martes, 7 de julio de 2009

RELIGIÓN Y ÉTICA CÍVICA







Gonzalo Gamio Gehri



¿Necesita una sociedad democrática liberal alentar el cultivo de las religiones para promover una ética cívica? Se trata de una pregunta muy importante. Nótese que partimos de la premisa de que el contexto político desde el que se plantea la cuestión es democrático. En ese sentido, es de destacar 1) que el asunto central no es alentar este o aquel credo en particular, sino las religiones en general, que se practican (o no) bajo condiciones igualitarias y de pleno respeto a las libertades religiosas y de conciencia; 2) que el eventual promotor de las prácticas religosas no es necesariamente el Estado (mejor dicho, no es el Estado). se trata de una cuestión formulada desde los foros ciudadanos y académicos en los que se forma la opinión pública y se discuten asuntos de interés común.
De tal modo que nos planteamos la pregunta desde una situación hipotética – por así decirlo -, más allá de las circunstancias que afronta la sociedad peruana en esta materia, cuando la discusión en el pleno del Congreso en torno al proyecto de ley sobre Igualdad religiosa está a la vuelta de la esquina. No se trata todavía de una cuestión que se plantea tal cual en nuestro mundo ordinario – obviamente, la calle, el espacio público, el escenario de la actividad filosófica según Sócrates -, pero es razonable pensar que nuestros ciudadanos e intelectuales se la formularán de una u otra manera. Esto provocará sin duda un debate interesante, que conmoverá (o pretenderá conmover) ese sentido común tradicionalista tan arraigado en el Perú. No obstante, eso es lo que precisamente hace la filosofía: interpelar – desde el horizonte mismo del mundo ordinario – el sentido común, y propiciar la metánoia.

Michael Sandel, notable pensador norteamericano de la política, sostiene que los principios liberales que admitimos como reguladores racionales del ámbito público poseen un contenido sustancial además de procedimental: incluso expresan una sutil teleología moral que está a la base de nuestras concepciones universalistas de la justicia. Esta es una tesis que encuentro altamente plausible, y que está conectada con la posición fenomenológica que Charles Taylor desarrolla en la primera sección de Fuentes del yo. Sandel indica que nuestro compromiso liberal con la libertad religiosa está animado por un argumento moral de singular importancia:



“La defensa de una protección especial para el libre ejercicio de la religión presupone que la fe religiosa, tal como ésta se practica de forma característica en una sociedad particular, produce formas de ser y de actuar que son merecedoras de respeto y de apreciación, ya sea porque resultan admirables en sí mismas o porque fomentan cualidades de carácter que producen buenos ciudadanos(1).



Veamos. Es un hecho evidente que las religiones infunden doctrinalmente en sus seguidores una ética. Estoy convencido de que podemos encontrar múltiples razones para considerar esta ética valiosa y digna de ser elegida. En ese sentido, no es difícil suscribir la tesis de Sandel según la cual apreciamos ciertas formas concretas de religión porque producen modos de ser y de conducirse en la vida que consideramos "admirables en sí mismas" . En los evangelios encontramos – por ejemplo – una narrativa consistente y profunda acerca del lugar medular del amor y la compasión en una vida humana con sentido. En muchos casos, la ética de la libertad y la justicia que orienta la vida de los ciudadanos posee una matriz religiosa. Una sociedad liberal reconoce el importante lugar que tiene la religión en la vida de sus miembros, de eso no cabe duda. No obstante, hay precisiones fundamentales que hacer en torno a esta materia (y que subyacen a la posición del filósofo citado). Las religiones son doctrinas comprensivas que pueden aportar una interpretación de la persona humana como libre y digna, y ofrecer una lectura de la sociedad como un sistema de cooperación. Sin embargo, las virtudes cívicas y la cultura de derechos también pueden remitirse una matriz particular no religiosa. Creo que este argumento es importante. El humanitarismo secular también puede ser la fuente de una ética cívica. Estamos hablando de una “ética cívica” - recordemoslo - y no, por ejemplo, de una “ética ecuménica” (situación que cambiaría drásticamente el sentido del análisis - este es un tema que como creyente me parece de singular importancia -). En un país como el nuestro, en el que cierto “sentido común posvirreinal” le atribuye erróneamente a las religiones la autoría exclusiva de los "grandes valores", es un argumento que no debemos desechar (hay que agregar que Sandel tiende a olvidar, asimismo, tematizar el hecho de que que algunas versiones “duras” de las tradiciones religiosas pueden manifestarse abiertamente contrarias al sistema de derechos).

