viernes, 2 de abril de 2010

CREER (Y ACTUAR)



BREVES APUNTES PERSONALES SOBRE RELIGIÓN


“Cuando el hombre reducido a soledad no puede ya decir “Tú” al conocido Dios “muerto”, lo que importa es que pueda dirigirse, todavía, al desconocido Dios vivo diciendo “Tú”, con toda su alma, a un hombre vivo conocido”.


MARTIN BUBER


Gonzalo Gamio Gehri


Tengo por costumbre cada Viernes Santo analizar el Sermón de las Siete Palabras, para observar brevemente el estado de la reflexión homelética de un sector de la Iglesia peruana, y reencontrarme a la distancia con antiguos alumnos que luego siguieron el camino teológico. Me he llevado gratas sorpresas muchas veces, en otras ocasiones me he encontrado con mensajes de alcance más discreto, pero siempre he encontrado material para la reflexión sobre la vida de Jesús y la vida de la Iglesia. Esta vez quisiera plantear una reflexión más personal sobre lo que creo y porqué creo.

Como he dicho hace poco, yo no considero que mis creencias religiosas católicas sean fruto de la “tradición”. A pesar de que crecí en un hogar católico, el hecho de recibir la fe de mis padres o haber participado por años en ritos religiosos no ofrece por sí mismo una razón para creer. Aristóteles tiene razón cuando dice que “en general, todos los seres humanos buscan no la forma en que vivían sus ancestros, sino el bien”. Tampoco me seduce la pompa del rito, sino su contenido fundamental y sencillo: que la comunidad se reúna, re-cordar la Cena, reflexionar en torno a la lectura del Evangelio. Si tengo fe es porque confío en la encarnación del mensaje cristiano, y en el cultivo del bien (cultivo que - como he dicho muchas veces - tiene una fuente plural y no exclusivamente religiosa). Tiene que ver con el ejemplo vivo de cristianos de buena voluntad que conocen la Escritura y la llevan a la práctica; ellos concilian amorosamente el compromiso con el Reino con una irrenunciable libertad de pensamiento.

Lo que me conmueve del cristianismo – lo que siento en el alma – es particularmente el mensaje de amor y entrega sin límites: dar la vida por los amigos. Me conmueve más incluso que el lado sobrenatural del credo cristiano. Por supuesto, el lado sobrenatural está allí - en parte bajo la forma de contacto con el misterio -, uno puede percibirlo de alguna manera en la intimidad de la Oración y en los Sacramentos, por ejemplo (1). Pero no es eso lo que me impulsa más a perseverar en mi confesión desde un punto de vista espiritual. La idea de dar la vida incondicionalmente por el otro, amar hasta el extremo, eso sí me captura de manera inmediata. Dar la vida, no quitarla, no forzar a nadie. Eso es lo que hacía Jesús, eso es fuente de genuina Trascendencia. Él mismo señaló que ya no se nos llamaría “súbditos”, sino “amigos”. El vínculo de la philía nos remite a la idea de la configuración de una comunidad de seres libres, unidos por el ágape.

En el ágape el mensaje de no-violencia y de solidaridad se lleva a su radicalidad. No se trata de una cuestión de “pureza doctrinal”, no se trata de asumir una actitud dogmática, “monolítica”: esa era la obsesión de los fariseos - esa inquietud corrosiva por quien no tiene las "creencias correctas", no observa el šabbāt, no se ha lavado las manos, etc. -, no era esa la inquietud principal del nazareno: esa actitud puramente dogmática y punitiva es propia de corazones duros, y también de mentes particularmente estrechas y escasamente lúcidas. Precisamente lo que lleva a Jesús a una muerte de cruz es la acusación de “herejía”, de “heterodoxia”. En Mateo 25 – una reflexión sobre el Juicio – no encontramos un test de pureza doctrinal, sino una preocupación por el amor que uno ha dado, no por la “medida” del amor, sino por el amor sin medida. La ortodoxia es otro cantar. La prédica del ágape fue percibida con sospecha y temor por la jerarquía confesional de la época. La radicalidad del mensaje de Jesús lo llevó a enfrentarse a las autoridades religiosas de su tiempo – fariseos y maestros de la ley – y a comparecer ante el propio Pilato.

