Gonzalo Gamio Gehri
La pregunta acerca
de qué es la filosofía y qué podemos hacer con ella constituye una cuestión de
difícil solución. Yo me inclino por una interpretación “socrática” de la
filosofía, como una actividad que
consiste en examinar críticamente las suposiciones y los juicios con los que se
pretende organizar el mundo u orientar la vida. Es obvio que ésta no es la
única concepción de la filosofía a la que uno puede recurrir, pero tiene la
ventaja de situar la filosofía en el espacio más amplio de la discusión
pública, no sólo se la plantea como una dimensión importante de la vida
universitaria. Su lugar está en las calles – como Sócrates quería – y no sólo
en las aulas de una especialidad académica. Su misión es contribuir a construir (o preservar) el ágora, el espacio de conversación.
El desarrollo
estrictamente académico de la filosofía me parece fundamental – y es una parte esencial
de mi vida como investigador y profesor universitario -, pero sería insensato renunciar sin más a la dimensión pública de la filosofía, concebida
como una forma de interrogación y como vindicación de una ‘vida examinada’ (a
la que contribuyen asimismo las demás ciencias). No creo sensato ni sano pensar
en la filosofía solamente como una
actividad autárquica e hiperesécializada. Veo que algunos espacios filosóficos
virtuales (en su mayoría blogs) se complacen
en esa autosuficiencia; en otros veo simple y llana confusión: hace poco leí en
un enrarecido blog, supuestamente "postmoderno", que su dueño afirmaba
absurdamente que lo que buscaba era fundamentalmente “hacerse famoso con la
filosofía”. La verdad es que la magnitud
del patetismo y la banalidad de aquel despropósito me desconcertó - pues ya rozaba lo caricaturesco -; si algo
brillaba por su ausencia en esa desorbitada declaración, era precisamente la disposición para la filosofía ¿Quién elige
estudiar filosofía para hacerse " famoso"? No pude evitar pensar que – si lo que
buscaba era un poco de fama – quizás esa persona debió esforzarse por
convertirse en presentador de TV, postular al Congreso, o participar en un Reality Show. La filosofía no va por
allí; sirve a otra clase de propósitos.
La filosofía se
ocupa del examen crítico de diversas formas de interpretación del mundo y la
vida, tanto en el ámbito público como en el de los diferentes escenarios de la
vida de uno mismo. El esclarecimiento de la experiencia (la “cosa misma” de
Hegel y de Husserl) siempre fue un propósito filosófico fundamental. Constituye
un error considerar que la filosofía consiste en un estudio doxográfico, saber
y discutir qué pensaban realmente Herder, Murdoch y Wittgenstein, y otros. Evidentemente, quien se forma en este campo requiere conocer con precisión el pensamiento de éstos autores y otros, pero se trata sólo de una
herramienta para adentrarse en los problemas. Dialogar con la tradición
filosófica nos prepara para desarrollar la capacidad de plantear y responder
nuestras propias preguntas filosóficas. Eso lo aprendí de la lectura directa de
los filósofos, y también del buen ejemplo de mis maestros, que promovían a la vez el conocimiento de las fuentes y el cultivo del pensamiento propio. Cuando algunas personas me preguntan las
razones por las que yo y muchos colegas no solemos “hablar de filosofía” fuera
de clase – en reuniones informales, por ejemplo -, lo que yo suelo decir es que
lo que no hacemos es recordar explícitamente las citas bibliográficas de los
filósofos – eso no equivale estrictamente a hablar de filosofía -, pero que
quien tiene genuina vocación hace filosofía siempre, cuando conversa sobre
política o comenta novelas o películas, no exclusivamente cuando uno hace referencias explícitas a la filosofía bosquejada por especialistas. La atención a los problemas mismos, la
devoción por el argumento riguroso, constituyen el rasgo de identidad propio de
la filosofía.
¿La filosofía es un
“trabajo”, es una “actividad profesional”? Bueno, existe una especialidad académica,
y existen personas que – como yo mismo – se dedican a la docencia universitaria
en esta materia. Considero que la enseñanza filosófica es un honor y un
privilegio. Una vocación con todas sus letras. Pero también la filosofía es una
forma de vida que te acompaña donde estés, dentro y fuera de las aulas. No es un "oficio" , un "trabajo" más que uno ejerce la mitad del día, es un modo de pensar y de encarar el mundo. Quien afirma que la universidad es el único espacio de la filosofía no expresa una verdad; olvida precisamente el núcleo de la herencia socrática; recordemos asimismo el elemento actitudinal y práctico de la filosofía. Es
preciso reconocer la filosofía como una actividad crítica y no confundirla con
alguna forma de doctrina (religiosa, ideológica o de cualquier especie) que la
distorsione sin remedido. Como indica la Apología de Sócrates, la filosofía constituye el
tábano que aspira a promover el despertar de la razón en la vida de la gente.