viernes, 15 de agosto de 2008

DESDE LA CAVERNA: COMUNICACIÓN Y POLÍTICA



Gonzalo Gamio Gehri


Comparto con ustedes unas reflexiones que planteamos ayer en clase, fruto del diálogo con los alumnos, en el contexto de una clase introductoria de Ética y Filosofía del Derecho en el Diplomado de Filosofía (UARM). El asunto que concentró nuestra atención fue la interpretación política de la alegoría platónica de la caverna, a la luz del fenómeno contemporáneo de la manipulación mediática del ciudadano en el seno de las democracias liberales.

Como se sabe, la preocupación por la política atraviesa la obra de todos los filósofos griegos. La pregunta por la vida buena implica decisivamente la reflexión sobre el cuidado de las instituciones, y la crítica de las mismas. En Platón, por ejemplo, las meditaciones más profundas sobre ontología y cosmología (o sobre la naturaleza del lenguaje) generalmente aparecen conectadas con un radical interés por el sentido de los asuntos humanos.

Cuando dictamos cursos introductorios de historia de la filosofía – que abarcan, por ejemplo, las diversas etapas de la historia del pensamiento en un único semestre -, los profesores universitarios tendemos a privilegiar la ontología platónica sobre su preocupación conceptual por el curso de la vida pública. Lo hacemos pensando (naturalmente) en la poderosa influencia de la filosofía teórica de Platón en las concepciones del cosmos desarrolladas en el Renacimiento y en el siglo XVII, su enorme relevancia para la construcción de la teología medieval y para la filosofía romántica del arte. Me ha pasado en mis primeros años como docente que – pensando en esas fructíferas y fascinantes proyecciones del platonismo -, solía dejar para el final (casi como colofón del tema) las ‘consecuencias políticas’ del pensamiento platónico. Estaba en un error, que corregí posteriormente. No se trataba, evidentemente, de "consecuencias". En realidad, la radical preocupación por la vida buena y por la política está presente desde el inicio de los diálogos platónicos. Hay que precisar – como acertadamente mis profesores de especialidad y la maestría en la PUCP y en el Doctorado de la U. Comillas (en ambos casos se trataba de notables platonistas) sostenían – que ontología y política se reclaman la una a la otra en el pensamiento de Platón; no podemos hacer abstracción de la una sin empobrecer la otra. Eso es evidente desde la lectura del texto mismo: basta recordar que la alegoría de la caverna o la exposición de la “teoría de las formas” se plantean al interior de un texto que la tradición ha titulado La República (Politeia), obra que intenta esclarecer el problema de la justicia y orientar en diseño de las instituciones.

La propia alegoría de la caverna requiere de una interpretación política. No se trata solamente de una imagen que busca poner de manifiesto el contraste entre la verdad y las apariencias. Es una imagen que muestra el cautiverio del ser humano, sumergido en un falso “saber” y víctima de la manipulación. No siempre nos preguntamos quiénes son las personas que llevan los objetos y conversan entre sí, proyectando sombras deformantes y emitiendo sonidos que se distorsionan en las penumbras de la caverna. Quién proyecta deliberadamente estas sombras para engañar a los seres humanos que están – sin saberlo - en condición de prisioneros. El camino dramático de purificación del juicio (el proceso crítico de conversión de la mera opinión en saber) constituye un ejercicio de liberación moral y política, expresado en el posterior retorno a la caverna. Reconocimiento de la sujeción y el error como condición del cultivo del pensamiento y de la virtud.

Por lo general identificamos a estos perversos titiriteros con los sofistas (otras lecturas apuntan hacia la figura del tirano). No resulta un ejercicio inútil el proyectar esta imagen platónica hacia nuestro tiempo ¿Quién mueve hoy los hilos de la confusión de los ciudadanos y se place en la distorsión de la comunicación? Un estudiante sugirió que hoy en día son los medios de comunicación – y no los políticos, que han caído en el descrédito – quienes han ocupado el lugar de los sofistas. Acostumbrados a poner su talento al servicio de los intereses de sus promotores económicos y sus alianzas con el poder constituido - argumentó - los operarios de una cierta prensa inescrupulosa y servil se dedican a sacrificar la vocación por la veracidad, el espíritu crítico y el compromiso público de los medios en los altares del juego de fuerzas de la empresa, la “clase política” y los poderes fácticos.

