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lunes, 20 de junio de 2016

LAS VISCISITUDES DE LA VIDA







Gonzalo Gamio Gehri

Lo he dicho varias veces, me interesan las películas  - y en general las historias – en las que las contingencias de la vida desafían las acciones, los anhelos y los pensamientos de los individuos. Ayer ví fortuitamente Love, Rosie (2014) Basada en el libro de Cecilia Ahern Donde termina el Arco Iris (2994). Más allá de la calidad de la película – que me ha parecido aceptable – me conmovió la trama, me llevó a pensar con detenimiento los conflictos de la vida. Alex y Rosie son, la mayor parte de sus vidas, los mejores amigos; ambos guardan dentro de sí un profundo amor por el otro. Sin embargo, la vida los zarandea con singular saña. Viven en el Reino Unido, pero una beca en Harvard lleva a Alex a un mundo completamente diferente, conociendo a otras personas y siguiendo otros proyectos. Ella se convierte en madre y la vida la lleva por otros rumbos. Pero con el paso de los años los sucesivos encuentros logran que los sentimientos recíprocos no lleguen a diluirse del todo. Las decisiones que toman (y las ausencias que provocan) dejan una profunda huella en ambos.

La película nos recuerda – una y otra vez – la importancia de cuidar el bien de las personas que cuentan en la vida, aquellas que echas en falta en situaciones difíciles o aquellas con las que quieres compartir (y comunicar en primera instancia) tus victorias en la vida, así como manifestar tus fracasos y pesares. Para Aristóteles, eso es estríctamente la philía, cuidar el bien de las personas que te importan. Cuidar la philía es un verdadero desafío, complicado, porque es un desafío vulnerable a las vicisitudes de la vida, así como evidentemente frágil frente a la incomprensión, la ira y el dolor de los propios individuos. 

Pero el carácter y el juicio de las personas son frágiles. Alex y Rosie se alejan el uno del otro, el tiempo y la distancia conspiran contra el vínculo que tienen (y valoran). Pierden seres queridos, cometen errores el uno con el otro, se ausentan en momentos en los que su presencia resulta verdaderamente esencial. Se hieren mutuamente. Curiosamente, la misteriosa tyché echa sus cartas y esa distancia no termina de cuajar. La agonía de la ausencia no tiene la última palabra. La historia recuerda a One day (2011) y a Flipped (2009). La trama tiene la virtud de mostrar la vulnerabilidad de la vida de las personas, así como la delicadeza y el  cuidado que requieren los lazos de genuino afecto entre los seres humanos.








domingo, 20 de abril de 2014

CAPTURAR EL INSTANTE: LA IMPORTANCIA DE LOS VÍNCULOS







Gonzalo Gamio Gehri

La Semana Santa es una festividad de nos brinda la oportunidad de recordar la importancia de los vínculos humanos, los vínculos que brindan un significado a la vida. Son los vínculos con las personas, y no con las cosas (incluidas el dinero y el poder) lo que constituye fuente de sentido. El cristianismo es una religión de amor y de justicia, que encuentra el horizonte de sentido en las conexiones más profundas entre los seres humanos.

Estuve viendo nuevamente Meet Joe Black  (1998) y la película me situó de manera imprevista en esa tensión extraña entre finitud y trascendencia. William Parrish es un hombre mayor y un empresario próspero que sabe que morirá esa noche, la noche de su cumpleaños. La muerte está a su lado. Ella ha tomado provisionalmente el cuerpo de un muchacho, porque ha decidido transitar furtivamente por el mundo de los seres humanos, pero ha llegado la hora de partir. Ha conocido el amor de una manera que no había podido prever, pero ha llegado el último día de su estancia mundana. Los dos contemplan maravillados los juegos pirotécnicos que iluminan el cielo, como el último instante de su viaje por la tierra. Intentar retener el instante, coomo en el Fausto. Ambos coinciden en que soltar la vida es el acto más difícil.

