sábado, 4 de marzo de 2017
UNOS EXTRAÑOS DISCURSOS
jueves, 8 de noviembre de 2012
CONTRA LA AMNESIA SELECTIVA
En cuanto al caso del fujimorismo, resulta claro que la legislación internacional rechaza el indulto como figura legal cuando se trata de delitos contra los derechos humanos. Tampoco procede la figura del indulto humanitario, dado que Fujimori no padece una enfermedad que atraviesa su fase terminal. Su centro de reclusión ad hoc le asegura privilegios – visitas ilimitadas, asistencia médica permanente, diversos ambientes, y un largo etcétera – que difícilmente agravan su situación (la sugerencia de Kenji Fujimori es francamente delirante e irrisoria).. De tal manera que su situación no justifica un indulto, a menos que el juicio de los médicos vaya en otra dirección basándose en evidencia científica. La opinión pública debe recordar las múltiples ocasiones en las que Fujimori ha intentado huir de la justicia y evadir sus responsabilidades: renuncia por fax, escape al Japón, postular al senado japonés, etc. Y ahora este conato absurdo de petición de perdón con un pintoresco autorretrato y sinuosas líneas de apoyo. Hacer memoria en torno a los crímenes y a las triquiñuelas de Fujimori nos permitirá no ser condescendientes frente a esta nueva estrategia suya por lograr impunidad. Es curioso que la misma prensa conservadora y los “actores” políticos que se muestran severos con las retorcidas pretensiones de MOVADEF sean los complacientes impulsores de la campaña por el indulto de Fujimori; lo mismo puede decirse de quienes, en el ámbito público, cuestionan al fncionario renunciante pero muestran una inocultable simpatía por esta cuestionable solicitud (políticos de otras organizaciones partidarias, empresarios, el cardenal, etc.). Un poco de consistencia no les vendría mal.
jueves, 23 de septiembre de 2010
UNA AGENDA DE MIEDO

Gonzalo Gamio Gehri
Como he señalado en otros posts, en nuestro país habitan dos formas de “derecha” que colaboran estratégicamente a pesar de que no congenian de corazón. Una es individualista, mercantilista, piensa con la máquina registradora bajo el brazo. La sociedad entera – para ella – funciona a la manera del mercado o debería hacerlo si quisiera emprender el camino del progreso. La otra es “reaccionaria”, apela al retorno de las “antiguas tradiciones”, le rinde culto a las “instituciones tutelares” –
“En el Perú se viene fraguando nuestro Tea Party, nuestro Fox News y nuestro Glenn Beck. El diario Correo ha abierto fuego contra Susana Villarán con una lógica de Tea Party: quieren asustarme como a granjero gringo. Creen que por ser de derecha me voy a convencer de que la tía es terruca, pastrula y ladrona. No se pasen. Puesto que acusarla de pituca no ha tenido efecto entre sus votantes (lo cual es lógico pues su bastión ha sido el A/B... ¡los pitucos no se asustan de los pitucos!), Mariátegui y su primera plana han decidido cambiar de estrategia y asustar a los de arriba con el asunto de que Villarán es una Elena Iparraguirre new age. Así de explícito. Ella sería el vehículo de los extremistas de Patria Roja, estaría buscando la alcaldía para saquearla y entregarle todo el dinero a sus amigos comunistas y así convertir al Perú en Bolivia. Eso ya no es periodismo”.
No puedo estar más de acuerdo con Vergara: eso no es periodismo. La ultraderecha mediática está recurriendo a la mentira y a una campaña macartista consistente en propagar el temor a una eventual victoria de Susana Villarán. PPK nos habla del impacto de un acontecimiento semejante entre los inversionistas extranjeros, Correo oscila entre el alegato anti-izquierdista y las “pastillas para levantar la moral” (¡Con alusiones a Bolivar!) dirigidas a Lourdes Flores. Y no se trata solamente de la columna del Director. Véase la patética y engolada nota de Martín Santiváñez publicada hoy sobre el tema. La ejecución de esta curiosa agenda de miedo presupone que los votantes somos sujetos en permanente minoría de edad que necesitamos ser impresionados y manipulados para tomar una decisión que ellos consideran razonable. Otro signo antiliberal en el programa de este sector de la prensa, y en los esquemas de esta facción mayoritaria de la “clase política”, carente de imaginación e ideas. A pesar de que algunos espacios - como el programa de Bayly - han cargado las tintas hacia un sólo lado, y que el espionaje telefónico ha tenido por ahora como única destinataria a Flores, el efecto de esta campaña de miedo es notorio.
