sábado, 28 de junio de 2014

FOROS PÚBLICOS Y ARGUMENTACIÓN ÉTICO – POLÍTICA. CONSIDERACIONES CRÍTICAS






Gonzalo Gamio Gehri


La figura del intelectual público y la del científico – se dice – estarían desdibujándose en los foros mediáticos  del Perú. Estos serían los tiempos de los meros 'promotores de opinión'. Por lo menos es lo que parece suceder en la mayoría de los medios periodísticos locales, salvo un par de importantes excepciones. Se ha instalado - en muchos medios - la prepotencia como estilo periodístico, la atribución arbitraria del interés creado, la sorna fácil y la bravuconada.  La estigmatización ideológica, por supuesto (no estoy aludiendo a la discusión acerca de los fundamentos de las diversas ideologías, en tanto ese debate está prácticamente ausente en las organizaciones políticas y en los medios del Perú,  pues solamente se plantea en escenarios estrictamente académicos). Y todo eso vende, o eso es ño que parece. Nuestros “líderes de opinión” prefieren la mera confrontación personal al intercambio de argumentos. Basta leer las columnas de un periodista libertario, en las que se dice en que ser de izquierda equivale a padecer una deficiencia cerebral gravísima, o revisar las malogradas notas de otro columnista, un abogado paleoconservador, que siempre se las arregla para señalar alguna presunta componenda que involucre al gobierno y a “la izquierda” (sea lo que signifique esté rótulo en sus esquemas). Declaraciones tan categóricas requieren razones y evidencias, pero no resulta difícil constatar la ausencia de argumentos, en ambos casos. Un estilo agresivo, en un caso, y en el otro una solemnidad vacía, con guiños extraños a Catón. Es preciso recuperar el cuidado del argumento, para enriquecer el debate público.

Con frecuencia, suele pensarse que puede sentarse una posición política válida emitiéndose una “opinión” o señalando una mera preferencia personal sin contar con buenos argumentos que la respalden. En realidad no es así. No resulta sensato ni riguroso que algunos periodistas y columnistas simplemente compartan con el público sus simpatías y sus fobias. Ello no aporta a la discusión cívica ni propone pedagogía política alguna. Que uno exprese una mera preferencia personal o que señale un tipo de lealtad – digamos “dogmática” e “ideológica” – no significa que esa opción sea digna de adhesión. Pasar del hecho de suscribir una postura política a sostener que esa postura merece ser elegida y convertirse en objeto de compromiso ético supone ofrecer razones que hagan manifiesto su valor. Ambos planos no deben ser confundidos, y el lector no tendría que darse por satisfecho percibiendo los prejuicios de los redactores, o sus reacciones inmediatas ante ciertos acontecimientos o puntos de vista. En este asunto - así como en otros - las contribuciones del intelectual público y las del especialista son  realmente significativas.

Concebir la política sólo desde la mera pugna de ideologías e intereses personales o de grupo – como hacen numerosos columnistas conservadores locales - sólo contribuye a envilecer la acción política y a oscurecer sus posibilidades como vehículo de edificación de un mundo común, cuyas instituciones, prácticas y reglas podrían hacer algo más que reflejar las expectativas de lobbies y de políticos inescrupulosos. La sola apelación a la cruda Realpolitik no supone invocar un destino inexorable para nuestra considerablemente vulnerable esfera pública. Con frecuencia, algunos medios de comunicación particularmente influyentes constituyen entusiastas grupos de interés en el juego político criollo, de modo que alientan el exclusivo juego de fuerzas. Se comportan como espacios de agitación y propaganda, y no como foros plurales de discusión en los que el intercambio de argumentos y la exhibición de evidencias tienen un lugar crucial. 

