miércoles, 23 de diciembre de 2009

DIOS-CON-NOSOTROS





(REFLEXIONES SOBRE LA NAVIDAD)





Gonzalo Gamio Gehri



Para un cristiano, la Navidad es un acontecimiento fundamental. Evoca la concreción de la
encarnación, el ingreso de Dios en el espacio y el tiempo de las relaciones humanas. Es la Fiesta del Emmanuel, Dios-con-nosotros.

Esta irrupción en el
saeculum (aión) convierte al cristianismo en una religión muy peculiar. No plantea la huida de lo temporal hacia los fueros de la eternidad, sino todo lo contrario, el esfuerzo por construir - al menos en un sentido importante - en el mundo el Reino de Dios, lugar del cultivo del ágape (“y sepan que el Reino de Dios está en medio de ustedes”). No se reduce la trascendencia en la inmanencia, la vida humana se nutre de lo divino. Se espiritualiza la temporalidad finita de lo humano. Es por eso que el cristianismo es la religión de lo secular, en sentido estricto (Hegel, Chesterton, Taylor, Vattimo, Caputo). Es por eso que las versiones reductivas y caricaturescas de la “secularización” – provenientes de un tradicionalismo craso - han merecido una crítica categórica. Ni los involuntarios caricaturistas ni sus promotores ideológicos tienen una idea decente de la kenosis.

Este énfasis en la temporalidad y en el entramado de la vida humana tiene evidentes repercusiones en la práctica. Estamos hablando de un Dios que pide misericordia, no sacrificios. El magisterio de Jesús fustiga a los fariseos por su ritualismo formal, y por su hipocresía. Mientras Jesús y sus discípulos están preocupados por el cuidado del amor, los fariseos están obsesionados con la ortodoxia, con la corrección doctrinal (¿Se han lavado las manos? ¿Observa el
šabbāt?). El Nazareno incluso alaba la fe de los que la comunidad creyente excluye (p.e. el centurión romano). El Evangelio señala con claridad de que no seremos juzgados por la “pureza doctrinal” de nuestra mente, sino por el amor que entreguemos: visitar al enfermo, al preso, alimentar al hambriento (Mateo 25). Según el texto bíblico, el Juicio no consistirá en un examen de los compromisos metafísicos o teológicos que hemos asumido´, sino el grado de nuestra entrega incondicionada al otro. Amar hasta el extremo – en términos de la incondicionalidad y la gratuidad del ágape (1 Corintios 13), esa es la verdad del cristianismo. Por eso el notable filósofo postmoderno Jack Caputo señala que lo contrario del hombre religioso no es el “no-creyente”, sino el hombre incapaz de amar y entregarse genuina y enteramente a los demás. Ese es el verdadero a-teo, porque no deja que Dios no habite en él.

Quien escribe estas líneas suscribe cada una de las tesis del Credo. No estoy ensayando ninguna lectura “heterodoxa” de mi propia fe. Transmito mis opiniones en tanto quiero entender aquello que creo. A eso se deben estas ideas breves y esquemáticas por Navidad, desarrolladas a modo de bosquejo, dadas las limitaciones de espacio y de estilo que son propias del formato blog. Si una creencia es una ‘disposición para actuar’, entonces el verdadero creyente es aquel que es capaz de encarnar el mensaje del Evangelio. Hoy en día, sin duda, enfrentamos dos notables obstáculos, vinculados al carácter postmoderno y marcantilista de nuestra cultura, así como a las "reacciones" que se orquestan en su contra. En primer lugar, si el amor es entrega y gratuidad, entonces el cristianismo es profundamente
contracultural. Vivimos en un mundo que proclama el contrato como la transacción humana por excelencia. Se trata de un acuerdo basado en la convergencia de intereses privados y en el beneficio mutuo. El contrato constituye la lógica última de la vida de los negocios, la actividad nuclear de tantas vidas en la actualidad. Hoy se exalta la productividad, la eficiencia (e uincluso la pleonexía) como nunca antes. Incluso una de las corrientes dominantes dentro de las ciencias sociales describe la racionalidad – así, a secas – como el cálculo eficaz entre costos y beneficios. El cuidado del bien del otro sin esperar retribución aparece como irracional. No sorprende que así se piense desde los esquemas prácticos del capitalismo tardío.

El segundo obstáculo es interno. Proviene del fariseismo de quienes dicen creer, de quienes consideran que los problemas del mundo, y de la propia comunidad, se resuelven “doctrinalmente”, a través de la prédica, la teología metafísica y no de la praxis. Alguna vez un filósofo extranjero me dijo que bueno sería que estos integristas cultivasen el fanatismo del amor, y no el de la “verdad” considerada en una clave puramente epistémica. A veces creo que su fetiche real es el
poder, la capacidad de ejercer control sobre las conductas y conciencias ajenas. Se trata de una enorme dificultad para la vida encarnada porque es una tendencia vital que se disfraza con ropajes religiosos, y que conspira contra la libertad misma. Sus cultores viven obsesionados con refutar y condenar perspectivas rivales (muchas veces fantasmales "muñecos de paja" hechos a la medida de las caricaturescas batallitas de manual), por ejemplo, el “relativismo individual”, el "modernismo" y el “inmanentismo sociológico” (concepciones que acusarían, según algunos conservadores filo-lefebvrianos, una presunta "infiltración modernista" - o liberal - en la Iglesia postconciliar). Consideran que el “enemigo” fundamental de la tradición cristiana habita en los focos de “heterodoxia” dentro de la propia comunidad. Por eso, su mentalidad – como la de los fariseos – es básicamente punitiva. Esa héxis se ubica lejos de la ética del ágape, y en cierta medida nos impide ser reales vehículos de encarnación. Se trata de una dificultad “interna”, porque este afán de seguridades reactivo ante las diferencias existe en nuestras propias comunidades religiosas, y a la vez (con ciertas variantes, cambios de signo político y matices propios, pues este fariseismo "se dice de muchas maneras" y no es exclusiva de una única posición) habita en cada uno de nosotros, por eso digo que se trata más de una 'tendencia' que de un punto de vista intelectual propiamente dicho.


