miércoles, 1 de agosto de 2012

UNIVERSIDAD



Gonzalo Gamio Gehri

Hace unos días se hizo público un decreto firmado por el Cardenal Bertone que prohibe el uso de los términos “Pontificia” y “Católica” a la PUCP. Tanto por sus alcances como por su sesgo y por su tono agresivo, el documento es lamentable. Uno se pregunta sinceramente quién habría redactado este texto (aunque quede claro quién lo ha firmado), pues contiene algunas expresiones característicamente “limeñas” y  abunda en  detalles locales. Luis Bacigalupo ha explicado en su blog las razones por las que habría que considerar esta carta “improbable”: en sus palabras, es injusta, denigra a los obispos (y vulnera sus funciones), y constituye un panfleto ideológico

Por supuesto, el contenido de este decreto entristece a quienes esperábamos de la Iglesia jerárquica una mayor vocación de diálogo para resolver este asunto. Las partes habían elaborado un pre-acuerdo, pero el Cardenal Cipriani interrumpió las conversaciones, al desestimar la solución integral que pretendía la PUCP en consonancia con el mensaje del visitador Erdó. En lo personal yo creía que el Vaticano – en virtud de una experiencia acumulada a lo largo de los siglos – iba a poner en una perspectiva diferente este conflicto, pensando en el futuro, considerando expresamente las inconveniencias de debilitar una institución educativa de calidad que reconoce una inspiración católica. Como creyente, me apena profundamente este gesto autoritario y virulento contra la PUCP y contra la CEP. No encuentro en tal gesto la presencia del ágape.

No se entienden las alusiones en las que se señala que presuntamente en la PUCP se cultivan ideas contrarias a la doctrina y la moral católicas. Uno se pregunta si - para variar - lo que sucede es que una facción de la Iglesia jerárquica se incomoda frente al trabajo científico que se realiza en la PUCP en torno a cuestiones de género, diversidad cultural y derechos humanos, temas que otras instituciones católicas no examinan, por "controversiales" o "postmodernas". Sólo un conservadurismo estrecho podría suponer legítimo el veto de los estudios de género, la diversidad cultural y los derechos humanos, como se observa en algunas instituciones educativas de inspiración "tradicionalista". Es cierto que  en algunos centros “confesionales” se prohíbe o dificulta severamente la lectura directa de determinados libros sindicados como "peligrosos": se trata así a los estudiantes como seres en una permanente minoría de edad. Ambas actitudes se manifiestan contrarias al cuidado de la libertad y a la búsqueda de la verdad, valores que la tradición cristiana aprecia y cultiva. Tal proceder es contrario al espíritu mismo de la institución universitaria en cuanto tal.  El propio Cardenal Cipriani ha señalado en su programa radial que si algunos alumnos y docentes de la PUCP no se consideran católicos, entonces cabría preguntarse qué hacen allí: esa opinión contradice clamorosamente la vocación de "universalidad" presente en las nociones de "Universidad" y "Catolicidad".  Es preciso recordar asímismo que el respeto a las diferencias de género y cultura, así como la defensa de los derechos básicos son principios que consagra nuestra Constitución y constituyen auténticos pilares de la democracia.

