Esta semana participé en el Seminario Laicidad y Derechos Humanos, organizado por el Congreso de la República, vía la oficina del Dr. Sergio Tejada. Intervine en un foro sobre el tema: “Perú ¿Estado laico o estado confesional? Un análisis desde diversas disciplinas”. La aproximación filosófica estuvo a mi cargo. Aquí presento el esquema de mi intervención.
Gonzalo Gamio Gehri
1.- IGLESIAS Y DEMOCRACIAS LIBERALES
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Telón
de fondo histórico: las guerras de religión (siglos XVI-XVII).
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Los
desacuerdos en materia religiosa – en tiempos de integrismo – pueden generar
violencia.
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Solución
inicial: dejar al individuo y a las asociaciones religiosas voluntarias
la potestad de decidir en materia religiosa.
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Estado
le corresponde proteger las libertades y derechos de los ciudadanos, pero en
ningún caso velar por la corrección religiosa de las personas. es a-confesional, laico.
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Esa
preocupación por la corrección doctrinal llevó a generar instituciones como la
Inquisición.
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Nadie
puede obligarme a salvar mi alma (Locke).
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El
Estado debe garantizar la tolerancia religiosa y el derecho de cada cual a
creer o no creer. En este sentido, el Estado debe permanecer neutral o imparcial
en materia religiosa.
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Comprometerse
con algún credo – aunque sea extendido – puede implicar la discriminación de un
grupo de ciudadanos.
•
El
compromiso es con el pluralismo ético y el respeto de la diversidad religiosa en
una sociedad libre, abierta a todos los credos.
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En
una perspectiva liberal, no sólo no debe existir una “religión oficial”:
ceremonias como el Te Deum, o la presencia de un curso de religión católica en
la escuela pública vulnera esta pretensión de ‘neutralidad’.
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Constituye
una expresión de respeto a la exclusiva potestad de las personas de discernir,
discutir y elegir sus creencias y planes de vida.
•
En
contraste, en algunos Estados confesionales de corte integrista, la apostasía
constituye un delito.
2.- LA CRÍTICA CONSERVADORA
• En el contexto ideológico del conservadurismo - los "reaccionarios" locales - se cuestiona esta posición considerándola parte de una suerte de “retirada
espiritual”. “No imponer (una religión en desmedro de otras) es
imponer (la increencia o el ateísmo)” .
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No es así. Esta crítica es absurda. La separación liberal reconoce el gran
valor que tiene la religión para muchas personas; por lo mismo, plantea que los
ciudadanos deben contar con un espacio de libertad para examinar ese valor,
deliberar sobre lo que le asignaría sentido a la vida, y cultivar (si así lo
deciden) genuinas prácticas de fe.
3.- LOS ESPACIOS DE LA FE EN LAS DEMOCRACIAS LIBERALES
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Es el
espacio del discernimiento personal.
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Sin
embargo, ello no implica “privatizar la fe”.
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Tal
discernimiento requiere de espacios sociales, espacios de diálogo.
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Las
Iglesias forman parte de la sociedad civil. Su lugar no es el espacio estatal,
pero sí lo “público deliberativo” al interior de la sociedad civil.
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El rol
de las Iglesias no es sólo la prédica doctrinal, ellas son la fuente de un
importante legado en materia de justicia.
•
En
los espacios de discusión de la sociedad civil – espacios de discusión sobre
ética pública, justicia social, etc. – ellas tienen algo que decir.
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Sin
embargo, el diálogo es horizontal. No tienen privilegios especiales. La lógica
de la sociedad civil es argumentativa.
4.- EL DESAFÍO DE LA SECULARIZACIÓN
•
Secularización
no es “retirada del espíritu” , si no una nueva lectura del espíritu, que se
centra en el horizonte encarnado en lo humano y su finitud.
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Supone
una preocupación por la experiencia del tiempo humano (no la eternidad)..
• La
preocupación por los “asuntos humanos” (la acción política, el trabajo, etc.). El
cristianinsmo es religión de encarnación. Idea de kenosis y temporalidad.
•
Encarnación
es ingreso en el tiempo, identificación por parte de lo divino con los asuntos
humanos y la justicia en el mundo.
•
Tema
del ágape y el esfuerzo por el Reino como expresión del compromiso con
el mundo.
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Tema
del discernimiento personal y la libertad de conciencia tienen una matriz
cristiana.
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La
“autonomía de lo temporal” es un principio reconocido por el Concilio Vaticano
II.
•
La secularización es un proceso incompleto en
nuestra sociedad.