No se trata de elegir la “fuente correcta” de la ética ciudadana, por supuesto. Al menos no necesariamente. El sistema político liberal reconoce fuentes diversas con respecto a su cimentación conceptual y su orientación práctica; tampoco interviene directamente en la revisión doctrinal de las ideas filosóficas o religiosas que llevan a sus ciudadanos a suscribir los principios de la justicia: esa es una tarea que corresponde a los propios ciudadanos y a sus asociaciones (cfr. Liberalismo político de John Rawls, Introducción y Conferencia I). Las líneas fundamentales de la estructura básica de la sociedad son fruto de un consenso superpuesto en el marco de una situación de pluralismo razonable (Conferencia IV). Los fundamentos del liberalismo no se encuentran, exclusivamente, en el cristianismo o en un humanismo de tipo secular.

Creer en una doctrina religiosa no es una condición esencial para pensar el ser humano como un ser libre e intrínsecamente digno. Tal tesis puede encontrar un soporte doctrinal en perspectivas diferentes sobre el mundo y la vida. Finalmente, el liberalismo político no versa sobre el sentido de una vida entera, sino estrictamente sobre la racionalidad de lo público. Necesitamos suscribir una ética cívica – más allá de si somos creyentes o no creyentes todos somos ciudadanos - , el tema religioso es responsabilidad exclusiva de los agentes y de sus comunidades. No, no necesitamos alentar institucionalmente el cultivo de las religiones para promover una ética cívica, aunque muchas interpretaciones religiosas del hombre pueden converger plenamente con los preceptos de la justicia política liberal.


(1).Sandel, Michael “Los límites del comunitarismo” en: Filosofía pública Barcelona Marbot 2008 pp. 335.

34 comentarios:

Manuel Aliaga dijo...

Un comentario rápido sobre un par de cosas. Dices:

1. "el asunto central no es alentar este o aquel credo en particular, sino las religiones en general"

Me parece que hablar de religiones "en general" puede ser excesivo. No todas son igualmente capaces de mantener un diálogo con la democracia liberal ni de hacer contribuciones a la salud cívica de una nación. Si éste fuera el caso, entonces cabría preguntar si no se debería alentar sólo aquellas religiones capaces de enriquecer la vida intelectual, moral y cívica de una comunidad.

2. "el liberalismo político no versa sobre el sentido de una vida entera, sino estrictamente sobre la racionalidad de lo público."

Esto es cierto--en teoría. En la práctica, como cualquier ideología e institucionalidad derivada de ella, este liberalismo puede tender a absolutizarse, a idolizarse, a invadir terrenos que no le corresponden, y a marginar a lo que viene a ver como la "competencia".

De ahí la necesidad de recordarle sus límites. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que contar con un "otro" (fe e Iglesia) cuya legitimidad proviene de otras fuentes y que, sin embargo, es capaz de mantener un diálogo y presencia constructivos?

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

Efectivamente, no todas las religiones dialogan con la democracia liberal, pero el liberalismo pretende no darle privilegios a una en lugar de la otra (su único criterio de discriminación es moral y legal: el respeto al sistema de Derechos.

Me parece interesante contar con un "otro" (yo prefiero "otros", en plural. Sin embargo, hay que discutir el estatuto de esos "otros". Dado que la discusión no es en torno a la fe - sino sobre cuestiones de justicia -, el diálogo debe ser simétrico.

Un abrazo,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Gonzalo,

¿Has visto como en su última encíclica Benedicto XVI copia casi de manera literal aglunas ideas de la teología de la liberación pero no cita ni al P. Gutiérrez ni a ningún otro teólogo de esta corriente?

Manuel Aliaga dijo...

Saludos, Gonzalo.

Es cierto que, en teoría al menos, "el liberalismo pretende no darle privilegios a una [religion] en lugar de la otra".

Pienso que esta pretensión podría ser uno de esos excesos ante los que hay que estar vigilantes. Esta pretensión podría llevar a una ceguera autoinducida y peligrosa que conduce a poner a todas las religiones en el mismo costal.

Lo bueno es que, en la práctica esta ceguera de raíz doctrinal es a menudo subsanada por la costumbre de otorgar reconocimientos especiales (p. ej., constitución peruana) y de establecer formas de colaboración concretas (cuyos rezagos aún subsisten en EE.UU., Europa germánica, Europa y América latinas, etc.).

Hay, pues, una falta de correspondencia entre la teoría pura que se predica, y la práctica concreta (basada en la historia y las condiciones realmente existentes sobre el terreno). Sin embargo, los ideólogos de liberalismo no cejan en su intento de ajustar la realidad a la teoría.

"Me parece interesante contar con un "otro" (yo prefiero "otros", en plural)."

Yo diría que es más que interesante: Es indispensable. De otro modo el sistema político corre el riesgo de deslizarse hacia el totalitarismo. El "otro" representa un límite real a las pretensiones de absolutizar la política.

El problema de que el "otro" se convierta en "otros" es que estos pueden acabar divididos, cooptados, politizados, y por tanto absorbidos en la lógica política totalizante.

Un abrazo.
Manuel

Manuel Aliaga dijo...