Alguien podría insinuar que estoy sustituyendo - en virtud de una suerte de sentido común postmoderno - la "verdad" por la "caridad". Tengo que decir que en mi reflexión no opera ninguna sustitución, porque ella se inscribe en el horizonte de la identidad - estríctamente bíblica - entre verdad y ágape. Hata podría replicar que son los teólogos metafísicos los que han tendido a sustituir el amor por la veritas, concebida en un sentido representacionalista, bastante lejana del hebreo emeth - confianza, fidelidad en la relación con el Tú divino y humano - que es la base del concepto bíblico de verdad.


Es nuestro deber ‘convertir’ al fariseo que todos llevamos dentro. Y recordar que celebrar la Navidad es poner en primera fila al amor.


Feliz Navidad para todos.





23 comentarios:

Cesar Z. dijo...

Estimado Gonzalo:

Que reflexión mas importante: la ortodoxia y el fariseismo, cosas con las que debemos luchar, y como dices comenzando por nosotros mismos. Es la tonica de una mirada cristiana en la que en hora buena creo comulgamos. Recibe un saludo por Navidad. Felices Fiestas!

Un abrazo,

CZG

Gonzalo Gamio dijo...

Muchas gracias, amigo. Feliz Navidad.

Resulta desconcertante constatar cómo algunos reaccionarios - devotos de la ortodoxia - se describen como católicos y no ocultan sus simpatías por el rechazo lefebvrista de Vaticano II. Deberían recordar que, siendo el Concilio parte del magisterio, rechazarlo implicaría trasgredir la ortodoxia. Una notoria contradicción.

Un abrazo,
Gonzalo.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Saludos Gonzalo. Leí este artículo suyo y escribí un comentario al respecto. Cuando estaba por enviarlo, sin embargo, me percate de que era enorme, demasiado extenso para caber por aquí. De tal suerte, decidí publicarlo en mi blog como respuesta a este articulo suyo. Me gustaría que lo leyese y me comentase su opinión.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimada Sofía:

En primer lugar, gracias por su reflexión. Mi reflexión navideña parte de la peculiaridad del cristianismo – ojo, no “superioridad”, no he dicho nada sobre ello ni pretendo hacerlo – que está vinculada a la kenosis, el debilitamiento divino en su ingreso a lo temporal. Mientras otras religiones predican la liberación de las ataduras mundanas (de las apaciencias, puesto que el horizonte de la percepción en incluso del pensamiento es Maya) el cristianismo pone énfasis en lo espiritual de lo temporal (por supuesto, las religiones de la liberación de las ataduras mundanas suelen tener una serie de prescripciones muy profundas vinculadas a la compasión, eso no está puesto en duda; estoy describiendo la diversidad en la perspectiva). El horizonte del Reino ("venga a nosotros") es un rasgo característico del cristianismo. En ese sentido, las críticas a la secularización que son caricaturescas no son útiles, y sólo sirven para otra clase de proyectos (generalmente contrarios al amor y vinculados al "poder").

Lo de la metafísica requiere un análisis de detalle, que haré más adelante. Resumo. Toda afirmación sobre lo real entraña una ontología, pero yo me refiero al 'proyecto metafísico', la tendencia a construir una imagen general del sistema de los entes que nos imponga luego una “moral” y una “política”. Antes de entregar a Jesús a los judíos para su crucifixión – según un célebre pasaje del evangelio de Juan - Pilatos le confronta y le pregunta “¿Qué es la verdad?” (Juan 18, 38). El silencio de Jesús frente a la interrogante del gobernador de Palestina es bastante elocuente. Su actitud no constituye una evasión: es ella misma una respuesta. La verdad no resiste una formulación teórica, no consiste en un concepto que puede ser aprehendido o un conjunto de enunciados acerca de cómo son las cosas, a la manera de la teoría de la correspondencia entre los objetos del mundo y el intelecto. El silencio mismo señala - nos “dice” – que la verdad no es una episteme, un sistema fijo de conceptos que puedan “asirse”, una concepción de las cosas que pueda generar certezas indubitables en la mente (o en el “alma”). La verdad es una forma de vida, una manera de estar en el mundo y de actuar en él, es una práxis. Es en este sentido que puede entenderse la declaración de Jesús de ser “el Camino, la Verdad y la Vida”. El concepto es algo que la mente captura, controla, domina; no descubriremos allí asomo de infinitud. La verdad es ante todo una manera vivida – abierta - de entrar en contacto con los otros, no la encontraremos en la densa gramática de los enunciados metafísicos y teológico -especulativos. Jesús insistía en el cultivo del amor. Muchos nuevos fariseos han reemplazado esto por la observancia de la doctrina. Eso yo lo cuestiono. Por supuesto, el fariseismo no tiene un único signo político o teológico, como lo he señalado. Es una tentación para conservadores y progresistas.

