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sábado, 7 de enero de 2017

ENTENDER LA FINITUD DE LA VIDA. UNA NOTA






Gonzalo Gamio Gehri

 Meet Joe Black (1998)  nos plantea cuestiones importantes. El próspero empresario Bill Parrish está próximo a morir, y la Muerte le propone postergar su partida a condición de que lo acompañe en un período de aprendizaje acerca de lo que significa la vida mortal, sus complejidades y su sentido. Ella – en realidad él, pues ha tomado prestado el cuerpo de un joven – ha quedado desconcertada por la reflexión sobre la plenitud que Bill ha comunicado a su hija. La muerte quiere conocer los misterios de lo finito.

Y parte de esos misterios se le manifiestan, qué duda cabe. Los sabores fuertes de los alimentos, los sentimientos de dolor e incertidumbre, el estremecimiento que producían en él los ojos de Susan, hija de Parrish, cuando se posan en los suyos. El dolor en la boca del estómago que le suscita el pensar que podría no volver a verla. El contacto con la enfermedad, la torpeza, la esperanza le brinda una lectura nueva de lo que significa llevar una vida mortal. Ya no es solamente un frío recolector de espíritus que enfrentan su propio fin; un ser que habita la eternidad y desempeña una labor conforme a las reglas del cosmos. Ahora sabe de la angustia ante la pérdida y la pena frente a la ausencia del ser querido.

Ahora observa con atención y cierta ternura a los seres humanos ¿Qué propósito trascendente podrían lograr en una vida que dura lo que un suspiro? Sin embargo, La Muerte contempla con admiración las aspiraciones y la lucha diaria de los mortales, sus modos de lidiar con el dolor. La Muerte misma se siente vinculada a esa vida fugaz y llena de inestabilidad, le duele apartar la vista de Susan, de sus palabras, de su voz, de su historia. Quiere compartir con ella su vida. Admira a Bill Parrish – su guía en este camino -, por su manera de pensar la vida y de encarar lo desconocido. La película muestra en cada escena el valor de la finitud de lo humano y de lo temporal. 





domingo, 20 de abril de 2014

CAPTURAR EL INSTANTE: LA IMPORTANCIA DE LOS VÍNCULOS







Gonzalo Gamio Gehri

La Semana Santa es una festividad de nos brinda la oportunidad de recordar la importancia de los vínculos humanos, los vínculos que brindan un significado a la vida. Son los vínculos con las personas, y no con las cosas (incluidas el dinero y el poder) lo que constituye fuente de sentido. El cristianismo es una religión de amor y de justicia, que encuentra el horizonte de sentido en las conexiones más profundas entre los seres humanos.

Estuve viendo nuevamente Meet Joe Black  (1998) y la película me situó de manera imprevista en esa tensión extraña entre finitud y trascendencia. William Parrish es un hombre mayor y un empresario próspero que sabe que morirá esa noche, la noche de su cumpleaños. La muerte está a su lado. Ella ha tomado provisionalmente el cuerpo de un muchacho, porque ha decidido transitar furtivamente por el mundo de los seres humanos, pero ha llegado la hora de partir. Ha conocido el amor de una manera que no había podido prever, pero ha llegado el último día de su estancia mundana. Los dos contemplan maravillados los juegos pirotécnicos que iluminan el cielo, como el último instante de su viaje por la tierra. Intentar retener el instante, coomo en el Fausto. Ambos coinciden en que soltar la vida es el acto más difícil.

William ha tratado de dejar sus cosas en orden, hablando con las personas que más quiere. Dos cuestiones fundamentales animan sus acciones. Sabe que su existencia está llegando a su fin – al menos tal y como él la conoce – y siente que debe despedirse, y que acaso debe hacerlo cara a cara. La muerte está a la vuelta de la esquina. Decir lo que tiene que decir, dejar muy en claro cuánto quiso a las personas que quiso, para darle un poco de paz a su corazón y a sus seres queridos, aunque ellos no sepan que no lo volverán a ver. Es un acto de amor, a su juicio. El otro asunto es el de la enorme importancia de los vínculos sustanciales – amor y amistad – en la vida. Son lo que le ha dado sentido a su existencia, y eso es finalmente se llevará allí adonde vaya. No es su empresa, ni el dinero, ni el prestigio ni el bullicio de la fiesta lo que se llevará consigo. Es el amor – en todas sus manifestaciones auténticas – que se ha podido entregar y recibir. Nada más. El cariño de la gente que merece la pena y que habita sus pensamientos. Lo sabe perfectamente. Por eso mirar por última vez a las personas que le importan y dirigirles una palabra es a la vez un acto de afecto y de justicia. Constituye un esfuerzo final por darle a cada persona y a cada cosa el lugar que le corresponde en el complejo torrente de la vida. Por eso es importante cuidar los vínculos. Porque sólo podemos identificar la trama del curso de la propia existencia, como sugiere la Ética a Nicómaco,  cuando ésta está por concluir.