Da la impresión de que a veces que se comina a la PUCP a elegir entre su confesionalidad (concebida unilateralmente en términos conservadores) y preservar su condición de Universidad plural y democrática, cuando se trata a toda luz de un falso dilema.  No obstante, el decreto intenta confrontarnos con tal falso dilema, y pretende empujarnos a tomar una decisión. Debo decir que si me viera forzado a elegir entre las alternativas que plantea este falso dilema, tendría que decir que prefiero que la PUCP conserve su condición de Universidad libre, plural y rigurosa, aunque esto suponga perder la condición de "Pontificia" y quizá (eventualmente) cambiar su nombre. El texto de Bertone no recoge ninguno de los argumentos esgrimidos por la PUCP para sustentar su autonomía y estructura democrática. Se menciona con irritación en el documento el homenaje que la Universidad rindió a Gregorio Peces-Barba – conocido defensor de la democracia y los derechos humanos contra la sombría dictadura franquista -, lo cual llama poderosamente nuestra atención: se supone que la vindicación de las libertades políticas y la distribución del poder son valores que habría que celebrar. Lo mismo sucede en el caso de Gastón Garatea, cuya trayectoria pastoral a favor de los más necesitados es por todos conocida. Sorprende también la curiosa mención a un ciclo de lectura de la obra Teología de la liberación. Perspectivas de Gustavo Gutiérrez, cuando resulta claro que la obra de este autor nunca ha sido condenada,  al punto que uno de los discípulos de Gutiérrez, el Obispo Gerhard Müller, ha sido nombrado recientemente Preceptor de la Doctrina de la Fe por el propio Benedicto XVI.

 Esta suerte de acusación de “impiedad” dirigida contra la PUCP (con claras resonancias socráticas) deja perplejos a quienes apreciamos el legado de pluralismo y apertura que significó para la Iglesia el Concilio Vaticano II. Plantea un asunto filosófico- teológico importante sobre la textura de la fe, presente en uno de mis pasajes favoritos del Evangelio. Un centurión romano le pide a Jesús que vaya a ver a uno de sus siervos que estaba enfermo, y le cure. “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarlo”, le dice. “Cuando Jesús oyó esto, se maravilló y dijo a los que le seguían: —De cierto os digo que no he hallado tanta fe en ninguno en Israel.”. Le asegura al centurión que su criado ha sanado ya. Jesús dice que no ha "hallado tanta fe" como en esta persona. El énfasis no es casual, no puede serlo. Finalmente ¿ En qué creía el soldado? No era un judío como Jesús; tampoco podía hablarse en ese contexto específico de "cristianismo". El centurión era un pagano, un hombre que le rendía culto a los dioses y a sus ancestros. Pero era alguien que había mostrado una total disposición a que el amor actúe en él; allí se ponía de manifiesto la fe. La tentación de identificar la fe con la suscripción de una  posición “ortodoxa” en lo doctrinal e ideológico es una tentación permanente para quienes somos creyentes. Pero es importante para nosotros recordar que la obsesión por la “ortodoxia” es una característica propia del pathos de los fariseos, y no del Magisterio de Jesús. Esa apertura caritativa hacia el otro es lo que tal mensaje nos plantea. Me parece que éste es un asunto particularmente significativo para examinar la hora presente.



13 comentarios:

Anónimo dijo...

CONCUERDO CONTIGO GONZALO CON EL SENTIR DE TU ARTICULO EN EL SENTIDO QUE LA VOCACION RELIGIOSA IMPARTIDA POR LA IGLESIA NO REFLEJA EN EL TRATAMIENTO QUE TIENE LA UNIVERSIDAD IMPONIENDOLE SU DISCIPLINA E INTENTADOLE CASTRAR SU DENOMINADA "AUTONOMIA".

CONSIDERO QUE LO MAS PRACTICO Y LO QUE DEBERIA REALIZAR LA PUCP ES NEGOCIAR, DIALOGAR, CEDER ANTE LA IGLESIA POR QUE DE AUN MODO SE LE RECONOCEN CIERTOS DERECHOS (SENTENCIA TRIBUNAL CONSTITUCIONAL) EN LA UNIVERSIDAD QUE TODAVIA ESTAN EN LITIGIO EN EL PODER JUDICIAL QUE DEMORARAN.

PERO DEBEMOS RECONOCER QUE NOMINARLA PONTIFICIA Y CATOLICA EN SU MOMENTO HISTORICO LE DOTO A LA UNIVERSIDAD PRESTIGIO POR SU CERCANIA A LA IGLESIA AUNQUE EN LA ACTUALIDAD EL ESTUDIANTE LE INTEREZAN ASPECTOS ACADEMICOS MAS ALLA QUE BENDICIONES CATOLICAS PERO DEBEMOS RECONOCER AQUELLO QUE DOTARLA DE PONTIFICIA Y CATOLICA ES COMO QUE AHORA CREAMOS UN INSTITUTO DE INGLES RECONOCIDO POR LA EMBAJADA DE EEUU OSEA LE DIO PRESTIGIO ES INNEGABLE.

