viernes, 26 de febrero de 2010

¿ADIOS A LA EPISTEMOLOGÍA?


SOBRE IDEOLOGÍA, COMPROMISO POLÍTICO Y OBJETIVIDAD CIENTÍFICA



Gonzalo Gamio Gehri


Es evidente que los debates experimentan avances y retrocesos. La discusión sobre la objetividad y las ciencias sociales, el compromiso de los intelectuales y el “fetichismo del dato” no es una excepción. He insistido en señalar que es preciso preservar el carácter epistemológico de esta polémica – en muchos blogs y en la prensa la discusión ha virado hacia el plano ideológico-político, o hacia la mera “declaración dogmática de principios” revestida de un fácil y vano sarcasmo – y he señalado el carácter maniqueo y dogmático de la oposición radical entre ‘el militante’ y el ‘científico social’. Creo que se ha avanzado en el debate (ver las últimas entradas de Martín Tanaka y el notable post de Giovanni Krahe, que ordena críticamente el debate y plantea una original propuesta de solución). Incluso se plantearon algunas reflexiones - si bien acompañadas de algunas algo erráticas e infundadas objeciones - sobre el positivismo y su vigencia. Creo que podemos seguir avanzando en la medida que el plano epistemológico y gnoseológico no termine disolviéndose en el ideológico-político. En ese sentido, la tesis “la objetividad es una quimera” tendría que ser un punto de llegada de la discusión, y no un punto de partida.

En esta clave de reflexión, me sorprende un poco el artículo del agudo politólogo Eduardo Dargent A plumazo limpio, publicado en el último número de Caretas. El nivel epistemológico de la discusión se opaca - aparentemente sin remedio - frente al nivel político. Incluso la postulación de la práctica científica aparece aquí sensiblemente "ideológica"(en tanto instrumento de legitimación discursiva). En sus últimos posts, Tanaka ha introducido matices importantes que hacen la dicotomía militante / científico mucho más compleja, pero Dargent devuelve su punto de vista hacia su formulación inicial, la postulación de una (presuntamente necesaria) oposición:

“Martín Tanaka sostiene que lo que distingue a un activista de un académico es que el primero defiende posiciones en las que cree, mientras que el segundo debe poner a prueba sus teorías y reportar sus resultados, aun cuando cuestionen sus creencias y deseos”.

He dicho en mi post anterior sobre el tema que esta lectura me parece tendenciosa y caricaturizante (de hecho, Tanaka ha tomado claramente distancia de ella). La dicotomía militante / científico social se aproxima peligrosamente a la oposición ilustrada entre el oscurantismo y la racionalidad. Según esta lectura, el activista político es simplemente presa de sus dogmas – y no puede ver más allá de ellos -; en contraste, el científico capta la realidad como es, sin mayor distorsión, y no muestra ningún temor a que su visión haga trizas sus suposiciones iniciales. El militante queda reducido así a una caricatura, como si fuese completamente incapaz de “poner a prueba sus teorías y reportar sus resultados, aun cuando cuestionen sus creencias y deseos”. Este interpretación es sencillamente ingenua, y poco rigurosa. De hecho, el político juicioso (Isaiah Berlin) sí procede de esa manera crítica, contrastando sus creencias con la experiencia. La disposición a que la experiencia supere los esquemas previos y mueva a los agentes a someter a examen sus interpretaciones y deseos atraviesa – en tanto es planteado como un principio orientador – toda la existencia humana, el principio de lucidez. Los activistas lo invocan tanto como recurren a él los científicos o cualquier ser humano que aspire a llevar una vida sensata.

Dargent sostiene que el modo correcto de abordar este interesante debate consiste en explorar sus consecuencias políticas, o, mejor dicho, examinar su “encarnación” política. “Como muchos debates en el país, creo que no avanzamos nada si no lo aterrizamos un poco”. Discrepo con él en este punto. Considero que no debemos precipitar el aterrizaje cuando el debate recién está "despegando", mostrando su núcleo propiamente filosófico, pues este núcleo corre el riesgo de perderse de vista. El autor de la nota advierte que un buen investigador puede ser un buen militante, pero añade que esa combinación no es frecuente en el Perú. “Nuestra principal patología académica es la sobreideologización”, sostiene. Agrega lo siguiente: “ofrezco como evidencia decenas de libros publicados y olvidados con los que se asumió que nuestros deseos militantes con la realidad”. Enseguida, señala que un libro reciente de Nicolás Lynch caería en tal vicio, por ejemplo, cuando le atribuye erróneamente a Toledo una agenda transicional que el ex presidente no asumió nunca.

