domingo, 9 de agosto de 2009

LOURDES FLORES Y EL MITO DEL "CENTRO POLÍTICO"





Gonzalo Gamio Gehri


Es un hecho conocido el uso de las expresiones “izquierda” y “derecha” ha sido puesto en cuestión como puntos de referencia en el debate político y teórico-político. Aunque no han perdido vigencia en la discusión, se han tornado controversiales. Procedamos esquemáticamente. Hoy se sindica como “derechista” a) la tesis de un "Estado mínimo" que deje espacio para el ejercicio de las libertades privadas de los individuos, y para el cuidado de la competencia económica. Sin embargo, también se califica como “derechista” b) la noción según la cual el Estado debe representar claramente una visión ético-religiosa sobre los fines de la vida de las personas, que las “razones de Estado” deben tener prioridad incluso sobre las libertades y derechos de los individuos. A veces, estas dos posiciones se enfrentan en la arena ideológica y política, en otras van (precariamente) juntas.

Del mismo modo, se ha identificado como “izquierdista” aquella concepción x) que propone el logro del “poder político” por parte de la clase proletaria que promueve una transformación revolucionaria de la sociedad, y que encuentra secretamente en el juego político democrático un mero instrumento para lograr sus propósitos. Pero también se describe como “izquierdista” y) el punto de vista de quienes conciben la distribución del poder político (equilibrio institucional, mecanismos de participación, etc.), las políticas de justicia distributiva en lo social (asociadas a la aplicación del principio de diferencia), la vindicación de la ciudadanía activa en el sistema político y la sociedad civil, así como la defensa de los Derechos Humanos como prioridades dentro de la agenda política democrática. Esta es una interpretación más ‘liberal’ del ideario de una izquierda no marxista, que rechaza firmemente las líneas medulares de x, aunque sus enemigos en la "clase política" local han intentado convertirlos retóricamente en modelos equivalentes, a pesar de sus evidentes divergencias (1). Me he dedicado en los últimos años a discutir y a defender una versión de y desde el liberalismo y el humanismo cívico; la primera sección de mi libro Racionalidad y conflicto ético y algunas entradas de este blog - en un formato menos formal - desarrollan con mayor detalle aquello que aquí describo de manera esquemática (dicho sea de paso, el término “postliberalismo” es un término filosófico-político, ajeno a esta discusión, que alude estrictamente a un ‘liberalismo postmetafísico’ – no contractualista, no kantiano -. La expresión ha sido clamorosamente malinterpretada por algunos blogueros no familiarizados con la filosofía política, o que ignoran qué significa el consenso práctico sobre el mal). En fin, existen, por supuesto, otras posiciones y otros matices importantes que considerar, pero para lo que queremos discutir aquí - y lo que permite el formato de post - puede resultar suficiente. “Derecha” e “izquierda” son categorías problemáticas y poco precisas (en ningún caso las rechazaría apelando al frívilo argumento de que "han pasado de moda"). Está claro que las cuatro perspectivas que he señalado requieren de términos más precisos.

Nuestra “clase política” – en las últimas décadas, por lo menos – no ha sido proclive al debate ideológico. Lo suyo ha sido el juego de fuerzas electoral, y las alianzas de coyuntura. Ejemplos hay muchos. Súbitas metamorfosis, cambios de signo político cuasi repentinos, “transfuguismo”, etc. Es probable que pocos políticos en actividad sepan cuáles son los principios del “social-cristianismo” o del “antiimperialismo”, o que su actuar o el de sus líderes hayan convertido estas ideas en etiquetas vacías. Para muchos políticos en actividad – más allá de su bandera política coyuntural - , la consigna comunista “salvo el poder todo es ilusión” es una especie de dogma de fe. Es por eso que la propuesta de Lourdes Flores de “construir un ‘Frente de Centro’” no sorprende ni entusiasma. Ante la absoluta ausencia de debate ideológico, la iniciativa constituye un globo de ensayo más de carácter electoral. Sobre todo si sabemos que no existe un “centro político” en tanto tal, que las posiciones de centro se construyen desde la “derecha” y la “izquierda” (piénsese en las ideologías latinoamericanas que se acercaron a la “socialdemocracia”).


