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lunes, 12 de diciembre de 2016

ACERCA DE CULTURA, DEMOCRACIA Y MEMORIA








Gonzalo Gamio Gehri

Hace varias semanas se presentó en la UARM el libro Culture, Democracy, Catholicism. Voices from Four Continents, editado por Maichel J. Schuck y John Crowley-Buck y publicado por la Fordam University Press.  El texto tiene contribuciones de especialistas de Estados Unidos, Lituania, Indonesia y el Perú. Por nuestro país escriben Soledad Escalante, Jorge Aragón, Oscar Espinosa y quien redacta estas líneas. Los comentarios estuvieron a cargo de Félix Reátegui y Birgit Weiler.

Mi artículo estuvo dedicado a la lucha por la memoria en los actores católicos que intervinieron en el debate público sobre el conflicto armado interno, posterior a la publicación del Informe Final de la CVR. En ese debate pudo visibilizarse la existencia de perspectivas conservadoras y progresistas. La discusión se remite a la tradición bíblica como la fuente de la ética de la memoria. Claramente, el Evangelio se pronuncia a favor de la rememoración de la experiencia del sufrimiento del inocente. Ella es fuente de un ethos político edificado desde la rememoración de la violencia y la búsqueda de justicia e inclusión en todos los ámbitos de la realidad.

Muy interesantes los comentarios de los profesores Reátegui y Weiler, que animan a retomar esta investigación sobre el tema de la rememoración y la justicia, que pone de manifiesto un gran problema para la sociedad peruana. La CVR ha advertido que las condiciones que generaron el conflicto armado interno siguen presentes en nuestro país, las situaciones de exclusión y discriminación que propiciaron la propagación de una ideología fundamentalista que predicó la violencia, generó situaciones de terror y alentó una terrible represión estatal. Se trata del conflicto más letal que ha sufrido la República del Perú.

La CVR recibió un trato hostil de parte de la “clase política” y del periodismo conservador, que se dedicó a distorsionar sus conclusiones y a difamar a sus componentes. No faltaron los ataques a las personas y a su integridad. Salomón Lerner F.. recibió en diferentes ocasiones amenazas de muerte. Asimismo, las agresiones fueron de diversa naturaleza en la red. El infame vandalismo de Ricardo Milla T,  a la semblanza del Presidente de la CVR en Wikipedia. Más allá de la virulencia de los ataques contra la Comisión, sus recomendaciones siguen planteando una propuesta fundamental para construir una sociedad en camino hacia la Reconciliación.

viernes, 6 de julio de 2012

ENTREVISTA DE ZENIT SOBRE EL CONGRESO DE ROMA




A continuación transcribo la entrevista que me hizo el periodista de Zenit José Antonio Varela acerca del Congreso de Roma sobre Cultura, Catolicismo y Democracia. (G.G.)

Jesuitas avanzan en investigación sobre democracia, cultura y catolicismo
Filósofo de universidad peruana invitado a Roma analiza el fenómeno

Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, miércoles 4 julio 2012 (ZENIT.org).- Días atrás se realizó en Roma el Encuentro «Democracia, Cultura y Catolicismo», en el que se reunieron cuatro universidades jesuitas de Lituania, Indonesia, Perú y Estados Unidos, convocadas por la norteamericana Loyola University y acogidos por la Pontificia Universidad Gregoriana. La idea era compartir los avances de la investigación que se viene realizando desde hace tres años en este campo, sobre todo acerca del rol que tuvo (y que tiene) la religión católica en los movimientos de solidaridad en el Este de Europa, así como en la reciente ‘Primavera Árabe’.
Como uno de los representantes de la Universidad jesuita Antonio Ruiz de Montoya del Perú vino el joven filósofo Gonzalo Gamio, con quien ZENIT conversó en una pausa de tan reflexiva y urgente cita...

¿Cómo surge el interés por hacer esta investigación?

--G. Gamio: Fue una iniciativa de la Loyola University que tuvo la idea de integrar su propio trabajo con tres universidades más de Indonesia, Lituania y el Perú, con la Antonio Ruiz de Montoya. Esto con el fin de discutir la relación entre cultura, democracia y catolicismo. Nos sentimos honrados de haber sido objeto de esta llamada y aunque también teníamos una reflexión elaborada sobre el asunto, esta convocatoria contribuyó a contrastar experiencias y lecturas con los colegas de estos países, e ir construyendo un argumento juntos.

¿Cuáles son las principales evidencias que han surgido, tanto en el Perú como en los otros países?

