sábado, 22 de mayo de 2010

CASO PUCP: ARTÍCULO DE LUIS BACIGALUPO EN TORNO A UNA ENTREVISTA DE 1997





El fragmento de la entrevista que le hizo el periodista Patricio Ricketts a Juan Luis Cipriani en 1997, que se puede ver en YouTube, revela intenciones y rasgos de la personalidad del hoy cardenal de la Iglesia católica que merecen comentarse (Por Luis Bacigalupo).


REFLEXIONES SOBRE UNA ENTREVISTA


Luis Eduardo Bacigalupo [1]


Como es costumbre, sobre todo tratándose de personajes públicos, el contenido de las entrevistas suele pactarse previamente. Es razonable suponer que Ricketts y Cirpiani conversaron acerca de los temas a tratar y las preguntas que se irían a plantear.
El arzobispo empieza haciendo referencia a la educación, menciona la reunión del CELAM de Santo Domingo, pero no puede avanzar en el desarrollo de sus ideas porque Ricketts lo interrumpe con una repentina mención a la Pontificia Universidad Católica del Perú, y a una supuesta indicación que habría dado "un cardenal" a la Universidad para no ser mencionado en relación con ella. Esta referencia a la Universidad no fue casual. La sonrisa del arzobispo cuando alude a la historia de la institución y el hecho de que mire sus apuntes para responder delatan la complicidad. Su respuesta es esquemática: reduce la historia de la PUCP a la fundación por parte de Dintilhac y a “la interrupción del status” que atribuye a Velasco Alvarado.

¿En qué consistía para Cipriani el status de la PUCP? Dice expresamente que había una “dependencia directa del Canciller” que se habría perdido; pero no se toma el trabajo de explicar qué significa eso según los estatutos de cualquier universidad católica.

Conviene destacar que la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que regula el funcionamiento de las universidades católicas, se había promulgado en 1990, de modo que era perfectamente esperable que en 1997 un arzobispo que iba a hablar en la televisión sobre una universidad católica conociese ese documento. En él se señalan claramente cuáles son las funciones de los obispos en toda universidad católica —en el caso de la PUCP las funciones de su Gran Canciller—, a saber: promover a la institución, participar de la vida institucional como un miembro más, animar el trabajo creativo de los teólogos y dirigir o aprobar la pastoral universitaria. El único derecho que le confiere a los obispos la Ex Corde Ecclesiae es el de vigilar el carácter católico de las universidades en sus diócesis.

Nada de lo señalado en la Ex Corde Ecclesiae respecto de las funciones del Gran Canciller ha estado ausente en la vida institucional de la PUCP, ni antes ni después de Velasco Alvarado. De modo que, cuando Cipriani menciona en la entrevista “el bendito sistema de la expropiación y todo el asunto” (sic), sólo puede estar hablando de la propiedad (ya que según él se trató precisamente de una expropiación), en medio de un abierto cuestionamiento del carácter católico de la institución. No me cabe duda de que sus tautologías: “si es pontificia, es pontificia y si no es pontificia, no es pontificia” sólo se pueden interpretar como una puesta en duda de la catolicidad de la PUCP. Claro, luego dice que no se trata de peleas; pero añade explícitamente que se trata de dividir a la asamblea universitariay, por ende, a la comunidad que él, hoy, en su función de Gran Canciller, debería promover como pastor y no hostigar como enemigo.

La mayor falsedad de la entrevista es la frase: “la Iglesia se quedó sin universidad”. Valdría la pena refutar esa afirmación explicando qué significa que una comunidad universitaria sea parte de la Iglesia católica y qué ha significado y significa la PUCP para la Iglesia peruana. Pero después de proferir esa afirmación —por lo demás, mezquina—, Cipriani vuelve a mirar sus apuntes y dice que “no es un problema de querer recuperar” la universidad (nótese el gesto muy significativo de su mano cuando pronuncia la palabra recuperar). Entonces Ricketts lo vuelve a interrumpir, haciéndole perder el hilo, por lo que el arzobispo cae en la flagrante contradicción de decir que la tarea (la suya desde luego) sí es recuperar la PUCP, y no resiste la tentación de añadir, con una típica sonrisa de amenaza, que para ello “hay muchos mecanismos”.