No debemos resignarnos a la pobre situación de la discusión política nacional; en gran medida, cambiar esta situación implica promover espacios de intervención del ciudadano común en el debate público. Este era el punto de vista de Dewey, de Hook y de Arendt: todos ellos intelectuales públicos que promovieron el compromiso personal con la construcción de espacios públicos como una forma de renovar la política y de combatir las manifestaciones de autoritarismo en las sociedades contemporáneas. No tiene sentido dejar el tema político en las manos de nuestra “clase política” o en las de aquellos “columnistas de opinión” que reducen la política al mero conflicto de interés dogmático / ideológico. La política involucra a todos los ciudadanos, por principio.

lunes, 16 de junio de 2014

JUSTICIA Y DESARROLLO HUMANO



Gonzalo Gamio Gehri


El concepto de “desarrollo humano” está estrechamente ligado a la reflexión ética y política. La pregunta ética “¿Cómo se ha de vivir?” está vinculada a la preocupación por la calidad de vida. Ella indaga por la orientación de nuestras prácticas sociales y modos de vida, y también nos interpela acerca de las leyes, instituciones y procesos pedagógicos que podrían promover tales actividades y elecciones. Esta interrogante pone de manifiesto una preocupación genuina por las condiciones de la vida y por las posibilidades de una vida buena.

Sin embargo, la relación entre la ética y el desarrollo no ha sido siempre objeto explícito de investigación. A lo largo de varias décadas, el desarrollo estuvo asociado a una cifra, el PBI per capita, y se le identificó exclusivamente con el crecimiento económico. Se trataba de un enfoque reductivo, que no consideraba el problema de la distribución del ingreso, ni la incorporación de dimensiones cualitativas de la calidad de vida (libertades políticas, cuestiones de justicia cultural y de género, etc.). Hace algunos años, Amartya Sen ha elaborado una interpretación más rigurosa y compleja del desarrollo humano, A su juicio, el desarrollo alude no sólo a los recursos que disponemos, sino fundamentalmente a las actividades que podemos realizar y los modos de vida que podemos elegir en el curso de nuestra existencia. El florecimiento humano es concebido como ampliación de libertades y de oportunidades para llevar una vida significativa. Martha Nussbaum ha hecho notar la inspiración aristotélica de esta idea de Sen.

Este enfoque no sólo concentra su atención en el examen de las disposiciones y habilidades de los individuos, sino también en el análisis de las condiciones externas que promueven u obstaculizan el ejercicio de estas capacidades. Nussbaum ha propuesto – en el contexto de un debate interdisciplinario e intercultural sobre los cimientos de esta perspectiva – una lista de diez capacidades que exploran áreas centrales del funcionamiento humano. Vida; salud física; integridad física; sensibilidad, imaginación, pensamiento; afiliación; emociones; razón práctica / agencia; otras especies; ocio y juego; control sobre el entorno. La autora sostiene que toda sociedad que aspira a percibirse como “justa” y “libre” tendría que ofrecer las condiciones legales, políticas y sociales para que estas capacidades puedan cultivarse en espacios concretos. En este sentido, el enfoque de las capacidades converge con el enfoque de derechos. Los debates constitucionales y las políticas públicas habrían de orientarse a crear un marco institucional de cara al cual los agentes puedan elegir cómo poner en ejercicio tales capacidades (pasar de las “capacidades” a los “funcionamientos”, en términos de Sen).

El enfoque de las capacidades es universalista y pretende edificar una teoría de la justicia y de la realización humana. Determinadas prácticas culturales o arreglos sociales que bloquean o mutilan alguna de las capacidades centrales son considerados intrínsecamente injustos. El desarrollo de cada capacidad implica el derecho de adquirirla, así como la posibilidad de contar con los espacios sociales para desplegarla. Se destaca la relevancia de la razón práctica – la capacidad de evaluar críticamente nuestros sistemas de creencias y de elegir razonadamente nuestros planes de vida – y la afiliación como disposiciones fundamentales para esclarecer y reivindicar esta conexión sustancial entre capacidades y derechos. De esta forma, la visión del desarrollo humano que examinamos pretende introducir nuevos elementos de juicio en los debates actuales sobre derechos humanos y justicia intercultural.