Se trata de comprometerse con el cuidado de los más débiles y pequeños. Hay quien disocia este compromiso con el de la preocupación por la Salvación, y yo no veo cómo puede hacerse eso sin distorsionar irremediablemente la fe. Es una posición que se aleja decididamente de la figura el Dios-Hombre que muere por amor. Dice la escritura que quien dice que ama a Dios, pero no ama a su prójimo, miente en su corazón. Quienes no se sienten siquiera perturbados ante las violaciones de los derechos humanos, o ante la discriminación, pero se llaman a sí mismos “cristianos” porque participan del culto o dicen practicar la obediencia irreflexiva a la autoridad me dan qué pensar. Quizá tendrían que volver sobre el Evangelio, porque no lo han examinado e interiorizado. En términos de Hegel, allí habrá “positividad”, más no “espíritu”.

El mundo en el que vivimos habla a menudo de la “muerte de Dios” en diversos sentidos. Se ha discutido de si se trata de la muerte de toda certeza – allí apunta la tesis de Nietszche -; cuando se examina esa imagen desde un punto de vista estrictamente religioso, se especula si se está evocando la emergencia del “ateísmo”, o si la muerte hiere fatalmente a una mera abstracción, al “dios de los filósofos”, la idea de divinidad universal de las concepciones deístas, dejando un lugar para el retorno del Dios de la religión (Welte). Se habla incluso hoy de una era post-secular (Caputo). El filósofo judío Martin Buber ha marcado otro posible camino de interpretación. Otra posibilidad es interpretar la “muerte de Dios” en una clave ético-espiritual, en términos de la ausencia de ágape. Si, como dice Buber, podemos encontrar al desconocido Dios vivo en el “Tú” del hombre vivo conocido, es la indolencia frente a la injusticia y al sufrimiento ajeno, el desinterés por el destino del ser humano concreto (al que nos referimos instrumentalmente como eso, en lugar de llamarlo tú, como corresponde en una genuina relación personal) lo que contribuye a opacar o a enrarecer aquello que puede ser descrito como la presencia de Dios en nosotros.


(1) Lo digo con la mayor claridad, dado que proliferan los vulgares y farisaicos cazadores de brujas - cuyo nombre es "legión", pues son muchos - que persiguen fantasmas donde no los hay, con la absurda acusación de "inmanentismo" a flor de piel. No tengo nada de "inmanentista".

42 comentarios:

Jason dijo...

Profesor Gamio:

Yo tambien soy proveniente de una familia catolica, de colegio catolico. Sin embargo he dejado de practicar la religion, por el simple motivo de que no creo que transitar por el sendero del teismo sea la unica forma de hacer el bien.

Si el hombre se siente solo, no es porque haya matado a Dios, ya sea como muerte al dogmatismo de los filosofos o como autentica afirmacion del materialismo, es porque no sabe reconocer al otro. Es el sentido de otreridad, lo que marca la pauta para el accionar del hombre en funcion no solo a el mismo sino en funcion a los demas.

Creo que uno puede manejar esa idea tan necesaria para realizar el bien, sin tener que acercarse a la memoria de Jesus o estudiar a fondo el mensaje del cristianismo o de alguna otra religion.

Saludos,

Jason

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Jason:

Por supuesto. El cristianismo es una forma de aproximarse al bien, no es la única forma. Existen concepciones no religiosas del bien que son profundas y poderosas.

Aquí en este blog hemos reflexionado sobre la ética clásica, la ilustrada y las versiones románticas, por ejemplo. Y sobre la idea de pluralismo.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Jason:

Por supuesto. El cristianismo es una forma de aproximarse al bien, no es la única forma (no es la única que yo mismo cultivo, tengo presente a los griegos, a Hegel y al ethos liberal). Existen concepciones no religiosas del bien que son profundas y poderosas.

Aquí en este blog hemos reflexionado sobre la ética clásica, la ilustrada y las versiones románticas, por ejemplo. Y sobre la idea de pluralismo.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Jason:

Pronto introduciré una reflexión sobre el nexo entre filosofía y religión desde un ángulo personal.