Sospecho que la noción de ‘evidencia’ que usa Dargent en este contexto es jurídica y no “científica” en el sentido del paradigma naturalista, porque funciona aquí como un argumento ‘dialéctico’ que se esgrime para persuadir en un tribunal. No se señala a qué libros se refiere (seguramente por razones de espacio). Creo saludable sospechar de la validez de determinados juicios que retóricamente parecen inductivos , aunque no lo sean realmente[1]. Hay que agregar, además, que el caso Toledo es susceptible de múltiples interpretaciones - y como es obvio, no todas son "igualmente válidas" (2) (no voy a ocuparme de ese tema hoy, nos llevaría lejos del tema del post). Si bien Toledo afirmó que edificaría (en lo económico) "el segundo piso", también dijo - con escasa precisión conceptual, pero lo dijo - que el suyo "sería un gobierno de transición" en lo político. Aunque ciertamente el texto de Lynch carga las tintas - y lleva agua para su molino antiliberal -, no estoy seguro que la hipótesis de un Toledo que súbitamente toma distancia de la agenda transicional modificando parte de su discurso esté completamente desencaminada.

Dejemos este asunto y volvamos al argumento principal de la nota que reseñamos. La cuestión fundamental no es Toledo o la adhesión de algunos intelectuales a Humala, sino si la ciencia social puede prometer legítimamente una mirada 'objetiva' y 'neutral' (no-ideológica) de los fenómenos sociales y políticos. Este olvido de la epistemología - que detecto en el texto de Dargent, y en otros - me hace pensar que muchos científicos sociales dan por sentado que la respuesta es afirmativa, de modo que el asunto no es percibido como un problema a examinar (incluso Alberto Vergara sugiere extrañamente que los ataques a la "objetividad" se plantean desde el "relativismo" ¡Otra vez el "relativismo", usado como un muñeco de paja! no considero que su argumento tenga alguna consistencia - ya me he referido en otro post a las acusaciones de "relativismo" como meramente retóricas -: el panorama teórico se torna absolutamente pobre y artificial cuando se plantea en términos de un dilema entre "objetivismo" y "relativismo", pues se mutila gravemente la riqueza filosófica de las diversas posiciones existentes. Se trata de un síntoma más del Olvido de la Epistemología en el mundo de las ciencias sociales, situación que debe ser revertida) (3).

Lo que me parece discutible aquí es la oposición planteada entre una “mirada sobreideologizada” y la “observación científica”. Los defensores de esta oposición fundan su particular lectura del problema - creo - en la ambigüedad del concepto de ideología. No usan este concepto de un modo preciso, y no se han detenido a ofrecer una definición. Si recurren a la imagen controvertida y caricaturesca del militante como una suerte de ‘fanático religioso’ en versión secular - un individuo dominado por su ideario e intereses políticos -, entonces la oposición podría funcionar, pero esta opción conceptual resultaría poco interesante y nada seria porque se basa en una descripción claramente burda y estrecha de la noción de ideología. Si “ideología”, al contrario, es un término usado para hablar de una “visión o concepción del mundo” (Weltanschauung), es decir, el conjunto de creencias, símbolos, metáforas, intereses y conceptos que nos sirven para comprender el mundo y orientarnos en él, entonces la ilusión de construir una “visión libre de ideologías” constituye una ilusión ingenua. No podemos abstraer completamente nuestro mundo vital cuando juzgamos, valoramos, observamos, etc. No existe conocimiento sin supuestos. Por supuesto, podemos explicitar y cuestionar diacrónicamente nuestros pre-juicios (y los que asumen otros). De eso se trata el trabajo filosófico.

Precisamente, esta ambigüedad del concepto de ideología presente en esta discusión es fruto de la relativa ausencia del análisis epistemológico en nuestros debates públicos, e incluso académicos. La afirmación de cientificidad de estas disciplinas no puede convertirse en un asunto de fe; se trata de un problema filosófico de primera importancia que convoca por igual a filósofos y científicos sociales. Por desgracia, se trata de una cuestión que suele permanecer en la periferia de la conversación académica. Solemos caer en una suerte de “objetivismo ingenuo” que supone que los datos hablan por sí mismos. No es así. Los datos sólo “mandan” si contamos con una teoría bien construida que los haga “hablar” de manera articulada y persuasiva. Las teorías, a su vez, están vinculadas a un horizonte significativo (lingüístico-cultural) con el que dialogan. Suponer que el científico es el usuario privilegiado del principio de lucidez o asumir que se trata de un especialista que nos muestra los “hechos desnudos” sin mediación alguna constituye no una aspiración o una utopía, sino una presuposición infundada, altamente cuestionable.



[1] Incluso los juicios inductivos resultan problemáticos (Hume).

(2) Confundir la hermenéutica con el "relativismo" constituye una sugerencia absolutamente descabellada. Cfr. el artículo de Alberto Vergara en La República, que comentaré más adelante.

(3) La crítica política que hace Vergara al punto de vista de Lynch y Adrianzén me parece aguda e interesante; sin embargo, encuentro su argumento teórico bastante desencaminado.

32 comentarios:

Letras del Sur dijo...