Para Anónimio:

Las encíclicas papales casi nunca cita a teólogos contemporáneos.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

El Estado liberal practica la igualdad religiosa porque a él no le corresponde intervenir en el problema de la validez de los credos, ese es un asunto que sólo le corresponde a las personas. No se trata de "ponerlas en un mismo cosatal", señalar que son todas verdaderas o falsas. Sólo le corresponde garantizar las libertades religiosas.

Claro, es indispensable la relación de la sociedad liberal con los "Otros", que de facto son plurales. Puede convertirse en un límite para lo político. Agregaría que ese límite no sólo proviene de las instituciones religiosas, sino también de otras instituciones extra-estatales.

Un abrazo,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

"[Al Estado liberal] no le corresponde intervenir en el problema de la validez de los credos

Yo diría que ésa es la posición normativa que ha venido manteniendo el liberalismo. Pero creo que es una posición que en la práctica lleva a absurdos.

Yo pensaría que a la democracia liberal sí le corresponde evaluar la presencia histórica, cultural y cívica de los credos realmente existentes en su entorno. De hecho muchos estados así lo hacen (aunque sea tímidamente, como la Constitución peruana). De otro modo se corre el riesgo (que se ve en algunos países noratlánticos, pero no en todos) de poner en el mismo saco a la "iglesia del nuevo pacto de Juan Pérez" y a las iglesias históricas, con trayectoria y contribuciones conocidas y reconocidas.

"No se trata de... señalar que son todas verdaderas o falsas."

Lo que sucede en algunas partes es que todas acaban siendo vistas como igualmente relevantes o irrelevantes. Y esta es una miopía real, que acaba diluyendo y ninguneando la indispensable contribución que la fe puede hacer a la vida cívica.

los "Otros"... de facto son plurales.

No necesariamente. Ni siquiera en países de tradición protestante (ver Alemania, Holanda, Escandinavia). EE.UU. es una excepción... que ha venido exportando sus costumbres...

"ese límite no sólo proviene de las instituciones religiosas, sino también de otras instituciones extra-estatales."

Cierto, pero son dos límites de naturaleza muy distinta. En el caso de la fe hablamos del límite que introduce un "otro" radicalmente distinto: Lo divino. Un límite que se expresa en la naturaleza trascendente del hombre.

Un estado que reconozca este límite será menos propenso a vulnerar los derechos naturales de las personas.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel Evaluar "la presencia histórica, cultural y cívica de los credos realmente existentes en el entorno" no significa evaluar la validez doctrinal de un creo. Acaso una historia compartida, pero ello no tiene porqué mellar la igualdad religiosa.

Yo particularmente creo en el catolicismo, y me preocupa que algunos caigan en la "iglesia del nuevo pacto de Juan Pérez", pero el Estado no puede negarle a sus ciudadanos el derecho a plegarse a la prédica del tal Pérez. No debe pronunciarse acerca de esa materia (como Estado).

De acuerdo con que las Iglesias se ocupan de la naturaleza trascendente del hombre. Sin embargo, a veces sus preocupaciones son demasiado humanas (cierto es que esas preocupaciones pueden ser criticadas tanto desde la profecía religiosa como desde la ética cívica).

Todos los países que señalas son multiconfesionales en algún sentido.

Un abrazo,
Gonzalo.

Daniel Salas dijo...

Estimados Manuel y Gonzalo:

El problema con que el Estado apoye ciertos credos tradicionales es que las denominaciones beneficiadas pueden sentirse cómodas y dejar de hacer su trabajo. El surgimiento de nuevas comunidades como la Iglesia del Nuevo Pacto Universal tiene que ver con la administración del carisma, un rasgo que los grupos evangélicos y neoevangélicos han aprovechado muy bien. Puede que la iglesia de Ataucusi no tenga el "pedigree" de la católica pero resuelve problemas muy concretos que le interesan a la gente, especialmente en contexto de exclusión racial y pobreza. El evangelismo, lo reconozco, suele ser Kistch (es la mayor objeción que yo tengo) pero logra adaptarse para ofrecer consuelo espiritual a mucha gente que no encuentra en los credos tradicionales soluciones concretas. Los grupos carismáticos católicos cobraron fuerza en los 70 y los 80 precisamente como respuesta a ese desafío. Pero saber comprender los problemas epirituales de la feligresía es una tarea que corresponde a los pastores, no de Estado. Sinceramente, ¿ustedes creen que un obispo como Juan Luis Cipriani sea una imagen en la que las mayorías limeñas puedan encontrar un guía que las redima del sufrimiento cotidiano? Cipriani no ha leído a Weber o, simplemente, no lo toma en cuenta.

Por otra parte, no siempre es claro qué queremos decir por "tradicional". Sin duda, no podemos negar la fuerza histórica del Islam pero, a pesar de ello, alguien podría sostener que, dado que no pertenecen a la tradición peruana, no debería ser reconocido por el Estado peruano. Lo mismo podríamos decir del budismo o del Krsna.

Saludos.

Manuel Aliaga dijo...

Hola de nuevo, Gonzalo.