En ese momento Ricketts cambia el tema y le pregunta a Cipriani por el aporte que podría dar la Iglesia a la formación del magisterio, cosa que el entrevistado aprovecha para lanzar una pequeña pastilla ideológica, que al público entendido le recuerda el lenguaje del fascismo católico.

Luego viene una pausa y la entrevista prosigue de una manera muy interesante, que yo llamaría casi providencial. Ricketts pasa a la segunda cuestión acordada con su entrevistado, que es mostrar a la opinión pública el “abandono” en que el Estado peruano tiene a la Iglesia católica. Es curioso que el enemigo declarado del comunismo presente en la televisión su pliego de reclamos: mejores sueldos para los arzobispos, alguna mejora también para los obispos y los curas, “repuestos” para los templos, en una palabra, mayor subsidio del Estado, porque “no puede ser” que su sueldo sea tan bajo. El arzobispo lamenta que para subsistir tenga que “estar pasando el sombrero por todos lados”. Y en ese contexto nos dice: menos mal que “tengo amigos”.

Sólo al final de la entrevista se acuerda Cipriani de que “la Iglesia desde la antigüedad ha vivido de la caridad”; pero nótese que, sintomáticamente, el arzobispo hace un uso vulgar de la palabra caridad, un concepto teológico tan importante para el magisterio eclesiástico y para la vida cristiana. Digo que esta segunda parte de la entrevista es providencial porque muestra con absoluta claridad que la preocupación principal de Cipriani, desde hace más de una década, es el financiamiento exiguo de las obras de su diócesis. Si para eso sirve "recuperar" una Universidad próspera que nunca fue suya, sin importar qué “mecanismos” se pongan en marcha, entonces me imagino que, a quienes no estaban avisados, esta entrevista puede haberles revelado mucho acerca del cardenal como pastor y como persona.

Mira un fragmento de la entrevista a Juan Luis Cipriani en 1997.


[1] Filósofo y especialista en la relación entre fe y conocimiento.

miércoles, 19 de mayo de 2010

“LEONERA”: UNA HISTORIA DE MUERTE Y REDENCIÓN



Gonzalo Gamio Gehri


Ayer participé en una sesión de Cine-Foro organizado por IDEHPUCP sobre el tema general de Vida cotidiana y nuevas sociedades. La película exhibida fue la notable película argentina Leonera (2008), de Pablo Trapero. Me acompañó en la mesa la crítica literaria y escritora Carla Sagástegui, también profesora del Departamento de Humanidades de la PUCP.

Julia Zárate es una joven universitaria que se ve envuelta en el asesinato de uno de sus dos amantes – que vivían con ella y la sometían a maltrato – y es encarcelada. Está embarazada de uno de los dos hombres. Tiene que afrontar sola la experiencia de la maternidad habiendo perdido su libertad, sin tener claridad alguna acerca de su participación en el crimen – la cinta ni siquiera resuelve este enigma - y ha ahogado toda esperanza respecto de la forma que pudiera tomar su futuro. No obstante, el nacimiento de su hijo le permite abrigar una nueva ilusión, a pesar de que sabe que a cierta edad lo separarán de ella. Asimismo, encuentra en el trato con las internas del penal actitudes de solidaridad que fortalece su fe en las personas.

Es una obra realmente conmovedora, llena de realismo, pero también repleta de símbolos arquetípicos extraídos del mito. En el diálogo con Sagástegui fuimos identificando una serie de figuras alusivas a la idea de muerte y resurrección, caída y redención. Se trata de una narrativa sobre la vida carcelaria – en la que, literalmente, la vida se des-cubre y se abre paso en medio del recinto carcelario -, en la que la ley aparece como un recurso exterior, meramente abstracto (en términos de Hegel), completamente hostil, e incluso irrelevante, frente al trato cara a cara que se cultiva al interior de una prisión. A nadie parece importarle realmente el rol de Julia en el delito cometido; ni al abogado, ni a los jueces, ni al narrador del film. La redención que ella logra no pasa expresamente por el dolor y por el castigo, sino por el amor que entrega a su hijo y a sus compañeras de reclusión. La cinta juega con el cambio de las estaciones como expresión de la transformación de la actitud vital de la protagonista.