William ha tratado de dejar sus cosas en orden, hablando con las personas que más quiere. Dos cuestiones fundamentales animan sus acciones. Sabe que su existencia está llegando a su fin – al menos tal y como él la conoce – y siente que debe despedirse, y que acaso debe hacerlo cara a cara. La muerte está a la vuelta de la esquina. Decir lo que tiene que decir, dejar muy en claro cuánto quiso a las personas que quiso, para darle un poco de paz a su corazón y a sus seres queridos, aunque ellos no sepan que no lo volverán a ver. Es un acto de amor, a su juicio. El otro asunto es el de la enorme importancia de los vínculos sustanciales – amor y amistad – en la vida. Son lo que le ha dado sentido a su existencia, y eso es finalmente se llevará allí adonde vaya. No es su empresa, ni el dinero, ni el prestigio ni el bullicio de la fiesta lo que se llevará consigo. Es el amor – en todas sus manifestaciones auténticas – que se ha podido entregar y recibir. Nada más. El cariño de la gente que merece la pena y que habita sus pensamientos. Lo sabe perfectamente. Por eso mirar por última vez a las personas que le importan y dirigirles una palabra es a la vez un acto de afecto y de justicia. Constituye un esfuerzo final por darle a cada persona y a cada cosa el lugar que le corresponde en el complejo torrente de la vida. Por eso es importante cuidar los vínculos. Porque sólo podemos identificar la trama del curso de la propia existencia, como sugiere la Ética a Nicómaco,  cuando ésta está por concluir.

Se trata de una situación aleccionadora y profundamente conmovedora, en clave religiosa o en clave existencial. La vida puede ser flor de un día, como esos fuegos artificiales que contemplan – atónitos – ambos personajes. Bill Parrish lo sabe bien, pues ha sido el tema central del discurso de agradecimiento que pronunció antes de soplar sobre sus sesenta y cinco velas. Esos años han sido sólo un suspiro para él. No sabemos si trascenderemos, pero al menos es posible discernir qué tiene sentido y qué no. Los sentimientos realmente humanos parecen tener la respuesta, pues ellos te humanizan. Donde está tu corazón, está tu verdadero tesoro.



domingo, 23 de febrero de 2014

“BEFORE MIDNIGHT”






Gonzalo Gamio Gehri

Considero que las tres películas promovidas por el  director Richard Linklater y los actores Julie Delpy y Ethan Hawke – Before Sunrise, Before Sunset y Before  Midnight -, se cuentan entre los esfuerzos cinematográficos más serios por examinar el amor y decir algo sensato acerca del misterioso velo que envuelve las relaciones humanas. Han pasado nueve años desde los eventos narrados en la película anterior. Jesse se ha convertido en un escritor importante, se ha divorciado y vive con Celine, la muchacha que conoció en el tren a Viena y que no pudo olvidar. Tienen dos niñas, y Jesse acaba de despedirse de su hijo de catorce años que vive en los Estados Unidos, situación que lo atormenta. Están pasando una temporada en Grecia, donde él escribe una nueva novela. Él quisiera volver a Estados Unidos. Ella debe considerar la posibilidad de aceptar una oferta de trabajo del Estado francés. Sus proyectos parecen confrontarse. Por una vez, la fortuna  – aparentemente – no les es propicia.

Esta película reafirma lo bosquejado en los anteriores episodios de la historia, a saber, que el lugar del verdadero amor – pero también del auténtico conflicto interhumano – es la conversación. Es allí donde llegamos a conocer y amar a las personas. En llos filmes anteriores, cuando los protagonistas hablaban, el espectador podía pensar que efectivamente dos seres humanos estaban realmente comunicándose entre sí.  Jesse y Celine no saben con certeza si se han perdido el uno al otro, o si al otro le interesa realmente recuperarlo, volver a verse en sentido real. El silencio a veces duele, y también la indiferencia. En uno de los pasajes de la cinta (uno de los más interesantes, en el que varias personas discuten sobre el amor como parte de un almuerzo en el Peloponeso), una mujer mayor, que ha perdido al hombre que amaba tiempo atrás, comenta que cada día intenta recodar sus facciones hasta los detalles. Sin embargo, al caer la tarde la imagen inexorablemente se difumina hasta desaparecer por completo. La mujer dice que llegó a comprender que eso somos, que siempre estamos “pasando”, entrando y saliendo de otras vidas, y finalmente saliendo de la propia vida, dejando de existir. Al final de la intervención de esta señora, todos brindan por el misterio de la finitud que ella acababa de invocar. No sabemos si los comensales entienden a cabalidad aquello que celebran con una copa de vino. Sea como fuere, Celine y Jesse tendrán que decidir si, después de años de tantas conversaciones y silencios prolongados, de echarse de menos y de padecer ausencias, y de tantas cosas compartidas, están dispuestos a salir de la vida del otro, y finalizar su historia.