Aldo Mariátegui ha evidenciado su falta de reflejos en su precipitada y escueta respuesta a la nota de Vergara. Considera que él no puede estar promoviendo una suerte de Tea Party criollo, porque él habría criticado el Tea Party nortaeamericano. Parece no reparar en la posibilidad de que se critiquen diferentes contenidos particulares del proyecto republicano y sin embargo trasladar – en alguna medida - su formato y sus propósitos en nuestro medio. Allí saca a relucir unas enormes anteojeras conceptuales (de un modo similar a cuando señala que no es “ultraderechista” sólo porque está a favor del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo). Incluso intenta replicar a Vergara apelando a la persona – recurriendo a la caricatura, a la ridiculización y a las etiquetas -, y renunciando a la argumentación:
“Leo que el columnista Vergara Paniagua me acusa de ser un "tea party" local y de asustar a la gente con Caviarán. ¡Plancha quemada, compadre! El domingo pasado escribí contra ese fenómeno republicano y sospecho, guardando respetos, que mucha de tu extrema generosidad al considerar a Caviarán como "izquierda moderna" (mientras que a mí me parece que es una disimulada Javier Diez Canseco con faldas) se debe a que tu madre es candidata a la alcaldía de Lince por Fuerza Social. Creo que la subjetividad te contamina”.
En lugar de examinar la calidad de las propuestas de los candidatos, y de discutir la trayectoria de cada uno de ellos en el ejercicio de la función pública - en la línea sugerida acertadamente, por ejemplo, por Ricardo Falla y Giovanni Krähe -, nuestros libertarios y nuestros reaccionarios criollos – ambas facciones de la “derecha”, por igual - han optado por la estigmatización ideológica del rival, por intentar manipular a la opinión pública infundiendo temor y esparciendo por doquier falsedades y medias verdades. Eligieron renunciar a las ideas y anunciar un extraño y súbito Apocalipsis. Si la derecha peruana está a punto de perder esa elección es porque es víctima de sus propios errores, porque permanece prisionera de su propio miedo.
La imagen viene de aquí.
domingo, 31 de enero de 2010
SEPARAR Y REUNIR: SINESIO LÓPEZ SOBRE LA DERECHA PERUANA

Gonzalo Gamio Gehri
Decía Platón en El Sofista que las actividades fundamentales de la dialéctica son la separación y la unión conceptual: saber hacer las distinciones adecuadas, y elaborar síntesis cuando la ‘naturaleza de la cosa’ así lo amerita. Se trata de una lección fundamental que trasciende el ámbito propio de la filosofía, pues echa luces sobre el quehacer intelectual en general.
Leo con sumo interés el artículo del notable maestro Sinesio López – La derecha en el Perú – en el que hace un retrato crítico de las actitudes y referentes del derechista criollo. Como es peculiar en sus escritos, procede con agudeza y destreza, manejando muy bien la ironía. También se expresa con dureza, con la contundencia de aquel que, además de estar acostumbrado al rigor de las polémicas académicas, conoce el combate ideológico-político. El autor combina el argumento con la sátira:
“En el Perú no existen investigaciones históricas y empíricas que ayuden a definirla mejor. La peruana es una derecha difusa, borrosa, sin perfiles claros. Ella alberga a conservadores y a reaccionarios, a los defensores de la tradición y del statu quo, a los promotores del autoritarismo (la mano dura) y a los arribistas de toda laya. Cuando son católicos pertenecen al Opus Dei o al Sodalitium y, por eso mismo, son fundamentalistas pues fusionan la religión con la política. Son endogámicos: estudian en los mismos colegios, pertenecen a los mismos clubs exclusivos, se divierten en las mismas playas de moda, leen los mismos best sellers y, desde luego, a Vargas Llosa, su novelista favorito”.
