miércoles, 19 de mayo de 2010

“LEONERA”: UNA HISTORIA DE MUERTE Y REDENCIÓN



Gonzalo Gamio Gehri


Ayer participé en una sesión de Cine-Foro organizado por IDEHPUCP sobre el tema general de Vida cotidiana y nuevas sociedades. La película exhibida fue la notable película argentina Leonera (2008), de Pablo Trapero. Me acompañó en la mesa la crítica literaria y escritora Carla Sagástegui, también profesora del Departamento de Humanidades de la PUCP.

Julia Zárate es una joven universitaria que se ve envuelta en el asesinato de uno de sus dos amantes – que vivían con ella y la sometían a maltrato – y es encarcelada. Está embarazada de uno de los dos hombres. Tiene que afrontar sola la experiencia de la maternidad habiendo perdido su libertad, sin tener claridad alguna acerca de su participación en el crimen – la cinta ni siquiera resuelve este enigma - y ha ahogado toda esperanza respecto de la forma que pudiera tomar su futuro. No obstante, el nacimiento de su hijo le permite abrigar una nueva ilusión, a pesar de que sabe que a cierta edad lo separarán de ella. Asimismo, encuentra en el trato con las internas del penal actitudes de solidaridad que fortalece su fe en las personas.

Es una obra realmente conmovedora, llena de realismo, pero también repleta de símbolos arquetípicos extraídos del mito. En el diálogo con Sagástegui fuimos identificando una serie de figuras alusivas a la idea de muerte y resurrección, caída y redención. Se trata de una narrativa sobre la vida carcelaria – en la que, literalmente, la vida se des-cubre y se abre paso en medio del recinto carcelario -, en la que la ley aparece como un recurso exterior, meramente abstracto (en términos de Hegel), completamente hostil, e incluso irrelevante, frente al trato cara a cara que se cultiva al interior de una prisión. A nadie parece importarle realmente el rol de Julia en el delito cometido; ni al abogado, ni a los jueces, ni al narrador del film. La redención que ella logra no pasa expresamente por el dolor y por el castigo, sino por el amor que entrega a su hijo y a sus compañeras de reclusión. La cinta juega con el cambio de las estaciones como expresión de la transformación de la actitud vital de la protagonista.

Tanto la madre de Julia como las autoridades del penal quieren arrebatarle al niño, con la intención de brindarle una cierta calidad de vida. La fiera reacción de Julia lleva a sus celadores a recluirla en una celda de castigo, que funciona como una imagen de muerte (una especie de ataúd). Recuperada la posibilidad de realizar visitas vigiladas a su hijo, Julia encierra en la cocina a su madre y a su celadora y huye con el niño. Finalmente, consigue cruzar la frontera. Es curioso que el niño esté vestido con un disfraz de dragón en el momento de la huida. Como se sabe, en los mitos de diversas tradiciones, el dragón – la serpiente primordial – es el símbolo de los grandes cambios, del renacimiento. Por ejemplo, en Nibelungenlied, la sangre de Fafner hace que Siegfried / Sigurd pueda convertirse en héroe y encontrar su destino. En la película, el escape permite a Julia cambiar de piel, iniciar una nueva vida, con la desconcertante – pero unánime – complicidad del público. De este modo, la controvertida figura de la construcción de una identidad más plena, a expensas de la ley, se completa. Aunque de un modo por demás extraño, la vida triunfa sobre la muerte.

sábado, 15 de mayo de 2010

JESÚS MOSTERÍN, LA TAUROMAQUIA Y EL SUFRIMIENTO ANIMAL


Gonzalo Gamio Gehri

Hace unas semanas, el filósofo español Jesús Mosterín publicó un nuevo artículo en El País sobre la tauromaquia y el sufrimiento animal, El triunfo de la compasión. Como se sabe, en la Generalitat de Cataluña se ha planteado la abolición de las corridas de toros. Mosterín sostiene – siguiendo a David Hume y, a pesar suyo, a Richard Rorty – que la compasión constituye un sentimiento moral superior, y que su promoción constituye un insoslayable signo de desarrollo moral en las personas. La capacidad para la empatía y la disposición para la reducción del sufrimiento constituyen formas inequívocas de excelencia humana. Afirma que la disposición a sentir con el otro que sufre no sólo debe tener como destinatario a todo bípedo implume, sino también a los animales no humanos. Aduce que el sufrimiento inducido de los toros en el ruedo es una inaceptable expresión de crueldad. En pleno siglo XXI no podemos admitir el sufrimiento animal por motivos rituales.