El amor, la verdadera comunicación entre personas que se quieren, pero también el dolor frente a la ausencia del otro y sus silencios, la incertidumbre y la frustración ante latarea de narrar lúcidamente una historia compartida, son elementos de la vida que la película explora con genuina sutileza y profundidad. Uno siente que la obra tiene la capacidad de aplicar un zoom sobre ciertos detalles de la vida cotidiana realmente importantes para las personas. Linklater, Delpy y Hawke dan en el clavo cuando se trata del amor, la nostalgia y el temor a perder a quienes se ama. Y, como en la historia de la vida, el final queda abierto, misterioso. No imagino un juicio más favorable para una película que pretende aproximarse a los seres humanos, tocar el secreto de nuestras vidas. Merece la pena desde todo punto de vista.



viernes, 16 de noviembre de 2012

APUNTES ACERCA DE IDENTIDAD CULTURAL Y RAZÓN PRÁCTICA




IDENTIDAD CULTURAL Y RAZÓN PRÁCTICA

ESQUEMA





Gonzalo Gamio Gehri



I.- INTRODUCCIÓN

1.- La relación entre identidad cultural y razón práctica es problemática.

- Tensión entre descubrimiento y construcción.
- Noús praktikós es una categoría aristotélica. Capacidad de deliberación y la elección de la acción y del modo de vida.
- Deliberamos siempre desde una situación que sólo parcialmente hemos configurado. Esta tesis relativiza la idea de la “planificación de la vida”.
- Discernimiento pero también vulnerabilidad.

2.- ¿Cuánto aportan los contextos y cuánto la deliberación a la construcción del sentido del yo?
- Amin Maalouf / H. Arendt.
3.- Otros significativos / horizonte (Taylor).
4.- El lugar de la razón práctica en la lista de capacidades (Nussbaum).
- Si el desarrollo humano consiste en la ampliación de libertades, la razón práctica tiene una relevancia enorme.

II.-  LA LIBERTAD CULTURAL EN IDENTIDAD Y VIOLENCIA

1.- “La ilusión del destino”.

- Identidad singular que no admite elección.
- La presuposición de que la identidad se define en primera instancia desde la pertenencia cultural o la militancia religiosa, de modo que éstas imponen al yo determinados propósitos que el individuo no puede cuestionar o desafiar sin traicionarse a sí mismo.
- Potencia la división de las personas entre “nosotros” y “ellos” (y entre “amigos” y “enemigos”) por razones de filiación comunitaria o confesional.


2.- La crítica a la tesis del choque de civilizaciones.

 - Retroalimentación entre la alta cultura y la baja política.

3.- Pluralidad de identidades y vínculos de pertenencia.

- La primera condición para cuestionar la ilusión del destino es el reconocimiento de la pluralidad de dimensiones de la identidad y la variedad de vínculos posibles (género, sexualidad, origen geográfico, clase social, oficio, profesión, compromisos políticos, literarios, y un largo etcétera.).
- Nuestra identidad  no puede ser definida unidimensionalmente – a partir, por ejemplo, de la pertenencia cultural, nacional y religiosa -, sin experimentar alguna clase de mutilación espiritual.

4.- Agencia y jerarquía identitaria.

- Sen apuesta porque el individuo pueda encontrar, dentro de las limitaciones que los contextos le imponen, espacios de deliberación y libertad que le permitan elegir ordenar – en términos de una narrativa compleja – la jerarquía de lealtades que le permitan describir y orientar razonablemente el curso de su vida, sus compromisos y conflictos.

5.- Libertad cultural y multiculturalismos.

-         Esta peculiar vindicación de la razón prácticaimplica el ejercicio de la libertad cultural, ale decir, la capacidad de suscribir los sistemas de creencias y valores vigentes, resignificarlos a través de la crítica, o incluso abandonarlos en nombre de otros ethe.
-         La diversidad cultural no constituye un valor en sí mismo. Es valiosa en la medida en que es compatible con la elección.
-         ¿Cultura es una dimensión del contexto?
-         ¿Quién representa la cultura? (Nussbaum). Fenómeno del poder.
-         La cultura es susceptible de cambio y crítica.
-         La cultura es una “red de interlocución” (Benhabib). “Nuestra agencia consiste en la capacidad para tejer, a partir de aquellos relatos, nuestras historias individuales de vida.(…) Así como una vez que se han aprendido las reglas gramaticales de un idioma éstas no agotan nuestra capacidad para construir un número infinito de oraciones bien armadas en ese idioma, la socialización y la aculturación tampoco determinan la vida de una persona, o su capacidad para iniciar nuevas acciones y nuevos enunciados en la conversación”[1].