Aunque establecer un paralelo entre la alegoría y un fenómeno contemporáneo como el descrito entraña una serie de riesgos, tiendo a darle la razón. En tiempos como los actuales, en los que la comunicación escrita se debilita y la ‘esfera de opinión pública’ se repliega ante el fortalecimiento de la cultura audiovisual, el control de los medios supone contar con una poderosa influencia sobre la conducta de las personas, sus emociones, sus necesidades. Pienso en Montesinos, comprando los canales de televisión, promoviendo el rechazo de la propaganda electoral aduciendo “razones de mercado”, o dedicándose a calumniar a la oposición política digitando los titulares de la “prensa chicha”. El proyecto de preservación del régimen autoritario de Fujimori, asegurándose una segunda e inconstitucional reelección, pasaba necesariamente por el control efectivo de los medios audiovisuales. Pienso también en la infame campaña mediática contra la CVR, que reveló la entraña alcantarillesca de cierto "periodismo" (el mismo que apoya el conato ultramontano de atentar ilegítimamente ontra la autonomía de la PUCP).
Platón oponía a la manipulación propia de los demagogos el trabajo de la definición y la intelección de las formas. Es posible que esa solución no sea considerada plausible en los círculos intelectuales que han celebrado el “fin de la metafísica”, y que consideran que la caverna (el “mundo ordinario”, precisamente) es el locus del pensamiento y la acción consciente. No obstante, esa incredulidad postmoderna no echa a perder los motivos platónicos: el ideal socrático de la vida examinada, la concepción terapéutica de la filosofía como crítica de las tradiciones y de las ideologías existentes sí goza de consenso en las comunidades académicas tardomodernas. Incluso Iris Murdoch ha propuesto – en La soberanía del Bien – una suerte de “platonismo fenomenológico” no dualista, una concepción filosófica que encuentro convincente y convergente con la hermenéutica posthegeliana que cultivo. Para pensar con lucidez no necesitamos abandonar el mundo ordinario – nuestro espacio vital – sino orientarnos razonable y sensatamente en él, mirarlo con "ojos nuevos", intentando esclarecer las relaciones con el mundo y con los otros que se han tornado problemáticas.
Sócrates consideraba que el ejercicio de la mayéutica filosófica podía liberarnos del yugo de la sofística. Los intelectuales del siglo XVIII pensaron que la difusión de las ideas científicas y morales de la Ilustración podían liberarnos del despotismo invocando al uso público de la razón. La pregunta del millón es: ¿Qué clase de estrategia filosófico-pública podemos postular para intentar liberarnos de esta suerte de “feudalismo virtual” que amenaza con manipularnos?



Gráfico tomado de: http://images.google.com.pe/imgres?imgurl=http://usuarios.lycos.es/medeis/HISTORIA/platon-cave-posul1.jpg&imgrefurl=http://usuarios.lycos.es/medeis/HISTORIA/Platon.htm&h=600&w=800&sz=17&hl=es&start=37&tbnid=9adoXIWuvK6l-M:&tbnh=107&tbnw=143&prev=/images%3Fq%3Dalegor%25C3%25ADa%2Bde%2Bla%2Bcaverna%26start%3D20%26gbv%3D2%26ndsp%3D20%26hl%3Des%26sa%3DN

miércoles, 13 de agosto de 2008

RECUPERAR LA MEMORIA (DE VERDAD)



UNA DEFENSA DEL COMPROMISO DE LA CVR CON LA JUSTICIA Y LA RECONCILIACIÓN



Gonzalo Gamio Gehri


En pocos días se cumplirán cinco años de la entrega del Informe de la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación. El documento fue entregado a la ciudadanía y a las autoridades del Estado en una circunstancia histórica peculiar – se trataba de un contexto transicional, a pesar de que el gobierno de Alejandro Toledo mostraba cierta debilidad y desidia frente a la tarea de darle continuidad a las medidas iniciadas por la administración Paniagua -, en contraste con la actual coyuntura, que parece haber marcado una vuelta a la “vieja política”, picaresca, sinuosa y abiertamente indiferente frente al tema de los Derechos Humanos. El Informe, no obstante, plantea un vigoroso desafío a los ciudadanos peruanos y a sus representantes: constituye una investigación interdisciplinaria rigurosa y honesta sobre las condiciones de la violencia y la exclusión en el país, condiciones que no han recibido la atención debida por la autodenominada “clase dirigente” y que podrían – Dios no lo quiera – desencadenar futuras crisis o generar focos de violencia.