Veamos:

"Evaluar 'la presencia histórica, cultural y cívica de los credos realmente existentes en el entorno' no significa evaluar la validez doctrinal de un creo."

Naturalmente. Yo no he sostenido que el Estado evalúe la validez doctrinal de un credo. Lo que he sostenido es que:
(1) Hay religiones que tienen el potencial de ser un interlocutor constructivo con el estado--y que tienen una historia de serlo,
(2) Hay religiones que no,
(3) Por tanto, el estado no puede relacionarse con ambos tipos de la misma manera.

"ello no tiene porqué mellar la igualdad religiosa."

Una cosa es que se garantice el libre ejercicio de la religión y otra que el estado las trate a todas por igual.

"el Estado no puede negarle a sus ciudadanos el derecho a plegarse a la prédica del tal Pérez."

Yo no he defendido que el Estado haga nada semejante. Lo que digo es que la "iglesia del nuevo pacto de Juan Pérez" no puede negarle al estado el derecho de relacionarse de una manera más intensa y estrecha con Iglesias históricas, capaces de interlocución (vía educación, hospitales, servicios sociales, etc.).

"a veces sus preocupaciones son demasiado humanas"

Aquí es donde entra la autonomía del Estado.

"Todos los países que señalas son multiconfesionales en algún sentido."

Pero el papel público de la Iglesia Luterana en Escandinavia o Alemania... o el de la Iglesia Anglicana en Inglaterra... o el de la Iglesia Católica en Bavaria... no es el mismo que el que tienen las "iglesias del nuevo pacto de Juan Perez."

Un abrazo, y hasta mañana... :)

Manuel

Gonzalo Gamio dijo...

Estimados Manuel y Daniel:

Estoy de acuerdo con Daniel en cuanto a que la diferencia la impone la calidad del trabajo y del diálogo que cada Iglesia lleva a cabo con el Estado. Ello no determina un estatuto legal - pues impera la igualdad religiosa -, sino una calidad en la relación. La relación es diferente (en virtud de su calidad), pero bajo la vigencia de la igualdad religiosa. La intensidad de la relación es una cuestión práctica.

Respondiendo a la pregunta de Daniel, tengo que decir con tristeza que, en lo personal, pienso que la mentalidad y actitudes de JLC no ayudan a que la Iglesia cumpla sus labores de promoción del diálogo y la caridad. Es evidentemente una personalidad que genera polémica.

Manuel ¿Estás en Lima?


Un abrazo,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

Saludos, Daniel!!!!

Veamos:

“El problema con que el Estado apoye ciertos credos tradicionales…”

Yo no hablo de que el Estado apoye a la Iglesia. En realidad, cuando este apoyo se da, éste suele ser recíproco. Más aún: El Estado suele apoyarse en la Iglesia. Y ésto sucede precisamente por la capacidad de interlocución que ésta tiene--dada su reputación histórica, su autoridad moral (a menudo local), su solidez institucional, su presencia intelectual en histórico diálogo con (y fundamento de) nuestras doctrinas legales y políticas, etc., etc.

“Puede que la iglesia de Ataucusi no tenga el "pedigree" de la católica pero resuelve problemas muy concretos que le interesan a la gente, especialmente en contexto de exclusión racial y pobreza.”

Y en esa medida empieza a construir relevancia. Pero si descuida la capacidad de diálogo (intelectual y cívico), esa relevancia--esa influencia--será bastante limitada.

La Iglesia Católica tiene una mucha mayor presencia resolviendo los problemas “concretos” de la gente. Y tiene la capacidad intelectual e institucional de articular un diálogo sostenido.

“saber comprender los problemas espirituales de la feligresía es una tarea que corresponde a los pastores, no de Estado.”

Naturalmente.

“Cipriani no ha leído a Weber o, simplemente, no lo toma en cuenta.”

Yo creo que sí lo leyó (de ahí su onda medio “criolla”). Pero el carisma es algo que no se planea. Y no dudo que en ciertos círculos sí lo tenga. Por lo demás, en la Iglesia hay un cierto carisma que por default viene asociado al oficio de obispo. Sin importar la simpatía de quien ejerza el cargo.

“no siempre es claro qué queremos decir por "tradicional". … alguien podría sostener que, dado que no pertenecen a la tradición peruana, no debería ser reconocido por el Estado peruano.”

Ni el Islam ni el budismo son parte de nuestra tradición. Y el “reconocimiento” del que hablas (que yo asocio a la capacidad de interlocución) se gana con mucho trabajo... de décadas... o siglos.

El error es, en mi opinión, creer que porque son religiones merecen de nosotros, automáticamente, el mismo trato que la Iglesia Católica.

Para mí ésto no es sino transplantar sin mayor discusión modelos que son ajenos a nuestra realidad, y a la de muchos países afines.


Un saludo, y ahora sí: Hasta mañana! :)

Manuel

Manuel Aliaga dijo...

Manuel ¿Estás en Lima?