Es más que seguro que algunos de los miembros de estos grupos religiosos conservadores protestará por la mención, que sin duda les molestará. Es verdad que la mención puede resultar algo gruesa, dado que existe una “derecha católica” (y también existe una “derecha evangélica”, lo señalo al paso) activa en la política que no necesariamente pertenece a estos grupos; la expresión también se refiere a individuos que se han asimilado a otra clase de colectivos completamente diferente, de tipo más “ideológico-cultural”, para decirlo de algún modo. En realidad, existen numerosos grupos tradicionalistas de extrema derecha religiosa y / o política – particularmente en
Creo que es preciso introducir matices en la lectura de López, y a eso me dedicaré en este post, a hacer distinciones en torno a las diferentes posturas asociadas comúnmente con la "derecha", pues es preciso no confundirlas. No voy a comentar la última parte del texto, en donde se señala a Humala como la "alternativa" a la "derecha", porque me parece que es una 'salida', digamos "política", que es evidentemente más que discutible (ya conocen mi opinión sobre el nacionalismo: no es un movimiento izquierdista). Voy a ocuparme sólo del retrato de la "derecha" que bosqueja el columnista.
Retomemos nuestra exposición. El autor continúa su descripción de los “derechistas”:
“Son liberistas (adoran al liberalismo económico) más que liberales. Aman la molicie rentista y odian el esfuerzo industrial. Son hispanistas, anglófilos o pro yanquis y, por eso mismo, excluyentes y racistas. Buscan la unanimidad y rechazan el pluralismo. Los mueve el miedo a los otros que pueden desbordarlos (los indios, los cholos, los amazónicos). Prefieren el orden al cambio y a la libertad. Son elitistas y están contra toda participación de las masas. Sus sectores ilustrados se inspiran en el pensamiento reaccionario de Louis de Bonald, Joseph de Maistre, Edmund Burke, Lammenais, Donoso Cortés, Carl Schmitt, Bartolomé Herrera, Riva Agüero. La derecha peruana ilustrada de hoy, sin embargo, no ha alcanzado las cumbres de la generación del 900. Son sólo modestos libretistas de ese viejo pensamiento reaccionario, de
Son partidarios de la versión extrema del neoliberalismo (sólo mercado y nada de Estado, exportación primaria sin industrialización, apertura total al libre comercio sin protección de los intereses nacionales, autorregulación del mercado sin protección de la sociedad, libre movimiento de capitales sin regulación, explotación del trabajo sin derechos del trabajador, puro chorreo y nada de distribución equitativa). Son hermanos-enemigos del estatismo. Por eso aman y odian a Chávez. Creen ingenuamente (¿o maliciosamente?) que el estatismo es la única alternativa a su pensamiento único conservador. Son monótonos y monocromáticos. Están incapacitados para pensar otros modelos de desarrollo que se ubican entre el neoliberalismo extremo y el estatismo. No perciben los matices que dan tono y color a la compleja vida social.”
Aquí es donde la lección platónica puede sernos de suma utilidad. Separar y reunir son operaciones racionales que echamos un tanto de menos en el texto que estamos reseñando. Estoy de acuerdo con Sinesio López en que los suscriptores de todas y cada una de las ideas y preferencias que menciona suelen ser clasificados como “de derecha”, pero existen diferentes posiciones aquí, que muchas veces son rivales entre sí: no es fácil que de Maistre combine con von Hayek: no se puede identificar a antimodernos y neoliberales. A estas tendencias - en versión criolla - las hermana el rechazo de la democracia política, el pluralismo, los Derechos Humanos, y una cierta condescendencia con quienes detentan el poder (incluso cuando éstos son “masones” o “populistas”), pero las enfrenta la valoración de la modernidad en cuanto tal, de la secularización y del mercado como espacio de realización[1]. Es verdad que reaccionarios, mercantilistas y neoliberales suelen establecer alianzas estratégicas para defender posturas autoritarias o militaristas (p.e., el caso fujimorista), o políticas contrarias a las causas ecologistas (véase el ridículo 'coloquio espiritual' entre el director de Correo y su discípulo más reciente sobre la película Avatar y sus posibles secuelas). Pero es preciso distinguir entrre derechas y derechas. Aquí hay al menos dos posiciones (con frecuencia antagónicas, repito) que el columnista tiende a confundir. López describe el terreno de la derecha criolla como si fuera un valle, una meseta o un desierto. Existen cadenas montañosas y caudalosos ríos que separan diferentes localidades.