Hace mucho tiempo que algunos buenos amigos me piden que me pronuncie sobre la tauromaquia. Hace poco tuve la oportunidad de leer unas interesantes reflexiones de algunos de mis profesores y colegas de la Universidad sobre este escrito de Mosterín, que me llevan a escribir estas líneas. Lo primero que tendría que decir es que nunca he sentido entusiasmo alguno con las corridas de toros. Me parece, efectivamente, un espectáculo cruel. No encuentro allí “espiritualidad” alguna, aunque conozco a algunas personas que vibran con los toros. No me resulta para nada edificante la tortura pública de un animal por razones de entretenimiento o por alguna suerte de “catarsis (emotiva)”. Así como las peleas de perros están prohibidas, pienso que podría promoverse la abolición de la tauromaquia. Es verdad que muchos interpretan las corridas de toros como la expresión de la antigua imagen de la lucha entre el hombre y la bestia, una imagen que hunde su raíces en el mito (p.e., Teseo y el terrible Minotauro de Creta). No obstante, creo que existen maneras más saludables de concebir la relación entre el animal humano y los demás animales. San Francisco de Asís y San Patricio describían a los animales no humanos como nuestros “hermanos menores”. Y los budistas condenan el trato cruel contra todo ser vivo. Podemos construir narrativas menos violentas acerca de nuestra relación con la naturaleza.

Se objetará que plantear esta posición resulta incoherente si uno no es vegetariano (¿o incluso “frutariano”?). Algunos sostienen que, si te gustan las hamburguesas o el cebiche ¿Con qué autoridad moral condenas la tauromaquia? Admito que quizás la mejor forma de combatir coherentemente el sufrimiento animal - en un nivel personal - es cambiando de hábitos alimenticios. Ello nos permitiría formular el asunto de un modo más universal, en términos de los ‘derechos de los animales’. Sin embargo, considero que algo anda mal con ese argumento. Es puramente defensivo, pues sólo apunta a señalar las contradicciones del crítico (“si eres carnívoro promueves el sufrimiento animal”) con ánimo de silenciarlo, antes que justificar el valor positivo de las corridas de toros. Recientemente, tanto Fernando Savater como Mario Vargas Llosa han esbozado esa clase de argumentación, indicando la crueldad promovida por la industria alimentaria y la gastronomía de alto nivel. Mosterín les responde de una manera que no puede ser desestimada con facilidad.

“Ambos autores insisten en el argumento inválido de que también hay otros casos de crueldad con los animales, lo que justificaría la tauromaquia. Savater nos ofrece una larga lista de maltratos a los animales, remontándose nada menos que al sufrimiento infligido por Aníbal a sus elefantes cuando los hizo atravesar los Alpes. En efecto, debieron de sufrir mucho, pero no más que los soldados, la mayoría de los cuales no lograron sobrevivir a la aventura italiana del caudillo cartaginés. Si esto fuese una justificación del maltrato animal, también lo sería del maltrato humano y de la agresión militar. Vargas Llosa pone el ejemplo de la langosta arrojada viva al agua hirviente para dar más gusto a ciertos gourmets. Esto justificaría las corridas, pues también las langostas sufren. También es cruel la obtención del foie-gras de ganso torturado, pero por eso mismo el foie-gras ya ha sido prohibido en varios Estados de EE UU y en varios países de la UE. En cualquier caso, sabemos que los toros sienten dolor como nosotros, pues el sistema límbico y las partes del cerebro involucradas en el dolor son muy parecidos en todos los mamíferos. El neurólogo José Rodríguez Delgado hizo sus famosos experimentos para localizar los centros del placer y el dolor en el cerebro de toros y hombres y no encontró diferencias apreciables. Desde luego, el mundo está lleno de salvajadas y crueldades contra los animales humanos y no humanos, pero este hecho lamentable no justifica nada.”

Los defensores de la tauromaquia con frecuencia apelan a la tradición como posible fuente de justificación de esta práctica, que describen como muy española, como una especie de celebración ritual de nuestra hispanidad. Sabemos que la invocación a la "tradición" no constituye una razón convincente para preservar costumbres que empezamos a cuestionar en virtud de buenos argumentos, y que ella por sí misma no constituye una fuente de legitimación moral[1]. El propio Aristóteles concluye en la Política que “en general, todos los seres humanos buscan no la forma en que vivían sus ancestros, sino el bien”. Una cita importante, reveladora, sin duda. En una época era “muy griego” sacrificar cabras a los dioses, y “muy azteca” realizar sacrificios humanos. Hoy los habitantes del Peloponeso y del Golfo de México han asumido otras prácticas. El cuestionamiento racional contribuye a modificar las tradiciones, incluso a abandonarlas, si sus usuarios llegan a encontrarlas arbitrarias, destructivas o potencialmente empobrecedoras.

“Se aduce que la tauromaquia forma parte de la tradición española, como si lo tradicional fuera una justificación ética, lo que obviamente no es. Todas las costumbres abominables, injustas o crueles son tradicionales allí donde se practican. Vargas Llosa siempre ha polemizado contra la corrupción y la dictadura en América Latina, pero ambas son desgraciadamente tradicionales en muchos de esos países. También ha puesto a Chile como ejemplo a seguir por los demás países sudamericanos. Pero Chile prohibió las corridas de toros hace ya dos siglos, el mismo día y por el mismo decreto que abolió la esclavitud”.