Estoy de acuerdo en que no sólo el catolicismo es religión kenótica. Una amplia gama de tradiciones judeo-cristianas debe ser incluida (en mi post suelo usar la expresión "cristianismo").

Cátaros y arrianos tenían una lectura interesante del tema. Conviene reexaminarlos, sin duda.

En otros textos he argumentado que NADIE es realmente “relativista”. Que el término alude a una figura fantasmal que se usa para estigmatizar al rival. La invito a darles una mirada.

Creo que sus ideas sobre el liberalismo político tendrían que revisarse (así como las relativas a una "sociedad tradicional" - la expresión incluso puede ser en sí misma contradictoria -), aquí en este blog podrá encontrar algunos elementos para un diálogo sobre el tema, pero es importante apelar a los forjadores del liberalismo.

Saludos,
Gonzalo.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Gonzalo Gamio:

Muchas gracias
por su respuesta.
Me resulta útil para aprender
(no conocía el termino kenosis).

Además,
fue clarificadora
en varios puntos.

Sin embargo,
debo añadir:

Diversas religiones
paganas y animistas
de la naturaleza y la fertilidad,
tanto elaboradas como primitivas
-especialmente estas ultimas-,
tampoco predican la liberación
de las ataduras mundanas
-incluso pueden llegar
a predicar la sumersión en ellas-,
sino que ponen énfasis
en lo espiritual de lo temporal.

Tal es el caso de variadas
religiones africanas
como la de los yorubas,
y la de los akans,
por ejemplo,
y de religiones hibridas
de origen africano
como el Vudú,
la Santería Cubana,
y el Rastafarismo.

También es el caso
de las antiguas religiones
de América central:
como la de los mayas
-el Popol Vuh,
libro sagrado
de ese pueblo,
lo expresa con claridad-
y la de los aztecas,
por ejemplo.

También es el caso
de las religiones
de los indios americanos
-a quienes siempre he amado-,
como por ejemplo
la de los siux hermosos,
la de los pieles rojas majestuosos
y la de los apaches luminosos.

También lo es el
de la religión de los Incas
y de los diversos pueblos preincas.

También lo es
del Druidismo
y las ancestrales religiones
chamánicas
de la Europa precristiana.

También lo es del Taoísmo:
Lao Tse explica claramente,
en el Tao Te King,
que debemos fluir en armonía
con la naturaleza,
danzar con el mundo
y no rechazar nada
ni forzar las situaciones,
con la finalidad de que
la espontaneidad
emerja
del genuino ser interior.

Ninguna de esas religiones
aspira a una huida del mundo terrenal,
al que, por el contrario,
rinden culto sagrado
en nombre del Espíritu
que ese mundo encarna
y comunica.

Las religiones que aspiran
a la huida del mundo terrenal
y de la temporalidad,
de las ataduras mundanas,
son una minoría.

Entre estas últimas figuran
el Budismo, el Hinduismo,
el Catolicismo en sus inicios,
el Platonismo, el Pitagorismo,
el Catarismo, el Maniqueísmo, el Mazdeísmo,
el Bogomilismo y el Gnosticismo en general.

Y sus doctrinas de huida
de la materia maléfica y oscura
no son en vano,
sino que, muy por el contrario,
tienen un fondo profundo y real,
que la mundana
mentalidad postmoderna,
amante de la terrenalidad,
se resiste a aceptar,
no interpretando aquellas doctrinas
de manera correcta.

Sin embargo,
todas esas religiones
que aspiran a la purificación
del espíritu y a la ruptura
de las cadenas de este mundo,
cuentan con sacramentos y rituales,
lo cual implica una irrupción
de lo divino en el saeculum (aión)
por medio de los símbolos.

De ahí que dijese:

“Ninguna religión plantea
la huida de la temporalidad
al plano de la eternidad
sin antes espiritualizar
la temporalidad finita
de lo humano
sacralizando el mundo profano”.

El “sin antes”
es fundamental
y clave.

Mademoiselle de Maupin dijo...

En cuanto
a lo que comenta sobre
Juan 18, 38,
es preciso afirmar
que aquel pasaje es factible
de ser interpretado
de diversas maneras.

Puede interpretarse
de la siguiente manera:
siendo Jesús la Verdad,
permitió que los hechos,
que su presencia,
hablasen por sí mismos,
por lo que guardo silencio.

Otra interpretación:
la Verdad, por causa
de su naturaleza superior
y pura, es impronunciable.
Por causa de su condición
ilimitada es intrasmisible
mediante palabras,
por lo cual servirse de ellas
es una necedad.

Los mismos Padres
de la Iglesia, que forjaron
la metafísica cristiana
y confiaron en su virtud,
señalaron su limitación
e insuficiencia
cuando de lo Supremo
se trata:

Que aquella sea limitada
y no alcance a señalar
la Verdad Esplendorosa
en toda su infinita dimensión,
sin embargo,
no significa que no sea certera
en un nivel inferior,
así como bella y útil,
y que se deba aplicar
al aquí y al ahora.
Asimismo,
la metafísica
debe estar dirigida
por las vivencias místicas,
que implican un contacto
directo y real
con la Verdad Esplendorosa.