CONSIDERO QUE LA UNIVERSIDAD NO HA SABIDO MANEJAR EL TEMA, CONSIDERANDOSE LA PUCP (LOS BUENOS) Y CIPRIANI (EL MALO), YO ENTIENDO QUE HAY 2 PARTES QUE SE DISPUTAN LOS BIENES MAS ALLA DE QUE SEAN BUENITOS O MALOS LOS 2 SE PELEAN POR LA PLATA.

ESPERO QUE LA UNIVERSIDAD CAMBIE DE ESTRATEGIA Y GANE ALGO.

GONZALO ALAT

Geviert dijo...

Saludos Gonzalo,

Leo con interés los diferentes argumentos y el modo en que cada parte arguye o elucubra la propia posición frente a la nueva fase de vuestro conflicto con la iglesia.

Excluyo obviamente la posición de agnósticos, ateos y deístas por igual, que leo acá y allá. En estos, puedo comprender que el poder "pecharse" con el Vaticano sea una oportunidad histórica para sus biografías. Solo la idea los debe tener en permanente excitación y polución intelectual. el desfoge fisiológico de estos renegados contra todo tipo de autoridad (padre-estado-iglesia) es siempre sano hasta los 30 años, me es suficiente al final que después sean ciudadanos obedientes. No cito a teístas, ultramontanos y conservadores de vieja derecha obviamente, porque estos son mucho peor, gozan con polución ajena.

Leyendo, en cambio, el post que citas, me pregunto si no sería más breve para su autor escribir que el texto del decreto es de Cipriani y la firma únicamente de Bertone. Breve y simple, sin mucho manierismo desmascarador. Veo que deseas retomar el élan del autor también, en la primera parte de tu post. Pero te pregunto: ¿qué añade realmente este argumento de análisis "ideológico", a la valencia jurídico-canónica del decreto? Desde mi modesto parecer, absolutamente nada. ¿cuál es el contraargumento? Otros pretenden seguir la otra dirección más ingenua todavía, afirmando"el decreto es de Bertone, no del Papa". ¿y? ¿si fuere así? ¡Auctoritas non veritas facit legem!

En realidad, se demuestra solamente que se desconoce completamente cómo trabaja una secretaría de Estado. Las secretarías son órganos políticos-ejecutivos, Gonzalo. La del Vaticano no es menos. Lo son ya los obispados en su juridicción. Por lo mismo, es una completa obviedad que el problema con la iglesia no sea en lo más mínimo teológico, humanista o universal como se desea argumentar con pasión, más simple y prioritariamente político-crematístico en su aspecto ejecutivo. Ese es el sentido del decreto. De esto me preocuparía. Preguntarse si el texto es de Bertone o no, me parece un poco ocioso sinceramente. Distrae de argumentos más importantes que veo nadie trata:

1) el efecto jurídico del decreto pontificio para a) las demás universidades católicas b) para las universidades fuera del territorio peruano. Ese decreto vaticano entrará con fuerza a nivel del derecho administrativo de las universidades europeas. Valdrá como una instrucción "para los estudiantes que provienen de universidades católicas". Conociendo como funcionan las universidades por acá, quiero ver la cara de un estudiante de vuestra universidad cuando quiera hacer un doctorado, un master fuera del Perú.

2) La cuestión del nombre: la rebeldía es sana y buena, cuando es coherente y consecuente y genera un nuevo orden. Veo una excelente oportunidad para completar la rebeldía: un nuevo nombre. Eso de aferrarse al nombre y al título de pontifica como argumento, me parece solo timing. El argumento de "indecopi" es completamente estrafalario, conociendo la realidades de las demás universidades católicas: o se forma parte de ellas o no. No creo que sea muy sano esperar que el decreto generé su esperado efecto coercitivo a nivel internacional para después presentar el nuevo nombre de la universidad.

