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miércoles, 29 de septiembre de 2010

MALAS ACTITUDES




Gonzalo Gamio Gehri


Confieso que no me gustó el debate. Vi a Lourdes Flores excesivamente violenta, y a Susana Villarán demasiado displicente frente a los ataques; debió contestar al menos en dos ocasiones con cierta energía. Flores parecía suponer que ser de izquierda equivale a estar comprometido con el terrorismo, al punto que patinó estrepitosamente al sugerir que Villarán había participado en actividades organizadas por Perú Support Group, una institución británica a la que acusaba de apoyar a Sendero Luminoso. Dicho organismo ha rechazado estas aseveraciones y está exigiendo una disculpa pùblica. Es lamentable que las ambiciones electorales se antepongan al respeto por la verdad. Estamos asistiendo a una campaña particularmente sucia, tanto en el nivel de la prensa como en el de algunos de sus actores políticos (no es la primera campaña en la que los medios se ponen de parte de Lourdes Flores ¿Qué hay detrás de todo eso?). La mentira se usa como arma arrojadiza. Víctor Vich lo ha señalado con particular dureza:

“Son dos las constataciones al respecto: por un lado, se nos ha revelado la verdadera cara de una derecha –profundamente autoritaria y mafiosa- que no quiere tener interlocutores políticos y que está dispuesta a muchas cosas a fin de continuar en el poder. Mentir (y demás) se ha vuelto su estrategia. Por otro, es realmente obsceno e impresionante manipulación que realizan los medios de comunicación en la construcción de la opinión pública”.

En este debate el tema municipal ha quedado en un segundo lugar, ante el protagonismo de la cuestión ideológica. Este es un triste preludio del espíritu sombrío que acompañará a la campaña presidencial del 2011: que los ciudadanos se preparen ante lo que se viene. Ante los ojos de sus enemigos políticos y mediáticos, Susana Villarán no es ya una “izquierdista caviar”, es una cómplice de la subversión. Quedó atrás su rol como ministra en tiempos de la transición o su trabajo como Defensora de la Policía. Pretenden presentarla como una extremista (véase el contundente deslinde con Patria Libre).

“El último debate nos confronta ante dos formas de hacer política: una que está dispuesta a mentir, a injuriar, a manipular y a sembrar falsos miedos, y otra que ha optado por la necesidad de sumar esfuerzos”.

Me llamó la atención la arenga final de cada una de las candidatas. Villarán convocando a una pluralidad de voces para construir una ciudad más abierta y sana. Flores, sin dejar de ser incisiva, expresando su adhesión a los valores confesionales del "Perú oficial" – que para el fundamentalista "criollo" son los únicos valores posibles - ha procurado señalar a su rival como enemiga de la tradición; ha apelado su formación religiosa, su convicción en torno al inicio de la vida, etc. En sí misma esta declaración de principios no tiene nada de malo (de hecho, yo mismo tengo creencias religiosas y soy contrario al aborto), pero no olvidemos que constituye una pura y dura estrategia electoral: se trata de una exhibición de compromisos que se enmarcan en una campaña meditada de antemano (contando con el concurso de cierta prensa), consistente en la difusión del miedo, el propósito de escándalo y la estigmatización del que piensa diferente. Mostrar las propias “virtudes” para poner de manifiesto los “vicios” ajenos (¡Como en la parábola del fariseo y el publicano!)[1]. Hay que ver lo que produce en el ánimo la ansiedad por no perder una elección. Pareciera que, también para la derecha política, salvo el poder todo es ilusión.


[1] Lucas 18, 9-14.

lunes, 27 de septiembre de 2010

CONCEPCIONES POLÍTICAS Y PROBLEMAS CON EL PLURALISMO




Gonzalo Gamio Gehri


I



En el post anterior señalaba que las dos versiones rivales de nuestra derecha criolla – rivales en el concepto, pero estratégicamente aliadas en la arena política – se llevaban bastante mal con la democracia. Los mercantilistas y los reaccionarios coquetean de manera impenitente con el autoritarismo. Se hace necesaria la formación de una derecha moderna y democrática, creyente en el institucionalismo y en la economía de mercado, pero también en los derechos humanos y en el control democrático del poder. Esa clase de “derecha” no habita en los partidos existentes, acaso en ciertos espacios de prensa y de la cultura (Vargas Llosa, De Soto, Álvarez Rodrich, Salinas).

