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sábado, 22 de enero de 2011

UMBERTO ECO Y EL FASCISMO


Gonzalo Gamio Gehri


Acabo de leer un interesante y polémico artículo de Umberto Eco sobre el fascismo. Tiene algunos matices autobiográficos (1). Cuenta acerca de la presencia del culto a la personalidad de Mussolini en las escuelas, el imperio del “partido único” en Italia, la retórica del “destino” de la comunidad y el elogio de la violencia a través del “heroísmo”. Cuenta también sus impresiones y las de sus vecinos cuando Mussolini es apresado, y cómo los términos “libertad”, “liberación” y “dictadura” comienzan a ser usados desde entonces. Su texto celebra el triunfo de los principios del pluralismo democrático. No obstante, sostiene que las ideologías fascistas no han desaparecido del todo (han sido derrotadas sus versiones ortodoxas, mas sus versiones sincréticas reaparecen de cuando en cuando, “a veces con trajes de civil”, bajo la forma de un ‘retorno a las tradiciones’ y rechazo de las minorías en nombre de la homogeneidad cultural) y se esfuerza por describir algunos elementos que reuniría lo que llama el Ur-fascismo o “fascismo eterno”, la familia de puntos de vista o de “principios” que suelen invocarse para destruir el pluralismo y la cultura de derechos humanos.

A Eco le sorprende que se use el término genérico “fascismo” – desde los años cuarenta hasta hoy – para describir no solamente a la ideología italiana, sino también para evocar el nazismo alemán, el falangismo y el franquismo españoles, y otras formas de nacionalismo y fundamentalismos culturales de ultraderecha en lugares tan disímiles como el Reino Unido, Estados Unidos o América del Sur. La tesis de Eco – controvertida sin duda – es que el fascismo fue desde el principio una ideología antiliberal y populista bastante elástica, que acusa la presencia de una familia de posiciones generales - el “Ur-fascismo” (sic)- que están presentes en diferentes corrientes, como las que han sido mencionadas. “Nuestro deber es desenmascararlo”, advierte Eco, “y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo” (2). El texto es abiertamente militante, y argumenta con agudeza. Recomiendo su lectura para iniciar el diálogo sobre el tema.

Dice el autor:

“El término ‘fascismo’ se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre podemos reconocerlo como fascista. Quítenle al fascismo el imperialismo y obtendrán a Franco o Salazar; quítenle el colonialismo y obtendrán el fascismo balcánico. Añádanle al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y obtendrán a Ezra Pound. Añádanle el culto a la mitología celta y al misticismo del Grial (completamente ajeno al fascismo oficial) y obtendrán uno de los gurús fascistas más respetados, Julius Evola”(3).


Precisamente el tema Evola ha sido particularmente polémico en los blogs y en otros espacios (no pretendo reiniciar ese debate, sino discutir el punto central de Eco). El argumento es un tanto general, requiere precisiones, pero no deja de ser interesante. Recordemos que estamos hablando de alguien que vivió los horrores de la guerra y la funesta retórica racista, autoritaria y belicista del régimen. Eco reconoce la presencia - tanto en la política como en los espacios de opinión pública - de grupos extremistas que encubren sus posiciones reales bajo el engañoso manto de lo politically incorrect.

Esta es la lista de motivos “Ur-fascistas” (cfr. pp.47-56) que tendrían que reconocerse en las perspectivas de la ultraderecha local en temas vinculados a la inmigración, la laicidad, etc., según Eco:

1. Culto de la tradición. El saber y el 'razonamiento' suponen eminentemente la recuperación o la "repetición" del legado pasado, no avance o descubrimiento.

2. Rechazo del modernismo. “Repulsa del espíritu de 1789 (o del 1776, obviamente)” (p. 49). A veces supone la suscripción del irracionalismo.

3. Culto de la acción por la acción. Sospecha de la academia sumergida en la “abstracción”, que ha abandonado los valores tradicionales.

4. Sospecha del pensamiento crítico y culto de la autoridad tradicional. “El desacuerdo es traición” (p. 50).

5. Miedo de la diferencia. Rechazo de las políticas interculturales, del pluralismo religioso y del espíritu laico. Racismo explícito o encubierto.