La CVR fue objeto de una despiadada y perversa campaña difamatoria, con la que se comprometieron los medios de prensa vinculados (entonces y hoy) a la mafia de los noventa. Mucha de la mala fe destilada en las páginas de esa prensa subterránea suponía una serie de hipótesis que una lectura mínimamente atenta del Informe Final hubiese echado por tierra: que el documento pretendía señalar la “verdad definitiva” acerca del conflicto, que era condescendiente con los grupos terroristas y hostil frente a las Fuerzas Armadas, que pretendía “reconciliar” a los actores de la violencia, y otras suposiciones infundadas de ese estilo. Una revisión del texto de las conclusiones hubiera bastado a estos personajes para reconocer que la CVR consideraba a Sendero Luminoso como el principal violador de los Derechos Humanos, o que la reconciliación debía ser entendida en términos de la regeneración de los lazos entre el Estado y la sociedad, así como en el seno de las comunidades que fueron vulneradas por la violencia, etc. Pero los ataques se convirtieron luego en personales. Salomón Lerner y los demás comisionados afrontaron con genuino valor y entereza moral esta oscura campaña – que incluso llegó al perverso terreno de las amenazas -. La ciudadanía reconoce sin duda la calidad de su trabajo y su ejemplo.

El Informe Final fue recibido con evidente hostilidad de parte de un sector importante de la “clase política” – pues el documento demostraba su responsabilidad frente a la tragedia vivida -, así como una grupo considerable de militares en retiro y una minoría al interior de la jerarquía eclesiástica. Muchos actores políticos no le perdonan a la CVR el haber desmantelado de manera tan sólida las artificiosas y falaces "historias oficiales" que la autodenominada "clase dirigente" se había construido desde situaciones de poder y privilegio. La Defensoría del Pueblo, sectores importantes de la sociedad civil, ciertas instituciones educativas y comunidades religiosas recogieron el Informe para su discusión. La tarea de hacer del documento objeto de un diálogo amplio en el ámbito del Estado y la sociedad permanece pendiente, dadas las resistencias de quienes actualmente ostentan posiciones de poder en los círculos políticos y en los institutos armados. Poco se ha avanzado en los últimos años en torno al seguimiento de las recomendaciones de la CVR y a la implementación del Plan Integral de Reparaciones. Sabemos que, aparentemente, en el imaginario del gobierno aprista – que no oculta sus simpatías por los fujimoristas – el proceso de transición es asumido como una especie de lapsus histórico en el devenir de la política criolla.

Hoy por hoy, el gran adversario del proyecto de justicia y reconciliación social es la indiferencia, el retorno a lo que Félix Reátegui llamaba lúcidamente la “política corriente”. Nuestros intelectuales están asimismo divididos, aunque de modo asimétrico. Muchos han asumido explícitamente una posición favorable frente al proyecto de justicia transicional, han examinado el Informe y han escrito sobre él precisando o destacando sus fortalezas y discutiendo aquellas tesis que suscitan desacuerdos. Hay quienes no lo conocen, y también esiste una minoría antidemocrática que simplemente tomó la pluma para denostarlo sin apenas haberlo leído. Existen quienes denuncian sólo los hechos terribles que suceden en Oriente Medio, pero no quisieron reconocer los crímenes que se cometían en las entrañas su propio país (e incluso clamaron por la impunidad de los perpetradores). O quienes predican con cierto cinismo que las preocupaciones por los Derechos Humanos conciernen únicamente a las “naciones opulentas” del Hemisferio Norte, ajenas a la realidad del pobre. Todo lo contrario, la lucha por los Derechos Humanos se plantea como un asunto de justicia universal. La recuperación de la memoria constituye una exigencia ética fundamental: encontramos esta poderosa tesis en tradiciones tan diversas como en la tragedia griega y en la herencia de los Profetas y en el Nuevo Testamento (1). En términos de Todorov, “Justicia” es el otro nombre con el que conocemos a la memoria crítica (o ejemplar) . La memoria no consiste en un vano y evasivo juego de palabras o de abstracciones que soslayan lo que de veras importa; no es un juego de espejos. Estamos hablando de nuestro prójimo, no del escueto “Ser” o de la “Idea Absoluta”. Se trata de la memoria del sufrimiento real de las víctimas, de personas de carne y hueso, con nombre propio, esos decenas de miles de seres humanos concretos cuya tragedia la “clase política” se esfuerza por desconocer (piénsese en el caso de Putis). Se trata de recuperar críticamente esa historia, y hacerla realmente nuestra.
(1) No se trataría pues de una "memoria ideológica" - como alguien podría insinuar, erróneamente -, sino de una genuina memoria ética. A quienes consideran que en el mundo ordinario (el supuesto espacio de las "ideologías") no "habita la verdad", habría que responderles - con Sócrates y Iris Murdoch - que si el pensamiento no brota del mundo ordinario, y no pretende permanecer en él para observar ese mundo con nuevos ojos, se torna inútil (y por demás frívolo).