Voy a resumir, y a proceder esquemáticamente. Tenemos la derecha “reaccionaria”. Tradicionalista y clerical. La devota de los grandes apellidos, la que suspira por los años de la colonia, las misas tridentinas y las corridas de toros. La de trono y altar, que simpatiza con el franquismo y con los regímenes militares o cívico-militares de facto. Considera que la Fuerza Armada es una institución "totelar", como la Iglesia jerárquica, que merece privilegios legales (y reclama 'leyes de punto final para los uniformados cuando han cometido delitos en conflictos armados o golpes de Estado). Aboga por una sociedad de súbditos (la democracia para ellos es "el gobierno de los inútiles"(sic)). Parece una extravagante reliquia del pasado, pero existe. Cuestiona la “técnica”, pero conoce muy bien Internet y Wikipedia (en algunos casos, demasiado bien). En tiempos del fujimorismo, ocupó algunos puestos clave en el Estado y en los medios de prensa más conservadores. A veces, usurpa las categorías (o asume el disfraz) de la “postmodernidad” o del “socialcristianismo”.
Tenemos también la derecha “neoliberal”. Lo suyo es el catecismo del Mercado y el ¡individualismo utilitario', pues no comparte la fe ultramontana de la posición anterior, que encuentra desfasada. Suscribe los fundamentos económicos del liberalismo, pero no admite sus fundamentos políticos, por eso no le hace gestos a los proyectos autoritarios; de hecho, le ha brindado ‘apoyo técnico’ (y a veces mediático) a los regímenes funestos de Pinochet y Fujimori: "salvo los negocios, todo es ilusión" rezaría su slogan más originario, si hicieran transparente su motivo nuclear. Para esta postura, los "gobernados" son antes que ciudadanos, consumidores y contribuyentes (por eso la noción misma de "sociedad civil" les resulta indigesta). Resulta manifiesto que esta postura también es antiliberal.
Como vemos, hay diferencias, y, llegado el caso, innegables conflictos. Puede incluso ser problemático denominar a ambas posiciones de la misma forma: “derecha”. Para una, la salida peruana consiste en lograr una homogeneidad cultural, construir una “comunidad nacional orgánica” (p.e., bajo la vieja idea conservadora del "país esencialmente mestizo y católico") que recupere sus tradiciones (especialmente religiosas), tarea que involucraría al propio Estado (descrito como confesional y culturalmente monolítico, promotor paternalista de "formas de vida fuertes"). Para la otra, se trata de potenciar el mercado libre y la vida productiva empresarial. La posición integrista reaccionaria y la neoliberal no pueden asimilarse recíprocamente sin más. Aquí existen notorias discrepancias y mutuos cuestionamientos. La primera acusa a la segunda de querer convertir el Perú en un gigantesco McDonalds. La segunda se burla de la disforzada y cortesana opereta rococcó que la primera intenta componer como "proyecto político", pues la encuentra bufonesca y retorcida.
Estas "derechas" contrapondrían un "comunitarismo tutelar", tradicionalista y potencialmente totalitario, a un individualismo economicista. Ambos proyectos, según el autor de la nota, aguardarían a su peculiar líder (a la manera de un "caudillo", o de un "gerente", respectivamente). Dice López:
“La derecha está integrada por los poderes fácticos (los organismos financieros internacionales,
Es cierto que, en numerosas ocasiones, ambas posiciones “derechistas” constituyen su identidad de manera contradistintiva, en oposición a la “izquierda”, los “rojos”, los “caviares”, los “liberales”, los “cívicos”; a partir de este contraste van haciendo explícito su ideario. Y claro, han colaborado con entusiasmo en su lucha contra el proyecto transicional, y en la campaña alcantarillesca contra
[1] He de decir que la descripción de la “izquierda” requiere un análisis análogo a este, en el que la valoración de la democracia, la no-violencia y el aprendizaje de los sucesos de 1989 constituirán criterios a considerar.
Actualización. Ricardo Vásquez Kunze publica una réplica a Sinesio López en Perú 21.
sábado, 12 de diciembre de 2009
LA AGENDA DE DERECHOS HUMANOS, IZQUIERDAS Y DERECHAS

Esta semana se cumplieron treinta años de la existencia de las organizaciones de Derechos Humanos en el Perú. Augusto Álvarez Rodrich dedicó a esta fecha un acerado y persuasivo artículo, en el que valora el trabajo realizado por estas instituciones – en tiempos en los que el ‘lenguaje de los Derechos Humanos´ era prácticamente contracultural en el país, pese a que la declaración tiene vigencia desde fines de los cuarenta -, a la vez que señala algunos desafíos importantes. El primero de ellos, promover estos principios como parte de una cultura moral que eche raíces entre nosotros. El segundo, lograr separar, ante la opinión pública, la agenda de Derechos Humanos del ideario y programa de las izquierdas.