Saludos,
Gonzalo.

Daniel Salas dijo...

Estimado Gonzalo:

Esta reflexión me ha conmovido. Justamente el sábado tuve que explicar un texto de Bartolomé de las Casas. Las Casas llamaba a los indios "inocentes corderos" para, ciertamente, compararlos con Jesucristo. No se trata en absoluto de una blasfemia. Si viéramos en los otros el rostro del cordero sacrificado, nos ahorraríamos una inmensa cantidad de dolor y de tristeza.

Es una lástima que, en nombre del "tradicionalismo" se inventen discursos que separan a nuestra especie, que la dividen en castas, en clases y en razas, y que así se olvide el principio más tradicional, más antiguo y, a la vez, más actual, a saber, que toda la humanidad es una sola y que un hombre es todos los hombres. Los invito a ver este discurso que resume lo que yo entiendo por auténtico tradicionalismo:

http://www.youtube.com/watch?v=7tj6P--RMWs

Finalmente, lamento también que el comportamiento de tantos cristianos me haga recordar este reclamo de Roger Garaudy, marxista convertido al Islam: "Cristianos, devuélvannos a Cristo. Su vida y su muerte también nos pertenecen".

Saludos.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Daniel:

Te agradezco por evocar la figura lúcida y justa de Bartolomé de las Casas. Tienes toda la razón. Jesús no es considerado una persona santa solamente en el cristianismo. En el Islam se le reverencia como un profeta, y muchos no cristianos lo consideran un ejemplo de vida.

Coincido contigo sobre el paleoconservadurismo. Muchas veces, ese "tradicionalismo" encubre una "cultura de la muerte" que vulnera los derechos básicos y avala la tiranía.

Un abrazo,
Gonzalo.

Eduardo/Cedric/Pedro dijo...

La verdad que me ha dado mucho gusto leer este post. Soy ateo, discrepo mucho con las nociones cristianas (como es obvio) pero me da gusto que las personas crean en sus ideas, que las vivan con pasión y se enorgullezcan de ello.

Con respecto a la idea de "Dios ha muerto", creo que eso si se vive en esta cultura electronal, desde mi punto de vista, creo que el mismo texto contesta el problema:

"Dice la escritura que quien dice que ama a Dios, pero no ama a su prójimo, miente en su corazón. Quienes no se sienten siquiera perturbados ante las violaciones de los derechos humanos, o ante la discriminación, pero se llaman a sí mismos “cristianos” porque participan del culto o dicen practicar la obediencia irreflexiva a la autoridad me dan qué pensar. Quizá tendrían que volver sobre el Evangelio, porque no lo han examinado e interiorizado. En términos de Hegel, allí habrá “positividad”, más no “espíritu”."

Pienso lo mismo que Hegel.

Fabiola Paulina dijo...

Gonzalo, el dar la vida por los amigos es sin duda lo más que se puede dar. El amigo es el "otro", no es la proyección del propio "yo". Escuchar, sentir al "otro", pero al "otro" en su alteridad me pone ante lo inédito, no lo repetido y por eso siempre es motivo de admiración. La perspectiva radical del “otro” me la da el cristianismo cuando me dice que el "otro" que sufre es el rostro del propio Cristo. El sufrimiento del otro impulsa al creyente cristiano a comprometerse con el proceso de transformación de la condición injusta que lo hace sufrir. Con mis obras te enseñaré mi fe como dice Santiago.Por esto, es imposible no tener una ética de la compasión y la no-violencia. Compadecerse es sentir con el "otro", para esto es primordial la empatía. Sin la empatía no hay ética posible, ella nos permite abrirnos a la vulnerabilidad del otro; ese con-tacto interhumano fundamental poner en movimiento el ágape.

Gonzalo muchas gracias por esta docencia abierta con la que sorprendes día a día.
Fabiola Luna Pineda

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Eduardo / Cedric:

Gracias por tu mensaje. Coincidimos en diversos puntos.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimada Fabiola:

Bienvenida al blog, qué gusto que lo visites. Precisamente lo que señalas de la compasión resulta fundamental en el cristianismo.