6. Llamamiento de individuos y colectividades frustrados a causa de una crisis económica o política.

7. Nacionalismo. Identidad contradistintiva. “Obsesión por el complot” (p. 51).

8. Sentimiento de humillación por la riqueza o la fuerza del “enemigo”.

9. “Vida para la lucha”. “El pacifismo es colusión con el enemigo” (p. 52). Vindicación mabifiesta o sutil de la violencia. Talante apocalíptico.

10. Elitismo aristocrático o militarista. “Desprecio por los débiles” (p. 53).

11. Culto del heroísmo y de la muerte.

12. Discriminación en materia sexual (machismo y homofobia) en nombre de valores tradicionales.

13. “Populismo cualitativo”. El pueblo es una entidad monolítica que marcha guiada por el Líder, su portavoz privilegiado.

14. Cultivo de la “Neolengua” (p. 55, el término lo toma prestado de George Orwell). Léxico y sintáxis elemental para las “masas” - las "élites" se consideran "sutiles" y "sofisticadas" -, para limitar el pensamiento y la crítica.

La combinación de estos elementos arroja, sin duda, ideologías inquietantes, que deben ser desenmascaradas y refutadas en el debate racional. La lista, sin embargo, es esquemática y puede llegar a ser simplificadora y quizá algo caricaturesca (aunque pueden identificarse, con todo, posiciones extremistas y delirantes que cultivan idearios semejantes en la arena política y en algunos espacios ideológicos extravagantes, presuntamente “intelectuales”).

Como puede apreciarse, el ensayo de Eco es un genuino 'escrito de combate', que pretende advertir sobre potenciales amenazas contra los derechos de las personas y las libertades básicas. El lector juzgará si la lista de Eco es útil. La discusión queda abierta.


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(1)Eco, U. "El fascismo eterno" en: Cinco escritos morales Barcelona, Ensayo 2006 pp. 33-58.
(2)Ibid., p. 57.
(3)Ibid., p. 47.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

RECORDAR PARA ACTUAR



Gonzalo Gamio Gehri



El último sábado, Pedro Salinas publicó en Perú 21 el artículo Para no olvidar. Agudo, bien escrito, e incluso conmovedor. El autor describe su paso los campos de Buchenwald, en el que el régimen nazi recluía, torturaba y asesinaba a judíos y a enemigos del proyecto hitleriano. Evoca su visita al Museo del Holocausto, así como a lo que alguna vez fueron las oficinas de la Stasi, la policía secreta de la Alemania socialista. Esos museos nos permiten recordar el grado de irracionalidad y crueldad al que puede llegar el ser humano, aun en plena ‘época de la ciencia’. Nos permiten identificar la hybris – la trasgresión de la correcta medida humana -, y a prevenirla. Estas formas de recuerdo articulado promueven la deliberación, y agudizan el sentido de justicia.

Salinas expresa muy bien los sentimientos de solidaridad con las víctimas – así como de indignación ante la insania de los perpetradores y la indiferencia de tantos ciudadanos. Del mismo modo, destaca la disposición de la sociedad alemana actual de hacer memoria, y no evadir la discusión en torno a la tragedia vivida.

“La sensación que uno tiene al caminar por el campo, al que le han arrancado de cuajo las barracas, es indescriptible. Unas piedras negras cubren la superficie de lo que alguna vez fueron barracones atiborrados de seres humanos. Un sentimiento de congoja y pesadumbre embarga de súbito al visitante. Pero el horror, que es como un estremecimiento agudizado por el frío del sitio, se le mete a uno en el cuerpo, en el alma, y en el ojo. El horror es, sin duda, la emoción predominante. El horror es la marca de Buchenwald. ¿Sabían los pobladores de Weimar, la tierra de Goethe, de la existencia de ese infierno? Difícil que no lo supieran. O, simplemente, no querían verlo, pienso. No lo sé. Ya no es importante. Lo importante es que, Buchenwald es como una herida abierta que los alemanes han dejado ahí, para no olvidar”.