III.-  IDENTIDAD NARRATIVA

1.- La vida tiene la estructura de un relato (MacIntyre, Ricoeur).
    - Damos cuenta de quiénes somos a través de la elaboración de un relato que pretende dar cuenta de la totalidad de la vida (cfr. Aristóteles).
- Narrativa dramática.
 - Son relatos de contacto humano (personajes principales y secundarios).

2.- Ulises y Demódoco.

-         Tema de la anagnórisis. Se trata del reconocimiento de la identidad del personaje a partir de elementos que se des-cubren a través de sucesos no expresamente provocados por el propio agente.
-     En Odisea VIII, Ulises – de incógnito entre los reacios - se reconoce a sí mismo en el relato hilvando por el aedo ciego Demódoco.


“Eso entonces cantaba el cantor famoso. Y Odiseo tomando con sus robustas manos su gran manto purpúreo lo alzó sobre su cabeza y se cubrió sus hermosas facciones. Porque se avergonzaba de derramar sus lágrimas desde sus cejas.  Cuando cesaba su canto el divino aedo, enjugándose el llanto retiraba el manto de su cabeza  y alzando el vaso de doble copa hacía libaciones a los dioses. Pero cuando de nuevo comenzaba el aedo y le incitaban a cantar los príncipes de los reacios, puesto que se deleitaban con sus palabras, de nuevo Odiseo cubriéndose la cabeza rompía en sollozos”[2].

Habiendo percibido Alcinoo la complicada situación del extranjero, decide pedirle a Demódoco que deje de cantar. Este incidente marcó el camino de identificación de Ulises. Efectivamente, al inicio de Odisea IX Ulises revela su nombre, así como su particular posición frente a los dioses.


“Pero a ti tu ánimo te incita a preguntar por mis quejumbrosos pesares, a fin de que aún más me acongoje y solloce. ¿Qué voy a contarte al principio, y luego, y qué al final? Pues muchos pesares me infligieron los dioses del cielo. Voy ahora a decirte primero mi nombre, para que también vosotros lo conozcáis, y yo, en el futuro, si escapo al día desastroso, sea huésped vuestro aunque habite en mi hogar muy lejano”[3].


3.- La elección de un modo de vida se expresa en el relato.

- “Una vida buena es una vida que busca la vida buena”.
- Unidad de la vida a través de las crisis.

4.- ¿Somos autores o coautores de nuestra narrativa vital?

- El género literario que corresponde a la narrativa vital es la tragedia (MacIntyre).

IV.- ELECCIÓN, SITUACIÓN Y VÍNCULOS

1.- Comunidades no elegidas o asociaciones voluntarias (Walzer).
   - Sen parece sólo percibir la relevancia identitaria de la asociación voluntaria.

2.- El concepto de traditio: la capacidad de revisar críticamente el legado cultural.

3.- Distorsiones de la identidad:
   3.1. Encapsulamiento (Scott).
   3.2 . Alienación (Ribeyro).





[1] Benhabib, Seyla Las reivindicaciones de la cultura Buenos Aires, Katz 2006 pp. 44 -5 (las cursivas son mías).
[2] Odisea VIII  84 – 96.
[3] Odisea IX  12 – 8.

miércoles, 31 de octubre de 2012

MÀS QUE LA SUMA DE LAS PARTES





Gonzalo Gamio Gehri


"Fue en uno de esos atardeceres que la idea de mi padre, de que el todo es más que la suma de sus partes se movió de mi cabeza a mi corazón".

Me son particularmente gratos la literatura y el cine en los que uno puede contemplar el crecimiento interior de los personajes, allí donde el discernimiento plantea elecciones difíciles e invoca el surgimiento – a veces imprevisto – de coraje o empatía.  Flipped (2010) es una cinta sencilla y entrañable, dirigida por Rob Reiner y basada en una novela de Wendelin Van Draanen, publicada en 2007. Narra la historia de dos niños que se profesan un profundo afecto – la historia comienza cuando tienen ocho, y termina cuando tienen trece – y aprenden juntos, a través de no pocos desencuentros y conflictos, a esclarecer sus propios sentimientos.