Algunas tradiciones desaparecen para bien. Por otro lado, es evidente que las tradiciones no permanecen inalterables, sino que están expuestas a la revisión crítica y al cambio social. Incluso las corridas de toros han afrontado modificaciones.

“Antes los caballos salían a la plaza de toros sin protección alguna y durante la suerte de varas casi siempre acababan destripados y con los intestinos por el suelo. Por otro lado, como los toros no querían combatir y huían, les introducían en el cuerpo banderillas de fuego (petardos que estallaban en su interior y desgarraban sus carnes), a ver si así, enloquecidos de dolor, se decidían a embestir. En 1928 al general Primo de Rivera se le ocurrió invitar a una elegante dama parisina, hermana de un ministro francés, a una corrida de toros en Aranjuez. Cuando la dama empezó a ver la sangre brotar a borbotones, los intestinos de los caballos caer a su lado y los petardos estallar dentro de los toros, casi le dio un patatús de tanta repugnancia e indignación como le produjo el espectáculo. El general, avergonzado, ordenó al día siguiente que se cambiase el reglamento taurino, suprimiendo los aspectos que más pudieran escandalizar a los extranjeros, a quienes se suponía una sensibilidad menos embotada que a los aficionados locales”.

Otro argumento recurrente indica que los toros de lidia, una vez abolida la tauromaquia, estarían condenados a la extinción. Mosterín no tarda en enfrentar este punto de vista:

Los toros pertenecen a la misma especie que las vacas lecheras, aunque no hayan sido tan modificados por selección artificial. Son herbívoros y rumiantes, especialistas en la huida, no en el combate, aunque en la corrida se los obligue a defenderse a cornadas. Los taurinos dicen que la tauromaquia es la única manera de conservar los toros "bravos". Pero hay una solución mejor: transformar las dehesas en que se crían (a veces de gran valor ecológico) en reservas naturales. Algunos añaden que, puesto que no se ha maltratado a los toros con anterioridad, hay que torturarlos atrozmente antes de morir. ¿Aceptarían estos taurinos que a ellos se les aplicase el mismo razonamiento?

En fin. Encuentro el texto de Mosterín interesante e importante, a pesar de que el tema no deja de ser controversial. Todavía muchas personas insisten en que la compasión es una emoción que sólo corresponde expresar – en el mejor de los casos - en el contacto interhumano. Asimismo, consideran que la crueldad sólo puede practicarse contra los seres humanos. No soy de esa opinión. Ya continuaremos con el tema más adelante, pues esta es una nota preliminar sobre este asunto. Las reflexiones de Mosterín, en todo caso, constituyen un buen punto de partida para examinar este problema en nuestro medio.

La imagen ha sido tomada de aquí.


[1] Como puede apreciarse, reaparece – una vez más – el conflicto entre el tradicionalismo y la “vida examinada”: el pathos de Aristófanes contra el de Sócrates.

miércoles, 12 de mayo de 2010

DOS REFLEXIONES BREVES



Gonzalo Gamio Gehri

I

En las últimas semanas, los sectores conservadores que apoyan una eventual intervención cardenalicia sobre la PUCP – y sus aliados mediáticos pseudoliberales – han señalado maliciosamente que la autoridades de la PUCP se estarían declarando en “franca rebeldía” contra el fallo del Tribunal Constitucional en materia de la acción de amparo interpuesta por la Universidad; esta actitud – sugieren – sería contraria a la ética liberal de la justicia y la legalidad. Nada más lejos de la realidad. El Rector de la PUCP ha señalado que se acatará el fallo – que alude a un aspecto formal de este conflicto – y que apelarán a las instancias internacionales pertinentes. Lo que no dicen los activistas reaccionarios – y sus pares “liberales” – es que, en sentido estricto, la PUCP tendría que haber ganado en la sala superior al contar con los tres votos correspondientes. La Universidad ha manifestado esto en comunicados que ha dirigido a la opinión pública. Aquí existe una controversia instalada en la observancia misma del principio de legalidad; este es un asunto que los reaccionarios y sus camaradas mediáticos soslayan deliberadamente. Yo no soy abogado, pero explica bien esta situación el especialista Juan Monroy en Un caso para acusación constitucional, artículo publicado en El Comercio:

“En el Perú las salas superiores están formadas por 3 jueces. Para que resuelvan un caso necesitan unanimidad, solo 3 votos conformes hacen sentencia. Antes de resolver el caso, al TC se le probó, fehacientemente, que en la sala superior se habían emitido 3 votos favorables al primer pedido de amparo de la PUCP. ¿Y qué hizo el TC con esta afirmación categórica y evidente? Disfrazó el tema diciendo que el artículo 141 de la Ley Orgánica del Poder Judicial es “normatividad infraconstitucional procesal”, por lo que si tal hecho ha ocurrido o no, ello escapa a su función. En efecto, la norma citada no está en la Constitución. ¿Y qué dice el artículo 141 citado? Que 3 votos de una sala superior hacen sentencia.


