viernes, 6 de julio de 2012

UNA BREVE NOTA SOBRE "THE ARTIST"





Gonzalo Gamio Gehri

Hace unos días – en el avión de retorno a Lima – tuve la oportunidad de ver por vez primera The Artist (2011), la extraordinaria cinta dirigida por Michel Hazanavicius. Es la historia de George Valentín (Jean Dujardin), un reputado actor de cine mudo que experimenta una aguda crisis personal y profesional con la aparición del cine sonoro. En el camino conoce a Peppy Miller (Berenice Bejo), una bella joven aspirante a actriz con la que desarrolla una poderosa sintonía afectiva. No obstante, esa relación cargada de magia tendrá un sentido ambivalente para él: por un lado, el vínculo existente entre ellos es intenso, pero ella está llamada a convertirse en una estrella del nuevo formato cinematográfico, de modo que su ascenso implicará inexorablemente el declive de su carrera.

La película está muy bien lograda. Casi en toda su extensión es muda y en blanco y negro. Reconstruye muy bien el trasfondo histórico-estético del cine mudo, sus recursos dramáticos, su espíritu. Hay pasajes notables – la escena del abrazo que Peppy se da usando el traje de George, la desaparición de la sombra del actor cuando llega su hora más triste – y las actuaciones son brillantes. La historia es conmovedora y los recursos dramáticos del filme  son notables y eficaces. Hace tiempo que no veía una película que pudiera tocar las emociones de una manera tan sutil e inteligente. Merece largamente los premios internacionales que obtuvo el último año.

La historia de amor de los personajes principales me parece particularmente intensa; la calidad del vínculo y esta peculiar intensidad se ponen de manifiesto en el modo en que él lidia con las situaciones de desencuentro y ausencia, o en cómo ella se compromete con el bienestar del actor y la preservación de sus posesiones más preciadas, etc. Ella se involucra completamente en la tarea de mantener a Valentín presente en el mundo del cine. Especialmente conmovedora es la escena en la que el actor prende fuego a su estudio, y espera resignadamente a la muerte aferrándose a trozo de película en la que él y ella ensayan un baile y sueltan unas carcajadas. Este tipo de situaciones románticas se maneja con sutileza y profundidad, sin descuido ni excesos melodramáticos. Se trata de una cinta inteligente y entrañable, que sabe expresar agudamente los matices presentes en nuestras maneras más vivaces de padecer el amor, la frustración y de afrontar el fracaso y el éxito.

3 comentarios:

José André dijo...

Hola Gonzalo:

A mí también me pareció una muy buena película. Yo la califico como una demostración de como debe ser una historia bien contada: El argumento (simplificando) es bastante sencillo y si se quiere hasta trillado, pero eso la hace más meritoria a mis ojos.

Anónimo dijo...

Yo la verdad es que no vi una película de amor. Creo que la relación entre los personajes principales solo sirve para mostrar las diferencias del progreso y el apego al pasado. A mi me gusto porque muestra ese miedo al cambio y a lo novedoso en un ámbito como el arte que se supone que debe ser mas abierto. Cuando Valentine agarra la cinta en el incendio muestra como las personas nos aferramos al pasado aunque esto pueda ser lo más perjudicial para nosotros. También las criticas basadas en el miedo como cuando los artistas mudos proclaman que el cine sonoro dejara de ser arte. Por supuesto, y aunque Valentine no quiera, el progreso sigue adelante sin esperar a nadie. Creo que reflexionar sobre estos temas en mundo cambiante como el que vivimos y en Perú en específico es necesario para ver si nos adaptamos y seguimos avanzando o queremos morir pensando en un pasado idílico.

Jorge S.

Periodico Paraguay dijo...

Muy Bueno