Recordar el sufrimiento de las víctimas para evitar que esta clase de sucesos se repita constituye un ejemplo saludable, digno de seguirse, pues es expresión de la buena salud de los espacios públicos de aquellas sociedades que no se han refugiado en el silencio. Se trata de una sociedad que no duda en compartir esta experiencia con otros ciudadanos del mundo. Constituye un signo de ese ethos cosmopolita que toma en serio la idea de que no existen muertos ajenos. Rechaza la absurda sugerencia de algunos activistas neoconservadores según la cual la exploración del pasado doloroso e injusto que representa la Shoah es responsabilidad exclusiva – si acaso hay alguna - de quienes pertenecen a la nación alemana o llevan sangre alemana en las venas (de modo que cualquier consideración planteada "desde fuera" resultaría "invasiva" o "no pertinente"). La cultura de los Derechos Humanos nos recuerda con Marco Aurelio que no es la sangre ni el semen lo que une a los seres humanos, sino el espíritu. Esta convicción erosiona los tribalismos que muchas veces encubren posiciones negacionistas (muchos "activistas"- los cultores 'virtuales' del pintoresco "pensamiento sobretodo (sic)", peligrosamente próximo a posiciones neofascistas -, hay que decirlo, intentan legitimar un "sutil" negacionismo amparándose en la evocación de casos sonados de fraude testimonial, como el libro de Binjamin Wilkomirski).

Salinas nos ha recordado la tesis de Mario Vargas Llosa según la cual “los museos son tan necesarios para los países como las escuelas y los hospitales. Ellos educan tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada y permanente que como lo hacen los maestros. Ellos también curan, no los cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio, la superstición y todas las taras que incomunican a los seres humanos entre sí y los enconan y empujan a matarse”. El ácido debate sobre el museo de la memoria – que nuestro actual ministro de defensa ha querido retomar – muestra la poca disposición de nuestra “clase política” a mirarse a sí misma en una historia mayor, que trascienda los datos y las cifras “oficiales”. Recuérdese que hasta el día de hoy el Ministerio de Defensa no ha movido un dedo para identificar a los responsables de la masacre de Putis, de quienes sólo se conoce sus seudónimos.

“Pues eso. Solamente la intolerancia, una intolerancia ciega y analfabeta, puede explicar aquella disposición de algunos peruanos que siguen sin aprender la lección terrible de la guerra interna, y que se solazan en el rencor y la desmemoria. “

Como se sabe, el autor del artículo de Perú 21 que hemos comentado no es un “izquierdista”, ni se trata de algún funcionario de alguna ONG. Es un periodista que nunca ha ocultado su profesión de un liberalismo “de derecha”, por así decirlo. Se trata de un personaje ajeno a las presuntas “batallas ideológicas” que describen los improvisados cronistas de alguna prensa de bajo calibre, así como ciertos blogs de similar condición. Más allá de las discrepancias con el columnista citado en innumerables temas, se agradece la claridad y firmeza de la pluma de Salinas en un asunto tan importante. Su toma de posición obedece nítidamente a cuestiones de principio, y no a veleidades ideológico-políticas.

miércoles, 5 de agosto de 2009

CONTRA LA BARBARIE










NEONAZIS ATACAN EL LOCAL DE ‘BUHO ROJO’








Gonzalo Gamio Gehri



Me he enterado, gracias a la publicación Seguridad Ciudadana del Instituto de Defensa Legal y al blog Intercambio Filosófico que el último 26 de julio la Asociación Cultural Búho Rojo ha sido víctima del ataque de un grupo neonazi (presuntamente el MNSDP, según las pintas dejadas en las paredes del local de la institución; las investigaciones están tratando de confirmar o no la autoría de ese grupo). Esta asociación se dedica a organizar eventos vinculados a la reflexión filosófica en el distrito de Pueblo Libre. Las fotos muestran esvásticas acompañadas por frases como “los rojos al paredón” y “brigadas pardas”, firmadas con las siglas “MNSDP”. Hasta donde se sabe, la policía está investigando el hecho e intentando dar con los responsables. El caso está en manos de la DINCOTE. El Director de Búho Rojo, José Maúrtua, señala que se trata de un acto de intimidación de parte de un grupo de extremistas.