 (Publicado el 16 de junio en Punto Edu)





[1] Doctor en Filosofía. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP.

viernes, 13 de junio de 2014

ESQUEMA SOBRE LIBERALISMO, POLÍTICA Y RELIGIÓN.







Gonzalo Gamio Gehri

1.-  SOCIEDAD LIBERAL Y RELIGIONES

     -   El liberalismo propone la necesidad de un Estado que permanezca imparcial frente a los  credos que cultivan los miembros de la sociedad. Experiencia del integrismo y de las guerras religiosas.
      -  Debe garantizar el derecho a la vida, a la libertad de conciencia y a la propiedad de sus ciudadanos. -El conjunto de principios que rige la estructura básica de la sociedad– no proviene de un orden divino, sino de la deliberación y la elección de los individuos.
        - El enfoque liberal es compatible con el proceso de secularización,  el reconocimiento de la autonomía de lo temporal
        - El Estado debe declararse neutral en materia religiosa y de visión del mundo.
         - Busca asegurar tres bienes en un contexto social de  ‘pluralismo razonable’: a) libertad religiosa; b) igualdad; c) permitir la participación de las diversas perspectivas espirituales en la construcción de proyectos comunes que la sociedad se traza en cuanto entidad propiamente política.
        - En un régimen democrático, las personas son libres para decidir creer en tal o cual visión de la divinidad o la trascendencia, o no tener creencias religiosas.
        - La búsqueda de la verdad no constituye una meta para el Estado moderno, su meta concreta es la justicia, la forja de la coexistencia social basada en la observancia de principios, normas e instituciones elegidas razonablemente por los involucrados.
        - El Estado no debe pronunciarse acerca de la validez de las convicciones religiosas o cosmovisionales de sus ciudadanos,  debe ofrecer espacios autónomos – no estatales - para que el agente discuta y discierna su propio camino espiritual.
        - Los espacios religiosos no son espacios “privados”.

2.- LIBERALISMO Y VIDA EXAMINADA

        - Un modo de pensar y de vivir fundado en el cuidado de la crítica y en la evaluación permanente de las propias creencias  (Amartya Sen / Martha C. Nussbaum)..
        - Esa actitud pretende alejar el fantasma del integrismo del propio juicio y carácter, y construir una disposición vital hacia el diálogo y el intercambio de argumentos.
        -  "Tener convicciones es algo admirable”, “pero también lo es no estar demasiado seguro de ellas” (Michael Walzer).
        - Falibilismo.

3.-  ESPACIOS DELIBERATIVOS Y PLURALISMO RAZONABLE

        - Sociedad civil: las universidades, los sindicatos, los colegios profesionales, las ONGs, los grupos de reflexión, las comunidades religiosas, etc.
        - Los espacios institucionales del Estado no constituyen lugares para la discusión o la difusión de creencias religiosas o de visión del mundo. Los lugares que dispone el Estado restringen su uso a actividades que entrañan el cuidado o el logro del bien público.
        - El Estado tampoco puede asumir un compromiso institucional con una concepción cientificista de lo real sin atentar contra el principio de igualdad en materia religiosa y de visión de mundo. La imparcialidad frente a los credos e ideologías es una cuestión política, no epistémica.
        - Idea de “pluralismo razonable” (Rawls).