La Verdad Esplendorosa
no es episteme:
está por encima de todo,
por encima
del ser y del no ser.
Sin embargo,
la episteme es útil
para alcanzar las sombras,
los reflejos
de aquella Verdad
incognoscible mediante
el estado ordinario
y limitado del ser humano.

“Al principio,
el lenguaje no era necesario,
porque todo lo que existía
se integraba en una
PALABRA INAUDIBLE”
(Mircea Eliade en
“Diccionario de las Religiones”
refiriéndose a la religión
de los bambaras y los dogons).

Yo sostengo que esa
palabra inaudible
es la Verdad Esplendorosa,
Unidad Primordial
del Principio,
y que por ese motivo
Jesús calló cuando se le inquirió
por la Verdad.

Y, ahora,
dos citas interesantes
sacadas del mismo libro
sobre la religión
de los bambaras y dogons
que desencantaran
a muchos cristianos
de la particularidad
de su religión:

“Es común
a todos ellos
el tema de la creación
por medio de un verbo,
inmóvil al principio,
pero cuya vibración determina
paulatinamente
la esencia y
posteriormente
la existencia de las cosas”

y

“Todos ellos comparten
la misma concepción de la persona,
así como del gemelaje primordial,
expresión de la perfecta unidad.
Unos y otros admiten la intervención
de la hipóstasis
de la divinidad que,
a veces,
toma la forma de un redentor,
señor del mundo,
que se manifiesta por doquier
bajo idénticas apariencias.”

Ambas extraídas
del Diccionario de las religiones
de Mircea Eliade.
Pag: 31.

Es verdad que nadie
es realmente relativista,
pues el relativismo
es inaplicable en la vida real.
Sin embargo,
muchos se sirven del relativismo
con la finalidad de refutar ideas
que no les agradan
y de justificar la amoralidad
y la indiferencia.

PD: En mi columna lateral
figuran dos imágenes sobre el Catarismo
con sus respectivas descripciones.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Sofía:

Muy interesante el vínculo con el pensamiento oriental. Sin embargo, toda su aguda reflexión ulterior sobre Juan 18, 38 ya supone el elemento metafísico helénico-latino, que en gran medida es posterior al imaginario judeo-cristiano de Juan (otra vez, mi énfasis en el hebreo 'emeth'). Mi reflexión sobre la navidad pretende mantenerse en el horizonte bíblico. Y en la crítioca a las lecturas caricaturescas de la secularización (del estilo de la de Edwin Vílchez en La Coalición), que distorsionan el concepto.

Saludos,
Gonzalo.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Gonzalo Gamio:

Muchas gracias por el elogio.

Sin embargo, es preciso recordarle lo siguiente:

1 - El Protestantismo se cimienta, como religión, única y exclusivamente en el libro sagrado de la Biblia. El Catolicismo, por el contrario, se fundamenta en otras fuentes además de la Biblia, a saber: en la tradición no escrita que fue legada a los fieles por medio de las autoridades de la jerarquía eclesiástica, en la filosofía y la mística griegas, en nociones romanas, y en una serie de concepciones y rituales simbólicos de carácter pagano. El Catolicismo es una religión de naturaleza hibrida: he ahí su riqueza. Por lo cual centrarse exclusivamente en la Biblia no es propiamente católico y aunque muchos adeptos sean católicos de nombre, son, en el fondo, protestantes de corazón.

2 - El elemento metafísico helenístico-latino no es un agregado posterior al imaginario judeo-cristiano, como usualmente se piensa. Durante el helenismo, época en la que se dio la aparición de un hombre que luego se conoció con el nombre de Jesús de Nazaret, existía una gran interacción comercial entre Oriente y Occidente. Las filosofías, corrientes espirituales y divinidades -Dioniso e Isis, por citar dos ejemplos- fluían con velocidad de unas regiones a otras, de unos pueblos a otros: reinaba una especie de “globalización” de la información. Muchas de las grandes corrientes espirituales que se forjaron en la Hélade, en Roma y en Asia eran productos híbridos de influencias heterogéneas provenientes de regiones diversas.

El reino judío no fue la excepción: en él se desarrollaron nuevas corrientes espirituales que tomaban el elemento judío que les era común y lo sometían a nuevos modos de concebir la realidad, a ópticas novedosas cimentadas sobre elementos provenientes de regiones extranjeras, foráneas. El Cristianismo fue una de esas corrientes espirituales, entre las que también se encontraban otros movimientos mesiánicos y heterodoxos que se distanciaron del Judaísmo tradicional. Por otro lado, corrientes como el Maniqueísmo y el Gnosticismo se extendieron por lo largo, ancho y alto de Oriente y Occidente. La última se propagó entre diversos movimientos espirituales diferentes entre sí pero que tenían el elemento gnóstico en común, ingresando, también, al reino judío. Asimismo, una rama considerable del Gnosticismo se había nutrido del Platonismo.