Saludos,
Gonzalo.

Bas dijo...

Infiero de lo que dices que tu aprecio por el cristianismo es tu aprecio por las virtudes morales que ensenia el cristianismo. Es decir, que no es el cristianismo como tal lo que te conmueve, sino la moral que ensenia y predica. Pero entonces, no es Dios, no es Jesus, no es la iglesia, no es el papa, no es el catolicismo, no es la religion lo que realmente te importa, sino la moral. Es correcto?

Hugo Aldave Herrera dijo...

Estimado Gonzalo: La tesis muerte de Dios es atribuible a Hegel? Tengo unos apuntes de la conferencia que dicto Arturo Rivas en Colombia, pienso que puede ayudar a enriquecer el enfoque. Asimismo, hay un poema de Tagore denominado Me preguntais como, que tiene un mensaje instructivo sobre la necesidad de tener a un dios amigo. Un templo sin sagrarios es como un pueblo sin Metafisica, cuanto le falta a mi Region. Un abrazo y gracias por los renglones redentores.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Hugo:

Creo que cualquier interpretación de la "muerte de Dios" en Hegel requiere una lectura completa de la "Fenomenología del espíritu"; una lectura fragmentaria nos haría tropezar. Allí Hegel se refiere al fin de la etapa de la universalidad abstracta, y del tiempo clásico, que coincidirá con la irrupción de la particularidad: Jesús.


Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Bas:

No es sólo "ética·, sino la encarnación del espíritu cristiano. Recuerda que para San Juan Dios es Amor. Cualquier separación entre el lado contemplativo y el práctico esn el cristianismo lo devaluaría. No se puede disociar el espíritu de Jesús de la persona misma de Jesús y su ejemplo. No puede disociarse el ágape de la trascendencia.

Creo que en eso mi post es explícito.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi dijo...

Gonzalo,

Pareciera que sugieres que todos los que creemos en el valor de la tradición cristiana y que creemos en los dogmas católicos somos unos fariseos e hipócritas que olvidamos el mandamiento fundamental del amor. ¿Es eso lo que quieres decir? Yo considero que el resaltar el dogma no se contradice (o no debe contradecir) la práctica cristiana. Si proclamo que Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida” y no sólo un camino más, dentro de tu visión creo que sería calificado como un horrible intolerante. Sin embargo, yo sí creo que Él es justamente eso y que nadie va al Padre sino por Él como dice el Evangelio de San Juan. Si realmente creo que Jesucristo murió y resucito para salvar a la humanidad, me descubro llamado a participar de su sacrificio de amor a través de una generosa entrega a los demás pero también de la predicación de su palabra. No se trata ni de obligar ni de amenazar a nadie, sino de predicar como testigos el encuentro con un Dios de amor. ¿Eso es intolerancia y fariseísmo? ¿Es ilegítimo decir que Jesús no fue un mito ni es una sublimación filosófica sino el Dios verdadero hecho carne para la redención de todo el género humano? Me parece que planteas falsas antinomias. Yo sinceramente creo que no hay contradicción entre proclamar a un Cristo real y vivir el amor cristiano. Mas bien creo que ambos aspectos son complementarios.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Tradi:

Yo tampoco deslizo algo parecido. El post es bastante claro. Seguir la tradición cristiana no equivale a seguirla sólo por tradición. Un cristiano convencido y coherente NO ES un fariseo. No tiene que ser intolerante o punitivo con quienes no piensan como él. Creo que es saludable reconocer que existen otros caminos posibles para otras personas. Eso no es "relativismo" ni equivale a desmerecer el propio camino.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi dijo...

Gonzalo

En tu caso ¿Jesús es "el camino, la verdad y la vida" o es un camino alternativo mas, tan valido como cualquier otro?

Gonzalo Gamio dijo...

Creo que he respondido a esa pregunta. Es MI Religión. Si he elegido ésta y no otra, es porque tengo buenas razones para ello. Sería absurdo decir que todos los caminos me dan lo mismo ¿no? NO soy "relativista".

Es absurdo creer que porque existen diversos caminos, todo le "den igual" al agente.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi dijo...