4.-  ESTIPULACIÓN LIBERAL: LENGUAJE POLÍTICO Y RELIGIÓN

        - Idea de Rawls de “religiones razonables”, religiones que reconocen habitar un mundo diverso, y aprecian el respeto de esa diversidad sin dejar de desarrollar sus creencias, a la vez que están dispuestas a aceptar que se profesan en un escenario social y político en el que se concibe esa pluralidad desde el prisma del sistema de derechos del individuo.
       -  El espacio público ha de ser un escenario plural, abierto a quienes actúan en él desde múltiples derroteros espirituales: exigencias éticas, reivindicaciones en cuanto a identidades culturales y de género, religiones, ideologías políticas, etc.
        El lenguaje de la acción política no puede ser el de una confesión particular porque no todos los ciudadanos comparten esas creencias o aceptarían traducir sus vindicaciones de derechos e invocaciones a la justicia (o a la libertad individual) en términos religiosos.
        No obstante, es posible que la motivación y el esfuerzo por la afirmación de los derechos o la vindicación de la justicia tenga una matriz originariamente  religiosa o espiritual.
        Es el caso de la lucha por los derechos civiles que emprendió Martin Luther King en los años sesenta, o la intensa influencia de la teología de la liberación en los movimientos de derechos humanos y a favor de la reconstrucción de la memoria histórica en la región.
        Estos movimientos tradujeron sus alegatos originales al lenguaje de los derechos y de la justicia pública – y acogieron la voz de un alto número de no creyentes, así de militantes de otras denominaciones -, sin abandonar esa fuente espiritual.
        Este proceso de configuración del discurso público es denominado estipulación en los escritos de John Rawls sobre la cultura política democrática. Esta clase de trabajo tiene lugar tanto en el debate cívico como en la edificación de los principios del orden constitucional.
        Martin Luther King en el Lincoln Memorial.
        Las palabras de King van más allá de sus contextos originarios y de su audiencia inicial y contribuyen a crear o a consolidar una cultura política. En este como en otros casos, el mensaje religioso aporta su profundidad y su gran potencial para la cohesión y la movilización social a una poderosa causa moral y política por la liberación de grupos oprimidos.

5.- PLURALISMO LIBERAL: JUSTICIA Y RAZÓN PÚBLICA


        El orden público propio de una sociedad democrática y liberal está cimentado en lo que John Rawls describe como una concepción política de la justicia, una perspectiva en torno a la conducción del gobierno, la edificación de la ley y el diseño de instituciones basada en la idea de la libertad y la igualdad de todas las personas. Dicha idea es fruto del consenso traslapado de diversas doctrinas comprensivas (doctrinas que versan acerca del sentido general de la vida humana) en el marco de una situación de ‘pluralismo razonable’.
—       Para los propósitos de la razón pública – el tipo de argumentación que cimenta la estructura de la sociedad y el debate político -  lo políticamente relevante es que abonan el terreno para la construcción de la noción liberal de ciudadanía.
—       Estas doctrinas generan una suerte de “núcleo político” que cimenta la concepción de la justicia.
—       los compromisos extrapolíticos de tales visiones del mundo y la vida son tema de reflexión y discusión fuera de los márgenes del sistema político, en las diversas instituciones de la sociedad civil. 

jueves, 5 de junio de 2014

SOBRE MEMORIA, RECONCILIACIÓN Y CRISTIANISMO




Gonzalo Gamio Gehri


El compromiso que guarda la fe católica con la memoria está fuera de discusión. En Semana Santa esto se pone particularmente de manifiesto. La propia Misa constituye un acto de rememoración del magisterio, pasión y muerte de Jesús. La lectura del Evangelio busca actualizar el mensaje de Jesús, rescatar su sentido, e invitar a los creyentes a hacerlo carne en los contextos de la vida ordinaria. La Eucaristía pretende re-vivir los misterios del Pan y el Vino, recreando la última cena a petición del propio Jesús, si tomamos en cuenta lo señalado en la Escritura. Se trata no sólo de un acto de rememoración de la historia sagrada, o de un ejercicio de hermenéutica bíblica, sino también del re-cuerdo del sufrimiento de un ser humano  inocente. Efectivamente, evocamos el sacrificio de un hombre que fue condenado a muerte acusado de hereje, siendo víctima de una muerte cruel fuera de los límites de la comunidad a la que pertenecía. La Iglesia re-cuerda un acto injusto y llama la atención sobre él de diferentes formas.