martes, 12 de agosto de 2008

LA SEDUCCIÓN DEL 'LADO OSCURO'


Gonzalo Gamio Gehri

¿Es posible corromper la vida moral y cívica hasta su mismo núcleo sin que las personas (o las instituciones) lo adviertan? En los últimos días, la lectura del extraordinario cuento de Borges Deustches Réquiem me llevó – casi por la fuerza – a plantearme esta pregunta. El cuento - publicado en El Aleph - relata la historia de un prominente oficial nazi, Otto Dietrich zur Linde, procesado y condenado por crímenes contra la humanidad (por “torturador y asesino”, según sus propias palabras), que plantea una serie de reflexiones sobre su destino y el futuro del Tercer Reich en la víspera de su ejecución.

El reo se ha declarado culpable, pero entiende su juicio y la pena asignada en el presunto marco mayor de “la historia de Alemania y la futura historia del mundo”, para decirlo en sus términos. “Yo sé que casos como el mío”, afirma, “excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir”. El criminal de guerra declara una fe ciega en el curso "necesario" del mundo, completamente inmune al azar. “El nazismo”, asevera, “intrínsecamente es un hecho moral, un despojarse del viejo hombre para vestir el nuevo”. Pretendió honrar ese credo convirtiéndose - merced a las órdenes de Hitler - en el subdirector del campo de concentración de Tarnowitz. Recuerda con especial esmero los tratos crueles a los que fue sometido el poeta David Jerusalem (Borges señala en una nota al pie que se trataría de un personaje que simboliza a los numerosos intelectuales judíos que zur Linde ordenó torturar). Zur Linde indica que lo sometió a tortura para ahogar en él mismo el último atisbo de humanidad que le quedaba, la piedad del “antiguo hombre” que había que superar. En la antesala de la muerte, el oficial nazi cae en la cuenta de que los esfuerzos de Hilter y los suyos no tienen otro propósito que el acabar con esa “vieja moral humanitaria”….aunque para lograrlo, tengan que perecer.

“Se cierne sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima ¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno”.

Lo que plantea el discurso sombrío de zur Linde es la victoria secreta de la violencia, más allá del epidérmico triunfo de los aliados y sus concepciones de la democracia. La crueldad – móvil universal de la historia, según el militar alemán – ha penetrado, a la manera de un virus, en las entrañas de Occidente. La derrota del fascismo se evidenciaría aparente; es su espíritu el que ha vencido, pervirtiendo el propio mundo, presuntamente “civilizado”. De ahora en adelante se impondrá el imperio de los "fuertes" sobre los débiles, el Triunfo de Trasímaco y Calicles sobre Sócrates y Eurípides. Daniel Salas llama a esta poderosa energía corruptora el efecto Guasón, en clara referencia a la extraordinaria película de Christopher Nolan, The Dark Knight, que plantea el mismo problema moral. Este movimiento de perversión y deshumanización puede abrazar una forma política o espiritual, una máscara religiosa – como en el propio zur Linde - o secular. Uno se pregunta en qué medida este poderoso efecto ha llevado a que en Estados Unidos se firme el Acta Patriótica - contando con la anuencia cómplice de no pocos ciudadanos, prestos a ver recortados sus derechos básicos -, traicionando así el legado de la Declaración de Derechos de 1776. Pienso asímismo en el caso peruano, en si las huestes delictivas de Sendero Luminoso impusieron finalmente la lógica del terror, que fue asimilada por las propias fuerzas del Estado, que crearon comandos de aniquilamiento – como Colina y Rodrigo Franco – contando con el beneplácito de un importante sector de la “clase política” (y de la propia opinión pública). Pienso en la lógica corruptora que Fujimori y Montesinos introdujeron en círculos los políticos, o en el envilecimiento sistemático de la prensa digitada por ellos, al punto que hoy sigue aplicando los mismos métodos. Pienso en tantos intelectuales y líderes de opinión en el Perú (algunos de inocultables simpatías fascistas), que están obsesionados con el tema del “Estado de Excepción” – una situación política en la que en teoría quedan en suspenso los Derechos Fundamentales -, y no están interesados en discutir las condiciones en las que el Estado de Derecho puede funcionar: quieren convertir la excepción en regla, y la regla en excepción.