--G. Gamio: Una de las evidencias es que hay una relación tensional entre democracia y catolicismo. Porque la posicion de la Iglesia no es unitaria con respecto a la cultura democrática; hay una posición conservadora que pone el acento en un legado preconciliar, que considera que la Iglesia es fundamentalmente jerárquica, esto es, no democrática, y que funda su unidad en una doctrina deductiva. Y por otro lado, hay un sector más progresista que rescata la experiencia originaria de la propia Iglesia, y que a partir del Concilio Vaticano II reconoce la autonomía de lo temporal y se valora el esfuerzo por construir consensos a través del diálogo. Son dos tendencias que están presentes en una y en la misma Iglesia y es fecundo que existan diferentes visiones de las cosas, pero existe una relación tensional. Y de lo que se trata también es de explorar las peculiaridades de esa tensión en nuestros diferentes países.

¿Qué más puede aportar la religión hoy a la democracia, sea para fortalecerla o para hacerla emerger allí donde no está?

--G. Gamio: Para empezar, diré que la religión es un discurso y una práctica muy importante para la gente de hoy, como antes. Es un discurso altamente catalizador de identidad y a veces este discurso calza y se enriquece con la cultura democrática, y a veces no. En lugares como Polonia, donde hubo una dictadura, la religión fue un elemento importante para consolidar una mentalidad democrática que se enfrentó a esta dictadura. Y en otros espacios como la España de Franco, la religión a veces tuvo una funcion diferente. Pero en países donde se ha ido gestando una cultura democrática y de lucha contra regímenes autoritarios, la religión ha sido un elemento particular de cohesión. Por ejemplo en el Perú, en los años 90 del siglo XX, muchas comunidades de base y muchos sectores de la sociedad civil reclamaban una visión progresista del catolicismo y recurrieron a ese legado para enfrentarse cívicamente contra el régimen de Fujimori. Y hay que recordar que todo el discurso de los derechos humanos tiene un discurso religioso, teológico, que luego se ha universalizado y se ha racionalizado; pero no podemos entender los derechos humanos sin la obra de De Vittoria, sin la obra de Bartolomé de las Casas, donde hay un legado teológico importante.

¿Por qué algunas democracias se cierran a la religión?

--G. Gamio: Muchas veces, sectores conservadores en la política han invocado argumentos religiosos para defender el antiguo régimen, o una comprensión jerárquica o aristocrática de la vida, lo que está reñido con una visión igualitarista que es fundamental para la cultura democrática. Yo no diría que esa visión vertical y jerárquica es esencial a una concepcion religiosa, sino que constituye una tendencia posible dentro de una vision religiosa de la vida. Y eso es lo que una mentalidad democrática teme, que esto se consolide.

¿No hay algunos temas como la vida y la familia, de los que la política quiere hacerse cargo, cuando hay allí asuntos morales?

--G. Gamio: Esto no lo hemos tocado directamente, pero a nivel personal puedo decir no estoy de acuerdo, porque la ética en general puede tener un cimiento religioso, pero puede no tenerlo. Desde un punto de vista estrictamente racional, podemos llegar a determinadas conclusiones éticas sobre cuestiones sociales y también a cuestiones vinculadas a la vida privada. El legado religioso presente en la ética es muy importante. Pero al mismo tiempo podríamos decir que la reflexion ética es para todos los seres humanos y no solamente para quienes creen; sino para todos los que estén dispuestos a discutir y buscar determinados principios, que puedan ser útiles para garantizar la convivencia o para darle una orientación a la vida.

¿Cree que hay temas que se pueden discutir…, como el origen y la protección de la vida humana, o lo que es la familia natural?

--G. Gamio: Yo creo que en general es importante para nosotros como ciudadanos, como creyentes y como seres humanos, estar dispuestos a discutir cualquier tema. Lo que preocupa es que se piense que hay temas que no deben ser discutidos. Todos los temas vinculados al origen de la vida, a los principios de la justicia social, o temas de conducción de la vida personal, son temas que deben ser discutidos con los involucrados, sea a nivel de las politicas publicas, a nivel de los principios de la Iglesia o en la discusión interpersonal cotidiana. Porque finalmente, se trata de principios que involucran la vida de las personas y sobre los cuales ellas tienen algo que decir.

Sobre lo que vimos en el Medio Oriente, la llamada ‘Primavera Arabe’, ¿qué rol tuvo la religión en esto?