¿Qué sucede con la izquierda? Contamos con un sector de la izquierda vinculado con la socialdemocracia, que ha apostado por procesar de a pocos las lecciones de 1989, que hoy habla de humanismo cívico, de procedimientos democráticos, de reconocimiento de la diversidad cultural y de género, de derechos humanos, principios plurales de justicia distributiva y de desarrollo humano centrado en las capacidades. Esa izquierda ha aprendido de la herencia liberal y ha desterrado los viejos slogans del marxismo ortodoxo. Ha desmontado el viejo esquema estructura / superestructura, para dejar un espacio de libertad a la vida del intelecto y de la cultura. En algunos casos, ha descubierto – a partir de una lectura reflexiva del Evangelio y de los textos proféticos – que la religión puede ser liberadora y no causa de alienación. Considera que el recurso a las formas de vida democrática no constituye un instrumento para la captura del poder, sino que ellas pueden ponerse de manifiesto como un horizonte de libertad y realización humanas. Es saludablemente reformista, y no "revolucionaria". Esa izquierda moderna y democrática sí me convence, por su posible convergencia conceptual con propósitos liberales y pluralistas. Lamentablemente, ella habita contados espacios políticos, más bien su lugar de desarrollo es casi exclusivamente la academia y algunas instituciones de la sociedad civil.

La otra izquierda – mayoritaria en nuestro espacio político – es ortodoxa y radical. No se ha reexaminado a la luz de los sucesos que acabaron con el Muro de Berlín. Sigue pensando en que la Historia Universal está regida por leyes, y que – esto es penoso e inaceptable - la violencia constituye un medio “legítimo” para emancipar a las víctimas de la injusticia. Se pierde en debates cargados de dogmas acerca de si están dadas las “condiciones objetivas” para llevar a cabo la "Revoluvción". Esa izquierda ve en los mecanismos representativos de la democracia liberal la ocasión para introducir una agenda caduca. No le mortifica aliarse con los “etno-nacionalismos”, puesto que la consistencia teórica no es una de sus prioridades. Esta es la izquierda que habita en los viejos partidos legales de inspiración integrista. Una izquierda arcaica y funesta.

La izquierda democrática no ha logrado una representación parlamentaria, pero ha cobrado fuerza a partir del liderazgo de Susana Villarán como candidata a la alcaldía de Lima. Es una candidatura que yo veo con simpatía – la he escuchado y conozco a muchos de sus técnicos - y que en principio pienso apoyar el domingo; Sin embargo, confieso que me preocupa que algunos elementos de la vieja izquierda legal la acompañen. Creo que son elementos que han sido sobredimensionados por la prensa conservadora - tengo entendido que de 39 regidores, sólo tres son del MNI -, pero no es menos cierto que la candidatura de Susana Villarán no necesita de tales aliados, que ellos no aportan a su proyecto en lo práctico ni en lo ideológico: de hecho, contribuyen a minar su discurso. Esa compañía no contribuye a la necesaria renovación de la izquierda - renovación que la propia Villarán y otros han alentado con entusiasmo -, a pesar de que esta candidatura me parece digna de respaldo y que es impresionante la fuerza que ella ha asumido en corto tiempo. Necesitamos una izquierda y una derecha pluralistas, dispuestas a dialogar y a encontrar focos de consenso frente al diseño de políticas e instituciones genuinamente democráticas. Es el dogmatismo y la disposición a la violencia contra el que piensa diferente lo que enturbia nuestra escena política, en las dos orillas del espacio ideológico político, tanto en la derecha como en la izquierda.


II


Ayer en el Suplemento Domingo de La República, Eduardo Dargent publicó La conjura del genio, un agudo artículo en el que desenmascara el espíritu y proceder de Aldo Mariátegui al frente de Correo. El texto es valiente y posee calidad argumentativa. Pone de manifiesto cómo Mariátegui estigmatiza a quien piensa diferente – una actitud evidentemente antiliberal - , y se sirve del insulto como método para lograr una extraña e irreal “refutación”. La verdad y los argumentos no le interesan en demasía.

Hoy – como era de esperarse – Mariátegui contesta a Dargent, con una nota repleta de agravios y de falacias claramente identificables. Defiendes tus frejoles, señala, Te aferras a tus cargos, adulas a tus maestros, entre otras expresiones insultantes cargadas de estereotipos y de veneno en cantidades industriales. Mi solidaridad con el colega y el amigo por estos innobles ataques. No obstante, a mi juicio, Dargent no debería inquietarse con la “réplica” de Mariátegui, pues ha probado los dos puntos de su acertada crítica. Efectivamente, el director de Correo ha convertido ese diario en una extensión de su columna, contraviniendo los preceptos de la ética periodística, y degrada sistemáticamente el nivel de la discusión en la esfera pública. Quien lea la destemplada columna de hoy en Correo comprobará que Dargent tiene toda la razón.


La imagen viene de aquí.


jueves, 23 de septiembre de 2010

UNA AGENDA DE MIEDO


Gonzalo Gamio Gehri


Como he señalado en otros posts, en nuestro país habitan dos formas de “derecha” que colaboran estratégicamente a pesar de que no congenian de corazón. Una es individualista, mercantilista, piensa con la máquina registradora bajo el brazo. La sociedad entera – para ella – funciona a la manera del mercado o debería hacerlo si quisiera emprender el camino del progreso. La otra es “reaccionaria”, apela al retorno de las “antiguas tradiciones”, le rinde culto a las “instituciones tutelares” – la Iglesia católica jerárquica y las Fuerzas Armadas – y predica orden y autoridad contra las prácticas democráticas. Ambas han saludado los golpes de Estado, así como han respaldado las diversas formas de autoritarismo competitivo. Ambas rechazan las políticas de derechos humanos y en general el programa transicional. Tampoco aprecian los proyectos institucionalistas en el nivel del Estado (y desconocen la noción misma de "sociedad civil"). Ambas son antiliberales.