Hay que discutir filosóficamente si resulta plausible entender las cosas en esta dirección conceptual. De ser así ¿Existe una manera de contener esta presunta fuerza corruptora? En principio, reconocer su posible presencia entre nosotros, así como sus mecanismos de legitimación – hay que agradecer al espíritu sutil de Borges una descripción tan aguda de este complejo e inquietante fenómeno – constituye un importante punto de partida para reflexionar rigurosamente en torno a ello.

viernes, 8 de agosto de 2008

RECORDANDO A MIGUEL DE UNAMUNO


UNA BREVE HISTORIA SOBRE EL VALOR FRENTE A LA INTOLERANCIA


Gonzalo Gamio Gehri

Vivimos en un país en el que sistemáticamente se destaca la “mano dura” y se observa con nostalgia los regímenes autoritarios, que supuestamente “saben” imponer el “principio de autoridad”. Esa fascinación antidemocrática por la fuerza y la autoridad la encontramos por igual en la extrema derecha y en la extrema izquierda. La encontramos por doquier, en los creyentes, en los ateos, en el deporte, en la vida diaria. Probablemente sea uno de los peores lastres de nuestra cultura política y moral. Erradicarla será – no cabe duda – una tarea grandísima y difícil. Una tarea contracultural en más de un sentido. Supondrá construir prácticas democráticas cotidianas en un ambiente que en principio le es hostil. Supondrá reescribir la historia poniendo el acento en nuestros extraños y breves episodios constitucionales, en contraste con la historia que se enseña en los colegios, centrada en las gestas militares, y en los gobiernos de facto. Supone también promover el liberalismo – tanto de derecha como de izquierda -, y fortalecer la sociedad civil. El período de transición democrática pudo marcar la pauta en esta dirección, pero dicho proceso fue parcialmente detenido bajo Toledo, y desmontado por García, que ha retomado los usos de la política tradicional.

Este “sentido común autoritario” domina buena parte de nuestra “clase política” y un sector importante de nuestra población. Incluso algunos intelectuales peruanos simpatizan abiertamente con ideologías explícitamente fascistas. Y eso no es un secreto para nadie: son los mismos que se inclinaron ante el fujimorato, los que hoy predican la "inexistencia" de los Derechos Humanos y postulan el ordo medieval como paradigma moral y político. El talante de un sector de la prensa – que combate abiertamente la causa de los Derechos Humanos, se prestó a la vil campaña difamatoria contra la CVR, la simpatía frente a la propuesta de la pena de muerte y hoy guarda silencio frente a casos como el de la matanza de Putis – pone de manifiesto su apoyo a estas facciones autoritarias. El reo Fujimori cuenta con numerosos adeptos – a pesar de contar ya con una condena, la primera de muchas – y parece cocinarse un acuerdo de gran envergadura con el gobierno actual: que un acusado por crímenes de lesa humanidad obtenga beneficios carcelarios en tres días debería convertoirse en un escándalo internacional. No se trata de denunciar esta situación – por demás conocida – sino de asumir nuestra condición de agentes políticos. Ejercitar la crítica y la deliberación cívica, no rehuir nuestra responsabilidad frente a estas oscuridades.

La actitud de Miguel de Unamuno frente al general Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca siempre me ha parecido un ejemplo de profecía y de parresía. Un ejemplo de la auténtica virtud del hombre libre frente a esa cultura autoritaria que vocifera y sojuzga. Sigo la descripción del incidente elaborada por el historiador inglés Hugh Thomas. Era la Festividad de la Hispanidad (12 de octubre de 1936). José María Pemán declama un afectado discurso en el que ataca la diversidad cultural española – presente en el País Vasco y Cataluña – regiones que considera “cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos” (no hay que dejar de percibir la proximidad de este punto de vista con el discurso antiplurarista de cierto conservadurismo peruano).

Se escuchan entonces los cánticos y slogans que grita Millán Astray – lugarteniente de Franco – en diálogo con el auditorio: “¡Viva la muerte!" "¡España!"; "¡Una!", "¡España!" "¡Grande!". Los asistentes hacen el saludo fascista frente al retrato del dictador.