--G. Gamio: Lo primero que hay que decir es que constituye un error identificar a las religiones con una posición integrista o fundamentalista. Las diferentes religiones, el Islam, el judaismo y también el catolicismo tienen tendencias de apertura dialógica, de autocrítica, pero también existen tendencias integristas y fundamentalistas. La tendencia hacia el integrismo no se identifica con el núcleo de las religiones, sino con una tendencia muchas veces ideologico-política que se va gestando. Amartya Sen, un famoso filósofo y economista indio, decía que lo que debemos temer, como catalizador de la violencia, no es a la religión, sino a la ilusión del destino.A la idea según la cual para algunos la cultura y la religión son los únicos elementos de la identidad, y que te imponen un propósito en la vida, que no es susceptible de diálogo, de negociación o de crítica. Con esa actitud presente parcialmente en todas las religiones, y en muchas ideologías seculares, lo que tendríamos que hacer es promover la crítica, el diálogo, la reflexión racional en el seno de todas las religiones e ideologías.

¿Se puede decir que la caída de estas dictaduras fue porque la gente estaba sofocada por una religión que vivía muy unida al estado?

--G. Gamio: Es posible, pero aún tenemos que esperar para hacer un análisis más detallado. Hay maneras de entender la religión, que pueden ser sofocantes para la libertad; y quiero pensar que esta experiencia de la ‘Primavera Arabe’ muestra más bien que determinadas interpretaciones del Islam son perfectamente compatibles con la democracia, como ha sucedido también con el catolicismo posconciliar.Y me parece fecundo el diálogo interreligioso que postula también una reflexión sobre la democracia, sobre el pluralismo. Lamento que en diversos lugares del mundo la apostasía sea aún un delito a nivel penal, y que no sea un derecho abandonar o suscribir una religión de manera consciente o voluntaria.

Justamente, en los ultimos tiempos hemos visto los ataques contra la religión cristiana en Nigeria, en la India... ¿Ellos quieren acaso que los cristianos estén lejos con sus valores de libertad, participación o derechos de la mujer?

--G. Gamio: Las tendencias integristas de las religiones consideran el pluralismo como un peligro o lo tachan de relativismo, y eso es muy común en diversas comprensiones religiosas integristas. Y es posible que determinados sectores integristas en Oriente consideren que el cristianismo es depositario de valores occidentales de libertad, igualdad, y que haya estado muy unido a los valores de la Ilustración.Sin embargo, e insisto, el Islam no es intrínsecamente integrista e intolerante, y hay que decir también que el hinduísmo y el budismo por lo general tienen una actitud de apertura frente a otros credos.Por ejemplo, asocian la figura de Jesús en algunos casos a la de Krishna, o el propio Islam que considera a Jesús de Nazareth como un profeta. Este tipo de actitudes negativas que la pregunta evoca con buenas razones, constituye una tendencia dentro de las religiones, y no deben identificarse con el núcleo de la misma religión. Debemos avanzar hacia una actitud más dialogante, que se valore la experiencia religiosa, ante lo que es más bien proclive al materialismo en todas sus formas.

Y hay otros espacios como son los regímenes comunistas o las dictaduras --incluso en América Latina--, donde a la Iglesia se le reduce o se le persigue a muerte, ¿no?

--G. Gamio: Creo que es legítimo rechazar cualquier régimen que atente contra la libertad religiosa y a los derechos de los individuos a abrazar un credo y a vivir conforme a él.Ese es un derecho humano básico que no puede ser conculcado, sin limitar gravemente las libertades e ir contra la justicia. Sí, los regímenes comunistas intentaron erradicar la religión de la vida, sin éxito por supuesto, porque la religión continúa siendo un elemento importante de la vida de la gente, que a veces opera clandestinamente como el caso de Lituania, según nos comentaban algunos colegas.En eso hay que ser enfáticos: la libertad de creer y de no creer es fundamental.

¿No hay una actitud hostil de ciertas democracias modernas contra las religiones?

--G. Gamio: Considero que en las democracias liberales la religión y la política deben estar separadas, y esto supone un régimen de libertad e igualdad religiosa.Que los ciudadanos puedan elegir creer o no creer, y que el estado no le rinda ningún privilegio a ninguna religión, ni siquiera a la mayoritaria, porque de lo contrario implicaría discriminar a los individuos que no suscriben ese credo.Creo más bien que la fuerza de cada religión depende del corazón y la de la adhesión de los creyentes; y en ese sentido, las religiones no requieren un estatus especial dentro del derecho de las democracias.La religión pertenece al ámbito de la sociedad civil, no de la privacidad. Y el lugar de la religión está fuera del Estado, por lo que las religiones deben recibir un trato igualitario, y es más bien el trabajo pastoral el que hace la diferencia.