No tienes porqué enojarte de esa manera. No pretendo “condenar” tu pensamiento. Lo único que te quiero hacer ver es que la proclamación de la verdad del cristianismo no significa un acto de fariseismo ni de intolerancia como lo sugieres en muchas de tus notas. Atacas a los sectores "conservadores" y pareciera que dijeras que todos somos un hipócritas obsesionados con el relativismo en desmedro de la vivencia del amor.

Para mi es una cuestión de simple coherencia. Si soy cristiano es porque creo que Jesús es Dios hecho hombre, creo en la Trinidad y que su mensaje ha sido preservado a través de la Iglesia. Creo que mis fuerzas son insuficientes y que necesito de Dios para salvarme y para vivir el amor a plenitud. (Con eso no quiero decir que crea que sólo los cristianos puedan vivir el amor o que Dios no se haga presente en todos los seres humanos).

Si creyera que todos los caminos son igualmente validos, sólo sería un cristiano en el sentido de seguir una tradición cultural determinada, pero no creería que el cristianismo proclama un mensaje que tiene una validez universal. Si no creyera que en el cristianismo está la plenitud de la verdad simplemente no sería cristiano, sino un agnóstico, como varios amigos míos. Tengo un sincero afecto por mucha gente que no cree pero eso no me lleva a pensar que ellos están en lo correcto. Y eso no es intolerancia.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Tradi:

No estoy enojado ¿Daba esa impresión?

De hecho, estoy de acuerdo contigo. Empiezo diciendo que no creo - en tus términos - por "seguir una tradición cultural determinada", sino por el tema del menseje encarnado de Jesús, el 'ágape'. Estoy de acuerdo en todo lo que dices sobre la salvación, la finitud humana. De hecho, mi crítica a ciertos sectores conservadores - ni siquiera a todos, conozco conservadores sumamente coherentes - es el elemento actitudinal, asociado, precisamente, con "la obsesión con el relativismo en desmedro de la vivencia del amor". Lo que señalas sobre tu buena relación con quienes no creen lo que tú me parece consistente con el cristianismo. El matiz es sólo conceptual, creo que lo que me hace cristiano no es un "sistema metafísico", sino el seguimiento del Evangelio. Sospecho que en la mayoría de puntos coincidimos.

Sobre el relativismo encontrarás un par de posts aquí que podrán ser más o menos útiles.

Saludos,
Gonzalo.

Roberto dijo...

¿Qué entiendes por un "conservador coherente"?

Ten en cuenta que inclusive los reaccionarios más recalcitrantes son amigos de no-católicos. Mira el caso de Altuve que trabajó fielmente para los Wolfenson (judíos) y es gran amigo de ateos declarados.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Roberto:

Me refiero a un conservadurismo dialogante. Abierto al debate alturado.

No me sorprende que los reaccionarios sean amigos de creyentes de otras confesiones. Para ellos, los verdaderos "enemigos" son los católicos de izquierda.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi cool dijo...

Aunque en la práctica histórica ha sido muy frecuente, una recta defensa de la doctrina y de la tradición cristianas nunca debería contraponerse a la caridad. La tradición que defendemos los cristianos es la de los apóstoles, es decir la custodia inalterada de la palabra y espíritu del Evangelio transmitido por Cristo mismo y aplicado a realidades cambiantes. No hay una defensa de la tradición y de la doctrina por la tradición en sí misma o por aferrarnos a un postulado determinado sino por una fidelidad al legado de Jesús. Así, por ejemplo, cuando Arrio señalaba que es más racional no creer en la Trinidad y sostenía que Jesús era un demiurgo y no Dios mismo encarnado, se cuestionaba un dogma central. ¿Era irrelevante discutir sobre el tema? ¿Era mejor simplemente quedarse con el mensaje de amor y no aclarar un “sistema metafísico” sin una aparente relevancia en la vida práctica de las personas? Creo que hay que entender que la defensa de un dogma, es decir de una verdad de fe, se lleva a cabo porque tienen efectos duraderos en la cultura y en la vida de las personas.