Estimado Gonzalo,

hasta el momento veo que existe cierto consenso respecto a:
-todo discurso incluso el científico posee un trasfondo ideológico.
-la objetividad es una pretensión, un ideal que puede ser signo de rigurosidad, sin embargo, su logro concreto no es posible por las intermediaciones entre el sujeto y la realidad.
-me parece que, en la mayoría de las intervenciones, hay un prudente distanciamiento del relativismo y el escepticismo. Sería muy facilista descalificar a quienes critican el positivismo como defensores del "todo vale" en la investigación científica.

Como lo expuse en mi último post, el trasfondo de todo este debate nos lleva necesariamente a la polémica entre hermenéutica y positivismo dentro de la cual no se puede ignorar la importancia de la epistemología y gnoseología. En este sentido, una pregunta pertinente es ¿es posible aplicar con el mismo éxito el método científico de las ciencias físico-naturales en las humanidades y ciencias sociales? ¿La naturaleza del objeto de estudio no nos obliga a matizar la aplicación de ese método?

Sobre el militante y el académico. Es cierto que puede ser una división tendenciosa, pero también es cierto que la trayectoria de muchos intelectuales ha estado ligada exclusivamente a la divulgación, discusión o producción de ideas relativas a su especialidad sin ninguna intención por traducir ello en acciones. Son muchos los ejemplos de intelectuales brillantes cuya lucidez en su materia no se tradujo en sensatez a la hora de asumir una postura política. ¿Cómo valorar a ese intelectual: selectiva o integralmente? Si lo hacemos selectivamente diremos que como intelectual fue brillante, pero que su adhesión política vergonzosa. Si lo hacemos integralmente, diremos que todo los aciertos en un campo se vieron opacados por su postura política. Éticamente, no me muy fácil realizar una valoración selectiva de un intelectual.

Un abrazo,

Arturo C.

LuchinG dijo...

La otra vez dije que no hay que exigirle a un Einstein que sea un buen ingeniero, como un Oppenheimer. ¿No es una crítica válidad decir que, por lo general, un buen científico social no es un buen político?

Jason dijo...

Profesor Gamio:

Me atrevería a pensar, a estas alturas del debate, que toda esta discusión es justamente "ideológica". Esa oposición entre dos formas de ver el mundo, una, la de los científicos, que buscan sacar conclusiones imparciales y marcar cierta distancia frente a su objeto de estudio (la política), y otra, la de los políticos o los que no se podrían resistir a sus pasiones y por tanto toda su forma de entender el mundo estaría guiada por tales “sesgos”. Cada una de estas posiciones refleja una u otra ideología, en el caso de los primeros se podría resumir en aquella forma de conceptualizar la realidad desde una posición en la que el sujeto se diferencia de su objeto de estudio con tal radicalidad que hace de él una totalidad completamente comprensible, en el segundo caso se trataría de una forma de ver el mundo en la que el sujeto está inmerso totalmente en el objeto (el mundo) y por tanto el entendimiento de la realidad estaría condicionado por las condiciones en las cuales se da su interpretación.

De esta forma, el académico o el científico tendrían una ideología contempladora, en la que sus juicios no se ven condicionados. Y el militante o el político asumirían una ideología participante, en la que toda su interpretación esta condicionada tanto por sus deseos, valores y creencias como por las condiciones materiales en las cuales se desenvuelven como partes de la totalidad.

Personalmente creo que no se debe “elegir” entre una u otra sino que se debe asumir la que realmente se da en la realidad, la verdadera. Según mi concepción la que más se acerca a la verdadera será la ideología participante. Esto debido a que entiende al sujeto interpretador como parte de una realidad a la cual no escapa jamás -el que lo hace lo hace negando el principio de lucidez-, porque ésta es la que da las condiciones en las cuales este sujeto va a desenvolverse, y va a aprenderla y a interpretarla; cosa extraña sería que alguien diga que sus ideas o su trabajo científico no vino condicionado por los recursos disponibles ya dados en el mundo (todo de lo que el sujeto extrajo su riqueza conceptual y todo lo que hizo posible dicho aprendizaje), pues hasta su propia imaginación o creatividad es producto de unas condiciones que hagan posibles el desarrollo de dichos ejercicios de interpretación (las condiciones materiales de existencia).

Por ello creo que a la definición dada de ideología en su post debe incluir una referencia al rol que juegan las estructuras. “la ideología es un instrumento de interpretación de la realidad determinado por las condiciones estructurales".

Saludos,

Jason

Gonzalo Gamio dijo...

Luchín:

Creo que una sana idea es que la profesión no determina ser buen o mal político.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Arturo:

Creo necesario discutir la noción de ideología para sacar conclusiones. No tiene sentido confundir la hermenéutica con el "relativismo".