En el Perú una sentencia de amparo favorable al demandante en segundo grado tiene calidad de cosa juzgada. El TC conoce miles de amparos al año, así que es imposible que no conozca ese dato normativo. Es decir, la PUCP ya había ganado el caso, además con la autoridad de la cosa juzgada, pero el TC ha considerado que este hecho es irrelevante (¿?).


El artículo 139,2 de la Constitución prescribe que la cosa juzgada es la máxima garantía de un ciudadano cuando discute sus derechos, por lo que ninguna autoridad puede afectarla. El TC, máximo ente tutelar de la Constitución, debe protegerla incondicionalmente. Sin embargo, estamos ante la paradoja de las paradojas: el órgano encargado de velar por la vigencia de la Constitución la ha violado flagrante e intencionalmente. Usando la táctica del avestruz no solo ha expedido una sentencia nula sino, sobre todo, inconstitucional. Más allá del derecho de la PUCP a invalidar una sentencia viciada, la sucesión ininterrumpida de excesos impone que se precise a los miembros del TC los límites del órgano que forman. No está en discusión la necesidad de tener un TC. Sí lo está, en cambio, esclarecer qué esperamos de aquel y sobre todo de sus miembros. Aunque de estos últimos será mejor saber, urgentemente, qué no debemos esperar”.

Este es un punto que los hoy súbitos e improvisados “defensores de la legalidad” no toman en consideración, a pesar de que – como argumenta Monroy – puede ser tema de una acusación constitucional.

II

No cabe duda que el frente mediático y blogosférico constituye el “otro frente” de este conflicto. Veo muy “organizados” a los enemigos de la PUCP, convertidos en agitadores de Facebook , activistas entusiastas en otros espacios, siempre prestos a responder – con el mismo tono agresivo, los mismos argumentos y casi con el mismo estilo de redacción – a los artículos que aparecen en la web de La República defendiendo la autonomía de la PUCP.

En muchos casos, existe una genuina desinformación sobre la PUCP, aderezada y propiciada por ciertos medios de prensa y no pocos blogs. Leí con preocupación en el blog Vacío – de mi gran amigo Daniel Luna – que un comentarista señalaba erróneamente que el libro Camino de Escrivá de Balaguer no estaba en la Biblioteca (o había sido retirado de los estantes de la Biblioteca). No tiene sentido especular sobre el origen de este dato falso, que bien puede ser atribuido a la falta de cuidado y no a la mala fe (a pesar de que uno debe cerciorarse de que sus afirmaciones estén bien justificadas antes de lanzarlas). Afortunadamente, Raúl Zegarra desmintió esa extraña aseveración, señalando el paradero y código del escrito:

BV 4811 E796
Camino
Escrivá de Balaguer, Josemaría, 1902-1975
2001.

Estantes - Biblioteca de teología

Es que, precisamente, si algo caracteriza a la PUCP es su disposición a hacer accesible toda información académica y culturalmente relevante y toda expresión de pensamiento, de modo que pueda convertirse en foco de debate y reflexión crítica. Facilitar la lectura directa y libre de todo material de investigación. Esto, por supuesto, no constituye una novedad o un dato “revolucionmario”: se trata de una exigencia esencial a cualquier genuina Universidad. Y la PUCP lo es, con todas sus letras.


La Imagen proviene de aquí.

viernes, 7 de mayo de 2010

CAMINOS DE PENSAMIENTO: CUARENTA AÑOS DE ESTUDIOS GENERALES LETRAS



Gonzalo Gamio Gehri


El día de ayer se celebró en la PUCP una Misa por los cuarenta años de Estudios Generales Letras. La ceremonia contó con la presencia del Decano, Fidel Tubino, los vicerrectores Efraín Gonzales de Olarte y Pepi Patrón, y un elevado número de estudiantes, trabajadores y profesores de esta unidad académica. Los sacerdotes que celebraron el oficio religioso fueron tres antiguos profesores de EEGGLL: Felipe Zegarra, Luis Fernando Crespo y Jeff Klaiber (sacerdotes que han sido injusta y extrañamente desplazados por las nuevas autoridades del CAPU en lo relativo a su participación en la celebración de las Misas en dicho Centro, luego de varias décadas de una ejemplar dedicación a este servicio). El Padre Zegarra recordó la importancia del cultivo de la universalidad en nuestros Estudios Generales Letras, así como el importante servicio al país que brinda la PUCP. En el momento de las peticiones, un estudiante invocó por la preservación de la pluralidad y la libertad de nuestra formación académica, en tanto constituye la clave de la excelencia de la educación que brinda la PUCP.

