UNA BREVE NOTA SOBRE POLÍTICA Y ESTIGMATIZACIÓN IDEOLÓGICA
Gonzalo Gamio
Gehri
Últimamente un sector
dominante de la autodenominada “clase
política” y buena parte de los medios de comunicación han ido difundiendo un
discurso plano y monocorde, bastante caricaturesco: la raíz de los grandes problemas del país es fundamentalmente
de naturaleza 'ideológica'. No es la pobreza, la exclusión social y política, la fragilidad del sistema político, la presencia del tráfico de drogas en la política, la seguridad interna o el imperio de la corrupción. Es un sistema de ideas que habría causado mucho daño a través de sus militantes y usuarios intelectuales. Un grupo de gente ha intentado erosionar el mercado
libre – el reducto último de la racionalidad y de la distribución justa de los
bienes sociales -, ha promovido el colectivismo y el odio en todas sus formas.
Sí, para estos personajes, la izquierda
habría impedido sistemáticamente el camino del Perú en la senda del progreso.
Algunos columnistas,
movilizados por un gran entusiasmo, han recomendado la lectura obligatoria en
los centros educativos de un reciente best
seller con el objetivo de combatir la proliferación de esa suerte de
perturbación intelectual o enfermedad del espíritu. Unos cuantos datos
susceptibles de debate y algunas ironías parecen ser suficientes para refutar a
las izquierdas ideológicas: allí hay probablemente un tema de discusión conceptual no del todo examinado. He leído algunos artículos en portales de opinión en los que se destaca la figura de
Donald Trump y Marine Le Pen como políticos ejemplares, de “buena línea” - pese a esgrimir un programa racista e intolerante -, sin
enfrentar mayores críticas de los lectores, pero en los que se condena la
agenda secular o no-religiosa de un sector de la izquierda peruana en temas de educación y derechos individuales. Increíble. Un macartismo realmente delirante se cultiva en aquellos espacios. Se percibe
un auténtico espíritu de ortodoxia que se organiza buscando herejes. Estos personajes se han dedicado a la empresa antiliberal de extirpar idolatrías.
Ese tipo de actividades degradan el debate público y envilecen la política. De hecho, minan la configuración de una opinión pública rigurosa, que es fundamental para la democracia. Resulta claro que la caricaturización se cultiva por los diversos frentes del espectro político, pero hoy existe una estrategia de demolición bastante identificable contra cualquiera que no comparta cierto imaginario conservador en política y mercantilista en economía (necesidad de "mano dura", "instituciones tutelares", omnipotencia del mercado, silencio oficial en temas de DDHH, etc.). Creo que con frecuencia
los grupos de izquierda han alimentado esta caricatura y se han prestado a esta
clase de simplificaciones, gracias a su irresponsabilidad, su escasa capacidad
para repensarse a la luz de los sucesos de 1989, entre otros errores de diversa
índole. El panorama presente es elocuente. Unas organizaciones de izquierda desunidas,
divididas en torno a su valoración de la democracia, alejadas de las bases
populares que otrora ayudaron a movilizar y a cohesionar. He señalado más de
una vez aquí que la democracia peruana requiere de una derecha y de una
izquierda liberales, respetuosas del Estado de derecho, el pluralismo y de los
principios de justicia y del desarrollo humano. Por ello me molesta la
caricatura que los numerosos censores mediáticos - que escriben desde esa prensa que sólo
reconoce cinco candidatos en la contienda electoral - hacen de la izquierda
como un círculo de “retrógrados”, “dogmáticos” y “comechados”, que constituye
el corazón de aquel mensaje recurrente ¿Qué ha pasado en el Perú de estos años
para que estos calificativos insultantes puedan pasar como ‘análisis político’ en los
diarios, en la radio y en la TV?
Me preocupa también que
se ignore la amplia gama de las “izquierdas” y se omita toda referencia a sus
profundas divergencias de ideas y proyectos políticos. Para ellos, todas son lo mismo. Desde las diferentes
formas de marxismo hasta la socialdemocracia y los defensores de la democracia
deliberativa. Desde los que cuestionan la economía de mercado hasta los que
intentan articular los principios del liberalismo político con la preocupación
pública por los derechos vinculados a la identidad de género y cultura, y el
respeto de la naturaleza. Esas izquierdas liberales no son teóricamente
marxistas ni plantean una estrategia revolucionaria en un sentido ortodoco,
pero son reiteradamente estigmatizadas como "comunistas camuflados", “extremistas”, o incluso como
“filoterroristas”. Para esos “críticos” importa poco que esas etiquetas sean
absolutamente falsas y enmascaradoras. El asunto es que la estigmatización sea
“política” y “mediáticamente” eficaz. La idea de que los problemas del Perú son cuestiones de doctrina es obviamente ridículo. Los bullies ideológicos conservnadores asumen dogmáticamente la convicción de que, una vez erradicada la izquierda política, la comunidad podrá convertirse en una sociedad libre y próspera; ciertamente, así pensaban los extirpadores de herejías respecto del futuro de las naciones de la cristiandad en los terribles tiempos de la inquisición.
Tampoco importa que
muchos de los juicios históricos que emiten los “censores” políticos y
mediáticos sean falsos o no hagan referencia a hechos relevantes. No importa que
las izquierdas hayan tenido un rol significativo en las luchas por la defensa
de derechos sociales – junto a otras fuerzas políticas, es cierto -, o que
durante el conflicto armado interno, entre los miles de mártires de la
violencia terrorista, encontremos a numerosos militantes de izquierda. Esta
corriente de opinión de tonalidades macartistas está elaborando una burda
historieta acerca de nuestra etapa republicana. Es preciso recordar que – si lo
que queremos es edificar una sociedad políticamente seria -, nada positivo
puede ser construido sobre la base de la simplificación. En lugar de postular
una narración política maniquea y sin matices, es preciso pensarnos como una
sociedad en la que diversas voces ideológicas puedan encontrar espacios para
expresar sus ideas y polemizar en un marco de libertad y respeto.