Lamentablemente no.

Te escribo desde Washington DC.

Un abrazo, y la seguimos mañana...

[Voy a tomarme un café con unos amigos de mi promoción del colegio...]

Jaime Del Castillo dijo...

Aunque por falta de tiempo no he podido leer los comentarios siempre interesantes, pues, solo decir que el tema religioso siempre es terreno fangoso y hasta de arenas movedizas. Los derechos humanos precisamente arrancan con la libertad religiosa y por ahí deducimos el alto componente político que conlleva. La religión baño en sangre Europa durante siglos, y existe voluntad de poder en toda organización religiosa, de tal forma que es bueno entrar al tema pero, viendo los aspectos fácticos como en el caso peruano: La Iglesia Católica está subvencionada por el Estado peruano, todos los peruanos mantenemos a los curitas católicos y encima nos cobran por misas, bautizos y demás hierbas. Ojo.

Manuel Aliaga dijo...

el tema religioso siempre es terreno fangoso

La experiencia me lleva a pensar que los temas políticos o económicos son más "fangosos". :)

Los derechos humanos precisamente arrancan con la libertad religiosa

Los derechos humanos arrancan con el carácter sagrado de cada vida humana.

La religión baño en sangre Europa durante siglos

Mucho peores han sido los baños de sangre que resultaron de las revoluciones en pro de la "fraternidad, igualdad y la libertad", o en favor de la independencia y "espacio vital" de incontables nacionalismos grandes y pequeños.

todos los peruanos mantenemos a los curitas católicos y encima nos cobran por misas, bautizos y demás hierbas.

¿"Nos cobran"? ¿Debo asumir, entonces, que eres católico? Y si lo eres, no es tu responsabilidad mantener a la Iglesia de la que eres miembro?

¿Qué te parece si adoptamos la solución alemana? Que la SUNAT te descuente un porcentaje de tu cheque para la Iglesia, cosa que los curitas ya no te "cobran" por las hierbas... :)

¡Y Santo Remedio! :)

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

La fórmula alemana tiene más sentido, creo yo. En parte la crítica consiste en señalar que la Iglesia cuenta con una manutención que en parte proviene de todos los peruanos, y no sólo de los católicos. Muchos consideran que esto es injusto.

Saludos,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

Saludos, Gonzalo.

Veamos:

la crítica consiste en señalar que la Iglesia cuenta con una manutención que en parte proviene de todos los peruanos, y no sólo de los católicos. Muchos consideran que esto es injusto.

Pienso que tendríamos que entrar en detalles. No conozco el monto exacto del estipendio que da el estado al clero, ni quiénes tienen acceso a él. Sí sé que se trata de una cantidad meramente simbólica.

También sé que los programas contra la pobreza, las iniciativas de salud y educación, y tantas otros esfuerzos de promoción social que lleva adelante la Iglesia en el Perú sirven a todos, sin importar si vienen o no vienen a misa, o si son o no son católicos.

A nadie se le pide certificado de bautismo ni de inscripción en la parroquia ni de cumplimiento mínimo de los preceptos básicos... :)

También sé que estos programas sociales se financian en buena parte con dineros extranjeros (que ven en la Iglesia una entidad confiable), que no proceden ni del Estado peruano ni mucho menos de las "limosnas" de los fieles (sencillo, botones, imperdibles y pelusas que encontramos en el bolsillo), ni mucho menos de los "cobros" por "hierbas" y otros servicios que a algunos tanto irritan. :)

Estos dineros extranjeros proceden de países donde los fieles se saben responsables del mantenimiento de su Iglesia

Lo bueno de una solución como la alemana sería que los católicos peruanos finalmente se darían cuenta de que la Iglesia no subsiste por transferencias de efectivo procedentes del Espíritu Santo. :)

Manuel

Gonzalo Gamio dijo...

timado Manuel:

Si Jesús no hizo distinción entre los hijos de David y los demás (el centurión, la samaritana, etc.), y poco le preocupaba la ortodoxia (a duiferencia de los fariseos), mal haría la Iglesia de pedir en el contexto de su labor social un certificado.

Tus puuntos son interesantes.

Igual la solución alemana resulta la mejor.

Un abrazo,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

Gonzalo, veamos:

"Jesús no hizo distinción entre los hijos de David y los demás"

Sería muy largo entrar en este tema de manera seria. De hecho, Jesús sí hizo distinciones y planteó exigencias...

"poco le preocupaba la ortodoxia"

La ortodoxia sí le preocupaba ("la Salvación viene de los judíos") pero el reconocimiento que el Estado le da a la Iglesia es una discusión política, no de ortodoxias teológicas.

No confundamos niveles. No nos apartemos del tema político.

"mal haría la Iglesia de pedir en el contexto de su labor social un certificado."

¿Mal desde el punto de vista de quién?

(1) ¿Desde la perspectiva de la ortodoxia teológica? ¡Claro!