En ese sentido creo que si bien es necesario que los cristianos vivamos como y por Jesús para dar testimonio de Él, no es para nada irrelevante buscar preservar las verdades de fe frente a las distorsiones del mensaje.

En esa línea un pensamiento de Hilliare Belloc me parece iluminador: “La razón por la cual las personas combaten la herejía no es tan sólo, ni principalmente, el conservadurismo, una devoción a la rutina, disgusto por la perturbación de sus hábitos de pensamiento, sino mucho más por la percepción de que la herejía – en la medida en que gane terreno – producirá un estilo de vida y una configuración social contraria, irritante y quizás hasta mortal para el estilo de vida y la configuración social que producía el antiguo esquema ortodoxo”.

Por si acaso no sostengo que las verdades deban “imponerse” por coacción sino por el convencimiento y la búsqueda libre de la verdad. Creo en el derecho a la libertad religiosa.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Tradi:

Me parece excelente que te anime la búsqueda de la verdad y que creas en la libertad religiosa.

Te propongo un ejercicio filosófico. Pensemos en la dificultad conceptual consistente en señalar cuál sería hoy el criterio para identificar la "herejía" - es decir, precisar la frontera entre heterodoxia y herejía -, y cómo proceder con aquellos que serían sindicados como "herejes". Estarás de acuerdo que entre Arrio y nosotros ha pasado muchísimo tiempo.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi dijo...

Es difícil discernir eso. Supongo que podríamos considerar que el límite se da cuando se pretende encerrar el Evangelio dentro de un esquema ideológico determinado o cuando se niegan algunas de las verdades cristianas esenciales sobre Dios o el ser humano.
Son muchos los planteamientos que priman en el mundo actual que se oponen a los fundamentos cristianos. Por ejemplo, cuando se afirma que el ser humano no tiene una dimensión sobrenatural, o cuando se cree que el hombre va lograr la plenitud sólo a partir del uso de la razón autónoma o la ciencia. Otro ejemplo: cuando se cree que el materialismo histórico es EL método para una recta interpretación de la Biblia o se la lee en clave “revolucionaria” sin respetar su sentido original. Cuando se plantea que la relaciones humanas en esencia se rigen sólo por el interés económico, etc.

En todo caso, la cuestión no es señalar con un dedo al “hereje” o condenarlo sino explicar porqué determinados planteamientos no son compatibles con una visión cristiana de la vida (o por lo menos no los son de manera plena).

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Tradi:

Me parece importante señalar esa dificultad, primero teórica. Incluso la búsqueda tentativa de un principio nos llevaría a hurgar en la tradición, discernir qué viene del Evangelio, qué viene del Imperio, etc. No es tarea fácil. Piensa en qué Tomás de Aquino y Meister Eckhart en su momento fueron vistos con sospecha.

Saludos,
Gonzalo.

Tradi dijo...

Por supuesto que es difícil. Yo mismo lo he dicho. La fidelidad al Evangelio no debe ir en contra de la búsqueda de nuevas aproximaciones. Eso llevaría a que la religión se convirtiera en una ideología, y los cristianos creemos en la acción del Espíritu que suscita ideas, devociones, iniciativas y acciones muchas veces inesperadas y a veces rechazadas por el orden establecido.

En casos de dudas razonables los católicos tenemos como criterios de discernimiento al magisterio, la tradición y las Sagradas Escrituras.

Los protestantes tienen la Biblia y el libre examen.

Para los no creyentes estos criterios de discernimiento podrían ser vistos como instrumentos de intolerancia y de coacción de la libertad creativa. Los católicos confiamos en que el Espíritu Santo se manifiesta en la Iglesia a pesar de estar formada por hombres falibles, torpes y pecadores.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Tradi:

Excelente y nuevamente de acuerdo contigo. Los criterios que señalas en el caso católico como en el protestante tienen un margen de amplitud y de apertura a la novedad sin traicionar sus raíces. Asumidos caritativamente no pueden ser instrumentos de coacción.

Saludos,
Gonzalo.

Wagner Reyes dijo...