“Estamos solicitando garantías para nuestro grupo, para los miembros de nuestra asociación cultural. Tomaremos las acciones legales correspondientes para que este grupo de exaltados, violentistas, fanáticos, sea puesto ante el control de las autoridades correspondientes”.

Más de uno se preguntará si se trata de una broma de un grupo de adolescentes confundidos, que en un país multicultural predica el credo delirante y visceral de la “supremacía racial”. El asunto es grave, en tanto se trata de un acto que pretende infundir terror en un espacio creado para el diálogo. Los llamados “Cafés Filosóficos” se han convertido en una corriente que cobra fuerza en diversos grupos de personas interesadas en cultivar la filosofía más allá del ámbito estrictamente académico. No he asistido nunca a las sesiones de Búho Rojo – confieso que no necesariamente comparto la espiritualidad de la llamada “filosofía aplicada” – pero conozco la opinión favorable de muchos filósofos que asisten y encuentran allí un espacio de fraternidad y libre encuentro de ideas y razones. En todo caso, la idea de ampliar el ágora filosófica me parece genuinamente socrática, y la saludo. No extraña que esta apertura intelectual y moral irrite a quienes cultivan simpatías neonazis.

Como se sabe, el neonazismo está avanzando poco a poco en ciertos lugares del mundo noratlántico, particularmente en ciertos sectores sociales, en donde golpea con mayor fuerza la crisis económica e impera la xenofobia. Muchas veces estos grupos “camuflan” su mensaje revistiéndolo de “tradicionalismo religioso” o de “realismo político”. Por supuesto, aquí es preciso hilar fino: yo mismo he señalado en otro post - sobre un respetado intelectual contramoderno peruano - que es necesario no caer en la simplificación, que ciertas versiones del tradicionalismo no son fascistas o no son próximas al nazismo y que la confusión es perniciosa; está claro que existen visiones conservadoras de la política que no pueden ser clasificadas de esa manera. Se trata de reconocer - y mostrar - en qué modos de argumentar, tras el “realismo”, se insinúan concepciones funestas de “supremacía cultural” y “supremacía racial”. Esa es tarea de la crítica ideológica, sin duda, y es preciso distinguir entre una posición y las otras. Sin enbargo, más allá de estos matices importantes, es común que los propios "ultras" promuevan esa clase de confusión, que les permite ocultarse en el conjunto indeterminado y sumamente diverso del "antiliberalismo", para pasar desapercibidos y no ser identificados como extremistas. Es raro que se presenten a sí mismos como simpatizantes del nazismo. En la Web y en la blogósfera europea, la presencia de los grupos extremistas oscila entre aquellos que declaran expresamente su fidelidad al credo nazi, y quienes destilan sutilmente esta clase de ideologías cubriéndose con un suave manto (pseudo) “científico” y de “incorrección política”. Pero, como dice Nietzsche, “se trata del viejo sol”.

Esta clase de discurso discriminador y violento se está proyectando hacia otras facciones de la ultraderecha; por supuesto, las democracias europeas están al tanto de esto, y las fuerzas políticas moderadas (así como buena parte de los actores de la sociedad civil) perciben este retorno de posiciones discriminatorias como un problema grave. En Europa y Estados Unidos el discurso anti-inmigración y xenófobo ya está calando en diversos grupos de interés político, y asume ciertas tonalidades explícitamente racistas. Apareció claramente en las campañas políticas en Italia y Francia. Actualmente, Udo Pastoers, miembro del NDP alemán, enfrenta acusaciones vinculadas a la prédica del odio racial. De acuerdo con la nota difundida por EP Social, Pastoers llamó a Alemania en un discurso “república de los judíos” y describió a los turcos “como ‘cañones de semen’ que están inundando al país con sus crías”. Este personaje podría pasar un tiempo en prisión si se demuestra su culpabilidad.