Este acto de memoria tiene una clara intención ética. Centra su atención en el reconocimiento de la violencia, allí donde ésta se practique, con ánimo de combatirla con las herramientas del amor y de la justicia. Esta clase de trabajo requiere del necesario concurso de la memoria. La Iglesia Católica lo ha reconocido así en repetidas oportunidades a partir de múltiples documentos; como la  intensa exhortación de Juan Pablo II Reconciliatio et paenitentia y el estudio de la Comisión Teológica Internacional Memoria y reconciliación. Desde el horizonte del Concilio Vaticano II han surgido diferentes formas de teología política centradas en el hecho del sufrimiento del inocente: es el caso de J. B. Metz y G. Gutiérrez. Se trata de enfoques que concentran su atención en los débiles y las víctimas – los pobres, las mujeres, los extranjeros – como ‘sujeto’ de la historia. Mientras las filosofías de la historia que la moderna tradición occidental tiene a veces por “canónicas” identifican la fuente de sentido de la historia en el Estado (Hegel), la sociedad civil (Marx), los héroes (Carlyle), los conflictos de poder (Foucault), el pensamiento judeo-cristiano se ocupa de aquellos que las “historias oficiales” consideran insignificantes. La teología política cristiana,, sostiene Metz, “nos obliga  a contemplar el theatrum mundi no sólo partiendo de quienes han logrado sus objetivos, sino también desde el punto de vista de los vencidos y de las víctimas”[1].Esta perspectiva a veces ha sido descrita como “contra-histórica” o “antihistórica”.

Esta clase de reflexiones y disposiciones pondrían de manifiesto una determinada actitud – como hemos visto, planteada tanto en el Evangelio como en el Magisterio de la Iglesia como en algunos desarrollos importantes de la teología política – frente a la vivencia de la violencia y de la injusticia: asumir la perspectiva de las víctimas, reconocer el daño e intentar revertir recurriendo al ágape y los instrumentos de la justicia. Esta clase de modos de actuar honran a un Dios que pide misericordia antes que sacrificios. “ Si vas, pues, a presentar una ofrenda al altar”, dice la Escritura, “y  allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda” (Mateo 5: 23 - 24). La reconciliación y la reparación del daño en el ámbito de las relaciones humanas cotidianas constituyen una condición para el establecimiento de una relación armónica con lo divino.





[1] Metz, J.B. ”El futuro a la luz de la Pasión” en: Concilium N° 76 (junio 72) p. 321.

sábado, 31 de mayo de 2014

ESQUEMA SOBRE POLÍTICA, SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y JUSTICIA






Gonzalo Gamio Gehri

I.- DEMOCRACIA
}  Tomar distancia del concepto de democracia basado en la etimología (Démos / Krátos) [1].
}  “Pueblo” es una categoría equívoca (se la interpreta en términos de unanimidad).
}  Todos los tiranos han sido en su momento “populares”.
}  Una forma de vida política que atiende a la distribución del poder.

1. Herencia liberal
}   Sistema de derechos universales.
}  Mecanismos de representación política.
}  Separación de poderes al interior del Estado.
}   Fronteras  institucionales: Estado / Mercado / Iglesias / Universidades / Sociedad civil.
}  Secularización de la política.

2. Herencia clásica.
}   Noción de ciudadanía como agencia política.
}   Participación del ciudadano en la cosa pública.
}   Autogobierno como una forma de defender derechos.
}   Espacios de la sociedad civil y partidos políticos como potenciales espacios públicos.

2.- DOS MODOS DE INJUSTICIA.
}  Injusticias y fatalidades.
}  Dos modos de injusticia (Cicerón / J. Shklar):
}  Injusticia activa: cuando lesionamos la ley o atentamos contra los derechos de nuestros conciudadanos.
}  Injusticia pasiva: cuando un tercero atenta contra la ley y nosotros - por indiferencia, pereza o complicidad – preferimos mirar hacia otro lado.
}  Idea de injusticia pasiva (Cicerón / Judith Shklar).
}  Categoría cívica fundamental.
}  La ausencia de compromiso cívico refuerza las actitudes autoritarias (Tocqueville).
}  La tesis de la “servidumbre voluntaria” (La Boetie).
}  Idea antidemocrática de las “instituciones tutelares”.
}  Tema de la indolencia frente al dolor de las víctimas. Incapacidad de ponerse en el lugar del otro.