Sobre cómo valorar a los intelectuales, probablemente hay que distinguir niveles. Hay quienes erradamente no leen a Pound o a Brecht por sus respectivas preferencias políticas, por ejemplo, y se pierden a literatos muy interesantes.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Jason:

Bienvenido y gracias por tu comentario. No creo que pueda separarse sin más los conceptos, categorías, preconcepciones, intereses, vínculos institucionales del trabajo intelectual de un autor, aunque tampoco creo que esas condiciones expliquen causalmente el pensamiento de ese autor. El pensamiento aspira a un nivel de validez relativamente autónomo (aunque no pueda salir de su propio tiempo).

Sinembargo, pretender conocer la realidad sin supuestos constituye una ilusión que debe - en el mejor de los casos - justificarse.

Creo que es fundamental examinar los diferentes conceptos de ideología. El marxista (que tú evocas al final) es uno de ellos, pero no el único.

Saludos,
Gonzalo.

Geviert-Kreis dijo...

saludos,

todo un debate aparte merecería, sin duda, el denominado plano ideológico-político en relación con el epistemológico y gnoseológico. Este plano ideológico es precisamente aquel que genera tanto ruido y confusión entre los otros dos niveles. Para usar el mismo mitolofema digamos, habría que aplicar el CDA, señor Letras del Sur, al uso ideológico del término mismo "ideología". Ud. en efecto me propone un método en su post, pero no lo usa. Me propone un término (ideología), pero no lo define brevemente. De mi parte no existe el consenso que propone.

En efecto, este término se ha convertido en un comodín semántico y passe-partout a la mano en este debate, suficiente para lanzar al investigador "contra la pared" de su compromiso político y luego "arrastrarlo" a su episteme cuestionada una y otra vez. Es cierto que en LA, el marxismo es todavía un hueso duro por quebrar, pero al menos, definir los conceptos brevemente y aplicarlos brevemente al caso o al ejemplo en cuestión, para evaluar preliminarmente su pertinencia (y competencia).

No creo que sea suficiente que el término ideología se haya consolidado con la "cultura de la sospecha" (Marx, Freud, Nietzsche) y por esto deba ser aceptado tal cual, sobre todo en su mágica definición marxista, que todo lo explica, casi al borde de la tautología (me hace recordar a los "poderes fácticos" de Sinesio Lopez). Mucho antes del astuto monopolio terminológico por parte de los marxistas – término sistematizado críticamente en modo coherente por un sociólogo marxista de la talla de Karl Mannheim – el problema de la intencionalidad y sus “contenidos ideacionales” (Mannheim) en relación con las grupos sociales y sus condiciones estructurales, será ya materia de estudio por los denominados idéologues franceses (Destutt de Tracy). Estos últimos serán los que introducen por primera vez el término, antes del monopolio marxista.

A diferencia de Marx y sus epígonos (incluida la lingüística crítica del CDA), los primeros idéologues franceses utilizarán este término para observar orgánicamente (ojo) la relación entre las formas eidéticas (ideas) y las formas sociales, sin privilegiar ningún subsistema como la economía por ejemplo o la "estructura". Esto no implica que no se puedan observar las relaciones entre lenguaje y poder, entre ciencia y política. Toda la generación posterior (Bourdieu in primis, escuela de Frankfurt en la retaguardia), ha simplemente invertido a mi parecer esta relación en el término ideología(frente al declino del positivismo duro, incluido el teleológico marxista), sin abandonar, sin embargo, el "determinante" económico. Los contenidos eidéticos pasan a ser, por lo tanto, “capital simbólico” (Bourdieu).

Esa interesante primera tradición iluminista francesa pre-marxista (cfr. la Société des idéologues) se perderá completamente hasta su posterior re-descubrimiento con el concepto de Weltanschauung, los fenomenólogos y Weber en parte y luego en los años 30 al interior de la reflexión de la "otra" sociología alemana (las ovejas negras), denominada “escuela de Leipzig” (H. Freyer, A. Gehlen, H. Schelsky, Luhmann, etc.). El consenso sobre el término y su uso en este debate, está, por lo tanto, bien lejano.

saludos,

Giovanni

Pensar la Iglesia Protestante dijo...

Hola Gonzalo:

Interesante post, el discurso que criticas se repite en más de una ocasión en varios centros de estudios o de investigación. Como ya han señalado algunos, varios de los puntos que mencionan merecen más de un debate.

Te haría una consulta ¿y que pasaría con el "intelectual orgánico"? ¿donde podría ubicársele? ¿en el rol de militante? ¿en el rol de científico? ¿es una categoría inválida de definición o nos podría ayudar para lograr algunas precisiones? Comparto contigo el rechazo a cierta dualidad que existen respecto a las distinciones entre el "académico" y el "militante".

Un abrazo fraterno, nos vemos

Stanislao Maldonado dijo...

