibliografía y sugería nuevas vías de reflexión, muchas veces complementando el análisis filosófico con el ingreso fecundo a terrenos de otras disciplinas – terrenos aledaños a la filosofía - como la literatura, la música y el cine. Uno podía imaginarse el largo tiempo y la dedicación invertidos en el análisis de cada escrito. Esta disposición a entablar una genuina conversación filosófica con los estudiantes constituye un signo de su profunda vocación por la docencia universitaria en filosofía.

Profesor dedicado, pensador lúcido, notable escritor, un conversador extraordinario y un buen consejero y amigo, todo eso es Fico Camino. Un filósofo que comparte con gusto y generosidad sus conocimientos y pone de manifiesto el sentido del humor como una genuina virtud. Su magisterio destaca la importancia de un severo celo por la rigurosidad conceptual e histórica, a la vez que evoca la actividad filosófica como una auténtica fiesta del pensar. Se trata de un verdadero académico que nos enseña que la filosofía es un tipo de reflexión radical que no admite restricciones ni apellidos; es una actividad libre, que explora la cosa misma desde sus fundamentos. Se trata de una actividad que – como señala citando a Nietszche – tiene lugar en la intemperie, en las regiones heladas, los bosques y las montañas. Ella rechaza toda forma de sujeción a una autoridad exterior al paciente y estricto trabajo de la razón. Todo pensamiento que se somete a la disciplina y exigencias externas de un sistema doctrinario / ideológico dogmático (de la procedencia que fuere) y deviene ancilla - sierva - pierde su condición de filosofía, pues la sustancia de ésta es la libertad.

Muchas gracias, maestro.