Julie Baker es una niña de una notable lucidez. Es hija de un pintor y hermana de dos artistas en ciernes. Desde que entró al colegio, se siente enamorada de Bryce Loski – su vecino del frente -, un niño despierto y meditabundo que no está seguro de sus sentimientos hacia la niña. La película juega a presentar la misma trama y escenas a la luz de la perspectiva de cada uno de los personajes, sin perder la sencillez ni los matices de los pensamientos de dos niños, que están creciendo e intentan interpretar con agudeza su entorno y experiencias. Julie suele pasar horas enteras trepada sobre un voluminoso sicómoro desde el cual puede ver todo su vecindario; el árbol es el soilencioso acompañante de sus reflexiones sobre el amor y sobre el corazón de la gente. Está empeñada en dilucidar la existencia (o la ausencia) de una rica vida interior en sus vecinos y amigos. Ella quiere averiguar si las personas son “más que la suma de sus partes” (curiosa alusión aristotélica), si tienen un sentido de trascendencia, o si están atrapados en la frívola red de apariencias que imponen las convenciones sociales o los estándares de éxito, carisma y reconocimiento. Se siente devastada cuando se entera que deben talar el sicómoro para construir una casa en aquel lugar, y queda sumida en la tristeza cuando se da cuenta de que Bryce no la apoyará en la tarea de proteger el árbol en contra de quienes quieren derribarlo.

Esta primera decepción le permitirá tomar un poco de distancia frente a sus emociones, y a evaluar con mayor detenimiento y esmero la conducta de la gente. Es interesante cómo evoluciona su ánimo adolescente. Tiene un tío discapacitado que es objeto de burla por parte de sus compañeros de estudios, y Bryce no ha sido capaz de defenderlo cuando ella así lo esperaba. Esta clase de descuidos y desilusiones la llevan a repensar sus afectos, y a preguntarse seriamente si el muchacho será o no “más que la suma de sus partes”.  Sus flaquezas y el carácter cambiante de sus emociones la desalientan y minan su fe en él. Curiosamente, el debilitamiento del interés de la niña coincide con el incremento del afecto de Bryce, quien queda seriamente impactado con la valentía que Julie ha mostrado con ocasión de la defensa del desaparecido sicómoro. El chico contempla con desesperación cómo la niña trueca su cariño en indiferencia. Le duele mortalmente su ausencia, pero su corazón inexperto no llega a comprender del todo lo que siente. Resulta muy interesante  apreciar cómo la película recoge la incorporación de la duda y la sensación de incertidumbre en la propia reflexión de los personajes. 

La película muestra muy bien el complejo proceso de maduración del juicio adolescente, y muestra con especial clarividencia el hecho de que crecer no es fácil. Pocas cintas tienen éxito en mostrar ese aspecto de la vida. Bryce intenta recuperar la atención de la niña, y sabe que la tarea será harto difícil. Sus caminos han vuelto a cruzarse, pero en un sentido diferente al inicial. Esta vez él tiene que conquistar su cariño, y vencer los novedosos y extraños miedos que se agitan en su alma. Bryce tendrá que indagar si él mismo es más que la suma de sus partes. Debe considerar las veces en las que la perplejidad y el temor le han impedido actuar con resolución. Tal indagación tiene lugar en el intento por acercarse a Julie. Sin embargo, intuye que la respuesta a sus inquietudes y desventuras podría encontrarla en las retorcidas ramas del sicómoro.

 Flipped constituye un cálido y profundo retrato del complicado camino de autoconocimiento que emprenden las personas en la transición de la niñez a la adolescencia. La confusión, el amor y la desesperanza forman parte de la experiencia de aquella difícil etapa de la vida. Descubrirse uno mismo, empero, siempre implica encontrarse en el otro, entrar en genuino contacto otro ser humano.

jueves, 11 de octubre de 2012

ACERCA DE LA PHILÍA





Gonzalo Gamio Gehri


Los griegos consideraban que la philía encarnaba una de las formas más genuinas y profundas de vínculo humano. Se la traduce con frecuencia como “amistad”, pero abarca un conjunto de formas de conexión interhumana basadas en la experiencia compartida, el afecto y el cuidado mutuo. La amistad en sentido estricto, el amor, e incluso la conciudadanía implican el cultivo de la philía. Martha Nussbaun propone “amor” como una traducción más feliz. Y tiene razón.