Es lamentable que este discurso absurdo de la “pureza racial” y del “retorno al imperio” esté llegando al Perú (hasta donde he podido ver en las webs “oficiales” de estos “movimientos políticos” extremistas, se trata de una combinación de hitlerismo, falangismo español y una nostalgia por el virreinato del Perú en el siglo XVIII….encontramos allí, además de un inaceptable violentismo, una mescolanza conceptual - criolla y nada rigurosa - bastante grave). En un país como el nuestro, que ha padecido en repetidas ocasiones los embates de la violencia y el fanatismo ideológico de diverso cuño, esto no tiene nombre. Ya estamos hartos del “Viva la muerte”. Esperemos que las investigaciones prosperen y se identifique a estos sujetos. Nuestra solidaridad con Buho Rojo.

lunes, 1 de junio de 2009

¿ALGO MÁS QUE PREFERENCIAS LITERARIAS Y ESOTÉRICAS?




Gonzalo Gamio Gehri


El blog de Gustavo Faverón Puente Aéreo ha desencadenado un debate intenso – y, por momentos, violento – en torno a la figura de Julius Evola, a su presunta afinidad con el fascismo y, más allá de este autor, a la marcada preferencia del profesor Eduardo Hernando Nieto por autores que han sido vinculados (de manera fundada o no) con el antisemitismo, el nazismo y, en general, con ideologías oscurantistas que predican la supremacía racial y una concepción jerárquica de la vida social. Por breves momentos, la discusión se ha desplazado hacia la idea que Hernando tiene sobre la idea de “metapolítica”. El tema central ha sido el del “canon metapolítico”.

"La metapolítica puede exhibir nombres de escritores como Mishima, Celine, Tolkien o Drieu la Rochelle, ensayistas como los hermanos Jünger, metafísicos como Evola, Guénon, o Coomaraswamy, sociólogos como Spann o Freyer, antropólogos como Eliade, poetas como Pound, economistas como Sombart, historiadores como Spengler, directores de cine como Tarkovski etc, etc. ¿Quiénes los conocen?, ¿Quiénes los han leído?"

Faverón encuentra en esta lista de autores una constante vindicación del tradicionalismo y la discriminación racial o cultural; a su juicio, muchos de estos escritores, pensadores y esoteristas estuvieron en la frontera misma de declarar una adhesión manifiesta al ideario de Hitler o Mussolini. En muchos de los casos tiene la razón (no puedo decir nada acerca de la obra de Evola). Se pregunta la razón de estas preferencias, y su conexión con un ideario totalitario. Hernando y sus seguidores – algunos anónimos con una redacción nítidamente identificable – responden que las acusaciones que penden sobre estos autores son fruto de campañas ideológicas que se libraron en su contra con el fin de destruir su reputación. Añaden que muchos de los críticos no han leído a estos escritores, y que eso facilitaba la tarea de entregarse sin más a la corriente de opinión mayoritaria. Faverón sostiene que las acciones de muchos de estos personajes los condenan. Reitera que las simpatías de Hernando por quienes predicaban o cultivaban el antisemitismo deben ser explicadas, que es probable que sus colegas y alumnos estén atentos a su explicación.
"Lo que he hecho es preguntar si es una simple coincidencia la cantidad de nazis, fascistas y antisemitas que suman dos tercios de los nombres que él colocó en su nómina de intelectuales y artistas destacados dentro de la visión personal de la "metapolítica" que él defiende y promueve. Y no encuentro ninguna respuesta más o menos articulada sobre ese punto."

En fin. El tema se complica aún más, dado que alrededor de Hernando se ha tejido una pequeña red de blogs neoconservadores que postulan un extraño retorno a las tradiciones, un rechazo sistemático a la doctrina liberal de los Derechos Humanos y a la democracia constitucional, así como una invitación a la recuperación del catolicismo preconciliar, con todo y tufillo franquista. Aparentemente, la prédica antimoderna está captando algunos adeptos, y algunos entre ellos no dudan en dedicarle extraños posts a Hitler. Resulta algo desalentador que un muchacho de veinte años – que ha votado sólo una vez y que está estudiando – señale de manera categórica y sin dejar un mínimo espacio para la duda que “la democracia es el gobierno de los inútiles”. Una convicción tan desmesurada llama la atención e invita a la reflexión. Es preocupante que ciertos profesores alienten esas militancias tan tempranas y sin matices (y que crean que esa clase de aliento ideologizante y doctrinero pueda recibir el nombre de “filosofía” ¿Y el duro y paciente trabajo del concepto? ¿Qué "magisterio" es ese? ). A algunas personas preocupa con cierto fundamento esta creciente afición extravagante por el totalitarismo de derechas. En una sociedad como la peruana, al interior de cuyas presuntas “élites” impera cierto sentimiento autoritario y clericalista, es un hecho que quizá no debería sorprendernos. Lo que sí hay que hacer es someter a una dura crítica estas presuposiciones, y mostrar sus consecuencias políticas opresivas y tiránicas.