Gonzalo:

Perdona por no responder a tus comentarios en mi blog, pero estoy en medio de examenes. Respondere en extenso luego de ello, pero adelanto que mi caracterizacion del positivismo no pretendia ser tecnica, sino mas bien me referia al uso vulgar del termino para referirse a diversas concepciones epistemologicas. En mi blog hay varias entradas sobre los enfoques de Popper y Lakatos, e indico claramente la ruptura con el positivismo que estos enfoques representan. Sin embargo, la acusacion de positivistas ha recaido sobre estos autores. A eso es lo que me referia.

Saludos,

Stanislao

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Stanislao:

Si reconoces las dimensiones antipositivistas de la filosofía de Popper y Lakatos, entonces estamos de acuerdo.

El otro punto. En mis posts he reseñado el 'positivismo clásico' tipo Comte. No por simplificaciones, sino porque es la versión implícita en la posición de Martín Tanaka.

Saludos,
Gonzalo.

Patty Stockton dijo...

Hola Gonzalo

Yo también creo que debe existir una preocupación epistemológica en nuestros debates públicos y académicos. Espero que el presente debate contribuya en algo a éste.

Dos cosas. La primera es que estoy plenamente de acuerdo que los científicos sociales deberían proveer al presente debate una definción del término "ideología" porque me parece que no lo están entendiendo como "visión o concepción del mundo" sino como algo mucho más específico -me parece- mucho más ligado a creencias políticas y los supuestos que ellas detentan, sin necesariamente someterlas a examen.

El segundo punto me interesa más porque forma parte más profunda del presente debate. El principio de lucidez que has nombrado entendido como "disposición a que la experiencia supere los esquemas previos y mueva a los agentes a someter a examen sus interpretaciones y deseos" no crees que aún es deudora de un paradigma moderno de racionalidad? Especialmente cuando entendemos el principio de lucidez como principio "orientador" dándole un peso excepcional a las creencias o comprensiones de la realidad frente a las cuales la experiencia es una suerte de deudora que sólo puede limitarse a su refrendamiento o negación. Me parece que el principio de lucidez aún es manifestación del binomio sujeto y objeto y aunque intentaré desarrollarlo después, me resulta nocivo por sus consecuencias éticas.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimada Patty:

Sobre lo de la ideología, completamente de acuerdo.

Al contrario. El principio de lucidez - tal y como lo he formulado - es bastante griego. Se refiere s la racionalidad del agente que delibera en el mundo práctico (Aristóteles y las tragedias) y examina las condiciones de la experiencia y sus elementos (ta phainómena) para poder elegir un curso de acción. Es la racionalidad del ciudadano en el 'mundo ordinario'. No hay 'sujetos privilegiados' ni 'ideas claras y distintas'. Es más griega que moderna.

En ese sentido, no tiene nada que ver con las consecuencias éticas de los fundacionalismos modernos. Sus consecuencias éticas son indesligables del tema (aristotélico) de la racionalidad práctica en la "Tópica" y en la "Ética Nicomáquea".

Saludos,
Gonzalo.

Realpolitik dijo...

Saludos Gonzalo,

Para hacer una aporte constructivo al debate, he creado otro blog, donde iré desarrollando exclusivamente el aspecto polítológico de este problema en las CCSS, entre otros temas del mismo corte. Deberían añadirse otras personas, cualquier interesado a los tópicos esta invitado obviamente. El primer post es de corte metodológico "fetichista" digamos, lado que no se debe abandonar sin más, como sabemos. Precisamente es el diálogo entre ambos métodos, cuantitativo y cualitativo por un lado, y epistemología y gnoseología por el otro, lo que ha generado buenas epistemologías transclásicas, hasta nuevos métodos híbridos recientemente, que es necesario conocer. En el post presento uno de esos métodos híbridos, para quien este interesado en estas novedades,

saludos,

Giovanni

PS. Obviamente el nombre del blog es una indirecta a un viejo antagonismo nuestro que todavía no hemos resuelto (y dudo que lo resolvamos) ;-)

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Giovanni:

Excelente idea. Estaré pendiente de tu nuevo blog.

Sobre el "viejo antagonismo": creo que no será ningún problema coincidir en algunos temas y discrepar en otros. De eso trata la filosofía, y también la vida. :)

Saludos,
Gonzalo.

Letras del Sur dijo...

Hola Gonzalo,

Por supuesto! ignorar a un artista solo porque no se comparten posiciones políticas es absurdo y mezquino. En el arte lo tengo más claro porque la distancia entre la obra de arte y el artista, el personaje, la realidad creada y el autor es más evidente (Varguitas de La tía Julia no es Mario sino un personaje creado como lo es el "Borges" de los cuentos del mismo autor).

Pero no lo veo tan sencillo cuando nos referimos al quehacer académico en el que la producción del autor se distancia del terreno de lo artístico, de la ficción y en la cual sí podemos afirmar que las ideas vertidas le pertenecen al autor.(Escribir una novela en la que se defiende el fascismo no me hace necesariamente fascista, pero escribir un ensayo, artículo, monografía u otro similar con la misma intención no dejaría dudas acerca del pensamiento (y posibles acciones) del autor.