¿Y esto incluye gravar con impuestos los edificios donde se realizan obras sociales o educativas?

--G. Gamio: No se debe gravar con impuestos a ninguna iniciativa de comunidades religiosas, sean católicas o no católicas, cuando estas comunidades buscan tener una presencia en el ámbito de la salud o de la educación. No tiene sentido gravar con impuestos especiales a instituciones religiosas o de la sociedad civil que quieran apoyar el bienestar de los ciudadanos.


miércoles, 27 de junio de 2012

DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS, CATOLICISMO







NOTAS DE CASTEL GANDOLFO



Gonzalo Gamio Gehri

Una de las experiencias más bellas de mi viaje a Italia ha sido – con absoluta certeza – la visita que los investigadores de la Conferencia de Roma realizamos a Castel Gandolfo, el lugar de veraneo del Papa. Las autoridades pontificias generosamente concedieron el permiso para entrar a los jardines, apreciar las ruinas romanas, y conocer el observatorio astronómico. La belleza del lugar, el lago, los edificios de la villa y el castillo, es indescriptible. Considero un privilegio haber estado allí, sin duda. En el largo camino desde el centro de Roma hasta Castel Gandolfo tuve la oportunidad de tomar algunas notas fruto de mis reflexiones y del intercambio con los colegas. Habiendo ya pronunciado mi ponencia el primer día, sentía ya la tranquilidad necesaria para ir recogiendo algunas ideas que se fueron discutiendo a lo largo del evento. Señalo aquí algunas dándole una forma aún preliminar.

La primera idea que ha circulado en la mayoría de las ponencias es la centralidad de la categoría “derechos humanos” como elemento medular para el fecundo diálogo entre el catolicismo y la democracia. Muchas de las ponencias giraron en torno a la experiencia  de la violencia en Lituania, Indonesia y Perú, el diálogo entre la Declaración de 1948 y las tesis de Vitoria, el camino de secularización de la cultura e instituciones políticas en estos países, etc. La importancia del derecho a la vida, las batallas por la verdad de lo acontecido en períodos de conflicto, la libertad religiosa se ponía de manifiesto una y otra vez a la luz de los Evangelios, el magisterio de la Iglesia, los tratados filosóficos y teológicos sobre la materia. Es sabido que Juan Pablo II asumía explícitamente el lenguaje de los derechos humanos – en los términos de la Declaración Universal – como parte de su mensaje.

En primera instancia, esto choca con la visión conservadora que una facción de la Iglesia peruana promueve (y que acaso pretende imponer a toda la Iglesia) –  una posición ideológica que invisibiliza los derechos humanos como categoría y tiende a estigmatizar a sus defensores en la práctica -, posición que incluso algunos intelectuales que se describen como católicos llevan a su extremo más radical. Recuerdo el caso de un profesor de filosofía que enseñaba en los difíciles años noventa en la misma institución en la que yo dictaba clase, y que además dictaba en un centro de instrucción militar en el que enseñaba a sus alumnos militares una versión considerablemente retorcida de la hipótesis de MacIntyre de que los derechos humanos eran ficciones conceptuales como las brujas o los unicornios; cometer de forma  tan irresponsable esas imprecisiones en aquellos tiempos turbulentos podía traer ciertamente  graves consecuencias. Más recientemente, un ex congresista de la República deslizó la idea de que no bastaba el silencio guardado por el Padre Garatea ante la no renovación de su licencia, que este silencio debía extenderse a los fieles y ciudadanos que lo apoyaban en la esfera de opinión pública. En estos y en otros muchos casos, el valor de la dignidad y el de la libertad se han tornado problemáticos, al punto que ciertos derechos pueden verse sensiblemente conculcados en la práctica. Por supuesto, estos valores pueden someterse a discusión, pero no cabe duda que el catolicismo los considera centrales para la vida de las personas.

En el Perú, lamentablemente, los derechos humanos son considerados, en ciertos medios  de prensa y espacios políticos, un estandarte ideológico propio de las canteras de izquierda. Esto no constituye una verdad, tanto si tomamos en cuenta la matriz liberal y también cristiana de los mismos, como si recordamos de manera estricta  la crítica marxista de estos derechos como una una expresión burguesa. Los derechos humanos constituyen una poderosa herramienta social para combatir el trato cruel y autoritario, que constituye parte del patrimonio de la cultura democrática. Más allá de la tienda ideológica de los actores, tendrían que reconocerse como un instrumento valioso para orientar la práctica.

Continuaré desarrollando la conexión entre catolicismo y derechos humanos en los próximos días.