3.- MEMORIA Y JUSTICIA
}  Cultura de derechos humanos e Idea de justicia transicional:
}  Forma de investigación y acción política que tiene lugar en procesos de recuperación de la democracia (“transiciones”).
}  Revisión del pasado violento o autoritario como condición para la recuperación de la paz o del orden constitucional.
}  Proceso de carácter público: supone la contrastación de testimonios e interpretaciones en torno a la violencia vivida. La voz de las víctimas tiene prioridad.
}  Memoria es una actividad hermenéutica que hace visible lo invisible (Reyes Mate).
}  El fin de la memoria es hacer justicia. Restituir a la víctima su condición de ciudadano.





[1] Notas para la conferencia dictada en abril en el Diálogo Parlamento transparente y lucha contra la corrupción en el Perú, organizado por Transparencia en coordinación con USAID y el Congreso de la República.  

domingo, 25 de mayo de 2014

SOCIEDAD CIVIL Y BIENES COMUNES






Gonzalo Gamio Gehri

Suele suponerse que el debate y la configuración de las cuestiones relativas al bien público – líneas de gobierno, ley y legislación, edificación de instituciones – corresponden al sistema político, el Estado y los partidos que compiten por convertirse en alternativas de gobierno o de labor legislativa. Nos referimos a asuntos (y bienes específicos) que apelan a la sociedad en términos de una entidad política común. La discusión en torno a la agenda pública y la toma de decisiones recaen por supuesto en nuestros representantes y en los militantes de las organizaciones políticas, pero los ciudadanos podemos participar en estas actividades desde otros lugares, como las instituciones de la sociedad civil.

Ciudadanos que no mantienen membrecía en un movimiento político puntual pueden intervenir en la conversación política o fiscalizar a sus autoridades desde los espacios abiertos en universidades, colegios profesionales, sindicatos, comunidades religiosas, gremios, grupos de reflexión, ONGs, etc., espacios externos al sistema político que median entre las personas y el Estado, y que pueden convertirse en foros para la forja del juicio ciudadano. Problemas como la corrupción o la defensa de derechos básicos pueden ser abordados desde estos foros, y traducirse en iniciativas que pueden traducirse – a través de los canales legales – en políticas concretas.

Difícilmente podríamos imaginar el movimiento de las ideas en el país sin la investigación y la discusión crítica al interior de las universidades, o la vindicación de derechos sociales sin las organizaciones de trabajadores y los movimientos feministas, sólo por poner tres  ejemplos. Lo mismo podemos decir sobre la defensa de derechos humanos y las políticas de educación intercultural desde la acción de organizaciones sociales y los movimientos de derechos humanos. Y podemos citar otros casos. Estos escenarios pueden abrirse a la intervención de ciudadanos independientes, o potenciarse otros lugares para este fin. Una democracia requiere de partidos políticos sólidos – de los que adolece nuestro país desde hace tiempo -, pero también exige contar con una sociedad civil plural organizada y diversa, que permita el planteamiento y la contrastación del juicio cívico. A mbos constituyen espacios para la acción y la deliberación común.


miércoles, 21 de mayo de 2014

REFLEXIONES SOBRE EL CORAJE CÍVICO








Gonzalo Gamio Gehri

La situación del país en materia de corrupción constituye una fuente de inquietud entre los ciudadanos. Lo que viene sucediendo en Ancash y en otras regiones del país es grave: autoridades que se benefician económica y políticamente desde el ejercicio del poder, hostilizando o incluso lesionando a sus potenciales opositores, estableciendo alianzas con congresistas y periodistas en virtud de negociaciones en la sombra. El recurso al espionaje y a los servicios de sicarios para eliminar obstáculos en el camino de ciertos representantes regionales se ha convertido en un signo bastante claro de que algo se pudre desde hace tiempo en la política peruana.

