sábado, 27 de marzo de 2010

HOMENAJE A UN GRAN MAESTRO


Gonzalo Gamio Gehri


Federico Camino es uno de los más queridos y reconocidos maestros de la PUCP. Ha sido mi profesor y también profesor de mis profesores. Conocido por su rigor argumentativo y su refinado e implacable sentido del humor, ha dictado las asignaturas de metafísica, ética, filosofía antigua y moderna por más de treinta y cinco años en las aulas de la especialidad de filosofía. El viernes último la Universidad le ha declarado profesor emérito. En el contexto de una cálida ceremonia, los doctores Miguel Giusti y Salomón Lerner - en sentidos discursos, marcados por el el afecto, el reconocimiento y la gratitud al filósofo, al colega y al amigo - destacaron la calidad humana y la honestidad académica de Fico Camino, sin duda uno de los forjadores de la identidad y el prestigio de nuestros estudios filosóficos. Al final, el Dr. Camino se dirigió al público y desarrolló una aguda reflexión sobre el sentido de la actitud filosófica frente al juego de la vida.

Antiguo alumno de Heidegger y especialista en su pensamiento, Fico Camino ha sabido transmitir a sus estudiantes las excelencias de la actividad filosófica: una permanente actitud crítica frente a las ideologías y concepciones del mundo, el manejo preciso de las fuentes bibliográficas, una apertura extraordinaria a las razones del otro, una peculiar atención en el valor de la pregunta. Las clases en las que enseñaba a los más jóvenes a citar con precisión a Platón y a Aristóteles, o aquellas en las que dirigía sus baterías contra las malas traducciones de los clásicos resultan particularmente inolvidables. Sus ácidas críticas a los compositores de historias de la filosofía de dudosa calidad dejaron una huella imborrable en quienes aprendimos de él que nada sustituye el encuentro directo con los textos clásicos. Sus iluminadores cursos sobre Heidegger y sobre Aristóteles son especialmente memorables para los estudiantes de pregrado y maestría.

Sus alumnos no sólo recordamos en él a un agudo cultor del concepto y de la sabia ironía, sino también a un maestro generoso, realmente comprometido con la docencia y con el filosofar. Siempre dispuesto a atender las inquietudes de los estudiantes. Su compromiso con el alumno podía reconocerse desde su manera - eminentemente dialógica - de evaluar exámenes y monografías. Comentaba extensamente los argumentos de los textos valiéndose de numerales que le daban orden a la argumentación. Revisaba celosamente la bibliografía y sugería nuevas vías de reflexión, muchas veces complementando el análisis filosófico con el ingreso fecundo a terrenos de otras disciplinas – terrenos aledaños a la filosofía - como la literatura, la música y el cine. Uno podía imaginarse el largo tiempo y la dedicación invertidos en el análisis de cada escrito. Esta disposición a entablar una genuina conversación filosófica con los estudiantes constituye un signo de su profunda vocación por la docencia universitaria en filosofía.

Profesor dedicado, pensador lúcido, notable escritor, un conversador extraordinario y un buen consejero y amigo, todo eso es Fico Camino. Un filósofo que comparte con gusto y generosidad sus conocimientos y pone de manifiesto el sentido del humor como una genuina virtud. Su magisterio destaca la importancia de un severo celo por la rigurosidad conceptual e histórica, a la vez que evoca la actividad filosófica como una auténtica fiesta del pensar. Se trata de un verdadero académico que nos enseña que la filosofía es un tipo de reflexión radical que no admite restricciones ni apellidos; es una actividad libre, que explora la cosa misma desde sus fundamentos. Se trata de una actividad que – como señala citando a Nietszche – tiene lugar en la intemperie, en las regiones heladas, los bosques y las montañas. Ella rechaza toda forma de sujeción a una autoridad exterior al paciente y estricto trabajo de la razón. Todo pensamiento que se somete a la disciplina y exigencias externas de un sistema doctrinario / ideológico dogmático (de la procedencia que fuere) y deviene ancilla - sierva - pierde su condición de filosofía, pues la sustancia de ésta es la libertad.

Muchas gracias, maestro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Fico es, además, una de las personas más entrañables que he conocido en vida. Qué manera de ser sí mismo y de ser, a la vez, un personaje.

Gonzalo Gamio dijo...

Anónimo:

Creo que es importante firmar el comentario ¿Cuál es el problema con identificarse? Lo del personaje no lo entiendo bien.

Efectivamente, se trata de un profesor excelente y de un ser humano extraordinario. Sus alumnos le debemos mucho.

Saludos,
Gonzalo.

Fabiola Paulina dijo...

Gonzalo, el otro día cuando hablaste de Fico Camino me quedé con las ganas de comentar tu hermoso elogio. También fue mi profesor de varios cursos de filosofía en mis años jóvenes. Siempre recordaré el trabajo que me tocó presentar en uno de sus cursos y que él me sugirió: el quedarse admirado, la admiración, el asombro ( ¿taumazo? Escribirlo en griego lo olvidé aunque me quedó el sonido).
Quiero unirme a tus comentarios sobre él, en todo el sentido de la palabra. Su exhaustivo y largo análisis de la bibliografía de los cursos era la del erudito que se ponía de tú a tú con los autores y nos daba seguridad para manejarnos con la bibliografía.
Lo que más le agradezco es que me enseñó que la pregunta era la clave, me enseñó a ir despacio por el camino largo de las repuestas, no apresurarse a dar respuestas rápidas y fáciles, sopesar lo que se piensa y se dice y después de una respuesta seguir pensando más allá de ella.
Encontrarme con este filósofo ha sido una experiencia determinante.
Ojalá que se publique lo que dijo en su homenaje. No pude ir.
Fabiola Luna

Pat Salazar-Caso dijo...

Profesor Gamio:

Interesante alocución. Fico es este semestre mi profesor de Filosofía Antigua. Y definitivamente concuerdo con todo lo dicho. El poder pedirle bibliografía adicional a un tema en específico (me facilitó una copia de 'La naissance de la philosophie' de Jean Beaufret), el que responda correos electrónicos absolviendo mis dudas respecto a algún tema tratado en el curso, y el que desde la primera clase compela a sus alumnos a hacer ambas cosas, es algo sorprendente. Será uno de los mejores recuerdos que tendré de él.

Asimismo, el temor que infunde alguien que sabe mucho, que enseña lo que sabe y lo enseña bien, mezclando en su enseñanza rigurosa (producto de su formación en Alemania) el humor criollo que él tan bien sabe expresar ("el que piensa, pierde"), hacen que sus clases sean maravillosas. Más allá del mito creado y reinventado por cada generación de sus interminables digresiones ("no importa irse por las ramas con tal de permanecer en el árbol") y de que quizá nunca hablemos siquiera de Tales de Mileto, cada cosa dicha por él es una muestra de sabiduría de su parte. En todo el sentido de la palabra, un maestro.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Pat:

No se precipite usted. Le garantizo que será un curso excelente y que se cumplirá con los temas centrales. Los cursos de Fico son inolvidables.

Saludos,
Gonzalo.