Entonces el filósofo – entonces Rector Emérito de Salamanca - responde. Primero exige respeto para vascos y catalanes (él era oriundo de Bilbao y el obispo de Salamanca provenía de Barcelona), pero luego encontramos la sustancia de su discurso, una encendida defensa de la vida en libertad.

"Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia (….) Ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!" y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor."

Millán Astray se le acerca amenazante, gritando – para entusiasmo de los falangistas presentes -: "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!". Pero Unamuno prosigue, sin atemorizarse ni retroceder.

"Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España".

A los diez días, Unamuno fue destituido como Rector. Fue expulsado por el consejo corporativo municipal de Salamanca. Quien propuso esta vergonzosa expulsión fue el concejal Rubio Polo, quien justificó la medida de la siguiente manera:

"...por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal-masónica cuya vida y pensamiento [...] sólo en la voluntad de venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas; quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la envenenadora, la celestina de las inteligencias y las voluntades vírgenes de varias generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades".

Este innoble alegato de Rubio Polo forma parte de la historia universal de la intolerancia y de la represión del pensamiento libre. Se parece a la defensa que algunos "prosistas criollos" hacen hoy día de la limitación de la autonomía universitaria por "razones doctrinales". Cualquier similitud con la pluma de ciertos espíritus antidemocráticos (y de cierta prensa) no es pura coincidencia.

Unamuno muere apenas dos meses después de este incidente, estando bajo arresto domiciliario por orden expresa del régimen franquista.

Creo que esta es una historia que no debemos olvidar. Especialmente hoy, especialmente aquí. En nuestro país, los devotos de Millán Astray (y los de Rubio Polo) no escasean. Necesitamos más Unamunos, qué duda cabe.

jueves, 7 de agosto de 2008

PALABRA VERSUS VIOLENCIA. UNA NOTA SOBRE "LAS SUPLICANTES" DE EURÍPIDES


Gonzalo Gamio Gehri


He insistido muchas veces en destacar el enorme poderío moral de las tragedias griegas. Entre ellas, Las Suplicantes de Eurípides brilla con luz propia. Se trata de una obra que exalta las virtudes de la política ciudadana frente a los horrores de la violencia. Las Suplicantes plantea desde el inicio la tesis de la absoluta esterilidad de la guerra cuando se trata de resolver los conflictos humanos, y llevar a los hombres a un “estadio superior” de su desarrollo. La obra narra la historia de las madres de los argivos que lucharon con Polinices en la guerra civil que azotó Tebas, y murieron en la refriega. Estas mujeres piden a Teseo - gobernante de Atenas, que aparece como democrática gracias a la pluma de Eurípides - que interceda ante Creonte para poder recuperar los cadáveres de sus seres queridos, y lograr la paz para ellos. Constituye un dato importante el constatar que el autor convierte a estas madres que claman por justicia en el coro trágico - el coro representa la voz de la razón práctica, la perspectiva de la phrónesis (la prudencia), posición tradicionalmente reservada a los ciudadanos de la pólis (varones, evidentemente).

Inicialmente Teseo se muestra reacio a acceder a lo que las mujeres argivas le solicitan: conoce la tozudez y el espíritu vengativo de Creonte, y es perfectamente consciente del carácter injusto de la aventura que llevó a Polinices y a un ejército invasor ante los muros de Tebas. Es su madre Etra la que lo convence con duras palabras. Los lamentos de las mujeres de Argos la han conmovido. Ella sabe que constituye una ley no escrita en la Hélade el cumplir con brindarle a todo ser humano – incluyendo al enemigo - “su tumba debida y exequias” con el fin de reconciliar al muerto con la tierra que bebió su sangre. En esta línea de pensamiento, persuadir a Creonte para que devuelva los cadáveres de los guerreros constituye una empresa justa y piadosa; esta convicción lleva a Teseo a hacer suya la exigencia de las suplicantes. Siguiendo estrictamente las tradiciones políticas de la ciudad, el rey consulta a la asamblea para obtener el consentimiento del demos frente a la campaña que comandará. Al conocer la negativa de Creonte a entregar los cuerpos, los atenienses se preparan para la guerra. Teseo no tiene otra opción que obligar a Creonte a ceder aquello que ya pertenece por derecho propio a los dioses subterráneos. Es aquí dónde podemos reconocer el penetrante juicio de Eurípides sobre la violencia, último recurso frente a lo que es sabio y correcto.


