miércoles, 23 de septiembre de 2009

RECORDAR PARA ACTUAR



Gonzalo Gamio Gehri



El último sábado, Pedro Salinas publicó en Perú 21 el artículo Para no olvidar. Agudo, bien escrito, e incluso conmovedor. El autor describe su paso los campos de Buchenwald, en el que el régimen nazi recluía, torturaba y asesinaba a judíos y a enemigos del proyecto hitleriano. Evoca su visita al Museo del Holocausto, así como a lo que alguna vez fueron las oficinas de la Stasi, la policía secreta de la Alemania socialista. Esos museos nos permiten recordar el grado de irracionalidad y crueldad al que puede llegar el ser humano, aun en plena ‘época de la ciencia’. Nos permiten identificar la hybris – la trasgresión de la correcta medida humana -, y a prevenirla. Estas formas de recuerdo articulado promueven la deliberación, y agudizan el sentido de justicia.

Salinas expresa muy bien los sentimientos de solidaridad con las víctimas – así como de indignación ante la insania de los perpetradores y la indiferencia de tantos ciudadanos. Del mismo modo, destaca la disposición de la sociedad alemana actual de hacer memoria, y no evadir la discusión en torno a la tragedia vivida.

“La sensación que uno tiene al caminar por el campo, al que le han arrancado de cuajo las barracas, es indescriptible. Unas piedras negras cubren la superficie de lo que alguna vez fueron barracones atiborrados de seres humanos. Un sentimiento de congoja y pesadumbre embarga de súbito al visitante. Pero el horror, que es como un estremecimiento agudizado por el frío del sitio, se le mete a uno en el cuerpo, en el alma, y en el ojo. El horror es, sin duda, la emoción predominante. El horror es la marca de Buchenwald. ¿Sabían los pobladores de Weimar, la tierra de Goethe, de la existencia de ese infierno? Difícil que no lo supieran. O, simplemente, no querían verlo, pienso. No lo sé. Ya no es importante. Lo importante es que, Buchenwald es como una herida abierta que los alemanes han dejado ahí, para no olvidar”.

Recordar el sufrimiento de las víctimas para evitar que esta clase de sucesos se repita constituye un ejemplo saludable, digno de seguirse, pues es expresión de la buena salud de los espacios públicos de aquellas sociedades que no se han refugiado en el silencio. Se trata de una sociedad que no duda en compartir esta experiencia con otros ciudadanos del mundo. Constituye un signo de ese ethos cosmopolita que toma en serio la idea de que no existen muertos ajenos. Rechaza la absurda sugerencia de algunos activistas neoconservadores según la cual la exploración del pasado doloroso e injusto que representa la Shoah es responsabilidad exclusiva – si acaso hay alguna - de quienes pertenecen a la nación alemana o llevan sangre alemana en las venas (de modo que cualquier consideración planteada "desde fuera" resultaría "invasiva" o "no pertinente"). La cultura de los Derechos Humanos nos recuerda con Marco Aurelio que no es la sangre ni el semen lo que une a los seres humanos, sino el espíritu. Esta convicción erosiona los tribalismos que muchas veces encubren posiciones negacionistas (muchos "activistas"- los cultores 'virtuales' del pintoresco "pensamiento sobretodo (sic)", peligrosamente próximo a posiciones neofascistas -, hay que decirlo, intentan legitimar un "sutil" negacionismo amparándose en la evocación de casos sonados de fraude testimonial, como el libro de Binjamin Wilkomirski).

Salinas nos ha recordado la tesis de Mario Vargas Llosa según la cual “los museos son tan necesarios para los países como las escuelas y los hospitales. Ellos educan tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada y permanente que como lo hacen los maestros. Ellos también curan, no los cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio, la superstición y todas las taras que incomunican a los seres humanos entre sí y los enconan y empujan a matarse”. El ácido debate sobre el museo de la memoria – que nuestro actual ministro de defensa ha querido retomar – muestra la poca disposición de nuestra “clase política” a mirarse a sí misma en una historia mayor, que trascienda los datos y las cifras “oficiales”. Recuérdese que hasta el día de hoy el Ministerio de Defensa no ha movido un dedo para identificar a los responsables de la masacre de Putis, de quienes sólo se conoce sus seudónimos.

