martes, 8 de enero de 2008

NOTA SOBRE LAS "INVESTIGACIONES LÓGICAS" DE HUSSERL



Gonzalo Gamio Gehri




Si existe una obra realmente fundante para la corriente fenomenológica - perspectiva que influye poderosamente en el trabajo intelectual contemporáneo, desde la teoría del conocimiento y las ciencias sociales hasta la filosofía de la religión y la estética - esta la encontramos en el monumental libro de Edmund Husserl, las Investigaciones Lógicas (1900-1). En esta obra Husserl desarrolla un análisis crítico de los diversos modos de entender la conciencia, para llegar a un concepto amplio y polémico – que seguirá defendiendo en la Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental – de conciencia como vida anímica en la línea de la noción heraclitea de psyché. En las Investigaciones, Husserl se propone investigar las diferentes fases de la vida y vivencias como dimensiones de una totalidad (investigación mereológica).

Husserl toma distancia de su maestro Brentano al considerar que no toda vivencia es intencional. Es el caso de la llamada “percepción interna”. La cosa percibida no necesariamente es parte de la propia vida, a diferencia del hecho de percibirla como tal. La percepción – así como la descripción que hacemos de ella –no depende de la realidad de aquello que sea objeto de percepción. La fenomenología se ocupa estrictamente de los objetos vividos, que se manifiestan a la conciencia. Su objeto primordial es la vida, esto es, los objetos de experiencia como el horizonte en el cual y desde el cual la experiencia tiene lugar.

Husserl tiene que afrontar, para abordar rigurosamente el problema de la experiencia del mundo, el debate entre idealistas y realistas. Husserl asume una premisa "realista" (que no hay que entender en u sentido "tradicional"): podemos tener diferentes visiones del mundo, pero todas ellas nos remiten a uno y el mismo mundo, ontológicamente pre-existente, por así decirlo (la temática explícita del mundo de vida (Lebenswelt) aparecerá en el último Husserl).

En el caso de Descartes, la temporalidad de la percepción tiene por consecuencia la búsqueda de un punto arquimédico en el conocimiento, el cogito. Husserl destaca la temporalidad de la percepción como parte de la totalidad de la vida, de la conciencia como vida constituyente de sentido. Husserl sostiene que lo que otorga unidad a las vivencias es la conciencia inmanente del tiempo, como el “puro” tener vivencias. Pasado, presente y futuro aparecen como fragmentos que provienen de la experiencia “interna” de la sucesión. En la percepción interna se combina la propia forma de vivir la temporalidad, además de la percepción actual de objetos.

Husserl afirma que cada ciencia particular se ocupa de una diferente “región” de vivencias; lógica, ética y estética se refieren a aspectos puntuales de la totalidad de la vida. La ética se ocupa del problema de la orientación en la vida, la lógica del juicio correcto, y la estética de los criterios de lo bello. La filosofía como tal se ocupa de los caminos que llevan a la verdad, el bien y lo bello.

Husserl considera que lo ideal es siempre universal e intemporal. Este es un supuesto que atraviesa las Investigaciones, así como la tesis de que toda vivencia intencional es susceptible de una aproximación mereológica, en términos de su comprensión en la perspectiva de las partes, los “factores” y la referencia a la totalidad que los articula. Lo ideal, con todo, tiene preeminencia sobre los individuos. Lo verdadero es al margen de que sea pensado o no.

Esta posición distingue estrictamente a Husserl de psicologistas como Mill. Toda forma de validez trasciende los procesos cognitivos y orgánicos tienen lugar en el acto del. Conocimiento. La fenomenología desarrolla una psicología descriptiva en un sentido diferente, al investigar acerca de cómo se dan los objetos mismos al tener experiencia de ellos como objetos vividos y mentados.

En esta línea de pensamiento, el acento de la fenomenología recae más en la cosa misma que en el yo. En los actos simples de la vida la conciencia está – por así decirlo – “abandonada” al objeto, no nota su presencia en él. En los actos complejos, el yo comparece como tal y es tema de reflexión. Consideraciones como las del cogito cartesiano son de segundo orden. Estar atento a la vivencia supone no tomar conciencia de la participación de la subjetividad en el encuentro con el objeto.

La arista más compleja y polémica de las reflexiones de Husserl están vinculadas al tema de la temporalidad de las vivencias. La vivencia siempre presenta una dimensión temporal, así como su condición de ser captadas como “fenómeno puro”. Este segundo aspecto puede constituir un obstáculo para comprender su carácter temporal. El fenómeno puro es temporal, pero la conciencia del tiempo inmanente presenta dificultades para ser abordada en términos mereológicos..

Husserl presupone que la reflexión no distorsiona al objeto, sino que lo acompaña siempre. La reflexión puede captar la esencia intencional de un objeto desde la experiencia ordinaria del objeto. Esto nos remite al paso de la actitud natural a la actitud teórica, en términos del Husserl de las Ideas. La reducción fenomenológica busca captar lo esencial del objeto desde sus modos de darse en la experiencia.

1 comentario:

Alfredo dijo...

Permítame plantearle una duda. Siguiendo la línea humeana no se puede pensar en términos de esencias para clasificar y en consecuencia, si uno cree en el nominalismo de Hume no es posible el concepto de clase. Pero en un curso que tuve el semestre anterior, que tocó parcialmente la escuela fenomenológica, creí entender que Husserl superó esa idea al ampliar el concepto de comprensión sensorial, como por ejemplo, lo ilustra al decir que uno también capta jerarquías, rangos, estructuras sociales, es decir, más que sólo particulares.
¿Cómo la idea de clase (que requiere un criterio de esencia para clasificar, un factor común) se desprende de esa ampliación hecha por Husserl? o dicho de otra forma, ¿Cómo se supera el nominalismo (si fuese verdad eso) para tener entre otros el concepto de clase?