Se trata del único bien humano al que Aristóteles le dedica dos libros de la Ëtica a Nicómaco; en diversos pasajes de este libro, señala que nada digno de elogio y elección puede lograrse sin philía, y que ella nos convierte en seres capaces de pensar y de actuar. Esta clase de afecto, cuidado y confianza nos permite valorar las cosas con mayor claridad y esmero, y a apreciar la compañía de las personas que tienen significado en nuestras vidas. Aristóteles por momentos sugiere que la philía implica virtud o acompaña a la virtud, y luego – con una mayor precisión – la describe como el más importante de los bienes exteriores, dado que el logro, la preservación o la pérdida de la philía dependen no solamente de la calidad de nuestras acciones, emociones y elecciones, si no que también están sujetos a la impredecible intervención de la fortuna.

Aristóteles ofrece una compleja descripción de los nudos y circunstancias de la philía. Se esfuerza por esclarecer qué tipos de philía existen, cuál es el superior, cuál el más débil. Cuántos reales philói podemos tener, cuáles son las motivaciones que nos llevan a desarrollar los vínculos de amistad. Aborda el asunto intentando extraer y formular argumentos, pero también ofrece una sutil exploración de las emociones involucradas en estos asuntos tan delicados e importantes. A pesar de que la redacción del autor suele ser árida y desapasionada – recordemos que este libro está compuesto por apuntes de clase – cuando describe el valor y la precariedad de los lazos de la  philía, la pluma de Aristóteles se torna conmovedora. Estamos hablando de vínculos y de personas amadas cuya pérdida y ausencia podrían convertir el relato de nuestra vida (para decirlo parafraseando una de las tesis de Tras la virtud de MacIntyre) en vacío e incoherente. Pensemos en el hondo dolor que produce en el alma de Orfeo la pérdida de Eurídice, o en el intenso llanto de Admeto tras la desaparición de Alcestis. Es particularmente intenso el discurso de Aristóteles acerca de por qué los lazos propios de la philía pueden romperse cuando la comunicación cede su lugar al silencio, cuando se interrumpe el diálogo o la incomprensión, los malos entendidos, la confusión y el desdén encuentran un lugar en esta clase de vínculos tan poderosos y a la vez tan frágiles. En ocasiones, la propia tyché conspira contra la supervivencia de estos lazos. En estos pasajes, Aristóteles no se ahorra lúcidas palabras para evocar el dolor, la soledad y la desesperanza que sentimos cuando creemos perder a las personas que realmente queremos. Se trata de las páginas más vívidas que el autor ha escrito acerca de las circunstancias y conflictos de la vida cotidiana (que es - finalmente - la vida que las personas comunes pugnamos por llegar a comprender).

domingo, 14 de febrero de 2010

AMISTAD, UNA CATEGORÍA CLÁSICA




Gonzalo Gamio Gehri


Los griegos – que asociaban sabiamente el florecimiento humano con la vida comunitaria y la participación en sus instituciones – consideraron que la amistad (philía) constituía un valor central para la vida buena. Es el único bien humano al que Aristóteles le dedica dos libros dentro de la Ética Nicomáquea, sugiriendo que, o es una virtud o algo que se acerca a la virtud. Ubicó luego la philía como uno de los ‘bienes exteriores’, porque está también expuesta a los vaivenes de la Fortuna. El estagirita ofrece en el texto una compleja fenomenología del vínculo de la philía, cual es su carácter, sus especies, cómo se adquiere, las razones y condiciones de su disolución, etc.

Se trata de una categoría ética compleja, que no se identifica sin más con lo que comúnmente hoy se identifica como “amistad” a secas. Se trata del vínculo que existe entre los amigos, entre los amantes que comparten una vida juntos, y entre los conciudadanos que conciben sus actividades coordinadas en términos de un proyecto compartido queaspira al logro y ejercicio de bienes comunes. Martha C. Nussbaum ha sugerido usar la expresión “amor” como una traducción más acertada de philía. No le falta razón. Es la idea de un proyecto común de vida, y no el límite sexual, lo que define su ‘naturaleza’.

¿Qué hace que dos o más personas sean philói en los diferentes contextos de la vida práctica? Aristóteles evoca tres móviles centrales. En primer lugar, el placer. No podemos hablar de la existencia de un vínculo “amistoso” en personas que apenas se frecuentan, o que apenas soportan tratarse. Deben disfrutar la compañía mutua. La conversación es una práctica compartida que resulta agradable a los philói, una práctica que tiene un curso propio y que es por sí misma horizonte de humanización. Sin embargo, el filósofo advierte que, si el placer constituye la razón de ser fundamental de la amistad, esta podría durar poco en el tiempo.