Que la lectura de ciertos libros puede abonar el terreno para determinados carismas fascistoides es algo que no me quepa la menor duda. Los libros están para leerlos, para discutirlos y para interpelarlos. Creo también que Hernando haría bien en responder a la pregunta directa – y muy bien formulada - que le hace Faverón sobre ese extraño y profundo feeling por los autores “fronterizos” con el nazismo (a mí también me causa curiosidad la razón de ese “canon literario personal”. Sospecho que se trata de algo más que preferencias literarias y esotéricas, aunque respeto su derecho a elegir su propia lista de autores). Sin embargo, también considero que no debemos caer en aquello que criticamos, esto es, en la exclusiva denuncia ideológica. Me parece que muchos de los comentaristas del acerado post de Faverón (alineados en uno y otro bando) permanecen en la lógica del “desenmascaramiento ideológico”, y no avanzan en la discusión acerca de los fundamentos conceptuales o en las posturas políticas de tales ideologías; ambas partes se acusan mutuamente de ignorancia e intolerancia. Allí están los libros, disponibles para el que quiera leerlos, y analizarlos; de eso se trata la libertad de pensamiento. Allí están los propios textos de Hernando para examinarlos críticamente. No es suficiente señalar que manifiestan un “talante fascista”. Las etiquetas no equivalen a una refutación (y creo que es necesario pasar a la discusión racional, y a la refutación). Les aseguro que Eduardo Hernando no oculta sus puntos de vista – de hecho, defiende un arcaico estamentalismo y a la vez una teoría renovada (y represiva) del “derecho penal del enemigo”, esquema próximo al pathos de Bush en el tema Guantánamo – pero no rehuye el debate. De hecho, lo considero el más dialogante y transparente de los tradicionalistas peruanos, y sin duda el menos virulento. Estoy en desacuerdo con todo lo que escribe, y considero que muchas de sus ideas son nocivas y poco claras, pero debo decir que hemos debatido siempre en un clima de respeto y cordialidad. Mientras otros conservadores se ocultaban tras las sombras de cierto anonimato – pero les enseñaban a los soldados que “los Derechos Humanos no existen” o hacían campaña en pro del fujimorismo, o defendían la impunidad en el caso La Cantuta -, Hernando decía lo que pensaba sobre la democracia y el sistema de Derechos, y admitía la crítica. Debatamos con él, más allá de poner solamente en evidencia su ‘imaginario literario’. La ideología "reaccionaria" debe ser combatida intelectualmente desde sus cimientos. No basta con señalar que determinados rótulos encajan con el ideario (aunque lo hagan).

Hay que ir más allá de denuncia ideológica de los conservadores, y pasar a la confrontación de las ideas, incluso las que nos resultan inaceptables. Me explico. El nazismo y el fascismo son ideologías nefastas que afortunadamente han sido vencidas definitivamente en el campo de batalla, en la arena política y en los espacios académicos. Hoy sólo son comidilla de skinheads y otros grupos de antisociales y violentistas, incluso en el Perú. Creo que lo que lo que existe en el país es un más bien tradicionalismo religioso trasnochado (generalmente de inspiración franquista), que se alía a menudo con los sectores políticos de extrema derecha, próximos al militarismo, asumiendo figuras sincréticas. Probablemente estas ideas retrógradas tienen una connotación fundamentalmente “estética” - por así decirlo - y son notoriamente extravagantes, pero desgraciadamente tienen alguna acogida en ciertos círculos políticos y mediáticos. Este es el conservadurismo criollo del que estamos hablando (y en el que sólo a veces Hernando encaja, aunque tiende a asociarse con sus exponentes). En ocasiones, esa extrema derecha tradicional echa mano de Schmitt (frecuentemente sin demasiado rigor, como anotan algunos lectores rigurosos de este autor, como Carlos Pérez), otras veces se escudan tras la obra de MacIntyre o de algunos postmodernos; sus referencias bibliográficas pueden obedecer más a la utilidad que a la devoción. Sin embargo, creo que los defensores de un pensamiento más liberal tenemos todos los recursos conceptuales para cuestionar racionalmente y desarticular el estamentalismo o el confesionalismo que profesan, y señalar sus inconsistencias con la mayor claridad.