Quisiera ocuparme brevemente del enorme valor de los Estudios Generales para una genuina vida universitaria. Los Estudios Generales constituyen los cimientos de la formación que ofrece la PUCP, y constituyen una dimensión importante de su identidad como universidad. A lo largo de dos años, el estudiante toma contacto con diferentes formas de saber y pensar, que contribuyen al fortalecimiento de su capacidad de deliberación práctica y razonamiento científico, así como a la configuración de hábitos emocionales vinculados a la práctica de la solidaridad y al sentido de justicia. El paso por las aulas de Lengua, matemáticas, filosofía, teología, ciencias sociales, historia, arte y otras disciplinas contribuye a la adquisición de disposiciones del pensamiento y la sensibilidad que se aproximan a aquello que Aristóteles describía lúcidamente como el ámbito de las aretái, excelencias del intelecto y del carácter que contribuyen decisivamente a promover la calidad de la actividad académica y la vida ciudadana. Estos años de investigación y cultivo de estas disciplinas permiten asimismo que el estudiante afronte con mayores elementos de juicio la tarea de elegir un camino académico o profesional.

Una de las fortalezas de la educación brindada por nuestros Estudios Generales Letras reside en el cuidado del pluralismo. No sólo se trata de iniciar al estudiante en una amplia gama de disciplinas vinculadas al estudio del ser humano en un espacio de apertura crítica y libre intercambio de argumentos. Se trata de una etapa formativa que promueve la investigación interdisciplinaria, el amor al texto y a la expresión bien construida, así como la vocación por el argumento riguroso. Las materias que se imparten están a cargo de profesores que provienen de tradiciones intelectuales diferentes, de modo que el estudiante puede tomar contacto con diversos enfoques y metodologías. La educación brindada no cuenta con ningún esquema tutelar de ideas e intereses; el elemento constante en la formación que ofrecen nuestros Estudios Generales Letras es de naturaleza ética: el respeto por la libertad y la dignidad de la persona humana, así como el cuidado del espíritu.

Hoy, en tiempos en los que – por doquier en el país, después del cuestionado decreto 882 – la educación universitaria sucumbe a las tentaciones de la mera instrucción profesional y el dogmatismo del mercado, los Estudios Generales Letras constituyen una alternativa para quienes buscan una reflexión radical y multidimensional en torno al los problemas del ser humano y su entorno, a la vez que buscan una formación profesional de alta calidad. Constituye, del mismo modo, una opción para quienes consideran que el cultivo del saber y la virtud posee un valor intrínseco y no sólo un valor de carácter instrumental. Nuestros Estudios Generales contribuyen al progreso de una universidad que no busca producir meros engranajes para el funcionamiento “eficaz” la maquinaria productiva, sino académicos y profesionales calificados, socialmente responsables, que se revelan como agentes capaces de discernir libremente un destino superior para sus vidas y como ciudadanos capaces de construir una comunidad más justa.

Enhorabuena. Que vengan muchas décadas más.


Actualización:


Enrique Bernales: El lamentable fallo del TC contra la PUCP


Juan Monroy: Un caso para acusación constitucional

Eduardo Lores: Bocato di cardinale

Eduardo González: ¿Qué haría Habermas en la blogósfera?

domingo, 2 de mayo de 2010

SOBRE EDUCACIÓN Y LIBERTAD


Gonzalo Gamio Gehri



Hace un par de días – en el contexto de una clase para el Diplomado de Religión y Cultura de la UARM – examinamos juntos la película Dead Poets Society (1989). El objetivo era mostrar de una manera vívida la idea de la libertad autodeterminada y la concepción expresivista de la vida. A pesar de que la película incurre en algunos vicios típicamente hollywoodenses, me parece una obra magnífica, que trata con singular maestría el tema del valor – y también los riesgos – de la libertad y la construcción de la identidad, así como la importancia de educar en y para la autonomía y la creatividad. El profesor Keating muestra a sus alumnos los nudos de la gesta romántica de la búsqueda del ‘propio lenguaje’, así como la necesidad de contar con formas de vida democráticas que constituyan el trasfondo ético de esta gesta. No es casualidad el lugar central que ocupa en la película el poema O Captain! My Captain!, que Whitman dedicara a Lincoln.

La película plantea con singular fuerza cómo esa libertad expresiva – en tanto condición para la realización humana – encuentra serios escollos en la cultura autoritaria sólidamente afincada en la familia, en escuelas y universidades, y en la esfera pública. Muchos ven el anhelo de libertad como un gesto de mera rebeldía y soberbia, y no como el horizonte en el que puede desplegarse una vida humana que merezca la pena vivirse (véase la lúcida reflexión personal de Pedro Salinas en Perú 21, Yo odié a Hans Küng). Creen que existe algo así como un “orden natural jerárquico” que es trasgredido sistemáticamente por quienes aspiran a la autonomía y a la autoexpresión; por eso ciertos desarrollos de la modernidad les parecen funestos. Hoy la reflexión sobre esta película encuentra un nuevo contexto en un mundo en el que se presupone que la educación superior se propone instruir al joven para insertarlo en el mundo laboral e iniciarlo en el ejercicio profesional, dejando de lado la producción de conocimiento y la construcción de la libertad.