Tanto la madre de Julia como las autoridades del penal quieren arrebatarle al niño, con la intención de brindarle una cierta calidad de vida. La fiera reacción de Julia lleva a sus celadores a recluirla en una celda de castigo, que funciona como una imagen de muerte (una especie de ataúd). Recuperada la posibilidad de realizar visitas vigiladas a su hijo, Julia encierra en la cocina a su madre y a su celadora y huye con el niño. Finalmente, consigue cruzar la frontera. Es curioso que el niño esté vestido con un disfraz de dragón en el momento de la huida. Como se sabe, en los mitos de diversas tradiciones, el dragón – la serpiente primordial – es el símbolo de los grandes cambios, del renacimiento. Por ejemplo, en Nibelungenlied, la sangre de Fafner hace que Siegfried / Sigurd pueda convertirse en héroe y encontrar su destino. En la película, el escape permite a Julia cambiar de piel, iniciar una nueva vida, con la desconcertante – pero unánime – complicidad del público. De este modo, la controvertida figura de la construcción de una identidad más plena, a expensas de la ley, se completa. Aunque de un modo por demás extraño, la vida triunfa sobre la muerte.

sábado, 15 de mayo de 2010

JESÚS MOSTERÍN, LA TAUROMAQUIA Y EL SUFRIMIENTO ANIMAL


Gonzalo Gamio Gehri

Hace unas semanas, el filósofo español Jesús Mosterín publicó un nuevo artículo en El País sobre la tauromaquia y el sufrimiento animal, El triunfo de la compasión. Como se sabe, en la Generalitat de Cataluña se ha planteado la abolición de las corridas de toros. Mosterín sostiene – siguiendo a David Hume y, a pesar suyo, a Richard Rorty – que la compasión constituye un sentimiento moral superior, y que su promoción constituye un insoslayable signo de desarrollo moral en las personas. La capacidad para la empatía y la disposición para la reducción del sufrimiento constituyen formas inequívocas de excelencia humana. Afirma que la disposición a sentir con el otro que sufre no sólo debe tener como destinatario a todo bípedo implume, sino también a los animales no humanos. Aduce que el sufrimiento inducido de los toros en el ruedo es una inaceptable expresión de crueldad. En pleno siglo XXI no podemos admitir el sufrimiento animal por motivos rituales.

Hace mucho tiempo que algunos buenos amigos me piden que me pronuncie sobre la tauromaquia. Hace poco tuve la oportunidad de leer unas interesantes reflexiones de algunos de mis profesores y colegas de la Universidad sobre este escrito de Mosterín, que me llevan a escribir estas líneas. Lo primero que tendría que decir es que nunca he sentido entusiasmo alguno con las corridas de toros. Me parece, efectivamente, un espectáculo cruel. No encuentro allí “espiritualidad” alguna, aunque conozco a algunas personas que vibran con los toros. No me resulta para nada edificante la tortura pública de un animal por razones de entretenimiento o por alguna suerte de “catarsis (emotiva)”. Así como las peleas de perros están prohibidas, pienso que podría promoverse la abolición de la tauromaquia. Es verdad que muchos interpretan las corridas de toros como la expresión de la antigua imagen de la lucha entre el hombre y la bestia, una imagen que hunde su raíces en el mito (p.e., Teseo y el terrible Minotauro de Creta). No obstante, creo que existen maneras más saludables de concebir la relación entre el animal humano y los demás animales. San Francisco de Asís y San Patricio describían a los animales no humanos como nuestros “hermanos menores”. Y los budistas condenan el trato cruel contra todo ser vivo. Podemos construir narrativas menos violentas acerca de nuestra relación con la naturaleza.

Se objetará que plantear esta posición resulta incoherente si uno no es vegetariano (¿o incluso “frutariano”?). Algunos sostienen que, si te gustan las hamburguesas o el cebiche ¿Con qué autoridad moral condenas la tauromaquia? Admito que quizás la mejor forma de combatir coherentemente el sufrimiento animal - en un nivel personal - es cambiando de hábitos alimenticios. Ello nos permitiría formular el asunto de un modo más universal, en términos de los ‘derechos de los animales’. Sin embargo, considero que algo anda mal con ese argumento. Es puramente defensivo, pues sólo apunta a señalar las contradicciones del crítico (“si eres carnívoro promueves el sufrimiento animal”) con ánimo de silenciarlo, antes que justificar el valor positivo de las corridas de toros. Recientemente, tanto Fernando Savater como Mario Vargas Llosa han esbozado esa clase de argumentación, indicando la crueldad promovida por la industria alimentaria y la gastronomía de alto nivel. Mosterín les responde de una manera que no puede ser desestimada con facilidad.