Mientras Hernando invoca una desencarnada Realpolitik – que yo encuentro completamente discutible, pero cuyas líneas generales detecto en ciertos autores de la escena académica contemporánea, en contraste con los restantes tradicionalistas, apologistas del Antiguo Régimen – los demás ultraconservadores criollos entonan un estrafalario cántico cortesano rococó, o plantean leer la historia en la clave de la lucha cultural y religiosa sin exhibir una mínima argumentación. Si tengo que debatir con estos antimodernos nacionales, prefiero a los straussianos, antes que a los ultramontanos locales. Después de todo, Allan Bloom sigue siendo – a pesar del tiempo transcurrido desde su muerte - un interlocutor importante en los debates sobre la educación moral; no podemos decir lo mismo de los falangistas.

No creo que vayamos demasiado lejos intentando descubrir si Hernando es nazi o antisemita, o si niega el antisemitismo por convicción o solamente para guardar las apariencias. De hecho, yo no creo que Hernando sea un antisemita, en sus textos no he encontrado nada parecido. Las simpatías por ciertos motivos fascistas están allí en sus textos – el elogio de la “vida heroica”, la defensa de las jerarquías, un pintoresco caudillismo - aunque resultaría difícil determinar si esa simpatía revela una suerte de ‘militancia’ (hay que decir que no se trata de motivos exclusivamente fascistas, sino comunes a diferentes versiones del tradicionalismo y la extrema derecha). No creo que ese sea un ejercicio positivo o productivo. Creo que es mucho más interesante revisar Pensando peligrosamente y discutir a fondo sus tesis, detectar inconsistencias (que las hay, y muchas) y argumentar en contra del integrismo moral y político que postula. Ese es el trabajo conceptual que hay que llevar a cabo, el de la crítica severa y la refutación. Como he dicho, él está dispuesto a la confrontación; ello lo distingue de otros extremistas de derecha, quienes juegan a la mera agitación ideológica y padecen de esnobismo crónico. Los autodenominados “reaccionarios” gustan que caigamos en su juego, que los denunciemos públicamente y etiquetemos como “herejes”. Ser identificado como un exponente de lo “políticamente incorrecto” – en este mundo postmoderno – les da a algunos un frívolo “toque de distinción” que tratan de explotar; de hecho, algún blog conservador por allí se precia de librar un combate con el “pensamiento único”, en circunstancias en las que defiende el modelo teológico-político de la “cristiandad” premoderna y el retorno de los privilegios aristocráticos. Luego nos echarán en cara que practicamos aquello que les reprochamos, que somos nosotros quienes no admitimos las diferencias: “¿Ven? ¿Quiénes son ahora los intolerantes?”. No incurramos en su “lógica”, en la línea del cuento de Borges Deustches Réquiem. Esa es la virulencia que percibo en algunos comentarios al post citado. Y claro, los "reaccionarios" concluirán que lo que existe finalmente es un grupo de ideologías rivales que compite por el poder. Afirmarán que nuestros Derechos Humanos equivalen a sus tribunales de la Inquisición, que nuestra democracia no es mejor que su sistema feudal o que su soñada comunidad orgánica. No usemos sus propias armas. Allí donde ellos recurren a la agitación y la propaganda – a esa pomposa retórica, desfasada e hiperbólica – repliquemos con argumentos. Contamos con muchos y de calidad.