Muchos filósofos griegos, entre los que destacan Platón y Pitágoras, habían viajado a Egipto -entre otros lugares-, donde habían adquirido variados conocimientos: la filosofía griega se forjó en base a influencias orientales, desde cerebros y espíritus cosmopolitas que expandían su visión hacia todo lo que les rodeaba y estaba más allá de su tierra natal. Jesús, según las fuentes judías, también viajó a Egipto -¡región famosa de Hermes Trismegisto!-. Platón y Jesús, ambos, se nutrieron de una misma fuente: el Hermetismo. Platón forjó su saber en filosofía, Jesús lo hizo en predica. No en vano San Agustín y los cristianos neoplatónicos -muchos de ellos gnósticos- encontraron una gran semejanza entre el mensaje platónico y el cristiano.

No existe tal cosa como un pensamiento castizo griego o una metafísica de origen puramente occidental. Esas son invenciones del ego humano. La realidad es otra. Y el Cristianismo no es una mera corrección y retorno al mensaje original del Judaísmo, sino que es más que eso, porta un nuevo espíritu de una naturaleza diferente.

En cuanto a la caricaturización a la cual hace referencia, no la he leído. A lo mejor si la leyese, le daría la razón. Quizás me anime a leerla.

¡Saludos!

Sofía.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Sofía:

Solo dos breves puntos:

1.- No veo en qué se justifica su afirmación acerca de los biblistas y el postmodernismo ¿Cuáles son los biblistas postmodernos? ¿Qué obras y a qué pasajes concretos se refiere? (en general, sospecho que su definición de postmodernismo es un tanto general e imporecisa, habría que desarrollarla desde las fuentes mismas). de lo contrario, sucederá lo mismo que con el "relativismo".

2.- Finalmente, llegamos a mi punto principal. Por supuesto, el catolicismo articula tradiciones religiosas y filosóficas diferentes. No obstante, es preciso intentar reconstruir - hasta donde nos es posible - el mensaje del Evangelio a la luz de sus contextos de enunciación. Eso es lo que intenta hacer el método histórico-crítico y la hermenéutica bíblica (nada postmodernos, por si acaso) Para decirlo en términos husserklianos, debemos aplicar una "reducción fenomenológica" para reconstruir el mensaje a la luz de sus contextos de enunciación. Luego, quitamos los paréntesis y rescatamos esas otras tradiciones convergentes en el catolicismo. Es preciso rescatar TENTATIVAMENTE a Jesús el judío y a los redactores de los Evangelios, y su mensaje a la luz de las categorías con las que se manejaban sus primeros gestores. Por eso mi interés en preservar los conceptos hebreos y mantenernos en una lectura pre-neoplatónica del griego bíblico (de nuevo,hasta donde nos es posible). "Reducir" de manera tentativa al mensaje evangélico - lejos del "constantinismo" y de las veleidades "metafísicas" - para rescatar el tema de la 'kenosis' y la 'aletheia' como 'emeth'. Las etiquetas no me inquietan. Luego de la reducción y la descripción fenomenológica, traemos nuevamente la tradición ulterior. Eso es lo que aprendí del consejo de los biblistas. De lo contrario, corremos el riesgo de introducir de manera desmesurada categorías metafísicas, o elaborar una mirada exterior "antropológica".

Esa es mi opción hermenéutica. Por supuesto, es una opción.

Saludos,
Gonzalo.

Cesar Z. dijo...

Estimado Gonzalo:

Ya entiendo a que te refieres con las corrientes lefebvristas al interior de la Iglesia Catolica.
La verdad, sus implicancias son graves, fuera del ambito estrictamente teologico o doctrina. Porque con esa forma de pensar, ya entendemos cierta "mirada catolica" que reniega de la lectura que se hace del conflicto interno tipo CVR, así como se entiende la fascinacion desmedida por ciertas dictaduras como la española (de la madre patria la llaman) o del lado sur de nuestra region.

La verdad,que siendo parte del mensaje navideño, no cabía generar un debate muy frontal a partir de estos temas, pero creo que puede ser motivo para un articulo posterior.

saludos,

CZG

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado César:

Coincido contigo. No es casualidad que nuestros "lefrebvristas" virtuales criollos - que pretenden "corregir" el Concilio Vaticano II, en contradicción con su devoción por la "tradición" (a menos que piensen que esta se detuvo con en el medioevo Inocencio III, o quizá siglos después, con León XIII, la "imaginación reaccionaria" es versátil - sean los mismos que rechazan la memoria de las víctimas y declaran que los DDHH son "ficticios".


¿Mera coincidencia? ¡Para nada!

Un abrazo,
Gonzalo.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Gonzalo Gamio:

1- Mi afirmación sobre los biblistas actuales, que acuso de postmodernos, carece, en realidad, de justificación alguna: era sólo una broma surgida de una vaga intuición. Sin embargo, lo que le respondí sobre las diferencias entre Protestantismo y Catolicismo, así como la explicación que le otorgué sobre los motivos por los cuales el elemento metafísico helénico-latino no es un agregado posterior al imaginario judeo-cristiano, sí son en serio y en verdad, no en broma.

Imagino que, como ocurre en todos los campos de estudio, deben existir diversas corrientes exegéticas en torno a los textos bíblicos. Variadas tendencias de biblistas cuyos estudios hermenéuticos los conducen a conclusiones diferentes y hasta dispares entre sí, a interpretaciones diversas y no univocas. Usted se fía de los biblistas, pero, ¿de cuales?, ¿de que corriente en particular? ¿O es que sólo existe una?