“Ambos autores insisten en el argumento inválido de que también hay otros casos de crueldad con los animales, lo que justificaría la tauromaquia. Savater nos ofrece una larga lista de maltratos a los animales, remontándose nada menos que al sufrimiento infligido por Aníbal a sus elefantes cuando los hizo atravesar los Alpes. En efecto, debieron de sufrir mucho, pero no más que los soldados, la mayoría de los cuales no lograron sobrevivir a la aventura italiana del caudillo cartaginés. Si esto fuese una justificación del maltrato animal, también lo sería del maltrato humano y de la agresión militar. Vargas Llosa pone el ejemplo de la langosta arrojada viva al agua hirviente para dar más gusto a ciertos gourmets. Esto justificaría las corridas, pues también las langostas sufren. También es cruel la obtención del foie-gras de ganso torturado, pero por eso mismo el foie-gras ya ha sido prohibido en varios Estados de EE UU y en varios países de la UE. En cualquier caso, sabemos que los toros sienten dolor como nosotros, pues el sistema límbico y las partes del cerebro involucradas en el dolor son muy parecidos en todos los mamíferos. El neurólogo José Rodríguez Delgado hizo sus famosos experimentos para localizar los centros del placer y el dolor en el cerebro de toros y hombres y no encontró diferencias apreciables. Desde luego, el mundo está lleno de salvajadas y crueldades contra los animales humanos y no humanos, pero este hecho lamentable no justifica nada.”

Los defensores de la tauromaquia con frecuencia apelan a la tradición como posible fuente de justificación de esta práctica, que describen como muy española, como una especie de celebración ritual de nuestra hispanidad. Sabemos que la invocación a la "tradición" no constituye una razón convincente para preservar costumbres que empezamos a cuestionar en virtud de buenos argumentos, y que ella por sí misma no constituye una fuente de legitimación moral[1]. El propio Aristóteles concluye en la Política que “en general, todos los seres humanos buscan no la forma en que vivían sus ancestros, sino el bien”. Una cita importante, reveladora, sin duda. En una época era “muy griego” sacrificar cabras a los dioses, y “muy azteca” realizar sacrificios humanos. Hoy los habitantes del Peloponeso y del Golfo de México han asumido otras prácticas. El cuestionamiento racional contribuye a modificar las tradiciones, incluso a abandonarlas, si sus usuarios llegan a encontrarlas arbitrarias, destructivas o potencialmente empobrecedoras.

“Se aduce que la tauromaquia forma parte de la tradición española, como si lo tradicional fuera una justificación ética, lo que obviamente no es. Todas las costumbres abominables, injustas o crueles son tradicionales allí donde se practican. Vargas Llosa siempre ha polemizado contra la corrupción y la dictadura en América Latina, pero ambas son desgraciadamente tradicionales en muchos de esos países. También ha puesto a Chile como ejemplo a seguir por los demás países sudamericanos. Pero Chile prohibió las corridas de toros hace ya dos siglos, el mismo día y por el mismo decreto que abolió la esclavitud”.

Algunas tradiciones desaparecen para bien. Por otro lado, es evidente que las tradiciones no permanecen inalterables, sino que están expuestas a la revisión crítica y al cambio social. Incluso las corridas de toros han afrontado modificaciones.

“Antes los caballos salían a la plaza de toros sin protección alguna y durante la suerte de varas casi siempre acababan destripados y con los intestinos por el suelo. Por otro lado, como los toros no querían combatir y huían, les introducían en el cuerpo banderillas de fuego (petardos que estallaban en su interior y desgarraban sus carnes), a ver si así, enloquecidos de dolor, se decidían a embestir. En 1928 al general Primo de Rivera se le ocurrió invitar a una elegante dama parisina, hermana de un ministro francés, a una corrida de toros en Aranjuez. Cuando la dama empezó a ver la sangre brotar a borbotones, los intestinos de los caballos caer a su lado y los petardos estallar dentro de los toros, casi le dio un patatús de tanta repugnancia e indignación como le produjo el espectáculo. El general, avergonzado, ordenó al día siguiente que se cambiase el reglamento taurino, suprimiendo los aspectos que más pudieran escandalizar a los extranjeros, a quienes se suponía una sensibilidad menos embotada que a los aficionados locales”.

