
Gonzalo Gamio Gehri
Confieso que no me gustó el debate. Vi a Lourdes Flores excesivamente violenta, y a Susana Villarán demasiado displicente frente a los ataques; debió contestar al menos en dos ocasiones con cierta energía. Flores parecía suponer que ser de izquierda equivale a estar comprometido con el terrorismo, al punto que patinó estrepitosamente al sugerir que Villarán había participado en actividades organizadas por Perú Support Group, una institución británica a la que acusaba de apoyar a Sendero Luminoso. Dicho organismo ha rechazado estas aseveraciones y está exigiendo una disculpa pùblica. Es lamentable que las ambiciones electorales se antepongan al respeto por la verdad. Estamos asistiendo a una campaña particularmente sucia, tanto en el nivel de la prensa como en el de algunos de sus actores políticos (no es la primera campaña en la que los medios se ponen de parte de Lourdes Flores ¿Qué hay detrás de todo eso?). La mentira se usa como arma arrojadiza. Víctor Vich lo ha señalado con particular dureza:
“Son dos las constataciones al respecto: por un lado, se nos ha revelado la verdadera cara de una derecha –profundamente autoritaria y mafiosa- que no quiere tener interlocutores políticos y que está dispuesta a muchas cosas a fin de continuar en el poder. Mentir (y demás) se ha vuelto su estrategia. Por otro, es realmente obsceno e impresionante manipulación que realizan los medios de comunicación en la construcción de la opinión pública”.
En este debate el tema municipal ha quedado en un segundo lugar, ante el protagonismo de la cuestión ideológica. Este es un triste preludio del espíritu sombrío que acompañará a la campaña presidencial del 2011: que los ciudadanos se preparen ante lo que se viene. Ante los ojos de sus enemigos políticos y mediáticos, Susana Villarán no es ya una “izquierdista caviar”, es una cómplice de la subversión. Quedó atrás su rol como ministra en tiempos de la transición o su trabajo como Defensora de
“El último debate nos confronta ante dos formas de hacer política: una que está dispuesta a mentir, a injuriar, a manipular y a sembrar falsos miedos, y otra que ha optado por la necesidad de sumar esfuerzos”.
Me llamó la atención la arenga final de cada una de las candidatas. Villarán convocando a una pluralidad de voces para construir una ciudad más abierta y sana. Flores, sin dejar de ser incisiva, expresando su adhesión a los valores confesionales del "Perú oficial" – que para el fundamentalista "criollo" son los únicos valores posibles - ha procurado señalar a su rival como enemiga de la tradición; ha apelado su formación religiosa, su convicción en torno al inicio de la vida, etc. En sí misma esta declaración de principios no tiene nada de malo (de hecho, yo mismo tengo creencias religiosas y soy contrario al aborto), pero no olvidemos que constituye una pura y dura estrategia electoral: se trata de una exhibición de compromisos que se enmarcan en una campaña meditada de antemano (contando con el concurso de cierta prensa), consistente en la difusión del miedo, el propósito de escándalo y la estigmatización del que piensa diferente. Mostrar las propias “virtudes” para poner de manifiesto los “vicios” ajenos (¡Como en la parábola del fariseo y el publicano!)[1]. Hay que ver lo que produce en el ánimo la ansiedad por no perder una elección. Pareciera que, también para la derecha política, salvo el poder todo es ilusión.
[1] Lucas 18, 9-14.