Sobre ideología, para efectos del ACD en la línea de Teun Van Dijk, se define como un sistema organizado de ideas representativo de un grupo de interés; aquel sistema, a través del discurso y amparado en un soporte institucional, tiene como objetivos simultáneos su reproducción y el llamado a la acción hacia sus miembros.

En suma, la ideología implícita dentro de un discurso cobra sentido cuando se esparce y cuando se traduce en acciones.

Un abrazo,

Arturo C.

Letras del Sur dijo...

Sobre la observación de Giovanni:
-De acuerdo. Indispensable una definición sobre ideología.

-El consenso al que me refería es que en la mayoría de intervenciones se acepta que existe un sustrato ideológico detrás del discurso científico (como lo hay detrás de todo discurso institucional y sin perjuicio de lo que cada comentarista entienda por ideología).

Esto no significa que exista un consenso sobre la noción de ideología ni sobre su uso en este debate. Mi particular manera de enfocarlo tampoco está depurada de ideología. Lo que deseo dilucidar son los intereses y las acciones concretas que se vienen ventilando en la discusión. Son muy representativas de los "grupos de interés" (subculturas) a las cuales pertenecen y a las que hacen referencia constantemente.

SAludos,

Arturo C.

Patty Stockton dijo...

Gracias por tu respuesta aclaradora, Gonzalo. En el fondo, yo pensaba que lo que se estaba "escondiendo" detrás era la vieja dicotomía entre teoría y praxis, en la cual, la teoría, entendida in extenso, era quien "gozaba" de un statuto superior frente a la experiencia. Me doy cuenta que no era así y me aúno totalmente con la visión griega de la acción como disposición hacia la deliberación práctica, especialmente porque la encuentro mucho más sana y "crítica" si cabe el término- con la presunta "imparcialidad" del agente.

Saludos también.

Jol dijo...

La objetividad en las ciencias sociales, creo, es supuesta porque se entiende de forma práctica que su producción de conocimiento puede verse de distintos ángulos, en el foco de una empresa social que dirime esfuerzos para avanzar en conjunto. Esta explicación de hecho es vecina de la ofrecida por Maldonado, el economista linkeado por Tanaka. Ir a cuestionar esta explicación, identificando a fondo qué está en juego a la hora de verificar esta objetividad, es una cosa que también entra en discusión cuando en los trabajos de varios científicos sociales se presta atención al método y la teoría de sus trabajos.

Una crítica epistemológica explícita podría, en efecto, ayudar a seguir verificando esta definición práctica de la objetividad; pero solo me temo que sabríamos de las largas narrativas filosóficas que preceden a todo el trabajo actual científico (hermenéutica, pragmatismo, positivismo) o de las últimas que estén en gestación. Saber de eso es valioso, pero no es de interés inmediato muchas veces cuando estamos más interesados en describir y/o explicar los fenómenos sociales. Por supuesto, que hayan intercambios entre la filosofía de la ciencia y las ciencias sociales a propósito de la objetividad, pondría por relieve una situación que sí puede hacerlos perseguir con igual interés el tema. Situación parecida a esta en donde usted, Gamio, sigue haciendo bien en intervenir.

La ideología, sí, es significada en su sentido más político, no en el del clásico de la filosofía. Otra vez, la discusión tiene por participantes a politólogos. El interés está puesto en el carácter político del término antes que el espistemológico. No solo por lo obvio del caso, también porque las características y atribuciones de Adrianzén y Lynch llevan información para hacer otras inferencias y lograr argumentar más acerca de sus posturas.

Saludo sus puntos de vista. Eso sí, no concuerdo con la lectura que hace del fragmento de Dargent. Este es solo una descripción, no veo qué juicio de valor pueda hacerse a partir de allí, para decir que se minusvalora lo que hace un militante, a diferencia de lo que hace un científico social.

Gracias por la atención.

Geviert-Kreis dijo...

Saludos Arturo:

importante precisación sobre el marco conceptual. Sobre todo porque hará más evidente al lector cuánto lejos estoy yo del consenso con Ud.y la mayoría que alude. Un disenso en cordialidad, se entiende.

En efecto Arturo, el hecho que "no exista consenso sobre la noción de ideología ni sobre su uso en este debate" y que, sobre la base de este disenso "la "mayoría de intervenciones acepta que existe un sustrato ideológico detrás del discurso científico", deja ver el grado de confusión sobre el tema. Una buena aporía.

El perjuicio aludido por Ud. no sólo existe, sino que además parece ser autolesionante, una forma de auto-lesionismo colectivo al parecer, si me habla de una mayoría. ¡me costaría creer que el CDA tenga una rama aplicativa en la BDSM!