Otro argumento recurrente indica que los toros de lidia, una vez abolida la tauromaquia, estarían condenados a la extinción. Mosterín no tarda en enfrentar este punto de vista:

Los toros pertenecen a la misma especie que las vacas lecheras, aunque no hayan sido tan modificados por selección artificial. Son herbívoros y rumiantes, especialistas en la huida, no en el combate, aunque en la corrida se los obligue a defenderse a cornadas. Los taurinos dicen que la tauromaquia es la única manera de conservar los toros "bravos". Pero hay una solución mejor: transformar las dehesas en que se crían (a veces de gran valor ecológico) en reservas naturales. Algunos añaden que, puesto que no se ha maltratado a los toros con anterioridad, hay que torturarlos atrozmente antes de morir. ¿Aceptarían estos taurinos que a ellos se les aplicase el mismo razonamiento?

En fin. Encuentro el texto de Mosterín interesante e importante, a pesar de que el tema no deja de ser controversial. Todavía muchas personas insisten en que la compasión es una emoción que sólo corresponde expresar – en el mejor de los casos - en el contacto interhumano. Asimismo, consideran que la crueldad sólo puede practicarse contra los seres humanos. No soy de esa opinión. Ya continuaremos con el tema más adelante, pues esta es una nota preliminar sobre este asunto. Las reflexiones de Mosterín, en todo caso, constituyen un buen punto de partida para examinar este problema en nuestro medio.

La imagen ha sido tomada de aquí.


[1] Como puede apreciarse, reaparece – una vez más – el conflicto entre el tradicionalismo y la “vida examinada”: el pathos de Aristófanes contra el de Sócrates.

miércoles, 12 de mayo de 2010

DOS REFLEXIONES BREVES



Gonzalo Gamio Gehri

I

En las últimas semanas, los sectores conservadores que apoyan una eventual intervención cardenalicia sobre la PUCP – y sus aliados mediáticos pseudoliberales – han señalado maliciosamente que la autoridades de la PUCP se estarían declarando en “franca rebeldía” contra el fallo del Tribunal Constitucional en materia de la acción de amparo interpuesta por la Universidad; esta actitud – sugieren – sería contraria a la ética liberal de la justicia y la legalidad. Nada más lejos de la realidad. El Rector de la PUCP ha señalado que se acatará el fallo – que alude a un aspecto formal de este conflicto – y que apelarán a las instancias internacionales pertinentes. Lo que no dicen los activistas reaccionarios – y sus pares “liberales” – es que, en sentido estricto, la PUCP tendría que haber ganado en la sala superior al contar con los tres votos correspondientes. La Universidad ha manifestado esto en comunicados que ha dirigido a la opinión pública. Aquí existe una controversia instalada en la observancia misma del principio de legalidad; este es un asunto que los reaccionarios y sus camaradas mediáticos soslayan deliberadamente. Yo no soy abogado, pero explica bien esta situación el especialista Juan Monroy en Un caso para acusación constitucional, artículo publicado en El Comercio:

“En el Perú las salas superiores están formadas por 3 jueces. Para que resuelvan un caso necesitan unanimidad, solo 3 votos conformes hacen sentencia. Antes de resolver el caso, al TC se le probó, fehacientemente, que en la sala superior se habían emitido 3 votos favorables al primer pedido de amparo de la PUCP. ¿Y qué hizo el TC con esta afirmación categórica y evidente? Disfrazó el tema diciendo que el artículo 141 de la Ley Orgánica del Poder Judicial es “normatividad infraconstitucional procesal”, por lo que si tal hecho ha ocurrido o no, ello escapa a su función. En efecto, la norma citada no está en la Constitución. ¿Y qué dice el artículo 141 citado? Que 3 votos de una sala superior hacen sentencia.


En el Perú una sentencia de amparo favorable al demandante en segundo grado tiene calidad de cosa juzgada. El TC conoce miles de amparos al año, así que es imposible que no conozca ese dato normativo. Es decir, la PUCP ya había ganado el caso, además con la autoridad de la cosa juzgada, pero el TC ha considerado que este hecho es irrelevante (¿?).


