viernes, 23 de octubre de 2009

LA SABIDURÍA TRÁGICA



ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE DELIBERACIÓN Y FINITUD




Gonzalo Gamio Gehri



“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduría con el sufrimiento. Del corazón gotea en el suelo una pena dolorosa de recordar e, incluso a quienes no lo quieren, les llega el momento de ser prudentes.”[1]



Siempre me he preguntado porqué los compositores de tragedias – pensadores de primera línea en la reflexión clásica sobre la ética y la política – han insistido en señalar que la sabiduría se logra a través del dolor. Por supuesto, esta posición re-vela la forma peculiar de la relación de los mortales con los dioses, e incluso el rol de la anámnesis en el espacio público ateniense. No obstante, más allá del horizonte cultural inter-intencional de su enunciación, la sabiduría trágica pone de manifiesto dimensiones fundamentales de la cosa misma, la comprensión del carácter finito y contingente tanto de la vida humana en cuanto tal, como de las propias excelencias que es capaz de desplegar un agente humano.

“Porque sufrimos, reconocemos haber actuado mal”, reza al verso 926 de Antígona, que después examina Hegel en la Fenomenología. La experiencia del dolor nos hace sabios porque nos permite explorar nuestras acciones y detectar nuestras faltas, nuestras formas de ceguera moral y nuestra carencia de empatía con el otro. El dolor es una dimensión de la vida humana que no podemos erradicar – y si pudiéramos hacerlo, perderíamos lucidez acerca de nuestra propia condición, como Huxley muestra en Un mundo feliz -. La incapacidad de aproximarse al dolor ajeno constituye una fuente poderosa de ceguera e inconsistencia. Pienso en algunos personajes públicos y autoridades que se muestran enfáticos en su lucha contra el aborto, pero se mostraban poco receptivos frente a las denuncias de violaciones de Derechos Humanos en el epicentro mismo del conflicto armado interno. Pienso también en ciertos grupos feministas, comprometidos con los derechos y la integridad de las mujeres, que no dudaron en avalar las esterilizaciones masivas llevadas a cabo por el fujimorato en la década pasada. Se trata de formas claras de hybris.

No podemos erradicar el dolor de la experiencia humana sin dejar de ser lo que somos (cfr., el rechazo de Ulises al ofrecimiento de la inmortalidad por parte de Calipso en Odisea V), pero podemos aprender de él, aun en las situaciones más amargas. En el fondo, no nos queda alternativa. Eso lo sabemos cuando perdemos a un ser amado. Aprender en torno a nuestros límites en tanto mortales, aprender en cuanto al trato que le debemos a los demás y a la medida correcta en los diferentes asuntos de la vida. Reconocer que la realidad que debemos enfrentar no está hecha a la medida de nuestros deseos; antes bien, suele ejercer una sólida resistencia frente a ellos. Considerar y percibir la inconmensurabilidad de los bienes que buscamos y aspiramos cultivar, así como la heterogeneidad de los males que combatimos o procuramos evitar. Tomar conciencia de que cualquier pretensión de autosuficiencia para una vida humana está condenada a fracasar. Extraer, finalmente, de la experiencia de la adversidad la aguda lección de Tiresias, según la cual la buena deliberación es el mejor de los bienes, incluso cuando sabemos que no podemos bosquejar del todo el escenario de nuestras vidas.



Imagen tomada de aquí.




[1]Esquilo, Agamenón 176 –180.

16 comentarios:

Renzo dijo...

Excelente post, Gonzalo!

Solo enfatizaría y relacionaría que esa metafora del aprendizaje como dolor es fundamental. Aprender es estar inmerso en el problema, y eso es algo que no debemos olvidar, especialmente aquellos docentes que nunca piensan en el aprendizaje sino en la transmisión de la información.
Saludos
Renzo

Paolo dijo...

Tiene razón al evocar la sabiduria trágica, Gonzalo.
El dolor viene a ser una especie de catalizador en nuestro actuar, pero como señala Aristóteles, uno puede exonerar algunos dolores aprendiendo de la experiencia en sociedad.
Si, esos golpes de pecho, especialmente de personajes religiosos como nuestro querido J.L.C., qué "defienden" la vida cuando les conviene.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Renzo:

Muchas gracias, amigo. Siendo tú un gran conocedor del mundo griego como tú, tu aprobación del texto es sumamente significativa.

Desde hace años, los griegos son mis interlocutores fundamentales en filosofía práctica.

El aprendizaje como dolor es un fundamento central en la formación de la deliberación.

Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Paolo:

Coincido plenamente con tu punto de vista sobre la tragedia y la acción política. Por eso es preciso rescatar esa sabiduría literaria leyendo a los clásicos.