Estas circunstancias ponen de manifiesto de que la corrupción es un fenómeno con el que no se puede convivir sin generar graves peligros contra el sistema de derechos. Ella prospera en tiempos de autoritarismo, y lo alimenta en todos los niveles. La corrupción es un fenómeno ciertamente complejo, que no se agota en el uso de los bienes públicos para obtener beneficios de carácter privado. El espacio de la corrupción no es sólo el Estado. Hablamos propiamente de “corrupción” cuando reconocemos la intervención irregular de la lógica del dinero y el anhelo de poder e influencia en transacciones y actividades humanas en las que se ponen legítimamente en juego otra clase de bienes sociales y recursos. Una definición como ésta permite ampliar la descripción del fenómeno hacia contextos no públicos, y a contemplar el circuito completo, incorporando la figura del corruptor y el corrupto en todos sus escenarios.

La concentración de poder en pocas manos en diversos espacios (Estado, sindicatos, etc.), y  la ausencia de fiscalización efectiva propician el surgimiento de la corrupción. La corrupción mina los vínculos de confianza y pertenencia que requieren las instituciones para sostenerse y funcionar. La fe en la transparencia de las transacciones humanas básicas se va debilitando hasta desaparecer por completo. La cultura de la impunidad  refuerza la conducta corrupta (y corruptora) y desmoraliza al ciudadano. Aquí se hace significativa la noción de “injusticia pasiva” tal como ha sido discutida por Judith N. Shklar en diálogo con la obra de Cicerón y de Giotto. Actuamos de manera ‘pasivamente injusta’ en tanto  cuando un tercero atenta contra la ley y nosotros - por indiferencia, pereza o cobardía – preferimos mirar hacia otro lado. Nos comportamos como súbditos.

Conjuramos la corrupción con instituciones sólidas, con los filtros adecuados y con una práctica cotidiana de rendición de cuentas. No obstante, ninguna de estas condiciones se configura sin acción y vigilancia ciudadana. La corrupción no prospera sin injusticia pasiva. Requerimos ciudadanos dispuestos a considerar la corrupción como una injusticia inaceptable. Que puedan actuar desde los espacios que brindan el sistema político y las instituciones de la sociedad civil. Se trata de escenarios en los que los ciudadanos puedan construir consensos o expresar disensos sobre temas de interés común, y generar formas de vigilancia respecto de la conducta de las autoridades, , que finalmente administran el poder por encargo de los ciudadanos y tienen que responder ante ellos en materia de eficacia, probidad y calidad de la gestión.
 
El conocimiento de la ley, la conciencia del propio derecho a la praxis cívica y la fiscalización de las autoridades constituyen recursos importantes para el control democrático y la defensa de la ética pública. Nada de esto se logra sin coraje cívico, el valor que mueve a los agentes políticos a llamar las cosas por su nombre y a confrontar a las autoridades elegidas que exceden sus potestades y vulneran la ley. Hoy, la hija de un opositor al hasta hace poco mandamás de Ancash pone el ejemplo. Quiere reivindicar la figura de su padre asesinado en oscuras circunstancias y enfrentar a quienes podrían haber propiciado tal delito – un hecho que tiene valor -, pero, aún movida por el dolor, no teme enfrentarse a un poder superior a sus fuerzas. No es la única que se atreve a denunciar la injusticia, ante la incomodidad de un sector de nuestra “clase dirigente”. Hay que quebrar esa lamentable tolerancia a la corrupción que le otorga una aureola de invulnerabilidad a los corruptos.  

(Una versión corregida y ampliada de este texto aparecerá en Ideele).