Ambas predican hoy la agenda del miedo. Alberto Vergara ha publicado en Poder un artículo interesante, El Tea party perucho. Allí sostiene que algunos espacios mediáticos conservadores – como Correo – están aplicando una lógica similar al Tea Party en nuestro medio, intentando hacer pasar a Susana Villarán como una bolchevique disfrazada de socialdemócrata.

En el Perú se viene fraguando nuestro Tea Party, nuestro Fox News y nuestro Glenn Beck. El diario Correo ha abierto fuego contra Susana Villarán con una lógica de Tea Party: quieren asustarme como a granjero gringo. Creen que por ser de derecha me voy a convencer de que la tía es terruca, pastrula y ladrona. No se pasen. Puesto que acusarla de pituca no ha tenido efecto entre sus votantes (lo cual es lógico pues su bastión ha sido el A/B... ¡los pitucos no se asustan de los pitucos!), Mariátegui y su primera plana han decidido cambiar de estrategia y asustar a los de arriba con el asunto de que Villarán es una Elena Iparraguirre new age. Así de explícito. Ella sería el vehículo de los extremistas de Patria Roja, estaría buscando la alcaldía para saquearla y entregarle todo el dinero a sus amigos comunistas y así convertir al Perú en Bolivia. Eso ya no es periodismo”.

No puedo estar más de acuerdo con Vergara: eso no es periodismo. La ultraderecha mediática está recurriendo a la mentira y a una campaña macartista consistente en propagar el temor a una eventual victoria de Susana Villarán. PPK nos habla del impacto de un acontecimiento semejante entre los inversionistas extranjeros, Correo oscila entre el alegato anti-izquierdista y las “pastillas para levantar la moral” (¡Con alusiones a Bolivar!) dirigidas a Lourdes Flores. Y no se trata solamente de la columna del Director. Véase la patética y engolada nota de Martín Santiváñez publicada hoy sobre el tema. La ejecución de esta curiosa agenda de miedo presupone que los votantes somos sujetos en permanente minoría de edad que necesitamos ser impresionados y manipulados para tomar una decisión que ellos consideran razonable. Otro signo antiliberal en el programa de este sector de la prensa, y en los esquemas de esta facción mayoritaria de la “clase política”, carente de imaginación e ideas. A pesar de que algunos espacios - como el programa de Bayly - han cargado las tintas hacia un sólo lado, y que el espionaje telefónico ha tenido por ahora como única destinataria a Flores, el efecto de esta campaña de miedo es notorio.

Aldo Mariátegui ha evidenciado su falta de reflejos en su precipitada y escueta respuesta a la nota de Vergara. Considera que él no puede estar promoviendo una suerte de Tea Party criollo, porque él habría criticado el Tea Party nortaeamericano. Parece no reparar en la posibilidad de que se critiquen diferentes contenidos particulares del proyecto republicano y sin embargo trasladar – en alguna medida - su formato y sus propósitos en nuestro medio. Allí saca a relucir unas enormes anteojeras conceptuales (de un modo similar a cuando señala que no es “ultraderechista” sólo porque está a favor del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo). Incluso intenta replicar a Vergara apelando a la persona – recurriendo a la caricatura, a la ridiculización y a las etiquetas -, y renunciando a la argumentación:

“Leo que el columnista Vergara Paniagua me acusa de ser un "tea party" local y de asustar a la gente con Caviarán. ¡Plancha quemada, compadre! El domingo pasado escribí contra ese fenómeno republicano y sospecho, guardando respetos, que mucha de tu extrema generosidad al considerar a Caviarán como "izquierda moderna" (mientras que a mí me parece que es una disimulada Javier Diez Canseco con faldas) se debe a que tu madre es candidata a la alcaldía de Lince por Fuerza Social. Creo que la subjetividad te contamina”.

En lugar de examinar la calidad de las propuestas de los candidatos, y de discutir la trayectoria de cada uno de ellos en el ejercicio de la función pública - en la línea sugerida acertadamente, por ejemplo, por Ricardo Falla y Giovanni Krähe -, nuestros libertarios y nuestros reaccionarios criollos – ambas facciones de la “derecha”, por igual - han optado por la estigmatización ideológica del rival, por intentar manipular a la opinión pública infundiendo temor y esparciendo por doquier falsedades y medias verdades. Eligieron renunciar a las ideas y anunciar un extraño y súbito Apocalipsis. Si la derecha peruana está a punto de perder esa elección es porque es víctima de sus propios errores, porque permanece prisionera de su propio miedo.


La imagen viene de aquí.