Saludos,
Gonzalo.

Alonso Campos dijo...

Gonzalo: al leer tu artículo, no puedo dejar de recordar tus clases de Ética en Estudios Generales hace 2 años. Es verdad que el dolor es un método de aprendizaje, especialmente en los clásicos griegos. No obstante, tu artículo me hizo pensar en todo lo contrario. ¿Qué tanto nos obliga la sociedad a sentir dolor? ¿Qué tan sentimentalmente dolorosa es la sociedad moderna? Esto lo digo pensando en el fantástico libro "El Extranjero" de Albert Camus. En el mencionado libro, el protagonista pierde a su madre, pero no sufre dolor alguno, sino al contrario se dedica a los placeres del mundo. Por una serie de circunstancias, termina juzgado por un asesinato y uno de los argumentos morales para su condena será el de no haber sufrido por la muerte de su madre. Aunque tu artículo va más hacia la enseñanza en relación con el dolor, no pude dejar de pensar si es la sociedad la que nos lleva a ser sensibles para cumplir algunos parámetros.
El extranjero de Camus hace referencia hacia un personaje que se siente extraño en este mundo. ¿Qué tan cierto es que la sociedad nos moldea sin darnos cuenta? Son preguntas que me planteo y me gustaría saber tu opinión. Un abrazo.

Alonso

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Alonso:

Efectivamente, la educación también configura nuestras emociones. Sospecho que el individualismo contemporáneo no contribuye - a diferencia de las tragedias - a educarnos en la compasión, tan importante para el discernimiento práctico.

Saludos,
Gonzalo.

Pensar la Iglesia Protestante dijo...

Hola Gonzalo:

Este artículo me pareció genial. También me parece buena la mención de "El extranjero", la cual retrata de manera espeluznante la "ausencia del dolor". Tu exposición me hizo pensar en la forma en que suelen asesinarse los jóvenes en el Callao y el nivel de frialdad con que algunos jóvenes matan a otros sin sentir níngún remordimiento. Dos opciones, o han "bloqueado" cualquier sentimiento de remordimiento o, simplemente ya no existe ningún tipo de plataforma ética (estoy pensando en voz alta). Prepararé algo al respecto en estos días.

Un abrazo nos vemos

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Michael:

Terrible el dilema que planteas, pero es verosímil. Me parece importante que escribas sobre este tema.

Un abrazo,
Gonzalo.

Renato Constantino dijo...

Gonzalo:

Lamento salirme del tema pero debes pronunciarte sobre esto: "A mí Hegel siempre me pareció muy charlatán muy inferior a Spinoza, Kant, Locke y Hume, pero creo que su máxima tiene mucho de verdad." Escrito por Aldo M. Aldo M le dice charlatán a Hegel. Y es egresado de nuestra universidad.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Renato:

Jajajaja. Sí, lo leí. Tómalo como de quien viene. Como dice el refrán, la ignorancia es atrevida.

Saludos,
Gonzalo.

Susana Frisancho dijo...

Para el que menciona el tema del Callao: las emociones morales, salvo las más básicas, son socialmente construidas. Para que esa subjetividad se desarrolle en el individuo es necesario un tipo de intercambio individuo-entorno que la promueva. Ese tipo de intercambio es el que falla en las vidas de muchos jóvenes, los que como consecuencia no desarrollan narrativas de si mismos ni una estructura moral.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Susana:

El tema de la violencia y los jóvenes del Callao es a la vez importante e inquietante. Hay que pedirle a Michael que desarrolle más estas ideas.

Saludos,
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Hola Gonzalo;

¿Tienes alguna crítica a las escuelas psicológicas o a las ciencias cogntivas y sus interesantes
investigaciones relacionadas con la ética?

Como por ejemplo la psicología evolucionista y la teoría computacional de la mente
defendidas por Steven Pinker.

saludos,

Marcelo

breastforms dijo...

Muy buen escrito. Vivir de verdad significa vivir apasionadamente. Y de la pasión nace el dolor y del dolor nace el reconocimiento de tu mismo y la oportunidad de aprender y desarrollarte.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Breastforms:

Muchas gracias por tu comentario. Muy interesante la reflexión que haces.


Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Hola Marcelo:

Como sabes, mi concepción de la razón práctica le debe a Aristóteles y Hegel. Hoy, Bernard Williams y Charles Taylor influyen decisivamente en mi punto de vista. Simpatizo con los estudios psicológicos sobre el tema (Bandura, Gilligan, etc.), aunque encuentro a kohlberg excesivamente kantiano.

Saludos,
Gonzalo.