Se trata de una situación aleccionadora y profundamente conmovedora, en clave religiosa o en clave existencial. La vida puede ser flor de un día, como esos fuegos artificiales que contemplan – atónitos – ambos personajes. Bill Parrish lo sabe bien, pues ha sido el tema central del discurso de agradecimiento que pronunció antes de soplar sobre sus sesenta y cinco velas. Esos años han sido sólo un suspiro para él. No sabemos si trascenderemos, pero al menos es posible discernir qué tiene sentido y qué no. Los sentimientos realmente humanos parecen tener la respuesta, pues ellos te humanizan. Donde está tu corazón, está tu verdadero tesoro.



lunes, 7 de marzo de 2011

EL VALOR DE LA FINITUD: UNA NOTA SOBRE “MEET JOE BLACK”





Gonzalo Gamio Gehri


La crítica no trató bien a Meet Joe Black (1998), de Martin Brest, pero se trata de una de mis películas norteamericanas favoritas en virtud de su hilo narrativo y trasfondo mítico. Intrigada por una conversación entre una joven y su padre, la Muerte (Brad Pitt) decide tomar el cuerpo de un joven y pasar una temporada entre los mortales, con el fin de aprender acerca de los secretos de la vida. Se aloja en casa del empresario Bill Parrish – a quien le revela su identidad, y a quien advierte que le quedan escasos días de vida – para tomar lecciones sobre aquello que significa vivir a plenitud. Los seres que pertenecen al ámbito de lo eterno no pueden orientarse sino bajo la guía de un ser mortal. Considera a Parrish un hombre íntegro y tiene mucha curiosidad respecto de su breve discurso sobre la necesidad de experimentar las tempestades del amor y de la pasión. Pronto se enamora de Susan (la hija, que es médico, encarnada por Claire Forlani) y la Muerte se ve envuelta en su propia tempestad interior. Conoce además los conflictos de poder que sacuden la empresa de Parrish, los nudos familiares, las conspiraciones de salón de sesiones de Directorio.

No voy a concentrar mi reflexión en el plano estético o en el lado formal del filme, eso se lo dejo a los especialistas. A pesar de los diversos pasajes ingenuos de la película, me parece que desarrolla un punto interesante. Me gusta el argumento. Escuchando a dos mortales hablar, la Muerte percibe que se está perdiendo de algo importante. Su perspectiva infinita y eterna no le ha permitido sin embargo, tomar contacto con el dolor, el amor, la confusión, la incertidumbre, y en general todo lo que hace que los seres humanos nos aferremos a esta vida. Joe Black aprende a reconocer la plenitud en las cosas pequeñas, en el sabor de la mantequilla de maní, el paseo por la ciudad, el suave tacto del cabello de la mujer que ama, el miedo a perderla. Todo eso le era completamente desconocido. Lo infinito requiere de lo finito, decía Hegel; sin mundo, Dios no es Dios. Ahora la Muerte es más sabia, porque ha afrontado la experiencia de lo negativo: la (inter)dependencia, la ausencia, el anhelo, la necesidad. “Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios”, dice también Vallejo, en clave hegeliana. Es la riqueza de lo finito lo que otorga verdadera infinitud. Hay que poner una especial atención a la escena en la que Black conversa con una paciente terminal jamaiquina sobre el sentido de la vida, la soledad y el valor de los recuerdos, cómo esta mujer se convierte en una lúcida maestra de la Muerte respecto de lo que significa llevar una vida y prepararse para lo que sigue. Cuando la Muerte debe retirarse – en aquella escena memorable de la fiesta de cumpleaños de Hill, en la que Joe y Bill contemplan extasiados el espectáculo de fuegos artificiales -, lo hace con gran desazón, pues ha comprendido finalmente el valor de lo finito. Separarse de Susan, desconectarse de la belleza y la magia del reino de lo temporal. No hay nada más difícil que dejar ir lo que uno ama más. Volver al horizonte de lo eterno supone para él un esfuerzo doloroso. Jamás pensó que su paso por el mundo de los mortales podría modificar de esa manera su perspectiva sobre las cosas. Ha aprendido a respetar y a valorar a los seres humanos, aquellas criaturas fugaces que otrora recogía casi sin mirar. Conoce sus apegos, sus virtudes y sus miserias de un modo que no tiene precedentes. Ha logrado una sabiduría desconocida hasta entonces entre los inmortales.

Peculiaridades de la vida mortal, que a los inmortales captura. Un viejo motivo griego que de alguna manera encontramos en Meet Joe Black.


Imagen: Claire Forlani y Brad Pitt. Tomada de aquí.