El segundo móvil es la utilidad. Para entender lo que los griegos querían decir con este concepto, debemos suavizar nuestra idea moderna de lo útil, forjada desde los esquemas de la estricta racionalidad instrumental. Se refiere al mutuo beneficio que los philói logran a lo largo de una historia compartida. No se agota en la consecución de provecho económico o social, sino también al mejoramiento de las disposiciones personales, incluidos el carácter y las habilidades de todo tipo.

El tercer móvil es la virtud. Es el más importante de todos, aunque es el que menos ha sido examinado por las obras filosóficas posteriores sobre el tema (se convirtió en un asunto prácticamente reservado a la reflexión literaria). Los philói comparten una comprensión de aquello que hace que la vida tenga sentido superior, y cuidan juntos de las excelencias (aretai) que orientan la existencia hacia su plenitud. Esta es la especie de philía que los ciudadanos cultivan cuando se comprometen con la actividad política. Deliberan en foros comunes y se movilizan juntos porque se consideran parte de una comunidad viva. Ese es el origen de la llamada “amistad cívica”.

La philía está en el corazón mismo de la comprensión clásica de la vida buena. Tal es su importancia, que el sentido del pensamiento crítico (la philosophía) – la actividad humana que Aristóteles y muchos otros consideraban la más elevada - se describe estableciendo una analogía con el tipo de vínculo humano que existe entre los verdaderos amigos.

viernes, 17 de octubre de 2008

ARISTÓTELES: CIUDADANÍA Y AMISTAD




Gonzalo Gamio Gehri


Quisiera examinar hoy brevemente el vínculo entre agencia política y amistad (philía) en ciertos textos aristotélicos que versan sobre la filosofía práctica. Aristóteles caracteriza el ejercicio de la ciudadanía ('democrática' o 'republicana'[1]) en términos de la participación de los agentes en “las funciones judiciales y en el gobierno.”[2]. Se trata de construir al interior de espacios comunicativos (como lo son precisamente el ágora y los tribunales) un destino común de vida, configurar horizontes para el cultivo de la pluralidad y del consenso: crear y recrear la comunidad. Esto no implica sentar las bases de un cuerpo colectivo homogéneo, en donde se teja tan sólo una visión incontrovertible de la vida buena. La ciudad requiere concordia – homonóia, la conciencia ciudadana de formar parte de un proyecto compartido de vida – pero la concordia no se identifica con la “igualdad de opinión”: ella más bien constituye el trasfondo desde el cual se despliega el debate político[3]. La práctica de la crítica del ethos es entre los griegos una forma de honrar y renovar el propio ethos; de hecho, constituye una práctica común en las tragedias griegas, que insisten en que las virtudes del discernimiento y la interpelación de las costumbres forma parte de las habilidades que requiere el ciudadano para contribuir con el bien común. Como señala agudamente Alasdair MacIntyre, incluso “la polis es un foro de intereses rivales”[4].

Aristóteles se refiere explícitamente a aquellos intelectuales que aspiran a convertir la comunidad en una unidad indivisa, monolítica, suscriptora de un acuerdo cerrado y general en materia de sus fines. Incluso considera que el Sócrates platónico – el personaje de la República – constituye uno de los defensores de esta estremecedora tesis. El estagirita sostiene que la polis es un espacio de discusión en torno a interpretaciones rivales del buen vivir: señala que quienes sueñan con una comunidad absolutamente homogénea anhelan – conscientemente o no – su destrucción. “Es evidente que al avanzar en este sentido y hacerse más unitaria, ya no será ciudad. Pues la ciudad es por naturaleza una cierta pluralidad, y al hacerse más una, de ciudad se convertirá en casa, y de casa en hombre, ya que podríamos afirmar que la casa es más unitaria que la ciudad y el individuo más que la casa”[5]. Quien busca este consenso cerrado al disentimiento simplemente distorsiona el sentido ético – político de la comunidad. Es por esta razón que una lectura estrictamente conservadora de la Política malinterpreta profundamente el pensamiento de Aristóteles (uno podría decir incluso que nuestros "modernos" conservadores - devotos en la epidermis del denominado "mundo clásico" realmente son discípulos de Aristófanes, y poco o nada tienen que ver con Aristóteles).