El artículo 139,2 de la Constitución prescribe que la cosa juzgada es la máxima garantía de un ciudadano cuando discute sus derechos, por lo que ninguna autoridad puede afectarla. El TC, máximo ente tutelar de la Constitución, debe protegerla incondicionalmente. Sin embargo, estamos ante la paradoja de las paradojas: el órgano encargado de velar por la vigencia de la Constitución la ha violado flagrante e intencionalmente. Usando la táctica del avestruz no solo ha expedido una sentencia nula sino, sobre todo, inconstitucional. Más allá del derecho de la PUCP a invalidar una sentencia viciada, la sucesión ininterrumpida de excesos impone que se precise a los miembros del TC los límites del órgano que forman. No está en discusión la necesidad de tener un TC. Sí lo está, en cambio, esclarecer qué esperamos de aquel y sobre todo de sus miembros. Aunque de estos últimos será mejor saber, urgentemente, qué no debemos esperar”.

Este es un punto que los hoy súbitos e improvisados “defensores de la legalidad” no toman en consideración, a pesar de que – como argumenta Monroy – puede ser tema de una acusación constitucional.

II

No cabe duda que el frente mediático y blogosférico constituye el “otro frente” de este conflicto. Veo muy “organizados” a los enemigos de la PUCP, convertidos en agitadores de Facebook , activistas entusiastas en otros espacios, siempre prestos a responder – con el mismo tono agresivo, los mismos argumentos y casi con el mismo estilo de redacción – a los artículos que aparecen en la web de La República defendiendo la autonomía de la PUCP.

En muchos casos, existe una genuina desinformación sobre la PUCP, aderezada y propiciada por ciertos medios de prensa y no pocos blogs. Leí con preocupación en el blog Vacío – de mi gran amigo Daniel Luna – que un comentarista señalaba erróneamente que el libro Camino de Escrivá de Balaguer no estaba en la Biblioteca (o había sido retirado de los estantes de la Biblioteca). No tiene sentido especular sobre el origen de este dato falso, que bien puede ser atribuido a la falta de cuidado y no a la mala fe (a pesar de que uno debe cerciorarse de que sus afirmaciones estén bien justificadas antes de lanzarlas). Afortunadamente, Raúl Zegarra desmintió esa extraña aseveración, señalando el paradero y código del escrito:

BV 4811 E796
Camino
Escrivá de Balaguer, Josemaría, 1902-1975
2001.

Estantes - Biblioteca de teología

Es que, precisamente, si algo caracteriza a la PUCP es su disposición a hacer accesible toda información académica y culturalmente relevante y toda expresión de pensamiento, de modo que pueda convertirse en foco de debate y reflexión crítica. Facilitar la lectura directa y libre de todo material de investigación. Esto, por supuesto, no constituye una novedad o un dato “revolucionmario”: se trata de una exigencia esencial a cualquier genuina Universidad. Y la PUCP lo es, con todas sus letras.


La Imagen proviene de aquí.

viernes, 7 de mayo de 2010

CAMINOS DE PENSAMIENTO: CUARENTA AÑOS DE ESTUDIOS GENERALES LETRAS



Gonzalo Gamio Gehri


El día de ayer se celebró en la PUCP una Misa por los cuarenta años de Estudios Generales Letras. La ceremonia contó con la presencia del Decano, Fidel Tubino, los vicerrectores Efraín Gonzales de Olarte y Pepi Patrón, y un elevado número de estudiantes, trabajadores y profesores de esta unidad académica. Los sacerdotes que celebraron el oficio religioso fueron tres antiguos profesores de EEGGLL: Felipe Zegarra, Luis Fernando Crespo y Jeff Klaiber (sacerdotes que han sido injusta y extrañamente desplazados por las nuevas autoridades del CAPU en lo relativo a su participación en la celebración de las Misas en dicho Centro, luego de varias décadas de una ejemplar dedicación a este servicio). El Padre Zegarra recordó la importancia del cultivo de la universalidad en nuestros Estudios Generales Letras, así como el importante servicio al país que brinda la PUCP. En el momento de las peticiones, un estudiante invocó por la preservación de la pluralidad y la libertad de nuestra formación académica, en tanto constituye la clave de la excelencia de la educación que brinda la PUCP.