Lourdes Flores pretende acercarse a Alejandro Toledo y a Luís Castañeda para construir una alianza electoral. El objetivo sería vencer a los dos candidatos “antisistema”, es decir, Humala y Keiko Fujimori. Por supuesto, el propósito puede ser muy positivo. Considero al humalismo y al fujimorismo posturas antidemocráticas y peligrosas (en mi opinión, Humala nunca ha sido de izquierda y el fujimorismo representa de un modo u otro la funesta cleptocracia que capturó el Estado en los noventa). Sin embargo, debo dudar de las credenciales de Lourdes Flores para convocar al “centro político”. Ella misma no dudó en establecer alianzas con Renovación (que representa a la ultraderecha política, cercana al fujimorismo, suscriptora de la ley de Amnistía), y a otorgarle a esos sectores ultraconservadores la dirección del área de educación en sus planes de gobierno dentro de Unidad Nacional. Ella invocaba la presencia de un “fujimorismo sano” en sus filas y no dudó en colocar en su plancha a un representante de uno de los grupos de poder empresarial más importantes del país (lo cual puso en cuestión su independencia). Sus referentes intelectuales nacionales están más cerca del "pensamiento reaccionario" que del liberalismo político. Evidentemente, Lourdes Flores tenía todo el derecho de coaligarse con aquellas fuerzas políticas, y de plantar sus propias banderas en aquel momento. Tampoco dudamos de su talento, de sus cualidades personales y condiciones de liderazgo. No obstante, su trayectoria política genera serias dudas acerca de la legitimidad y la transparencia de su invocación a la construcción de un “centro político”, moderado y democrático.








(1) Piénsese, en nuestro medio, en las campañas contra las ONG de DDHH o contra la CVR.

11 comentarios:

Renato Constantino dijo...

Gonzalo:

Siento que a representa efectivamente a la derecha y b representa al conservadurismo. Obviamente en la política peruana ambas se han mezclado hasta que su disosiación sea casi imposible.
Entiendo también que y podría ser entendido como lo que se llama "progresista". ¿No sería mejor hacer estas especificaciones?

Pensar la Iglesia Protestante dijo...

Como de costumbre, muy interesante tu artículo. Lo que sí es visible en nuestro país es una suerte de visión "maniquea" de la política, que encasilla las posiciones éticas y políticas en uno u otro lado. Esto permite que sea el ámbito político del país sin los matices necesarios. A veces, considero, que esas personas que hablan de un "centro" intentan una suerte de neutralidad, la cual es de por sí utópica en el ámbito político.

A nuestros políticos, les haría ver "Watchmen" y "Batman I y II" como una clase elemental de ética, para que se den cuenta que los tema políticos y éticos van más allá de categorías de centro, izquierda o derecha.

José Talavera dijo...

Son términos controversiales que algunos dicen "pasados de moda". Yo creo que no. Denotan una ubicación en el espacio, y la realidad nos demuestra que siempre encontraremos, felizmente, más de una postura. Para que uno este a la izquierda, otro debe estar a la derecha. A a) y b) los ubicamos a la derecha, pero hace dos siglos a) estaba a la izquierda.

Lo que es cierto es que casi por default algunas posturas se encasillan en determinadas posiciones: b) siempre será derecha (o conservadurismo o ultraderecha); x) siempre será izquierda (o ultraizquierda). Por lo general y) será izquierda, aunque x) pueda oponersele; a) si me plantea dificultades, tal vez por su pasado, aunque en la actualidad, es cierto, está mucho más cerca de la derecha.

Un centro sólido y con aspiraciones a perdurar más allá de un proceso electoral debería coger de a) y y). ¿Se podrá en nuestro país? A corto plazo parece que no.

Coincido contigo en que el propósito puede ser positivo, pero si realmente Lourdes quiere lograr ese objetivo ya no deberá cometer los mismos errores.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Renato:

Según mi esquema, a) libertarianismo; b) Conservadurismo; x) Marxismo; y)Humanismo cívico.

Un abrazo,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado José:

Se trata de conceptos controversiales, que es preciso redefinir y discutir.

Lourdes no me parece la indicada para asumir el centro. Sus vínculos conservadores, y su record perdiendo elecciones la perjudican.

Un abrazo,
Gonzalo.

Uriel dijo...

Profesor Gamio:

Nuestra "clase politica" nunca ha estado a la altura de las circunstancias (salvo en la epoca de Jose Pardo), siempre ha sido autoritaria y excluyente. Pero ahora que los "excluidos" o los "nunca vistos" fuerzan a una "sociedad abierta" en contra de la "sociedad estamental" de nuestra clasica "clase politica" se supone que que los politicos van a cambiar, pero parece que no, aun existen los "privilegios rentistas" como decía Jaime de Althaus. Ahora la politica ya no se basa en discursos sino en "marketing politico", en tratar de "vender" a un candidato como si fuese un paquete de fideos o una "mercancía" según Marx.