2- Resulta que los contextos de enunciación desde cuya luz se debe reconstruir el mensaje del Evangelio mediante la aplicación de lo que en términos husserlianos se denomina una “reducción fenomenológica” no son exclusivamente judíos: por el contrario, esos contextos de enunciación son entidades sincréticas donde convergen multiplicidad de elementos heterogéneos procedentes de regiones extranjeras. He ahí la clave.

Ocurre, además, que el Jesús exclusivamente judío, de mentalidad judía castiza, jamás existió, puesto que en el periodo helenístico Roma había conquistado y sometido bajo su yugo al reino judaico, el cual se encontraba sujeto a variadas influencias foráneas provenientes de diversas regiones –especialmente de la Hélade y de Egipto- que repercutieron sobre la mentalidad y el espíritu de sus pobladores. La intensa actividad comercial de importación y exportación característica de ese periodo facilitó aun más aquella situación.

Ese Jesús judío, asimismo, era también un Jesús que había viajado a Egipto y se había nutrido de las múltiples influencias culturales de esa región: era un Jesús que estaba expuesto a diversas corrientes espirituales, muchas de las cuales eran de carácter platónico. Lo de su viaje a Egipto se conoce por la narración del evangelista Mateo, que figura en el Nuevo Testamento (Mt. 2,13-15). También se conoce por diversas fuentes judías, como las que encontramos en el Talmud y en la Tosefta (una de ellas: Sanedrín 107b). Y, por ultimo, por los documentos del filósofo griego Celso, quien corrobora ese hecho -y me parece que también ciertas fuentes romanas, pero de estas últimas no estoy segura-. Por ultimo, ¿qué clase de persona viaja y vive en el extranjero sin absorber influencias y nuevas concepciones de la realidad?

Ese Jesús judío, por lo demás, había sido bautizado por Juan el Bautista (Lucas 3:21-22), quien era un asceta judío -no un secular, no un laico, no un sacerdote de templos urbanos, sino un asceta del desierto, un místico-. Jesús lo reconoció como el más grande entre los hombres (Mateo 11:11).

Mademoiselle de Maupin dijo...

Un estudio del Evangelio mediante el método histórico-crítico y la hermenéutica bíblica me parece estupendo y loable, con la condición de que se tomen en cuenta los elementos históricos globales y no exclusivamente los judíos: siempre y cuando no se aborde al reino judaico como si se tratase de una esfera cerrada en sí misma, de una burbuja de lindes infranqueables, de un territorio, cultura y sociedad completamente herméticos y autosuficientes, aislados de su entorno y ajenos a las influencias interculturales. Luego, recién luego de estudiar los contextos de anunciación teniendo en cuenta que estaban colmados de helenismo desde el inicio, así como de nociones egipcias y de elementos metafísicos griego-latinos, quitamos los paréntesis y rescatamos esas otras tradiciones convergentes en el Catolicismo que se sumaron con posterioridad a los contextos de anunciación.

Con posterioridad a los contextos de anunciación se aplicaron nociones neoplatónicas que enriquecieron el mensaje cristiano, no obstante, ya se encontraban elementos platónicos, pitagóricos, herméticos, gnósticos, egipcios, etc., en los mismos contextos de anunciación y aun antes de ellos. Por valerme de un ejemplo analógico: es como si a usted le sirviesen un helado que ya tenía, desde su origen, chispas de chocolate en su interior, y que encima usted le agregue más chocolate. El helado es el Cristianismo. El chocolate es el Platonismo. El “desde su origen” refiriéndome al origen del helado, son los contextos de anunciación en los que se origina el Cristianismo. Y el chocolate que usted añade son los agregados que sus representantes añadieron con posterioridad, tornando al Cristianismo aun más hibrido de lo que ya era desde su origen, desde sus entrañas, al añadirle más nociones platónicas de las que ya gozaba, así como una modalidad de Platonismo desarrollada con posterioridad, llamada Neoplatonismo, además de los conceptos romanos y la ritualidad y la simbología de carácter pagano.

Las palabras de Jesús eran de naturaleza platónica. Posteriormente, los Padres de la Iglesia se encargaron de tornar al Cristianismo aun más platónico de lo que ya era en inicio y de añadirle, además, las nociones filosóficas y místicas del Neoplatonismo.

Resulta que las categorías con las que se manejaban sus primeros gestores y los redactores del Evangelio no eran enteramente judías, sino que contaban con elementos foráneos: elementos griegos y egipcios, entre otros. El sincretismo durante el helenismo en las regiones judía, romana y griega, entre otras, es un hito.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Los conceptos hebreos antiguos, de un hieratismo que se caía a pedazos por causa de su corrupción, no limitaban el espíritu de innovadores como Jesús, quien se nutrió de filosofías novedosas y foráneas, traduciéndolas a la mentalidad judía y a los conceptos hebreos moribundos y resucitándolos de ese modo. Otorgó a los conceptos un nuevo sentido, les insufló un nuevo espíritu, como los poetas: las canciones de los poetas, que contienen altos mensajes centelleantes de Verdad, rehúyen el método critico-histórico y se adhieren al corazón de los enamorados y de los inspirados, de los que se permiten arrebatar por sus canciones en una danza infinita.