“¡Fatuos mortales que tendéis el arco más de lo oportuno y recibís de la Justicia innumerables males! Tomáis lecciones de los hechos, ya que no de los amigos. Y vosotros, Estados, que podéis conjurar el mal por la palabra, dirimís vuestros asuntos con la sangre, no con la palabra”[1]

La justicia es concebida como la observancia de un orden – todavía de tonalidades cósmicas - que genera armonía en las relaciones humanas, la misma que es quebrada por la desmesura (hybris) presente en las acciones y los deseos de los hombres (“tender el arco más de lo debido”). El resultado de estas imprudencias es el mal, el daño. El hecho del mal re-vela la injusticia humana. La metáfora educativa no es gratuita; recuérdese que la sabiduría trágica consiste en el aprendizaje a través del dolor, que contribuye a formar –por medio de la experiencia – el juicio prudente, basado en la comprensión de la correcta ‘medida’ humana. Esta clase de comprensión práctica busca tomar lecciones de los amigos (philói, esto es, amigos, amantes, conciudadanos). En cuanto a la actitud de las ciudades (póleis), la obra las confronta categóricamente: en lugar de dirimir los conflictos a través de la palabra – aquel elemento característico de la vida humana que constituye el horizonte que posibilita el entendimiento común y la construcción de la propia comunidad – recurren a la violencia. La desesperación ante la muerte y el desamparo lleva a menudo a los seres humanos a perder la fe en el poder de la palabra. En el otro extremo del dilema, Teseo usa la fuerza como último recurso, sólo para arrebatarles los cadáveres argivos a los hombres de Tebas. Una vez lograda la victoria, el rey de Atenas no cede a la tentación de entrar en la ciudad, a pesar que la tiene a su merced. El texto es elocuente para explicar las razones del soberano:

“Y aunque estaba en sus manos invadir las murallas, Teseo se contuvo, pues decía que no había ido a arrasar una ciudad, sino a reclamar unos cadáveres”[2].


Sin duda, una impresionante lección de racionalidad práctica.




1] Eurípides, Suplicantes, 745 -50.
[2] Ibid, 723-725.

domingo, 3 de agosto de 2008

UNIVERSIDAD Y COMPROMISO HUMANO


Gonzalo Gamio Gehri

Hemos discutido en este blog – en múltiples oportunidades – acerca del lamentable espectáculo de la progresiva mercantilización de las universidades privadas. Las universidades peruanas - especialmente las que han sido creadas explícitamente como "empresas", a partir del controvertido Decreto 882 , establecido bajo el gobierno fujimorista - se han ido convirtiendo en reductos de instrucción ‘profesional’, en los que solamente se ‘preparan’ a los estudiantes a ingresar en el mercado laboral, de modo que tal propuesta educativa rehuye sistemáticamente la tarea de hacer de los problemas sociales del país un tema de reflexión. El desarrollo de la ‘investigación pura’ y la construcción de ciudadanía se mantienen fuera de los márgenes de la instrucción profesional. Creo que tales modelos de educación superior difícilmente merecen la condición de ser reconocidos como “universitarios”. Es lamentable constatar cómo algunos de estos centros han cambiado a Platón y Vallejo por Miguel Ángel Cornejo. No extraña que en esos centros libros de autoayuda empresarial de dudosa calidad académica como ¿Quién se ha llevado mi queso? sean bibliografía indispensable en los cursos básicos.

Una universidad genuina educa en y para el ejercicio de la libertad. Ella no puede sustraerse a pensar y a comprometerse con los problemas que afronta la comunidad (y la humanidad). Ella está involucrada con asuntos que trascienden las naturales expectativas de éxito y calidad laboral del yo, como la búsqueda del saber y del bien público. Excluir de su horizonte de formación el tema de la ciudadanía y el del trabajo estrictamente académico (y no necesariamente instrumental) constituye una limitación mutiladora. Por libertad se entiende no la mera ausencia de impedimentos para la realización de los proyectos de una voluntad atomizada, sino la capacidad de los sujetos de construir mundos significativos a través de la interacción y el diálogo: ella se refiere tanto a la autonomía del trabajo intelectual y la vida moral como a la expresividad, la exploración de la creatividad del ser human0. La universidad debe ofrecer un espacio abierto al trabajo del pensamiento y la creación científica y estética, con miras al planteamiento de problemas teóricos y prácticos que permanecen invisibles ante la mentalidad meramente calculadora y estratégica, únicamente sensible a los poderes del control instrumental - sobre la naturaleza o la sociedad – y la eficacia económica. La universidad debe formar en el cultivo de la sabiduría y la prudencia, y no sólo en los principios de la técnica. Asimismo, una universidad auténtica examina las posibilidades efectivas de una vida humana plena en armonía con el entorno natural y social. Supone el cuidado de una ecología natural – la conciencia de la atención a las condiciones físico – biológicas para la preservación de la vida animal y vegetal, y la protección del medio ambiente -, como el de una ecología social (tomo el término de Robert Bellah) , la reflexión sistemática sobre las condiciones sociales de una vida digna y razonable, la reflexión - en un contexto multicultural y complejo - sobre las instituciones fundadoras del habitat humano tal y como el sujeto encarnado las vislumbra desde el horizonte histórico – crítico que lo circunda y desde el cual él se interpela e investiga.