(2) ¿Desde el punto de vista político de un Estado liberal que reduce a las iglesias a asociaciones voluntarias equivalentes? ¡Por supuesto que no!

Tal Estado y sus defensores no pueden, sin caer en contradicción, exigir a la vez (a) que la Iglesia sea vista como una mera asociación civil (con membresía definida) y (b) que se comporte de acuerdo a estándares de universalidad de raíz teológica que el Estado no le reconoce.

Por razones teológicas la Iglesia puede decidir hacerlo por sí misma, pero ni el Estado ni los outsiders pueden exigir que lo haga sin violar un principio básico de la libertad religiosa: Inmiscuirse en la manera como una organización religiosa articula la relación entre ortodoxia y ortopraxis.

Un problema que uno ve no sólo en el Perú es que todos se sienten con derecho a decir lo que la Iglesia debe y no debe hacer. Sean o no sean católicos. Al hacerlo mezclan lógicas políticas, económicas, sociológicas, culturales, etc., con la lógica propiamente teológica que les es ajena.

Si la Iglesia pide o no pide partida de bautizo, ésa es una discusión interna. El Estado liberal y sus defensores no tienen vela en ese entierro, y no pueden esperar ni mucho menos exigir nada.

Ahora, si la Iglesia tiene, por mandato del Señor, vocación de universalidad, y esta vocación se expresa en obras que benefician a todos, al Estado le corresponde (si quiere cooperar con ella) reconocer la especificidad de la Iglesia como algo más que una mera asociación civil.

De otro modo, el Estado buscará beneficiarse del CELESTE, sin que le cueste. :)

Un abrazo.
Manuel

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

Bueno, tenemos algunas discrepancias en torno a la interpretación del Nuevo Testamento, en cuanto a que Jesús descubre en personas que no descienden de David - incluso paganos, como el centurión - "ejemplos de fe". Este es un campo de conversación muy interesante sobre el que había de dialogar.

Claro, lo que he señalado sobre la vocación de universalidad es en calidad de creyente y de miembro de la Iglesia. Por supuesto, creo que la crítica debe ser también teológica. En este blog he desarrollado algunos posts en esa dirección (aunque creo que cualquier individuo tiene derecho a emitir una opinión informada (ojo, informada) sobre las instituciones en general, en temas de justicia).

Un abrazo,
Gonzalo.

Ernesto Dagnino dijo...

Gonzalo ¿qué tal?

Solo para felicitarte por tu blog, y para incentivarte a que sigas escribiendo sobre los griegos que es un tema que manejas muy bien y que me interesa mucho.

Saludos
Ernesto

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Ernesto:

Ya vuelvo a ese tema.

¿Qué pasó el martes?

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

a Manuel Aliaga:

¿Por què el Estado laico debe subencionar a los curitas?

Gonzalo Gamio dijo...

Creo que usted puede formular la misma pregunta en un tono más respetuoso.

Gonzalo Gamio dijo...

Pienso que la solución alemana es la adecuada: los creyentes pagan impuestos especiales para mantener a SUS Iglesias, y los no creyentes no lo hacen. Cada Iglesia decidirá a quién dedica su labor.

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Es la respuesta màs sensata.
Que cada uno subvencione a la religiòn en la que cree.

(Iba a decir "en las religiones en las que cree", pero la creencia religiosa tiene demandas excluyentes)

De otro lado, el tèrmino "curitas" fue utilizado por Manuel Aliaga. Yo sigo ese uso.

Saludos,

Anònimo

Gonzalo Gamio dijo...

Anónimo:

Estamos de acuerdo.

Saludos,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

Saludos de nuevo, Gonzalo.

Veamos:

"lo que he señalado sobre la vocación de universalidad es en calidad de creyente y de miembro de la Iglesia."

Y con todo derecho. Por lo demás, la Iglesia tiene un pensamiento desarrollado sobre estos temas, con el que también debemos familiarizarnos si los queremos discutir de manera apropiada. Pues no sólo estamos hablando de la relación que el Estado liberal decida tener con la Iglesia, sino de la relación que la Iglesia decida tener con el Estado liberal. La relación final será resultado del encuentro (diálogo) entre ambas lógicas.

Y es esencial que este diálogo, y este encuentro, se den. Para esto hay que reconocer la legitimidad de ambos discursos. De lo contrario acabamos con el secularismo más radical, el cual no hace justicia a la verdad del ser humano...

Lo importante es no confundir las líneas argumentativas, y pasar de una lógica a la otra sin reconocerlo. Es así como los defensores de una lógica pueden acabar contradiciéndose a sí mismos. Los defensores de la lógica del Estado liberal no pueden usar un dato teológico (universalidad) para exceptuar a la Iglesia de una de sus propias exigencias (comportarse como un grupo privado más), simplemente porque así les conviene aquí y ahora (programas sociales)... y mientras les convenga...

"cualquier individuo tiene derecho a emitir una opinión informada (ojo, informada) sobre las instituciones en general, en temas de justicia)."