Gonzalo,

Una pregunta. Cuando tu sostienes que: “Quienes no se sienten siquiera perturbados ante las violaciones de los derechos humanos, o ante la discriminación, pero se llaman a sí mismos “cristianos” porque participan del culto o dicen practicar la obediencia irreflexiva a la autoridad me dan qué pensar”. ¿Significa que los que somos duros críticos del Libro Sagrado (IF de la CVR) no merecemos llamarnos cristianos?

Atanasius dijo...

Creo que Tradi falla en un punto. Sí es bueno identificar a quienes plantean herejías y apartarlos de las funciones de gobierno en la Iglesia y de las entidades educativas que tienen una identidad claramente católica. Por ejemplo, si un cura empieza a decir que el Espíritu Santo es sólo una alegoría bíblica o que el Jesús histórico no hizo milagros, no creo que sea apto para predicar en las iglesias. Lo honesto en un cura que ya no cree en lo que la Iglesia Católica proclama es que deje de ser cura (así como es indispensable que un cura que tiene una conducta moral gravemente reprobable – como ha sucedido últimamente en repetidos casos- no sólo sea destituido sino entregado a los tribunales civiles-). No digo que ateos, personas de otros credos o con posiciones políticas diversas no puedan enseñar en instituciones católicas, pero creo que deberían ser respetuosos de la fe. El problema de muchísimas universidades católicas en el mundo es que el que quiere recibir una formación ortodoxa no tiene siquiera la opción. El resultado es que al mal se le empieza a llamar bien y al bien mal. Por ejemplo, ya se convierte en dogma en dichas universidades decir que los actos homosexuales son legítimos, que el aborto es una opción que debe respetarse y que proponer el matrimonio indisoluble es insensible. La tolerancia burguesa-liberal reemplaza al mandamiento del amor.
En el caso de las instituciones educativas católicas es completamente legítimo que sus directivos busquen profesores que formen a los alumnos una visión en concordancia con los fundamentos cristianos. No hacerlo es suicida como en el caso de buena parte de las universidades católicas estadounidenses y la PUCP.

Gonzalo Gamio dijo...

Wagner:

Mi párrafo está claro y tu "interpretación" es tendenciosa y absurdamente provocadora.

No pienso explicar lo que está claro ni caer en la provocación.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Atanasius:

Me remito a mis posts sobre la idea de "universidad". Es suicida promover una educación "superior" monolítica, en la que - como en algunas "universidades" - existen libros prohibidos. Es suicida para los cristianos del siglo XXI ofrecer una educación pseudouniversitaria parametrada y cerrada al pensamiento crítico. Una formación como la que describes podría ser a lo sumo admisible en la escuela, no así en universidades en las que se educa a mayores de edad que buscan saber y discutir racionalmente los temas.

Los cristianos tenemos derecho a formarnos en universidades de verdad, plurales, por el bien de la cultura y rambién de la fe.

Saludos,
Gonzalo.

Atanasius dijo...

El problema es que en la práctica dichas universidades que mencionas no son plurales. La posibilidad de plantear una formación católica ortodoxa está vedada. La pluralidad que mencionas es en muchos casos inexistente. Por ejemplo, si en Georgetown como profesor de moral dices que los actos homosexuales son antinaturales e inmorales lo más probable es que sufras insultos de los estudiantes y que te acaben expulsando de la universidad.

Una cosa es pluralidad y apertura y otra cosa es perder tu identidad católica y someterte a lo políticamente correcto. Dicho sea de paso, eso es muy común en las universidades jesuitas.

Reconozco que en el caso peruano la alternativa Cipriani no es muy atractiva pero hay que reconocer que la PUCP de católica tiene muy poco.

Juan dijo...

En una sociedad plural pueden existir universidades laicas y universidades confesionales. Es perfectamente legítimo que una universidad católica busque preservar su identidad y también que a un católico que se va a formar en ella no le vendan gato por liebre. Es decir que vaya a una universidad católica y la formación general que recibe sea hostil a la enseñanzas de la Iglesia. Yo he sentido ese ambiente hostil en la PUCP. No se trata sólo de ser crítico sino también de tener por lo menos la opción de tener una formación concorde con los principios católicos. En la PUCP casi no existe esa opción.

Gonzalo Gamio dijo...