En ese momento no lo pensé, pero en nuestro medio, la película nos invita a pensar este ideal de libertad individual en circunstancias en que una de las mejores universidades del Perú pretende ser tomado por un sector conservador en lo religioso y en lo político. En el post anterior, discutimos acerca de la perplejidad que nos suscitaba el júbilo de los supuestos “liberales” de la prensa y la política peruanas ante la perspectiva de una victoria fundamentalista. Ese júbilo revelaría una entraña reaccionaria en este pseudo-liberalismo criollo, a la vez que encono contra la permanente preocupación de la PUCP por la libertad académica y los derechos humanos (¿acaso opera aquí una especie de ‘oscura revancha’ mediática y política por la condena de Fujimori y por el importante trabajo de la CVR?). Recibimos muchos comentarios, entre ellos algunos que revelaban una concepción abiertamente hostil ante el modelo humanista de universidad, que es el que ha asumido la PUCP desde su fundación. Permítanme citar uno de esta especie y comentarlo.

“Desde la perspectiva liberal - o lo que tú llamas erróneamente neo-liberalismo- uno puede estar más cómodo con Cipriani que con los "caviares" dirigiendo la PUCP, pero no por una cuestión ideológica sino por eficiencia. Los rojos y los utópicos han tendido a malgastar la plata. Por otro lado el Opus tiene algunas de las mejores escuelas de negocios en el mundo y son muy buenos para conseguir financiamiento. No se estarían preocupando por aspectos irrelevantes (preferiría usar palabras de nuestro arzobispo pero lamentablemente creo que son impropias en un blog académico como éste) como tus griegos o Kant, sino por lo que realmente llevaría al desarrollo del país: cómo producir más en un marco de libertad económica y sin ideologías. Ni a la gente, ni a la mayor parte de los estudiantes les interesa si Hegel pensó que existe un espíritu objetivo, entender qué quería decir Kant en la crítica a la razón pura, ni el sentido de la tragedia en Eurípides, ni la inmortalidad del mosquito. Lo importante es lo concreto. Les interesa más bien como conseguir trabajo en un mercado cada vez más exigente y competitivo. lo demás es relleno, que puede cambiar según la época. Así de crudo pero así de real: Give me the Money.”


Le respondí que – si era cierto lo que señalaba – entonces le daba la razón a mi argumento central en torno a los peligros de una intervención externa sobre la Universidad. Eso significaría que quienes tienen interés en intervenir la Universidad – bajo las órdenes del cardenal - quieren hacer de la PUCP algo diferente a lo que ha sido desde su fundación en 1917, una institución humanista. Es sorprendente cómo para muchas personas se ha convertido en un asunto de sentido común el que una universidad tenga el formato y los propósitos de una empresa privada.

A la Católica - desde sus inicios - le ha interesado los griegos, Kant, Hegel y no solamente lo que da plata o es "inmediatamente" productivo. El saber es productivo, la cultura es productiva en un sentido más amplio que el de una billetera abultada. Una razón más para defender la autonomía de la PUCP contra las fuerzas oscurantistas que quieren controlarla. Esta vocación humanista y plural constituye el espíritu de nuestra universidad. La primera clase que fue dictada en la PUCP versó sobre filosofía estética. Pintoresca la idea esbozada por mi interlocutor, acerca de la cultura como pérdida de plata. Para los proyectos meramente crematísticos están los institutos superiores, no las universidades. Uno va a una universidad para convertirse en algo más que en un "monstruo en computación".

No sería mala idea que esta difícil circunstancia nos lleve a pensar desde sus raíces la idea de la institución universitaria y su servicio al espíritu humano. Es posible que nuestros “sentidos comunes” – autoritarios en lo político, utilitarios en lo educativo – nos impidan percibir una serie de bienes importantes para comprender el sentido de la educación superior.



Actualización :


Daniel Erich Luna: Sobre el Opus Dei y la "censura": el miedo de la PUCP. Polémico e interesante.


lunes, 26 de abril de 2010

EL FARISEÍSMO DE LOS FALSOS LIBERALES



(COMENTARIOS SOBRE UN ARTÍCULO DE RICARDO VÁSQUEZ KUNZE)



Gonzalo Gamio Gehri


Hoy ha aparecido en Perú 21 un interesante artículo de Ricardo Vásquez Kunze sobre el caso PUCP – titulado Liberales: ¿De Saulo a Paulo? - , en el que explora el aspecto ideológico y político del problema. Se pregunta – con singular agudeza y con fina ironía – porqué quienes se autodenominan “liberales” – políticos, periodistas, activistas miembros de instituciones internacionales, etc. – festejan a viva voz el reciente y cuestionable fallo del TC en contra de la Universidad. No se trata de que muchos de ellos estén de acuerdo con el fallo, afirma (aunque ellos saben de sobra que el TC se pronuncia resolviendo el tema de fondo, que está en manos de la justicia ordinaria); lo que le resulta extraño es que estos supuestos “liberales” se unan de manera entusiasta a la prematura fiesta que ya organizan los reaccionarios que denostan de los derechos humanos, la democracia y las libertades individuales. Hay que ver con qué facilidad ambos bandos hacen frente común. Las expresiones del autor son bastante duras, pero señalan una situación real.