“Pues eso. Solamente la intolerancia, una intolerancia ciega y analfabeta, puede explicar aquella disposición de algunos peruanos que siguen sin aprender la lección terrible de la guerra interna, y que se solazan en el rencor y la desmemoria. “

Como se sabe, el autor del artículo de Perú 21 que hemos comentado no es un “izquierdista”, ni se trata de algún funcionario de alguna ONG. Es un periodista que nunca ha ocultado su profesión de un liberalismo “de derecha”, por así decirlo. Se trata de un personaje ajeno a las presuntas “batallas ideológicas” que describen los improvisados cronistas de alguna prensa de bajo calibre, así como ciertos blogs de similar condición. Más allá de las discrepancias con el columnista citado en innumerables temas, se agradece la claridad y firmeza de la pluma de Salinas en un asunto tan importante. Su toma de posición obedece nítidamente a cuestiones de principio, y no a veleidades ideológico-políticas.

4 comentarios:

Letras del Sur dijo...

Hola Gonzalo,

es bueno notar que existen periodistas que anteponen los principios a la batalla ideológica. No se necesita ser de izquierda o derecha para apoyar las conclusiones de la CVR: es una cuestión de humanidad. Nunca más debe repetirse esa violencia ni la indiferencia que resulta incluso peor.

Pero también es cierto que de algunos sectores no se defiende bien el informe de la CVR, puesto que se comete el mismo error de quienes la critican: no lo han revisado y difícilmente pueden argumentar algo más allá de lo que se sabe por los medios.

Un punto que merece refutarse es la crítica al método para calcular el número de víctimas. Mi consulta puntual es: ¿tienes información al respecto, es decir, como justificar que ese cálculo es confiable? Los críticos de la CVR sostienen que no son 70.000 (bueno, de por sí valorar numéricamente la tragedia es deleznable) pero es una duda que me asalta hace mucho tiempo.

Quienes avalamos el informe me parece que debemos dejar en claro que no se trata de defender nombres ni ideologías ni consagrar una publicación con carácter de dogma: se trata de adquirir conciencia acerca de un hecho que si nos hubiera tocado la puerta así como ocurrió en Putis, estaríamos todos en primera fila para exigir justicia. Y si hay un documento como el IF CVR que brinda luces al respecto, estoy seguro que lo apoyaríamos, no por simpatía ideológica, sino porque nos da la esperanza de que se sepa la verdad de una tragedia que parte del Perú sintió como ajena.

Si queremos que no se repita lo que ocurrió en esas dos décadas, debemos asegurarnos que no le vuelva a ocurrir a nadie.

Termino con lo de MVLL. Total adhesión a su postura sobre los museos, pero mi total rechazo y decepción por su artículo sobre Bagua. A ver si le das una mirada y lo comentas. Yo escribí algo al respecto.

Como siempre, bacán revisar tus posts.

Un abrazo,

Arturo C.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Arturo:

De acuerdo contigo, los DDHH son principios, y no consignas ideológicas, como algunos autodenominados "antihumanitaristas" presumen.

La fórmula de la cifra está en la web de la CVR, fue planteada por científicos que han trabajado en otras CVR.


El panorama en ciertos espacios puede ser decepcionante en temas de DDHH. Blogs peruanos en los que retratan a Hitler con obispos. Otros espacios convierten en personajes de culto a cualquier individuo que haya tenido alguna clase de exposición pública en ciertas etapas oscuras de la historia. Puede que sea extravagancia nada más, o quizá no.

Saludos,
Gonzalo.

Eckol dijo...

Gonzalo,
Si has leido otros artículos de Salinas que es un periodista bastante frívolo que también utiliza la descalificación ligera para referirse a los que piensan distinto a él. No me extrañaría que su artículo sea por arribista y quedar bien con el establishment intelectual mas que a convicciones meditadas.

Gonzalo Gamio dijo...

Eckol:

Respeto tu opinión. Sin embargo, este texto de Salinas es realmente agudo.

Saludos,
Gonzalo.