Esto por ahora.

mis saludos.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Geviert:

Es cierto que, más allá del tema de quién escribió el decreto, Bertone lo firmó, y constituye un escenario específico concreto.

1) Estoy de acuerdo en que este decreto quiere centrar un precedente para otras universidades católicas, dentro y fuera del país. Pone de manifiesto la pobre perspectiva que su autor y/o su firmante (y sus respectivos entornos) tienen de la educación superior. No parecen estar dispuestos a distinguir entre Universidades y "seminarios".

2) En lo personal, no tengo ningún problema en que eventualmente la PUCP cambie de nombre. Prefiero que no lo haga, que pueda lograr algún acuerdo, pero esa posibilidad se va desdibujando. Si se nos fuerza a asumir ese (falso) dilema, prefiero que la PUCP se preserve como una universidad autónoma y moderna. Prefiero la rebeldía a la descomposición.

Saludos,
Gonzalo.

Geviert dijo...

"Prefiero la rebeldía a la descomposición".

Tenga cuidado mi estimado amigo que a veces la rebeldía puede convertirse precisamente en el inicio de la descomposición. No es casual que la historia cristiana sea un abismo que tiene escrito en su borde:

¡Ex ecclesia nulla salus!

eduardo hernando nieto dijo...

Das en el clavo Giovanni como siempre! un saludo!

Gonzalo el dilema no es falso como dices, la Iglesia ya ha hecho demasiadas concesiones desde el Vaticano II y esta bien que reafirme su identidad de forma clara y no quieran "construirle" una supuesta identidad "universal" que integre a todos y que al hacerlo abandone la posibilidad de distinguir entre el bien y el mal...el dilema es real.
saludos
eduardo

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Geviert:

Es cierto. En realidad este tipo de situaciones me cuestionan en el nivel de mis convicciones, y me llevan a "discernir los signos de los tiempos", para usar el vocabulario cristiano. No tengo ningún problema en replantear mi perspectiva.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Eduardo:

Vaticano II es parte del Magisterio, no pueden retroceder aunque quisieran. La "Universalidad" es precisamente expresión del espíritu católico y es inherente a su concepto. El pluralismo no supone la disolución de la distinción entre el bien y el mal, eso resultaría absurdo, aunque hoy en un pésimo artículo - carente de argumentos - lo sugiera Santibañez en "Correo", elogiando la curiosa Homilía de monseñor Cipriani.

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Lamento las declaraciones provocadoras de la Dra. Pepi Patron al situar la discrepancia que tiene la iglesia con la cupula de la PUCP al mencionar "Van a tener que usar la violencia para sacarnos" lo dijo ella no lo dijo cipriani, interpretar aquellas declaraciones demuestran intrasigencia, desesperacion, etc.

Abogado del Diablo deL Vaticano

Gonzalo Gamio dijo...

Discrepo. Más bien yo creo que esas declaraciones demuestran una legítima indignación frente a una oscura campaña contra la PUCP, llena de injusticia y prepotencia.

Saludos,
Gonzalo.

José André dijo...