“Cualquiera diría que mañana mismo Friedman, Hayek, Von Mises y Popper van a iluminar los claustros de la universidad más importante e influyente del Perú. Cualquiera diría que la doctrina de la autonomía de la voluntad y la soberanía del individuo va a asentar sus reales en el espíritu de sus más de 15,000 estudiantes. Cualquiera diría que quien está por entrar a la universidad es Manuel González Prada y no el Opus Dei, la orden más conservadora de la Iglesia Católica, de la mano del Cardenal Cipriani y el santo Escrivá de Balaguer.”

Vásquez Kunze sostiene que esta pintoresca situación revela la verdadera crisis del liberalismo político criollo, si es que éste realmente existe. Muchos “liberales” se sienten cómodos al lado de quienes promueven un Estado tutelar confesional; para ellos, el “enemigo” es la socialdemocracia y la izquierda democrática – etiquetada bajo el indeterminado rótulo de “caviar”-, aunque ambas formas de pensamiento suscriben la cultura de los derechos humanos, el Estado laico y la autonomía del individuo. Es que sólo conciben las libertades económicas, y les tienen sin cuidado las libertades sociales y políticas. Por eso sospechan del uso del término “sociedad civil”, pese a su origen liberal, por eso tantos pseudoliberales le tenían tanta condescendencia a Fujimori, por eso no creen que Keiko sea una candidata “antisistema”. Por eso se suman al coro de gorgonas que celebra el fallo brindando con los reaccionarios. Como el columnista conservador Martín Santiváñez Vivanco sugirió en una mal lograda postilla, ven a la PUCP como el “buque insignia” de la llamada “izquierda cultural”. Se trata, evidentemente, de una lectura basada en la ignorancia y el prejuicio (véase la brillante y severa refutación - elaborada en el blog de Raúl Zegarra - de la escuálida y maldiciente nota de Santiváñez publicada en Correo). Creen que con esta batalla van a hacerle pagar caro a la “izquierda cultural” todas sus anteriores derrotas y frustraciones: la condena de Fujimori, el Informe Final de la CVR, los fallos de la CIDH, el gobierno de transición, los procuradores anticorrupción, etc. Podría decirse que han concentrado su frustración en un solo “objetivo”. Para ellos, París bien vale una misa.

“Puedo entender el júbilo de los conservadores pero no el de los liberales. Porque esta algarabía liberal dice, en realidad, mucho de la crisis del propio pensamiento liberal en el Perú. Ya se entiende por qué los liberales nunca han calado en el ideario de las clases dirigentes, menos aún en el imaginario popular. Porque, es obvio que ideológicamente, ningún liberal podría aplaudir un triunfo conservador así como ningún conservador aplaudirá jamás un triunfo liberal. El liberalismo y el conservadurismo son como el agua y el aceite en lo que a principios rectores del mundo se refiere. Sólo ante un peligro mayor como el fascismo o el comunismo podría haber un entendimiento político, como lo hubo en la Segunda Guerra Mundial o en la Guerra Fría.

Pero obviamente ese no es el caso en la PUCP. De ahí que sólo me queda concluir que el liberalismo peruano o tiene un sancochado en la cabeza o tiene una crisis de identidad tan grande que no tiene el menor pudor de subirse al carro ideológico conservador, así como los marxistas tampoco lo tienen de auparse “al carro electoral de un fascista-chavista como Ollanta Humala”.”

La hemiplejia conceptual (¿y moral?) de estos falsos “liberales” es notoria: creen que el escenario de la libertad y la realización humana es la economía, no la política o la ética. Cuando no razonan con la máquina registradora – o en términos de mero lobbysmo – son bastante autoritarios y cavernarios. No son genuinos liberales, son mercantilistas. El cálculo costo / beneficio está por encima de los derechos humanos, en su reductivo esquema espiritual. Les importa muy poco o nada el riesgo de que una de las universidades más importantes del Perú sea capturada por manos ultraconservadoras, y que su nivel académico descienda al abismo en virtud del control ideológico ultramontano. A muchos falsos liberales no les interesa la preservación de las libertades académicas, o que se prohíba la lectura de ciertos libros (con “etiqueta roja”) o que se impida la investigación en determinados temas. Tampoco reparan en el hecho de que hoy la PUCP es un recinto plural en donde encontramos profesores de distintas escuelas y modos de pensamiento, pluralidad que se disolvería con la intervención conservadora; mienten quienes sugieren malintencionadamente que la PUCP constituye una “cantera izquierdista”: el propio Vásquez Kunze – un reconocido intelectual de derecha – es una prueba de que eso no es cierto. Estos “liberales” espurios sueñan con la entrega de la universidad a manos fundamentalistas[1]. Celebran eufíricos la diversidad en el mercado, pero les da igual – o les irrita – la diversidad en la Academia. Así como ciertos “liberales” coexisten (y disfrutan) con Asia y sus prácticas, pueden hacer lo propio con una universidad tutelada y unidimensional en la hipótesis negada de que la PUCP (en muchos casos, su Alma Mater) se viese sumida en tiempos de oscuridad.