No obstante, la inteligibilidad de los desacuerdos que planteamos sobre la búsqueda y el logro del bien requiere de un horizonte común, un ‘lenguaje’ desde el cual podamos expresar razonablemente nuestros disensos y construir argumentativamente nuestros consensos. Pero ello supone también un conjunto de lealtades, una serie de compromisos con un sistema de instituciones libres que se nutre de tales disensos y consensos. A la base de nuestras discusiones sobre la vida buena – en tanto prácticas comunitarias - contamos con un conjunto de propósitos vinculados a la configuración de una vida juntos: sin esos vínculos, no podríamos hablar en absoluto de política, ciudadanía o justicia. Incluso podríamos decir que lo que caracteriza una comunidad es más la existencia de estos vínculos que el hecho de “compartir” algún conjunto de creencias. Como dice el propio Aristóteles, “todo es obra de la philía, pues la elección de la vida en común supone philía[6].

Generalmente se ha traducido philía por “amistad” (el término proviene del latín amicitia), sin embargo, ésta es una expresión equívoca. Martha Nussbaum ha indicado con razón que “amor” constituye una traducción acaso más rigurosa, por la mayor amplitud de este concepto en materia de matices afectivos y formas humanas de relación[7]. Se trata de una amplia gama de compromisos éticos y emotivos y un conjunto de formas de lealtad presentes en las relaciones entre los amigos, los amantes, los parientes y los conciudadanos. Se trata de relaciones que nos convierten en seres capaces de pensar y actuar[8], y configuran el sentido de comunidad política que nos inscribe en la construcción de un destino común de vida. Aristóteles afirma con contundencia que los philoi “son los mayores bienes exteriores”.[9] Sin estos vínculos no sólo nadie podría vivir, sino que nadie querría vivir. El ámbito de la justicia distributiva presupone la red de relaciones cercanas y cívicas que constituye la polis. Sin el trasfondo de estas relaciones, no sólo no podríamos plantear discutir sobre temas de justicia, sino que – de poder hacerlo -estos no serían relevantes para una buena vida.

Estos vínculos sostienen la vida comunitaria. Contribuir a forjarlos y fortalecerlos constituye un telos fundamental de la agenda educativa en la polis. Para convertirse en un ciudadano prudente y justo, un agente político independiente, es preciso reconocer los bienes que provienen de la interdependencia – ineludiblemente recíproca y vulnerable – y cuya adquisición es imprescindible para el desarrollo de la vida cívica[10]. La primera forma de reconocimiento de la fragilidad de las relaciones humanas para por percibir nuestra necesidad de comunidad, la convicción de que sólo los dioses son autosuficientes. “Es necesario que las cosas comunes sean objeto de un ejercicio común. Y al mismo tiempo, tampoco debe pensarse que el ciudadano se pertenece a sí mismo, pues todos pertenecen a la ciudad”[11].

Necesitamos de los philoi para llevar una vida buena, tanto en la esfera privada como en la pública. La búsqueda del bien, y particularmente de la justicia y del bien común es una empresa compartida. En el caso de la elección de las pautas de la justicia, muchas veces necesitamos que otros colaboren con nosotros en la identificación de los bienes que están en juego y a reconocer cuáles son sus destinatarios pertinentes. Como sostiene MacIntyre, “al ejercer las virtudes y perseguir lo bueno y lo mejor necesitamos a nuestros amigos para que nos ayuden cuando ya somos mayores, del mismo modo que necesitábamos maestros cuando aún éramos inmaduros”[12]. La actividad política es una forma – de hecho, para Aristóteles, la forma más elevada – de philía.








NOTAS



[1] Cfr. Política 1277b 10. Aristóteles señala que cuando desarrolla el concepto de ciudadanía está pensando en el ejercicio de la misma en el seno de una politeia y en el de una democracia.
[2] Política, 1275ª 6.
[3] Eth. Nic. 1167ª 22.
[4] MacIntyre, Alasdair Justicia y Racionalidad Barcelona, Ediciones internacionales Universitarias 1994; p.119.
[5] Política 1261ª 18 – 22.
[6]Ibid., 1280b 13.
[7] Nussbaum, Martha La fragilidad del bien op.cit., p. 443.
[8] Eth. Nic. 1155a 5.
[9] Ibid, 1169b 10.
[10] Cfr. MacIntyre, Alasdair Animales racionales y dependientes Barcelona, Paidós 2001 p.103.
[11] Política 1337ª 27 – 29.
[12]MacIntyre, Alasdair Justicia y Racionalidad op.cit., p. 130.