Es precisamente ese curioso consenso colectivo sobre su "detrás del" discurso científico, que no me dice nada y (hasta ahora) no propone una breve explicación a este público. Porque acepto su método y su marco conceptual ACD y su precisación sobre el término, pero yo estoy esperando que vaya ud. al quid de su método y nos muestre sus bondades, declarando:

1) cuáles son precisamente los grupos de interés "a los que se hace referencia constantemente" en este debate.

2) Una vez alistados los grupos, cuál es el "sistema organizado de ideas representativo" que está "detrás" de dicho grupo y cómo se distingue de los otros sistemas, intereses y "llamadas a la acción" entre los alistados del punto 1.

3) cuáles son las instituciones que permiten el nexo entre 1 y 2.

No me responda que le pido demasiado para el espacio de un comentario. Puede dedicarle un post. Es suficiente que bosqueje una línea heurística plausible por desarrollar, pero concreta. En la brevedad está el arte de la complejidad, como en lo más simple y diáfano se apoya siempre el abismo inesperado.

cordialmente,
Giovanni

PS. luego de su respuesta, propondré la siguiente contra-lectura: TODO discurso científico ES completamente y plenamente - en su máximo grado de expresión y forma, "por detrás" y "por delante" - discurso ideológico.

Wagner Reyes dijo...

Creo que tu molestia frente al artículo de Dargent tiene que ver con que este critica un estilo que se asemeja mucho al tuyo. Al escribir tú asumes un compromiso político con una serie de causas (lo cual considero que no sólo es legítimo sino loable) pero distorcionando la realidad, cambiando la historia y evitando los datos para que todo encaje en tu discurso. Eso es lo poco serio y lo que muchas veces hace que tengas actitudes cercanas al fanatismo y alejadas del sentido común y de la verdad.

Gonzalo Gamio dijo...

Wagner:

Varias cosas:

1) No siento "molestia" por el texto de Dargent. Sólo discrepo con él a través de argumentos. Conozco a Eduardo y lo aprecio. Usted confunde groseramente disenso e irritación.

2) Está claro que usted no ha leído mi blog. Nunca he militado políticamente. Si usted se refiere a mi interés en la defensa de los DDHH, caracterizarla como un compromiso ideológico (comparable a la adhesión de otros al humalismo), entonces usted no ha entendido nada respecto a qué son los DDHH. Se trata de una cuestión ética que tendría que ser transpartidaria.

Mi argumento aquí esepistemológico, pero no ha reparado en él.

3) Usted no puede decir con singular alegría que yo estoy "istorcionando (SIC) la realidad, cambiando la historia y evitando los datos para que todo encaje en tu discurso. Eso es lo poco serio y lo que muchas veces hace que tengas actitudes cercanas al fanatismo y alejadas del sentido común y de la verdad", tiene que demostrar cuándo sucede esto y cómo, con citas, etc., como yo hago con mis interlocutores. De lo contrario tendré que suponer que es usted quien procede dogmática e ideológicamente.

Este es un foro de argumentación. Sino ofrece razones, no hay nada más que decir.

Un poco más de seriedad, por favor.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Jol:

Gracias por su comentario. Toda explicación de los fenómenos lleva una epistemología implícita, y todo científico - también el politólogo, por supuesto - tendría que explicitarla para afinar su metodología y sistema teórico. Este es uno de mis puntos centrales (que al buen Sr. Wagener Reyes se le ha escapado, pues sólo ha aludido de manera velada y nada rigurosa a mis reflexiones sobre la CVR).

Las tesis de Dargent las encontrará en la parte final de su post. Estoy seguro que la intención de su texto no es sólo descriptiva.

Saludos,
Gonzalo.

Letras del Sur dijo...

Hola Giovanni,

un post es el mejor espacio para continuar con más libertad el desarrollo de mi postura.De hecho el último anuncia una continuación.

Volviendo a revisar los post que iniciaron el debate y algunos recientes, compruebo que la mayoría coincide en señalar que la ciencia no se sustrae de lo ideológico.

Respecto a la identidad entre ciencia e ideología esperaré oportunamente los argumentos que sostienen esta afirmación para comentarlos.

Un saludo,

Arturo C.

Anónimo dijo...

Hola Gonzalo,

No hagas casos a tus críticos y sigue adelante. La lucha por la democracia te lo agradecerá.

Saludos,


Aldo

Gonzalo Gamio dijo...

Jajaja. Gracias por su amabilidad, pero no creo ser muy importante para la ucha por la democracia.

Saludos,
Gonzalo.

Miguelón Rodríguez dijo...