Por supuesto. Y uno puede señalar el dato curioso de que todos (católicos o no) se sienten "informados" y "con derecho" para opinar sobre el rol público (y hasta el no-público) de la Iglesia. Pero no todos se sienten igualmente "con derecho" a opinar sobre el rol público de la fe judía o cualquier otra.

En realidad, la Iglesia cumple de facto un papel que ninguna otra religión cumple (especialmente, pero no exclusivamente, en nuestro medio). Por consiguiente, a la Iglesia se la somete a un conjunto de exigencias y demandas distintas... Ni judíos ni budistas ni seguidores de Juan Pérez se encuentran--y dudo que alguna vez se encuentren--en el mismo nivel.

Quienes promueven la igualdad cívica de todas las religiones deben examinar este detalle fáctico con cuidado. De lo contrario no estarán sino promoviendo soluciones meramente ideológicas que no corresponden a nuestra realidad.

Manuel Aliaga dijo...

¿Por què el Estado laico debe subencionar a los curitas?

Mi aproximación a su inquietud se encuentra en mis siguientes intervenciones:

10 de julio de 2009 9:11

10 de julio de 2009 11:01

No afirmo que deba "subvencionar" a los "curitas" (su palabra - en realidad se trata de un estipendio simbólico). Tampoco afirmo que no lo deba hacer. No me parece un tema de principio. Si como sociedad decidimos hacerlo, me parece bien. Si decidimos no hacerlo, también.

Usted también podría preguntar (pero no lo hace) si le corresponde a la Iglesia subvencionar al estado... subsanando las deficiencias en servicios públicos básicos en incontables localidades a lo largo y ancho del territorio nacional a través de incontables programas financiados por dineros extranjeros que no dependen (1) ni de sus puntuales impuestos, (2) ni de sus generosas limosnas de cada domingo y fiesta de guardar, (3) ni de esos cupos--perdón, "cobros"--a los que usted se ve sometido cada vez que va a un bautismo u otras "hierbas"... :)

El caso es que en una sociedad como la nuestra la cooperación entre Iglesia Católica y Estado es inevitable, y hacemos bien en despertar de sueños utópicos sobre mundos ficticios para pisar la tierra en la que vivimos... por el bien de nuestra comunidad.

Que cada uno subvencione a la religiòn en la que cree.

Es una solución posible. Pero la solución alemana no elimina el rol del Estado, que es el encargado de recaudar los impuestos y distribuir los dineros.

En nuestro caso, sería la SUNAT... así que ya sabe qué hacer para que los "curitas" no le cobren: Chántese con la SUNAT... :)

Manuel Aliaga dijo...

Hey, Gonzalo, estaba pensando:

¿Qué te parece la idea de que tratemos de definir cuáles son las conclusiones (acuerdos, desacuerdos) de nuestro breve intercambio de ideas?

Manuel

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

¡Excelente! Procedamos.

Un abrazo,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

A ver, qué te parece:

1. Dato fundamental: Toda comunidad humana que quiera ser fiel a la verdad sobre el hombre debe reconocer la contribución que la religión puede hacer a la vida común.

2. El Estado liberal no es la excepción. El también debe reconocer este dato fundamental.

3. En la historia concreta de naciones específicas hay tradiciones religiosas que han cumplido--y continúan cumpliendo--roles fundacionales, plenamente integrados en el sentido de comunidad que las anima.

4. El Estado liberal debe reconocer esta realidad histórica sobre la que opera--el "alma" de la comunidad a la que quiere servir.

5. Otro dato de la realidad: No todas las iglesias están igualmente capacitadas o interesadas en contribuir a la vida cívica y política de una nación.

6. El Estado liberal también debe reconocer este hecho.

7. Por lo tanto, la relación concreta que el Estado liberal pueda tener con las iglesias no podrá sino depender de la capacidad e interés de éstas en participar.

8. Tratar a todas las religiones por igual implica ignorar los puntos 3-7.

9. Esto se debe a una ambivalencia--o una resuelta oposición--frente a los puntos 1 y 2.

10. A la larga esto conduce a que las iglesias acaben divididas, cooptadas, politizadas, manipuladas, trivializadas, y por tanto absorbidas en la lógica meramente política y totalizante.

11. Esto castra la contribución específica de la religión en la sociedad--el sentido de trascendencia.

12. Esto conduce a una nueva forma de totalitarismo.

¿Qué me dices?

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Manuel:

Encantado de plantear consensos y disensos sobre este diálogo.

1.- Los titulares de derechos son los individuos; no los grupos ni las religiones. El Estado liberal consagra y protege su derecho a creer y a no creer. La creencia en la trascendencia supramundana – por mucho que la apreciemos – no es vinculante para el
Estado liberal.

2.- El Estado liberal debe reconocer la contribución de la religión, y de otras manifestaciones humanas – incluido el humanismo secular - a la vida común.