“La pregunta que deberían hacerse los liberales es si sus ideales de progreso están más cerca de los así llamados “caviares” que de los conservadores y reaccionarios. Para hacerla simple: si están más cerca de la sociedad sueca que de la sociedad iraní. Creo que a cualquier liberal le gustaría vivir más en Suecia que bajo la férula de los Ayatholas y Ahmadinejad. Otro asunto es que la sociedad sueca no sea liberal. Pero para que cualquier sociedad lo sea, los liberales deben tener las cosas claras y ponerse a trabajar, hacer política, escribir libros, fundar universidades, regentar ONGs. Su incompetencia no es culpa de los “caviares” ni le pondrá remedio un triunfo ideológico conservador.”

El remate de Vásquez Kunze es realmente contundente:

“Salvo que ya hayan hecho su “camino de Damasco” para terminar de Saulo en Paulo. En ese caso que vayan poniendo su cabeza en el tajo. Del réquiem se encarga el Cardenal”.

Una parte de los convidados a este festín se presentan como liberales, pero no son más que fariseos, colaboradores y compañeros frecuentes de los poderosos. Ayer su corazón estuvo con Fujimori, hoy late por Alan, y mañana, quién sabe. Nunca les ha incomodado compartir la mesa y los planes con los espíritus más retrógrados, con los que - desde el Estado, la arena política u otros espacios sociales - prefirieron mirar hacia otro lado cuando las víctimas del terror o de la represión solicitaban su ayuda. Su valor inspirador no es la libertad, sino el anhelo de poder y el mero interés.

Estudiantes, trabajadores y profesores de la universidad estamos comprometidos con la apertura, rigurosidad académica y pluralidad que constituyen el fundamento del bien ganado prestigio de nuestra casa de estudios. Ella es una comunidad entregada a la producción de conocimiento y a la forja de conciencia crítica al servicio del país. Por eso, quienes defendemos la autonomía de la PUCP nos reservamos las celebraciones para el final. Esta batalla moral y legal recién empieza.



[1] Podríamos citar, asímismo, a muchos otros excelentes profesores - muy apreciados en la PUCP - distantes del pensamiento izquierdista o expresamente de "derecha", en sus diversas versiones: Boullard, Hernando, De Trazegnies, Cisneros, De la Puente, y un largo etcétera.










Actualización 1:

En el mismo Perú 21, Oliver Stark - sí, el mismo que sugirió construirle un monumento al perro Lay Fun - sostiene con entusiasmo en una delirante nota (en Fascismo en el Perú) que una eventual intervención del cardenal Cipriani en la PUCP permitiría hacer de la universidad un reducto fascista, como originalmente "quería Riva Agüero". Este señor Stark es increíble ¿Está en sus cabales?

Dice a la letra:

"Lamentablemente y debido a que careció de una tradición propia a la que acudir en busca de inspiración, el fascismo en el Perú nunca levantó vuelo a pesar de contar con el apoyo de la Iglesia Católica y la capas medias.

En un Perú que se debate entre los fuegos cruzados de un capitalismo depredador y excesivamente laxo y un socialismo fracasado, cabe preguntarse si una opción de camino medio entre los dos en la que prevalezca la realidad a los principios, la razón a los sentimientos y el orden al libertinaje pueda volver a ser una opción viable para el Perú".

Este señor está abogando por la resurrección del fascismo en el Perú. De Ripley. Quizás algunos activistas virtuales peruanos de tendencia similar - blogueros tradicionalistas, "antimodernos", y a la vez promotores reaccionarios de campañitas Facebook - suspiren de emoción. Qué pintoresco ¿Se estarán reagrupando los minúsculos grupos de la versión más extravagante de la extrema derecha?


Actualización 2:


Excelente artículo de Nelson Manrique publicado en La República sobre el cuestionado fallo del Tribunal.


Actualización 3:


Interesante artículo de Antonio Zapata sobre el caso PUCP.

Agudo texto de Jorge Bruce en defensa de nuestra Alma Máter.

Rocío Silva S. examina el caso PUCP.

Martín Tanaka analiza el tema en su blog.

Actualización 4:

Un agudo post de Gustavo Faverón: Los fuji-fachos (¿Algún bloguero se siente aludido?).

Eduardo González examina sus primeros años en la PUCP.

Especial de Domingo de La República sobre la amenaza fundamentalista sobre la PUCP.

Pedro Salinas escribe Yo odié a Hans Küng en Perú 21, un polémico testimonio de cómo - cuando era formado como un conservador religioso - le enseñaron a condenar al teólogo suizo sin necesidad alguna de leer sus escritos.