Porfesor la posicion libertaria, no creo que se le debería enfocar con la "derecha" dura. El estado minimo es necesario, y no creo que le sea ajeno los DDHH al libertarismo, como tampoco el multiculturalismo y las diferentes concepciones de la "vida buena"(por ejemplo la utopia de Nozick, que a mi parecer puede resolver muchos de estos problemas sobre las diferencias de "vida buena" aunque claro se basa en Locke) en un pais como el Perú que ha tenido un estado "extensivo" se hace legitimo reducir el estado, en algunos sectores funciona mejor la iniciativa privada que el estado. El problema es cuando se intenta resolver los problemas del pais desde la "política" (o el poder) que desde nuestros derechos individuales o economicos(como bien dice Paul Laurent). El libre mercado no es el que ha fallado (mas bien reduce la desigualdad tanto economica como cultural) sino es el estado el que ha fallado como agente inclusor, a lo menos que llegue a la presidencia Humala o Keyko eso ya sería el acabose!


Atte.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Uriel:

En ningún momento he dicho que los libertarios rechacen los DDHH. Nozick es un autor respetable, y sus reales seguidores representan una "derecha moderna", necesaria.

No comparto del todo su confianza en el mercado. Rawls, Walzer y Sen me han enseñado a dudar de su absoluta autosuficiencia.



Saludos,
Gonzalo.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Protestante:

Ciertamente, el centro político aparece como una mera ilusión cuando no es producto del debate en el nivel de los principios.


Saludos,
Gonzalo.

Daniel Salas dijo...

Hola, Gonzalo:

Hay un lingüista, Mike Geiss, que representó lo relativo del concepto de izquierda y derecha usando una regla. Para quien está a la extrema izquierda, todo lo que se desvía un poco ya está a la derecha y viceversa. Por ejemplo, para E. Hernando el Opus Dei ya es de izquierda, demasiado moderno, lo que nos da una idea de lo extremista que es su posición (y en efecto, el O.D. es una agrupación bastante moderna ya que introduce el capitalismo en la imaginación católica; en cierta manera, es una asimilación del protestantismo).

Yo encuentro la categoría problemática porque hay nuevas maneras de entender la política que no caben bien en el concepto tradicional de derecha. Yo, por ejemplo, no tengo nada de conservador pero basta que diga que estoy de acuerdo con la globalizacion y el libre mercado para que me ubiquen a la derecha.

Más bien encuentro que hay otra manera de distinguir a los polos políticos: los que quieren someter a crítica toda forma de ideología (esta es mi opción y lo que considero la verdadera opción del liberalismo de izquierda) y los que quieren continuar debatiendo dentro del universo ideológico tradicional y sus categorías: orden, tradición, raza, Iglesia, nación, violencia. En este aspecto, Ollanta Humala y Rafael Rey no me parecen muy diferentes.

Sobre Lourdes Flores: es un caso emblemático de un político que desaprovecha las mejores oportunidades. El conservadurismo del cual no se ha podido zafar le ha impedido formarse como lideresa de oposición. Mucho miedo al cambio y demasiado apego al estilo Fredemo, es decir, a la búsqueda de alianzas devastadoras que eviten la temida "polarización". Un grueso error de MVLl y que Lourdes Flores se obstina en repetir.

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Daniel:

Completamente de acuerdo contigo. Algunos políticos peruanos comparten viejas costumbres que casi los "hermanan", más allá de su presunto "signo" político.

Muy interesante lo que sugieres acerca del "liberalismo de izquierda".

Un abrazo,
Gonzalo.

Uriel dijo...

Profesor Gamio:

Muchas veces se ha confundido el punto a) con el b) y como bien Usted dice "van (precariamente) juntas)". En este caso es necesario distinguirlo. Pero como en el plano politico no hay una distincion clara, pues eso mayormente corresponde a un plano teorico (o a los academicos). La politica no va con la teoria porque su interes es otro (vease propaganda, discursos, lideres etc).

El libre mercado a veces parece una utopia maligna. Pero es necesaria si queremos tener una democracia plena, es verdad que el libre mercado tiene desperfectos, pero existen medios de solucionarlos, por ejemplo la teoria de los stockholders, la responsabilidad social (que va unida a la responsabilidad ecologia), etc. O la llamada "etica empresarial" (como plantea Adela Cortina). Pero en países como el nuestro, es necesario promover (y cimentarlo) primero el libre mercado, antes de críticarlo.

A proposito del termino "modernidad", no se porque se tiende a desprestigiarlo. Nuestro pais no es "moderno" sino está en un "proceso de modernización". Supongo la crítica es hacia los países "desarrollados". O a sectores modernos y otros no. Pero no es ajeno la "modernizacion" con las tradiciones.


Atte.