“La agenda futura del movimiento debiera ocuparse de un aspecto clave: lograr que el concepto de la defensa de los derechos humanos sea mejor comprendido, extendido y arraigado en la población. El apoyo que se observa en estos días a la denunciada existencia de un escuadrón policial para liquidar delincuentes es una expresión del déficit en este terreno.
Un avance en esa dirección requiere que la defensa de los derechos humanos se desvincule de una corriente ideológica específica –usualmente la izquierda– pues esto constituye una actitud vital de respeto a la condición humana de todos que absolutamente todos deben interiorizar.”
Estoy de acuerdo. Se trata de tesis que han sido discutidas en este blog. Los Derechos Humanos son originalmente una construcción liberal que buscan convertirse exitosamente en foco de un consenso intercultural. Son la expresión de un universalismo moral que se traduce en una “ética de mínimos”, que en gran medida la declaración de 1948. Cualquier tienda política tendría que considerar esta ética mínima como razonable, garante de una convivencia humana sana. Es patrimonio de todas las personas, y constituye una parte fundamental del ideario democrático general, por así decirlo. La estigmatización ideológica de los Derechos Humanos por parte de la prensa ultraconservadora y fujimorista - por razones de cálculo político o simple manipulación - es un signo de atraso y de miopía intelectual y espiritual. Una derecha moderna y responsable tendría que valorar la cultura de los Derechos Humanos. Lo que Álvarez Rodrich no se pregunta en su nota es porqué nuestra derecha no los valora como horizonte de reflexión y compromiso, porqué sólo se ha interesado por el aspecto económico del liberalismo, y no ha considerado su núcleo moral y político. Sabemos que en la práctica nuestra derecha es autoritaria. Ya sea por convicción, por costumbre, o por interés (por supuesto, también tenemos amplios sectores de la izquierda que son retrógrados y autoritarios, qué duda cabe. Eso no está en discusión). Creo que sería importante que existan en los espacios de la política peruana una izquierda y una derecha democráticas. No obstante, la izquierda moderada es minoritaria, y la derecha liberal no está representada por ningún partido político presente en el Parlamento.
“Más allá de que, según la doctrina de los DD.HH., todos los hombres, sin excepción, tienen esos derechos, es sorprendente cómo la “derecha” le pide a la “izquierda” que se manifieste sobre casos en los que, según aquella, sus ONG no han hecho tanto bochinche como en otros. Es decir, la “derecha” le reconoce a la “izquierda” la autoridad moral sobre la materia de derechos humanos y, por eso, le exige pronunciarse.Y la pregunta es entonces: ¿por qué no hay ONG de DD.HH. de “derecha”? ¿Por qué no hay un Aldo Mariátegui en vez de un Soberón o una Alcorta por una Gloria Cano? Lo cierto es que no habría ninguna razón histórica para que ello no fuera así. No olvidemos que los DD.HH. fueron la bandera ética, heredada del liberal Carter, con la que los conservadores Reagan y Thatcher pusieron en jaque al comunismo. Mientras que, aquí, la izquierda marxista motejaba a los DD.HH. de “instrumento ideológico de la burguesía reaccionaria”.
Más allá de la punzante ironía que pone de manifiesto Vásquez Kunze en la selección de sus ejemplos, y de algunos juicios suyos sobre Tatcher y Reagan, que yo sin duda discutiría, concuerdo con esta tesis: no existe ninguna razón histórica para este silencio. La razón está asociada a la "precariedad democrática" de nuestra derecha tradicional. El desdén que la derecha ideológica peruana profesa por los Derechos Humanos debe leerse en clave política. Si el tema de veras les resultara de algún interés, entonces – estoy parafraseando al autor – deberían ponerse a trabajar en esta dirección. Pero a esta derecha antiliberal el universalismo moral no la ha tocado. Una prueba más de que nuestra escena política requiere de una profunda renovación, particularmente (aunque no exclusivamente) en el terreno del pensamiento.