Quisiera ocuparme brevemente del enorme valor de los Estudios Generales para una genuina vida universitaria. Los Estudios Generales constituyen los cimientos de la formación que ofrece la PUCP, y constituyen una dimensión importante de su identidad como universidad. A lo largo de dos años, el estudiante toma contacto con diferentes formas de saber y pensar, que contribuyen al fortalecimiento de su capacidad de deliberación práctica y razonamiento científico, así como a la configuración de hábitos emocionales vinculados a la práctica de la solidaridad y al sentido de justicia. El paso por las aulas de Lengua, matemáticas, filosofía, teología, ciencias sociales, historia, arte y otras disciplinas contribuye a la adquisición de disposiciones del pensamiento y la sensibilidad que se aproximan a aquello que Aristóteles describía lúcidamente como el ámbito de las aretái, excelencias del intelecto y del carácter que contribuyen decisivamente a promover la calidad de la actividad académica y la vida ciudadana. Estos años de investigación y cultivo de estas disciplinas permiten asimismo que el estudiante afronte con mayores elementos de juicio la tarea de elegir un camino académico o profesional.

Una de las fortalezas de la educación brindada por nuestros Estudios Generales Letras reside en el cuidado del pluralismo. No sólo se trata de iniciar al estudiante en una amplia gama de disciplinas vinculadas al estudio del ser humano en un espacio de apertura crítica y libre intercambio de argumentos. Se trata de una etapa formativa que promueve la investigación interdisciplinaria, el amor al texto y a la expresión bien construida, así como la vocación por el argumento riguroso. Las materias que se imparten están a cargo de profesores que provienen de tradiciones intelectuales diferentes, de modo que el estudiante puede tomar contacto con diversos enfoques y metodologías. La educación brindada no cuenta con ningún esquema tutelar de ideas e intereses; el elemento constante en la formación que ofrecen nuestros Estudios Generales Letras es de naturaleza ética: el respeto por la libertad y la dignidad de la persona humana, así como el cuidado del espíritu.

Hoy, en tiempos en los que – por doquier en el país, después del cuestionado decreto 882 – la educación universitaria sucumbe a las tentaciones de la mera instrucción profesional y el dogmatismo del mercado, los Estudios Generales Letras constituyen una alternativa para quienes buscan una reflexión radical y multidimensional en torno al los problemas del ser humano y su entorno, a la vez que buscan una formación profesional de alta calidad. Constituye, del mismo modo, una opción para quienes consideran que el cultivo del saber y la virtud posee un valor intrínseco y no sólo un valor de carácter instrumental. Nuestros Estudios Generales contribuyen al progreso de una universidad que no busca producir meros engranajes para el funcionamiento “eficaz” la maquinaria productiva, sino académicos y profesionales calificados, socialmente responsables, que se revelan como agentes capaces de discernir libremente un destino superior para sus vidas y como ciudadanos capaces de construir una comunidad más justa.

Enhorabuena. Que vengan muchas décadas más.


Actualización:


Enrique Bernales: El lamentable fallo del TC contra la PUCP


Juan Monroy: Un caso para acusación constitucional

Eduardo Lores: Bocato di cardinale

Eduardo González: ¿Qué haría Habermas en la blogósfera?

domingo, 2 de mayo de 2010

SOBRE EDUCACIÓN Y LIBERTAD


Gonzalo Gamio Gehri



Hace un par de días – en el contexto de una clase para el Diplomado de Religión y Cultura de la UARM – examinamos juntos la película Dead Poets Society (1989). El objetivo era mostrar de una manera vívida la idea de la libertad autodeterminada y la concepción expresivista de la vida. A pesar de que la película incurre en algunos vicios típicamente hollywoodenses, me parece una obra magnífica, que trata con singular maestría el tema del valor – y también los riesgos – de la libertad y la construcción de la identidad, así como la importancia de educar en y para la autonomía y la creatividad. El profesor Keating muestra a sus alumnos los nudos de la gesta romántica de la búsqueda del ‘propio lenguaje’, así como la necesidad de contar con formas de vida democráticas que constituyan el trasfondo ético de esta gesta. No es casualidad el lugar central que ocupa en la película el poema O Captain! My Captain!, que Whitman dedicara a Lincoln.

La película plantea con singular fuerza cómo esa libertad expresiva – en tanto condición para la realización humana – encuentra serios escollos en la cultura autoritaria sólidamente afincada en la familia, en escuelas y universidades, y en la esfera pública. Muchos ven el anhelo de libertad como un gesto de mera rebeldía y soberbia, y no como el horizonte en el que puede desplegarse una vida humana que merezca la pena vivirse (véase la lúcida reflexión personal de Pedro Salinas en Perú 21, Yo odié a Hans Küng). Creen que existe algo así como un “orden natural jerárquico” que es trasgredido sistemáticamente por quienes aspiran a la autonomía y a la autoexpresión; por eso ciertos desarrollos de la modernidad les parecen funestos. Hoy la reflexión sobre esta película encuentra un nuevo contexto en un mundo en el que se presupone que la educación superior se propone instruir al joven para insertarlo en el mundo laboral e iniciarlo en el ejercicio profesional, dejando de lado la producción de conocimiento y la construcción de la libertad.