La Universidad busca, en esta línea de reflexión, formar seres humanos integrales, que sean útiles a su sociedad como académicos y profesionales tanto como ciudadanos y como personas abiertas a la argumentación y sensibles a la belleza. No se trata de "inculcar irreflexivamente valores" - eso no sería propio de una universidad, sino de un centro de adoctrinamiento -, sino de crear espacios de deliberación y reflexión que hagan posible un diálogo abierto y riguroso sobre los valores humanos que podemos compartir. Una "universidad" que da unilateralmente por sentado de que este diálogo "ha concluido" o es innecesario renuncia a una tarea esencial a una verdadera universidad, puesto que rechaza la universalidad que define a esta institución en favor del dogmatismo o la monocultura. Una universidad digna de tal nombre se entrega al análisis de aquello que inquieta al espíritu humano y lo mueve hacia el conocimiento y la vida comunitaria. En ese sentido, ella promueve el cultivo del espíritu crítico como actitud para aproximarse a los fenómenos que el alumno estudia y vive, pero también la sensibilidad estética y ética, que le permita dirigir sus emociones hacia lo que es bello y hacia lo que inspira compasión, y pone de manifiesto su sentido de justicia.

viernes, 1 de agosto de 2008

EN EL DÍA NACIONAL SUIZO



LA APUESTA HELVÉTICA POR EL ESTADO DE DERECHO CONTRA EL PELIGRO DEL CHAUVINISMO



Gonzalo Gamio Gehri

Hoy estuve en la Embajada de Suiza, en la reunión que ofrece la Confederación a los suizos del extranjero con motivo de la fiesta nacional helvética. Son ya 717 años de vida independiente (fue en 1291 que los cantones de Uri, Unterwalden y Schwyz consolidaron una alianza y lucharon exitósamente contra la casa de los Habsburgo, que regentaba el Imperio germánico. Los cantones triunfantes establecieron una Confederación de comunidades libres, sin monarquía ni aristocracia). Esta es la última reunión que preside el embajador Beat Loeliger, quien continuará sus tareas diplomáticas en Irlanda.

En su discurso, Loeliger comentó un acontecimiento importante, que destaca el espíritu democrático de la Suiza actual. Quisiera compartirla con el lector, porque es interesante. Hace unos meses, se sometió a referendo la posibilidad de otorgarle competencias a las asambleas cantorales respecto de la decisión sobre los procesos de naturalización de los extranjeros (esta decisión recae sobre el Poder Ejecutivo). Esta propuesta se inscribe al interior de una poderosa corriente de opinión en Europa que percibe la inmigración como una suerte de “amenaza”; en la Comunidad Europea la posición conservadora está pesando mucho, como es de conocimiento general. Pues bien, esta iniciativa fue rechazada por el 65% de los ciudadanos suizos que votaron. La sociedad helvética es consciente del peligro que representa la xenofobia y el chauvinismo, que lleva a las comunidades a asumir conductas primitivas y violentas, como viene sucediendo en muchas regiones del continente. En tanto los procesos de naturalización están sometidos a la decisión del Ejecutivo, sus resoluciones son revisables por otras instancias. Si la decisión cayera en manos de una asamblea comunitaria, ésta – de acuerdo con la propia iniciativa – sería inapelable. Como observaba el embajador, este resultado expresa el respaldo ciudadano al Estado de derecho, yendo saludablemente en contra de la tendencia continental.

Una actitud liberal y progresista – respetuosa de los derechos de las minorías -, que puede servir de ejemplo en la región.