¿Veleidades metafísicas? ¡Jamás! La Metafísica, eso que muchos catalogan de lejano y espectral, retumba en mí ser con violencia implacable, hierve como fuego, las ideas que hospeda no son teoría o especulaciones fútiles, sino que tienen vida propia, son nítidas como el cristal, claras como la luz, más concretas que la materia y que el suelo que piso. Todas las grandes religiones abren sus brazos a la Metafísica: ninguna se resiste a su Imperio. El Judaísmo, con anterioridad a la aparición del Cristianismo, contaba con una Metafísica coherente y estructurada. La Kabbalah no se forjó en vano. Y el Cristianismo, naciendo del Judaísmo, no puede ser tampoco ajeno a la Metafísica Judía.

PD: Ese Dios que muchos desprecian por no tener rostro humano, que dicen lejano, distante, frío, espectral, vacío, por el cual prefieren reemplazar a un rostro humano que puedan sentir y comprender, ese Dios impersonal retumba en mi ser como impetuoso huracán y me vuelca al suelo. Es la Verdad Esplendorosa en mí y en cada grano de arena. Ese Dios incorpóreo y frío me hierve en la sangre como un infinito. Bulle en mis entrañas. Me arrolla. Me atraviesa entera, hasta por donde no sabía que existía. Está más cerca a mí que ningún ser humano, más cerca a mí que mis propias costillas, más cerca que mi corazón, más cerca que mi espíritu: es el Corazón del Universo que unifica a todos los seres por dentro en Uno Indivisible más allá del ser: Bien Sumo.

Saludos,
Sofía.

Gonzalo Gamio dijo...

Es posible que Jesús conociera algo de griego, pero sería sobre-especular sostener que conocía algo de platonismo. Es seguro que no. Creo que es importante conocer el judaísmo para comprender el cristianismo. Por eso recurro a los biblistas que practican el método histórico-crítico.

Juan el bautista pertenece a la tradición profética.

Sobre el platoinismo actual y el Bien, sugiero los textos de Iris Murdoch.

Saludos,
Gonzalo.

Mademoiselle de Maupin dijo...

Gonzalo Gamio:

Me parece que en condiciones normales sí sería sobre-especular. Sin embargo, no lo es teniendo en cuenta el particular contexto de incesante actividad económica y comercial de carácter foráneo, así como la interculturalidad y el sincretismo que caracterizaron al periodo helenístico. Además de tener en cuenta todo lo mencionado con anterioridad en mis otros comentarios.

Es preciso rememorar, por lo demás, que la secta judía de los esenios era de carácter ascético y profesaba creencias dualistas desde antes de Cristo. Probablemente Jesús se relacionó con sus miembros o por lo menos debía conocerlos: pertenecían a su mundo, a su entorno.

Cuando acaecen muchas “coincidencias” extrañas, cuando cuantiosos indicios se juntan, es imposible a la mente aventurera no formular conjeturas.

Es verdad que no existe ninguna prueba fehaciente de carácter científico -en el sentido positivista- de que Jesús conociese el Platonismo: tampoco la hay de que no fuese un farsante o un simple trastornado. Los indicios y las probabilidades de lo primero -lo del Platonismo-, sin embargo, abundan. Y la historia funciona, en gran medida, en base a indicios, teorías y especulaciones. En realidad, la historia es tan maleable como la plastilina: ¡es una ficción! Lo es porque con los mismos datos pueden construirse infinitud de historias diferentes, como se pueden construir infinitud de arquitecturas disímiles con las mismas piezas de lego: todo depende de la interpretación y el reordenamiento de los hechos. Siendo la historia una ilusión, debemos optar, en realidad, por la versión más bella, aquella que nos conecte con la atemporalidad ahistórica. Debemos retornar a los mitos cósmicos de mensaje universal.

Detrás de la historia existen intereses políticos y económicos, ideologías específicas que la encausan y determinan. La Historia es una Dama muy astuta. Es una mujer seductora que usa peluca y uñas postizas. Cada mes cambia de amante, es dubitativa y voluble, jamás se termina de decidir y modifica de parecer todo el tiempo, según las casas que visite. La Historia también viajó a Egipto. Luego viajó a New York, donde aprendió el arte de la prestidigitación, y luego a Grecia, donde aprendió el arte de la estafa con los sofistas. Los historiadores son grandes novelistas, eso también tiene su merito.

Mientras más ser, más fuerza vital y belleza concentra una historia, más verdadera es. Los historiadores -valen excepciones- tienden a ser relativistas y, no obstante, quieren imponer su versión histórica como si se tratase de un absoluto. Las versiones históricas desacralizadas, sin embargo, son incorrectas y falsas, en tanto los cuentos y mitos, si logran inspirar nobleza, no lo son, porque contienen verdad ontológica. Únicamente lo de carácter metafísico es universal y absoluto. Lo de categoría física es cambiante, indeterminado y relativo. Platón, quien se oponía al relativismo, admitía esta realidad.

Gracias por los textos sugeridos, me serán de utilidad.

¡Feliz año nuevo!

PD: el Judaísmo no carecía de Metafísica.

Guillermo dijo...

Felicitamos los comentarios de Sofía. Ya era hora de que alguien pusiera orden en los temas religiosos e impidiera el monopolio de los mismos en la web peruana.

Saludos Sofìa,

Guillermo

Gonzalo Gamio dijo...