jueves, 6 de noviembre de 2008

COSMOPOLITISMO, MEMORIA Y ESPERANZA


REFLEXIONES SOBRE HELL ON EARTH


Gonzalo Gamio Gehri


Hace dos días participé en un foro de discusión sobre el documental Hell on Earth, dirigido por el checo Vojtech Jasny. El filme forma parte de la serie de documentales Broken Silence (2002), producidos por Steven Spielberg, que se ocupan del Holocausto judío en los años de la segunda guerra mundial. El documento – realmente conmovedor – relata el testimonio de personas que en sus años infantiles fueron recluidos en el ghetto de Terezin, un lugar diseñado por los nazis para albergar a los judíos de camino a Auschwitz. Terezin fue lugar de paso hacia la muerte, un lugar maquillado para que la opinión pública desestimara las informaciones sobre los campos de concentración. Los testimonios de esos niños son desgarradores. Nos hablan del maltrato gratuito, del odio racial y religioso, del terror a no volver a ver a los padres, de la absoluta incapacidad de los nazis de ponerse en el lugar del otro. Los relatos muestran con toda su crudeza las violaciones de los Derechos Humanos de los judíos, por el sólo hecho de serlo.

“Me enteré que era judío cuando me entregaron una Estrella de David”, dice uno de los niños, hoy anciano. Salvó de milagro de las cámaras de gas, pero vio morir a muchos compañeros de encierro. Otro niño judío de entonces reflexiona sobre la muerte de millones de personas, víctimas de la Solución Final nacionalsocialista: “si los judíos son el pueblo elegido de Dios, entonces no hay Dios”. Las imágenes de archivo muestran las filas de cuerpos esqueléticos dirigiéndose a la muerte en nombre de la supuesta “dicha futura de la mayoría”, predicada por los nazis, que excluían a los no-arios de la humanidad. Resulta lamentable constatar como hoy, bajo el prisma de un espurio “antiliberalismo”, miran con cierta simpatía el llamado “legado intelectual” de Hilter y Mussolini (son los mismos que identifican la historia del liberalismo con el advenimiento del Diablo y delirios similares, y caricaturizan la modernidad en términos de una especie de McWorld). No sorprende que prediquen la ‘inexistencia" de los Derechos Humanos y postulen la destrucción de las democracias constitucionales. Justamente para hacer frente a esa clase de censores "contramodernos" es que se requiere de una concepción rigurosa de la cultura liberal.

Los nazis intentaron quebrar la fe de los prisioneros. Los obligaron a manipular los cuerpos de sus compañeros muertos. Cada día amenazaban a sus víctimas de enviarlos a los campos. A pesar de todo, no pudieron quebrar a quienes se aferraron a la esperanza, a quienes no renunciaron a ver en su interior el brillo de la humanidad. Aún entre tanta muerte y crueldad.


Anima a este documental una impronta cosmopolita. “¿Es mi patria la tierra Checa, o lo es el mundo entero?”, reza el poema de un niño judío, muerto injustamente en Auschwitz. Los prisioneros del ghetto y de los campos – puestos a salvo al final de la guerra – cayeron en la cuenta de que el odio al otro, al nazi, podría terminar matándolos, que la mejor forma de vencer a los nazis era matando el odio en su interior. “El odio se fue con la diarrea”, sentencia irónicamente uno de los entrevistados. Recuperar la memoria – desmantelando las “historias oficiales”, sigue siendo la herramienta más eficaz contra la impunidad de los criminales. Recuperar la memoria crítica y ejercitar la justicia podrá prevenir que esta clase de tragedias se repitan. No se trata solamente de los judíos checos, si no de los seres humanos en general. Tenemos que construir una comunidad mayor, de modo que nuestros vínculos empáticos alcancen a todas las personas. De otro modo habrá que preguntar, como lo hace la frase final de la película: “En el futuro ¿Quiénes serán los próximos judíos?”. Si algo quiere comunicarnos Vojtech Jasny, es que las víctimas, antes de ser judíos o checos, son seres humanos. El terrible caso de la Shoah constituye un ejemplo de lo que los seres humanos no debemos repetir por ningún motivo. No hay muertos ajenos.