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domingo, 12 de mayo de 2013

J. DIEZ CANSECO: UNA LECCIÓN DE COHERENCIA Y CORAJE






Gonzalo Gamio Gehri

Hace muy poco que perdimos a Javier Diez Canseco. Seguí su trayectoria y voté más de una vez por él como congresista, dado que consideraba que su presencia era relevante en un Congreso plural y decente. No tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, pero siempre admiré su coherencia personal, su valentía y su tenacidad para denunciar la injusticia y combatir la impunidad. Era un crítico implacable y un notable polemista. En los últimos meses, el actual Congreso lo sancionó violando el principio del debido proceso y el derecho a la defensa – como se ha manifestado desde los fueros legales – a partir de una campaña desatada desde la prensa conservadora, particularmente Correo. Se intentó así mellar la imagen pública de un político que desarrolló su trabajo parlamentario desde la convicción de que resultaba fundamental para mejorar la acción política recuperar su originaria y radical conexión con la ética.

No compartía yo el ideario revolucionario de Diez Canseco, tampoco su espíritu militante, aunque respetaba profundamente el ideal de integridad personal y solidaridad con los débiles que promovía. Como muchas personas de mi generación, me pareció importante aprender de la experiencia del desmantelamiento del bloque del este, experiencia que reclamaba un esforzado trabajo de reformulación teórica del socialismo y el alejamiento del marxismo ortodoxo, y acaso un desplazamiento decisivo hacia posiciones socialdemócratas o cívico-humanistas. Saludaba el proyecto de preservar el impulso moral por la justicia social y la libertad, desde una valoración liberal de las fuentes éticas y procedimentales de las ideas democráticas, dejando de lado el pathos dogmático de las viejas vanguardias. Los socialistasmás radicales, inspirados por la mística de la postguerra, no se mostraban afines a este giro hacia un progresismo liberal. más bien revisionista. Entiendo que el Partido Socialista ha hecho en los últimos años una revisión de sus bases ideológicas, pero no tengo información detallada de ello. Lo cierto es que Diez Canseco participó activamente en la tarea legisladora y fiscalizadora desde las instituciones de la democracia constitucional – representativa -, destacándose en la defensa de los derechos humanos de las víctimas y de los trabajadores y en la vindicación de los principios de la ética pública en contra de las diversas formas de autoritarismo y corrupción urdidas en las últimas décadas.

Su más reciente producción política estuvo ligada a la defensa de los derechos de las personas con discapacidad  y las minorías culturales y sexuales. Más allá de si uno comincidía o no con los cimientos ideológicos de Diez Canseco o si disentía con algunos capítulos de su trayectoria política – por ejemplo, su discutida responsabilidad en la división de la izquierda – uno celebra indiscutiblemente el balance positivo de una vida dedicada a la causa de los sectores más pobres y vulnerables del país, la pertinencia de su labor parlamentaria, su firme combate a la autocracia (tanto con Velasco como con Fujimori), la compleja consistencia entre pensar y vivir la política. Incluso quienes alguna vez se consideraron adversarios políticos de Javier Diez Canseco reconocen el enorme valor de una vida dedicada al cultivo de una política humana y empática con quienes sufren. Seguramente un Congreso más honorable le rendirá a Javier Diez Canseco el homenaje que su vida y su labor merecen.