Estimada Sofía:

No había "metafísica" - en sentido estricto, como forma filosófica - en el mundo hebreo (véase, p.e. Martín Buber "Eclipse de Dios").

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Guillermo:

Jajajajaja ¡Qué "refrescante" comentario! "poner orden en los temas religiosos" ...qué pintoresca frase, la verdad. Destila autoritarismo. Por el vocabulario, uno puede más o menos advertir de dónde viene el comentario. Estos "ultras" críticos de la "hodiernidad" se las traen. Son geniales.

En el diálogo racional nadie "pone orden". Sólo se aceptan argumentos, no apelaciones a la autoridad.

Este es un foro de reflexión. Aquí la lógica del "orden y autoridad". Si busca "orden", no lo va a encontrar aquí. Quizás pueda encontrarla finalmente en un cuartel militar, y así encontrar un reducto "monolítico" y hostil a la discrepancia. Quizá.

Saludos,
Gonzalo.

Guillermo dijo...

Estimado Gonzalo:

Sofía ha puesto orden porque ha mostrado que el cristianismo no es la única religión "encarnada". Además, le ha mostrado que la cultura judía sí tenía metafísica (v.gr. explicaciones supramundanas).

Ahora, sí usted no cree en la metafísica, ¿qué clase de cristianismo practica? ¿Acaso no existe cielo ahora?

Saludos,

Guillermo

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Guillermo:

Me refería con metafísica a la disciplina filosófica occidental sobre el sistema de los entes, no me refería a lo trascendente. Por supuesto que creo en la trascendencia.

Saludos,
Gonzalo.

Raúl dijo...

Hay un fenómeno que me preocupa mucho en relación a los usos que hacemos de las palabras: a veces, por ejemplo, una misma palabra dos personas pueden entenderla de distinto modo, lo cual no sería problemático si cada una esclareciera frente a la otra el uso que hace de ella, claro, hasta donde esté en la posibilidad de hacerlo. Pero creo que esto no sucede en el caso de esta discusión sobre la secularización y por eso he querido anotar ciertas cosas en relación a la entrada de su blog.

Yo pienso que el problema no es que haya grupos cristianos que entiendan de distinto modo la secularización. El problema es que aquí hay cosas distintas en juego a las que les hemos asignado un mismo nombre: secularización. Usted entiende como secularización a un proyecto de temporización de la comprensión de la espiritualidad y como un giro de la religiosidad hacia los asuntos prácticos de la vida, hacia los asuntos que nos inquietan como propios y que nos condicionan como humanos, desde donde parece que nos vamos a encontrar a nosotros mismos y a Dios. Por lo menos eso me parece que es lo que usted quiere decir y ojalá yo no lo esté malinterpretando en detrimento de esta discusión.

Ahora bien, creo que, por el otro lado, <> está haciendo referencia a un proceso distinto, incluso a muchos. Y lo digo porque a su contraparte no puede o debe reducirla al reaccionario terco que está desinformado de las etimologías y que no tiene predisposiciones para el diálogo. Aun si se tratara de este tipo de gente habría que saber bien que es lo que quiere decir. Y creo que cuando hablan de la secularización en un sentido negativo es porque asocian a esta palabra al movimiento de confrontación con todo lo que tenga que ver con la religión. Y creo que no están tan errados si son sus mismos confrontadores los que públicamente han dicho que los confrontaban en pro de este ideal.

No falta oportunidad en la que se diga que las Iglesias o los religiosos no tienen por qué opinar sobre ciertos asuntos, y no necesariamente por el contenido de esa opinión sino porque ya de principio va a estar sesgada y eso justificaría que se las guarden para uso exclusivo en reuniones dominicales y que no valgan para la discusión en los espacios públicos. Con esto no quiero justificarlos, sino entenderlos. Y tampoco quiero siquiera insinuar que usted pudo haber estado actuando de manera que se cerraba a querer entenderlos, pero me parecía que esto se callaba, que faltaba, y que no debía ser así. Me parecía que procesos distintos los habían llevado a comprensiones distintas de <> o en todo caso a usos distintos para esta misma palabra. Y creía que el no reconocer esta situación puede llevar a una confrontación sorda.

San Juan de la Cruz decía que al atardecer de nuestra vida, nos interpelará el amor. Usted mismo ha suscrito una tesis parecida. Y es en nombre de lo que está de fondo en ambas afirmaciones que le voy a pedir que no acabe usted también caricaturizando a los caricaturistas.

Espero que mi opinión de fondo la haya podido hacer inteligible.
Feliz navidad, profesor Gamio, aunque tarde.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Raúl:

Le agradezco por su aguda y profunda reflexión. Su preocupación es legítima.

Efectivamente, el sentido de las palabras importa mucho. Efectivamente, secularización al viraje hacia lo temporal - como usted ha descrito bien - y ese viraje es plenamente cristiano.

He desarrollado mis ideas sobre el tema aquí:

http://gonzalogamio.blogspot.com/2007/06/qu-es-la-secularizacin.html

Secularización no es "ateísmo" o "increencia" ("secularismo"), o "nihilismo", como supone la confusión reaccionaria. He intentado ser riguroso con el uso del término, pues no pretendo que se pase de contrabando el "antimodernismo".

Muy feliz navidad.

Saludos,
Gonzalo.