Situación muy delicada la de la PUCP.
En lo personal concuerdo que lo peor que le puede pasar a la PUCP que conocemos y por los actores que existen, es modificar sus estatutos; pero también me cuestiono si es correcto mantener el carácter Pontificio y Católico en esta coyuntura, pues más que un nombre es una descripción de la universidad.
No concuerdo con Quintanilla respecto al uso semántico de las palabras “Pontificia” y “Católica” (texto de tu post anterior “El caso PUCP: ¿Quién pierde?”), considero que su argumentación tiene un aroma de leguleyada. Me quedo más bien con la segunda parte de su artículo, respecto a la situación actual de la Iglesia, y tomando como base ese diagnóstico que parece bastante acertado, creo que el debate debe darse respecto a qué significa ser Pontificia y Católica para una universidad y si ese es el camino para la PUCP en este momento.
Lamentablemente, creo que la discusión está en función de las personas, y una en especial: Cipriani, y no de las instituciones. Pero tal vez las autoridades actuales de la PUCP también debieran reflexionar dado el estatus en que se encuentran las cosas si fueron (son) los interlocutores más adecuados para lograr lo que creo que todos queríamos (queremos): Que la Universidad PUCP siga siendo Pontificia Universidad Católica del Perú, y que la libertad de cátedra en la misma se respete. En ese sentido discrepo contigo Gonzalo respecto a las declaraciones de Pepi Patrón: No son muy afortunadas en vista de estos objetivos: Ella en lo personal podrá estar muy enojada, pero es autoridad de la PUCP, y tiene que hablar en forma institucional.
¿Qué hacer? Creo que Marcial Rubio debe dar un paso al costado: no sé logró el objetivo y corresponde que tome su parte de responsabilidad en esto. Nuevas autoridades debieran tomar la decisión que me parece inevitable: La modificación del nombre y el mantenimiento de los estatutos actuales. Le daría mayor peso institucional a la decisión de la PUCP, y debiera quitar toda sospecha al interior de la comunidad universitaria que al menos del lado de la universidad fue una cuestión de personas.

Anónimo dijo...

¿Por qué será que eso de "extra ecclesiam nulla salus" me suena cada vez más terrenal y, peor aún, cada vez más mafioso?
¿O es que alguien cree realmente que tienen alguna influencia en el más allá?
El "abismo" del que habla un comentarista aquí no es más que el rechazo social, en todo caso; una amenaza que podría parafrasearse así: "Tenemos el monopolio de la moral en esta sociedad; si usted se retira de nuestra organización, haremos lo que podamos porque pierda todo lo que tiene, no podrá hacer negocios o trabajar con ninguno de nosotros, será considerado un traidor, y sus hijos crecerán entre rufianes y traidores como los hijos de todos aquellos que se separan de nosotros".
Y esto es poco: la cosa, en la historia, ha llegado a la tortura, el asesinato, la guerra, el genocidio. In nomine patris, in hoc signo.
Hoy ya no tienen el monopolio de la moral, ni mucho menos. Lo tuvieron en Europa en la Edad Media, y a continuación en hispanoamérica, pero ya no lo tienen. Recuperarlo por la fuerza no van a poder; más bien se están desenmascarando ante el creciente número de personas que ya no les cree absolutamente nada.
¿Qué se vendrá ahora? ¿Una pequeña inquisición? ¿Una dictadura aún más asociada con la Iglesia que la anterior?

Alfredo P. dijo...

"Pepi Patrón, a university vice president, said officials at the school, which opened in 1917, would keep fighting.

“They would have to use violence to get us out of here,” she said."

http://www.nytimes.com/2012/08/02/world/americas/catholic-church-and-university-in-peru-fight-over-name.html?pagewanted=2&_r=1

Esta mujer es vicerectora de una universidad democrática y en donde se enseña el respeto al estado de derecho? o es una representante del CONARE-MOVADEF?

Completamente inaceptables las expeciones de la vicerectora de la ex-PUCP y no se trata de una "legítima indignación" como piadosamente trata de cubrir el titular de este blog: estas expresiones -junto con los insultos proferidos por el rector Rubio- son expresiones de desesperación de aquellos que saben que no tienen la razón y que por eso han sido derrotados en cuanta instancia se han presentado (fueron derrotados en el Poder Judicial, en el TC y en el Vaticano). Por el bien de la universidad, esta gente debe irse ya.

Feminista revolucionaria dijo...

¡Saludos Gonzalo! :)

Te invito a mi nuevo blog:

http://sofiatudela3.blogspot.com/