Saludos, profesor:

No se puede dejar de coincidir con Ud. en cuanto a que se desarrolla en el medio una discutible (yo diría, incluso: tivial) oposición entre “mirada sobreideologizada” y “observación científica”; y en cuanto a que la "ambigüedad del concepto de ideología presente en esta discusión es fruto de la relativa ausencia del análisis epistemológico en nuestros debates públicos, e incluso académicos". Por eso, encuentro extraño --y contradictorio-- en su post la afirmación: "La cuestión fundamental (es) si la ciencia social puede prometer legítimamente una mirada 'objetiva' y 'neutral' (no-ideológica) de los fenómenos sociales y políticos". Porque, como CUESTIÓN solamente puede existir en un ambiente vergonzosamente pseudo-ilustrado. La cuestión, creo, es una que la comunidad académica "arrastra" más de 70 años (si fijamos un hito inicial en la controversia fallida entre positivistas lógicos y la Escuela de Frankfurt). Se trata del abundantemente soslayado tema del estatuto epistemológico de las "ciencias sociales" que, claro, remite al problema de la objetividad científica en este ámbito del quehacer intelectual. Dice Ud. que en nuestro medio "el debate recién está 'despegando', mostrando su núcleo propiamente filosófico"; coincido en que no debemos "precipitar el aterrizaje". Pero observo que el debate ha despegado sin rumbo y estimo que Ud. está en la capacidad de aportar a señalarlo. En este sentido resulta muy inquietante su planteamiento de que "la tesis 'la objetividad es una quimera' tendría que ser un punto de llegada de la discusión, y no un punto de partida". ¿Por qué?. Es una idea mucho más infundada que simplemente atrevida. ¿Qué debemos entonder por objetividad, en las ciencias en general y en las CCSS en particular? Avanzaríamos bastante si afrontamos esta indagación por la vía de analizar los rasgos de contraposición dialógica e incompletud que caracterizan al presente los enfoques teóricamente orientados de la realidad social. Lo que, de paso, permitiría superar el nivel bajo de discusión centrado en el trivial espacio temático cientifismo-ideologismo.

Gonzalo Gamio dijo...

Miguelón:

Lo que quise decir fue que la afirmación 'la objetividad es una quimera' no puede asumirse dogmáticamente, como una intuición o suposición; se la debe tematizar. Un buen punto de partida, como sugiere, consiste en esclarecer conceptos, y definirlos.

Saludos,
Gonzalo.

Wagner Reyes dijo...

Unos simples ejemplos para demostrar lo que digo en los cuáles no hago referencia al Libro Sagrado (Informe Final de la CVR). Es una grosera ingenuidad y una distorsión de la verdad decir que la Teología de la Liberación del Gutiérrez del 71 tenía más influencia del “joven Hegel” que de Marx. En muchos comentarios pareciera que señalaras que Marx era un autor usado marginalmente (¡¡Por favor!!). Es ser ciego a los hechos negar que fue la voluntad política del gobierno de Fujimori uno de los factores decisivos para derrotar a Sendero en su momento. Me consta que es ingenuo y falso decir que Beto Adrianzén y Lynch no son sectarios y que es injusto afirmar que descalifican a priori los textos que no se adecuan a su visión izquierdista de la realidad. Se nota que no los conoces.
El problema es que en tu caso si los datos no se adecuan a la realidad se impone la ideología. Creo que ese es uno de tus vicios intelectuales y la razón de tu miedo al “objetivismo”. No es sólo una preocupación aséptica, “académica” y “”epistemológica”.

Gonzalo Gamio dijo...

Wagner:

Jajajaja. Tiene gracia. Lea bien, por favor. Yo no he dicho que la teología de la liberación considere a Marx un autor marginal, sino que en la teología de la liberación de G. Gutiérrez una inspiración medular es el joven Hegel ¡De hecho, eso es lo que dice Gutiérrez! Lea usted al joven Hegel y saque sus conclusiones. Él dice que el cristianismo puede ser socialmente liberador, en contraste, Marx dice que la religión aliena.

Respecto a la obra de Adrianzén y Lynch ciertamente yo no usaría esos calificativos tan gruesos, a pesar de que - en lo político - le doy la razón a Dargent y Vergara.

¿Cuál es mi ideología política? Su inadvertido sentido del humor no tiene límites.

Lo del cambio de estrategia antiterrorista bajo García está bastante documentado. Hable con los textos en la mano.

Repito, un poco más de seriedad. Aquí no funciona la retórica de los "eventos".

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Profesor Gonzalo Gamio:

Vengo haciendo una tesis sobre la retórica y creo que usted la usa peyorativamente. Por favor, quisiera saber qué opina de ella.

Atte.

Maricruz Salvado

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Maricruz:

Aquí estoy usando retórica en sentido coloquial, no en un sentido clásico. Una "argucia retórica" en sentido coloquial, alude a una estrategia no fundada en un argumento racional para ganarse al auditorio.

No me estoy refiriendo a la 'retórica filosófica' al eu legéin de Platón y Aristóteles (cfr. "Gorgias", "El Sofista" y "Retórica").

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Tudo Bem? fascinante este espaço parece bem posicionado.........bom trabalho :)
Amei Continua deste modo !