Atanasius:

Georgetown University es una universidad jesuita. Hice mis estudios de doctorado en una excelente universidad jesuita española (UPCO) y puedo decir con conocimiento de causa que conciliaba muy bien su catolicidad con una sana pluralidad. Pienso que la PUCP también es una universidad católica claramente, pero es un centro abierto a la rigurosidad académica. ESE es el asunto, admitir en el debate racional otras posiciones, no excluirlas de plano como algunos centros locales.

Lo que me molesta es que a veces esto se discute como si el tema fuese los conflictos de interés, y no la búsqueda de la verdad y de excelencia académica. Muchos centros peruanos no son universidades porque no tienen apertura ni genuina investigación. La PUCP es una genuina universidad.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Juan:

Lo mismo. No se trata de parametrar la educación. La hostilidad no es bienvenida en un claustro universitario, así que sospecho que esa alusión velada a la PUCP es completamente injustificada.

La identidad católica de una universidad no puede implicar la prohibición de textos - como en algunos centros locales - o no tocar determinadas corrientes. Una universidad católica es una universidad en primera instancia.

Alguna de tus sugerencias son más cercanas a la educación escolar.

Saludos,
gonzalo.

Jason dijo...

Profesor Gamio:

Creo que los últimos comentarios van reforzando una posición cada vez mas intransigente y cada vez mas violenta con la realidad. "Si la realidad no se somete, o no se ajusta a nuestros esquemas, entonces pobre realidad".

Aquellos ortodoxos eso es lo que estan diciendo, quieren tener derecho a adecuar la realidad a sus ideas. La sociedad de hoy es o esta en camino a ser plural y diversa, incluso, y duela a quien le duela, en el aspecto "religioso". Aun los ateos como yo, tenemos derecho a transitar por universidades catolicas, si su oferta academica es buena, tengan la seguridad que estaremos por ahi. Por eso mismo, porque la poblacion universitaria ya no es mayormente catolica, al menos no en el sentido que los ortodoxos quieren que lo sea, las ideas fluyen y el cuestionamiento al orden establecido emana, lo que parece no gustarle a los ortodoxos, cuando aparecen catedras no "alineadas". ¿Que puede hacer su "fe" frente a la verdad historica? ¿Cual es su fuerte argumento contra posiciones ateas, acaso no simple supersticion y obstinamiento?

Me llama la atencion este punto de las universidades, porque mi hermana estudia en la Universidad de Piura, sede de operaciones del Opud Dei. Y la verdad es que lo que hay ahi ya es mas que adoctrinamiento.

Saludos,

Jason

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Jason:

Con lo único que discrepo contigo es tu sugerencia de que el pensamiento religioso es proclive a la "supersticion y obstinamiento". Me parece muy importante tu punto: las universidades católicas deben ser accesibles a los estudiantes no creyentes, que tienen derecho a una educación amplia y con elevado nivel académico.

El modelo de educación confesional que proponen algunos comentaristas es unidimensional. Eso me sorprende, porque conozco - como docente y como estudiante - muchas universidades católicas de alta calidad y amplitud de mente y espíritu, que son ejemplos de excelencia universitaria.

Saludos,
Gonzalo.

Wagner Reyes dijo...

Aunque lo niegues con palabras bonitas tus últimos comentarios sobre la universidad muestran que eres un servidor de la dictadura del relativismo y del inmanentismo post-ilustrado.

Gonzalo Gamio dijo...

Jajajaja...y no te olvides del "sociologismo demo-izquierdista".

Saludos,
Gonzalo.

P.D.: En serio, no soy relativista. He escrito sobre eso.

Wagner Reyes dijo...

Que bueno que lo tomes con buen humor. Sólo quería reirme un poco pero no lo decía en serio...

Gonzalo Gamio dijo...

De acuerdo, Wagner. El buen humor que se puede compartir se celebra. Creo que a veces uno pierde el humor con estos debates, y eso no debe suceder.

Procuraré mantener el buen humor, en todo caso. Más allá de cualquier discrepancias con cualquier visitante. Así el diálogo se desarrollará sin mayores contratiempos.

Saludos,
Gonzalo.