3.- De acuerdo. Otras religiones y otras manifestaciones humanas podrían sumarse a ello. Ojalá.

4.- De acuerdo, con reservas. El alma nacional es una categoría compleja. Puede que nuestra alma nacional sea plural. Cfr. IF CVR.

5.- De acuerdo, aunque eso puede cambiar. Los derechos deben ser los mismos, pero la calidad de la relación con el Estado liberal es diversa.

6.- Sí, pero eso no justifica las desigualdades a nivel de prerrogativas otorgadas por la ley.

7.- De acuerdo. Pero hay que distinguir el nivel del derecho – que exige igualdad religiosa – con el nivel empírico de la calidad de la relación con el Estado liberal. Esa distinción es crucial.

8.- No tesigo en virtud de la distinción que he señalado.

9.- La distinción puede ayudar a combatir la ambivalencia.

10.- Este es un peligro real.

11.- Lo que dices es importante, pero planteo reservas desde mi punto 1.

12.- Lo del totalitarismo requiere un mayor desarrollo.


Un abrazo,
Gonzalo.

Manuel Aliaga dijo...

"Los titulares de derechos son los individuos"

Hay libertad de asociación y las personas jurídicas también tienen derechos.

Si te entiendo bien, tú crees que (1) todas las iglesias--en tanto iglesias--deben tener exactamente los mismos derechos y prerrogativas, y (2) estos derechos son los mismos que cualquier otra asociación reconocida por ley.

Yo disputo ambos puntos: (1) Las iglesias no llegan a la mesa con el mismo curriculum y las mismas capacidades, y (2) ellas tienen características muy distintas de otras formas de asociación.

"El Estado liberal... protege su derecho a creer y a no creer."

Cierto, aunque no sólo el estado liberal.

"La creencia en la trascendencia... no es vinculante para el Estado liberal."

En efecto. Tampoco lo es-o debería serlo-el inmanentismo mundano. Cualquier esfuerzo por parte del estado por promover el secularismo violaría la separación debida entre fe e institucionalidad.

Esto no significa que el estado no deba promover la religión - La solución opuesta también es posible: Promover-en principio-a todas por igual (con condiciones).

Al margen de esto, el reconocimiento del rol histórico de ciertas religiones en la configuración de la nacionalidad y sus valores fundacionales sí puede--y debe--darse.

"El Estado liberal debe reconocer la contribución de la religión, y de otras manifestaciones humanas... a la vida común."

Es un reconocimiento que sólo debe darse después de que estas contribuciones se han dado y se han evaluado con perspectiva histórica. En otras palabras, este reconocimiento no debe apresurarse ni estar condicionado a vaivenes políticos, sino que debe estar fundado en contribuciones reales, juzgadas con objetividad y con peso histórico--no en meros deseos o en esperanzas o prejuicios o ideologías.

"Otras religiones ... podrían sumarse a ello. Ojalá."

¿Por qué "ojalá"? :)

"Puede que nuestra alma nacional sea plural."

Las religiones desarrolladas admiten almas plurales. No es en vano que tantas culturas se han nutrido de--y han nutrido a--la fe católica.

"eso puede cambiar. Los derechos deben ser los mismos, pero la calidad de la relación con el Estado liberal es diversa."

Claro que puede cambiar. Esto no significa que deba hacerlo.

Los derechos son los mismos pero en la práctica aquellas iglesias capaces de establecer un diálogo con el estado se ganarán una participación distinta. Y esta participación también tiene un componente legal (cooperación en educación, salud, etc.) que debe anticiparse y regularse.

"eso no justifica las desigualdades a nivel de prerrogativas otorgadas por la ley."

Si los derechos individuales están protegidos, y si las religiones mismas demuestran un interés y una capacidad desigual, no veo cuál sería el problema en (1) reconocer legal y prácticamente que, en el Perú, como la Iglesia Católica no hay otra [reconocimientos semejantes se dan en muchos países que uno no acusaría de limitar las libertades religiosas], y (2) que la interacción concreta entre estado e iglesias tenga diferentes grados de intensidad.

"hay que distinguir el nivel del derecho – que exige igualdad religiosa – con el nivel empírico de la calidad de la relación con el Estado liberal."

Pero ese nivel empírico también debe ser regulado (cooperación en temas sociales, canalización de ayuda internacional, educación, salud, etc.).

"No te sigo en virtud de la distinción que he señalado."

Tratar a todas las religiones por igual implica tomar la decisión de ignorar diferencias concretas que hay entre ellas (peso histórico en una comunidad concreta, papel en la formación de nuestra vida cívica, capacidad para contribuir, etc.)

"Lo del totalitarismo requiere un mayor desarrollo."

Ejemplo: Creer que los derechos humanos son concedidos por el estado (voto y mayorías) y no anteriores a él. Si los derechos humanos son concedidos por una mayoría, pueden ser retirados por otra (aborto, "matrimonio" homosexual, etc.).