En ese momento no lo pensé, pero en nuestro medio, la película nos invita a pensar este ideal de libertad individual en circunstancias en que una de las mejores universidades del Perú pretende ser tomado por un sector conservador en lo religioso y en lo político. En el post anterior, discutimos acerca de la perplejidad que nos suscitaba el júbilo de los supuestos “liberales” de la prensa y la política peruanas ante la perspectiva de una victoria fundamentalista. Ese júbilo revelaría una entraña reaccionaria en este pseudo-liberalismo criollo, a la vez que encono contra la permanente preocupación de la PUCP por la libertad académica y los derechos humanos (¿acaso opera aquí una especie de ‘oscura revancha’ mediática y política por la condena de Fujimori y por el importante trabajo de la CVR?). Recibimos muchos comentarios, entre ellos algunos que revelaban una concepción abiertamente hostil ante el modelo humanista de universidad, que es el que ha asumido la PUCP desde su fundación. Permítanme citar uno de esta especie y comentarlo.

“Desde la perspectiva liberal - o lo que tú llamas erróneamente neo-liberalismo- uno puede estar más cómodo con Cipriani que con los "caviares" dirigiendo la PUCP, pero no por una cuestión ideológica sino por eficiencia. Los rojos y los utópicos han tendido a malgastar la plata. Por otro lado el Opus tiene algunas de las mejores escuelas de negocios en el mundo y son muy buenos para conseguir financiamiento. No se estarían preocupando por aspectos irrelevantes (preferiría usar palabras de nuestro arzobispo pero lamentablemente creo que son impropias en un blog académico como éste) como tus griegos o Kant, sino por lo que realmente llevaría al desarrollo del país: cómo producir más en un marco de libertad económica y sin ideologías. Ni a la gente, ni a la mayor parte de los estudiantes les interesa si Hegel pensó que existe un espíritu objetivo, entender qué quería decir Kant en la crítica a la razón pura, ni el sentido de la tragedia en Eurípides, ni la inmortalidad del mosquito. Lo importante es lo concreto. Les interesa más bien como conseguir trabajo en un mercado cada vez más exigente y competitivo. lo demás es relleno, que puede cambiar según la época. Así de crudo pero así de real: Give me the Money.”


Le respondí que – si era cierto lo que señalaba – entonces le daba la razón a mi argumento central en torno a los peligros de una intervención externa sobre la Universidad. Eso significaría que quienes tienen interés en intervenir la Universidad – bajo las órdenes del cardenal - quieren hacer de la PUCP algo diferente a lo que ha sido desde su fundación en 1917, una institución humanista. Es sorprendente cómo para muchas personas se ha convertido en un asunto de sentido común el que una universidad tenga el formato y los propósitos de una empresa privada.

A la Católica - desde sus inicios - le ha interesado los griegos, Kant, Hegel y no solamente lo que da plata o es "inmediatamente" productivo. El saber es productivo, la cultura es productiva en un sentido más amplio que el de una billetera abultada. Una razón más para defender la autonomía de la PUCP contra las fuerzas oscurantistas que quieren controlarla. Esta vocación humanista y plural constituye el espíritu de nuestra universidad. La primera clase que fue dictada en la PUCP versó sobre filosofía estética. Pintoresca la idea esbozada por mi interlocutor, acerca de la cultura como pérdida de plata. Para los proyectos meramente crematísticos están los institutos superiores, no las universidades. Uno va a una universidad para convertirse en algo más que en un "monstruo en computación".

No sería mala idea que esta difícil circunstancia nos lleve a pensar desde sus raíces la idea de la institución universitaria y su servicio al espíritu humano. Es posible que nuestros “sentidos comunes” – autoritarios en lo político, utilitarios en lo educativo – nos impidan percibir una serie de bienes importantes para comprender el sentido de la educación superior.



Actualización :


Daniel Erich Luna: Sobre el Opus Dei y la "censura": el miedo de la PUCP. Polémico e interesante.